CAPITULO 28
Andrew siguió a Serena mientras ella recorría los terrenos de castillo, visitando a aquellos que estaban enfermos y deteniéndose a conversar con aquellos que la saludaban. Ellos hablaban del chisme del momento, básicamente hablando de la pobre muchacha asesinada y como el Diablo irlandés se aseguraría que el culpable fuese atrapado y castigado.
Andrew no le impidió que ella se detuviese en los carros de Donnegan para ver si alguien precisaba ser atendido, pero él se aseguró de permanecer a su lado, al igual que Rook. Nadie hizo mención de la muerte de Mina, aunque la noticia de que la identidad de la muchacha había sido establecida no circulaba todavía. Darién había considerado más sabio mantener esa información en secreto por el momento.
Estaban cerca del portón de reja cuando Serena le preguntó a Andrew, "Podemos ir al prado en la parte de atrás del muro del castillo?"
"Qué quieres hacer en ese prado?" él preguntó.
"Tomar un poco de aire fresco y recoger más brezo."
"El brezo es necesario?"
Ella suspiró y sacudió la cabeza. "Probablemente podría arreglarme con lo que tengo, pero juntar un poco más serviría para perfumar todos los cuartos de la fortaleza."
Rook concordó con un ladrido, aunque ella estaba muy consciente de que él quería ir a buscar las últimas cerezas antes de la llegada del invierno.
Andrew encontró difícil negarse a su pedido sencillo, pero no quería correr ningún riesgo, entonces le ordenó a uno de los guardias que fuera a buscar a Neflyte. "No saldremos solos," fue su única explicación.
Una anciana le prestó una cesta vacía, estuvo contenta de ser la encargada de cuidar la cesta de remedios da Lady Serena mientras ella salía.
Serena respiró profundamente el aire fresco, mientras caminaban hacia el prado. Rook corrió más adelante, Neflyte venía detrás de ellos, con su espada en la mano y su atención alerta.
Serena amaba esa época del año cuando la tierra se preparaba para el invierno.
"Eres hijo de Irlanda?" Serena le preguntó a Andrew.
Su sonrisa se ensanchó. "Por supuesto, mi Lady."
Ella sonrió con alegría. "Y dónde queda tu casa?"
Su sonrisa rápidamente se debilitó. "Mi casa está donde quiera que Lord Darién esté."
Obviamente Andrew no deseaba discutir sus orígenes, pero Serena se sintió curiosa. "Antes de Lord Darién, dónde estaba tu casa?"
"Darién mencionó tu persistencia."
Ella insistió. " En el Sur? O en el Norte?"
"Norte," él confirmó.
Ella no dijo nada, consciente de las muchas luchas y pérdidas que persistían en esta tierra de belleza y dolor. "Cómo conociste a Darién?"
"Esa es una historia que una dama no debería oír," él dijo con una carcajada que la hizo pensar que la historia era más obscena que peligrosa.
"Tientas mi curiosidad y te niegas a satisfacerla — eso no es justo."
"Lo que no es justo, mi querida Lady Serena, es lo que yo sufriría si Darién descubriese que te he contado esa historia."
"Yo no se lo diría," ella ofreció.
"Él lo descubriría de cualquier manera."
"Si, lo haría," ella aceptó y le gritó a Rook que vagaba a lo lejos. "Cómo sabe él todo lo que sucede? He oído los rumores que circulan, muchos hablan de sus poderes."
"El único poder que Darién posee es la habilidad de escuchar y oír más claramente que los otros, incluso cuando más de una persona habla. Entonces, él oye y sabe mucho."
"Por lo que él dice vos quieres una esposa, es verdad?"
"Sus amenazas son una provocación."
Serena sacudió la cabeza. "Pero yo pienso que quieres una esposa."
"Confía en mi palabra, Lady Serena, yo no sería un buen marido."
"Yo creo lo contrario."
"Piensas lo que todas las mujeres creen."
"No deseas amar?" ella preguntó, deteniéndose cerca de donde el brezo crecía profusamente.
Andrew la miró seriamente. "Si, ansío amar, pero mi habilidad es encantar. No soy capaz de amar, y eso es todo lo que diré sobre el tema."
Serena supo que debía callar pero pensó en discutir el tema con su marido y ocuparse de que una buena mujer fuera hallada para Andrew. Él era un hombre atractivo y encantador pero con cicatrices — no cicatrices físicas como las suyas, sino cicatrices internas — y ella se preguntó cuan profundamente había sido herido él.
Rook comía cerezas, Neflyte y Andrew la ayudaron a recolectar el brezo. Luego el grupo jovial volvió a la seguridad de los terrenos del castillo. Después de buscar su cesta de remedios, Andrew, Serena y un Rook con el estómago lleno caminaron hacia la fortaleza.
No estaban lejos del edificio de piedra cuando Serena abruptamente preguntó, "Cómo crees que Darién explicará que ya no desea devolverme a mi padre como escribió en su carta?"
Muy relajado por el paseo, Andrew respondió sin pensar: "Darién exigió la presencia de tu padre más no hizo ninguna mención al hecho que serás devuelta a él. "Andrew se detuvo abruptamente después que la frase se escapó de su boca y le lanzó una mirada desconfiada a ella.
"Gracias," ella dijo, le dio un beso leve en su mejilla. "Vos confirmaste mis propias sospechas." ella corrió más adelante con una sonrisa brillante en su rostro.
Andrew fue detrás de ella y la detuvo con la mano antes que ella entrase en la fortaleza. "Pienso que sería mejor que no mencionases cómo te enteraste de esa información."
"No se lo diré a Darién," ella dijo, luego agregó, "Pero él lo descubrirá de cualquier manera."
"Entonces soy hombre muerto," él dijo dramáticamente agarrándose la cabeza.
Ella se rió. "No puedes engañarme, Andrew. Sé que mi marido nunca te aria daño a vos."
Andrew soltó su cabeza y ella se quedó sorprendida al ver su expresión seria.
"No, es cierto él nunca haría eso. Lord Darién es un buen hombre sin importar como la gente lo llame y me complace mucho que él hallase un ángel para curar su alma."
Él abrió la puerta de madera antes que ella pudiera responder, ambos silenciosamente entraron en el gran salón.
La chimenea en el solar de Darién ardía con su intensidad habitual, manteniendo el cuarto a una temperatura confortable y a sus ocupantes tibios. Desafortunadamente, Lord Kenji no halló el cuarto de su preferencia. Sentía un intenso calor — Por qué otra razón podría estar sudando tan profusamente?
Se secaba repetidamente su frente húmeda con su pañuelo de encaje y también se secaba el cuello igualmente húmedo. Sentía el sudor acumulándose en sus axilas, goteando por su cuerpo y no quería otra cosa que acabar con ese asunto y ponerse en viaje.
Darién observaba los gestos nerviosos del hombre. El miedo lo hacía sudar como un hombre expuesto al sol del verano y su pañuelo estaría empapado en un instante. Darién estaba contento con su actitud perturbada; quería decir que él estaba asustado y un hombre asustado siempre era tonto. Aunque Lord Kenji era un hombre tonto sin importar las circunstancias.
Lord Kenji alegremente aceptó el jarro con cerveza que Jedite le ofreció pero Darién rechazó el suyo, muy ansioso por hacer preguntas y más ansioso por oír las respuestas.
Los tres hombres estaban sentados en las sillas frente a la chimenea.
Darién no perdió tiempo con charlas de cortesía. "Por qué me mintió?"
"Sobre qué?" Kenji preguntó, su voz temblando.
"Sobre qué?" Darién repitió airadamente. "Esto significa que usted me mintió en más de una cosa?"
Jedite mantuvo su sonrisa bien escondida y disfrutó observando el juego del gato y el ratón que Darién jugaba con el hombre.
"Yo no..., no..."
"En Qué me mintió?" Darién bruscamente exigió.
"Sobre Serena," él tartamudeó intentando responder, Jedite rezó para que el hombre fuese lo suficientemente sabio como para no decir nada en contra de Lady Serena.
"Serena necesita protección," él finalmente dijo e hizo una pausa para secar su frente una vez más.
Jedite se sintió aliviado, aunque por poco tiempo.
Kenji de manera muy poco inteligente continuó, "De ella misma."
"Qué dice?" Darién dijo demasiado tranquilamente y se inclinó hacia adelante en su silla.
Kenji inmediatamente se dio cuenta de la tontería de sus palabras y se apuró a rectificarlas. "Ella es terca, persistente en vez de ser dócil y obediente como una buena mujer o una buena esposa debería ser. Ella habla sin pensar..."
"Una característica de toda la familia, según veo," Darién terminó por él.
"Hice lo mejor por la muchacha," Kenji insistió, sintiendo más valiente con cada trago de cerveza que tomaba. "Después de todo, quién tomaría una mujer manchada como esposa?"
"El Diablo?" Darién preguntó casualmente.
El hombre empalideció y se secó la frente. "Usted insultó su virtud."
"Entonces usted me exigió que lo compensara por ese insulto."
"Claro. Qué tipo de padre sería yo si no protegiese a mi hija?"
"Si, qué tipo de padre?" Darién preguntó lentamente.
Kenji una vez más reunió su coraje. "Ya están casados, el matrimonio consumado, no puede devolvérmela."
"Yo le pedí que se la llevase de vuelta?"
Kenji sacudió la cabeza. "No, pero yo pensé..."
"Pensar qué?"
Él sacudió la cabeza nuevamente, aunque no siguió su respuesta.
"Usted piensa mal de su hija y peor de mí. "
"Hice lo que era mejor," Kenji dijo, sus manos temblando.
"Mejor para usted," Darién confirmó.
"Mejor para todos," Kenji insistió. "Usted ensució con sus palabras el honor de mi hija y ella se había condenado a sí misma por sus acciones vergonzosas. Entonces ella merecía al Diablo como marido."
"Y ella lo tiene, usted haría bien en recordar eso," Darién le advirtió, se puso de pie, su sombra grande cubriendo al hombre pequeño como una bestia que emerge de las profundidades del infierno.
"Para qué me llamó?" Kenji preguntó, deseando poner fin a su tormento y marcharse.
"Quiero saber sobre el ataque."
Kenji pareció azorado. "Por qué?"
"Piense antes hablar," Darién le advirtió.
Kenji no hizo caso a su consejo. "Ella actuó tontamente y sufrió las consecuencias."
Jedite pensó que ese era el momento perfecto para interrumpir; Darién parecía a punto de matar al hombre. "Lord Darién, tal vez sería mejor permitirle a Lord Kenji un tiempo para descansar y refrescarse antes de la cena. Mañana habrá tiempo suficiente para conversar nuevamente.
Lord Kenji se puso de pie, sacudiendo su cabeza repetidamente. "Una sugestión muy apropiada, mi buen hombre. Lady Tsukino y yo estamos exhaustos después del viaje agotador."
Jedite sonrió cortésmente, le hizo un gesto con su mano en dirección a la puerta. "Venga déjeme mostrarle para la habitación de invitados"
El gigante y el hombre pequeño estaban casi en la puerta cuando la voz fuerte de Darién los detuvo. "Lord Kenji."
El hombre giró temblando.
"Hablaremos mañana," Darién dijo. "Hay muchas cosas que todavía tiene que responder."
Lord Kenji asintió con la cabeza, giró y se apresuró fuera del cuarto. Jedite simplemente lanzó una mirada sonriente a Darién antes de cerrar la puerta detrás de él.
Serena no estaba segura cuando sus guardias habían sido cambiados. En un minuto Andrew había estado a su lado y al siguiente Jedite estaba allí. Ella sacudió la cabeza con confusión y continuó con su tarea, intentando no prestar atención a su nueva y grande sombra.
Rook debía haber presentido el problema, o tal vez él estaba conectado con su propia sensación de miedo, pues el animal no había dejado su lado por más de un momento breve y sus ojos alertas seguían cada uno de sus movimientos.
Ella estaba ocupada viendo que todo estuviese bien en la cocina, un lugar a donde a Rook le encantaba estar. Lita estaba bien, aunque la mayor parte de sus náuseas se acababan hacia el mediodía y el resto del día ella se sentía bien. Serena estuvo aliviada de ver que ese día ella parecía saludable y llena de energía.
Serena olió el aire, el aroma delicioso hacía gruñir de hambre a su estómago.
Lita sacudió la cabeza. "Su estómago necesita ser llenado, mi Lady. Usted no come lo suficiente." Cortó una tajada de pan negro que acababa de hornear en la chimenea de piedra, cubrió la tajada con una capa generosa de manteca, y puso miel sobre ella.
Las bocas de Jedite y de Rook se hicieron agua cuando ella le dio eso a Serena.
Serena le agradeció y le preguntó si necesitaba más ayuda. Lita se rió, sacudió la cabeza y echó a los tres de la cocina. Cuando ellos retornaron al gran salón, Jedite y Rook estaban compartiendo el pan de Serena.
Habrían sido atrapados distraídos si no hubiese sido por Rook quien corrió más adelante con el pedazo de pan en su boca, y le gruñó a alguien que estaba por emerger de un rincón oscuro.
Jedite inmediatamente se unió a Rook, con su puñal extraído.
"Yo hablaré con mi hijastra," Lady Tsukino exigió como si ella fuese la dueña de la fortaleza.
"Sólo si Lady Serena así lo desea," Jedite le informó.
"Yo..."
Jaideite no permitió que ella terminase. "Obedezca."
Lady Tsukino se ruborizó con rabia. "Como se atreve..."
Esta vez Serena la interrumpió. " Qué quieres?"
Jedite dio un paso al costado, aunque permaneció a su lado.
"Quiero conversar con vos," Lady Tsukino dijo severamente.
Serena sacudió la cabeza hacia Jedite, él y Rook se quedaron a una distancia discreta, dándole a las dos privacidad pero manteniéndose a la vista.
Lady Tsukino fue rápida para atacar con su lengua. "He oído que la vergüenza te persigue."
"De qué hablas?"
"Fui informada que Mina fue atacada como te pasó a vos pero ella tuvo la decencia de morir."
Serena la miró con ojos horrorizados. "Piensas que es decente que ella muriese?"
"Ella era una buena muchacha y sabía que no debía traer vergüenza a su familia. Por lo menos en su muerte ella mantuvo su honor."
"No te importa que ella esté muerta?" Serena preguntó incrédulamente.
"Me importa que vos no hayas respetado a tu familia lo suficiente como para haber hecho lo mismo."
Una mirada de disgusto cruzó el rostro de Serena. "No sólo eres fría e indiferente, sino que estás loca."
"Piensas que estoy loca?" ella casi se rió de Serena. "Vos que te has casado con un hombre al que no le importa nada de vos. Él estará encima tuyo hasta que te llene el vientre con su hijo y luego buscará su placer en otro lugar. No eres nada más que una posesión para él. Y él sólo es un bárbaro que compró su título, sus tierras y su esposa con la sangre de los irlandeses que mató."
Serena avanzó sobre su madrastra, su voz clara y fuerte. "Vos no sabes nada sobre generosidad, bondad o verdad. Y nadie ni nada te importa más que vos misma. Puedes considerarme un ser vergonzoso, pero yo pienso que tu ignorancia y tu egoísmo avergüenzan a cada hombre, mujer y criatura irlandés que han muerto luchando por esta tierra."
La furia apareció en el rostro enrojecido da Lady Tsukino y su mano se levantó mientras avanzaba sobre Serena.
Rook corrió para atacar a la mujer, lanzando un gruñido feroz mordió su trasero. El perro permaneció con sus dientes clavados, hasta que Serena lo llamó a su lado.
"Yo debería haber matado a ese perro cuando era un cachorro," Lady Tsukino dijo, tropezando mientras intentaba ponerse de pie sobre piernas temblorosas.
"No vuelvas a amenazar a mi perro, Lady Tsukino, o lo sentirás mucho," Serena ordenó, giró sobre sus talones con Rook a su lado, Jedite la siguió y Lady Tsukino miró fijamente a ese trío con descreimiento.
Serena caminaba por los terrenos del castillo con Rook. El crepúsculo había caído hacía rato y la noche cubría la tierra. El aire estaba fresco, las estrellas brillaban en el cielo oscuro, voces, risas y canciones podían ser oídas desde el gran salón.
Jedite estaba sentado cerca, observándola y esperando. Ella estaba siendo esperada en el salón, debería haber estado allí en ese mismo momento; pero no encontraba la voluntad para entrar al mismo recinto donde estaban su padre y su madrastra. Pero ella era el ama de la fortaleza, se esperaba que actuase en consecuencia, lo que significaba unirse a su marido y a los invitados sobre la tarima.
"Finalmente," ella oyó que Jedite decía y giró para ver a su marido aproximarse.
Él estaba tan guapo e intimidante. Todo vestido de negro; ni una gota de rojo podía ser visto en su ropa.
Darién habló en voz baja con Jedite. El gigante sacudió su cabeza y luego se retiró.
"Qué te mantiene aquí afuera, esposa?" él preguntó cuándo se aproximó.
Ella quería correr hacia él, lanzar sus brazos alrededor de su cuello, implorarle que la ámese tanto como ella lo amaba y rogarle que no la hiciera ir adentro.
"Rook necesitaba un paseo." La excusa sonó débil a sus propios oídos y su voz temblorosa no ayudaba a la mentira.
Darién levantó su mentón con su mano. "Yo respeto la verdad, como vos lo haces. Por qué no dices la verdad ahora?"
Ella suspiró y extendió la mano hasta tomar la suya. "No quiero entrar al salón, Darién."
Para su asombro él respondió, "Yo tampoco."
"No quieres estar allí?", ella preguntó, temiendo haber oído lo que deseaba escuchar.
"No," él le aseguró.
Ella se sintió esperanzada. "Dónde deseas ir?"
Él se inclinó y le robó un beso breve. "Sé dónde podemos ir."
"A Dónde?" ella preguntó, todavía esperanzada.
Él la besó nuevamente, entonces susurró, "Sígueme."
