Disclaimer: Harry Potter no me pertenece. Es el hijo de Lily y James, quienes se pertenecen mutuamente. Y todo gracias a J.K. Rowling.


*****

Capítulo 28: "El Correo de las Brujas"

*****

- Lily, no te entiendo. –explicó Rose mientras sacaba, con unas largas pinzas plásticas, una fotografía de un recipiente repleto de liquido revelador –. Me dijiste hace un tiempo atrás que ya no quieres nada con Alex, y ahora me estás pidiendo permiso para irte fuera del país con él. Realmente no te comprendo. - Lily giró sus ojos hasta la imagen que se dibujaba lentamente en aquel papel que ahora colgaba ayudado de unos ganchitos de ropa, mientras de los extremos aún escurría líquido que goteaba arritmicamente. No sabía que responder, desconocía cuales eran aquellas palabras que dejarían tranquila a su madre. - ¿Es que acaso aún le quieres? –Preguntó Rose.

Nuevamente Lily permaneció en silencio, aunque ella sabía esa respuesta. Separó los labios para dejar escapar un claro y fuerte "No", sin embargo esa expresión no llegó a salir de su boca, quedándose atorada en su garganta.
¿Cómo se explica que si no quieres a alguien le sigas varios países más al oriente del tuyo?, ¿Cómo se explica que prefieres pasar las vacaciones de verano con alguien que ya no sientes ningún afecto por él? No al menos del tipo que su madre preguntaba.
Eso no tenía explicación, no una que sus padres pudieran comprender o que fuera fácil de explicar.

- Creo que sí, aún le quiero… y mucho. –respondió a media voz, intentado imprimir en cada silaba el máximo de ó fijamente a su madre para que pudiera comprobar en sus ojos que ella decía "la verdad".

La cara de Rose mutó del desconcierto inicial a la decepción. Y no hizo nada para ocultar que la indecisión de Lily, el poco amor propio que supuestamente se tenía, le enfadaba bastante.

- ¿Y crees que vale la pena?

Lily esta vez no se tomó un gran tiempo para contestar aquello. Pensó rápidamente. ¿Valía la pena irse del lado de sus padres (a los cuales no veía en casi todo el año y siempre extrañaba mucho) para irse con su ex novio a la casa de una vieja loca?
Aunque James estuviera molesto con ella, aunque aquella noche se fue del hospital muchísimo más enojado de lo que había llegado, aunque la haya dejado sola y sin dejarle explicar nada, y aunque le doliera admitirlo y se sintiera incapaz de decirle en su cara que para ella él valía esa "pena" y muchas más.

- Por supuesto que lo vale.

***

Querida Dorea:

No podré ir contigo al cine este miércoles, porque estoy en Bélgica. Estoy en la casa de la abuela de mi ex marido, ¿puedes creerlo? Hace siglos que no venía a Brujas, sigue siendo la misma ciudad encantadora que recuerdo, pero para una persona sola, como yo, no tiene mucha gracia. Es demasiado romántica, casi resulta insoportable ver ese montón de parejas pasearse por los canales y por los parques toqueteándose en la oscuridad y besándose sin ningún recato, ...despierta toda mi envidia.
Y si te preguntas por qué estoy aquí, pues, la culpa es de Lily y Alex que me rogaron para que hablara con los padres de ella y le dejaran venir. No tengo idea para qué.
No fue sencillo convencer a los padres de Lily, ni yo tampoco me dejé embaucar en este lío fácilmente. Lily prometió llevarme a un bar karaoke; cuando cumpla su parte del trato te aviso, para que tú también vengas con nosotras. Y Alex me dijo que será mi esclavo un año. De modo que no me podía negar a una oferta tan tentadora como ésta. Alfred, el padre de Lily, no quería dejarla venir, lo cual es comprensible, después de lo que le pasó a la pobre. Tuve que prometer que siempre les estaría cuidando a ambos ¡Qué entretenido!... siempre soñé pasar las vacaciones de niñera.

Pero no sé de qué me quejo, porque no lo he hecho.

No porque no quiera, en todo caso.

Esos dos se lo pasan encerrados en la biblioteca de esta maldita casa todo el día.
Algunas noches, Lily sale a pasear conmigo. No hacemos gran cosa, caminamos mirando los escaparates y tomando helado, Alex no nos acompaña, no saca los ojos de esos extraños tratados, sólo lo hace para dormir. La mayor parte del tiempo, ambos están sumergidos en esos gruesos libros, a veces los escucho gritarse el uno al otro y cada vez que yo entro Alex se va enojado, casi echando fuego por los ojos, y ella se queda sentada en el escritorio mirando por la ventana, le pregunto qué pasa y ella me dice "nada" Y eso, precisamente ninguno de los dos me cuenta nada. No sé que se traen entre manos, pero su comportamiento me parece, a lo menos, extraño.
Me aburro como nunca. La vieja loca que vive en esta casa, a veces me exaspera, ¿puedes creer que se puso a discutir con su reflejo que se proyectaba en un espejo? ¡Le tiró un hechizo!, menos mal que ya casi no funciona su varita ni que ella puede mover tan bien los brazos, o quizás en este momento estaría dando explicaciones a los aurores del ministerio de este país por un intento de asesinato de mi parte.

Escríbeme algo, porque de verdad que me aburro.

Besos

Kate D. Moody.

***

Y aunque Lily tenía hambre, y el sonido de sus tripas no la dejaba concentrarse, iba a esforzarse un poco más. En algún lugar de esos antiguos y mohosos libros tenía que haber alguna solución. Porque de otro modo maldita sea su varita, su capacidad para los encantamientos, y lo que escondían entre medio de sus piernas.
Llevaba más de dos semana con la cabeza perdida entre hojas amarillentas, con el cuello adolorido, y con las jaquecas más grandes que había tenido, y todavía no encontraban las indicaciones precisas que hacia referencia el otro libro que él había encontrado allí.
A veces, para distraerse, miraba de reojo a Alex.
El, siempre imperturbable, pasaba lentamente cada letra de esos libros y cada noche torcía el gesto cuando se daba cuenta que pasaba un día más y que nada funcionaba.

- Quizás mañana. –murmuraba cuando ya no era capaz de seguir leyendo y se pellizcaba el puente de la nariz.

- Quizás nunca. –respondía ella, cerrando de golpe algún texto.

Porque ya estaba perdiendo la paciencia, porque ya no quería estar ahí, ni tener que traducir cosas, ni exprimirse los ojos y el cerebro buscando soluciones que ya dudaba que existieran.
En los ojos de él, cada mañana brillaba la esperanza.
En los ojos verdes de ella, cada noche, la desesperación era la reina.

Al llegar un nuevo día se duchaban rápido, tomaban el desayuno en el escritorio y repasaban, unos segundos con los ojos cuántos libros quedaban. -¡Pocos!- Y las referencias de Morgana, no decían mucho. Y cada noche, se iban a acostar en el más completo de los silencios, cada uno a una habitación distinta, pero igual de húmedas y tristes, y con la cabeza embutida en las nubes negras que veían aproximarse.
Lily se lanzaba sobre la cama y trataba de evitar ciertos pensamientos…

Para animarse, recordaba cómo había logrado que sus padres le dieran permiso para ir hasta allí, sin duda le debía mucho a Kate. Una visita a algún bar karaoke, entre otras cosas que no sabía como conseguiría.

- ¡Y ojala pongan muchas canciones de habas!

- No se llaman así, se llaman ABBA, y son malísimos. –aclaró Lily con voz cansina.

- Se llaman como yo quiero porque en este momento tengo el poder. –replicó Kate mientras se balanceaba en la hamaca que estaba al fondo del patio de los Evans. Esa misma hamaca en que Lily y James se habían besado por primera vez sin esconder las intenciones con alcohol, rabia, o cualquier otro pretexto absurdo, hasta que llegó la lechuza de Tom Riddle para interrumpirlos.

– Lily, ¿Puedes traerme más limonada?

- ¿No quieres un masaje también? –Preguntó arqueando las cejas.

- No es mala idea, pero me gustaría que me lo diera ese hombre que viene hacia acá. - Lily giró la cabeza rápidamente, buscando el causante de que las pupilas de Kate se dilataran y brillaran con un resplandor propio del sol. Vio a un hombre de pelo oscuro, alto, ojos verdes, idénticos a los de ella y sonrisa pícara. - Olvídate de la limonada…si quieres que te ayude a ti y a Alex, quiero una cita con él. –concluyó Kate componiendo una mueca graciosa.

Y Lily comprendió que para pagarle los favores concedidos por Santa Kate tenía que conseguirle una cita con su tío Ian.

Sin embargo, aunque la evasión se le diera muy bien, y aunque tratara de tener una actitud positiva, los pensamientos que quería obviar eran más potentes, sobre todo por las noches.

Se imaginaba a ella misma saliendo de su cama y cruzando silenciosamente el solitario corredor hasta la habitación de Alex, se veía colándose entre las sábanas tibias y cerrando con fuerza los ojos para que lo inevitable sucediera pronto, y así se pudiera ir de una maldita vez a su casa.
Se asqueaba de sí misma al instante, no sabía si era timidez lo que la embargaba por tener ese tipo de ideas, o simplemente vergüenza. O quizás un fuerte sentimiento de traición.

Traición a si misma, a todo lo que creía y quería .

- Me quiero ir –susurraba en medio de la oscuridad. La imagen nítida de los cabellos revueltos, la sonrisa amplia y el brillo de los ojos tormentosos contenidos detrás de unos lentes, parecía estar tatuada en el interior de sus párpados. No podía pestañear sin recordarle, sin verle, sin oírle, y a veces hasta creía que podía sentirle.

Los días pasaban rápido, como si alguien le diera mucha cuerda a los relojes para que se volvieran locos, y sin notarlo, cumplió un mes fuera de su casa, lejos de sus padres y de su familia, lejos de sus amigos, de Romeo y sobretodo lejos de James. Y ella ya no tenía ganas de seguir ahí porque no aparecía ninguna posible solución, sin contar que Alex cada instante parecía más triste, más callado y más estudioso que nunca.

Sin embargo, uno de esos días Alex examinó una y otra vez un grueso volumen como si quisiera memorizarlo por completo. A ratos, Lily lo sorprendía con los ojos clavados en ella. Pero él volvía inmediatamente la atención a aquel libro. Las letras de los hechizos que contenían aquellos mohosos y añejos libros bailaban ante sus pupilas, como si quisieran ocultar el significado. El olor a humedad y tristeza que encerraban esas paredes la mareaban y le daban ganas de vomitar. Y fue por eso que Alex, antes de que se ocultará completamente el sol, la tomó de la mano y la arrastró hasta fuera de la casa. Caminaron lentamente por una calle sombreada, hablando del clima, de Kate, de la abuela, de todo, menos de ellos dos. Lily no paraba de preguntarle hacia donde se dirigían y él sólo respondía que respirara profundamente que así se le pasaría el mareo. Lily le obedeció, enmudeciendo.

Nunca había visto la ciudad de aquel modo, los edificios y las casas de techo alto pasaban lentamente ante los ojos de Lily, contempló la manera peculiar en que serpenteaba el agua por los muchos canales que cruzaban la ciudad. Se enamoró de todos y cada uno de ellos, todos de aguas transparentes y brillantes, pensó que ese lugar realmente era precioso, que le gustaría estar ahí con James, o que le gustaría estar completamente sola. Luego pensó en Venecia, plagada de aguas malolientes, y el estómago nuevamente se le revolvió.

Las sombras de ambos proyectadas en el suelo de adoquines, como dos espectros alargados, se imprimían en las piedras recortadas en perfectos rectángulos, y la imagen que se dibujaba le revelaban que hasta la silueta de sus cuerpos eran ideales la una para la otra. Se veía como dos muñecos de trapos, cortados por la misma tijera, con las mismas proporciones, como la otra mitad en un entorno en donde todo calzaba con una precisión milimétrica.

Llegaron hasta el extremo oriente de la ciudad. Un sitio alejado y deshabitado, rodeado de una hierba silvestre, que crecía tan apretada que daba la sensación de formar un delgado y denso colchón; de árboles frondosos que daban la sensación de incendiarse con la extraña luz anaranjada que despedía el sol.
Pese que el día ya estaba muriendo, el aire todavía estaba perfumado y tibio.

Lily se sentó en una gran piedra, a la orilla de aquel alejado y solitario canal, se descalzó y colocó sus pálidos pies en el agua, cerró los ojos un segundo y trató de disfrutar el sonido del agua chocando contra las rocas, similar al murmullo de un gato pequeño. Alex se sentó junto a ella y después de observar unos minutos cómo bañaban los moribundos rayos de luz el pelo de Lily, junto su mano a la de ella.

- Creo que encontré algo. -Murmuró, sin desviar la vista del canal –No sé si funcionará o no, pero creo que hay que intentarlo.

- ¿En serio? –preguntó, mágicamente animada -¿Y de qué se trata?

- No lo tengo claro…Podría tratarse de nosotros, o de Potter y tú…o Potter y yo.

- ¿James? –dudó, completamente extrañada -¿Por qué James?

- No creo que necesites esa respuesta, Lily

- Pues yo sí lo creo…Tú también estuviste con otra persona, ¿acaso olvidas esa carta que me enviaste?

- Sí, pero lo mio no fue nada profundo ni significativo, ni un acto de entrega y confianza, ni menos mutuo…

- Está bien –interrumpió ella, molesta y avergonzada por el modo en que Alex marcaba las diferencias.

- …Lo mio fue sólo sexo, Lily.

- Dije que está bien, Alex. –Contestó alterada.

Y luego sólo se escuchó el fresco sonido del agua, por varios minutos se quedaron uno al lado del otro sin emitir mayor ruido que el de sus respiraciones. Sin embargo, Lily alzó la mirada y dejó escapar las dudas que giraban en su cabeza.

- ¿Tú y James? –arrugó el ceño.

- Quizás –respondió Alex.

- Pero…¿por qué? –al ver la mirada vehemente y de reproche de Alex reformuló sus palabras- o sea, ¿tú estarías dispuesto?

- No lo sé, Lily. –guardó silencio, fijando sus ambarinas pupilas en las de ella-. Francamente preferiría que esto funcionara, y si no es así…prefiero... tú sabes... algo contigo, que intentar lo que vamos a hacer ahora con alguien desconocido y de mi mismo sexo-. El muchacho coronó sus palabras con un breve beso en la punta de la nariz.

Aunque el aire estaba tibio y quedaran unos pocos minutos de luz flotando, no era el ideal para tomar un baño en las frías aguas del cauce que danzaba ágilmente ahí.

Los párpados de Lily se plegaron hasta atrás, dejando al descubierto sus dilatadas pupilas, cuando vio que Alex se estaba sacando todas y cada una de las prendas que lo cubrían.
Sintió como la sangre se evaporó de sus venas, y como cada músculo se paralizaba al contemplar como sumergía su cuerpo desnudo entre las aguas, mientras afirmaba su varita con los labios, manteniéndolos fuertemente apretados. Después de nadar hasta una piedra que estaba en la mitad del canal y afirmando su varita ahora con las manos mojadas, le dijo.

- ¿Qué esperas?, sácate la ropa y ven aquí.

"Sácate la ropa y ven aquí" "sácate la ropa y ven aquí". Esa frase se repetía incansablemente en su cabeza por un prolongadísimo instante que se le hizo eterno. No era capaz de moverse, ni de comprender el real significado de ellas.

- ¿Tengo que ir yo por ti? –preguntó abrumado Alex.

Respiró trabajosamente, y pensó en James. En la mirada fúrica de él, en el sonido sordo que hizo al cerrar la puerta del hospital con excesiva fuerza, en los besos apurados que le había robado en los pasillos solitarios de Hogwarts, en las sonrisas atenuadas que le producían sus palabras, en la mejor noche que tuvo en el enfermería, y en sus vacaciones de Semana Santa…

- Lily, esto forma parte de intentarlo.

No necesitó que Alex le llamara de nuevo, sin mirar a ningún lado en específico se ató el cabello en una coleta alta y se deshizo sólo de su ligero vestido.
No supo si fue el agua o el cuerpo de Alex, demasiado próximo al suyo, lo que le hizo contraerse hacia la orilla. Sentía que mil agujas se le enterraban en todo el cuerpo, provocándole un dolor intenso…un dolor que llegaba hasta lo más profundo de su corazón.

- ¿Qué se supone que vamos a hacer aquí?

- Algo más sencillo de lo que en rigor deberíamos hacer. –Y sin más pasó un brazo rápidamente por la espalda de Lily atrayéndola hacia él.

- ¿Qué haces? –preguntó, pero nadie escuchó eso, porque la boca de Alex sobre la de ella no dejó escapar explicación alguna.

Era como una ola contra una roca. Muchos movimientos furiosos, mucha humedad, muchos sabores sobre algo inerte, que no se movía ni reaccionaba.
Cerró los párpados para no tener que ver los ojos, de por si ya dolidos de Alex, pero no separó los labios. Intentó imponer distancia abrazándose a si misma, como si aquel sencillo gesto la separa de la realidad que estaba viviendo. Pero no era tal.
Podía sentir como la lengua de él, buscaba abrirse paso a través de sus labios, de sus dientes, para jugar con su lengua muerta. Podía sentir la respiración de él, temblar en sus labios bañados de saliva, podía sentir como se deslizaba el agua por su cuerpo, y también podía sentir el dolor, la pena y el enorme esfuerzo que le costaba a Alex todo aquello.
Y fue como el mar contra una roca. En apariencia no parece hacer daño, pero tras muchos intentos, la desgasta, le cambia la forma y hasta la pulveriza, transformándola en arena…
Y Lily sentía que se enterraba en la arena del fondo de aquel lecho, algo dentro de ella se hundía más y más, y al contacto de las manos grandes y firmes en el arco final de su espalda, sus labios se entrabrieron y sus propias manos caminaron por la espalda mojada de su ex novio y finalmente sus labios se deslizaban lentamente por los de él, mientras una lengua se enredaba dentro de su boca.
Cuando ya no podía seguir con la boca de él pegada a la suya, cuando el aire se le hacia escaso, Alex la afirmó con fuerza, impidiéndole separarse y Lily sólo sintió la varita de él pegada a su cuello e incrustándose en su piel como si fuera una filuda aguja.
Lily vio esferas de luces girar alrededor de ellos, cinco luces pequeñas y brillantes, todas del mismo color. Azul intenso, casi del mismo tono que el cielo al amanecer. Luego sintió que algo salía de ella, algo que la dejaba más liviana. Le pareció ver un pequeño hilo de luz emergiendo de su piel. Dolía mucho, tanto que tuvo que cerrar los ojos para contener las lágrimas y después no vio nada más.

Pasada la media noche, una asustada Kate los vio aparecer con el pelo y la ropa mojada, los ojos enrojecidos y bastante más distanciados el uno del otro. Presa de su mal presentimiento sólo fue capaz de invocar unas gruesas toallas e irse a preparar té.
Kate estaba confundida, era obvio que algo había ocurrido pero no sabía qué. Entre ellos no había visto besos, ni dedos cruzándose ni por sobre o debajo de la mesa, menos miradas juguetonas.
Cuando llegó hasta la antigua y maloliente sala con una bandeja entre las manos, fijó su atención en ambos jóvenes buscando las respuestas que tanto ansiaba.
En los ojos de su hijo había una pena líquida que se colaba al resto de sus facciones. En los de Lily no había nada. Como si estuviera completamente vacía.

- ¿Qué les pasa?

- Nada. –ambos murmuraron a la vez.

- ¿Y por qué esas caras?

- ¿Cuál cara? –murmuró Alex.

- La única que tienes… que ahora parece veinte metros más larga.

Kate contempló como su hijo escondía sus ojos, fijándolos en la taza de té que estaba posada entre sus dedos, humeando lentamente. Al oír la voz de Lily guió su mirada hasta ella.

- Kate, yo… -titubeó- … me voy mañana.

- ¿Por qué? –preguntó la mujer con la voz aguda, casi ocultando un grito.

- Porque no tengo nada más que hacer aquí.

Kate sólo asintió, y vio que entre aquellos dos chicos hubo una fugaz sonrisa triste, tomaron té los tres escuchando a ratos el silencio que había en aquel lugar, y a otros las historias que había protagonizado la bisabuela de Alex.

Dispuestos para irse a dormir, un golpeteo insistente en la ventana de la sala, les avisó que una cansada lechuza plomiza estaba esperando para entregar algún mensaje.

***

Kate:

Yo no me aburro, James está más insoportable que nunca. ¿Puedes creer que sale todos los días y llega a horas impensadas de la mañana? ¡Ni siquiera trae el desayuno!
Honestamente, no sé que hacer con él, me tiene preocupada. He tenido que esconder todos los licores –que alcanzé- porque de otro modo, se los vacía enteros. ¡Ni siquiera Sirius hace eso!
Y Sirius tampoco me quiere decir lo que le sucede a mi hijo. Yo no he hecho nada, sólo preocuparme de él, pero no me toma mucho en cuenta. Me tiene cansada el tema.
Cada vez que lo intento abordar, me evita y sale de casa.

¿Cuándo vuelves?, necesito un descanso… A todo esto, ¿Qué es un bar karaoke?

Cariños.

Dorea.

***

Al salir de aquella habitación de hospital, caminó desolado por los iluminados pasillos. Al darse cuenta que iba bañado en un resplandor azuloso, buscó un lugar donde calmarse. De otro modo, llamaría mucho la atención. En un cuarto lleno de escobas, cubetas, detergentes y trapos sucios intentó acompasar su respiración, hacerla rítmica, casi un canto. Y también intentó componer su mejor sonrisa mientras se daba cabezazos contra una pared.

Sirius lo esperaba. Pese a todos los pronósticos y advertencias, él estaba sentado en una silla con las piernas muy estiradas y abiertas, como si quisiera que todo el mundo viera la potencia con que un bulto se marcaba en los jeans. Pasaba las hojas de una vieja revista de moda sin ver nada, sólo por hacer algo, a su lado estaba Ian con los ojos cerrados, como si estuviera durmiendo y Paul estaba apoyando sus brazos en los muslos y con la cabeza gacha. Parecía acongojado.
Cuando Sirius lo vio le dedicó a James una sonrisa, una clara y limpia, una de esas que hablan y la de Sirius decía "la tuya es la más falsa que he visto". Se levantó de su asiento como si lo hubiese impulsado un resorte, pasó el brazo por sus hombros y le dio un fuerte apretón en donde termina la clavícula, como si quisiera decir "sea lo que sea, no importa".
Al mirar de nuevo hacia el amplio vestíbulo de aquel blanco hospital, se dio cuenta que habían dos personas más aguardando por él, sentados al lado de Sirius. James no se dio cuenta que Paul despertó a Ian, y que esa era la razón de porqué estaban ahora discutiendo.

- James, ¿dónde andabas? –preguntó Ian luego de bostezar notoriamente.

- En el baño –mintió.

La mirada brillante de Ian no ayudaba, al contrario, empeoraba las cosas. Esos ojos verdes, como un bosque húmedo iluminado por un sol tropical; llenos de motitas doradas que parecían mil relámpagos que se le enterraban en la carne. -Ya, y yo soy caperucita roja.

La mirada hosca de Paul sí ayudaba. Daba un poco de risa ver las cejas despeinadas formar una sola línea homogénea. Quizás en otro momento se hubiese reído.
James no recuerda haber hablado en el camino, ni tampoco haber escuchado mucho. Pero sin saber por qué terminó en el departamento del tío de Lily.

Al ver la expresión pintada en la cara de Sirius al cruzar la oscura puerta, supo que su amigo experimentó la más grande de las envidias. Era un pequeño apartamento, sólo de dos ambientes. En un rincón de la sala comedor estaba echado Romeo, quien al escuchar el barullo sólo levantó la cabeza, les dedicó una mirada desdeñosa y se volvió a dormir. Los sillones, muy mullidos y bajos, parecían retenerte una vez que estabas ahí. Se estaba tan cómodo, que ni siquiera daban ganas de levantarse para ir por una cerveza. Una cocina, sucia hasta lo impensable, el lavaplatos repleto de vasos, tazas y platos y un refrigerador sin comida, al igual que la alacena.

Sólo había botellas a medio vaciar…por el momento.

Pero lo que hizo dilatarse los ojos de Sirius hasta casi desaparecer todo los gris de sus pupilas, hasta dejarlos convertidos en dos círculos casi completamente negros, fue una reluciente moto, oscura que estaba estacionada, con su enorme anchura, en una de las pared que llevaban al pequeño balcón repleto de pequeñas plantas que se alzaban tímidamente por el aire.

- ¿De quién es esa moto?

- Mia –respondio Ian –Se la compré a Mick Jagger, de los Rolling Stones.

- ¿En serio? –los ojos de Sirius volvieron a dilatarse.

- No, pero hubiese sido genial. –contestó el tío de Lily, para luego apurar el vaso que tenia en la mano.

Lo que se habló esa noche no era importante para James, tampoco lo fue lo que se habló en otras similares, en las que no recuerda cómo terminó yendo hacia el departamento de Ian. Probablemente Sirius lo arrastró en todas las ocasiones, sólo para alucinar con la moto.

Un día miércoles, James estaba sentado mirando el panorama que ofrecía el balcón, no escuchaba lo que hablaba el gentío que estaba a su alrededor. Pero si escuchó como cuando Ian dijo distraídamente a Dave.

- Ojala que Lily vuelva pronto, así le preguntas a ella misma.

- ¿Que vuelva de dónde? –preguntó Paul, apuradísimo por una respuesta.

- De Bélgica...-continuo Ian, sin darse cuenta que James estaba atento a cada una de sus palabras-. Fue con ese tipo con el que salía hace un tiempo atrás.

- ¿Ah? –dijo Paul después de escupir todo lo que estaba bebiendo en la cara de Ian- ¿por qué fue con él? Pensé que no tenían nada…

- Hasta donde yo sé no tienen nada –respondió Ian limpiándose la cara con la manga de su camisa, lanzó una mirada distraída hacia donde estaba sentado James y al encontrarse con los ojos fijos de él puestos en sus conversación, habló con voz mucho más fuerte y segura de lo que normalmente utilizaba- Y hasta creo que Lily tiene otros intereses

- Yo también creo que ahora le gusto –informó Paul a Dave, quien lo miraba con el ceño fruncido. –Lo sé porque noto que me observa de un modo especial

- Sí, Paul…ya me imagino como te mira Lily –dijo Dave sonriéndole como a un niño pequeño.

Después de aquel diálogo que escuchó atentamente, mientras estaba sentado en el mullido sillón, con una chica al lado y con Sirius al otro, no fue capaz de componer ninguna máscara sonriente cuando Ian lo miró, tampoco pudo relajar los músculos de la cara, ni evitar que por los ojos se filtrara rabia y frustración. Apuro el vaso que sostenía entre sus manos, y así continúo el resto de la noche. Callado, sentando en el mismo lugar y más ausente que nunca.

Se dedicó a maldecirla cada noche, entre vasos repletos de lo que fuera. Se dedicó, con todas sus fuerzas a borrar esa sonrisa dulce, a borrar esos ojos torturadores y lanzar al olvido cada recuerdo que quemaba su piel.

No me interesa lo que haga ella, o lo que deje de hacer No me interesa.

Y aunque cada vez se murmurara a sí mismo más intensamente esa frase, menos funcionaba.

Su mente se empapaba de olores, sensaciones y colores. Todas nacían y morían en Lily Evans.

Con el paso de los días los dolores de cabeza eran más intensos, el rostro cada vez más distorsionado, las peleas con su madre cada vez más grandes, igual que el vacío que sentía en medio del pecho.

James sentía que ya no tenía sangre, que de tanta rabia y pena las venas se le habían quedado secas. No lloraba, no era muy propio de él. No gritaba, eso si lo era, pero consideraba que aquello no tenía objeto. Ella se había ido con él. Y ningún grito, ni siquiera el más potente que pudieran lanzar sus vigorosos pulmones, alcanzaría hasta ella.

El movimiento de las sombras que se proyectaban en su cuarto, le contaba como marchaba el sol, Sirius rellenaba el silencio con historias de noche, y el sólo quería cerrar los ojos y dormir, dormir mucho, todo el día y toda la noche. Dormir por siempre.

Quería estar inconsciente y salir de ese sofoco que le comía las entrañas.

Quería dejar de sufrir.

Pero por más que tratara, no lo conseguía. Y entonces buscaba calmarse con cualquier cosa.
Jugaba Quidditch algunas tardes, siempre cerca del anochecer, de un modo casi diabólico. Surcaba los aires con su escoba con tanta velocidad, que los ojos detrás de los cristales se le empapaban de lágrimas, por causa del viento frío. Pero lo único que conseguía eran unos molestos calambres musculares y una sensación de agotamiento que le inundaba todo el cuerpo. Sin embargo, no era suficiente para dormir.

En las noches salía con Sirius, a veces con sus amigos del vecindario, otras veces iban al apartamento de Ian, aunque si dependiera de él, no volvía a poner un pie ahí.
Pero una noche, en que las copas corrían de sus manos a su boca, algo ocurrió. Estaba en el baño, lavándose la cara para despejarse un poco. Fue como una especie de trance, como soñar despierto. Tuvo que afirmarse del lavamanos para no caerse. Su mente viajó hasta un lugar donde dos cuerpos desnudos, rodeados de agua, se entrelazaban y se buscaban en un solitario lugar; parecían danzar la más romántica de las melodías bajo la luz de la luna, donde unos ojos verdes, que él conocía demasiado bien, se cerraban dejando que la comisuras de los labios de Lily se estiraran dejando escapar una pequeña sonrisa. Y James sólo vio después cómo sus luces amarillas que escapaban de él, como si fuese el aire de sus pulmones que soltaba en forma de bufido.
Se sentó en la taza del baño, cerró fuertemente los puños y contó hasta mil. Luego lanzó puñetazos contra la pared y maldijo a Alex Diggory, a Lily y a él mismo. Abrió el grifo y se lavó la cara nuevamente, para ocultar el estado de su mirada aguada.

Luego salió de aquel baño y se enfiló directamente al bar. Habían unas cuantas penas a las que ahogar.

Y a la mañana siguiente, se vio a sí mismo acostado junto a una desconocida. No recordaba nada, ni nombres, ni conversaciones ni menos en que situación se la llevó a casa. Y como todas las mañanas, Dorea fue a llevarle el desayuno y se encontró con una escena para la cual no estaba preparada.
Unos cabellos rubios se esparcían desordenadamente sobre la almohada, los hombros desnudos y los brazos delgados, rodeando el pecho de James, quien estaba al lado abriendo lentamente los ojos.

- Mierda. ¿No podías golpear?

Escuchó las palabrotas de James mientras miraba el suelo. Estaba la ropa de su hijo lanzada a los pies de la cama, y la ropa de aquella chica desconocida estaba arrugada, como si se tratara de bolas de papel, y sin querer la bandeja con los huevos revueltos, pan caliente y una taza grande de té, se cayó de sus manos.

***

Kate:

James se ha ido, no sé donde. Hace una semana que no sé nada de él. Ha sido lo más triste que me ha ocurrido desde que Charlus murió, ni siquiera cuando él está en Hogwarts me he sentido tan sola. Discutimos, como lo hemos hecho todo este verano, esta vez porque lo sorprendí con una chica en su cama. ¡Pero es que no me lo esperaba! Quizás si hubiera dejado un calcetín en la puerta me hubiese preparado sicológicamente para eso, quizás si esa chica fuese su novia y no una pobre niña que ni siquiera sabia su nombre no me hubiese costado aceptarlo.
Estoy segura que si estuviera Charlus él sabría que hacer.

Pero es que ni siquiera pude decirle mucho en realidad, porque se enojó, se puso rojo y después azul porque, según él, le invadí su espacio privado…¿Alguna vez te ocurrió algo así? ¿Puedes aconsejarme? ¡Porque yo no tengo idea que hacer!
Tengo sospechas de dónde puede estar él, pero no me atrevo a ir a buscarlo, tengo intenciones de decirle a Sirius que trate de convencerlo de que vuelva a casa, y poder cuidar de él. Yo sé que no lo está pasando muy bien, lo sé, pero tampoco es para que se vuelva loco y de paso me vuelva loca a mi.

¿Ves que no me aburro? Ayúdame, por favor.

Dorea.

***

Kate terminó de leer la carta, y comentó, mordiéndose las uñas.

- ¿Qué pasa por la cabeza de este niño? Pobre Dorea, me da mucha pena que esté sola pasando por esto. ¿Tú que opinas, Lily? ¿Lily?


Nota de Autora: Me demoré mil años, no tengo nombre. Capítulo corto, una luz menos. Lily lejos de James, James lejos de todos. Y yo me marcho a arreglar el último capítulo, después de ese no sé que haré, quizás me lanze por el balcón... Pero después les cuento mis penas fandomicas.

Dudas, sugerencias. reclamos. Es decir..."WTF?, por qué no te vas a estudiar peluqueria, te odio" a modo de reviews son aceptados. Ah, por cierto ¿puedo contestar estos reviews mañana? Es que son las 3 de la mañana y quiero avanzar un poquito en el capítulo que me falta.

Besos!

maite.