Aquí estoy de vuelta y quiero nuevamente dedicar este capítulo a alguien muy especial, alguien que a pesar de ya haberlo leído se ha tomado el tiempo de volver a descubrirlo junto conmigo y también ha usado parte de su tiempo para comentar, muchísimas gracias la generala, a ti y a las pequeñas participantes de este episodio, les dedico este… a mi parecer, emotivo capítulo.
Sin más los dejo con el fic…
EL REGRESO DE GANONDORF
.-.-.-. Capítulo 28: Como polvo de estrellas .-.-.-.
Link mantenía los ojos cerrados, esperando el momento final, por más que había intentado soltarse, no lo había conseguido. La marioneta estaba lista para acertar su golpe final mientras el Titiritero esperaba ansioso el momento, tan sólo unos segundos más y él habría vencido…
- ¡Hazlo ya! – le ordenó su muñeca impaciente.
La marioneta, obedeciendo a la orden de su amo, dejo que la espada cayera. El chico pudo sentir como la filosa y delgada hoja del arma rozaba la piel de su cuello. Pasó un minuto, en donde sólo el silencio reinaba en el aíre, ninguno de los presentes hizo el menor movimiento, algunos por sorpresa, otros por desconcierto.
Link abrió lentamente los ojos, por unos segundos había dejado de respirar.
- ¿Qué sucedió?... aún… aún estoy vivo… - Se preguntó, notablemente confundido.
Observó junto a él la brillante hoja de la espada, clavada con firmeza en la tierra, ese suelo que ahora mantenía prisionero el peligroso filo de la delgada hoja de la espada.
- ¿Habrá fallado? – Se preguntó, aún sorprendido por lo sucedido – no… imposible… no había forma que no acertara – pensó luego con algo más de lógica.
La marioneta se vio obligada a soltar las manos del joven, para poder liberar el arma. Link aprovecho esta oportunidad y se quitó al muñeco de encima y de inmediato tomo prudente distancia, manteniéndose vigilante, mientras tocaba con su mano derecha la piel de su cuello, percatándose que realmente la hoja de la espada no le había hecho más que un sutil rasguño.
- ¡Mátalo… mátalo ahora… te lo ordeno! – le gritó el hombre, perdiendo la paciencia. ¿Acaso su creación estaba osando desafiar sus ordenes?
La muñeca parecía no responder a la llamada de su amo, se mantenía quieto, sin hacer movimiento alguno ¿Qué le sucedía? ¿En que estaría pensando?
- Ya me he cansado de este juego – dijo el hombre mientras caminaba hasta donde se encontraban las dos figuras.
- ¿Qué pretendes hacer? – le preguntó confundido por su actitud. Ese sujeto había perdido los estribos, parecía furioso por la desobediencia de su creación.
- Lamentablemente has tardado demasiado… el tiempo de la princesa se ha agotado – le respondió llegando junto a las figuras.
Se colocó detrás de la que se encontraba atada y saco de entre sus ropas una daga.
- ¿Qué vas ha hacer ahora joven guerrero? – le preguntó colocando la daga sobre el cuello de la figura encapuchada.
- ¡No te atrevas! – le gritó viendo la amenazante postura del sujeto. El hombre pretendía matar a la princesa, seguro la persona que estaba atada y encapuchada se trataba de ella… de Zelda.
- Ven… y detenme… - le dijo sonriente, mirando fijamente a su presa con sus penetrantes ojos sin parpados.
Link comenzó a correr hacía el sujeto, dispuesto a acabar con él, pero antes de que pudiera acercarse lo suficiente, la marioneta con la que había estado luchando se interpuso en su camino.
- Así se hace querida… no dejes que él se acerque – habló el titiritero. Sonriendo al ver que la muñeca había vuelto a reaccionar.
La marioneta empuñó su espada respondiendo a la orden de su creador. Su cuerpo era controlado por la voluntad de ese sujeto.
- Tú no deseas pelear conmigo… - dijo mirando fijamente a la marioneta que se encontraba delante de él - No tenemos porque luchar… se que puedes entenderme – le volvió a hablar.
Estaba casi seguro de que ella no quería matarlo, si realmente lo hubiera deseado así, ya lo hubiera hecho hace mucho tiempo, oportunidades no le habían sobrado. La marioneta, por su parte, no hizo el menor ademán de haber entendido lo que el chico le decía, sólo se mantenía ahí, quieta y lista para atacar, defendiendo a su amo.
- Se que puedes entenderme – insistió intentando razonar con la muñeca.
- Es inútil chico… ¿Qué no lo vez?… ella sólo escucha a su creador… porque soy yo quien la controlo, las marionetas no tienen voluntad propia – dijo el hombre dirigiéndose a Link, ella ahora formaba parte de sus innumerables creaciones y como tal… debía obedecer, para eso había sido creada.
- Eso no es verdad… si fuera así, yo ya estaría muerto – lo desafió. Estaba seguro de lo que decía, esa marioneta si tenía voluntad propia, estaba intentando revelarse ante su creador.
- Por favor – dijo irónico – abre los ojos… eso… sólo fue un pequeño mal cálculo, ahora… no habrá espacio para el error.
- No… yo se que puede entenderme… puedo sentirlo – le dijo con gran seguridad en su voz.
- Muy bien… si así lo crees… ahora voy ha mostrarte que tan errado estas - dijo dirigiéndose al chico – Acaba con él – le ordenó a la marioneta, su magnifica creación.
La muñeca comenzó a moverse, amenazante. Link empuñó su espada, al tiempo que sacaba su escudo para protegerse.
- Escucha… no quiero luchar… - le dijo nuevamente – se que puede oírme…
La marioneta volvió a atacar, Link se cubrió con su escudo, sintiendo el fuerte choque del arma de la figura enmascarada contra el metal del escudo. La muñeca siguió atando incansable, daba vueltas alrededor del chico y luego, sin previó aviso se abalanzaba sobre él.
- Es muy rápida – pensó tratando de seguir los movimientos de la marioneta – Ahí viene de nuevo.
Link evitó nuevamente la espada de la marioneta, esta vez chocando su espada contra la de ella.
- Es extraño… siento como si ya hubiera luchado contra ella – pensó mientras daba un salto hacía atrás sintiendo como el arma de su enemigo cortaba el aire casi rezándole la piel.
- No puedo creerlo… tu querida princesa esta a punto de morir y tú… ¿pierdes el tiempo con mi marioneta? – le dijo el sujeto, acercando aún más la daga al cuello de la figura que mantenía atrapada.
Link no respondió, sentía que había algo muy extraño en esta situación, durante estos últimos minutos él sólo se había dedicado a esquivar los ataques de la marioneta, que si bien eran muy fuertes, ninguno de ellos iba dirigido a dañarlo de gravedad.
- Si realmente quisiera matarme… me atacaría por la espalda…
Mientras pensaba en todo esto, el chico se distrajo por unos segundos, momento que la marioneta aprovecho para abalanzarse sobre él. Para cuando Link se dio cuenta de lo cerca que estaba no alcanzó a pensar en lo que hacía, por lo que se defendió devolviendo el ataque.
La marioneta también parecía haber estado distraída, no había logrado esquivar la espada del joven que se clavo en su pecho, muy cerca de su corazón. Link se quedo paralizado, la espada de la marioneta había pasado justo sobre su hombro sin hacerle el menor daño, ese ataque… tampoco iba dirigido a matarlo.
- No puede ser – pensó notando el grave error que había cometido.
Si él no se hubiera movido, el ataque de la marioneta no lo habría dañado, y este último suceso lo comprobaba, si la muñeca hubiera deseado matarlo, la espada de ella se hubiera clavado en su cuerpo sin la menor dificultad, después de todo, en ese momento se encontraba completamente desprotegido.
Link alcanzó a sostener a la marioneta antes de que cayera al suelo.
- Pero que espectáculo más divertido – dijo riendo – toda… una tragedia romántica…
- ¿Qué?
El chico no entendía a que se estaba refiriendo el hombre, no lograba comprender porque el parecía tan feliz, siendo que acaba de acabar con una de sus valiosas creaciones, pero de pronto un escalofrió recorrió su cuerpo y no era debido al intenso frió del ambiente.
- Lo lamento – le habló con voz pausada y arrepentida a la figura que tenía entre sus brazos.
El escalofrió que había sentido se había debido a una extraña sensación que lo recorrió al sentir el temblor del cuerpo de la marioneta.
- ¿Qué eres? – preguntó al sentir la agitada respiración de la muñeca.
Sin saber el porque acerco más el cuerpo de la marioneta al suyo y fue entonces cuando pudo sentir el escaso calor que aún poseía. La marioneta lentamente levantó una de sus manos y la colocó sobre su pecho, como tanteando la herida que la espada le había producido.
- Tú… tú no eras una muñeca como todos los demás…
Ahora podía estar seguro, los movimientos casi naturales, la agitada respiración, la calidez de su cuerpo… todo le indicaba que lo que tenía en brazos no era un muñeco como el sujeto le había hecho creer, pero entonces… ¿Quién era?... acercó una de sus manos a la de la marioneta, rozando los hilos que se unían a cada articulación de sus delicados dedos.
- Están frías – pensó al tiempo que apartaba la mano para que la suya pudiera tocar la herida.
De la profunda herida brotaba un líquido oscuro y espeso, al tocarlo pudo sentir que era cálido, como la sangre de un cuerpo aún con vida.
- Que tarde te has dado cuenta, valiente guerrero… - dijo el hombre respondiendo al resiente descubrimiento del chico mientras alejaba la daga del cuello de la figura que aún tenía atrapada – has luchado para salvar a la princesa y has vencido a mis marionetas – le dijo cortando las ataduras de la figura encapuchada – yo… soy un hombre de palabra, por lo que cumpliré con mi promesa.
Link miro a la figura inmóvil que acababa de ser liberada y observó como su cuerpo se deshacía, quedando sobre la tierra sólo la tela que la cubría y la máscara, la otra marioneta que se encontraba junto a él también se deshizo, quedando en las mismas condiciones que la primera.
- Siempre pasa, muchas de mis creaciones son inestables… bueno… ahora liberaré a tu querida princesa – le dijo mientras tomaba unos delgados hilos y los cortaba con su daga.
La marioneta que Link sostenía en sus brazos reaccionó al corte de los delgados hilos, lentamente se apartó de él, levantándose tambaleante, ahora su cuerpo respondía a sus deseos… era libre.
- No… no… te lo perdonare – dijo con voz temblorosa la marioneta que acaba de levantarse.
Link aún se mantenía sentado sobre el suelo, no podía entender lo que sucedía o no quería entenderlo, no podía aceptarlo, pero al escuchar la voz de la marioneta supo que sus sospechas eran verdaderas, ahora no cabía duda... era ella… siempre fue ella.
- Bravo…- aplaudió jubiloso - es la mejor obra que he visto en mi vida – dijo el titiritero aún aplaudiendo – nunca había visto algo tan dramático… Lo hiciste a propósito… ¿No es así?
- Y que… si así fuera… - dijo tomando la espada con su mano derecha mientras que la otra la mantenía sobre su pecho.
- Que tierna… sacrificándose por amor…
Link se incorporó, sus manos le temblaban. Observó como la figura retiraba la capucha de su cabeza, dejando al descubierto el largo y brillante cabello rubio.
- Zelda… - dijo casi en un susurro, aún no podía creer que él había sido capaz de dañar a la chica, nuevamente la había herido.
La joven apartó su mano izquierda de su pecho para quitar la máscara de su rostro, dejándola caer sobre el suelo. Al parecer ella tampoco podía creer que volvía a tener completo control sobre sus movimientos, tocó su rostro dejando una marca sobre este, producto de su ensangrentada mano.
- Esta vez… no caeré en la misma trampa... – dijo dando un paso, pero la fuerte punzada sobre su pecho le impidió continuar, cayendo de rodillas sobre el suelo.
- ¡Zelda! – gritó Link saliendo del extraño transe en el que había caído.
De inmediato se acercó a la chica, sosteniéndola de los hombros.
- ¿Qué he hecho? – se preguntó, volviendo a colocar unas de sus manos sobre el pecho de esta, pero ya era demasiado tarde, la hemorragia no podía detenerse, la herida causada por su espada era demasiado profunda.
- Me has liberado… - le respondió la princesa colocando su mano sobre la del chico, presionando con fuerza, cerrando los parpados a causa del dolor.
- No Zelda… mira lo que he causado – dijo observando como la sangre manchaba parte de su blanca camiseta – no tengo perdón…
- Esta herida… es causa de mi debilidad, yo soy la culpable… no tengo… nada que recriminarte… - le dijo tratando de sonreír, pero se sentía débil, demasiado cansada incluso como para sonreírle.
- Zelda…
- Yo he sido la causante de esto… ahora es mi deber remediarlo…
El Titiritero miraba la escena divertido, las cosas habían salido mejor de lo que él esperaba. La misma princesa había dado final al combate, se había abalanzado contra el joven en un ataque que sabía sería mortal.
- No… no te dejare… no puedes moverte… te harás más daño… - le dijo abrazándola, no quería apartarse de ella.
- Ya es muy tarde para mi… y soy la única que puede acabar con ese sujeto…
Zelda empujó con fuerza a Link e invocando el amor de Nayru creo un campo de fuerza a su alrededor. Link se encontraba atrapado dentro de la burbuja rosa que la princesa había formado con su magia.
- En verdad lo lamento… - dijo la chica con lágrimas en los ojos, comenzando a correr hacía su objetivo.
El Titiritero la vio acercarse y comenzó a reír, al parecer creía que todo estaba bajo control. Link golpeaba con fuerza las paredes del campo que lo mantenía atrapado, pero por más que lo intento no logró desvanecerlo, a pesar de las circunstancias, la magia de la princesa seguía siendo muy poderosa.
La chica se detuvo bruscamente a menos de un metro del sujeto y dirigiéndolo una última sonrisa giró y lanzó su espada hacía el otro extremo.
- Al fin te he encontrado – dijo antes de que la espada impactara contra el tronco de uno de los árboles.
- No… No… ¡¡¡NOOOOO!!! – gritó el sujeto viendo como las piezas que formabas su cuerpo se desprendían y caían al suelo, inertes.
En el árbol donde la espada se había insertado, comenzaba a aparecer la silueta de otro hombre, el verdadero Titiritero.
- He descubierto tu engaño… fuiste muy inteligente al crear una marioneta que te representara… pero se acabo… el juego… ha terminado – dijo antes de caer al suelo, habiendo agotado todas sus energías.
- Es una lastima… que el telón… deba bajarse… para siempre - dijo esbozando una última sonrisa, antes de que la piel que cubría su cuerpo se desprendiera.
Ahora sobre el tronco del árbol, sólo quedaba el arma de la chica que mantenía atrapado los huesos que antes formaron parte del cuerpo de Titiritero.
El campo de energía que cubría a Link se desvanecía, seguramente por las escasas fuerzas que le quedaban a la princesa. Link corrió hasta la chica, levantándola con cuidado del suelo.
- Zelda… ¿Por qué? – le preguntó estrechándola contra su pecho.
- Perdóname – le dijo casi en un susurro – perdóname por romper la promesa… que te hice…
- Zelda… por favor, no digas eso… no te esfuerces… - le dijo acariciando su rostro, su mano temblaba.
- Li… Link… - lo llamó en un susurro a penas audible.
- Shh – la cayó posando su tembloroso dedo índice sobre los labios de la joven – estoy aquí… no te dejare.
La joven cerró lentamente sus parpados, dejándose llevar por la calidez del abrazo del chico, cada vez se le hacía más difícil respirar.
- Me siento… muy… débil… - le dijo de manera entrecortada, su piel había palidecido y sus labios se había amoratado ligeramente por el frío de su cuerpo.
- Todo estará bien… - le dijo sosteniendo con fuerza una de las manos de la chica.
Link pudo notar como la piel de la joven se volvía cada vez más pálida, deseaba hacer algo por ella, pero no podía, no encontraba forma de remediar el error que había cometido.
- Todo esto es mi culpa – pensó observando como la joven luchaba por mantenerse despierta.
- Link… lo siento… - le dijo aferrándose a él, como si fuera a caer – no… sabes… lo feliz… que me hace… volver a verte… aunque sea… por última vez…
La joven acercó lentamente su mano al rostro del joven, aunque sólo alcanzó a rozarlo, antes de que las escasas energías que le quedaban la abandonaran.
- Zelda… Zelda – repitió una y otra vez el chico intentado vanamente obtener una respuesta de la joven – Zelda… por favor… resiste – dijo mientras hundía su rostro en el cuello de ella, se sentía impotente.
No sabía que hacer, y gracias a la cercanía que ahora tenía con ella, podía sentir los ya casi imperceptibles latidos del corazón de la chica, si no hacía algo, ella moriría…
- Maldición… - dijo abrazándola con más fuerza.
El frío que reinaba en el ambiente no ayudaba de ninguna manera en la delicada situación, Link intentaba ayudar a la joven a mantener el calor, pero sentía que lo que estaba haciendo era inútil, a cada segundo ella parecía empeorar.
Oculta entre los árboles una misteriosa silueta observaba la escena. Sus ojos escarlata estaban clavados en el cuerpo casi inerte de la joven, aún no podía entender el porque ella se había sacrificado de esa manera.
- Todo acabo, así es mejor… ahora, no tengo porque preocuparme - dijo apartándose lentamente del lugar.
Había observado todo lo acontecido, sin interferir, necesitaba saber cual sería el desenlace final de ese combate, además que debía prevenir que él no interfiriera, pero ya no había de que preocuparse, si él aparecía habría llegado demasiado tarde.
- Ella no volverá a interferir…
Rápidamente desapareció del lugar, la gran cantidad de sombras formadas en la noche gracias a los árboles ayudó a que su cuerpo se desvaneciera. Pero al alejarse, fue incapaz de percibir las pequeñas presencias que comenzaban a despertar.
Link seguía abrazando a la joven, no quería separarse de ella, mantenía sus ojos fuertemente cerrados, intentando contener las lágrimas y es por esta razón que no pudo ver como en medio de la oscuridad pequeñas luces comenzaban a acercarse, como si fueran luciérnagas.
- Link… - escucho que lo llamaban.
El joven levantó la mirada, y observo como muchas pequeñas luces agitaban sus cuatro alas en la oscuridad.
- Son… son hadas
- Hemos venido… - comenzó diciendo una de las hadas.
- A ayudar a la princesa… - completo otra.
- ¿Van ha salvarla? – les preguntó, mirando como un grupo de 10 pequeñas hadas rosas se acercaban.
- Haremos… lo que este a nuestro alcance – respondieron todas al mismo tiempo.
Las pequeñas hadas empezaron a volar alrededor de la pareja, agitando sus alas, permitiendo que el polvo de hada cayera sobre los jóvenes. Las pequeñas partículas mágicas brillaban como si se trataran de pequeños cristales. El polvo mágico cayó sobre las heridas, que comenzaron a sanar lentamente.
Link sintió que sus fuerzas eran renovadas, mientras que veía como la piel de la princesa adquiría un hermoso brillo al tiempo que lentamente recobraba la conciencia. (N.A: no creerían que realmente dejaría morir a si como así a uno de los protagonistas… ¿verdad? ;D)
- ¿Qué… qué fue lo que sucedió? – preguntó la chica abriendo sus parpados confundida.
- Zelda… estas bien – dijo apartando un mechón de cabello de su rostro con dulzura. Aún no podía creer lo que veía, aún no podía creer que ella volviera a mirarlo.
- ¿Link? – Se aventuro a decir, no estaba segura que él fuera real.
- Pensé que te perdería – dijo para luego abrazarla con fuerza. Se sentía feliz, inmensamente feliz.
- Lo logramos… - dijo una de las hadas y poco después las 10 pequeñas hadas cayeron agotas al suelo.
Link no quería soltar a la chica, no quería volver a perderla. Aún se sentía culpable por lo ocurrido, pero estaba dichoso de tenerla de vuelta junto a él. Zelda aún parecía confundida.
- Hadas… ellas lo hicieron – pensó mirando a las pequeñas lucecitas sobre el suelo.
Recordó lo que había sucedido hace unos minutos atrás y de inmediato llevó una de sus manos a su pecho, buscando la herida, notando que había desaparecido por completo. Link se separó un poco de ella, percatándose lo confundida que se encontraba y observó como ella miraba incrédula sus manos, que ahora no tenían ningún rastro de las agujas que antes la habían atravesado.
- Estoy viva – dijo aún sin creerlo – Link… - llamo al chico levantando su rostro para poder observarlo.
El joven al igual que ella aún tenía ese misterioso brillo en su piel, producto de las pequeñas partículas del polvo mágico de las hadas. Zelda esbozo una sonrisa al verlo, no sabía si era su imaginación o sólo una alucinación, pero le parecía que él se veía mucho más guapo que de costumbre. (N.A: De aquí en adelante las cosas se podrán algo románticas XD)
- Link – repitió antes de abalanzarse sobre el para besarlo.
El chico no se esperaba esa reacción de la joven, pero aún así correspondió el beso, Zelda pasó sus brazos por los hombros de él, mientras Link profundizaba el beso acercando más el cuerpo de la joven al suyo.
- Te extrañe… - le dijo con voz agitada, separándose escasos centímetros de la chica.
- A mi también me alegre estar de vuelta – le respondió besándolo en la comisura de sus labios, para luego juntar su mejilla a la de él con un aire coqueto.
Link se estremeció al sentir la dulce caricia otorgada por los labios de la chica y le sonrío con un dejo de nerviosismo.
- Zelda – la llamó enredando los dedos de una de sus manos en los largos cabellos sueltos de la joven.
Con la mano que tenía libre acarició la mejilla de la chica, bajando lentamente por su cuello, recorriendo las curvas que formaban parte su perfecta figura, estaba como hipnotizado.
- No te dejare ir de nuevo – le dijo antes apartar parte del cabello de la chica para besar la piel desnuda de su cuello.
La chica sintió como los caídos y húmedos labios del joven buscaban anhelantes la piel de su cuello, besándola con dulzura y un dejo de excitación.
- Link…- lo llamó la joven entre suspiros, al tiempo que le quitaba el gorro que cubría sus rebeldes cabellos.
- Ejem… ejem… - dijo una de las hadas que comenzaba levantarse.
- No se preocupen por nosotras… - dijo otra pequeña hada, volviendo a retomar el vuelo.
- Estamos disfrutando del espectáculo – dijo otra riendo divertida.
Al parecer la joven pareja había olvidado que estaban rodeados de pequeñas espectadoras. Se separaron avergonzados, por un minuto habían pasado por alto el hecho de que no se encontraban solos. Zelda mantenía la mirada baja, se encontraba sonrojada y sonreía nerviosa mientras se acomodaba un rebelde mechón de cabello que interfería en su campo visual. Link por su parte miraba avergonzado a las hadas que volaban cerca de ellos al tiempo que se rascaba la nuca de manera distraída.
- Son amigos de Nayru… ¿verdad? – preguntó una de las hadas con voz cantarina, acercándose al rostro del joven.
Link trago el nudo que se había formado en su garganta y articulo dificultosamente una respuesta.
- Ehh… este... yo… digo…
- Si, ella nos dijo que en este bosque vivía alguien que podría ayudarnos – intervino la joven, notando el tartamudeo del joven.
- Vengan con nosotras…
- Los guiaremos hasta nuestro hogar…
Link tomó su gorro mientras se incorporaba y ayudo a la chica ha hacer lo mismo, los dos comenzaron a caminar guiados por el grupo de hadas que revoloteaban traviesas a su alrededor. En compañía de sus pequeñas amigas, el bosque parecía recobrar vida como si estuviera encantado, el brillo rosa de las pequeñas criaturas iluminaba cada rincón y el polvo que despendían sus pequeñas alas al agitarse quedaba impregnado sobre las plantas que habían muerto por el repentino cambio de temperatura, iluminándolas, otorgándoles una nueva vida.
Zelda observó con asombro como las plantas recuperaban su verdor y las flores florecían mientras seguían avanzando, era hermoso ver a las majestuosas flores recobrar sus colores y su vitalidad. Link miraba embelesado a la joven que caminaba junto a él, su curiosa mirada le parecía hermosa, se veía realmente encantadora ante sus ojos, incluso las bellas perlas aguamarinas de su mirada parecían brillar ante el espectáculo, hechizándolo.
- Las hadas son increíbles... y muy hermosas – dijo mirando a las pequeñas criaturas que parecían danzar mientras volaban - ¿no lo crees Link? – le preguntó sonriendo.
- Si… son muy lindas… pero para mi, tú eres el hada más hermosa – le respondió entrelazando su mano con la de ella, mirándola con ternura.
La chica apartó la mirada avergonzada, el joven había vuelto a ponerla nerviosa.
- Y te vez aún más linda cuando te ruborizas – le susurro al oído con algo de picardía.
La chica se estremeció al sentir el cálido aliento del Hylian cerca de su cuello, levantó su mirada para observar al joven y dejándose llevar por ese misterioso hechizo que los envolvía cuando estaban juntos, fueron acercando sus rostros, sus labios se rozaron dulcemente, pero el encantó del momento no podía perdurar.
- Hemos llegado – Los interrumpió nuevamente la voz cantarina de una de las hadas.
Los jóvenes miraron a su alrededor confundidos, nada parecía salirse fuera de lo común. Al parecer las hadas interpretaron correctamente la confusión de sus rostros porque rápidamente agregaron.
- Es aquí…- dijo una de las pequeñas hadas volando hacia el suelo, iluminando un oscuro agujero en el piso.
- Vamos… bajen – los apremiaron otras dos hadas empujándolos por la espalda.
- No estoy muy segura de esto… se ve muy… oscuro – comentó la princesa mirando con desconfianza el agujero.
- Estaremos bien… confía en mi – le dijo el chico, notando la contradicción en el rostro de la chica – vamos.
Link tomó a la chica en sus brazos y se dejo caer por el oscuro agujero. Zelda se abrazó con fuerza al joven, esperando un estrellado aterrizaje, pero pronto sintió que bajaban lentamente.
- ¿Qué sucede? – preguntó confundida separándose un poco del joven.
- No te preocupes… estamos a salvo – dijo soltando lentamente a la chica para que ella también pudiera sentir el poder de la magia de ese portal.
Después de unos cortos minutos, ambos jóvenes pudieron sentir nuevamente el suelo bajo sus pies, Link volvió a tomar la mano de la chica y la guió para que juntos se acercaran a la maravillosa fuente que estaba a unos cuantos metros del lugar donde se encontraban.
- Este lugar es increíble – dijo la princesa maravillada, sin creer lo que sus ojos estaban viendo.
- Estamos en la Fuente de las Hadas – le dijo Link mientras subían por unas cortas escaleras.
Zelda aún parecía muy sorprendida, miraba encantada las enormes paredes que los rodeaban, cada una estaba cubierta por enormes cristales que parecían tener brillo propio, el borde de la fuente construido de lo que parecía ser cuarzo y el agua completamente cristalina y tranquila.
- Ven… acércate – le dijo el chico con suavidad, quien se había inclinado sobre la fuente.
La joven guiada por el guerrero tocó el agua tibia y cristalina de la fuente.
- Está calida – dijo mirando al joven confundida.
- Así es… eso se debe a que esta agua resguarda gran parte de la magia de las hadas – le dijo incorporándose.
Zelda lo imitó, viendo aún encantada el grandioso lugar.
- Conoces mucho acerca de las hadas – le comentó la chica, mientras miraba el agua.
- Una gran amiga mía era un hada – le dijo mientras recordaba a su pequeña compañera, Navi. Con quien compartió una gran aventura años atrás. Era algo nostálgico recordar el pasado y a muchos de sus antiguos amigos que seguramente no volvería ver.
Link volvió a la realidad al sentir una de las manos de la chica sobre su hombro, le dedicó una mirada tranquilizadora, percatándose de la cara de preocupación con la que ella lo observaba.
- No te preocupes – dijo esbozando una sonrisa, sosteniendo la mano que ella había colocado en su hombro entre las suyas – estoy bien… ¿Traes contigo la ocarina?
- No… no recuerdo donde la deje – dijo bajando la mirada.
- ¿Recuerdas como era la melodía que representa a la familia real?
- Claro… nunca la olvidaría… Impa siempre me la tocaba antes de dormir.
- Para llamar a la habitante de la fuente debemos entonar esa melodía sobre el signo de la Trifuerza que esta al pie de los escalones – le contó.
- ¿Y si la cantamos?… tal vez sirva.
- No perdemos nada con intentarlo – dijo Link bajando las escaleras he indicándole a la chica donde debía pararse.
Zelda se colocó sobre signo de la Trifuerza grabado en el suelo y observó a Link insegura.
- El escenario es suyo princesa – le dijo haciendo una leve reverencia, mientras retrocedía un paso.
La chica junto las manos sobre su pecho y comenzó a entonar suavemente la canción, Link quedo nuevamente embobado por los encantos de la joven doncella, ahora escuchaba la dulce voz de la princesa, nunca la había oído cantar y definitivamente no lo hacía nada mal. La fuente reaccionó al compás de la melodía que la chica entonaba y el agua cristalina comenzó a brillar.
- Funcionó – dijo feliz la joven dejando de cantar.
La brillante agua encegueció por unos segundos a los dos chicos, que instintivamente cerraron sus parpados. Al abrirlos ambos se sorprendieron al ver a la majestuosa y gigantesca hada que se encontraba delante de ellos.
El hada poseía cuatro enormes y brillantes alas, la figura de su cuerpo era muy parecida a la de una mujer sólo que la tonalidad de su piel era azulina y también despedía un misterioso brillo, traía un largo vestido de mangas anchas de un color celeste pálido que hacía juego con sus largos cabellos platinados y de su frente salían dos largan antenas del mismo color de su piel.
- Tu debes ser la princesa de Hyrule, Zelda… es un verdadero honor estar en su presencia – dijo dirigiéndose a la chica con una voz arrulladora – y tú… eres Link… - dijo abriendo sus parpados por primera vez.
- Nayru nos ha enviado…- dijo el chico tratando de explicarle la situación.
El hada se elevó sobre sus cabezas, separando su cuerpo de la fuente.
- Lo se… ahora se dirigen a la Montaña de Muerte en busca del tercer cristal, llave de las puertas del Templo del Tiempo, lugar donde la espada Maestra descansa… esperando el momento para despertar.
Después de decir eso volvió a descender, inclinándose un poco para observar de cerca de los dos jóvenes.
- Y a simple vista me doy cuenta que las ropas que traen no son las indicadas para realizar tan peligrosa hazaña – les dijo juntando sus manos.
Al abrirlas nuevamente una maravillosa flor de loto había aparecido, la hada acercó a su rostro la flor y soplo suavemente, dejando que los pétalos de esta se desarmaran, transformándose en un bellísimo polvo plateado, que viajo hasta los jóvenes cambiando sus ropas. (N.A: esta hada es una mezcla entre una de las tres Grandes hadas que parecen en el Minish Cap y las del Wind Waker n.n)
- Increíble – dijo Zelda mirando sus ropas.
Ahora traía puesto un traje igual que el que usualmente usaba, sólo que en vez de ser de un rosa opaco era de un fuerte color carmín, sobre su frente había vuelto a aparecer la tiara que la identificaba como princesa y sobre sus hombros la armadura que llevaba cuando salio del castillo. El traje de Link sólo había cambiado su color, que también había adquirido un color carmín.
- La tela de esas ropas resistirá las intensas temperaturas de el último calabozo – les dijo antes de que los jóvenes alcanzaran a preguntarle.
- Gracias – articularon al mismo tiempo.
- Creo que debemos marcharnos – dijo Link comenzando a caminar seguido de Zelda.
- ¿Pretenden desafiar a los monstruos sin sus armas? – les preguntó el hada mirando como los jóvenes se alejaban.
Los dos chicos se detuvieron de golpe, habían olvidado por completo las armas, ni siquiera sabían donde las habían dejado.
- Los hombres son criaturas muy descuidadas – escucharon nuevamente la cantarina voz de una de las pequeñas hadas.
Los jóvenes miraron sorprendidos hacía el portal de entrada a Fairy Fountain, las 10 pequeñas hadas que los había guiado bajaban lentamente llevando el escudo, las dos espadas, el arco, las flechas he incluso la ocarina.
- Deberían prestar más atención a sus pertenencias – comentó otra de las hadas.
Las hadas dejaron los objetos sobre el suelo, de donde Link y Zelda los recogieron.
- Muchas gracias – dijo la chica – muchas gracias por todo.
- Vallan con cuidado… el destino de Hyrule esta en sus manos – le respondió la Gran Hada.
Los dos jóvenes se acercaron hasta el portal, sintiendo como este los elevaba lentamente, llevándolos hacia la salida. Zelda dio una última mirada a la fuente, viendo como la Gran Hada desaparecía y las pequeñas hadas danzaban sobre la fuente.
Su siguiente destino era la Montaña de la Muerte, donde Din, la Diosa del Poder, el último calabozo y un sin número de nuevos desafíos los esperaba…
Continuará…
Por supuesto que las Hadas no podían faltar en este fic, después de todos son parte muy importante en los juegos… díganme… que sería de nosotros sin esas salvadoras haditas rosas que recuperan nuestras vidas en el momento justo, por lo menos para mi han sido de gran ayuda ;D, es por eso que les he reservado este capítulo para dedicárselos a ellas non… ¬¬ si estoy loca, lo se XDD.
Muchas gracias a todas las personas que leen este fic, en especial a Savyna, Miko Jean y Dialirvi un saludo para todos ustedes non, espero que este capítulo sea de su agrado y no duden en dejar sus sugerencias, comentarios, amenazas de muerte he incluso atentados terroristas… ¬.¬ aún tengo la pierna vendada desde tu último review Dialirvi XDD.
