Disclaimer: Todos los personajes pertenecen a Veronica Roth, la trama es mía.
Capítulo 29: Alma de cenizas
Poniendo un pie delante del otro, tiró la granada hacia la aglomeración de republicanos tratando de pelear en contra de ellos, a su lado, su mejor amigo disparó una pistola hasta quedarse sin balas. Su tez oscura se veía sucia y magullada, con sangre corriendo desde un corte en su ceja. Sus ojos achocolatados la miraron con preocupación.
—¡Debemos salir de aquí! ¡Esto solo se pondrá peor y necesitamos llegar al Cubo! —gritó guiándola entre la multitud hacia el bosque.
—¡Debemos encontrarlo! ¡Tengo que encontrarlo! —devolvió casi llegando al comienzo de la taiga.
—¡Creo que lo vi con mi hermano en-! —su respuesta murió en un grito de dolor y él cayó al cemento. Inmediatamente, ella volvió a su lado, tratando de ver su rostro, encontrándolo con los ojos abiertos como platos y sangre saliendo de su boca.
—Estás bien. Estarás bien. —dijo y se sintió inútil, sin poder hacer nada para evitar lo inevitable—. Tranquilo.
—Mátala. Tienes que matarla. —logró escupir luchando contra la nube clara que trataba de envolverlo.
—Lo prometo. Te lo prometo. Lo lograré por los dos.
—Dile a mi hermano que lo amo.
Con la cabeza de su amigo en su regazo, se permitió por primera vez en toda la guerra tener un momento de debilidad, y derramó lágrimas en honor y dolor por su compañero.
—Ausente, jamás olvidado. —susurró posando un beso en su frente y levantándose para cumplir su promesa. Partió una carrera y se sumergió en la espesura verde, sin mirar atrás, usando su dolor como motor para moverse aún más rápido.
En unos minutos, había cruzado la totalidad del diámetro y llegado a la majestuosa mansión de la dictadora Matthews, quien se encontraba con la cabeza en alto mirando el desastre desde su balcón. El Cubo era una compleja construcción que había sido usado como casa para cada dirigente por más de quince generaciones. Habiéndolo estudiado detenidamente con su equipo, sabía cada paso que debía tomar para lograr su objetivo. Subiéndose a un árbol, sacó con cuidado el set de cuchillos de su chaqueta y apuntó con precisión. Ningún guardia lo vio venir, pero si la vieron bajar al mismo tiempo que el cuerpo de la mujer a cargo cayó con dos dagas saliendo de su pecho y estómago, llenando su traje blanco y azul en una mancha de colores que expresaban muerte.
Otra gota de sudor cayó de su frente, quedándose atrás mientras corría empujando las ramas del espeso bosque, buscando una ruta de escape. La imagen de su mejor amigo siendo asesinado por la patrulla republicana viva tras sus párpados, la sangre todavía fresca en su abdomen donde sus últimos segundos pasaron parecía pesar kilos más sobre ella. Tropezó con una rama entre las malezas y cayó azotada contra el suelo. Trató de volver a pararse, pero uno de los hombres de la patrulla se lanzó sobre ella, inmovilizándola completamente.
—Beatrice "Seis" Prior. Estado: Capturada. Dirigiéndose al Cubo para encarcelación. —dijo el hombre con voz monótona y distorsionada por algún aparato.
Con un solo movimiento, impactó la culata de su arma contra su sien y todo se volvió negro.
—¡Uriah! —gritó sentándose de un salto. Una aguja en su muñeca la hizo volver atrás, junto con dos manos en sus hombros.
—Tris, estás bien. Calma. —escuchó el tono de Tobias, suave y grave, con cierto toque rasposo.
—¿Uri? —volvió a nombrar. Percatándose del silencio que se prolongó entre los dos, le dirigió la primera mirada para encontrarlo mirando al suelo con hendiduras oscuras sobre sus mejillas—. Tobias, ¿dónde está Uriah?
—Uriah está en coma, Tris.
El suelo estaba cubierto en una alfombra peluda y suave. Su mejilla se sentía rugosa, probablemente marcada por la superficie en la que estaba. Miró sus alrededores, alzando las cejas al ver una gran biblioteca con estantes llenos de libros. No habían ventanas en las paredes, sino que estaban en techo, formando una gran y hermosa cúpula. Su ropa de combate con sus armas y botas habían sido cambiadas por un delicado vestido blanco de una tela delgada y cómoda, todo rastro de sangre y suciedad removida dejando solo las manchas con peso invisible. El costado derecho de su rostro dolía inmensamente, generando una molestia parecida a una mala resaca, gracias al golpe duro que había recibido antes de quedar inconsciente. Poniéndose de pie, recorrió la habitación con curiosidad, todos sus sentidos alerta y pendientes a cualquier peligro que pudiera venir, llegó a una gran puerta de madera que parecía ser la única entrada y salida del lugar, y, vacilante, empujó suavemente el cerrojo, sin sorprenderse al encontrarlo cerrado.
—¿Tris?
Se dio vuelta inmediatamente, y dio la bienvenida al par de ojos azules que había aprendido a amar en los tiempos buenos y en los malos. Caminó a abrazarlo, sintiendo que su corazón era demasiado grande para estar bajo sus costillas, y susurró su nombre como una oración.
—Tobias.
—Sufrió de daño cerebral severo, las probabilidades de sobrevivencia son muy pocas, alrededor de un veinte por ciento. —dijo el doctor Hope, ajustando sus anteojos en el tabique de su nariz mientras leía el reporte de Uriah—. Aún si despertara, no sabemos en qué condición lo hará, no sabemos si sufrirá de amnesia en cualquier nivel, o si el golpe de la explosión generó algún daño en su sistema nervioso. Podría volver con una pierna rota y dolor de cabeza por una semana, o podría no volver en absoluto. Esos son las dos posibilidades más extremas.
Ya habían pasado cinco días desde el día en que Tobias le había dicho la condición de su amigo, cinco días en que era asechada por las visiones en sus sueños, cada vez más vívidas y cercanas a la realidad. Despertaba cada vez en los brazos del hombre que amaba, encontrándolo siempre con sus ojos abiertos recorriendo cada centímetro cuadrado de su rostro, y sus pequeños gestos la ayudaban a entender que ya había acabado casi todo, que podía sanar y que podía salir adelante.
Él era una parte esencial de ella, una parte que, si no tuviera, la convertiría en nada más que una cáscara hueca de algo que estuvo dentro de si, una persona que no viviría, sólo existiría. Y lo amaba, lo amaba tanto que dolía. Estar con él era como un oasis en el desierto, el único lugar donde refugiarse de la tempestad, y ahora, era su hogar. Había perdido todo. Su familia, su vida, su trabajo, casi perdió su cordura, pero de todas esas cosas idas, había tenido una ganancia de la que estaría eternamente agradecida a Dios; el regalo que era Tobias.
—Gracias, doctor. —respondió sincera. Los dedos tibios de Uriah estaban guardados dentro de sus dos manos, un recordatorio de que estaba respirando, después de todo. Y definitivamente, prefería que estuvieran tibios que mortalmente fríos.
—Estabamos infiltrándonos en el Cubo cuando el guardia apareció. Z logró escapar, pero me agarraron. Me noquearon y desperté aquí hace unas horas. —terminó de relatar. Al igual que ella, estaba vestido con ropas delgadas y anchas, descalzo, solo con un collar de cuero y hueso en su cuello. Estaban sentados en contra de un estante con libros alrededor de ellos en el suelo. Ella estaba entre sus piernas con su espalda contra el pecho del chico, jugando con sus largos dedos y permitiéndose ser envuelta por su aroma a metal, sangre, sudor y su distintivo olor masculino. Se quedaron en silencio unos minutos hasta que ella volvió a hablar con voz levemente temblorosa.
—¿Qué crees que nos harán? —preguntó mirándolo por sobre su hombro.
—Podrían torturarnos, pero Matthews ya está muerta. —replicó pensativo, sus ojos azules desenfocados—. Por otro lado, no les servimos vivos, solo muertos.
—¿Crees que nos van a ejecutar?
—Creo que debemos estar preparados para cualquier cosa. Por eso, no perdamos nuestro tiempo.
Perder el tiempo.
Era a lo único que se habían dedicado por las siguientes dos semanas. Pero eso no debía ser algo malo. Parecían décadas desde la última vez que Christina y Tris habían ido de compras, o que Will, Zeke y Tobías habían salido en patineta. Estar con Tobias le había dado un nuevo sentimiento de seguridad y paz que nunca había sentido antes, y el conocimiento que Jeanine estaba muerta al igual que Walker y todos los que habían logrado destruir su familia, provocó que sus hombros se enderezaran por el poco peso sobre ellos. Todos los días a las 11 de la mañana iba a ver a su mejor amigo, sostenía su mano y relataba su día o sus sueños o pensamientos sobre algo en específico. Sólo faltaba una pieza del puzzle.
Caleb.
Su hermano había decidido volver a Inglaterra con Tori, diciendo que no soportaba estar en Oakland o Chicago, o los Estados Unidos en general. Tris respetó su decisión sin juzgarlo, probablemente, si no tuviera a Tobias, ella tampoco podría soportarlo. Decir que no lo extrañaba, por otro lado, sería una gran y rotunda mentira. No, lo extrañaba cada día, y a veces lo único que quería era estar entre sus brazos para sentirse una Prior. Pero él no estaba, y no iba a ser tan egoísta como para privarlo de su derecho de huir.
Esos eran los pensamientos que pasaban por su mente sentada en la azotea del centro de su facción, donde Uriah estaba internado, cuando recibió una llamada telefónica del doctor de su amigo. Su tono de voz al decirle que debía correr al ala médica hizo que sus brazos se erizaran en anticipación.
El silencio los envolvía, no de una manera incómoda, al contrario, ella no recordaba la última vez que se había sentido tan relajada. Ni siquiera antes de la guerra, cuando tenía que pelear constantemente contra el hambre y la seguridad de su familia. Se permitió ser mimada, ser como esas chicas que veía en la calle con sus novios, se permitió ser hermosa y dejarse querer por el chico que la tenía en sus brazos.
Tomaron un libro sin título ni autor. Completamente de cuero negro, páginas amarillentas y cosidas entre sí. Estaba vacío.
—No tiene nada. —murmuró Tobias curioso—. Revisa entre páginas.
Pasaron hasta la última página, donde una serie de versos estaban escritos en una hermosa caligrafía, formando lo que parecía una canción. Ella se acomodó entre las piernas del chico, poniendo el conjunto de hojas sobre su regazo, leyendo en voz alta.
—¿Has olvidado que yo aún seguía viva? ¿Has olvidado todo lo que alguna vez tuvimos?...
Caminó en silencio por el sendero del cementerio. El aire era cálido, los restos del otoño aún notables en las hojas de tonos anaranjados en la tierra. Paró en frente de una tumba, de su tumba.
Uriah siempre había sido el que estaba a su lado, en batalla, en la escuela, en todo. El amor que le tenía nunca cambiaría, un amor que superaba toda barrera y obstáculo, uno que superaba la clase de amor que las personas normalmente sentían. A pesar de lo que todos por un tiempo habías asumido, nunca sintió la clase amor que tenía por Tobias, por él. Parte de su corazón siempre estaría con él, porque él era su hermano, su amigo, su compañero, su confidente.
—¿Parará algún día? —preguntó con sus ojos fijos en la lápida—. Este dolor, el extrañarte cada día, ¿pasará, dolerá menos con el tiempo?
Los últimos cuatro meses habían sido duros, desde la llamada del doctor Hope todo había cambiado. Aún no sabía como sentirse sobre la situación presente, pero algún día lo haría.
Uriah Pedrad.
Con sus ojos marrones tan llenos de vida y felicidad, su corazón lleno de bondad y alegría, lanzando sus bromas por allá y por acá. Él, que la acompañó a su primera misión como agente, que entrenó a novatos duramente junto a ella, que había logrado juntarla con quien ella pensaba que era el amor de su vida. La gratitud hacia él nunca acabaría, nunca se agotaría. Le debía tanto. Estaría cien veces muerta si no fuera por él.
—¿Trissy?
Se dio vuelta y vio a su amigo caminar hacia ella por el mismo sendero. Vio a sus amigos detrás de él, todos juntos apoyados en contra de la van que Will había conseguido. Le sonrió a Uriah y se dejó envolver por sus brazos, disfrutando de la seguridad que venía con ellos. Estaba con ella, vivo y sonriente. El día en que Tris entró con su respiración errática a la habitación donde él estaba siendo tratado, se lanzó en lágrimas y sonrisas al ver que estaba sentado hablando con Marlene. El doctor Hope aseguró que sólo tenía una contusión y que no había provocado nada más que dolor de cabeza y restricción de actividad física por tres meses. El paciente, aliviado de estar consciente, recibió los golpes de parte de su mejor amiga con gusto, los chillidos de "hubiera estado tan molesta contigo si hubieras muerto que te habría matado yo misma" y otras cosas sin sentido eran bienvenidos con sonrisas y promesas sobre no dejarla sola. Y no lo había hecho. El par había retomado sus antiguas costumbres con las películas y el skate.
—Hola, mamá Prior. —dijo Uriah con sus labios curvados—. Su hija está preguntándose cosas a las que tal vez nunca reciba respuestas. Pero tranquila, yo la ayudaré. Todos lo haremos.
Natalie Helena Prior
1968 — 2015
Una madre, mentora, guerrera y amiga, cuya luz nunca dejó una esquina de oscuridad.
"El amor puede mover el sol y todo el resto de las estrellas."
Y éste es el último capítulo, amigos. Espero que les haya gustado y que se hayan confundido al final c: Uriah no murió, aunque estuve tentada en matarlo, y al final le agregué un pequeño de mis giros. Subiré pronto el epílogo, que no solo cerrará esta historia, sino un ciclo en mi vida, y mi ciclo de Divergente xD Ya estamos en vacaciones de verano en Chile, y estoy muy contenta de como el 2015 resultó. Muchas batallas, pero muchas conquistas también. Y así espero que haya sido para ustedes de igual manera. Creo que esta historia me ha ayudado en mucho, en canalizar mis emociones y desahogarme, me ayudó a crecer no solo como una escritora aficionada, sino que como persona. Todas las "lecciones" que pueden sacar de esto, son lecciones que yo misma aprendí a aplicar en mi vida.
Les deseo lo mejor para este 2016 y todos los años que han de venir. Ojalá todas sus metas se cumplan, que les vaya excelente en todo lo que comiencen y que logren todo lo que se propongan.
Les mando un abrazo gigante a todos.
Quiero darle un agradecimiento especial a Diana, quien ha estado conmigo durante toda esta historia, sin dejar de comentar en ni un solo capítulo. Diana, eres de lo mejor, lees casi todas mis historias xD Muchas gracias por estar :3
Soccerpup17 if you're reading this, you don't know how proud I am of myself. I started like you with English, reading FanFiction and all, so I hope I was somehow helpful in your progress. Hope you the best too. Be brave, always.
Sean valientes,
CataD'Mellark.
