Stupid me says: Horribles semanas de mi existencia. Primero la influenza y mis ganas de escribir se fueron por el caño luego de que mi madre me ordenaba hacer esto o aquello. Después a mi jefa de tesis se le ocurre decirme que tengo que entregar un artículo en una semana para un congreso. ¿Que qué tiene qué ver con la tesis? Nada, absolutamente nada. Pero ella tiene el control sobre mi vida y tuve que escribir el condenado artículo (para luego ser regañada porque no le gustó como quedó, lol). Así que todo se murió, eso sumado a que Hoshino-senseii parece entretenerse con mi sufrimiento y D Gray-man está en hiatus de nuevo (en realidad, no me siento tan importante, je).
En fin, excusas estúpidas. Tan sólo pido perdón y misericordia, me arrodillo ante ustedes. Gracias por sus reviews y hits. Me hacen muy feliz. Gracias especiales a Aiko por el hermoso dibujo que hizo para Apóstol. Oh, y a Kassy, como siempre. Que ella me da muchos ánimos y esperanzas a pesar de que su vida la odia también *sonrisa brillante*. Espero que disfrutes este capi a pesar de no tener lemon o mucho Yullen por sí mismo. Perdón. En fin, disfruten el capítulo. Creo.
Notas especiales para el capítulo: Sangre y mi pésima forma de narrar acción (horrible, horrible forma de narrar acción, apesto terriblemente *risita*). Kanda quiere venganza, a saber si la conseguirá. Spoilers del manga durante la invasión a la Orden (o sea, muertes). La aparición de cierto akuma de cierto nivel. Sí, ese. Mis grandes disculpas a Hoshino por arruinar toda esa escena *reverencias*.
Rating: M - Gore, baby.
DISCLAIMER: D Gray-man no me pertenece, es de Hoshino Katsura-senseii. Si me perteneciera no estaría cortándome las venas porque hay hiatus OTRA VEZ *llora*.
Apóstol de Dios
29. Tenues diferencias
Esa mañana se había despertado con cierta persona tocándole descaradamente. Estaba acariciando esas cosas, apretándolas con las manos, jugando con esas a pesar de que sabía lo mucho que le molestaba que le tocara ahí. Estuvo a punto de reclamar en cuanto se pudo dar la vuelta, pero todo se quedó en intención porque sus labios habían sido capturados por otros de lo más insistentes. Era Yu Kanda. El mismo estúpido Yu Kanda con quien compartía la cama desde hacía ya tiempo. Por eso no pudo quejarse, sólo se limitó a corresponder y a dejar ser tocado.
Luego había pedido por más. Por más porque lo necesitaba. Necesitaba sentir a Kanda, que estaba con él. Odiaba sentirse así, tan dependiente hacia otras personas; todo tenía origen desde que era niño, cuando quería ser lo más independiente posible para hacerse fuerte. Después vino Mana. Y ahora estaba Kanda. Ese sujeto le había hecho querer volver a sentirse querido, aún y cuando sabía que era por su situación, que tal vez eran las hormonas que cada vez le hacían sentirse más indefenso si no estaba cerca de ese idiota. Por eso le había permitido seguir. No, le había suplicado que siguiera, que quería sentirse unido a él aunque fuera de esa manera que no significaba nada. Pero era porque lo sabía. Sabía que en cuanto naciera su bebé ya no podría estar cerca de Kanda de esta forma.
No quería que hubiera malentendidos: él quería a este bebé, daría su vida por él si fuera necesario. Pero también quería estar con Kanda, lo deseaba tan fuerte que le hacía sentirse mal por haber alterado sus convicciones cuando se suponía que éstas estaban claras desde el principio.
La noticia de la fecha en que su bebé nacería le hizo tener sentimientos contradictorios. Por una parte; ansiaba encontrarse con su niño. Quería tomarlo en sus brazos y comprobar si de verdad un bebito estuvo creciendo en su cuerpo por nueve meses, si de verdad se había sentido cómodo ahí adentro o si tenía razón y no era precisamente algo divertido. Eso y también el hecho de que quería recuperar su figura. No porque quisiera verse bien, sino porque extrañaba su libertad para moverse y su natural flexibilidad.
Sin embargo, estaba la otra parte: la parte que quería que esto no se terminara todavía, que seguía queriendo permanecer por más tiempo así tan sólo porque podría quedarse con esa persona. Ese idiota de Yu Kanda. No quería aceptarlo, pero casi podría jurar que tenía miedo de que Kanda se alejara de su lado luego de que tuviera su bebé. Era muy estúpido, estaba al tanto de eso. Pero era algo que no podía evitar pensar por más que intentara convencerse de lo contrario.
Por eso había estado tan distraído toda la mañana. Incluso cuando Bookman se acercó a él de una forma que no le fue para nada cómoda; había sentido un ligero dolor en el abdomen y se había preocupado un poco, aunque se relajó al sentir de nuevo las pataditas del bebé, aún si eran bastante fuertes, sobre todo después de haberlo hecho con Kanda. Después sólo había bastado con que el japonés le acariciara un poco para que se tranquilizara. Cosa rara, vergonzosa, pero relajante a la vez.
Lenalee y Lavi le habían hablado sobre su bebé, le habían preguntado cosas sin importancia; Toma había vuelto a la Orden y él fue a recibirlo, y aún así no podía sacarse de la mente su dilema. Todo cambió un poco en cuanto Komui le dijo que podía salir de la Orden. Se había sentido muy feliz, una felicidad tan infantil que no le pareció del todo extraña luego de tanto tiempo encerrado. Claro, hubiera deseado salir en otras circunstancias, preferiblemente mucho antes de que su abdomen fuera tan voluminoso como para evitarle caminar con libertad. Pero en esos momentos le había dado igual, ansiaba el aire fresco, el ver otra cosa que no fueran las paredes húmedas y oscuras de la torre del Cuartel General. Estaba tan feliz que hasta aceptó que le vistieran de mujer para que nadie notara que era un chico. Además, así podría caminar al lado de Kanda ante la gente del pueblo, podría fingir que todo estaba bien y que sólo era un paseo matinal.
Después escapó de Link. Había sido muy grosero de su parte, pero quería estar a solas con Kanda ahora que estaba fuera de la Orden. Sintió un gran alivio en cuanto el japonés tocó su vientre, acariciando, palpando con mucha suavidad; él mismo le había conducido hasta ahí, para que pudiera sentir esa calidez del lugar donde estaba su bebé. Su bebé que en esos instantes estaba pateando y retorciéndose poquito, sólo acomodándose tranquilamente a diferencia de muchas veces antes cuando parecía desesperado por salir de ahí lo más pronto posible. Ahora estaba calmado, tal vez disfrutando que su papá estaba ahí con ellos.
Más pensamientos tontos e infantiles, más estúpideces que recorrían su mente. Más cosas que le hacían sentirse bien a pesar de que le gustaría negárselo a sí mismo. Todo hasta que su ojo se activó. Se activó como aquella vez, esa vez donde Tyki Mikk le había utilizado luego de ser tan idiota como para romper una promesa y poner la vida de su hijo en peligro.
Después sintió algo más, algo diferente. Era un pequeño dolor en el abdomen, cosa que le asustó, aún si intentó mantenerse tranquilo. El dolor disminuyó al poco tiempo, justo cuando Crown Clown apareció ante sus ojos, protegiendo tanto a Kanda como a él del ataque de unos akuma que estaban cerca. No había querido invocarlo, es más, pensaba que no era capaz de hacerlo. Pero ahí estaba su Inocencia, rodeándolo majestuosamente al tiempo que Kanda le dirigía una mirada de desconcierto y enfado. Quiso decirle que no era su culpa, que estaba tan confundido como él, que estaba nervioso por ese dolor que seguía sintiendo aún si ya no era tan fuerte.
Pero luego escuchó algo que le heló la sangre, algo que le hizo marearse hasta casi desmayarse, perdiendo de inmediato la activación de su Inocencia. Tuvo que arrodillarse porque sabía que sus piernas no lo soportarían más, aún si lucía terriblemente patético así; aferrado al uniforme de Kanda, escondiendo su rostro entre esas ropas oscuras con tal de no ver a esa persona de nuevo.
Era él. Tyki Mikk. Tyki estaba frente a ellos, sonriéndoles, diciéndole lo bien que se veía vestido así. Él estaba temblando violentamente sin poder evitarlo. ¿Por qué? ¿Por qué le pasaba esto ahora? Cuando Tyki rompió su Inocencia, él pudo salir adelante e, incluso, presumirle al Noah que no había podido destruirla por completo. Pero esta vez no era así. No podía verle, mucho menos sonreírle irónicamente para informarle que seguía con vida, tanto él como su bebé; que no los había asesinado después de todo. Simplemente no podía. Se acercó aún más a Kanda, buscando el calor corporal que sabía que le haría sentirse más seguro.
Sin embargo, no contaba con que Kanda parecía mucho más interesado en Tyki que en mantenerlo a salvo. Debió haberlo pensado antes, que Kanda no le abrazaría para confortarle, ni siquiera le diría una palabra cariñosa para calmarle. Sintió vergüenza por pensar en eso, pero más que nada se sintió mal porque a su mente venían una y otra vez las palabras de Tyki. Esas palabras que seguían torturándole tanto o más que sus acciones. De verdad Kanda se estaba comportando como si le perteneciera, como si fuera su puta personal.
Negó rápidamente con la cabeza, aún aferrado a la tela negra. Decidió no concentrarse en eso, también intentando ignorar que quería perdirle al samurái que lo estrechara entre sus brazos porque tenía un estúpido miedo insoportable. Apretó con fuerza los párpados sólo para no soltarse a llorar al oír nuevamente la voz de Tyki.
- Así es como nos encontramos, samurái. Espero que estés listo para una sana competencia.
Se sobresaltó en cuanto escuchó a Kanda desfundando a Mugen; el ruido metálico le había provocado un escalofrío. Elevó la mirada, observando al japonés detenidamente, con un gesto de horror y confusión en su rostro.
- Hazte a un lado, Moyashi - le oyó decir, sin dignarse a verle, tan sólo manteniendo su total atención en el sonriente Noah y los akuma que estaban frente a ellos.
- ¡Pero, Kanda...!
Eran demasiados. Aunque eso no era lo que le preocupaba, claro que no. No le preocupaba que Kanda peleara contra todos esos enemigos porque sabía que el mayor podía con eso y más; no, era tan egoísta que temía que Kanda se alejara de él. Eso mismo. Negó rápidamente con la cabeza, sintiendo que las lágrimas amenazaban con deslizarse por sus mejillas.
- Che. ¡Que te quites, maldita sea!
Fue hasta que el otro exorcista le gritó que se decidió a soltarle. Aún temblaba visiblemente y separarse de la persona que le daba algo de tranquilidad le había puesto peor. Miró a Kanda por entre los mechones castaños de la peluca desarreglada, apresando con fuerza el amuleto que ese idiota le había dado para su bebé tras haberlo recuperado de uno de los bolsillos del vestido. Necesitaba tenerlo lo más cerca posible ahora que el mayor le había apartado de esa forma, ahogando las ganas que tenía de llamarle otra vez. Se apoyó contra la pared nuevamente, sólo para sostenerse. Todo sin dejar de observarle, con toda su atención puesta en Kanda tan sólo por ignorar los llamados lastimeros de las almas de los akuma que pedían ser liberadas por él. Todo por no ver a Tyki Mikk de nuevo.
- ¡Mugen... Ningentou(1)!
Se mordió el labio inferior al ver a Kanda peleando como él debía estarlo haciendo en este instante. Como destruía con tanta facilidad a los akuma, incluso a los de nivel tres. Definitivamente Kanda era uno de los mejores exorcistas que tenía la Orden, incluso podía pelear de esta manera a pesar de toda la presión que debía estar sobre sus hombros. Negó con la cabeza, recordando que Kanda no era como él; que el japonés sí se concentraba en lo que importaba y no dejaba que las dudas nublaran su jucio a la hora de pelear. Tragó saliva con dificultad. Después se dio cuenta de lo cerca que estaba Tyki de él, aunque éste miraba con más interés a Kanda, sonriente, como si supiera por adelantado que tenía todas las de ganar.
Justo cuando el Noah abrió la boca como si quisiera decirle algo aún sin voltear a verle que vio que algo que parecían ser tiras de papel rodeando al portugués. Abrió los ojos con sorpresa, aunque ésta sólo aumentó cuando Tyki apenas logró escapar antes de que el piso donde estaba parado se hundiera. Elevó la mirada, encontrándose con alguien que no esperaba.
- ¿Link?
El inspector parecía lastimado, como si hubiera peleado antes de lograr llegar a ese lugar. Una especie de cuchillas salían de las mangas de su saco, dándole a entender que Link no era del todo de tipo intelectual como siempre lo había considerado.
- ¡Walker!
Lo único que sintió fue una ráfaga de viento en su rostro, desarreglando aún más la peluca que aún traía puesta. Entreabrió los ojos, de nuevo elevando la mirada sólo para darse cuenta que Kanda le había protegido esta vez. El pelinegro se volvió para verle, luciendo un gesto especialmente horrible que hizo que un escalofrío le recorriera el cuerpo entero. Kanda estaba enfadado de verdad y eso nunca era bueno para él. Pero el otro exorcista no le puso demasiada atención, porque de inmediato se volvió hacia Tyki, aunque esta vez hablándole a Link.
- Oye, estúpido inspector. Llévate al Moyashi antes de que yo mismo lo mate por idiota.
Frunció el ceño, enfadado con el maldito bastardo por decir algo como eso. Pero luego recapacitó: Kanda de verdad estaba preocupado por él. Era una forma rara de admitirlo, pero tan típica de Kanda que no podía creer que no lo hubiera considerado desde un principio.
Howard Link observó al japonés para después dirigirse hacia él para ayudarle a levantarse. No le dijo nada, aunque podía darse cuenta de que Link también temía por su seguridad. Tragó saliva, maldiciendo una vez más su incapacidad para pelear o, por lo menos, para defenderse.
- Ah, ¿no quieres que el chico disfrute del espectáculo? - cerró los ojos con fuerza al oír la voz de Tyki, reconociendo ese tono burlón que aún le hacía temblar - Eres muy sobreprotector luego de haberlo abandonado a su suerte la última vez. Es decir, luego de haberlos abandonado a los dos.
Quiso gritar y reclamarle a pesar de que aún no se atrevía a mirar al Noah. Todo eso que le había dicho; no quería que también tratara de esa forma a Kanda. Porque el otro exorcista no debía sentirse mal por eso, no quería que se culpara por algo que no era verdad. De nuevo se olvidaba que Kanda no era como él; cosa que volvió a recordar en cuanto el pelinegro escupió a un lado, aún mirando a Tyki con determinación para luego gritarle una vez más al inspector:
- ¿Qué jodidos esperas para llevarte al imbécil de aquí?
Ahogó un quejido cuando Link le obligó a caminar para alejarse, algo que obviamente no quería. No quería separarse de Kanda, no quería dejarle solo con ese sujeto a pesar de que sabía que era por su mismo egoísmo que necesitaba estar desesperadamente a su lado y no porque fuera de ayuda alguna para Kanda. Al final, Link logró apartarlo de áquel lugar, impidiéndole que oyera o viera más de lo que pasaba, aún y cuando sabía que Tyki Mikk estaba hablando con el espadachín. Negó con la cabeza rápidamente, recordándose una vez más el tipo de persona que era Bakanda. Miró a su alrededor para distraerse, aunque sólo sirvió para que se pusiera más nervioso. El pueblo lucía desierto, con algunos restos de casas destruídas y humo saliendo de algunas partes, aún si no alcanzaba a ver akuma alguno. Seguramente estarían todos ahí, donde estaban Kanda y Tyki peleando. Cerró los ojos con fuerza para después entreabrirlos para ver a Link, quien seguía ayudándole a caminar.
- ¿Qué pasó con la gente del pueblo? ¿Están...?
- Los buscadores ayudaron a evacuar - le interrumpió el alemán, apurando el paso -. Tenemos que llegar a la entrada del Arca lo antes posible.
Negó con la cabeza una vez más. No podía abandonar a Kanda de esa forma. Miró a su inspector de nuevo, percatándose de qué tan herido estaba. No era nada de gravedad, pero al parecer el rubio había dado pelea aún sin ser exorcista. Se mordió el labio inferior, inseguro de cómo proceder ante eso.
- Estás herido, Link. Tal vez deberíamos aguardar un poco - dijo, sin estar seguro si eso podría evitar que le llevara tan lejos de ese idiota. Por eso desvió la mirada de inmediato, avergonzado por tratar de usar eso de excusa para quedarse cerca.
- Yu Kanda no se desocupará tan pronto, Walker. Será mejor que lo esperemos en la iglesia. Además, él tiene su golem cerca, así que puede comunicarse contigo cuando le plazca - se sonrojó ligeramente cuando Link le contestó, dándose cuenta de lo transparente que había sido al decir aquello. Se maldijo mentalmente por actuar así. Sí, nuevamente.
Tragó saliva, sacándose por fin la peluca. No tenía caso seguir así si nadie más los veía y ya era lo suficientemente incómodo seguir con ese vestido a pesar de que traía pantalones debajo. Sintió a Timcanpy saliendo con esfuerzo de su escondite en uno de los bolsos del abrigo que aún llevaba, todo para posarse sobre su cabeza como si estuviera más tranquilo por haberse alejado de ese lugar tan inseguro para su amo. Volvió la mirada hacia atrás; aún se podía ver que estaban peleando, aún podía escuchar, en su cabeza, las palabras de Tyki una y otra vez. Debería estar peleando también, debería de seguir caminando tal y como le había prometido a Mana. Debía regresar y enfrentar al Noah, debía regresar al lado de Kanda. Pero un golpecito en su interior le hizo recordar lo que verdaderamente importaba en esos momentos: que su bebé estuviera a salvo. No iba a volver a fallar, no iba a arriesgarse otra vez. No iba a decepcionar a Kanda.
Apretó los párpados con fuerza, haciendo lo mismo con la mano derecha, esa que llevaba el amuleto que Kanda le había dado para su bebé, guardándolo en un bolsillo del pantalón luego de levantar un poco la falda del vestido para mantenerlo cerca de él tal y como el japonés le había dicho. Esta vez cumpliría su promesa.
Se dio la vuelta por completo, dejándose llevar por Link con mayor facilidad. Sin volver la vista atrás, confiando que todo se resolvería pronto. Confiando infantilmente que todo estaría bien.
-o-o-o-o-o-o-
Sabía que había sido una mala idea desde el principio. Una jodida mala idea.
Ya le había parecido raro que los Comandantes dejaran salir al Moyashi así como así, pero no podía acusarlos de nada cuando prácticamente no tenía prueba alguna.
Tan sólo esta maravillosa coincidencia.
La sangre de akuma aún goteaba, no sólo de Mugen, sino también de su rostro y cabello. Malditos monstruos, tan fáciles de derrotar pero tan molestos. Le impedían llegar hasta quien realmente le interesaba. Ese al que iba a destrozar con sus propias manos. Destruyó un par de nivel dos, apartándolos de su camino lo más pronto posible. Ya antes se había enfrentado con muchos akuma por sí sólo, lo único diferente en esta ocasión era que debía evitar que esos demonios siguieran al Moyashi. Aunque los akuma parecían más interesados en atacarle, aún si estaba casi seguro de que sabían que iban a morir si le enfrentaban. Con una mierda, a él no le importaba los ánimos suicidas de estas basuras insignificantes. Él lo único que quería era venganza.
Una venganza que estaba a punto de completar.
- Road me dijo que usualmente peleas con la cabeza fría y te concentras en lo que haces, samurái - se distrajo un poco, mirando al maldito Noah rodeado de algo que parecían ser mariposas -. Pero esta vez no pareces muy enfocado, ¿verdad?
Sonrió de lado. Estúpido bastardo. Tenía sus objetivos muy claros, tanto que le sorprendía que ese hijo de puta no se percatara de lo único que quería en esos instantes.
Los últimos nivel tres le dieron algo de problema, más que nada porque la rabia que sentía le estaba impidiendo pelear tan libremente como quisiera. Es que, el sólo recuerdo de Allen en esas condiciones en que lo encontraron luego de la invasión a la Orden, con eso solamente, se sentía temblar de furia. Ahora vertiría toda la culpa que sentía contra ese sujeto y todo se resolvería. Así de sencillo.
- Vaya, así que es cierto - dijo Tyki, encendiendo un cigarrillo al tiempo que Kanda aterrizaba en el piso luego de matar a todos los akuma. Frunció el ceño, esperando hasta que el moreno se decidió a hablar otra vez -, estás enamorado del chico. Es tan patético y romántico al mismo tiempo, una perfecta historia de amor trágico.
Gruñó por lo bajo, mirando al tipo ese con enojo renovado. Pero no negó lo que decía. Porque era verdad. Estaba enamorado de Allen y eso era simplemente patético, aún si no se arrepentía de hacerlo. Así habían sido las cosas y no iba a fingir que nada pasaba consigo mismo. Ya tenía suficiente con aparentar con los demás aunque le valía una mierda si se enteraban. Sin embargo, el Noah lo sabía. E iba a utilizarlo en su contra, de eso estaba seguro. A pesar de que eso de amor trágico era totalmente absurdo. Apretó con fuerza el mango de Mugen, colocándose en posición ofensiva para matar a ese hijo de puta de una vez por todas.
De pronto se vio rodeado de esas molestas mariposas, impidiéndole incluso el ver con claridad lo que hacía el otro. Maldijo en voz alta, utilizando su Inocencia para apartarlas.
- Se llaman Tease. Tal vez no lo sepas, pero fue una de ellas quien comió parte del corazón de Allen Walker en nuestro primer encuentro - comentó el portugués, sonriendo ampliamente.
Entrecerró los ojos, evitando esas cosas, usando el Kaichu Ichigen(2) para destruirlas. No sabía nada de eso, de lo que hablaba Tyki, cosa que le jodía. Ya hablaría con el Moyashi al respecto, aunque no era precisamente la primera cosa que pensaba hacer luego de encontrarse nuevamente con el menor. Esas malditas mariposas tardaron más en desaparecer; eran demasiadas. Pero lo que le enfurecía más era que podía ver de vez en cuando a ese Noah observándolo penetrántemente, como si se entretuviera viéndolo batallar así.
Apenas los últimos insectos infernales habían destruído a esos bichos cuando se detuvo frente a Tyki Mikk. El maldito bastardo sólo tiró la colilla de cigarro al piso, pisándola para apagarla por completo, ignorándolo ahora como si no estuviera presente. Luego le vio sacarse los guantes y guardarlos en uno de los bolsillos del saco gris que traía puesto. Frunció el ceño, furioso. ¿Ese hijo de puta se estaba burlado de él o qué jodidos? Se limpió la sangre de akuma del rostro con el dorso de la mano, sintiendo como las pocas heridas que había sufrido sanaban rápidamente. Ese bastardo no sabía con quién se estaba metiendo.
- Supongo que recuerdas mi poder especial - dijo el Noah, avanzando un par de pasos hacia él, aunque no se permitió retroceder ante ese tipo -. Sin embargo, lo más importante es lo que compartimos en común. Y eso es nuestro pequeño Allen Walker.
- Che. No me compares contigo, bastardo - masculló, apretando los dientes con absoluto rencor -. Yo no lo violé cuando no podía defenderse.
- Oh, ¿estás seguro de eso, samurái?
Lanzó un gruñido. Estaba harto de palabras y de esas miradas y sonrisas burlonas. No iba a soportarlo por más tiempo. Por eso se lanzó al ataque, blandiendo a Mugen, buscando acabarlo de una sola vez; pero el Noah lo esquivó fácilmente atravesando una de las paredes del callejón. Volvió a maldecir, saliendo de ahí lo más pronto posible. Iba a buscar a ese bastardo. Iba a destrozarlo.
Parecía un jodido juego de esconderse, aunque cuando el sujeto se decidió a atacarle tuvo que defenderse a pesar de que lo único que quería era atacar. El Noah lo felicitó por su rapidez y por sus reflejos, logrando que se enfadara aún más, si es que eso era posible. La estúpida risa insistente de ese bastardo le estaba provocando un dolor de cabeza peor que el que había tenido por la mañana. Y ese hijo de puta seguía usando a esos molestos bichos, obligándole a acabar con ellos antes de poder a atacarlo otra vez. Ese maldito cobarde.
Por fin tuvo la oportunidad de pelear frente a frente, sin importarle la destrucción que estaban dejando atrás luego de decirse a pelear en serio. Tan serio que incluso había decidido usar su Sangenshiki (3), aún si Komui se lo había prohibido. Y, aún así, ese bastardo seguía hablándole de vez en cuando. Más comentarios acerca de lo bueno que era peleando, de lo hábil que era, lo rápido. Ese tipejo estaba colmándole la paciencia, aumentando las ganas que tenía de matarlo. Por lo que le había hecho a Allen.
Fue cuando logró cortar un poco del cabello largo del Noah que escuchó una risita divertida. Lo observó flotar en el aire, echándose un mechón de cabello hacia atrás.
- Gracias por eso. Tal vez así lograré conseguir que Road me deje cortar mi cabello si queda así de horrible.
- Cállate de una jodida vez, hijo de puta - gruñó, harto de la actitud del bastardo -. Deja de pretender que es un juego y pelea como hombre.
- Pero es tan divertido, samurái - le oyó reír otra vez -. Ver como te afecta tanto lo que pasó con el chico, no puedes pelear sin dejar de pensar en él un instante.
- Mphm - dibujó una sonrisa socarrona, recuperando un poco su autocontrol -. Tus palabras no me afectan, Noah. Tienes que cambiar de estrategia si pretendes salir con vida de esta.
Volvió a oírlo reír.
- Piensa de nuevo, Yu Kanda.
Tuvo que cubrirse con Mugen cuando el enemigo atacó, esta vez con fuerza verdadera, logrando que sus piernas temblaran por un par de segundos. Pero sólo fue eso, porque de inmediato rechazó el ataque, aún y cuando el Noah se protegía con esas estúpidas mariposas que ahora formaban parte de sus muñecas.
No supo cuánto tiempo más siguieron peleando de esa forma, sin estar ninguno de los dos realmente en ventaja. Aunque todo terminó en cuanto al fin pudo herirle con su Inocencia, atravesando el pecho del Noah de una sola vez. Sonrió socarronamente, deleitándose con el olor de la sangre del desgraciado. Lo que no se esperaba era que era que el otro se acercara a él, hundiendo aún más la katana en sí mismo. No supo por qué se había quedado paralizado hasta que sintió el cálido aliento del Noah rozando su rostro, todo para inclinarse sobre él y susurrarle al oído.
- Deberías enseñarle a tu ramera a complacer a un hombre, samurái. Tuve que follármelo por la boca porque no sabía cómo chuparla bien.
Abrió los ojos al máximo, tardando un poco en reaccionar porque la rabia le carcomía por dentro. Sin embargo, el portugués se apartó rápidamente de él, sin importarle que aún seguía sangrando por la herida ocasionada. Le estaba sonriendo. Ese maldito bastardo estaba sonriendo.
Gritó, lanzándose contra él sin medir las consecuencias. Era cierto, se estaba dejando llevar por lo que Tyki decía a pesar de que quería negarlo, estaba perdiendo la frialdad y su forma calculadora de pelear. Y su enemigo lo aprovechó. Tomó ventaja de su distracción y su furia.
- ¿Qué pasa, samurái? ¿No soportas que llamen así a tu pequeño novio?
- Cierra la jodida boca, maldito bastardo.
- Je. Eres más emocional de lo que crees.
Iba a contestarle con un insulto, por supuesto. Ese hijo de puta estaba cruzando la maldita línea en más de una forma. No solamente le había hecho una cosa horrible a Allen (y parecía orgulloso de ello), sino que además estaba burlándose de él sin pena alguna. Pero Tyki no se lo permitió. Sintió un fuerte dolor en el hombro derecho, dándose cuenta de que el Noah había lastimado sus músculos y nervios en cuanto estuvo lo suficientemente cerca como para atravesarlo con una de sus manos.
Era claro que lo único que quería era ocasionarle dolor; hubiera podido matarlo de la misma forma en que mató a otros tantos exorcistas. Frunció el ceño, maldiciéndose a sí mismo por no poder concentrarse. Todo por unas estúpidas palabras.
Vio al bastardo lamiendo su sangre de los dedos, exactamente como esa maldita bruja lo hizo aquella vez, sólo que con la sangre de su Moyashi. Ya no estaba diciéndole nada, pero esa mirada era más de lo que podía soportar.
Cuando empezó a sentir que su cuerpo sanaba fue cuando se puso de pie del todo, recordando una vez más que cada vez tardaba más tiempo en curarse. Era cierto que ya no estaba usando su Tercera Ilusión, pero aún así el dolor seguía presente. Decidió no darle importancia, aún y cuando empuñar a Mugen no iba a serle tan sencillo. Ya se recuperaría en pocos segundos y le daría a este bastardo la sorpresa de su vida.
- "¡Kanda-kun! ¡Allen-kun! ¿Están ahí?"
Se sobresaltó al oír esa voz, reconociéndola al ser de Komui Lee, aunque no estaba muy seguro de dónde provenía. Entonces recordó a su golem negro, el cual volaba a su lado como si nada estuviera pasando. Abrió la boca para decir que este no era el mejor momento para ponerse a platicar, pues Tyki aún le miraba con una sonrisa divertida en el rostro, casi provocándole otro ataque de ira de no ser porque el supervisor volvió a hablar:
- "La Orden está bajo ataque. Desconozco la situación en el pueblo, pero lo mejor sería que se resguarden ahí..."
- Che. El pueblo también está siendo atacado - le interrumpió, sin quitarle la vista de encima al enemigo -. No creo que sirva de mucho que nos quedemos aquí.
- "Entonces será mejor que lleves a Allen-kun con Miranda para que pueda protegerlo usando su Inocencia según las instrucciones del secretario Lvellie... Espera, ¿está Allen-kun contigo? ¿Kanda-kun?"
- Lo llevaré allá, estúpido supervisor. Mejor concéntrate en protegerte a ti mismo, idiota - masculló, planeando mentalmente el cómo lograría proteger al chiquillo de todo esto. Algo le seguía molestando: esto estaba cada vez más alejado de ser una coincidencia. Simplemente no estaba bien.
- Más sentimentalismo - se enfocó de nuevo en el Noah, frunciendo el ceño -. Aunque me pregunto si de verdad podrás proteger al chico esta vez...
Ante sus ojos, Tyki empezó a desaparecer al atravesar la pared de uno de los edificios que les rodeaban. ¡Ese hijo de puta! Trató de alcanzarlo, incluso destruyendo parte de la construcción usando su Inocencia para atraparlo. Pero no logró nada. Maldijo en voz alta, en japonés, sin importarle el ligero dolor que aún sentía en el hombro derecho. Se había escapado y era su culpa por dejar que la rabia le dominara.
Aunque algo le preocupaba aún más: las últimas palabras de ese tipo. ¿Significaba...?
- Mierda.
¿Acaso iba por el Moyashi? Se echó a correr de inmediato, tratando de encontrarse con Allen antes de que ese Noah lo atacara. Esperaba que al menos el inspector supiera cuidar del pequeño idiota mientras él llegaba. Se dio cuenta de que lo más seguro era que fueran a la iglesia. Era ahí donde estaba la entrada del Arca, ¿no? Hasta sería mejor que el estúpido niñito permaneciera en ahí, en el Arca. Sería mucho más seguro, ¿no es así?
Sintió que la presión en el pecho le disminuía un poco al ver al Moyashi a lo lejos. Se había quitado la peluca, por lo que era más fácil reconocerlo con ese cabello de anciano. Seguía al lado del inspector, aunque le vio darse la vuelta para verle. El chiquillo le veía con una gran sonrisa en el rostro, como si no lo hubiera visto en meses. Chasqueó la lengua, aliviado. Con una mierda, se suponía que era por esto que el Noah se había salido con la suya; porque había sido incapaz de separar lo que sentía por Allen de la batalla que debía librar.
- Me alegra que estés bien, Bakanda. Aunque estás hecho un desastre: tu uniforme está desordenado y estás despeinado.
Le estaba sonriendo de nuevo en cuanto estuvo lo suficientemente cerca de él. Le sorprendió que, de hecho, no se lanzara sobre él para abrazarle con lo efusivo que a veces se comportaba. El Moyashi sólo le miró unos segundos más, y sólo por eso se dio cuenta de que el niño estaba a punto de llorar. Sonrió con ironía.
- Eres un idiota, Moyashi.
- Estamos cerca de la iglesia, será mejor que nos demos prisa. Esperemos ahí a que sea la hora de usar la entrada del Arca.
El menor asintió mientras que él sólo giró los ojos, fastidiado por lo apegado a las reglas que seguía siendo ese jodido inspector a pesar de la situación en la que estaban. Ahora podría dejar de preocuparse y dejar al mocoso en el Arca. Lo que sabía que no debía hacer era separarse de Allen. Ese había sido su error, no iba a volver a cometerlo. Aún y cuando sabía que estar cerca del estúpido niño sólo le traería más distracciones y, por lo tanto, más debilidad. Al menos no se habían encontrado con ningún akuma y ese bastardo no había aparecido.
Pero cuando llegaron al lugar se dio cuenta de que no sería tan sencillo como pensaba. La iglesia había sido destruída. Resopló con fuerza.
- No se preocupen. Puedo abrir otra puerta...
- Absolutamente no, no puedes abrir puertas al Arca sin autorización - el Moyashi no pudo terminar de hablar porque había sido interrumpido por el alemán.
- No jodas, inspector - masculló, fastiado con la maldita actitud del rubio -. El Cuartel General está siendo invadido y no podemos darnos el lujo de...
- ¿El Cuartel? ¿A qué te refieres con eso, Kanda?
Se volvió para ver al Moyashi, quien lucía terriblemente preocupado. Claro, después de todo, los demás seguían ahí. Estúpido Moyashi, sin ponerse a pensar en lo raro que era el asunto; el por qué le habían dejado salir en una situación como esta.
- Tenemos que ir a la torre. No podemos dejarlos así.
- Moyashi idiota.
Allen parpadeó un par de veces, para luego bajar la mirada. Era obvio que al fin se había dado cuenta de que no podía hacer gran cosa con ese gran vientre y con su habilidad disminuída casi al mínimo. Aún y cuando, de alguna manera, se las había arreglado para activar su Inocencia en aquel callejón.
- De todas formas debes abrir el Arca. Es el lugar más seguro para ti y para el bebé.
El inglés volvió a mirarle con ansiedad para después asentir suavemente a pesar de las advertencias de Link de que estaba prohibido que Allen usara ese poder sin haber sido aprovado por los Comandantes. Estúpido inspector, que no sabía que el Moyashi había abierto una puerta sin permiso. Sí, justamente esa vez que se lo jodió en la habitación del Músico. Oyó al menor resoplar para después tomar aire y hablar:
- Abriré una puerta. Ya lidiaré con el castigo por eso después, Link.
Sonrió socarronamente. Al fin el Moyashi estaba rebelándose y eso le encantaba. Por eso le miró intensamente, con crecientes ganas de mandar todo a la mierda y jodérselo ahora mismo. Sin embargo, pronto se dio cuenta de que algo estaba mal, porque Allen se volvió para verle también, con un gesto de angustia en el rostro.
- ¿Qué tienes, Moyashi?
- No puedo.
- ¿Qué quieres decir con eso, Walker? - Link se adelantó en su pregunta, con un tono de incredúlidad poco común en su voz.
- ¡No sé! ¡No puedo abrir el Arca!
El niño se estaba poniendo histérico, hasta podía escucharlo repasar por lo bajo la canción de cuna que hasta él conocía de memoria. Arqueó una ceja, sin saber qué demonios estaba pasando. Terminó por colocar una de sus manos sobre la cabeza del pequeño, intentando tranquilizarlo tan sólo porque sabía que podía afectar al bebé si el Moyashi se alteraba de más. Pero pronto empezó a hacer presión, justo como lo hacía siempre, deteniéndose sólo cuando el chiquillo se quejó. Sonrió de lado, satisfecho con eso. Al menos le había obligado a borrar esa cara de preocupación que tanto le fastidiaba.
- No es tiempo de eso - oyó decir al inspector, a pesar de que él estaba mucho más concentrado en Allen -. No es como si no pasara nada, es algo muy preocupante que no puedas usar el Arca, Walker.
Era cierto, con una mierda, claro que era cierto. Era extraño y, sin duda alguna, los Comandantes Supremos se pondría locos si se enteraban que Allen había perdido la capacidad de abrir puertas al Arca a voluntad. Porque eso era lo que pasaba, ¿verdad?
- Aún podemos buscar la puerta que estaba aquí, ¿no?
- No podemos usarla si no hay nadie que abra del otro lado - informó el alemán, destruyendo las pocas esperanzas que había demostrado el menor -. Si no tienes el poder de abrir la puerta no creo que sirva de mucho.
Maldijo entre dientes, sin tener la más mínima idea de lo que tenía qué hacer, lo cual le jodía bastante. A decir verdad, la Orden no le interesaba. Nunca le había importado, al menos no como el Moyashi. Y no pensaba arriesgar la vida de su bebé tampoco, no de nuevo.
- El estúpido supervisor dijo que el lugar más seguro para el Moyashi era con esa mujer llamada Miranda - masculló, sin intenciones verdaderas de tomar ese riesgo innecesario.
- ¿El supervisor Komui planea usar la Inocencia de Lotto para proteger a Walker y a su criatura?
- Che. En realidad fue idea de ese maldito inspector - dijo, entre dientes, apretando los puños ligeramente al recordar lo que ese sujeto le había hecho al menor. Otro más sumado a su lista negra, aún si no se acercaba ni de lejos al jodido Noah. Ese secretario querría tener cerca al pequeño imbécil para poder controlarlo, de eso no había duda.
- Pero para eso tendríamos que regresar a la torre...
Allen habló en voz muy baja, por lo que se volvió para verle una vez más. El Moyashi acariciaba su abdomen muy suavemente, casi como si quisiera tranquilizar al hijo de ambos con ese toque tan gentil. Tal vez estaría adolorido si el bebé había decidido a moverse violentamente de nuevo. Chasqueó la lengua, sabiendo que todo esto era consecuencia de los conflictos emocionales que el mocoso estaba experimentando.
- Entonces debemos regresar.
Arqueó una ceja, mirando a Link como si hubiera dicho una completa locura. No, espera, era una jodida locura. De ninguna forma iba a dejar que Allen regresara a ese lugar en estas circunstancias.
- Si el secretario Lvellie dijo que era necesario, entonces así debe de hacerse - anunció el inspector, sin darle oportunidad de nada más que de maldecir para luego ser ignorado -. No podremos proteger a Walker si nos quedamos aquí y hay otro ataque.
Apretó los dientes, desviando la mirada, por primera vez dudando un poco de su propia capacidad. Sí, él, Yu Kanda, el maldito bastardo hijo de puta con un ego y orgullo enormes estaba dudando. Todo porque temía por ese estúpido chiquillo y no estaba seguro de si podría pelear contra ese Noah si aparecía debido a la sola presencia de este niño. Aunque no lo diría, por supuesto. No iba a admitir que sentía algo parecido al miedo por primera vez en mucho tiempo.
Trató de balancear las cosas, decidir qué era menos arriesgado. Pero no era sencillo, mucho menos ahora que tenía a ese niñito frente a él, viéndose de esa forma tan tentadora e inocente a la vez. Resopló con fuerza, maldiciendo entre dientes.
- ¡Kanda!
Se sobresaltó de forma apenas visible, dándose cuenta de que Allen le llamaba. Pronto se dio cuenta del por qué: varios akuma habían aparecido, lanzándose contra ellos. De inmediato desenfundó a Mugen, apartando al Moyashi de la forma más suave que pudo a pesar de la adrenalina que recorría su cuerpo. Apenas se dio cuenta de que el inspector también se había lanzado a pelear junto a él, aún si no podía destruir esos demonios al no ser exorcista. Claro, ese sujeto se tomaba muy en serio su papel como niñera del Moyashi después de todo.
Eran pocos akuma, como si el enemigo sólo quisiera provocarlos. O decirles que podían ser atacados cuando fuera. Todo cuando tenían en sus manos a este pequeño niño embarazado. Chasqueó la lengua, acabando con el último akuma rápidamente. No había tardado más de un par de minutos el deshacerse de los enemigos, pero no tenía idea de cuándo ese Noah se le ocurriría regresar o a mandar tantos akuma que no podría con ellos por sí mismo y, al mismo tiempo, asegurarse de que el niño no saliera herido.
Realmente tendrían que regresar a la Orden. Aunque eso también sería peligroso; no tenía idea de cómo estaría la situación allá, si podría llevar a Allen a donde estaba esa mujer y mantenerlo a salvo.
- Tenemos que irnos - dijo el inspector, distrayéndolo de sus pensamientos -. Vamos al puerto y usemos un bote para volver a la torre.
Masculló un insulto entre dientes contra el alemán, pero no le discutió nada. Sólo tomó al Moyashi de la muñeca derecha, sacándolo de balance y ganándose una queja por parte del menor por no haberle avisado lo que haría. Le ignoró, obligándole a caminar. No había tiempo qué perder, mientras más pronto llegaran con esa mujer Miranda, más pronto podría poner sus pensamientos en orden y terminar con lo que había empezado con ese Noah.
- Recuerda que no debes de lastimar a Walker, Yu Kanda.
- Che.
Jodido inspector, como si no supiera que esto no era nada comparado con lo que le hacía en la cama. Sonrió maliciosamente, al menos satisfecho con poder despejarse un poco, si es que a eso se le podría llamar despejar la mente. Escuchó a Allen resoplar, caminando más rápido a su lado con tal de no quedarse atrás. El chiquillo era un terco de primera, el rubio debería de saberlo. De hecho, si no fuera porque lo necesitaba para ayudarse a caminar y mantener el equilibrio al mismo tiempo, el mocoso se hubiera zafado del agarre. Así que estaba aprovechándose de eso, sintiendo el calor que el otro desprendía al estar tan cerca de él.
Miró a su golem negro, el cual volaba al lado de esa bolita dorada endemoniada que no parecía muy feliz por la forma en que estaba tratando a su amo. Pero no tenía tiempo de concentrarse en Timcanpy, de hecho, lo que pensaba ahora era por qué Komui no había llamado de nuevo para asegurarse que el menor estuviera bien con lo insistente que había sido antes de que los dejaran salir al pueblo y por como preguntó por él en cuanto le llamó. Tampoco podía escuchar más ruido, nadie más estaba comunicándose con ellos. Algo raro, tanto que incluso el maldito inspector lucía algo preocupado. Joder.
- ¿Cómo haremos para encontrar a Miranda-san? ¿Te dijo Komui-san en dónde está? ¿Cómo están los demás? - preguntó el niño, obligándole a observarle fijamente una vez más.
- No. No tengo ni una puta idea de qué está pasando ahí, Moyashi - respondió, moderando su voz para sonar más molesto de lo que en realidad estaba por esa razón. No, la razón de su furia era otra cosa.
Allen sólo bajó la mirada, sin decir nada más como si hubiera decidido no molestarle más, luciendo realmente deprimido. Chasqueó la lengua, dejando de sostenerlo con tanta fuerza. Estúpido Moyashi, tan idiota preocupándose por las otras personas cuando el que necesitaba más atención era él. Como siempre, ese mártir sin remedio.
- ¿Seguro que la gente del pueblo consiguió evacuar, Link? ¿Los buscadores también están bien? - musitó el chiquillo, muy bajo, preguntándole al inspector como si él no estuviera presente. Confirmándole lo que pensaba de él. Tan predecible.
Por su lado, el rubio sólo asintió, sin quitarle la vista de encima a él, como si quisiera asegurarse que no lastimara más al niñito. Se dio cuenta de que el inspector mentía, o que al menos no decía toda la verdad. Gente había muerto, pero el mocoso debía estar acostumbrado a eso. Estaban en guerra después de todo; ya tendría que recordárselo después. Cuando no tuviera una maraña de pensamientos, dudas y maldiciones en su cabeza como nunca antes.
Llegaron al puerto luego de ser atacados por un par de akuma una vez más. Se estaban burlando de ellos, los estaban poniendo a prueba. No, a él, sólo a él. Debía de tratarse de ese Noah. Maldijo de nuevo, observando al inspector buscando un bote para que pudieran huir. "Huir". Como odiaba esa palabra.
Pero sentir al Moyashi tomar su mano con suavidad le hizo olvidarse de prácticamente todo. Allen no lo estaba mirando, como si estuviera apenado por ese gesto. Bueno, debería de estarlo. Era una demostración de debilidad y sensibilidad que no debía mostrar nadie, ni siquiera un Moyashi embarazado. Tan débil como para admitir que estaba asustado y que por eso era que estaba apretando su mano de esa forma. Sin embargo, él también era débil. Y lo era, no sólo por su fracaso al dejar que se escapara el tal Tyki Mikk, sino porque también había apretado la mano del niño de vuelta. Sí, asquerosamente débil y patético.
Soltó la mano del Moyashi sólo hasta que el inspector les llamó para que abordaran el pequeño bote que consiguió encontrar. Chasqueó la lengua, tomando nuevamente la muñeca derecha del niñito para obligarle a seguir adelante. El mocoso volvió a quejarse, aunque esta vez sabía que lo hacía por pura costumbre y no porque le estuviera lastimando de verdad.
Tuvo que ayudarle a subir, por supuesto. No iba a dejar que el rubio lo hiciera; ya había manoseado lo suficiente a su Moyashi en todo este día como para dejarle hacerlo otra vez. Allen se acomodó poco a poco, visiblemente fastidiado por su incapacidad de hacer todo como antes. Le hizo sonreír de lado, burlándose inconscientemente del niño como era su costumbre.
- Che. Estúpido Moyashi.
- ¿Qué? ¡No he hecho nada, Bakanda!
- Mhm. Tal vez sea por eso que eres estúpido.
- ¡Oye!
- Dejen de discutir de una vez - exclamó Link, cortándoles su rutina diaria de discusiones sin sentido -. Estamos bajo una seria amenaza y nuestra prioridad es poner a salvo a Walker y después pelear por la Orden Oscura.
Apretó los dientes, sentándose y cruzándose de piernas, con un gesto de enfado dibujado en el rostro. Joder, el inspector tenía razón, claro que sí. Pero simplemente quería darse el maldito gusto de pretender por un momento que en realidad no le importaba ser exorcista a pesar de todo. De todo.
- Lo sentimos, Link.
El mocoso se había disculpado por ambos a pesar de que a Kanda le importaba muy poco lo que el alemán pensara de él. El Moyashi siempre trataba de excusarse por los dos, cosa que, más que molestarle, le llamaba la atención porque era algo totalmente inútil.
Que Link tomara un remo para guiar el bote no lo distrajo para nada de observar al Moyashi como normalmente lo hacía. Maldito niñato, luciendo tan tentador como siempre al sentarse de esa forma y mirar al agua como si de un paseo se tratase. Era cierto que lucía preocupado, pero eso no le quitaba ese aire infantil que tenía y que dudaba que fuera a perder con el pasar de los años. Años. Le hubiera gustado tener tanto tiempo para eso...
- Pronto llegaremos. Prepárense.
Parpadeó, sin saber qué tanto tiempo en realidad había pasado perdido en sus pensamientos, sin haberse enterado si habían pasado minutos u horas enteras. Lo suyo no era pensar, al menos no en estas cosas. Mejor debería concentrarse en la batalla que le esperaba a pesar de que quisiera evitarla, más que nada para poder permanecer más tiempo al lado del pequeño idiota.
Resopló, apenas intentando ponerse de pie en el bote cuando escuchó al Moyashi dar un respingo. No le hubiera dado mucha importancia de no ser porque el chiquillo se inclinó hacia el borde del bote, observando el agua para luego extender el brazo.
- ¿Qué jodidos te pasa, idiota? - se acercó hasta el menor para apartarlo de inmediato. El pequeño imbécil no se había puesto a pensar que podía caerse fácilmente al agua con lo torpe que era.
Apretó los dientes, gruñendo por lo bajo y dispuesto a insultarlo de nuevo hasta que se dio cuenta del por qué el Moyashi había actuado de esa manera. El inspector se había puesto tras de ellos, mirando también hacia el agua, conteniendo la respiración.
- Es el supervisor Andrew Nansen de la rama de Oceanía.
Estaba muerto. Era un cadáver flotando en el río y había sido Allen quien lo había descubierto. El niño no había respondido tan escandalósamente como pensó que lo haría, pero seguramente era porque sabía que esa persona llevaba tiempo sin vida. Por su lado, Howard Link sí parecía alterado. Y era toda una escena, considerando que raramente reaccionaba ante nada. Estaba hablando en alemán, podía reconocer el idioma aunque no lo entendía.
- Che. Es peor de lo que pensabas, ¿no?
El rubio le miró unos instantes para luego voltearse y guiar el bote hasta la orilla del río. No tenía idea de lo que el inspector estaba pensando, pero seguro ya no estaba tan confiado con respecto a que buscar a la mujer Miranda, dejar a Allen con ella no iba a ser tan sencillo.
Ayudó al niño a salir del bote cuando él logró pisar el suelo, recordando fugázmente esa vez que ambos escaparon al pueblo sólo para luego volver al decidirse hacerse cargo de ese bebé que pronto estaría en el vientre del Moyashi en ese entonces. Ahora el muchachito tenía una gran barriga de nueve meses y estaba a punto de entrar en ese lugar que parecía ser un auténtico caos luego de haberse encontrado a ese supervisor muerto.
Se colocó frente al mocoso, observándole penetrantemente antes de arrodillarse. Le divirtió de sobremanera que el menor se sonrojara de esa forma tan evidente, como si por fin lo hubiera despertado del aletargamiento en que había estado sumido por largo tiempo.
- ¿Qu-qué? ¿¡Bakanda!? ¿Cómo demonios puedes estar pensando en eso en estos momentos?
El Moyashi le había tirado fuertemente del cabello en cuando tomó la falda del vestido ante la mirada incrédula del inspector. Sonrió socarronamente, para después rasgar la tela para abrir el vestido, dándole así más libertad al chiquillo para moverse. Era una pena, realmente le habría gustado follarse al niñito con ese lindo vestido puesto, pero eso era lo de menos ahora. Se levantó al poco tiempo, viendo de reojo al Moyashi aún rojo por lo que había pasado.
- Es mejor así, no quiero que te tropieces y te lastimes con lo torpe que eres.
Se apartó de inmediato, arreglándose el uniforme. Era tiempo de terminar con esto.
- Hay akuma por todos lados - susurró el Moyashi, aunque pudo escucharlo perfectamente -. Y no sabemos en dónde está Miranda-san.
- Tendremos que averiguarlo entonces.
No fue sencillo. Claro que no. Sobre todo porque tenía que ocuparse del Moyashi a pesar de que esos monstruos atacaran. Al menos Allen era de utilidad por su ojo maldito, y, extrañamente, parecía muy satisfecho con eso. Lo razonó un poco: tanto tiempo sin poder pelear, esto debía ser algo que le proporcionaba algo de alivio de cierta forma.
Pero eran demasiados. Tantos que el Moyashi sólo podía tartamudear y decir que, aún así, la gran mayoría estaban concentrados en un sólo lugar, cosa que parecía preocuparle de sobremanera.
- Debemos encontrar a Lotto - repitió el inspector, aunque Kanda sabía que ese sujeto estaba más bien pensando en otra cosa que no era el Moyashi.
- ¡Cuida-...!
Logró apartar al niñito del ataque de ese akuma nivel tres. Esto sí que le estaba dando problemas. Para él era muy sencillo acabar con todos esos demonios de una sóla vez, pero con este mocoso cerca simplemente no podía pelear como quería. Sí, esto era lo que se temía, no poder concentrarse adecuadamente.
Le abrazó sólo para ponerlo tras de él, tomando a Mugen para intentar matar al molesto nivel tres. Pero algo acabó con el akuma antes que tan siquiera pudiera saltar hacia él.
- Quítense de enmedio si no saben pelear, mocosos.
Frunció el ceño. Ese jodido vampiro estaba justo ahí, con una personalidad que no lograba reconocer luego de haberle visto temblar como niñita. Entonces era eso lo que pasaba cuando este tipo activaba su Inocencia. Todos los akuma cercanos fueron liquidados con ayuda del rumano, aún si no iba a admitir que si no hubiera sido por ese exorcista no hubiera podido luchar y proteger al Moyashi al mismo tiempo. Hasta era casi como si les hubieran mandado matar al chiquillo y por eso eran tan insistentes en atacarlo.
- Krory.
El aludido se volvió para ver al Moyashi, aún luciendo ese gesto temible en su rostro. También él permaneció en silencio, esperando a que el estúpido niño se decidiera a decir lo que fuera que iba a decir.
- ¿Qué ha pasado con los akuma? ¿Por qué se han movido de lugar? - el Moyashi lucía un gesto de total seriedad, contrastando bastante con el hecho de que aún estaba vestido como mujer y claro, que estaba embarazado.
El vampiro le observó por unos instantes antes de contestarle.
- Atacaron al escuadrón científico. Aún hay algunos por ahí, pero casi todos se han ido...
- Por Hevlaska.
Resopló, maldiciendo una vez más. Todo estaba jodido. No tenía idea de qué demonios iba a pasar ahora o qué debía hacer. No estaba acostumbrado a esto, no se suponía que tuviera este tipo de problemas. Apretó los dientes. Odiaba esta mierda.
- ¿En dónde está Lotto? - preguntó Link, reaccionando por fin luego de permanecer tanto tiempo en silencio.
- La señorita Miranda se encuentra cruzando la sección científica que ya fue atacada, directo por este pasillo. Tenemos que volver ahí de vez en cuando para recuperarnos de nuestras heridas - gruñó el rumano, dándoles la espalda -. Ahora, si no piensan pelear, será mejor que se larguen.
- Che. No me jodas, maldito bastardo.
- ¡Kanda!
Se dio cuenta esta vez. Era difícil no hacerlo cuando una de las paredes colapsó, dando paso a una gran mano. Era uno de esos akuma, esos que habían atacado en Japón. Como siempre, colocó al Moyashi tras de sí, aún si sabía que no sería suficiente esta vez. No podía acabar con ese monstruo así.
- Encárguense, exorcistas. Yo llevaré a Walker con Lotto.
Miró al inspector por unos segundos. No quería dejar ir al Moyashi, aún si sabía que era lo mejor. Con eso el niño estaría a salvo y él podría pelear sin mirar atrás cada cinco segundos para asegurarse que el mocoso estuviera bien.
Pero no había tiempo que perder. Empujó al menor para que se largara cuanto antes, aunque éste sólo le miraba con un gesto suplicante que le enfadaba. ¿Qué demonios no se daba cuenta de lo que sucedía? Se suponía que debía protegerse a sí mismo. Escuchó un crujido, dándose cuenta de que el vampiro exorcista ya había empezado con la pelea luego de haberles insultado una vez más. Frunció el ceño, pensando en cómo se las cobraría con ese sujeto.
- Kanda...
- Che. Moyashi...
Se acercó a él, aunque no lo suficiente como para tocarlo. Trató de mostrarse serio e indiferente, pensando que eso era lo mejor para el niñito y para él mismo
- Recuerda tu promesa.
Los ojos del chiquillo se humedecieron, de eso se pudo dar cuenta perfectamente. Pero no le mostró ningún otro signo de ansiedad o nerviosismo. El estúpido Moyashi estaba tratando de no preocuparle, eso era obvio. Ese idiota.
- Recuerda la tuya también.
Sonrió con malicia al oírle susurrar de esa forma. Se dio la vuelta para ir a pelear de una vez por todas, sin volver la vista atrás, pues sabía que la debilidad estaría de vuelta y no podría seguir con cumpliendo con su deber como exorcista. Todo por causa de este niño.
Por eso no le vio otra vez. Tendría que confiar ciegamente. Otra cosa que odiaba. Soltó una risita irónica, empuñando a Mugen antes de acompañar al vampiro en la pelea.
Esperando que su debilidad no lo traicionara de nuevo.
-o-o-o-o-o-o-
No se permitió llorar, aún y cuando sabía que Kanda no podía verle ya. Lo había repetido miles de veces en su cabeza, eso de que no le gustaba derramar más lágrimas (cuya cantidad había aumentado gracias a las dichosas hormonas), mucho menos frente a Kanda. Peor aún cuando sabía que el mayor estaba distraído por su culpa. Por él y por su bebé.
Allen lo sabía. Ya había visto a Kanda pelear antes, y era obvio que no estaba dando todo de sí. Se veía tan distraído; algo que no pensó que fuera posible en Kanda, quien era alguien frío y calculador a sus ojos a pesar de que conociera un lado del samurái que nadie más veía. Era simplemente raro verle así.
Link le estaba ayudando a caminar, cosa que pasaba a menudo. Claro, no en estas circunstancias. No cuando el Cuartel General estaba siendo atacado por segunda vez en muy poco tiempo. Al parecer el Conde del Milenio había decidido que era suficiente de hacerlos esperar y que era hora de destruirlos ya. Se mordió el labio inferior, pidiendo por el bienestar de todos sus amigos y de las otras personas que vivían aquí. Era cierto que muchos le miraban mal desde lo de Tyki, pero simplemente no podía odiarlos. No era culpa de ellos. Era suya.
Kanda había peleado contra el Noah y no lucía muy feliz cuando regresó. No supo cuánto tiempo se había ido, pero verle le produjo un gran alivio a pesar de esa cara de enfado del samurái. Es que su bebé había estado tan inquieto, moviéndose mucho y pateando lo suficientemente fuerte como para provocarle más del ligero dolor que aún sentía luego de que su Inocencia se activó por sí misma. Claro que no era nada comparado con lo que sentía en el pecho al tener que dejar a Kanda de esa forma. Justo como lo había hecho esta vez.
Era lo correcto. Eso era. No había otra explicación posible y debía atenerse a las circunstancias que le rodeaban. Había hecho esa promesa después de todo. Y Kanda también había prometido algo, que estaría ahí con él cuando el hijo de ambos naciera. Así que no debía preocuparse, dejarle todo al japonés y tener confianza ya que él era un hombre de palabra. Lo malo era que estar lejos no le estaba ayudando del todo. Kanda y Krory debían estar terminando ya de pelear, o al menos eso esperaba por todo el tiempo que les estaba tomando a él y a Link el caminar por la Orden.
Además, apenas se había dado cuenta de que Timcanpy se había desaparecido en cuando llegaron a la Orden. Había estando tan concentrado en Kanda y en lo que pasaba con los akuma que no se enteró cuando el golem salió del vestido para marcharse. Resopló. Esperaba que Tim hubiera ido a buscar a Komui por cuenta propia o a los chicos para informarles que estaban de vuelta.
Seguía perdido en sus pensamientos y preocupaciones. En lo culpable que se sentía por no poder ayudar a Kanda como quisiera. Sí, seguía pensando, y fue por eso que apenas se enteró de nada hasta que Link lo empujó. Una pared se había derrumbado, aunque no podía ver ningún akuma cercano. Negó rápidamente con la cabeza, dándose cuenta de que el inspector no estaba a su lado. Miró hacia los escombros, asustándose aún más.
- ¿Link? ¿Estás bien? - preguntó, acercándose lo más rápido que pudo al montón de piedras.
- Walker - abrió los ojos, escuchando la voz ahogada del inspector. Suspiró de alivio con suavidad -, el ala científica está cerca. Espera un momento y no te muevas, por favor.
Asintió, dudando un poco. Link no estaba bien, eso era obvio. Podía escuchar al alemán moviendo rocas, por lo que al parecer estaba atrapado. Abrió la boca, dispuesto a preguntar si podía ayudarle en algo cuando oyó una cosa más. Se volvió muy despacio, intentando escuchar con más atención lo que era.
Sollozos, eran sollozos.
Se puso de pie con cuidado, colocando una de sus manos sobre su vientre. Las pataditas de su bebé habían vuelto, aunque sólo era una ligera molestia. Alguien estaba llorando, alguien estaba totalmente desprotegido. Y estaba muy cerca, así que sólo tendría que ver quién era para ayudarlo.
No se detuvo a pensar por mucho tiempo que Link le había pedido que esperara. No, porque esa persona estaba sufriendo y él quería ayudarlo. Además, no había akuma cerca.
O al menos eso pensaba.
Llegó al barandal para ver el primer piso. Se tapó la boca con ambas manos al ver la masacre que estaba frente a él.
Había sangre por todos lados, muchos cuerpos de akuma nivel tres gigantescos destrozados. Pero lo más impresionante para él eran los cuerpos humanos. Cuerpos sin cabeza. Un par de lágrimas se deslizaron por sus mejillas, apenas pudiendo soportar la visión por lo que tuvo que desviar la mirada por unos segundos antes de tomar valor para atreverse a enfrentar aquello de nuevo. Se preguntó por los otros exorcistas, en dónde estaban, si estarían bien luego de ver esta matanza. Tragó saliva con dificultad, dispuesto a volverse para ayudar a Link a salir aún si el inspector no se lo hubiera pedido. Lo que fuera era mejor que quedarse ahí.
Pero luego lo oyó de nuevo. Ese claro llanto.
Bajó por las escaleras con cuidado, sintiendo que su bebé estaba más inquieto cada vez. Cosa que seguramente era su culpa por estar tan nervioso y aterrado. Porque no estaba preparado para encontrarse con que quien lloraba era Johnny Gill. El científico estaba rodeado de sangre y de cadáveres. Sintió un horrible nudo en la garganta que no le permitó hablar.
- Tup... Tup...
- Joh-nny - susurró, apenas logrando aclararse la garganta -, ¿en dónde están los demás? ¿Qu-qué ha pasado?
Sin embargo, el científico no respondía. Simplemente seguía llorando, lamentándose, mascullando el nombre de Tup entre dientes. Entonces se dio cuenta de que el hombre parecía estar herido, cosa que le preocupó aún más que por el paradero del resto de los miembros del equipo científico. Iba a llamar a Johnny una vez más, a pedirle que fuera con ellos a donde estaba Miranda para que pudiera curarse aunque fuera por poco tiempo.
De pronto, algo lo distrajo por completo: algo se estaba moviendo entre los escombros. No era para menos, no cuando estaban bajo ataque. Miró hacia todos lados, muy preocupado. Tenía a un científico herido y no había exorcistas que pudieran ayudarle. Dejó de pensar en cuanto visualizó algo raro, algo surgiendo entre los cuerpos de akuma que estaban regados por todo el piso. El sonido y los movimientos le paralizaron por completo, ya que sólo podía observar lo que pasaba en esa montaña sanguinolenta.
Luego de unos segundos emergió por completo, obligándole a parpadear para asegurarse que de verdad estaba viendo aquello. Una figura blanca estaba frente a él; una mujer de largo cabello que parecía elevarse aunque no hubiera viento alguna, con las manos juntas como si estuviera orando, con una expresión solemne en el rostro.
Pero eso no era lo más impresionante. No, porque lo que Allen no podía dejar de ver era el gran vientre de la figura. Parecía embarazada, de nueve meses. Justo como él. Sin embargo, había algo más; ese abdomen tan prominente tenía grabado en él un número: cuatro.
Repentinamente, todo comenzó a temblar. Una luz enceguecedora le obligó a cerrar los ojos con fuerza, protegiéndose con el brazo derecho. Dejó de brillar al poco tiempo, aunque lo que le hizo alterarse de nuevo fue que su ojo se activó. Akuma.
Abrió los ojos con sorpresa al escuchar una risa inundar todo el lugar. Era una risita muy aguda, casi como si se tratara de un niño. Parpadeó, confundido y atemorizado. Elevó la mirada, dándose cuenta de que la figura ya no era más la misma. La mujer estaba inclinada hacia atrás y su vientre estaba... destrozado.
La risa aumentó de volumen. Su ojo izquierdo reaccionó con más fuerza.
Unos pequeños dedos se asomaron desde atrás de la figura mutilada y, después... Sus piernas temblaban.
- ¡Soy nivel cuatrooo!
Nivel cuatro.
Sintió el estómago revuelto. No podía dejar de verlo. Simplemente no podía.
Se llevó la mano derecha a la boca, callendo de rodillas en el suelo. Ya no pudo evitarlo: vomitó, dando un par de dolorosas arcadas antes de detenerse. Estaba llorando.
Era lo más horrible que había visto en toda su vida. Tanto tiempo pudiendo ver el alma de akuma, todo ese tiempo no le había preparado para esto. El alma que estaba atrapada, ya no era... Ni siquiera podía mirarla de nuevo. El flujo de lágrimas aumentó, por lo que tuvo que tallarse el rostro para intentar detenerse. Apretó los dientes, sin poder dejar de pensar en esa alma perdida.
- ¿Estás llorando?
El akuma se estaba acercando a él, hablándole con una dulce voz de niño, pero no se atrevió a verle de nuevo. Abrió los ojos de nuevo cuando sintió una mano temblorosa sobre la suya. Miró hacia un lado, observando al pobre científico tumbado en el suelo, llorando también. Aún si era por una razón diferente.
- Ayuda... Ayúdame, Allen. Lo siento tanto...
Su semblante se entristeció. Claro que quería ayudarlo, claro que quería sacarlo de aquí y protegerle; pero, ¿qué acaso Johnny no se daba cuenta de su situación? ¿Qué no recordaba que...?
Dio un respingo para luego quedarse paralizado por completo cuando una pequeña mano se posó sobre su vientre. Se volvió poco a poco, encontrándose con el akuma que no quería volver a ver nunca más. Le estaba tocando, de una manera algo brusca, aunque sin hacerle daño en realidad. El akuma sonrió con suavidad, una sonrisa inocente pero perturbadora a la vez.
- Él es como yo, ¿verdad? Nacerá como yo.
Separó los labios, negando rápidamente con la cabeza, impactado y aterrado al mismo tiempo por esas simples palabras en esa voz infantil.
- No, no... - susurró, incapaz de alzar la voz aunque quisiera.
El akuma sonreía, él estaba temblando. Podía escuchar a Johnny llorar, pero ahora mismo no podía despejar su mente. Su bebé se estaba moviendo violentamente de nuevo, casi como si sintiera que eso que lo estaba acariciando era una amenaza tanto para él como para su papá. Apretó los párpados, sin saber cómo demonios iba a proteger a su bebito de una amenaza como esta.
Quería activar su Inocencia. Por Dios que quería hacerlo para poder pelear aunque fuera cinco segundos, lo suficiente para distraerlo y poder escapar. Pero no podía, su Inocencia no respondía como lo hizo hacía unas horas en ese callejón con Kanda.
"Kanda."
- Oh, sí. Soy un arma del Conde del Milenio, se supone que debo de matarlos a todos, entonces...
El pequeño discurso del akuma se detuvo, por lo que elevó la mirada otra vez. Alguien había apartado al monstruo de su lado, provocando que pudiera despejarse un poco.
- ¡Allen!
- ¿Ma-Marie...?
El exorcista estaba sosteniendo al akuma con sus hilos, aunque el demonio no estaba haciendo ningún esfuerzo por soltarse. Sólo seguía observando a Allen, como si fuera lo único que le importara en esos instantes.
- ¡Huye! ¡Corre de una vez...!
No tuvo que ponerse de pie; lo habían ayudado a levantarse. Volvió la mirada. Link estaba a su lado de nuevo, mirándole con un gesto de furia en el rostro. Pensó en disculparse, pero no tuvo tiempo porque el inspector le obligó a caminar.
- No podemos irnos. Johnny, Marie...
- Silencio, Walker - masculló Link, inclinándose para ayudar al científico a ponerse de pie también, cosa que Allen agradeció mentalmente -. Aún tenemos que llegar con Lotto.
- Marie no podrá solo con...
- No puedes hacer nada para ayudar - le interrumpió de nuevo el alemán -. Lo que debes hacer es proteger a ese exorcista que llevas en el vientre.
Tragó saliva, acariciando suavemente su abdomen. Howard Link tenía razón.
- Además, creo que Noise Marie sabe que Yu Kanda lo matará si deja que algo te pase a ti.
Se sonrojó levemente, asintiendo poco a poco. Tenía una promesa que cumplir. Así que intentó relajarse, no pensar y sólo dejarse llevar por Link, quien también batallaba con el científico Johnny. Aunque no podía dejar de repasar las palabras del akuma. Se mordió el labio inferior.
Se alejaron rápidamente, lo más que pudieron. No se atrevió a mirar atrás y a buscar a Marie para agradecerle. Sabía que era demasiado para una sola persona. Esperaba que Kanda y Krory se le unieran pronto. Demonios, quería pelear por él mismo. Quería salvar esa alma corrompida antes de que fuera demasiado tarde. Negó con suavidad. De nuevo su terquedad, de nuevo ese deseo de liberar a esos demonios de su sufrimiento. Otra vez era el jodido mártir que Kanda le decía que era.
- ¡A-Allen-kun!
Lo primero que escuchó cuando entró al campo protector de Inocencia del Time Record fue el llamado tembloroso de Miranda. Luego hubo murmullos, algunas exclamaciones de asombro. Johnny se recuperó casi de inmediato, aunque no por eso dejó de sollozar. Muchos de los científicos se encontraban ahí, aunque no podía ver a Komui o a Reever en ningún lado. Y no había exorcistas presentes, tan sólo la alemana, quien parecía totalmente nerviosa por tener que mantener su Inocencia para que lo que sea que hubiera afuera no lastimara a las personas que estaban ahí. Así que se arrodilló a su lado, muy despacio. Ella parpadeó, mirándole con los ojos muy abiertos.
- ¿Allen-kun?
Tomó una de las manos de la mujer para colocarla sobre su abdomen, dejándole sentir los ligeros movimientos de su bebé en su interior. Sintió como ella se relajaba, haciéndole sonreír por saber que podía ser útil de alguna forma. Incluso Kanda parecía calmarse cuando le tocaba de esa forma, al menos cuando sus intenciones eran otras que no fuera jodérselo (cosa que rara vez pasaba), así que pensó que podía ayudar a Miranda aunque no fuera precisamente placentero para él; aunque le ayudaba a no pensar demasiado, sólo se estaba concentrando en las pataditas de su bebé, así que también él podía sentir como su presión sanguínea disminuía luego de haber pasado por una horrible taquicardia.
La chica de cabello castaño estaba más tranquila, cosa rara viniendo de ella. Aunque, claro, no dejaba de mirarle con una gran sorpresa. Parecía querer decirle algo, porque abría la boca para luego cerrarla, indecisa. Después de bastante tiempo, él mismo iba a preguntarle qué le ocurría, si se sentía incómoda por esto, o que no se disculpara por nada si es que pensaba hacerlo como era su costumbre.
Pero algo le hizo olvidarse de Miranda.
Alguien más había entrado, alguien a quien reconoció de inmediato. El secretario Lvellie estaba ahí, pudo ver que Link lo saludaba de forma militar, como solía hacerlo siempre que se encontraba con su líder. El hombre estaba enfadado, de eso podía darse cuenta. Le vio recorrer la pequeña cópula con la mirada, observando a todos los presentes. Luego le miró directamente a él. Tragó saliva, tratando de adivinar qué era lo que el inspector le diría.
- El supervisor Komui Lee, el líder del escuadrón científico Reever Wenhamm y los exorcistas Lenalee Lee, Lavi y Bookman se encuentran con Hevlaska. Sin embargo, al parecer están atrapados y no pueden retirarse del lugar para rechazar el ataca del akuma nivel cuatro. El resto de los exorcistas ya se encuentran en el campo de batalla, incluyendo a los generales.
Sintió que el corazón se le encogía. Sus amigos estaban en peligro. ¿Y qué había pasado con los que estaban cautivos? ¿Acaso habían caído en manos del enemigo?
- Será mejor que vengas conmigo, Allen Walker.
Parpadeó, mirando al secretario directamente. ¿Qué? ¿Qué demonios podía hacer él en su estado? Era un estúpido niño embarazado, en palabras de Kanda. No iba a hacer nada más que estorbarles. Justo como lo había hecho con el samurái. Se preguntó fugázmente si también él estaría peleando contra ese akuma, si le estaría diciendo lo que le había dicho a él con respecto a su bebé.
- Debes abrir una puerta del Arca para rescatarles. La Inocencia de Lenalee Lee es lo que necesitamos para enfrentarnos a este nuevo enemigo.
Se puso de pie con dificultad, abriendo la boca para contestar. No podía hacerlo. No había podido abrir una puerta en el pueblo y no pensaba que pudiera hacerlo en la torre. Aunque podía intentarlo, claro.
- Puedo hacerlo aquí, no hay necesidad de...
- No - le cortó el secretario, sin darle oportunidad de explicarse -, las puertas abiertas deben de estar en lugares específicos, no regadas por toda la Orden. Tenemos que ir al salón donde se abren las puertas.
Negó con la cabeza. No iba a salir. Se arriesgó demasiado para llegar hasta donde estaba Miranda para que después le hicieran dejarlo. No podía pelear así. Sería totalmente inútil y estúpido de su parte salir y exponerse. Ya había cometido demasiados errores, antiguos y recientes. No iba a romper su promesa.
- Debes venir, Walker. A menos de que quieras hacerte responsable de la muerte de tus compañeros.
Se mordió con fuerza el labio inferior, casi haciéndolo sangrar. La muerte de sus compañeros. Sus amigos. Intentó abrir una puerta, recitando mentalmente la canción del Músico, pero nada pasó. No había duda, sus poderes estaban siendo bloquedos por algo o alguien. Y no creía que moverse de lugar le fuera a ayudar ahora.
- Secretario Lvellie, la situación de Walker es delicada. No me parece recomendable sacarle del campo protector de la Inocencia de Lotto.
Miró a Link con sorpresa, algo extrañado porque el inspector se había atrevido a contradecir al secretario cuando se suponía que era su jefe. Incluso Link lo sabía, que lo mejor para Allen era quedarse en ese lugar. Pero el secretario negó enérgicamente con la cabeza.
- Es una petición directa de los Comandantes Supremos, inspector Link. Así que será mejor que tome a Walker y que cumpla con las órdenes.
Link dudó un instante, eso lo pudo notar. Sin embargo, al final le había tomado del brazo para hacerle caminar de nuevo, a pesar de que se resistió en un principio. Quería cumplir su promesa a Kanda, quería mantenerse a salvo y proteger la vida del bebé de ambos. Salir era suicidio, no debía hacerlo.
- Por favor, Walker - abrió los ojos al oir el susurro de Link cerca de su oído -. Sólo trata de abrir la puerta y regresaremos cuanto antes.
Asintió, aún inseguro. Link estaba preocupado por él. Por él y por el bebé.
- ¡Allen-kun! - se detuvo, volviéndose para ver a quien le llamaba.
- ¿Miranda-san?
La mujer parecía angustiada. Era obvio que estaba nerviosa por él, pero parecía que aún quería decirle algo y no se decidía. Intentó decirle que podía hablarle de lo que quisiera ahora, que no debía avergonzarse o preocuparse por él; sin embargo, Link no le dejó. El secretario estaba disgustándose más y más. Así que sólo bajó la mirada, dejándose llevar y esperando que Link pudiera ayudarle si algo iba mal de nuevo.
Estaba mal.
Algo estaba mal.
Seguía intentado abrir una puerta al Arca, donde fuera que pasara. Quería hacerlo cuanto antes para poder regresar a la seguridad de la Inocencia de Miranda. Se acercaban cada vez más a donde se encontraban las puertas, siendo tan sólo acompañado por el inspector Link y el secretario Lvellie al haber dejado éste a sus guardias personales en donde se encontraban las demás personas refugiadas. Podía oír explosiones de vez en cuando, derrumbes y gritos. Los otros exorcistas estaban peleando contra ese akuma, ese que le provocaba una nueva sensación de náuseas de tan sólo recordarlo. Estaba pidiendo por poder abrir la puerta sin salir lastimado, sin que nadie más saliera herido. Quería reunirse con Kanda otra vez sin necesidad de que éste tratara de matarlo por haberse arriesgado otra vez.
Una explosión cercana hizo que el piso temblara, por lo que tuvo que sostenerse de Link para no caer al suelo. El inspector también lucía preocupado, algo raro de ver. Aunque no tanto como en estos instantes, cuando algo salió del boquete que había en la pared. No era akuma, no podía ver ningún alma cautiva.
- Aquí está Allen Walker. Allen Walker - apretó los labios, poniéndose aún más nervioso.
No era akuma, pero era una creación del Conde, de eso no había duda. Y le estaba buscando precisamente a él.
Pero no lo atacó.
No, la cosa esa se lanzó contra el secretario Lvellie. El hombre cayó de lleno en el suelo, por lo que esa cosa intentó acabarlo de nuevo. Fue entonces cuando Link le soltó, apartándolo a un lado para ser él quien protegiera al indefenso secretario. Nunca antes había visto a su inspector así, ni siquiera unos segundos antes, cuando parecía preocupado por él. No, ahora hasta le había dejado de lado, dejando su trabajo, cuidarle a él, para proteger al secretario. Sin saber por qué, le hizo sentir un poco de simpatía por Link. No sabía por qué, pero algo de eso había.
De pronto, todos los pensamientos que tenía le abandonaron. Todo porque sintió unos pequeños brazos rodeándole por detrás, unas manos sobre su vientre otra vez. No se atrevió a mirar atrás, ni siquiera cuando escuchó una risita que conocía muy bien.
- Al fin te he encontrado, mi querido Allen.
- Ro-Road...
Fue jalado hacia atrás sin poder hacer nada para evitarlo. Tan sólo le envolvió la oscuridad, sintió como su mente se desconectaba momentáneamente.
Después de todo, tampoco podría cumplir su promesa a Kanda esta vez.
+ Continuará +
Notas finales: LOL, odié este capi. Me costó mucho mucho escribirlo. Perdón por mi horrible manera de describir acción. Por cierto, sé que nada de esto es fidedigno al manga. No tengo perdón, pero así debía de ser. Hum, espero que nos veamos pronto, espero terminar la tesis también. Yo, espero muchas cosas. Sólo sé que no abandono, aunque me tarde mucho mucho, lo siento. Bye!
Odio escribir el nombre de las técnicas *llora*.
(1) Segunda ilusión. La técnica de doble espada.
(2) Primera ilusión. La técnica de los insectos infernales. La primera que se le conoce a Kanda, pues.
(3) Tercera ilusión. La técnica prohibida. Con un nombre demasiado largo que ni siquiera sé si está bien escrito o no. Mis disculpas. Significa algo así como "el ritual prohibido de las tres ilusiones". Y, claro, es la que drena la vida de Kanda.
