Muchas gracias por haber seguido este fic, hoy también es el final de Pecado Capital y todos mis demás fic.
No pondré excusas por mi retraso, en verdad necesitaba un descanso :'v fueron los momentos más duros de mi vida... sin yaoi, sin fanfic, sin Levi
Pero he vuelto.
DISCLAIMER: Los personajes de shingueki no kyojin no me pertenecen, su autor es Hajime
TIPO: Romance/drama/Mpreg/Ereri/hurt-comfort/AU/Final
—Es hora de hacer el viaje —concluyó Levi en medio de la pequeña discusión con su esposo.
—¿Para visitar a mis padres? —tuvo que preguntarle el ojiverde, aunque la sola mención de esas personas le causaba un dolor en el pecho.
—Nosotros no —el pelinegro se levantó de la cama donde estuvo tendido largo rato con un libro a medio leer, con tres agiles pasos logró encontrar la maleta de viaje y se la dio a Eren— los niños pueden visitarlos. Rivaille los llevará.
Los errores de los grandes son recaerían sobre sus hijos.
Ya no más.
...
Ƹ̴Ӂ̴Ʒ
...
Rivaille se recordó a si mismo reducir la velocidad, esta vez no viajaba solo, Darling e Issie dormitaban en los asientos traseros.
Faltaban todavía veinte kilómetros y dos paradas para llegar a la casa Jaeger, apretó el volante en sus manos recordando con pesar la tragedia que casi destruye a su primo. Él no tenía la culpa, pero necesitaban un tiempo a solas.
Eren y Levi.
Nadie más.
Seguramente estarían conduciendo el mismo camino, Levi recordándole al ojiverde lo mal que conducía, o comiendo pizza con cubiertos de plástico que luego el pobre castaño tendría que lavar y desinfectar antes de volver a utilizarlos para algo.
Ninguno de los dos le dijo el objetivo del viaje, Rivaille solo sabía que aparte de que Eren ya no objetaba nada con respecto a su relación con Demi, el lugar donde iban era el antiguo pueblo de Levi.
Cerca de ese rubio que nunca los visitaba pero enviaba regalos, un tal Armin, obviamente Levi parecía guardarle rencor porque los tiraba todos.
Algunas heridas cicatrizan rápido, otras tardan años en curarse y algunas siempre seguirán abiertas.
O los otros amigos, aquel doctor tímido y la pequeña rubia bonita, estos si eran bien recibidos por Levi. Porque Eren, prácticamente vivía para contentar a su esposo.
Suspirando de forma incomoda, Rivaille pudo llegar por fin a su destino.
Una vieja mansión, grande y blanca, con arbustos podados artísticamente y la piscina más grande que alguna vez pudo ver.
¿Sería cierto que alguna vez, Eren, Eren Jaeger; hubo vivido en esa gigantesca casa?
"Fue un chico rico" le escuchó decir a Marco, el enfermero de Levi.
Pero al ojigris le pareció que la palabra millonario era la más adecuada.
Si era cierto, entonces Eren lo dejo todo para trabajar con un sueldo medio y vivir por Levi.
Esta vez, Rivaille se prometió no subestimar al castaño que era la sombra de Levi. Seguramente en el pasado fue alguien importante. Si es que aquella casa de sueño era real.
Despertó a Demi con un empujoncito, antes de poder recargar a Issie en su hombro varios empleados y sirvientas los recibieron con decoro. La gran reja se abrió y Rivaille pudo distinguir la figura de dos personas paradas en la puerta principal.
Un hombre con el cabello gris, anteojos y aspecto cansado. La otra figura era más esbelta, una mujer de cabello castaño y ojos de miel que lo miraron con decepción al no poder reconocer a su hijo entre todos ellos.
Muy parecida a Eren.
Entonces si era cierto, todo ese lugar le perteneció alguna vez al ojiverde.
Solo entonces quiso saber, con ansias abrasadoras, porque Levi fue tan especial. Tanto como para valer más que todos esos lujos. Tanto como para que Eren se volviera loco, si no podía llamarlo de otra forma, y tuvo que desechar todo aquello por él.
Ese tipo de amor, era imposible. Y en caso de que fuera real, tuvo que haber sido demasiado triste.
Ƹ̴Ӂ̴Ʒ
Eren vio como el coche de Rivaille desviaba su camino para encontrar la mansión, su antigua casa, y conocer a sus padres.
—Quiero llamar a los niños —musitó apretando el volante entre las manos
Levi lo fulminó con la mirada.
—No, tus padres tiene derecho a conocerlos.
—Y cuando vean a Issie no creerán que Mikasa es la madre —dijo el ojiverde
—Ese no es nuestro problema
Un pellizco y otro sermón más, obligaron a Eren a volver al camino.
La vieja escuela pasó junto a ellos, en realidad ellos pasaron junto a ella. Las aulas vacías, el patio y el árbol de almendros donde alguna vez se besaron.
La cas quemada que fue reconstruida y vendida a otra familia.
Por un momento, Eren lamentó haber tirado los juguetes de Levi al mar, el remordimiento lo golpeó muy duro esta vez.
Se trataba de una autentica colección.
El pequeño hogar.
Isabel.
La alfombra, la vajilla, el televisor, el sofá, la cama, la almohada de Levi, el lavamanos,...
—¿En qué piensas? —lo interrogó el pelinegro, distraído, con la cara vuelta hacia el otro lado.
—En ti
Hay cosas que pueden guardarse en el corazón pero otras no. Podía recordar el amor de Isabel, pero no el olor de su comida o su sonrisa o sus palabras de consuelo.
Podía recordar la azotea, pero no la brisa que moría cada día, el atardecer único ni los besos robados de Levi.
Podía recordar la habitación de Levi, pero no el aroma de menta, ni el color de las sábanas donde hicieron el amor tantas veces.
—Llegamos —confundido se dejó conducir por su esposo, estacionaron el auto. Levi pidió un taxi e incluso tuvo que obligarlo a entrar adentro.
Era cruel y doloroso.
Saber porque estaban ahí, saberlo y no poder hacer nada.
—¿Turistas nuevos? —dijo el taxista, atrayendo la atención del ojiverde
—Algo así —medió Levi cruzando los brazos y dejándose llevar por la ventana.
Los caminos cerrados, arboles, el bosque y por fin... el mar. O la costa.
—¿Cuñados o hermanos? —volvió a preguntar el hombre
—Mi esposa —se burló Eren pasando un brazo por la cintura del pelinegro y atrayéndolo hacia si— se avergüenza mucho —le dio un beso en la mejilla a un contrariado Levi
El hombre sonrió con ganas al ver como Levi insultaba en voz baja antes de propinarle un golpe al castaño. Tampoco pudo dudar que ambos eran casados, llevaban los mismos anillos gemelos en la mano y aquella confianza que distinguía a las parejas de años.
Antes de formular más preguntas, el castaño le ordenó detenerse casi al borde de un acantilado con vista al mar.
—Puedo esperarlos —ofreció el conductor. Muchas muertes sucedieron en el pequeño acantilado, y aunque aquella extraña pareja no parecía infeliz, él quería cerciorarse de que sus turistas volvieran sanos y salvos.
El castaño asintió con la cabeza.
Bajó del auto junto a su "esposa".
Se tomaron de las manos en un acto de pura confianza y avanzaron hacia el acantilado.
¿Pretendían saltar? Fuera lo que fuera que pasara, algo impidió al conductor del taxi bajar para detenerlos.
El castaño tenía los ojos verdes, aparentaba unos treinta y cinco, los pantalones ajustados y la camisa blanca resaltaban su cuerpo. También los anteojos de lectura.
El bajito, de pelo negro y ceño fruncido, parecía algo menor. Aunque uno nunca sabe. Su vestimenta discreta pero elegante le quedaba perfecta. A si mismo parecía ser el tipo de persona que no hablaba mucho, pero cuando lo hacia todos se quedaban en silencio para escucharlo.
Una pareja muy inusual.
No había que buscar palabras. Ellas venían por sí mismas.
Levi se acercó a su esposo, juntos se quedaron de pie al borde del acantilado.
Las olas comenzaron a chocar entre ellas para poder saludarlos, darles la bienvenida luego de tantos años.
Y por alguna razón. Nadie vino a interrumpir aquel momento sagrado.
Las razones que los condujeron ahí eran desconocidas, o demasiado difíciles. Pero muy importantes.
La vida es demasiado corta para no arriesgarse, la vida es demasiado corta para evitar errores. Es más, la vida se disfruta cayendo y levantándose, cayendo, arrastrándose y levantándose otra vez. Romper las reglas de vez en cuando no es el fin del mundo. Enfrentarse a los miedos, no te mata.
Enamorarse de alguien prohibido, cumplir tus deseos, tus metas, tus sueños.
Encontrar un hogar, escapar de clases con tu persona favorita, tontear mientras eres joven, desafiar al mundo y estar plenamente consciente de que lo que haces es correcto.
Casarte con un velo hecho de cortinas y hacer el amor en una cama pequeña.
Dejar ir a los muertos y dar un paso más hacia adelante.
La vida es demasiado corta como para lamentarla.
—Deberíamos presentarnos —la voz de Eren lo devolvió a la realidad. El ojiverde estaba de pie, mirando el agua y las gaviotas. Buscando las palabras adecuadas capaces de calmar el nudo en la garganta que lo ahogaba.
—Empieza tú —susurró Levi.
Se acercaron unos pasos a la orilla, a punto de dejarse caer.
El taxista también estuvo a punto de saltar sobre ellos para detenerlos.
Pero no saltaron.
—Hola Fran —dijo Eren en voz alta, hablándole al aire— titubeó y recupero la voz— yo...nosotros...somos tus papás
La vida es demasiado corta para algunos, demasiado larga para otros.
Y para pocos es solo cuestión de segundos.
—Y vinimos a despedirnos —finalizó Levi
Dejándola ir.
PROXIMO CAPITULO
Extra: Vuela del nido
Tus luces me guiaran de vuelta a casa
