Capítulo XXVIII.

Lily estaba mirando la pintura de Misaki, sin comprender aun de qué se trataba el tema. Jean había dicho que no tendría sentido para alguien que se negara a ver, pero Lily no creía estarse negando a ver y aun así, no entendía nada. Genzo apareció sutilmente tras ella y no dijo nada, solo se dedicó a observarla y la pintura también; para el portero la pintura comenzó a tener sentido pero se negó a creer que eso estuviera ocurriéndole a él. Sin embargo, semanas antes, de haber supuesto que su esposa lo engañaba, Genzo habría armado un escándalo que habría terminado muy mal, pero en ese momento Genzo se sentía muy tranquilo, aunque inexplicablemente triste. Lily se dio la vuelta y entonces vio a Wakabayashi parado frente a ella.

- No te escuché llegar.- Lily dio un respingo.

- Acabo de llegar.- dijo Genzo.- Fui a ver a mi hermana.

- Ya veo.- Lily no sabía que esperarse.

- Fui a decirle que tienes un romance con Misaki.- anunció Genzo, tranquilamente.- La verdad, a mí no me importa pero a Eriko sí. Ella ama a Misaki y no considero justo que intentes arruinar su compromiso.

- Escucha.- Lily se sentó en el sillón.- Sé que piensas que todas las mujeres somos unas desgraciadas y que no conocemos lo que es la fidelidad. Pero aunque no lo creas, yo no soy así y aunque estuviera enamorada de Taro, jamás me atrevería a interponerme entre él y Eriko. Y como dato agregado, te diré que no estoy enamorada de Taro, es más para mí un hermano que otra cosa. Y estoy segura que él piensa lo mismo de mí, está muy enamorado de tu hermana, ¿por qué te esfuerzas tanto en amargarte la vida y la de los demás?

- ¿Por qué habría de creerte?.- replicó Genzo.- Te he visto con Misaki, ríes mucho con él, hablas con él, confías en él, parece conocer más de tu vida que yo.

- Eso es porque no te has tomado la molestia de escucharme un momento.- replicó Lily.- Siempre estás ocupado con los entrenamientos, o sintiéndote miserable o tratando mal a la gente de la empresa.

- Yo no trato mal a la gente de la empresa.- replicó Genzo, enojado.

- Bueno, últimamente ya no, pero me enteré de algunos comentarios cuando acabábamos de casarnos y tus empleados tenían los peores comentarios sobre ti.- replicó Lily.- Eso ha cambiado a últimas fechas, al parecer te has suavizado.

- La verdad, me tiene sin cuidado lo que la gente piense.- dijo Genzo.- Lo único que me interesa es el sóccer.

- Eso lo sé muy bien.- dijo Lily.- Pero también tienes otras responsabilidades y no te caería mal el tratar mejor a tu gente. Incluso tampoco estaría mal que fueras a la empresa a ver qué es lo que los empleados necesitan.

- Es lo mismo que me dice mi padre y nunca le hago caso.- protestó Genzo.

- Pues podrías empezar por tomarlo en serio.- propuso Lily.- Yo podría ir contigo.

- ¿Irías conmigo?.- se sorprendió Genzo.

- Claro.- asintió Lily.- ¿Soy tu esposa, no?

Ambos se quedaron en silencio por largo rato. Genzo seguía pensando, ya no tanto en Misaki sino más bien en Salazar. ¿Quién sería él? Se moría de la curiosidad de preguntar pero no se atrevía a hacerlo.

- No estoy enamorada de Taro.- dijo Lily.- Créeme eso. La verdad, todo esto ha sido muy pesado para mí, eres más como una especie de verdugo y ni la mujer más fuerte podría tolerar eso. Necesitaba a alguien en quien confiar y Taro se convirtió rápidamente en mi amigo precisamente por eso. Además, tenemos cosas en común. No confundas las cosas.

- De acuerdo.- aceptó Genzo, jugueteando con su gorra entre las manos.- Tendré que creerte, después de todo. ¿Puedo hacerte una pregunta?

- Mientras no sea el por qué no estoy enamorada de Taro, estará bien, supongo.- Lily se encogió de hombros.

- ¿Tuviste novio allá en México?.- preguntó Genzo.

- Uhm.- suspiró Lily.- No quisiera hablar de eso, pero como tú me confiaste lo de Aki... Pues sí, sí tuve novio, de hecho, tuve varios a decir verdad.

- No me digas.- bufó Genzo.

- Algo así.- Lily volvió a suspirar.- Terminé con el último hace apenas cuatro meses.

- Eso no puedes decírselo al juez.- observó Genzo.- Se supone que tú y yo llevábamos ya mucho tiempo de novios.

- Lo sé.- rió Lily.- De todas maneras, ese noviazgo no es nada digno de admirar, y ni vale la pena ser contado.

- ¿Cómo es que no te habías casado?.- quiso saber Genzo.- ¿Ninguno de tus novios te lo propuso?

- Más de uno lo hizo.- replicó Lily.- Pero fui yo la que no se sintió con las ganas de hacerlo. No sé, creo que soy mala para elegir a mis parejas, sin ofender. ¿Por qué tanto interés?

- Curiosidad.- Genzo supo que la historia de ella no concordaba con su teoría sobre Leonardo.- No es nada importante. ¿Entonces no estás enamorada de Misaki?

- Por última vez, no.- Lily elevó sus ojos al cielo.- ¿Me vas a escuchar alguna vez?

- Éste es un buen momento.- propuso Genzo.- Podrías empezar a hablarme de tu vida... Y Quizás yo te hable de la mía...

Lily sonrió y se recargó más cómodamente en el sillón; Genzo trató de no mirar el pronunciado escote de la chica y se puso cómodo también. Sería una tarde larga, tendrían muchas cosas por contarse.

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Jean Lacoste miraba los papeles del juicio. Había muchas posibilidades de que Genzo ganara si Lily resultaba lo suficientemente convincente y si ambos encontraban la forma de llevarse bien y tratarse como esposos. Jean tenía una pequeña debilidad por mujeres como Lily, el tipo de mujeres que aparentaban ser muy débiles pero que escondían una enorme fuerza interior. El abogado francés se había encariñado mucho con la chica y con su padre, el cual en esos momentos debía estar en México preguntándose qué rayos estaría pasando con su hija. Jean suspiró, él esperaba que todo ese lío terminara pronto para que Lily pudiera ser libre y así irse con su padre. Casos como el de Alejandro y Lily conmovían al francés, ellos eran una familia que había permanecido unida a pesar de todo.

Alguien tocó al timbre; refunfuñando por creer que se trataba de algún cliente latoso, Jean se demoró en abrir y al hacerlo vio a una joven de cabello oscuro a la altura de los hombros y ojos claros, casi grises. La chica lo miró de arriba abajo antes de hablar.

- Buenas tardes.- dijo la chica.- Busco al señor Francois Lacoste.

- ¿Quién lo busca?.- Jean se sorprendió de que la muchacha preguntara por su fallecido padre.

- Soy Letizia Núñez.- respondió ella, titubeando un poco.- Y bueno... Sé que esto sonará raro pero... Creo que Francois Lacoste es mi padre.

Jean abrió los ojos como platos. ¿Tenía una hermana? Bueno, media hermana, pero entonces lo que le había dicho su padre había sido cierto y no solo la loca confesión de un paciente semicomatoso. Poco antes de morir, Francois Lacoste le había confesado a su único hijo que había tenido una aventura con una mujer japonesa y que muy probablemente tenía un hijo o hija no reconocido. Sin embargo, Jean no pensó que su padre estuviera hablando en serio.

- Ahm.- Jean escogió con cuidado sus palabras.- Francois Lacoste está muerto... Falleció hace dos años... Lo lamento...

- Tiene que ser una broma.- musitó Lety.- No puede estar muerto... No puede ser, después de tanto que he hecho por tratar de encontrarlo.

- Eh... Lo siento, de verdad... .- musitó Jean.- Esto debe caerte de sorpresa, pero créeme que también me cayó de sorpresa a mí. Francois Lacoste era mi padre...

Lety miró fijamente a Jean a los ojos. Claro, esos ojos grises eran iguales a los que Lety había visto en la única fotografía que tenía de su padre. La chica quizás ya no tenía un padre, pero sí seguía teniendo un medio hermano.

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Marie no comprendía el mal humor de Deb; ella de pronto pareció cambiar de humor sin motivo explicable.

- ¿Qué te pasa?.- le preguntó la alemana un día a su amiga.

- Vendrá mi prima a visitarme.- suspiró Deb.

- ¿Y eso es algo malo?.- cuestionó Marie.

- No lo sé, tengo siglos de no verla.- replicó Débora.- No sé qué tanto haya cambiado, pero antes solíamos tener mucha rivalidad entre nosotras.

- Uhm.- suspiró Marie.- ¿Rivalidad buena o mala?

- Ninguna rivalidad es buena.- replicó Deb.- Para ser sincera, la última vez que la vi teníamos las dos como quince años y nos peleábamos por ver quién era la más bonita. Aunque ahora que lo pienso, creo que es algo idiota. Ella ya creció y yo también.

- Y tú cambiaste y quizás ella también.- añadió Marie.- No la juzgues tan severamente.

- Tienes razón.- sonrió Débora.- Soy una tonta por preocuparme por nada. Además, si quiere verme es porque seguramente quiere hacer las paces, ¿no?

- Así es.- asintió Marie.- Mejor cuéntame de Levin.

- ¿Qué quieres saber?.- Deb empezó a lanzar un cojín al aire.

- ¿Ya se besaron¡ ¿Ya son novios? ¿Ya te pidió matrimonio?.- quiso saber la alemana.

- Nada de eso.- negó Deb, poniéndose colorada.- Solo somos...

- Amigos.- cortó Marie.- Ese cuento ya me lo sé.

Bueno, para qué negarlo, Débora estaba loca por Levin, pero mantenía una cierta distancia desde que él le contó sobre Karen. Deb se había dado cuenta de que Stefan había querido mucho a su novia y la mexicana no estaba segura de que él estuviera ya listo para seguir adelante. Débora suspiró; en esos momentos comprendía cómo debía sentirse Lily con respecto a Genzo. Sin embargo, a diferencia de su amiga, Deb estaba dispuesta a esperar el tiempo necesario, más que nada porque Levin sí era un hombre que valía la pena.

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Genzo se dio cuenta de que él y Lily llevaban ya casi dos horas hablando sobre sus vidas. El portero había iniciado con su niñez en Japón, alejado de sus padres y hermanos. Lily lo escuchaba con interés, tomando un poco del delicioso café francés que preparaba Mine.

- Yo nací en Japón, como todos mis hermanos, en la prefectura de Shizuoka.- empezó Genzo.- Pero cuando era muy niño ellos se mudaron a Tokio y yo me quedé en Fujisawa en compañía de mi entrenador personal. Es curioso, muchos tienen la idea de que mis padres siempre han vivido en Londres pero en realidad ellos se mudaron para allá unos cuantos meses antes de que yo me viniera a Alemania. Quizás pensaron esto porque a pesar de vivir tan cerca, rara vez veía a mi familia y pues no es mi costumbre hablar sobre ellos. No soy tan unido como el resto de mis hermanos, más que nada porque enfoqué toda mi energía al fútbol sóccer.

- ¿Y qué hay de Eriko?.- quiso saber Lily.

- Ella se quedó a vivir conmigo en Shizuoka y permaneció ahí un año después de que yo me marché, hasta que Kenji le propuso irse a vivir a Francia con él.- explicó Genzo.- Ella conoció a Schneider una vez que fue a visitarme y él no pudo permanecer alejado de ella. Tuve que tragarme mi bilis y dejar que mi gemela anduviera con mi archirrival por más de tres años.

- Eso fue mucho tiempo.- se sorprendió Lily.- ¿Y Schneider con tu hermana? Vaya que eso me parece mala jugarreta del destino.

- Lo sé.- suspiró Genzo.- Todas las mujeres importantes de mi vida han estado ligadas de una forma u otra con Schneider.

- Uhm.- suspiró Lily.- Continúa.

- Esa ya es otra historia, pero afortunadamente después apareció Misaki y Eriko se olvidó de que tenía un novio en Alemania.- rió Genzo.- Mi querida hermanita mandó a Schneider a freír espárragos y se entregó a Misaki.

- Vaya, vaya.- murmuró Lily.- No sé por qué siento que eso tampoco te agrada mucho.

- Todos los hermanos somos celosos con nuestras hermanas.- bufó Genzo.- Pero de Misaki a Schneider, mil veces Misaki.

- Me imagino.- suspiró Lily, recordando a Leo.- Mi hermano también era muy sobreprotector conmigo.

- ¿Por qué no me cuentas de tu hermano?.- propuso Genzo.- Eso me parece que es algo importante por saber.

- Lo haré después.- Lily sonrió débilmente.- Termina de hablar de tu familia.

- No hay mucho misterio, ya los conociste a todos.- suspiró Genzo.- Mis padres, Touya el mayor, casado con Hotaru, Kenji el que le sigue, casado con Victoria, Eriko comprometida con Misaki y Hana la menor, comprometida con Ken Wakashimazu. Me llevo bien con ellos pero no tenemos lo que se puede decir una relación muy íntima.

- ¿No hubo nadie de tu familia con quien te llevaras bien?.- quiso saber Lily.

- Mi abuelo.- respondió Genzo, inmediatamente.- Falleció en mi primer año en el Hamburgo. Él quería verme convertido en un gran portero y fue una promesa que le hice, pero desgraciadamente él ya no alcanzó a saber que la cumplí.

- Yo creo que sí lo sabe.- sonrió Lily.- Yo también le hice una promesa similar a mi abuelo, solo que yo le prometí convertirme en un gran médico.

- Y estoy seguro de que él sabe que le cumpliste.- sonrió Genzo.- Si mi abuelo lo sabe, también el tuyo.

- Sí, tienes razón.- Lily desvió la mirada.

- Si llegara a tener un hijo, me gustaría ponerle Daisuke, como mi abuelo.- continuó el portero.- Es triste decirlo, pero me sentía más cercano a él que a mi propio padre.

- Daisuke es un buen nombre.- opinó Lily, tomando la mano del portero.- Me gusta como suena.

- Si dices eso, vas a resultar muy convincente.- replicó Genzo, un tanto confundido.

Lily no dijo nada; ya estaba empezando a fastidiarse por tener que fingir que todo lo hacía por causa del juicio. Por un momento, ella tuvo el deseo de decirle a Genzo que en verdad quería quedarse con él y tener un hijo suyo que se llamara Daisuke. Pero Lily sabía que esas eran pretensiones estúpidas de una chica soñadora.

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Yuki estaba algo preocupada. El día anterior, había llegado a visitarla Letizia Núñez, una de sus más antiguas amigas. La chica había llegado al país teutón para ir en busca de su verdadero padre, el cual aparentemente vivía en Hamburgo, pero Lety había pedido alojamiento a Yuki por unos días. El problema no era ese, sino la reacción que tuvo Lety cuando Yuki le contó que había demandado a Genzo Wakabayashi por violación.

- Pero eso no es verdad, Wenzo nunca te violó.- replicó Lety.- Tú solita fuiste a caer en sus garras, ¿por qué quieres demandarlo ahora?

- Porque él se casó con otra, en vez de casarse conmigo.- replicó Yuki.- No puedo permitir que se burle así de mí.

- Pero lo que estás haciendo no es menos desgraciado que lo que supuestamente él te hizo.- le hizo ver Lety.- Creaste un berenjenal por un capricho tuyo, Yuki.

- Eso a mí no me importa.- bufó la chica.- Y a ti, tampoco.

Lety ya no quiso seguir insistiendo, pero Yuki no se sentía bien. ¿Y si su amiga no la apoyaba y decía toda la verdad? Yuki no podía permitirlo, ya suficiente tenía con maldita resbalosa de Lily Del Valle como para aparte tener que lidiar con su propia amiga.

Y sin embargo, Lety no tenía pensado decir nada, al menos no por el momento, pero sí tenía planeado el hacer cambiar a su amiga de opinión.

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Genzo y Lily terminaron sentados uno junto al otro frente a la chimenea. Era ya muy noche y James había optado por prepararles algo sencillo para comer ahí mismo y no interrumpir la momentánea conexión que se había establecido entre ellos. Genzo había terminado de contarle a Lily sobre su vida en Alemania, desde sus comienzos en el Hamburgo, pasando por sus lesiones y terminando en la actual Bundesliga. Lily no quería empezar a hablar sobre su vida, no le gustaba contar demasiado sobre ella misma, pero la idea de hablar sobre su pasado le parecía mucho menos aterradora que la otra oferta que hizo Genzo: intentar besarse.

- Tenemos que practicarlo, tarde que temprano.- dijo él.- Porque muy seguramente nos pedirán que lo hagamos.

- Lo sé.- suspiró Lily.- Pero…

- No te preocupes, no te haré nada más que besarte.- sonrió Genzo.- ¡Ja! Eso sonó muy idiota.

- Lo sé.- Lily rió también.- Pero qué remedio… Está bien… Hagámoslo.

- ¿Estás segura?.- se sorprendió Genzo.

- Sí.- suspiró Lily.- Y mejor lo hacemos ahora antes de que me arrepienta…

- Como quieras.

Lily apretó los ojos y juntó mucho sus labios; Genzo soltó una risilla.

- Tiene que ser más creíble.- dijo él.- Relájate un poco. Afloja los labios y relaja los párpados.

- Está bien.- musitó Lily, sin abrir los ojos.

Lily entreabrió un poco sus labios y Genzo los miró un poco antes de acercarse muy lentamente y rozarlos con los suyos. Al principio, fue solo un simple contacto, pero Genzo empezó a sentir un extraño calor recorrerle el cuerpo y movió sus labios muy lentamente sobre los de Lily. Ella suspiró pero empezó a corresponderle al beso. Y antes de que cualquiera de los dos supiera lo que pasaba, Genzo y Lily se vieron enfrascados en un beso que fue robándoles el anhelo y aumentando sus deseos ocultos. Genzo tomó a Lily por la cintura y ella le echó los brazos al cuello. Después de un buen rato, ambos se separaron, muy asombrados.

- Creo que fue suficiente de práctica por hoy.- jadeó Genzo, para recobrar el aire.- Mejor será que nos vayamos a dormir.

- Estoy muy de acuerdo en eso.- suspiró Lily, poniéndose de pie y echando a andar hacia las escaleras.- Hasta mañana.

Genzo respiró profundamente varias veces para tratar de controlarse. Ese beso fingido, a decir verdad, había sido uno de los mejores que había tenido en su vida.

Notas:

- Veintiocho capítulos para que Genzo y Lily se besaran. Un nuevo récord.