Susurros en mi corazón
Por Mouri-san
Relato XIX
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Sé que hacia ésta dirección se dirigen unas cuantas miradas y que formo parte de la atracción nocturna.
Una mesa pequeña con cuatro sillas altas, enmarca las siluetas que nos esmeramos por lucir. En una postura desembarazada y provocativamente jovial, nos disponemos a disfrutar de ésta velada que dicta el final del semestre.
Un brindis por ello!.
Desprovistas de todo peso reímos sin tapujos, sabiéndonos aún más estudiadas, sintiendo cómo el líquido en las copas se agita, producto del eufórico choque.
Luces soñolientas de colorido espectro, imitan el ritmo de la marcada música electrónica. El olor a locura se agita y se pega celoso en cada cuerpo.
Consecuencia es que de vez en cuando nos dejemos llevar por las modulaciones pulsantes, obligándonos a bailotear a medias en nuestros asientos.
Si tanto lo quisiéramos, podríamos lanzarnos a pista, acompañantes han sobrado, así que problemas para hallar pareja serían nulos; pero por el momento es innecesario, aún la conversación no declina.
Cambio de postura, aprovechando el espacio ganado para cruzar la pierna a todas mis anchas. Remuevo el cóctel con la pajilla para luego arrastrarla hacia los labios. Sorbo despacio y muerdo suave el conductor de plástico.
Es inevitable sonreír, no por las bromas entre amigas, sino porque sin preverlo, sin planearlo, de pronto puedo sentirme mujer. Mujer con el poder y la autoridad para someter a quien se tenga por delante... o a quien se distinga en diagonal.
Bien, creo tener la capacidad para soportar durante unos minutos más el peso y la atención que reconozco me es dirigida desde la barra.
Tranquila, no ocurre nada malo, puedo disfrutar gozosa de éste interés ganado, después de todo me merezco ser halagada en una noche tan calurosa y estupenda como la de hoy.
Sí, es mi noche, únicamente mía. Disfrutaré de ella partícula por partícula. Ahondaré dentro de mis deseos y procuraré el llevarlos a cabo.
Cuatro tipos de espléndida presencia se acercan decididos. Sus rostros, dibujando una radiante invitación, ablandan nuestras percepciones y finalizamos por aceptar.
Pareciera que mi cita por el momento será con la música revoltosa y una multitud frenética concentrada en una parte en específico del bar.
Arde mi espalda. La incendiaria fuerza que antes quedara a uno de mis costados es persistente, pues ésta sigue cada movimiento que realice.
Fácil es dejarse llevar por el alboroto sonoro y me topo con una enorme sorpresa: mi rubio acompañante representa con soltura lo que la música dicta.
Los intercambios verbales iniciaron y como de costumbre –cuando se está en una situación tan ruidosa- los gritos son los dueños de las frases.
El alto chico se inclina para hablar, mientras yo ladeo la cabeza y aprovecho para descubrir a lo lejos a ese quien -desde la barra- se atreviera a quemarme con su sola presencia.
Captándolo a medias corroboro que no permanece solo, que una despampanante chica intenta acapararle, pero él le contesta sin mirarla puesto que sus ojos los ha clavado en los míos.
Otro cambio obligatorio por mi parte y debo dejar de observarlo; son tantas las personas que me es imposible permanecer en un único sitio.
Sigo bailando sin poder siquiera apartar de la cabeza la impresión que recibí de él: Un hombre dolorosamente atrayente, enigmático y hasta en cierto grado, peligroso.
A pesar del calor provocado por el gentío y la iluminación, un frío escalofrío me recubre sin dejar de ser placentero.
Otra oportunidad para saber si aún se encuentra al lado de esa estúpida chica y ...pasmada, caigo en cuenta que de los dos ni rastro queda.
El rubio ante mí –con una simpatía muy suya- de nuevo trata de inducirme a la conversación. Intenta pegárseme, pero le pongo un límite evidente que sabe respetar .
Sin problemas visibles por el momento, continúo con la actividad. Después me dije: "Tonta, es tu noche¡desinhíbete!"; y ya más tranquila, dí mayor libertad a los movimientos.
Una vuelta por aquí, otra por all� y de pronto pierdo la noción del espacio.
Mucha gente se suma alrededor mío, pero no alcanza a estrujarme.
¡Kami-sama!... que calor hace! Y es esa sensación hirviente la que me envuelve, la que me protege...
...Alzo el rostro rápidamente. Descubro que mi compañero ya no es rubio y que su piel acaramelada enmarca un par de iridiscencias sagaces, divertidas, tan intensas como las luces que caen encima de todos.
Los ritmos candentes van en secuencia, siendo las melodías penetrantes e inacabables.
Ahora poseo una pareja de baile mucho más apta, en la que puedo confiar plenamente; es un hombre posesivo que dirige no sólo sus pasos, sino también los míos. Ahora poseo un guía que se concibe irresistible y no se avergüenza en hacérmelo saber. También alego que no le soy indiferente, ya le he notado perderse en mi alborotado peinado, en una sección de mi cuello y en la parte descubierta de mi pecho.
Considero, al hurgar en sus gestos, que está tentado a desabrochar mi blusa sólo un tanto más... y le costará mucho el que yo le deje emprender dicho proyecto.
Sonríe juguetonamente. Sí, ya ha adivinado que convencerme no le será fácil.
Impetuoso, me liga a su torneado torso. La respiración queda atascada exactamente en la mitad. Acerca su perfilado rostro al tiempo que me induce a dar unos pasos hacia atrás.
Cuando nos detenemos, entiendo que me hallo acorralada, que entre la pared y un dotado juego de brazos rodeándome, no hay mucho por hacer.
Es el segundo en el que su boca -sin mediar aviso- hace posesión de la mía. Es el justo instante en el que se activa la necesidad y se da la oportunidad de saciarla.
Se aferra como si yo fuera su salvación, apresa fuertemente mi cintura envolviéndola en un gesto irracional. Dulcemente asfixian sus labios, transformando en locura el recato que se tuvo una vez.
Aquel quien se me metiera en el consciente cuando lo divisé a lo lejos, es quien me llena de apasionantes atenciones al ir succionando despacio cada labio por separado.
Lo intuí turbulento y absolutamente lo es.
Enredo en mis dedos la camiseta desde su ancha espalda. Si él se atreve a estrujarme con su indomable musculatura, bien me atrevo a implantar lo mismo; así que lo tiro aún más hacia mí. Perfectamente podríamos fusionarnos que a nadie le importaría, nadie se enteraría.
La cálida boca que le define desvía su interés, dejando huella en las comisuras de la mía, bajando poco a poco, siguiendo la línea del mentón.
Esto es más que flirteo, más que una declaración de posesiones.
A ojos cerrados, me pega otro escalofrío en la nuca, puesto que se ha atrevido a morder la punta de mi barbilla, muy leve. Muerdo mis labios, evitando que unas cuantas risillas evidencien los nervios que me agobian.
Va soltando de a pocos la presión sobre la cintura y la cadera, para después comprimirme más con su altura entre la pared; sube sin prisa las manos hasta arribarlas a mis mejillas. Empieza a acariciarlas tal si me quisiera despertar del ensueño.
Descubro la mirada para caer en cuenta de que una más profunda me invade. Es traslúcida, tan trasparente que tiende a cambiar fácilmente de color gracias a los espectros luminosos circundantes.
Una adolescente indefensa ante su amor imposible, así me siento, así de afectada y paralizada. Quiero decir algo, darme a conocer. Éste soberbio hombre tiene que saber qué pienso, cuánto me desestabiliza.
Él parece leer mis pensamientos. A propósito se cierra más en mí... A propósito sonríe con encanto.
¿Conquista de media noche? – musité con la firmeza que de pronto hallé.
-No exactamente, pero puede considerarse como algo parecido.
-No exactamente –repetí en un murmullo parte de lo escuchado. Me importó menos el meterme en su percepción, tanto como admito que coquetearle es un deleite ¿Celoso acaso? –reí traviesa.
¿Por qué habría de estarlo?
Traté de interpretar la intensidad gutural que me dedicó. Él, después de captar que yo no discerní del todo su frase, continuó:
¿Cómo he de estar celoso, si lo mío está asegurado –el extremo izquierdo de su boca se curvó brillantemente, yo tragué con dificultad –Más bien creo que la pregunta sería para otra personita –besó sutilmente la punta de mi nariz.
-YO¿celosa?
-Señorita, no se haga la tonta. Sólo la miré y lo supe: estaba ardida.
-Pues YO también ví lo bastante claro para darme cuenta que el ardido ERA OTRO.
Sus carcajadas con descaro estallaron frente a mi cara. No se tomó la delicadeza de disfrazar su diversión... diversión a costa mía!...
-Vale, vale –corté la algarabía- Tal vez, sí.
-Tal vez sí¿qué? –arqueó una ceja a modo de incredulidad.
-Tal vez sí...me puse 'algo' celosa.
Entusiasmado se apropió de mi cuerpo, levantándolo en vilo. Ahora sí estaba a su altura.
¡Lo sabía! –susurró victorioso ¡Lo sabía, A-chan.
-Sí claro¿y por qué?.
-Porque cuando estás celosa –buscó rozar su perfil con el mío, haciendo que sus labios levemente me tentaran- ... besas muchísimo mejor.
Calor, endemoniado calor atravesándome las mejillas, dejándose a entrever en mis pupilas ¡Cretino! –estallé, para después dirigirlo a la fuerza hacia mi boca.
El bullicio continuó a lo lejos, pasando a ser un segundo plano. Uno, bastante sugerente y caluroso.
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MOURI-NOTAS: Una fiesta con la compañía adecuada ...es lo mejor!. En una fiesta muchas cosas pueden pasar y en éste caso me gustó tratar la forma en la que Akane disfrutaba de ella...Suertuda!...EJEMmmmm, y bueno, un poco de conquista por parte de los dos (Ranma y Akane), le pone más sabor a la relación.
Espero les haya sido de su agrado.
Besos.
Mouri-san
