En la actualidad, en la habitación de Adrien:

El chico se encontraba sorprendido escuchando a su kwami negro, estaba bastante sorprendido después de escuchar lo que le contaba Plagg. La Flamenca decía estar embarazada, y ese era el motivo por el que no estaba peleando al 100% con Gato Negro.

—¿Oíste eso? ¿En serio?—Preguntaba atónito Adrien.

—Sí, me enteré de gran parte de esa conversación,—Contestaba Plagg, mirando al chico.—La Flamenca estaba embarazada de Juan Alberto, o eso es lo que daba a entender al hombre.

—Pero... no estoy entendiendo esto, ¿Juan Alberto iba a ayudar a La Flamenca a conseguir los miraculous?

—No puedo adelantar acontecimientos, niño, simplemente escucha...

Narra Plagg:

Pasaron los días y ya era viernes por la tarde. María del Carmen había estado con sus padres desde su despido y de vez en cuando salía a patrullar como Catarina, mas no se encontró a Gato Negro en ningún momento. Suponía que lo vería esa noche en la torre del Oro para hablar de los planes de este, ya que ella estaba muy intrigada con todo lo que dijo y a la vez no.

Ella había vuelto a trabajar con su padre en su tienda y también cuidaba de su madre embarazada, y ese viernes, mientras la chica de cabello oscuro atendía tras el mostrador, observó que entraba un hombre bastante elegante, trajeado, con el pelo hacia atrás de color castaño claro. Iba acompañado de un muchacho pelirrojo que llevaba un sombrero renacentista y su vestimenta también lo parecía. Ambos se acercaron a la chica y la miraron sonrientes.

—Buenas tardes, señorita, ¿eres María del Carmen Escobar Navarro?—Preguntó el adulto amablemente.

—Sí, soy yo, ¿qué desea?—Confirmó ella, devolviéndole la sonrisa.

—Verás, el señor Avilés nos mandó una carta recomendándote como doncella personal, y ahora tanto mi mujer como yo estamos muy ocupados con nuestros empleos, o sea que nuestro hijo se quedaría solo y no tenemos más empleados disponibles que puedan ocuparse enteramente a él, de modo que hemos venido a preguntarte si estás dispuesta a ejercer como doncella personal de mi hijo Nazareno.

—¡Oh! Por supuesto que estoy dispuesta, pero... ¿no le preocupa que yo sea mujer? Podrían haber malentendidos o algunos problemas y no quisiera que eso sucediera... otra vez.

—En absoluto, mi hijo es... especial, es un artista, pero es algo rarito, igualmente no te preocupes, no es un chaval al que le guste perseguir chicas.

—Yo solo persigo musas,—Habló el chico pelirrojo gesticulando bruscamente con sus manos, quien había estado callado todo el rato, en un tono teatral muy sentido.—para inspirarme debo perseguir esos ángeles blancos etéreos, y una vez los tengo en mis manos solo yo tengo el poder de plasmar su belleza en el lienzo...

—Ya ves, solo le importa pintar y hacer obras de teatro, considero que tiene bastante talento, pero a veces se distrae demasiado y es conveniente que tenga a alguien de su edad que le ponga los pies en la tierra para que cumpla con las pocas labores que tiene, o mismamente para que no se pase todo el santo día encerrado pintando o escribiendo.

—Es cierto, a veces estoy tan absorto cuando creo arte que se me olvida hasta comer y dormir...

—Vaya, eres un chico bastante interesante, estaré encantada de ser tu doncella personal, ¿cuándo puedo empezar a trabajar?

—Pues a partir del lunes si te parece bien.—Contestó el padre, puesto a que el chico pelirrojo solo se encogió de hombros.—Serías interna en nuestra casa, que desde luego no es tan grande como la de Juan Alberto y no hay tantos sirvientes, pero puedo pagarte casi lo mismo que él.

—Bueno, supongo que veré todo en el contrato, ¿no?

—Por supuesto, te presentaré el contrato en cuanto llegues a nuestra casa, si estás conforme te podrás quedar, y si no pues nada, seguiremos buscando.

—Seguramente acepte, no se preocupe, mi familia no está demasiado bien y cualquier empleo sería estupendo para mi, de hecho me siento afortunada por su propuesta, a mucha gente le encantaría tener un puesto de trabajo en una casa acomodada.

—En ese caso te recibiremos con los brazos abiertos, te trataremos muy bien, no te preocupes, María del Carmen.

—Gracias por todo, señor...—Mari se quedó pensativa, ya que no sabía el nombre de aquel hombre, entonces este se dispuso a responder:

—Cortés, Armando Cortés, encantado, ahora si nos disculpas, debemos irnos, tenemos algo de prisa.

—Igualmente, y claro, supongo que su hijo tendrá una obra teatral, va disfrazado de renacentista, es un traje muy logrado.

—La verdad es que es mi ropa, señorita,—Esta vez habló el chico de ojos azul claro, riéndose.—me gusta vestir así de diario, como mi ídolo Leonardo da Vinci, y debemos ir a una exposición de arte, estaremos deseando verte el lunes.

—Oh, claro... ¿y cómo haré para ir a vuestro hogar?

—Enviaremos un carruaje a la entrada de tu tienda a las diez de la mañana,—Volvió a responder el padre del chico pelirrojo.—ten preparado tu equipaje por si acaso te quedas con nosotros.

—Muy bien, entonces nos veremos el lunes, señor Cortés.

—Sí, que tengas un buen día, María del Carmen, adiós.

—Igualmente, adiós.—Ella se despidió contenta, y una vez estuvo sola empezó a saltar de emoción y con gesto de júbilo.—¡Qué bien! ¡Tengo nuevo trabajo! ¡Qué suerte!

Tikki salió de su vestido y la miró contenta, volando frente a la chica de cabello negro.

—¡Enhorabuena, Mari Carmen!—Exclamó ella, abrazándose a la mejilla de su portadora.—Parece que las recomendaciones de Juan Alberto han dado buenos frutos y muy pronto.

—Sí, debo decírselo a mis padres y a Alba, seguro que se pondrán muy contentos.—Mari corrió hacia la puerta por la que se iba a su casa y allí avisó a todos de su nuevo empleo.

Por supuesto sus padres se alegraron mucho, aunque también le dijeron que esa noche habría una fiesta con todos los vecinos, ya que hacía tiempo que no celebraban una y quería que ella asistiera para desestresarse, aunque no le pudo dar muchos detalles porque había dejado sola la tienda, pero por suerte su padre le relevó el puesto para que Mari fuera a cocinar algo para la fiesta junto a su madre, porque ya sabes, en esa época aún el cocinar era para mujeres, y como la madre estaba muy débil le tocaba a nuestra protagonista echarle una mano.

Ambas estuvieron hablando sobre lo que iba a haber en la fiesta, y Carmen, la madre de Mari, le dijo que iba a ser como la otra vez, solo que habían contratado entre todos los vecinos una banda flamenca un poco más profesional para que fuera una fiesta más lograda, y en parte fue gracias al dinero que María del Carmen pudo ganar trabajando para los Avilés, así que se sintió muy bien al saber aquello. Lo malo fue cuando se acordó de que esa noche también debía acudir a la torre del Oro para hablar con Gato Negro sobre lo que estaba tramando sin ella, así que no sabía qué excusa poner para desaparecer de ahí.
Su única salida iba a ser Alba, pues era la única que sabía su identidad, debía confiar en ella para que la respaldara mientras no estaba, puesto a que la fiesta empezaría a las ocho de la tarde y no se sabía cuándo acabaría. Siempre quedaban en la torre antes de las doce de la noche, sin embargo esa vez tenían que verse antes para hablar de cosas importantes, no se les debía olvidar que estaban en peligro, sobre todo Alfonso, aunque esto ella lo desconocía.

Pasaron las horas y se hicieron las ocho menos cuarto, madre e hija habían hecho una tarta enorme y pescado frito, algo que ya era una costumbre en esas fiestas, y mientras lo hacían, Mari se acordaba de lo sucedido entre ella con Gato, todas las veces, tanto como civil como heroína, seguía muy enamorada de él, pero pensaba que era Alfonso, y ese niño tonto le hizo daño, no sabía qué hacer, aunque de todas maneras lo iban a hablar al verse.

Acabaron de hacer la comida y prepararon las cosas para llevarlas al descampado donde celebraban todo. Antonio, el padre de la chica, cerró la tienda cuando acabó su jornada y ayudó a su hija y su mujer a llevarlo todo, por suerte en el lugar de la fiesta ya había algunos vecinos poniendo las mesas y las sillas para poner la comida, y la familia Escobar puso sus aportaciones sobre las mesas y saludaron a los demás.

Alba no tardó en llegar y juntarse con su amiga, aunque esta, nada más verla la agarró del brazo y se la llevó lejos de las otras personas para hablar con ella sobre sus planes.

—Alba, te necesito para algo.—Susurró Mari a su amiga, algo alarmada, mirando hacia todos lados por si alguien las escuchaba.

—Dime, soy toda oídos.—Respondía la marroquí de las gafas, escuchándola atentamente.

—Verás, he quedado hoy con Gato Negro en la torre del Oro y se me junta con la fiesta, probablemente no se haya acabado para cuando deba irme a las once.

—¿Cuánto tiempo planeas estar allí?

—No lo sé, lo menos posible, supongo, depende de lo que me quiera contar Gato, aunque igual tenga que hablar seriamente con él y la cosa se alargue.

—Bueno, te cubriré y puedo decir que nos vamos a algún lado, ya pondré alguna excusa, pero quiero que me lo cuentes todo todito todo.

—Ay... contaré lo que pueda contar, pero gracias por ayudarme.—Mari abrazó a Alba y esta correspondió fuertemente, segundos después se apartaron.—Mientras creo que podemos pasárnoslo bien bailando y comiendo.

—Exacto, y también deberíamos vestirnos para la ocasión, va a venir a tocar un grupo muy bueno de flamenco y de rumbas, así que, ¿qué tal unos trajecitos de sevillana otra vez?—Alba se reía dándole codazos a su amiga, haciendo alusión a su traje de heroína.

—No, por favor, para bailar no hace falta ponerse eso... además me paso mucho tiempo embutida en lunares.

—Lo sé, no te preocupes, era una broma.—La de cabello marrón se reía maliciosamente y rodeó a su amiga con su brazo, pegándola a ella.—Por cierto, he invitado a Carla y a esas dos chicas del Cisne Negro, parecían majas.

—¿Qué? ¿Por qué has hecho eso? Ellas son...

—¿Homosexuales? Sí, lo son, pero eso no tiene que ver para pasarlo bien con ellas, y no en un sentido cochino, son amigas.

—No lo digo porque suponga un problema para mi, es que si muestran afecto delante de mis padres o los demás vecinos se puede volver todo muy incómodo y hasta podrían echarlas o yo que sé, se puede fastidiar mucho...

—No te preocupes, no pasará nada raro porque están acostumbradas a actuar como amigas normales fuera del local o de sus casas, así que nadie las acosará con tonterías.

—En fin, entonces vayamos a pasarlo bien hasta que deba irme, tengo que aprovechar los días libres que me quedan.

Alba asintió y entonces agarró bruscamente a la morena para llevarla con los otros vecinos y sus familias.

Tiempo después la banda flamenca llegó y empezaron a tocar mientras todos bailaban, comían y reían. Lo pasaban bien todos junto a la hoguera que siempre solían hacer. La fiesta estaba bastante animada por ese entonces, las dos amigas bailaban y pronto llegaron las otras tres chicas: Carla, Julieta y Rosa, habían llegado algo tarde, pero igualmente eran bien recibidas, y estas se pusieron a hablar a parte mientras los adultos bailaban con los niños pequeños.
Mari contó lo de su trabajo a Carla y esta se alegró bastante por ella, además hablaron de más cosas, incluso la rubia le dijo que Alfonso estaba mal todavía, pero rápidamente, la muchacha de ojos verdes le prohibió hablar de ese tema, pues no tenía ganas de pasarlo mal en una fiesta, y Carla tuvo que aceptarlo.
Rosa y Julieta bailaron juntas mientras la rubia de ojos marrones iba con María del Carmen a hablar algo alejadas nuevamente, aunque Alba estaba cerca como de costumbre. Ella quería charlar con su amiga sobre los de los trabajos, y de paso otras cosas, ya que observó lo animada que estaba la de ojos oliva, que hasta había tomado algo de anís, no estaba borracha, pero media copa le faltaba para estarlo, y no demasiado. La hija de los marqueses no se cortó, de hecho también estaba bebiendo, eso la impulsó a volver a intentar algo con ella.

—Mari, estás muy guapa esta noche, es una lástima que... cierta personita no pueda verte.—Decía ella, entre risitas y bailoteando al ritmo de la guitarra española, las palmas y las castañuelas de fondo.

—No te pases con la bebida que la noche estaba muy bien...—Advertía María del Carmen, casi de la misma manera que la otra.—No quiero saber nada de esa personita...

—Bueno, me callaré, no quiero estropearte la noche, trataré de que lo pases bien.—La rubia puso su mano libre en el hombro de su amiga y lo acarició suavemente, a lo que ella solo lo achacó a un gesto normal de amistad.

—¿Y tú no encontraste a nadie que te guste?

—Aún no, vi a chicas muy guapas en ese local, pero aún estoy algo verde en esto y no quisiera meter la pata, aunque ese lugar esté bastante escondido pueden correr los rumores a mucha velocidad por Sevilla, esto en Málaga no me pasaba.

—Aquí somos muy cotorras y todo se sabe enseguida, pero dudo mucho que la gente se quiera meter en eso, hemos entrado en los ochenta y las cosas están cambiando muy rápido, hay cosas muy nuevas, como eso del teléfono, los preservativos y esos cacharros de cristal que emiten luz sin necesidad de fuego.

—¿Eso no es un mito? ¿Cómo va a salir luz de un cristal?

—No lo sé, creo que es cosa de los americanos y sus inventos extraños.

—Sí, bueno, nos estamos yendo del tema... ¿recuerdas cuando te besé?—Carla bajó el volumen al decir eso, pero también se empezó a reír otra vez.

—Claro que lo recuerdo, cómo olvidarme de eso...—Mari suspiró, aunque luego también se rió.—¿Por qué lo dices?

—Quería saber... bueno, si te gustó o algo...—La cara de la rubia enrojeció y miró hacia otro lado.

—Eh... pues ahora mismo no recuerdo la sensación a parte del sobresalto, pero a mi no me gustan las chicas, ya sabes lo que opinaba sobre eso, y aunque ahora no lo vea mal no quiere decir que a mi me gusten.

—Si quieres puedes volver a probar, total, estamos en una fiesta, no significaría nada... me quedé con ganas de besarte bien, eres mi amiga y confío en ti para saber lo que se siente mejor que nadie.

—¿Me lo estás diciendo en serio? Aquí hay mucha gente.

—P-pues vamos a tu casa, si solo sería un momento...—Carla agarró la mano de María del Carmen, mirándola seductoramente.

—B-bueno venga, ¡de acuerdo!—La adolescente bebió lo que le quedaba de su copa y la dejó en una mesa cercana, luego se fue hacia su casa junto a Carla y se quedaron en la cocina junto a la puerta que daba al patio por el que entraron.

Ambas al quedarse quietas y estar solas se miraron un momento, la rubia quedó pensativa por un momento, aunque le puso las manos en las caderas a su compañera y la miró a los ojos, acercándose. Nerviosa, Mari Carmen le puso la mano en la mejilla y sin dudar demasiado besó los labios de Carla.
Las dos se besaron por un rato, hasta que Carla le agarró una nalga a Mari y esta se apartó bastante roja.

—¡Oye! ¡Nadie dijo nada de tocamientos!—Exclamó avergonzada la morena y acto seguido miró hacia otro lado para evitar la mirada de la rubia.

—P-perdona... me estaba gustando mucho.—Admitió la otra chica, sacando un abanico de su traje de sevillana amarillo con lunares negros.—Incluso me he acalorado, besas muy bien.

—Gracias... pero me temo que a mi no me ha resultado tan satisfactorio, me gusta más cuando me besa un chico...

—Lo entiendo... pero bueno, ha sido divertido como experiencia, ¿no?

—Sí, aunque preferiría que no se lo comentases a nadie, y mucho menos a Alfonso, ¿estamos?

—Claro, Alfonso se tiraría por una ventana si lo supiera, y ahora mismo no conviene meterle ganas de suicidarse.

Se rieron brevemente, aunque el tema no hiciera gracia, pues iban un poco achispadas del alcohol, pero se les pasaría rápidamente al haber bebido poco. Luego volvieron con los demás y charlaron con normalidad. Alba les interrogó, y ellas les dijeron que habían ido al baño.

El resto de la fiesta fue con normalidad, un vecindario celebrando una alegre velada musical todos juntos con abundante comida y bebida. Cada vez se hacía más de noche, pronto serían las once y Mari Carmen debía ir preparándose para ir a ver a Gato Negro a la torre del Oro. De hecho, este, ya que no tenía mucho más que hacer, había fingido querer irse antes a la cama, pues estaba mal ya que Carla se fue a la fiesta aquella y a él no le dejaban porque María del Carmen estaría allí, así que acudió antes a la torre y se quedó allí esperando.

Nuestra protagonista por fin pudo hablar a solas con Alba y pedirle que ya la cubriera para que pudiera irse, y esta aceptó y fingiría que ambas estarían dando un paseo para despejarse del ruido. Carla y las otras les pidieron acompañarlas, pero estas negaron, pues Mari decía estar mareada del alcohol y quería alejarse un poco de la gente, pero no estar completamente sola por si se caía o algo por la calle, por no hablar de que era ya bastante de noche y podía ocurrir algo malo. La rubia se lo creyó, pero pensó que había agobiado a María del Carmen por lo que hizo y se sintió un poco mal por haberla besado. Pero obviamente no era eso, la de cabello negro tenía bien claro que le gustaban los chicos y aquello no había sido más que una chorrada entre amigas.

Alba acompañó a Mari Carmen hasta la entrada de su casa, ya que estaban en la parte de atrás de sus hogares, y estando dentro de ella, antes de salir, Mari se había convertido en Catarina. Al salir de su casa se marchó corriendo hasta la torre del Oro, que como siempre, seguía frente a esta, pero lo bastante lejos como para que Gato Negro no la viera, así que con su yoyó subió hacia la primera parte de la torre una vez estuvo cerca, y cuando estuvo allí arriba buscó con la mirada a su compañero.
Ella aún se encontraba ''contenta'' del anís, sin embargo eso no le evitaba pensar en que debía charlar seriamente con Gato, quería saber la verdad. Tras pasear por la parte superior de la torre, vio que su compañero estaba apoyado en una de las múltiples almenas tras la pequeña torreta en medio de la primera parte de la torre... ay, que difícil es describir la dichosa torre, Tikki lo hace mejor.

—Buenas noches, Gato.—Saludó Catarina, yendo hasta su amigo y compañero caminando tranquilamente, aunque a él no se le veía demasiado alegre. Él se dio la vuelta, ya que estaba de espaldas a ella, y la miró intentando sonreír de vuelta.

—Hola, Catarina, ya te echaba de menos.—Dijo este, también caminando hacia ella, quedándose en frente de la chica.—¿Cómo has estado?

—Yo bien, todo ha estado tranquilo por mi parte, no he vuelto a saber nada de Luparia, y menos de La Flamenca, ¿y tú?

—Tengo noticias buenas y malas con respecto a eso...—Él suspiró, su gesto volvió a cambiar a uno de frustración al recordar todo lo que tuvo que pasar.—Me infiltré en el manicomio Las Cinco Llagas, ese era mi plan, pues sospechaba que la marquesa Isabel de Burgos era nuestra enemiga, pero tras investigar averigüé que no lo es, ambas aparecieron juntas a la vez en la morgue de aquel horrible lugar, así que la buena noticia es que podemos descartar a la persona más sospechosa.

—Espera... ¿has hecho eso tú solo?—Preguntaba dudosa y asombrada la muchacha, aunque sabía que ese supuesto maestro extraño que Tikki comentó le acompañaba.

—No, en parte he sido ayudado por el guardián de los miraculous, pero entré yo solo y de eso sí me hice cargo... hubo cosas que supusieron ciertas dificultades para mi, pero prefiero olvidar lo que me pasó y seguir con nuestros planes, solo tenemos que esperar a que esa arpía vuelva a aparecer, aunque... aquí es donde entra la mala noticia...—Gato Negro se quedó callado, Catarina nunca le había visto de ese modo, parecía realmente preocupado y eso la preocupaba a ella, así que puso su mano cuidadosamente en su hombro y le miró más de cerca.

—¿De qué se trata?

—La Flamenca y Luparia saben quién soy, mi identidad no está a salvo, Cata... Creo que voy a renunciar a mi miraculous antes de que hagan daño a alguien de mi entorno o a mi mismo, o de que por mi culpa te descubran a ti.

Ella estaba segura de que él era Alfonso, aunque él por su parte no quería admitírselo a ella, Catarina era lo único que le quedaba, pues había fallado a María del Carmen, y aún deseaba a la heroína. Mari estaba dudosa, estaba enfadada con Alfonso, pero aún había una pequeña probabilidad de que no fuera Gato Negro y aún sentía pena por su situación, no era capaz de ser borde con alguien que lo pasaba mal.

—¡¿Qué?! ¡No puedes dejarlo...!—Exclamaba ella con cierta tristeza.— Me pondría realmente mal si dejaras de ser mi compañero, sé que estás en peligro, pero no podría reemplazarte...

—¿Y qué más quieres que haga? ¡Yo no puedo más!—El héroe gatuno comenzó a gesticular nerviosamente y se puso a caminar por la torre, pero sin alejarse de Catarina.—¡Lo he pasado fatal haciendo todo eso y encima para nada, solo me he llevado un maldito trauma al quedarme encerrado en una maldita morgue con cuatro cuerpos descomponiéndose y ni siquiera me sirvió para descubrir quién es esa jodida loca! ¡¿Cómo demonios me ha descubierto?!

La muchacha se quedó callada, asimilando lo que había escuchado, y tras hilar algunas cosas, como el hecho de que pudiera entrar ahí por las buenas le hizo pensar claramente en que gracias a Carla podía acceder al manicomio, además de otras evidencias que había visto anteriormente, así que respiró hondo y agarró de la mano al joven de ojos azules, mirando fijamente a estos con sus ojos verdes.

—¿...Eres Alfonso Avilés?—Interrogó sin rodeos.—Puedes decírmelo, ambos confiamos el uno en el otro, y si esas dos ya lo saben, ¿por qué no puedo saberlo yo...?

—¿Quién? ¿El niño rico ese que intentó ser torero?—Bufó Gato, como si le estuvieran ofendiendo.—Ojalá tener la pasta y las admiradoras que tiene ese inútil... Pero no, Caty, no soy él, y ya bastante tengo con topármelo siempre que voy a hacer algo importante como para que ahora me compares con él.

—Gato, quítate la ropa.—Volvió a decir seriamente la joven.

—¿Cómo? ¿N-no me dijiste que ya no podía haber nada entre nosotros...? Que yo puedo ignorarlo, pero oye, me gustaría saber por qué...

—¡No te estoy pidiendo nada subido de tono! Quiero que te quites la chaqueta y la camisa del traje para que vea si tienes esa herida del toro o no, porque yo salvé a ese muchacho de la corrida que tuvo que hacer pero se hirió gravemente el brazo y ahora tiene una cicatriz.

—Claro, si es que las corridas mejor en la cama...—Acto seguido Catarina le dio una colleja y le miró molesta.

—¡Enséñame el dichoso brazo de una vez y no me pongas más nerviosa!

—Vale... está bien...—Alfonso estaba bastante inquieto, pero yo hice que se pudiera quitar el traje mágicamente y pudo despojarse de la chaqueta y su camisa de botones negra, primero sacando el brazo sano y muy lentamente el otro, ya estaba pensando en qué decir o cómo excusarse, aunque no sabía cómo iba a reaccionar ella al saber la verdad.—Verás... yo...

—Eh... bueno, vale...—Mascullaba Catarina al verle.—No eres Alfonso... Siento haberme puesto así...

—¿Qué?—El rubio se miró al brazo derecho disimuladamente y no tenía nada, no había ni rastro de la cicatriz que le había hecho el toro. ¿Cómo era posible aquello?—Ah... ¿ves? Ni rastro de cicatrices, me darán muchas palizas, ¡pero mi piel es de hierro!—Gato Negro, ignorando aquel extraordinario hecho, se puso a sacar músculo flexionando sus brazos, y Catarina rió un poco, incluso sonrojándose, se alivió tanto de que su amado no fuera Alfonso que todo en su cabeza cambió repentinamente. Ya podía continuar su relación con él sin necesidad de preocuparse por el idiota que le fastidió el empleo y la usó, aunque realmente fuera Gato Negro en realidad, pero Alfonso se estaba empezando a avergonzar de su persona y no quería que relacionaran a Gato con él a pesar de ser el mismo.

—Eres de lo que no hay...—Comentó sonriendo y negando la muchacha mientras se cruzaba de brazos. Gato dejó de hacer el tonto y la miró con una leve sonrisa también, sin embargo por dentro estaba algo dolido.

—Oye, ¿y hubiera sido un problema si hubiera sido ese niño rico?—Preguntó él mientras volvía a ponerse la ropa, aunque realmente estuviese muy a gusto con el torso al aire.

—Pues... simplemente no me gusta mucho la prepotencia de algunas personas ricas, pero bueno, olvídalo, Gato, no tiene mayor importancia...—Contestó Mari, y miró al suelo, algo sonrojada aún, ya estaba pensando en volver a decirle que le quería.—Y... otra cosa que quería decirte con respecto a lo de antes...

—Dime.—Gato acabó apoyándose en una almena mientras la miraba, olvidándose por un momento de quién era él mismo. Ella se le acercó y le pasó las manos por los brazos, mirándole a los ojos y acercándose poco a poco a él.

—Sé que dijimos que no podía haber nada entre nosotros, pero... me sigues gustando y quiero estar contigo, no puedo olvidarme de lo que siento por ti, sé que probablemente quieras a la chica que creías que era yo, pero no sé... estoy confusa.

—La verdad es que ella y yo no acabamos muy bien, y aunque la amé con locura... si que es cierto que no paro de pensar en ti y en lo que ocurrió entre nosotros, y no solo en aquel acto... es raro, pero mi intuición dice que debería estar contigo. Yo no quiero ser un lechuguino ni engañar a nadie, pero como no estoy en una relación con nadie siendo civil yo creo que puedo perfectamente ir contigo, ella ya dejó claro que no me quiere, no voy a perder el tiempo con alguien que me repudia.

—Supongo que tienes razón, aunque sería hipócrita decirte que es lo mejor cuando yo no me rendí contigo cuando me rechazabas por ella.

—Eso ya da igual, yo también lo intenté bastante con ella y ya por muchos motivos es imposible, así que me quedo contigo, la olvidaré.

—Suena como si yo fuera un segundo plato...—Catarina miró un poco triste hacia otro lado, por un momento se pensó que había otra chica de verdad, porque ella como civil no volvió a interactuar con Gato Negro desde que él mismo le dijo que iba a irse con Catarina y la olvidaría a ella, y tampoco era posible que interactuara con ella como Alfonso porque demostró que no lo era aparentemente.

—Sabes, uno de los principales motivos por los que no puedo estar con esa otra es porque no sales de mi cabeza aunque me quiera centrar solo en ella, o sea que realmente pienso que ella era el segundo plato, y... eso me hace pensar que si tu dijiste primero tan seriamente aquello de dejar de estar juntos es porque quizá también te veías con alguien en civil.

—Pues sí, no te voy a mentir, pensaba que las cosas entre dos héroes podían ser muy complicadas por lo de las identidades y eso, y en civil también tengo mi vida, pero tampoco me he podido olvidar de lo que siento, por eso te lo he dicho, ya no tengo nada con nadie en civil, estoy libre, y sea como sea yo te quiero a ti, Gato, seas quien seas en civil.

Él sonrió algo conmovido y se acercó a abrazar a la chica fuertemente. Ella hizo lo mismo con el muchacho, y Mari estaba súper feliz, algo que Alfonso no estaba del todo, aunque al menos tenía a alguien en quien confiar y con quien estar para olvidar a María del Carmen, era cierto lo que sentía por Catarina también, sin embargo era más deseo sexual que otra cosa y seguía sintiendo la espina de su ex novia clavada en su corazón.

Los dos acabaron por mirarse y poco a poco se acercaron entre sí para fundirse en un beso, no ardiente ni apasionado, si no cariñoso, lleno de amor, la lujuria esta vez quedaría en un segundo plano para ellos, esta vez había algo más. Al apartarse se miraron sonriendo plácidamente y la morena le acarició la cara al rubio.

—Entonces volvamos al plan de antes,—Hablaba Gato Negro seguro de sí mismo.—que era básicamente estar juntos y tratar de buscarnos, ¿qué te parece?

—Claro, aunque también sería más fácil destransformarnos y verlo por nosotros mismos.—Sugirió ella, a lo que él negó al instante.

—No no, tú aún no estás en peligro, será mejor que no te transformes, además es más divertido intuir qué persona se esconde tras la máscara, nos ayudará a sobrellevar los problemas con nuestros enemigos.

—Sí, tienes razón, en ese caso hagámoslo como dices. Ahora se hace algo tarde y debo irme.

—¿Quieres que quedemos mañana más temprano? Nunca hemos hecho nada de día que no tenga que ver con salvar Sevilla, un poco de tranquilidad nos iría bien.

—Tranquilidad es lo menos que vamos a tener si paseamos de día con los trajes por ahí, pero vale, mañana a las seis mismamente te espero aquí mismo y ya vamos a algún lado, ¿te parece?

—Por supuesto, a esa hora me viene de lujo.—Él se acercó a besarla otra vez y ella se dejó, eso la hizo bastante feliz.—Entonces nos veremos mañana... te quiero.

—Oh... Y yo...—Ella sonrió nuevamente como una estúpida bastante roja a estas alturas, y entonces él se fue con su bastón por un lado de la torre y ella tras un rato de despiste sacó su yoyó y volvió a su casa para proseguir con la fiesta.

Se reunió con Alba una vez se convirtió en Mari de vuelta a escondidas y las dos amigas comentaron lo ocurrido mientras volvían con los demás, esa noche había sido un buen descanso para todos y algo agradable, pero lo que estaba por llegar iba a descolocarlo todo por completo y hacerles volver a la penumbra...

Continuará.

[Por favor, comentad algo, que el siguiente es el último capítulo, probablemente sea largo de narices y necesito apoyo moral, sé que la historia ha decaído un poco y las visitas son mucho menos que cuando empecé, quizá porque tardo mucho en actualizar o porque se hace muy pesado, pero los pocos que sigáis la historia me ayudáis a tener esperanza y que la calidad sea mejor. Vuestros comentarios, por insignificantes que sean me ayudan a seguir, y lo más importante, lo que siempre digo: las críticas constructivas me ayudarán con creces a no caer en el mismo error en las siguientes temporadas y en el cómic, en el que cambiarán bastantes cosas probablemente. Un saludo y preparaos para el final de temporada, va a ser muy largo e intenso, por eso puede que tarde mucho, pero manteneos con ganas, ¡no os dejaré indiferentes! Os quiero~]