Hola! Disculpen mucho mi desastrosa ausencia, pero los exámenes son un reto, aquí y en China, ¿no? Y como los tengo una vez al mes, espero puedan entender que me desaparezca a causa de ellos xD ¡Como sea! También le costó mucho decidir cómo iba a hacer este nuevo capítulo, aunque tenía nociones de la información que debía contener. Tuvimos una dosis de fangirlismo y drama anteriormente, así que llegó el momento de regresar a la información valiosa. Esta parte del FanFic se ha llevado muchos capítulos, ¿no? Nos quedaremos un par más en las fiestas, así que no impacienten, muy pronto volverán a Tokyo ;D

DULCECITO311: Este nuevo capítulo lleva algunas aclaraciones de lo que sucede con ambos, aunque no del todo. Estoy decidiendo en qué momento debo revelar los secretos de su historia, pero no es tan fácil hahahaha debo moldear la historia para ello, y no quiero que sea demasiado dramático, ¿sabes? Es terribleeeee!

Xiaochypatia: ¡Dichosos los ojos! Yo te hacía por allá por el Himalaya, donde los fanfics no son nada (?) Okno. Me alegro mucho de que estés con nosotros de nuevo, y que te guste el camino que está tomando el fanfic. Quiero darme más tiempo para escribirlo y poder adelantar, pero como dices, la uni absorbe mucho tiempo, ¿no?

En fin. Quiero que sepan que este iba a ser un fanfic de máximo 20 capítulos, y ya tenemos casi treinta. Es posible que me vaya hasta los 50, siendo este el segundo fanfic tan largo que he escrito! Todavía tengo puntos importantes que abordar, así que deseo que me acompañen hasta el final de los mismos. Sin robarles más tiempo, les dejo el capítulo 29 ;D


Sasuke Uchiha bajó al primer piso, usando su pijama, a las 05:37 a.m., aunque estaba más dormido que despierto. Un bostezo largo se le escapó mientras andaba, se rascó la cabeza, y entró a la cocina para descubrir que alguien se había levantado mucho antes que él: Itachi estaba de pie, frente a la cafetera, esperando al pitido que anunciaría que su bebida estaba lista. Aquél encuentro hizo que ambos se miraran el uno al otro, sin mover un pelo, por al menos quince segundos. Después de eso, y como si nada hubiese pasado, Sasuke retomó su camino hacia el refrigerador, de donde sacó una jarra con agua fresca que poco después depositó en un vaso. Volvió a colocar la jarra en su sitio, bebió su agua, y luego buscó una taza, decidido a tomar café con su hermano. Los dos se quedaron como idos, a la espera de que el café estuviera listo, hasta que el sonido hizo que ambos sirvieran un poco en su propia taza. Itachi le dio un sorbo, aunque estaba muy caliente, y aquello pareció devolverle la vida en el mismo instante. Sasuke no iba a quemarse la boca solo por la urgencia de despertar, así que se quedó mirando el líquido oscuro, soplando un poco.

—Así que —la voz del mayor rompió el silencio. Sasuke lo miró, aun un poco inconsciente, pero Itachi tenía los ojos en su café—, Sakura es una princesa, ¿eh?

—Ugh —un respingo y un sonrojo fueron más efectivos para despertar a Sasuke.

—Cuéntame más, Sasuke —estaba claro que la sonrisa de Itachi era potenciada por una burla, a lo que su hermano le gruñó—. ¿Quién diría que eras así de loco enamorado? Pero, ¿decirle "princesa" a tu novia? Venga, Sasuke…

—Ya cállate.

—Solo tengo curiosidad —afirmó, entre risas, el mayor—. ¿Vas a presentarla como tu princesa a todo el mundo de ahora en adelante?

—Le dije que era hermosa, ¿sí? —su humor se había alterado, y era notable—. Como una princesa… no tiene nada de malo, ¿me oyes? Ella en verdad es preciosa. Y, para empezar, Sakura es mi esposa, no mi novia, ¿te queda claro?

—En tus seños —canturreó, su hermano.

—Oye…

—Como sea —no le dejó siquiera empezar—, ¿eres consciente de que lo de hoy es serio? No sé cómo planean hacer que funcione.

—¿Tienes una mejor idea?

—La estructura de ese grupo parece más fundamentada en el hecho de que fueron personas importantes en la vida anterior —explicó, entonces, Itachi—. Su poder no tiene relevancia alguna ahora, Sasuke. Creo que, más bien, es una reunión de "despertados".

—Tienes razón —se encogió de hombros—. Pero, ellos tienen más tiempo despiertos que cualquiera de nosotros, Itachi.

—No hables por Orochimaru.

—Su habilidad para obtener información es tan competente como entonces —suspiró—. Aunque quise verlo muerto, aprecio su habilidad.

—Todos queríamos verlo muerto.

—Eso es cierto. Y es lo que me preocupa de hoy… si esos tres intentan matarse, no sé qué es lo que vamos a hacer.

Capítulo Veintinueve: Tríadas

—Sasuke-kun —el tono de voz de Sakura parecía exasperado, mientras sus pasos seguían, un poco erráticos, a los firmes y seguros del pelinegro—. Querido —se quejó.

—¿Qué pasa, Sakura? —él detuvo sus pasos, solo para volverse en su eje, y encontrar su rostro un poco agitado, mientras ella daba bocanadas de aire, deteniéndose tras haber estado siguiéndolo por un largo tramo. Inmediatamente, Sasuke se arrepintió de no prestarle tanta atención.

—Estás yendo demasiado rápido…

—Lo lamento. Siéntate —señaló él, mientras le ofrecía su mano, y con un gesto le señalaba un sitio con la barbilla, sobre un tronco.

—Gracias —dijo, mientras se acomodaba, casi como si estuviera sofocada.

—A veces se me olvida —señaló, tomando el agua que llevaba consigo, para ofrecérsela a su mujer, casi como si fuera un marido decente—. No puedes seguirme el paso en tu condición… Es por eso que he insistido en llevarte a un sitio donde estarán seguros.

—Pero no hay un lugar más seguro que al lado de mi esposo —se opuso, bebiendo entonces un poco de agua, un instante antes de pasarse una mano sobre su inflada barriga.

—Sabes que tiendo a ser un blanco —insistió, él. Se inclinó frente a ella, para apoyar su brazo sobre las rodillas de Sakura—. Una mujer embarazada como compañía… es bastante claro que el único motivo para ello es que ese sea mi hijo, y la mujer mi esposa.

—Sasuke-kun, no voy a cambiar de parecer —espetó, con firmeza—. Tú solo quieres dejarme en Konoha, ¿cierto?

—Nadie ha hablado de Konoha, Sakura —suspiró, desesperado—. No puedes estar en movimiento, tienes mucho con qué cargar ahora. Quiero que podamos establecernos donde haya alguien que te apoye en los pocos meses que quedan de tu embarazo.

—Yo soy ninja médico, ¿sabes?

—Y no es bueno que te automediques, tampoco vas a poder atender tu parto —contestó, tajante, para volver a suspirar, apoyando la cabeza al frente—. Konoha está demasiado lejos, ya pasamos la etapa en la que podemos llevarte de regreso —lo dijo, aunque parecía más un intento de convencerla que cualquier cosa—. Ya preparé todo para que nos reciban.

—¿Recibirnos? —alzó una ceja—. ¿Quién? ¿En dónde? No sabía que tuvieras amigos… es decir, por aquí, Sasuke-kun —desvió la mirada, intentando fingir demencia.

—No estoy seguro de que la palabra "amigos" sea la adecuada, y sé que vamos a dar una sorpresa con tu situación actual —se puso de pie—. Nadie sabe de nosotros, ni de nuestra familia. Pero estoy seguro de que estarás en buenas manos.

—¿De qué hablas?

—Orochimaru dispuso todo para que Karin pueda ayudarnos —el nombre del sannin, por sí mismo, hizo que Sakura diera un respingo.

—¿Dijiste "Orochimaru"?

—Sí —le ofreció su mano, para que se apoyara en él hasta ponerse de pie—. Hemos estado viajando hacia una de sus guaridas por dos días. No quise decírtelo antes, pero estamos próximos a llegar.

—Estamos hablando de un bebé Uchiha aquí, ¿recuerdas? —soltó, un poco escandalizada.

—Está bien, Sakura —aseguró—. No es que vaya a pasar nada, el interés de Orochimaru está en otro sitio ahora. Además, dadas las circunstancias, debemos confiar en él.

—¡¿Qué quieres decir con que debemos confiar en Orochimaru?!

—Ya me oíste, mujer —se quejó, intentando no molestarse, pues el humor de Sakura se había vuelto un poco más sensible a causa de su embarazo—. Vamos a confiar en él. Si tú crees que puedo defenderte de lo que sea, entonces empieza a creer que puedo mantenerte a salvo de él.

—Guh —oh, ahí iban—. Sasuke-kun… —su voz llorica.

[…]

Sasuke se le quedó mirando. Ella, con sus medias blancas, su falda negra, y su blusa cuello de tortuga beige, definitivamente estaba subestimando el frío de ese pueblo. Consideró con seriedad, mientras la veía ponerse una bufanda y un abrigo largo de color marrón—como sus botines de piel, que no parecían contar con anti derrapante— el decirle que se devolviera a la habitación para encontrar algo más apropiado y cálido, pero ella terminó de cerrarse el saco, alzó su mirada verde hacia él, y descubrió en su gesto que eso no iba a suceder jamás. Ningún hombre iba a decirle a Sakura Haruno cómo debía vestirse. Quizá su padre tuviera el poder de persuadirla, pero no se imaginaba que alguien más pudiera gozar de los privilegios de quien tuvo tan importante papel para procrearla. Al final, suspiró y se puso su gabardina, para despedirse de su madre con un gesto cariñoso, que seguía tomándola un poco de sorpresa. Sakura agitó su mano para ella, y al notar cómo su hijo no había dicho nada con respecto al atuendo de la pelirrosa, entonces Mikoto decidió no meterse en un asunto que encontraba ajeno. Se limitó a verlos subir al auto, y salir rumbo a la posada, donde Orochimaru se estaría hospedando.

—¿No tienes frío? —ya había arrancado el auto, así que lo que decía parecía inútil, pero regresaría a casa con tal de que ella usara algo más abrigador.

—No mucho más del que tendría usando un pantalón —afirmó, atinando a los pensamientos del pelinegro—. No quiero oír algo como "podrías enfermarte" de alguien que sale de la ducha sin secarse el cabello, con este clima.

—En la noche hará más frío, ¿sabes?

—Eso no importa —Sasuke alzó una ceja—, traigo un cambio extra en mi bolso, por si se vuelve necesario que cambie de ropa.

—Lo pensaste antes.

—Las amas de casa van un paso delante de la familia, Sasuke —sonrió, orgullosa, sin darse cuenta de lo que acababa de decir—. Una vez eres una, lo eres para la eternidad. Debo decírselo a Sarada cuando la recuperemos.

—Por supuesto —un asomo de sonrisa se posó en sus labios—. Le diremos muchas cosas, Sakura.

La mano derecha de Sakura encontró un sitio en su pecho, mientras Sasuke fingía que no estaba tentado a hacer lo mismo. Ambos estaban ansiosos por cualquier cosa que Orochimaru pudiera decirles ahora, pues se había mostrado bastante entusiasta con su visita. Ya era medio día, así que él llevaba algunas horas en el pueblo, tiempo suficiente para descansar. Ambos llegaron antes que cualquiera, aunque hicieran unas paradas por café, algo de comer y alcohol. Tocaron la puerta de Orochimaru, y él los invitó al interior de su habitación, que contaba con una cómoda salita donde todos podrían acomodarse, con una mesa que apenas tenía un par de sillas, y el área de dormitorio al fondo, separado por una pared débil. El médico recibiría su café negro con mucho placer, mientras observaba a Sakura tomar el control de la situación, colocando las botellas en el minibar, preparando una cantidad apropiada de vasos y ofreciéndole comida al mayor. También se tomó unos minutos para preparar los bocadillos que compraron, colocándolos en un plato, cuando la puerta fue tocada por los nuevos visitantes: Itachi y Karin entraron tras saludar, aunque el primero mostró sus reservas en cuanto al sannin.

—¿En verdad crees que vayan a venir? —preguntó, Itachi, mientras le ofrecía una mano a Sakura.

—El sabio de los sapos lo prometió —aseguró, Sasuke—. Lo dijo con tanta claridad y lo repitió, así que no me siento capaz de dudar de él.

—¿Jiraiya? —repitió, muy complacido, Orochimaru—. Dijeron que también Tsunade, ¿cierto?

—Y Dan —agregó, Sakura—. Dan también despertó. Ellos se casaron, por lo que escuché.

—Así que Tsunade encontró la felicidad.

—Ojalá fuera tan simple como eso —un golpeteo en la puerta, obligó a que toda la atención de Sakura se volviera a la misma. Eran los últimos invitados, y ella misma se apresuró a abrir, para invitarlos a entrar—. Me alegra mucho que estén aquí.

—Jiraiya dijo que debíamos venir, que una fiesta no nos haría mal en estas fechas —se quejó, la rubia, mientras aceptaba la invitación—. Dan lo apoyó, así que aquí estoy.

—Me alegra mucho que viniera, maestra.

—También quería saludar a mi alumna estrella —afirmó, con una enorme sonrisa—. Y presentarte a mi esposo, por supuesto.

—Después de tantos años de matrimonio, me sorprende que aun haya personas que ella quiera presentarme con tanto entusiasmo —se incluyó, entonces, el aludido, para extender una mano a la pelirrosa—. Es un placer, mi nombre es Dan Kato.

—He escuchado cosas maravillosas de usted, gracias a Shizune y a mi maestra —aseguró, mientras tomaba su mano—. Estoy encantada de finalmente conocerlo.

—Estoy seguro de que Shizune estaría feliz de verte, si pudiera recordar —se rio, un poco nervioso.

—Le regalaron un puerquito el año pasado —entonces, una voz de un hombre maduro, se escuchó detrás de la pareja—. Tenían la esperanza de que ella recordara, pero ni siquiera por llamarlo Tonton lograron hacer que despertara —se burló.

—Es probable que eso fuera lo mejor —aquejó, entonces, Tsunade.

—De cualquier forma, no me digan que ya empezaron a beber sin nosotros —el albino alzó una mano, donde sostenía una gran botella de sake—. Nosotros estamos inspirados, hablaremos hasta por los codos apenas comencemos a beber.

—Es un gusto volver a verlos —Orochimaru no contuvo su deseo de formar parte, y solo con su voz logró hacer que todos callaran—. Jiraiya, Tsunade… el triple punto muerto, de nuevo.

—Orochimaru —susurró, entonces, la rubia, para quedar atónita.

—Yo —empezó, Sakura, ignorando por completo que Sasuke se había apresurado a cerrar la puerta, aunque con mucha sutileza—, puedo explicarlo…

—Ha pasado tiempo, Orochimaru —un saludo frío brotó de los labios de Jiraiya.

—La última vez que estuvimos los tres juntos —empezó, Tsunade—, volvimos a pelear… tú querías matarme, y nosotros estábamos dispuestos a matarte de ser necesario. Estábamos todos en desventaja, por aquél entonces.

—Y pensar que aun así fue muy destructivo —sonrió, Orochimaru, con un poco de cinismo—. ¿Les gustaría recordar viejos tiempos?

—"Viejos tiempos" —repitió, Jiraiya—. Si ese es el caso, si vamos a enfrentarnos, entonces vamos a hacerlo como el punto muerto que fuimos —en un movimiento, la tapa de la botella voló, y tres vasos fueron dispuestos por las manos de Tsunade y Orochimaru, para ser llenados.

—El último en caer será el vencedor —declaró, sutilmente, Dan.

Los cuatro jóvenes se volvieron espectadores—junto al pobre Dan— de lo que pareció ser una competencia de ebriedad. A partir de ese momento, los tres servían sus tragos y los bebían al mismo tiempo, y después de quince minutos admirando la situación, comprendieron que ese reencuentro nunca debió ser motivo de preocupación para ellos. Los legendarios sannin habían hecho las paces durante la muerte, probablemente. Aunque era sabido que Tsunade y Orochimaru habían tenido un reencuentro un poco parecido a la reconciliación durante la cuarta Gran Guerra Ninja, su relación nunca fue lo mismo que en su juventud. Sin embargo, decían que el tiempo todo lo sana, y esos tres se habían tomado un descanso del resto al sentarse en el pequeño comedor para reírse de algunas historias de cuando eran un equipo. Los intentos de asesinato estaban en el pasado, lo que les recordaba que el equipo siete no tenía muchas diferencias con sus maestros. Sakura tomó la muy sabia decisión de abrir otra botella y ofrecerle un trago a los cuatro compañeros de observación que tenía, para ver si podían seguirles el ritmo.

—Así que —casi una hora después, Tsunade se volvió hacia los muchachos, fresca y tranquila, mientras los otros dos comenzaban a enrojecer—, dejémonos de rodeos… sabemos que planearon esto con motivos personales.

—Estás arruinándolo —se quejó, Jiraiya. Sakura sonrió tranquila y, ante ese gesto, Tsunade arrastró a los otros dos sabios con ella, hasta hacerlos sentar en el suelo, alrededor de la mesita.

—Tuve un sueño —empezó, la pelirrosa, captándola atención de todos—, pero no fue nada relacionado con nuestra vida anterior. La ropa, las circunstancias… inclusive yo misma, no parecía ser de la misma época que somos todos nosotros. Pareciera que venía de mucho más atrás que ello, así que deseamos saber su opinión.

—¿Era necesario reunirlos a los tres? —preguntó, entonces, Dan.

—Son los tres sannin —contestó, Itachi—. Fueron leyendas en nuestra vida original. Creo que ellos les tienen fe, ya que han sido de los primeros en despertar. Excepto por Orochimaru.

—Escuché de eso por Jiraiya —agregó, Tsunade, mientras servía otras tres copas—. Sin embargo, lamento decir que no sé nada previo a nuestra vida —se encogió de hombros—. Soy la nieta de Hashirama Senju, la princesa de las babosas, quinta Hokage, etcétera. Ahí terminan mis recuerdos.

—Aunque he recolectado información durante años, no hay nada previo a la vida que me tocó vivir, en la que los conocía a ustedes —afirmó, Jiraiya.

—Yo incliné mis investigaciones a asuntos distintos de la experiencia que ellos puedan tener —la atención de los dos adultos se volcó hacia Orochimaru—. No me sirve de nada intentar ganar experiencia, cuando ya tienen la de los otros dos sannin. Decidí que debía hacer una investigación, quizá un poco académica, en cuanto a esta situación. Buscar registros.

—¿A qué te refieres? —Itachi alzó una ceja.

—Reencarnar es cuando los espíritus vuelven a tomar forma, se convierten en seres tangibles, de nuevo —empezó—. Es algo que me hace pensar más en la metempsícosis, morir y que nuestros espíritus viajen hasta tomar un nuevo cuerpo, como muchas culturas del medio oriente piensan.

—No entiendo —interrumpió, Karin—. ¿Por qué esto es importante?

—Es imposible que comprendamos algo cuando no sabemos qué es —contestó, el médico—. Lo mismo sucede con la transmigración, pasa igual con la metensomatosis, que son todos conceptos muy similares, pero con distinto nombre. En todos existe una esencia que trasciende hasta un nuevo cuerpo, pero el único que puede entender eso, es Sasuke.

—¿Qué? —el aludido levantó una ceja, y los ojos de todos se posaron en él de inmediato.

—¿Acaso lo olvidaste, Sasuke? —continuó, el pelinegro—. Indra, el hijo del sabio de los seis caminos, reencarnó en Madara Uchiha, así como lo hizo en ti, de la misma forma en la que Ashura lo hizo en Hashirama Senju, antes de Naruto. Ustedes fueron casos de reencarnación, eso es cierto, lo sabemos todos nosotros. Aunque, eso no aplica con nosotros.

—Solo estoy escuchando lo que parece una clase de filosofía existencial —aquejó, Itachi, que parecía dispuesto a hacer que se callara.

—Quiero escucharlo —pero Sakura no se lo permitiría—. Así que, déjenme hacerlo. No me parece irrelevante. Él tiene razón: debemos saber, al menos, qué es lo que está sucediendo. No podemos darle nombre sin saber lo que es.

—Ya la oíste —apoyó, Sasuke, para servir un poco más en el vaso de su hermano—. Paciencia.

—Continúa —pidió, entonces, la pelirrosa.

—Hay dos términos que me hicieron pensar —retomó—. La palingenesia es un término que nosotros debemos conocer, por las bases en biología.

—Pero es un término ambiguo —se quejó, Tsunade—. Puede ser interpretado de muchas formas.

—Y, una de ellas, es la regeneración eterna —se explicó—. Sin embargo, entiendo que la descarten de inmediato. Este mundo no parece tener una relación con el que nosotros acostumbramos. No hay ninjas. La tecnología es muy similar en algunos aspectos, pero avanzada en la mayoría y, por encima de todo, ni siquiera hay asomo de chakra.

—¿Cuál es el punto de considerarlo? —preguntó, Jiraiya, mientras se bebía su trago.

—No dejar nada al aire —aseguró, Orochimaru—. Después está la idea del renacimiento, que pareciera más adecuada para nuestro contexto, que no es un término tan lejano a la palingenesia, pero parece más apropiado. Sin embargo, el enfoque budista nos dice que no existe un alma que perdure de esa forma. Pero, como ya dije, Sasuke es el vivo ejemplo de lo contrario.

—¿Entiendes que te estás contradiciendo? —comentó, Itachi, con evidente escepticismo.

—No —contestó, Sakura—. Es todo lo contrario… Orochimaru está convencido de que somos ambas cosas. Renacidos y reencarnados. Tiene sentido.

—¿A qué te refieres? —preguntó, entonces, Karin.

—Él cree que muchos, en este mundo, somos renacidos —explicó—, pero no todos los renacidos han reencarnado. ¿Cierto?

—En efecto —sonrió, satisfecho, al notar que ella lo entendía—. Hemos dicho la palabra "despertar" por desconocimiento, pero estoy seguro que eso sucede. Nuestras almas están pegadas a nuestros cuerpos, pero no pueden entrar a ellos hasta que son llamadas a la reencarnación. Algunas se resisten más que otras, por supuesto.

—Sin embargo, eso no explica qué es lo que hacemos aquí —argumentó, entonces, Dan.

—Kaguya Otsutsuki —una expresión escandalizada se posó en quienes comprendían la magnitud de ese nombre, brotando de los labios de Sakura. Después, ella no se contuvo, y miró a Sasuke a su lado—. Sasuke…

—El rinnegan —concluyó él, para emitir un suspiro—. Activé el jutsu cuando tú moriste, pero comenzó a absorber las almas de todos desde entonces.

—Pero, yo morí antes que tú —contestó, Jiraiya—. No tiene sentido. Además, en el momento en el que tú moriste, ese jutsu dejaría de surtir efecto. No creo que debamos darte el crédito por lo que sucedió entonces, ¿sabes?

—Yo morí después de Sasuke —apoyó, Karin—. Itachi murió antes. Si fuera como ustedes creen, entonces no sería posible que nosotros estuviéramos aquí, tampoco Sarada.

—Asesiné a Sakura —un escalofrío recorrió a los presentes, excepto a quienes ya sabían esa parte de la historia—. Siempre fui consciente de que a ella se le agotaba el chakra, que eso era lo que la estaba matando. Resulta que el chakra puede preservarse, después de la muerte, como espíritus. Pero, con Sakura eso no sucedería, así que se lo arrebaté antes de que se esfumara.

—Tiene sentido —agregó, Tsunade—. Eso explica que los que hemos muerto podamos ver a nuestros seres queridos, aunque estemos en "el más allá". También pienso que no conocemos los límites del poder de Sasuke. No entonces. No ahora.

—Pero, el chakra se agota —comentó, Dan—, y eso debió haber sucedido para que nosotros comenzáramos a aparecer aquí. Puedo imaginarnos, esperando en un plano extraño.

—El limbo —concluyó, Orochimaru—. Sin embargo, como dijo Tsunade, no conocemos los límites del poder de Sasuke, así como tampoco comprendemos el rinnegan. Es probable que al mismo Sasuke le fuera imposible descubrir todos sus secretos durante el tiempo que lo tuvo.

—No puedo imaginarme en qué sentido eso pueda hacer una diferencia —se quejó, el aludido, para llevarse una mano al rostro—. Al final, fui yo quien ocasionó todo esto.

—No estamos seguros —aseguró, Dan, en lo que parecía ser un intento de consuelo.

—Lo estamos —respondieron, al unísono, los sannin.

—Sin embargo, en verdad creo que no deben preocuparse —la voz de Orochimaru hizo que Sakura y Sasuke se volvieran hacia él—. Me tomé mi tiempo para morirme, justo como Tsunade lo hizo. Es cierto, no vi a sus hijos morir, pero estoy seguro de que podrán recuperarlos.

—¿Por qué estás tan seguro? —preguntó, Karin.

—No diré que tengo datos —se encogió de hombros—. Simplemente, estoy seguro de ello. Ustedes están destinados a volver a ver a su hija, tarde o temprano. Si el amor los ha impulsado hasta lograr estas extrañas circunstancias, entonces los llevará hacia ella, de nuevo.

[…]

Tras las palabras de Orochimaru, el ambiente pareció relajarse. La fiesta prometida llegó a su clímax, mientras Tsunade volvía a ser la vencedora—algo que no era novedad, según escucharon—, el momento exacto en el que Itachi decidió irse, en compañía de Karin. En algún punto, Sasuke decidió que no quería beber más, pues comenzaba a anochecer, y debía manejar de regreso a casa. Sin embargo, aquello no fue suficiente para convencer a Sakura, que era la digna alumna de su maestra, o eso escuchó que dijo Tsunade una y otra vez. Sasuke y Dan parecían los adultos responsables, ahora que todos se veían mucho más que tomados. Escuchaba las impertinencias que salían de los labios de Tsunade, la veían rodar sobre los cuerpos derrotados de Orochimaru y Jiraiya, pero nada de eso parecía molestar a su esposo. Sasuke se vio a sí mismo envidiando la paciencia de ese hombre, que al cabo de un rato le pidió que las cuidara, solo para volver con las llaves de una habitación para él y su pareja. Se las arregló, entonces, para llevarse a Tsunade, con botella en mano, al cuarto que había pedido.

—Nosotros también nos quedamos —dijo, Sakura. Al escuchar eso, Sasuke la miró confundido, y ella se puso de pie, tomando su bolso y su abrigo—. ¿Vienes?

—¿Cómo dices? —claro, se puso de pie de inmediato, para alcanzar el paso errático de la pelirrosa.

—Orochimaru pidió una habitación para nosotros, antes —le explicó, mientras levantaba las llaves para mostrárselas, aunque sin darse cuenta de que las manos de Sasuke la seguían para asegurarse de que ella estuviera bien.

—¿Por qué hiciste eso?

—Porque me imaginé que alguien la necesitaría —se encogió de hombros, llegando a una puerta después de doblar en un par de pasillos, no muy lejos ni tan cerca de la habitación anterior—. No pensé que fuéramos nosotros, pero cae de perlas, ¿no?

—Puedo manejar —aseguró, aunque ella ya había abierto la puerta.

—Sí, pero yo no puedo esperar a que lleguemos —decidió, dejando las llaves pegadas al seguro, para lanzar su abrigo y bolso sobre una silla, antes de saltar a la cama.

—Por Dios —aquejó, tomando las llaves y cerrando detrás de sí—. ¿Qué estás haciendo?

—No bebí tanto en la fiesta de navidad —murmuró, abrazándose a una almohada—. Está bien, Sasuke. No voy a hacerte nada, ¿sabes? No es la primera vez que compartimos cuarto, tampoco.

—Estás ebria.

—Deja de quejarte —murmuró, cerrando sus ojos—. Solo ven a la cama…

—No haré eso —contestó, aunque se aproximó, comenzando a quitarle los zapatos—. Me quedaré en el sofá, mientras tú duermes aquí. Una vez estás recostada así, no hay modo de que alguien te levante. Lo aprendí cuando Sarada era una bebé.

—Tampoco será la primera ocasión que dormimos en la misma cama y me ignoras —dijo, entre dientes, por lo que él suspiró.

—Está bien —accedió, tras dejar el último zapato marrón sobre el suelo, para encontrarse un espacio a su lado, aunque no se tocaran—. Solo voy a dormir, de este lado de la cama. Así que puedes quedarte tranquila, Sakura.

—Es justo lo que yo dije, imitador.

—Intento no ser el hombre desesperado por ti que tanto detestas, ¿sabes? Podrías ser un poco más flexible en cuanto a esto.

—Sasuke —lo estaba ignorando.

—¿Hn? —contestó, sin siquiera verla.

—¿Sabes? —empezó, Sakura—. No es tu culpa —de repente, su voz pareció más entera que antes, y él la buscó con la mirada, de inmediato—. No te culpo por esto… y no estoy enojada contigo, tampoco. Tú no lo hagas, ¿quieres?

—Sakura…

—Debemos confiar en Orochimaru, ¿recuerdas? —él parpadeó, incrédulo—. Yo creo en todo lo que él dijo hoy… en verdad, lo creo —en un movimiento, el Uchiha se giró sobre su costado, a modo de verla al rostro—. Vamos a recuperarla, ¿sí?

—Todavía tienes fe.

—¿Qué? ¿Pensaste que estaba bebiendo por tristeza? —se rio—. Estaba festejando, Sasuke… al fin tenemos una noción de lo que está sucediendo, en verdad. Al fin sabemos qué es lo que ocasionó todo esto.

—No sabemos cómo solucionarlo, ni lo que significa ese sueño que tuviste.

—Pero estamos un paso más cerca —sonrió, depositando su mano sobre la de él—. Más cerca de solucionarlo —bostezó, mientras parecía que ya hablaba más entre sueños, que despierta—. Más cerca… de Sarada.

—Sí.

—Más cerca —murmuró, terminando de quedarse dormida.

—De ti.

[Continuará…]