Los personajes que aparecen en esta historia pertenecen a Stephanie Meyer.
Capítulo 29 Me cansé de rogarte.
Está bien repetía mi mente mientras observaba sus intentos por abandonarme sin saber que nada de lo dijera o hubiese pasado haría que desistiese en mi empeño.
No podía evitar estremecerme al imaginar lo que me contaba acerca de su encuentro con Victoria. Estaba seguro de que no me relataba todo lo que había pasado, había algo en sus ojos que la delataba, que me hacía comprender que estaba ante una media verdad, ante un nuevo secreto pero sí ella no quería confesármelo, lo averiguaría por mí mismo. Permití que siguiese su estrategia, escuché con fingida calma como había arriesgado su vida por la de aquellos chuchos y me odié por haberla dejado a su suerte.
Observé sus vanos intentos hasta que no pude aguantar la distancia y la atraje hacia mí, noté como su corazón se aceleraba ante el contacto de mis manos en su cintura, me perdí en su aroma escuchando a medias lo que decía.
Mi monstruo rugía en mi interior, sentía el sabor de la venganza en mi boca, la idea de matar a Sam por haber aceptado ese absurdo plan era persistente, pero no podía por Bella y porque aquel muchacho había conseguido lo que yo no había logrado, había acabado con Victoria por mí mientras yo recorría falsos rastros en pos de un fantasma.
— ¿Puedes entenderlo ahora? —preguntó contra mi pecho sin darse cuenta de que era ella la que se aferraba con fuerza a mí.
— ¿Qué debo comprender? —respondí dispuesto a zanjar la discusión—, Victoria volvió y yo no estaba ahí para matarla, fui yo quien lo hizo mal, fui yo el que fallé mientras tú te enfrentabas con todo. Mientras luchabas contra mi ausencia y caías en ese abismo del que me hablaste. Deberías estar tan enfadada conmigo y, sin embargo, tienes la delicadeza de contarme todo lo que te pasó.
Se separó unos milímetros de mí, había remordimiento en su mirada confirmando que no me narraba todo lo que había pasado.
— Ódiame, Edward. Es la única manera de conseguir que pueda marcharme, entiende lo que te cuento —tenía sus transparentes ojos anegados en lágrimas que intentaba contener.
— Te amo —acaricié su mejilla y sentí como se agitaba su respiración—, te amo —repetí mientras sus lágrimas mojaban mi mano, sostuve su mirada, viendo la lucha que estaba librando por protegerme de algo que no se atrevía a anunciarme.
No consentiría que sus temores se impusiesen en nuestras vidas, había descubierto que aquello sólo conseguía lacerar nuestros corazones, que hería a todos los que nos rodeaban.
— ¿Por qué esto no funciona? —murmuró más para ella misma que para mí mientras rompía el contacto que me afanaba por mantener.
Cerró los ojos, evitando mirarme, perdiéndose en algún recuerdo, buscando una manera de hacerme entender algo que no creía que fuese así. Era ella la cabezota, la que estaba complicando la relación en ese momento, pero entendía sus motivos, comprendía sus miedos y a pesar de haber desnudado mi corazón frente a ella aun no parecía creerme del todo. A pesar de que nos separaban sólo dos pasos la distancia se me antojaba inmensa.
— Sabes lo qué le pasó a la primera chica que fue amable conmigo en la universidad —negué con la cabeza intentando contener la exasperación que me producía su actitud—, una noche después de salir de mi apartamento la asaltaron, le había prestado mi abrigo porque había olvidado el suyo. Siempre he creído que no era a ella a quien buscaban sino a mí. Siempre a mí —murmuró con tristeza.
Deseaba tanto borrar cada mal recuerdo, cada sensación que le produjese dolor, quería verla feliz y había pensado que mi intención de convertirla lo haría pero su mente jugaba en mi contra, le hacía revivir momentos pasados, circunstancias que ya no podíamos cambiar pero que aún la afectaban.
— Después de eso decidí no relacionarme con nadie, no quería que nadie más sufriese por mi culpa. No pude librarme de Seth y de Jacob porque son unos tercos que no atienden a razones pero he intentado con todas mis fuerzas apartarme del camino de todo el que me conoce.
— Bella, mírame —le pedí mientras intentaba descifrar lo que pensaba, acaso podía creer que aquellos motivos tan insignificantes podían asustarme—, ¿olvidas lo que soy? —hizo un gesto negativo con la cabeza pero podía leer en sus ojos su obstinación—, me preocupa lo que pueda pasarte a ti no a mí. Me inquieta que te arriesgues mientras yo trato de llegar a ti, mientras acepto tus peticiones y tus motivos dejándote a merced de cualquier desalmado.
— Y sí te digo que no te amo.
— No te creo —había rebeldía en su mirada, luchaba contra algo que escapaba a su control, porque mi empeño era más grande que el suyo.
— Y sí te informó de que me marcharé en cuanto le den el alta a mi madre.
— Te seguiré a donde vayas, me tendrás tras de ti como una sombra o a tu lado como tu pareja.
— Y sí te cuento que estas en peligro por estar junto a mí.
— Me aferraré más a ti y combatiré contra lo que venga, porque eres todo lo que soy, sin ti no encontrarías de mí más que una carcasa vacía. Sí tengo que morir por ti lo haré sin pensarlo sabiendo que habrá valido la pena el sacrificio —casi pude ver como una barrera caía a nuestros pies en aquella guerra cruzada de declaraciones. Cruzó los brazos contra su pecho pero su corazón latía desbocado ante mis palabras.
— Y sí
— Y sí simplemente me amas, sin temores ni preocupaciones. No quieras controlarlo todo, no quieras salvar al mundo ni pienses que todo lo malo es por tu culpa porque no es así —había salvado la distancia que nos separaba, acaricié su cabello entre mis dedos mientras ella me miraba angustiada—, ya no luches más por algo que no tiene sentido, no soy tu enemigo, Bella.
— Lo hago por ti —afirmó en un murmullo quedo.
— Tú por mí y yo por ti, estamos dispuestos a cometer cualquier error. Pensemos en un nosotros por una vez.
— No —replicó tan bajo que cualquier persona normal no lo habría oído.
Estaba inclinado a demostrarle lo equivocada que estaba con su actitud, me separé de ella y pude escuchar como contenía la respiración, su corazón se ralentizó hasta casi detenerse. Expectante ante mi cambio de actitud.
— Entonces quieres que me aleje —no contestó y me miró con el terror inundando sus pupilas— bien.
Me di la vuelta y me encaminé hacía la puerta a paso lento. Sentí como daba un paso hacia mí y luego se detenía. Escuché como se retorcía las manos y contenía el aliento mientras yo llegaba hasta la puerta y sujetaba el picaporte.
Me volví hacía ella e intentó aparentar una frialdad que sabía que no estaba sintiendo, su tormento era palpable en el ambiente.
— Me cansé de rogarte —hice una pausa evaluando el impacto de mis palabras, estaba desorientada ante mi actitud—, tienes razón, no tengo que librar tus batallas, ni combatir a tus demonios. Creo que no me amas tanto como tú misma afirmas así que eres libre, no seguiré atormentándote con mi presencia.
No podía calmar la rabia que corría por mi cuerpo, jamás pensé tener que enfrentarme de nuevo a algo que me recordase mi propia muerte pero ahí estaba la prueba de la maldad que había en el mundo. Intentaba protegerme en mi banalidad para no pensar en mi propia muerte, en lo que había perdido cuando Royce me desgració, en mis sueños incumplidos pero lo que le habían hecho a esa joven era suficiente para devolverme a la realidad.
Salí del hospital y caminé sin rumbo echando desdeñosas miradas a quienes me dirigían más atención de la normal. Odiando a todos los hombres que herían a las mujeres que les rodeaban. Lo peor de todo era que ahora entendía los motivos de Edward para convertir a Bella, en mi interior luchaban el rechazo y la aceptación de lo que pasaba. Yo tampoco querría perder a Emmett.
Su recuerdo paralizó mis pies, me había mirado con adoración una vez que volvió a la vida tras la transformación. Me había sentido de nuevo importante, vital para otra persona, ese día me había dado cuenta de la fuerza del amor correspondido. No podía asemejarse a lo que sentí por Royce, en él sólo había encontrado la manera de alcanzar mis sueños, pero no había amor en sus ojos cuando me miraba, sólo lujuria pero era tan vanidosa que había tenido que sufrir, había tenido que perder todo lo que anhelaba para darme cuenta de lo que realmente era importante. Un eco del pasado acudió a mi mente, dándome más motivos para comprender a mi hermano.
.
— Está irremediablemente loca —señalé mientras observaba como Edward y Bella se dirigían a la clase de Biología.
— Rose simplemente se quieren —argumentó Emmett que estaba sentado junto a mí en la mesa del comedor del instituto, por primera vez estaba molesto conmigo pero la situación de inestabilidad que vivíamos por culpa del perfecto de mi hermano era suficiente para mantenerme en mi postura.
— Acabará por delatarnos a todos, nos pone en peligro, nos expone y tú les defiendes —murmuré al ver que Mike se acercaba a nosotros.
— Edward la necesita tanto como él a ella. Acéptala de una vez por todas, Rose.
— No ve a todo lo que renuncia al querer ser como nosotros.
— Amor, sí tú no me hubieses convertido ahora yo no estaría aquí a tu lado —me cogió la mano con ternura, cuando le miraba sentía como mi determinación flaqueaba— Edward merece sentir lo que está sintiendo y Bella ha elegido por sí misma.
Las palabras de Emmett resonaban en mi cabeza, aquellos extraños años habían hecho que mi Emmett estuviese más decaído. A veces, no le reconocía mientras lamentaba todo lo que había pasado, cada miembro de la familia se culpaba por la decisión de Edward, todos pensaban que podían haber hecho más de lo que hicieron para hacerle comprender el error en el que se encontraban.
Por mi parte, después de un tiempo comprendí que sí hubiese hablado con Edward dejando a un lado mis propias motivaciones quizás le habría dado el impulso que necesitaba para buscar a la muchacha. Debía haberle hecho entender en la clase de mundo en el que Bella vivía pero había pensado que ella tenía una oportunidad que no debía desaprovechar.
Carlisle se situó a mi lado y me miró comprensivo. Iba a hablarle cuando un olor apenas perceptible me atrajo hacía el coche que sabía que era de Bella. Apenas era un rastro mínimo.
— Carlisle, ¿percibes ese aroma?
Mi padre se detuvo por un segundo pero no pareció notar nada. Entonces recordé donde lo había olido antes, la habitación de Leslie, la ropa que la joven llevaba y que descansaba dentro de una bolsa de plástico, estaba impregnada por ese indicio. Era un olor a cera derretida, el mismo que notaba junto al coche de Bella.
— No sé a qué te refieres Rose. Quizás deberíamos hablar acerca de
— Espera —me agaché junto al coche, al lado de la puerta del conductor, debajo del volvo había una colilla y ahí es donde se concentraba el insólito aroma. Pertenecía al acosador de Bella, estaba segura. La cogí y se la tendí a Carlisle que me miraba desconcertado por mi comportamiento.
— ¿Qué pasa? —me preguntó mientras cogía aquella colilla.
— ¿No notas el olor del que te hablo? —negó con la cabeza—. El médico dijo que a Leslie la quemaron con cigarrillos y esta colilla pertenece a quién lo hizo, no sé qué misterio hay Carlisle, pero la habitación de esa joven tenía este olor que no podéis apreciar.
— Esto se complica, ¿es posible que nadie más lo haya notado? Hemos pasado el tiempo suficiente con Bella para haberlo apreciado sí ese hombre se ha acercado más de la cuenta.
— No escuché a Edward referirse a esto en ningún momento.
¿Podía ser posible que ninguno de mis hermanos hubiese percibido a aquel tipo?, ¿cuántas veces había estado cerca de Bella sin que se hubiesen dado cuenta?, ¿habría entrado en su casa? Pensé mientras Carlisle y yo volvíamos hacía el hospital a realizar las preguntas pertinentes.
Se marcha pensé mientras observaba como paso tras paso Edward se distanciaba de mí. Estaba consiguiendo lo que buscaba pero mi corazón sangraba con cada metro que recorría. ¿Cuántas veces tendría que pasar por aquello? Me pregunté mientras él sujetaba el pomo de la puerta dispuesto a dar por válidos mis argumentos.
No sollozaba mi alma mientras mis ojos permanecían aterrados ante la evidencia de mis actos, quería negar mis palabras, correr tras él pero mis pies estaban enterrados en el fango de mis mentiras. Mi corazón palpitaba irregularmente, como sí bombease los últimos latidos que le quedaban, en breve me convertiría en una alusión indeseada en su día a día.
— Espero que seas feliz —afirmó mirándome completamente serio— porque yo no podré.
Abrió la puerta con fuerza excesiva sacándola de sus bisagras pero no le importó y la apoyó sobre la pared de la habitación sin intención de colocarla.
— Edward —le llamé contra mi voluntad pero él simplemente se detuvo sin girarse para mirarme—, lo siento —señalé quebrándose mi voz, no pude contener por más tiempo las lágrimas, ojalá hubiese otra manera pensé mientras observaba su espalda, mientras sentía la tensión que recorría su cuerpo. Mi mente me decía que era lo mejor pero mi alma se revolvía contra mí.
— No hay nada que sentir —afirmó sin moverse del vano de la puerta. No pude evitar sollozar aún más fuerte.
— Nunca he querido hacerte tanto daño —musité inconsolable, sí al menos hubiese una manera de estar juntos.
— ¿Qué más quieres de mí? —preguntó sin levantar la voz y mis deseos de tenerlo, de consolar la herida que le había causado ahogaron mis palabras. Él siempre estaría por encima de cualquiera de mis anhelos.
— No puedo dejar que te marches sin que entiendas que te amo más a que a mí misma —argumenté egoístamente sin poder refrenar mi lengua. Se mantuvo callado, no podía ver la expresión de su rostro ante mis palabras pero no quería que pensase que no le amaba, no podía dejarle irse así.
— Demuéstramelo —me pidió volviéndose hacía mí, había un brillo de triunfo en sus ojos dorados.
En qué instante traspasé el espacio que nos separaba era un misterio pero al segundo estaba sumergida en su abrazo, besando sus labios con toda la pasión que despertaba en mí, quemándome en nuestro propio fuego.
Le atraje hacía mí impidiendo que se separase, pero él me respondía con la misma intensidad y urgencia. No podía abandonarle, necesitaba acumular más recuerdos, necesitaba sentirme viva en sus brazos, saber que él siempre estaría ahí para sostenerme hasta en los peores momentos.
Sus manos recorrieron con premura mi espalda, agasajó mis labios con los suyos, rozándoles, incendiando las brasas que me consumían, sentía como mi cuerpo respondía a cada de sus caricias, hasta la más mínima lograba enardecer mi deseo. Me perdí y me encontré a salvo, me aferré a su cuello mientras notaba el arrebato de nuestras pasiones uniéndose a su antojo.
Siguió besándome una y otra vez, nuestros cuerpos estaban ansiosos por completar lo iniciado, por descubrir los secretos perdidos del amor. Sentí su mano sobre mi cabello, oí como resoplaba manteniendo la compostura pero no se apartó atrapado en las sensaciones que estábamos experimentando. Mi mente era un colador que no retenía nada que no fuese aquel instante compartido, lo habíamos ansiado durante tanto tiempo.
Nos separamos poco a poco, los dos a la vez sin dejar de mirarnos a los ojos, sin romper los lazos que nos unían. Tratando de pensar pero sin poder centrarnos en nada que no fuese los labios del otro. Rocé con mi pulgar su boca y depositó un beso en él.
— Ahora vuelve a pedirme que me vaya —me desafió mientras me reponía de aquel ataque a mis sentidos.
El hombre se situó al lado de la cama de Leslie mientras intentaba reunir el valor para acabar con su vida. Tenía una hija de la misma edad que aquella joven pero había tantas cosas en juego, tanto que salvaguardar, no podría enfrentar el escándalo de lo que había sucedido en el Campus. Sí ella moría podría tapar el altercado, alegar que había sido un accidente o un suicidio.
Llevaba más de diez minutos buscando motivos para hacerlo, sí tuviese menos convicciones religiosas sería más fácil pero había sido criado dentro de los preceptos del cristianismo y sus valores se amotinaban cada vez que intentaba sujetar la almohada encima del rostro de la joven.
Apartó de un manotazo todo lo que no fuera sus propios intereses y los de la universidad que tanto amaba y colocando la almohada sobre el rostro de Leslie la apretó contra él, estaba tan concentrado en lo que hacía que no sintió cuando alguien le sujetó por detrás con una fuerza descomunal, zarandeándole.
Gracias a mis chicas: Cerezo, Adri, Mherary, Rosh, Maleja, Soledad, Chicasagacrep, Eddie, Darky, Yesiita, Lis, Jim Hale y Leslie, alegráis mis días y me concedeís claves para seguir la historia, hacéis una labor importantísima para mí. Gracias a las nuevas personas que habéis decidido seguir la historia.
Os cedo la palabra para que dejéis vuestras impresiones sean cuales sean. Besos.
