Asdljasldjskla, ¡holiiiis!
Como mencioné en la actualización de Haunted Moon, mis vacaciones ya están terminadas u.u, por ende aprovecho éste día para actualizar todos mis fanfics... O mejor dicho, la mayoría, los que tengo más activos porque su final esta cerca. Aunque a éste aún le quedan varios capítulos.
Recuerden que anteriormente había mencionado que estos capítulos estarán cargados de drama, así que espero se hayan preparado, porque no me hago responsable(?).
Disfruten de la lectura, eh xD
/Domingo 22 de Septiembre del 2013/
La habitación del hospital estaba tranquila, casi silenciosa, cosa rara, siendo que el paciente era Kise, quién no era de mantenerse callado ni por cinco minutos sin importar estuviera bien de salud.
Pero esta vez, era así, quizá porque llevaba pensando más de lo que él mismo lo hacía. Era una suerte que Kuroko no estuviera en esos momentos o s ino, no podría ser capaz de ocultar lo que le asechaba en el corazón desde ese día en el que Kagami había recuperado la memoria.
Estaba preocupado, demasiado preocupado por las cosas y su cambio que estás tendrían no solo para todos, sino principalmente para Aomine y por más que quisiera, no podía quitarle importancia al moreno en esta situación, no cuando a ese chico también le debía ciertas cosas, que si no hubiera sido por él… Tal vez ni siquiera seguiría existiendo ahora.
Quería ayudar a Aomine, quería hacer algo por él, no podría sentirse bien consigo mismo sino hacía algo al respecto, ¿pero qué? Y tampoco podía levantarse e ir a verlo a su casa, porque todavía no le daban de alta.
Kise estaba recostado en su cama y aunque había tomado algunos analgésicos, sentía cierta molestia en sus piernas. Le habían operado en una, debido a que esa si recibió directamente el golpe de la bala, pero de la otra solo fue un rozón, nada demasiado grave, aunque obviamente debería de tener muchísimos cuidados. Estaría quizá más de tres meses fuera del trabajo o algo así le había comentado el doctor cuando le fue a hacer una revisión general. Era algo fuerte y preocupante, pero su amable manager, pese a que le regañó, había dicho que ya tenía todo arreglado, el problema ahora sería, ¿qué decirle a los medios?
Al ser un famoso modelo, era lógico que de un modo u otro, terminaría enterándose de lo sucedido, mas tampoco podía permitirse el decir el verdadero motivo porque no quería exponer a sus amigos en eso y seguramente, Akashi le regañaría por abrir la boca. Y en estos momentos, Kise no quería más problemas o complicaciones, también se sentía algo frustrado por tener que faltar en su trabajo, siendo que lo disfrutaba mucho. Lo bueno de todo esto, era que al menos podría estar más tiempo con Kuroko, pero hasta eso, no quería que este se viera obligado a tener que cuidarle, porque era su adorado novio, no su enfermera.
Justo estaba pensando en este, cuando la puerta se abrió y el peliceleste entró.
— ¡Kurokocchi! —exclamó Kise y su rostro se iluminó con una sonrisa amplia.
—Kise-kun —saludó Kuroko, que aunque estuviera inexpresivo como siempre, una pequeña sonrisa adornó sus labios y su mirada trasmitió la calidez del amor que existía en su relación. No perdió tiempo y se acercó hasta sentarse en la cama de su novio, acercándose para dejarle un casto beso en los labios de este— ¿Cómo te sientes hoy?
—Muy bien, la verdad, ¡ya quiero salir de aquí, moo, es tan aburrido! —respondió Kise impaciente y suspiró. Parecía un perrito deseando salir a pasear con su dueño.
—Todavía es muy pronto, Kise-kun, solo han pasado dos días —dijo Kuroko, neutral como siempre, bajando la efusividad del rubio.
—Pero, Kurokocchi… —Kise hizo un mohín.
—Debes ser paciente, además creo que es más seguro que estés aquí —comentó Kuroko con cierto toque de preocupación en su mirada. Y es que, no podía negar el hecho de que había estado lleno de inmensa ansiedad y preocupación aquel día en que pasó todo y existía la posibilidad de que su rubio no volviera… Negó, no era bueno ponerse a pensar en eso.
Ryota se dio cuenta y su expresión se volvió cariñosa, por lo que alzó la mano diestra para acariciarle el rostro al peliceleste.
—No me pasará nada, Kurokocchi, ya estoy bien.
Tetsuya simplemente le miró unos segundos, para después cerrar los ojos e inclinarse hacia la caricia que su novio le daba.
—Tú eres mi todo, Kise-kun, no podría estar tranquilo si algo te pasara —confesó.
Y el rubio se sintió morir de amor por esas palabras, no es que Kuroko fuera un "tsundere" que no dijera sus sentimientos, pero normalmente quién derrochaba cursilería y media era Kise, no él.
— ¡Oh, mi Kurokocchi, yo te amo tanto! —no resistió más y jaló suavemente del brazo al chico para estrujarlo en un abrazo.
El aludido muchacho correspondió y sonrió suavemente.
—Kise-kun, tus heridas…
—No pasa nada, no dejaré de demostrarte mi amor solo por esto —musitó Kise, con alegría y luego alzó del mentó al peliceleste para empezar a besarle.
Kuroko no tuvo tiempo de negarse ni decir nada más, simplemente correspondió, gustoso.
Sin embargo, pese a que no había dicho nada cuando entró a la habitación del modelo, su habilidad observadora fue capaz de notar cierto gesto diferente en el rubio. Kuroko se podía dar una idea de que era lo que podía rondarle en la cabeza al otro, pero no quería ponerse a pensar mucho del tema, después de todo, él también estaba preocupado por Aomine, como Momoi y sus demás amigos. E incluso de Kagami.
Mas tampoco era tonto, sabía que tenía un significado diferente cuando se trataba de Kise.
No era que estuviera inseguro, así que era mejor no ponerse a pensar en eso o era lo que pretendía Kuroko el día de hoy, pues solo quería pasarlo bien con su novio este fin de semana, no obstante ahora que ya estaba en clases quizá no podría venir todos los días.
O por lo menos, esa era su intención, pero luego que se rompiera el beso y se pasaran como dos horas platicando de algunas cosas referentes a la salud de Kise y de sí tenía alguna idea para decir a los medios cuando llegara el momento de la entrevista, este último, puso en palabras su preocupación extra.
—Kurokocchi, ¿sabes qué ha pasado con Kagamicchi y Aominecchi?
—He intentado hablarles; Aomine-kun sencillamente no responder a mis llamadas y Kagami-kun aunque las responde, siempre evade el tema —contestó Kuroko, serio.
—Eso significa que las cosas no están nada bien… —Kise sonrió sin ganas y suspiró. Quería, ahora más que nunca quería hablar con el peliazul para saber cómo estaba, aunque era obvio que nada bien por lo que dijo su novio, ya que los estaba ignorando por completo a todos.
Y para Kuroko, ese deseo en su pareja no pasó desapercibido, por lo que añadió:
—Momoi-san me dijo que Aomine-kun no ha salido de su casa, se la pasa en su habitación jugando videojuegos.
—Vaya… —Kise lucía preocupado, no podía ocultarlo— Tal vez sería bueno ir a verle y hablar con él.
—No sabemos qué fue lo que realmente pasó, Kise-kun, creo que no seríamos de gran ayuda hasta que Aomine-kun o Kagami-kun quieran contar lo que pasó —Kuroko lucía inexpresivo por completo, como si no notara ese timbre de urgencia en el rubio.
La verdad era qué sí sabía lo que había pasado entre sus dos amigos, porque en un arrebato de ira por Kagami, se lo terminó gritando por el teléfono, además de que luego Momoi se lo confirmó; ambos chicos habían terminado su relación.
No fue sorpresa cuando se enteró, lo venía venir no como si fuera alguien negativo, si no por cómo sucedieron las cosas en el hospital, era lo más lógico pensar, sobre todo por el carácter de ambos. Y era obvio que eso no le sentó nada bien a ninguno aquella ruptura, pero adivinaba que intentarían sobrellevarlo.
Sí, Kuroko le estaba ocultando eso a Kise, porque sabía bien que si así estaba todo preocupado, si sabía eso… Probablemente movería cielo y tierra para ponerse en contacto con Aomine y en su estado, eso era peligroso.
—Es demasiado… Lo que Kagamicchi venía cargando, no es justo para Aominecchi —dijo Kise con el gesto serio, cosa rara en él, siendo tan expresivo y alegre.
Kuroko hizo como que no se dio cuenta de eso.
—Kagami-kun no lo está haciendo a propósito, él tenía amnesia.
—Sí, lo sé, lo sé, pero si ama como dice a Aominecchi, ¿por qué duda tanto? Ese día, parecía que él solo estaba para Himuro, yo lo recuerdo bien —alegó Kise, alzando la mirada al peliceleste—. Sí ama a Aominecchi, la forma en que trataba a su "hermano" debería ser diferente.
—Kise-kun, esta situación no es fácil —Kuroko suspiró, algo contrariado. Pero bueno, total, el rubio no sabía bien que cosa sucedió, porque ese día en que quedó expuesto que el pelirrojo y su "hermano" eran una pareja que estaban por casarse, el rubio estaba salido de la operación—. Kagami-kun está comprometido con Himuro-san.
Los ojos miel del modelo se abrieron de golpe al oír eso y la perplejidad asomó en su rostro.
— ¡¿Cómo qué Kagamicchi está comprometido?! ¡¿Acaso él engañó…?! —Kise se interrumpió a media frase y negó, no se estaba olvidando que el pelirrojo había tenido amnesia y sí bien notaba extraña la relación entre este con el pelinegro, jamás imaginó que su relación fuera a ser de ese grado. Aunque quizá debió suponerlo esa vez, por como el chico de ojos rubíes le protegió— ¡Pero de todos modos, Kurokocchi! ¡Se supone que ahora Kagamicchi está enamorado de Aominecchi!
—Kise-kun, aunque Kagami-kun esté enamorado de Aomine-kun, no es fácil para él desprenderse de su pasado, no cuando es obvio que sigue sintiendo algo por Himuro-san.
— ¿Qué no es suficiente con lo que siente por Aominecchi?
Kuroko negó con paciencia y entonces, con su diestra, tocó el pecho del rubio, justo donde estaba el corazón de este y le miró a los ojos.
—Las personas pueden amar más de una vez; a veces lo hacen en diferentes tiempos, sin embargo hay ocasiones en las que suceden a la vez y aunque se ame a otra después, ese otro amor no siempre desaparece —masculló.
—Kurokocchi, si de verdad se ama, no se tendría porque fijar en otra persona —susurró ahora Kise, frunciendo suavemente el ceño.
—Eso es lo que dice la gente a la que no le ha pasado —Kuroko le miró con intensidad—. Aunque es cierto que si bien se puede amar a dos personas a la vez, el amor por cada una de ellas, es completamente distinto y diferenciar eso es el verdadero problema. Porque obviamente, no se puede tener a los dos.
—… —Kise entreabrió sus labios para intentar decir algo, pero no pudo. Era cierto, él antes de enamorarse del peliceleste, había amado a otra persona, sí… Y la verdad, ese amor era completamente diferente al amor que le tenía a su ahora novio y no se imaginaba que hubiera hecho si eso le hubiera pasado "al mismo tiempo", tal vez volverse loco— Es difícil de creer viniendo de Kagamicchi.
—Tal vez no deberías solo querer apoyar y preocuparte por Aomine-kun —dijo Kuroko y con eso dejando en claro al rubio, que en efecto, era capaz de darse cuenta de cosas que según estaba tratando de ocultar—. Kagami-kun la está pasando muy mal también. A cualquiera podría llegar a pasarle esto.
—Kurokocchi, yo no… —Kise se sintió como un idiota cuando se percató de cómo estaba sonando las palabras que decía.
—No pasa nada, Kise-kun, yo también me preocupo por ellos —Kuroko le sonrió cortamente.
No dio tiempo para que alguno dijera nada más, pues en ese momento el doctor había ingresado nuevamente, en compañía de la manager del modelo.
/Lunes 23 de Septiembre del 2013/
Se había dicho a sí mismo que si bien había sido el fin de su relación, no era el fin del mundo, para nada, porque con o sin Kagami, la vida seguía.
Porque no importaba que su corazón estuviera despedazado, que le faltara la mitad de sí mismo, que le doliera el pecho hasta cuando respiraba, que su mente no dejara de reproducir una y mil malditas veces las palabras que se dijeron el sábado en la madrugada, pese a que intentaba fundirse el cerebro en la televisión o jugando cualquier estúpido juego de la computadora o en su consola de videojuegos…
Sus piernas seguían saludables, no debería tener ningún problema con salir adelante, aunque fuera una comparación algo literal.
Aunque le enfurecía toda esta situación, Aomine no podía mentirse a sí mismo por tanto tiempo. No podía mitigar con nada el dolor que estaba cargando como una maldita cruz que además de ser pesada, no estaba hecha de madera, sino de un metal tan frío que estaba rodeado de miles de clavos que le lastimaban, por si no fuera ya demasiado el peso. Esos clavos eran como pinchazos de soledad que iban perforando su corazón, lenta y dolorosamente, dándole una sensación infinita de cansancio y amargura.
Aquel día, de no haber sido porque Momoi llegó en su búsqueda, probablemente hubiera amanecido sentado ahí, debajo de ese techo que pertenecía a una tienda de ropa que a esas horas de la madrugada estaba cerrada.
Todo se tornó de un color confuso y gris desde aquel día y para Aomine no estaba siendo nada fácil llevar la situación.
Claro que tampoco es como si hubiera pasado todo el fin de semana llorando como toda una "mujer enamorada", no claro que no. Después de todo, no siempre era lo mismo esto en un hombre a una mujer—o culturalmente esa era la creencia—, por supuesto y Daiki no le veía el caso llorar, aunque no negaba que sus ojos le picaban como si tuviera limón cada que pensaba en Kagami y en cómo es que dio final su relación.
Relación que por cierto, para el peliazul había sido la primera que tomaba en serio, porque era la primera vez que se enamoraba de alguien, era la primera vez que sus esquemas y barreras se habían derrumbado, dejando libre su corazón y sentimientos. Era la primera vez que se arriesgaba demasiado así.
Parecía estar en un ciclo masoquista, de forma involuntaria—y eso que solo habían pasado dos días, no se imaginaba como serían los demás—; tan pronto su mente quedaba libre de los videojuegos en los que se tuvo que sumir para distraerse, todos los recuerdos desde que conoció a Taiga empezaron a transmitirse como si fuera una película sin pausa alguna. Era imposible que no dejara de pensar en ese estúpido pelirrojo, no importaba que tanto se enojara por estar así de vulnerable y deprimente, simple y sencillamente Kagami no salía de su cabeza.
Y es que, parte de su persona, se reclamaba por no haberlo escuchado lo que sea que fuera decirle el pelirrojo, pero, ¿en serio algo como eso tenía una jodida explicación? A Aomine se le hacía innecesario y tampoco quería estar en una relación destructiva como pintaba que sería desde ahí su noviazgo con el pelirrojo si no lo rompía. No obstante, parecía que se estaba destruyendo a sí mismo ahora que estaba sin él.
Parecía una batalla entre su corazón y su orgullo; entre su corazón y su cerebro.
Si algo era cierto, es que Daiki no era el mismo desde ese día, ¿cómo serlo? Era como si estuviera viendo el cielo nublado, con muchas nubes tapando su amado sol.
Satsuki había querido hablar con él, pero simplemente el moreno no se prestó para recibir sermones de preocupación o algo similar, en ese momento no tenía ganas de escuchar nada. Ya bastante difícil había sido terminar con lágrimas en los ojos bajo la lluvia. Y aunque su amiga había insistido, tocando y tocando la puerta de su cuarto sin parar, no abrió.
La única ocasión en que tuvo abierta su habitación, fue cuando sacó las cosas que tenía ahí de Kagami, por las veces que se quedó con él. Porque en ese día, nada le importó y mandó todo a la mierda.
Fue un idiota por pensar que con un simple fin de semana que se la pasara en su habitación encerrado, comiendo y jugando videojuegos se le borraría ese ferviente malestar. Hoy ni ganas tenía de ir a la fastidiosa universidad; ahora no por simple flojera, no, sino por la penumbra que formaban esos sentimientos negativos en su ser.
Ese día, Momoi había vuelto a tocar la puerta de Aomine, preguntándole si iría a la escuela y diciéndole algunas palabras, sin embargo no funcionó, porque el chico no se levantó. No era que él se estuviera abandonando a sí mismo por esta ruptura, no, pero todo era tan reciente…
No podía aceptar simplemente que Kagami, su Kagami, estaba comprometido con ese estúpido emo de Himuro… no podía aceptarlo, no podía. Más que eso, no lo compartiría, para nada. Y aún con esos sentimientos, dio por terminada con esa relación, porque sería todo muy diferente si Taiga ya no sintiera nada por aquel pelinegro… Si Aomine hubiera visto en Kagami que aunque recuperara la memoria y su compromiso saliera a la luz, sus sentimientos no se verían cambiados, no hubiera llegado a eso.
Sin embargo, el pelirrojo todavía albergaba amor por Himuro, eso era tan notorio y le dolía. Eso era lo que lo había empezado a joder y herirlo, como si hubieran encendido fuego en una veladora que se consumía lentamente, pero que cuando supo la otra noticia, aceleró su fuego y en lugar de apagarlo, explotó.
Se había enterado de todo tan rápido, que en ese momento sentía que no podía… ¿Y es que como tragarse los malditos celos hacía su pareja, si está ama a dos personas a la vez? ¿Estaría dispuesto a amarlo y estar con él, sabiendo que su corazón no solo es para él?
Sí, amaba a Kagami y estaba seguro no amaría a nadie igual, pero una situación como esa… No lo sabía, estaba demasiado confundido, enojado y dolido. Y además, este ni siquiera le había dicho que lo elegía a él, al contrario… Por cómo se dieron las cosas, era obvio que Kagami ni siquiera sabía a quién demonios elegir.
Todo era tan patético, no era fácil, para nada.
—Tsk… —iba a volver a intentar dormir (porque en estos días no pudo pegar ni un ojo), cuando su celular vibró, notificándole un mensaje. Decidió ignorarlo y cerró los ojos.
No obstante, ante eso, al cabo de un menos de tres minutos, más de quince notificaciones sonaron. Por esa efusiva forma de enviar mensajería tenía dos opciones: o era Momoi o Kise. Dado que no hacía mucho la chica se había ido a la universidad, solo le quedó la otra opción. Y la ignoró otra vez, sin embargo el remitente no se rindió y continuó enviándole un montón de mensajes más, hasta que Aomine se hartó y agarró su celular para apagarlo. Justamente, en ese momento entró una llamada y accidentalmente, cuando aplastó la pantalla para desbloquear, terminó respondiendo.
— ¡AOMINECCHI! —exclamó Kise desde la línea telefónica. Sonaba ansioso, incomodando al moreno— ¡No cuelgues, Aominecchi, o juro que seguiré marcándote desde tú número de casa!
—Tch, ¿qué es lo que quieres, Kise? No tengo humor para hablar con alguien y menos contigo —gruñó Aomine con la voz terriblemente apagada—. No importa que lo hagas, desconectaré el…
—Estoy preocupado por ti, Aominecchi… Mucho… —susurró Kise, en un tono completamente diferente al efusivo o dramático que ponía cuando tenía negativas.
Aomine fijó su mirada en el techo, quedándose en silencio. Ya había oído ese tono antes, hace un par de años, no creía volver a oírlo de la boca de Kise, sobre todo por como era su situación ahora. Pero eso no fue lo que le sorprendió, sino el hecho de que cuando el modelo le habló así, fue como si el viento intentara disipar un poco las nubes que tenían nublado su cielo triste; la sensación no era desagradable, aunque estaba demasiado lejos como para hacerlo sentir bien realmente.
—No necesito que te preocupes por mí, quién está herido eres tú y en el hospital, no yo.
—Moo, todos han venido a verme, menos tú —la voz de Kise sonó tristona—. Te haría bien salir.
—Hah, nos vemos, Kise —Aomine negó y antes de colgar, añadió: —Si empiezas a joder al teléfono de casa, quitaré la línea.
—Yo solo quería saber si por lo menos estabas vivo —dijo Kise, intentado bromear.
—Pues lo estoy, sería un desperdicio matarme siendo tan sexy —bufó Aomine, que aunque no tuviera humor para algo, fue inevitable que su pequeño lado ególatra no saliera a flote.
Y es que era imposible que lo que trasmitía Kise en su voz mediante la llamada telefónica, no fuera contagiosa.
—Moo, ya sales con eso, Aominecchi —Kise se rió nervioso, pero algo más aliviado de notar que después de todo, si su amigo estaba mal emocionalmente, no había perdido su esencia.
—Como sea, adiós, Kise.
Y Aomine colgó.
/Martes 24 de Septiembre del 2013/
Había tenido suerte que ese mismo sábado en que todo se derrumbó y su corazón se vio jodidamente dañado, su padre le confirmara en la tarde que su nuevo departamento ya estaba listo para él. No sabía qué demonios hubiera hecho sí tenía que verse obligado a ir nuevamente a la casa donde Aomine y Momoi vivían, solo porque no tenía donde quedarse, pese a que sí se quedó en el departamento de Himuro y Alex, pero obviamente no sería lo mismo.
Aunque, ciertamente, que sí se hubiera quedado a dormir bajo el mismo techo que Himuro luego de terminar con Aomine, sonaba bastante injusto y mal. Pero en ese momento, no se puso a pensar las cosas y el pelinegro fue el único que le tendió la mano en ese momento cuando ni siquiera parecía consciente del mundo, no lo abandonó y sin duda alguna, Alex tampoco iba a permitir que fuera a dormir a otro lugar cuando tenía a su familia ahí.
Y de hecho, la rubia americana no quería dejar ir a Kagami cuando este dijo que ya tenía resuelto el lugar dónde se quedaría, dándoles una pequeña explicación, omitiendo el hecho de que todas sus cosas estaban en casa de Aomine—ya luego vería como las recuperaba— y diciendo que su padre se había encargado de amueblar su nuevo departamento. Además, tampoco se quería quedar en el mismo lugar que Himuro por más de un día, no porque estuviera huyendo, sino porque no le parecía correcto realmente y todavía tenía muchas que pensar al respecto, aunque de su mente todavía no salían las palabras, las expresiones y las miradas que Aomine le dedicó al romper con él.
Por eso su mudanza no fue detenida, pero sabía que todavía tenía que hablar claramente con Tatsuya y lo intentó antes de irse, mas este no se lo permitió, al menos porque en ese momento no sería justo, ya que Kagami tenía muchas cosas que asimilar todavía también; es decir, no hacía mucho recuperó su memoria en un modo bastante… inusual. Sino que acababa de romper con alguien que amaba y Himuro no quería aprovecharse de eso, para nada, lo amaba demasiado como para manipularlo, siendo que lo único que quería era que el pelirrojo fuera feliz, nada más.
Por eso, las cosas estaban así ahora.
Kagami se negó pedirle ayuda a alguien de sus amigos por el asunto de sus cosas en casa de Aomine, tampoco estaba huyendo de él, aunque seguramente iba a ser tremendamente difícil y doloroso volver a verlo y que todo fuera tan distante, cuando no hace mucho habían estado besándose y siendo feliz como la pareja que eran. Añadido el hecho que no quería verlo…
Fue una suerte para él que Kuroko le hablara por teléfono, dónde le decía que tenía sus cosas personales, porque Momoi se los entregó. Aunque tal vez hubiera querido que alguien más le llevara sus cosas, no precisamente su amigo peliceleste, ya que sentía que estaba observándolo de más, como si analizara sus acciones y eso no le gustaba. Era peor que si estuviera preguntándole un montón de cosas referente a lo que pasó con el peliazul y por eso el pelirrojo terminó explotando sin que Kuroko le dijera nada realmente.
Este último se había ofrecido para platicar, pero la verdad era que Kagami no quería hablar del tema con nadie, agradecía la ayuda y preocupación de su amigo, mas no quería que nadie más se metiera, era su problema y él lo resolvería, no quería causar cosas de más en sus amigos por algo como esto.
Así que ahora, ahí estaba Kagami, acostado en el sofá para tres personas que estaba en su sala mediana del departamento. El día estaba algo nublado, amargo como su humor. Y tratándose de él, era difícil ponerse así de negativo y melancólico tan fácilmente, pues usualmente Taiga era de corazón fuerte y muy optimista además, no era fácil de derrumbar, porque también tenía su orgullo.
O así era en las demás situaciones complicadas que había pasado en todos sus años de vida, incluso con los problemas que surgieron entre Tatsuya y él no lo derrumbaron, aunque sí lo bajonearon, quizá porque no era lo mismo que le estaba pasando ahora.
Porque no solo había terminado con la persona que ama, sino que su cabeza seguía confundida, no solo estaba enamorado de una persona y era obvio para él que tenía que elegir a uno de los dos sino quería perderlos a ambos, pero… ¡¿Cómo saberlo?! ¿Qué era lo que se supone tenía que hacer para poder saberlo? Porque la verdad, Taiga no quería elegir, no quería tener que tomar a uno; hacerlo significaba dejar al otro y sencillamente su vida no sería la misma si uno de los dos no estaba en ella. Claro que a estas alturas, solo tenía a uno, pero tomar una decisión en este momento, sería como si estuviera agarrando a Himuro como el plato de segunda mesa y para nada haría eso. Mas tampoco era como si pudiera seguir de novio de Aomine como si nada.
De modo que, aunque la ruptura estuviera calando en su corazón con un dolor de los mil demonios que parecía querer tenerlo en un fuerte estupor y metido en la monotonía, sabía que había sido lo correcto. Sí, porque Daiki tampoco merecía estar en ese lugar, uno donde la incertidumbre e inseguridad hacían gala por la situación en que ahora estaba metido Kagami y probablemente si este último pasara algo parecido, haría lo mismo, pero… Quisiera o no, necesitaba también hablar con el peliazul, del mismo modo que debía hablar con Tatsuya.
Y pese a que Aomine hiciera todo lo posible por no querer escucharlo, tarde o temprano tendría que ir y no importaba si lo tenía que amarrar, pero debía oírlo. Porque debía ser justo, debía aclarar todo.
Obviamente que para eso, primero era el mismo Kagami que debía aclarar algunas cosas. Y seguramente podría hacerlo, cuando primero lograra sacarse las escenas de su ruptura con Aomine.
Tampoco iba a ponerse a llorar por esto, para nada. Ya suficiente había pasado estando bajo al lluvia quién sabe por cuánto tiempo y derramar lágrimas no iba a resolver el problema, pese a que en el momento en que los recuerdos empezaban a atacarlo, sentía como si se quedara sin aire, sí.
Empero entonces, los recuerdos del tiempo de la relación que duró con Himuro hacían presencia también y todo se volvía un caos; sus sentimientos se mezclaban de forma agridulce e incómoda. Eran los mismos sentimientos, por así decirlo, los percibía como si tuviera muchos dulces a la vez y para él todos supieran a azúcar—después de todo, era amor al fin de cuentas—, aunque era obvio que cada dulce tenía su propia esencia que marcaba la diferencia entre los demás dulces. Pero no podía sentirlos, solo veía los "colores", es decir, a quién pertenecía cada sentimiento.
Intentar separarlos y diferenciarlos no era de la misma forma que cuando estaba distinguiendo sus sentimientos de amor fraternal a amor romántico por Tatsuya cuando era apenas un adolescente. Esto era mucho más complicado que eso.
Y es que no solo esos sentimientos se arremolinaban en su persona, no. Seguía la culpa y el coraje por haber olvidado a Himuro, por no haber cumplido su promesa, pero se sentía un hipócrita también cuando pensaba en eso y recordaba a Aomine.
¡Todo era tan malditamente confuso!
Él mismo se exigía respuestas, porque no quería seguir haciendo sufrir a ninguno de los dos, y no podía, entre más las buscaba, más se escapaban. Quería dejarlo fluir, mas no quería demorarse.
El fin de semana completo se pasó pensando en eso… Pero solo conseguía atormentarse.
Y en más de una ocasión, se había quedado viendo fijamente el celular, justo en el icono de contacto de Aomine; no le marcaría. Porque hasta eso, también tenía una maldita lucha con su orgullo. Mejor dicho, su interior era una guerra que dejaría enormes heridas cuando finalizara el resultado estuviera frente a sus ojos, eso sería inevitable. Lo sabía.
Gruñó y negó, incorporándose del sofá.
Tal vez era mejor dejar de pensar tanto, primero que nada, le debía una explicación a Himuro, la tenía justa y había escapado de esta todo el fin de semana, intentando aceptar la ruptura—no había avanzado mucho realmente— de su relación con Aomine.
Kagami salió de su departamento e iba tan abstraído en su mente sobre las palabras que debería de usar, dado su falta de talento al expresarse asertivamente, que no se dio cuenta, que a lo lejos, cierto par de chicos le veían fijamente. De todos modos para él, el gran problema que los asechaba ahora, era el triángulo amoroso que se había formado con todo esto.
Tampoco prestó demasiada atención a las personas de la ciudad, aunque tampoco es como si fuera chocando con cada una, iba en su mundo, mismo que estaba igual de nublado y frío que el de la ciudad y su mismo aspecto; razón por la cual, más de una persona se le quedó mirando al caminar. Y es que Taiga podía ser muy expresivo también referente a sus sentimientos, a veces era como un libro abierto y no siempre podía disimular aunque quisiera. Se notaba bastante por su mirada apagada y las comisuras de sus labios caídas e incluso sus pasos al avanzar eran demasiado flojos, sin ganas. ¿Y cómo tenerlas? Si por cada paso que daba, sentía un hueco en su persona, en su interior, que algo le faltaba y ese algo había quedado perdido y capturado por Daiki.
Afortunadamente, el edificio de departamentos donde estaban Himuro y Alex no estaba muy lejos del de donde estaba viviendo el pelirrojo, por lo que solo le llevó veinte minutos llegar, caminando sin problema; ingresó y subió al elevador, agradeciendo que estuviera solo ahí, no tenía humor para tolerar a otra persona cerca de él ahora, cosa que también se notaba, por eso quizá es que también le evitaban.
Cuando llegó frente a la puerta del departamento de Himuro, se quedó viendo fijamente esta, se agarró su anillo del collar y lo vio. Suspiró y el recuerdo de él con el pelinegro, besándose en más de una ocasión, inundó su mente, provocando una sensación extraña—aunque agradable— que se combinó de forma intolerante con el dolor de su corazón.
Negó y tocó el timbre dos veces. Y no esperó mucho, cuando la puerta se abrió, dejando ver a Himuro ahí, quién leyó completamente la expresión del pelirrojo, pero que aun así sonrió como si nada.
—Taiga, no sabía que vendrías.
—Tatsuya… yo… —Kagami sintió que todo lo que se supone venía a decirle, se borró de su memoria cuando le vio, ¿cómo le hacía el pelinegro para actuar como si nada pasara? Siempre había sido así y eso era algo que admiraba de él y también era algo que amaba, porque además, también sabía diferenciarlo.
—Sé a qué has venido, Taiga, pasa —Himuro dejó de sonreír e inexpresivo, le dio el paso al pelirrojo—. Alex no está, así que… estaremos más cómodos.
—Bueno, Tatsuya, yo… —intentó decir Kagami nuevamente, cuando ya estaba sentado en el sofá y el pelinegro sentado a su lado, sin embargo, cuando se encontró así de cerca con él, viéndose ambos tan fijamente, se quedó sin palabras.
Era obvio que no quería sacar de ninguna manera a Himuro de su vida.
uwu (?)
Y ahora tal parece que solito nuestro Kagami se está ahogando en un vaso con agua. Creo que para muchos, la decisión es obvio, o eso percibo yo, pero créanme que no es tan fácil como puede aparenta xD. A mí también me costó mucho agarrar entendimiento para forjar la decisión final de Kagami y todos los factores que ahora le están pasando, jajaja.
Espero no lo odien ni a él y a Aomine, son humanos... Muy orgullosos, pero al fin y al cabo humanos :v. Y están dolidos u.u
Las cosas seguirán frustrantes para muchos todavía, así que solo pido paciencia xD.
No se olviden de dejarme sus comentarios, eh, los estaré esperando, para saber qué les pareció el capítulo y que creen que sucederá uvu.
¡Los adoro!
