Capitulo 29:
Se dio vuelta para dejar el resto de ropa de cama sobre la cómoda y, al volver, Roy ya había colocado la sabana por su lado. Ella trato de hacer lo mismo manteniendo las distancias. Pero no pudo evitar mirarlo furtivamente.
El lado de Roy estaba estirado y perfectamente liso, el suyo torcido y arrugado.
En sus ojos había un brillo que reflejaba la tensión de su cuerpo.
Sentía demasiadas cosas al mismo tiempo. Sabia que con Roy sentía algo especial, algo que aun no alcanzaba ni siquiera a dimensionar.
-Nunca has hecho esto antes, ¿verdad?- le pregunto con voz profunda y calida.
-No.
- Yo también hacia tiempo que no lo hacia.
A Riza no se le paso por alto el doble significado de aquellas palabras. Un escalofrió le recorrió la columna vertebral.
Tenia que salir de ese dormitorio.
Agarro la otra sabana y, con un rápido movimiento, la extendió sobre la otra.
-Parece que aprendes rápido- le dijo Roy mientras metía las sabanas y las mantas bajo el colchón.
Riza agarro la almohada, todavía impregnada del aroma de Roy. Parecía imposible escaparse de el.
-Bueno, listo para dormir. Mañana tengo un día muy ajetreado.
-¡Quieres que te ayude con cualquier otra cosa?- le pregunto Roy.
-¡No!
El se echo a reír.
- Entonces será mejor que te vayas a la cama y descanses.
Dormir. Mucho se temía que ahora ya no podría dormir.
-Felices sueños.
Riza salio casi corriendo del dormitorio y no se detuvo hasta haber cerrado la puerta del suyo.
Roy era conciente de la conexión que había entre ellos y sabia tan bien como ella que no había manera de evitar lo que iba a pasar.
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Frank estaba en su despacho leyendo los informes d sus hombres. Hacia cinco semanas que Elizabeth había desaparecido y todavía no había encontrado ni rastro de ella. Desde entonces pasaba las noche en vela, preguntándole con quien se habría fugado, pues sabia que no podía haberlo hecho sola. No tenaz el valor suficiente.
Sin duda Elizabeth y su amante estarían riéndose de el. Estrujo el último informe con la mano y lo echo al fuego.
Alguien llamo ala puerta.
- No Quero molestarlo, señor- era una sirvienta.
-¿Qué ocurre?
- Hay un hombre que quiere verlo, señor.
- No quiero ver a nadie- dijo, cerrando los puños con fuerza.
- Dice que tiene información sobre la señora Elizabeth.
Frank se puso en pie de un salto. Pocos era los que sabían que Elizabeth se había marchado, pues el había tenido mucho cuidado en que no se extendiera la noticia con la esperanza de salvar su buen nombre.
-¿Dónde esta?
- En el recibidor. Dice que es el capotan Bradley.
-Hágalo pasar.
Frank e traslado a una mesilla llena de licores y se sirvió un poco del que bebió un buen trago. Últimamente estaba bebiendo mucho.
Unos segundos después oyó el sonido de unos pasos en el pasillo. Tomo otro trago.
-Señor Archer, el captan Bradley.
Nada mas ver a aquel tipo, Frank sintió un profundo rechazo. Ataviado con pantalones negros, camisa blanca y claqueta azul, irradiaba una arrogancia que el repugno de inmediato. Bradley.
-¿Tiene noticias de mi esposa?- pregunto, ocultando se aversión.
-Si.
Frank enarco una ceja.
-¿Qué le hace pensar que no esta aquí?
- Puede que lo este- respondió, encogiéndose de hombros-. Quizá no fuera su esposa la mujer que se subió a mi barco hace un mes vestida de viuda- dijo antes de llevarse la mano al bolsillo y sacar la Almansa de Elizabeth.
Frank agarro el anillo. Por primera vez en cinco semanas, tenia ganas de sonreír. Acerco la sonrisa a la luz; los rubíes brillaban esplendorosos. Aquella alianza le había costado una fortuna, pero eso no le había importado porque nada mas verla había pensado que era ideal para Riza. Maldita fuera aquella mujer. Desde la muerte de su padre había intentado darle lo mejor y mira como se lo había pagado.
Apretó el anillo en la mano hasta que las piedras se le clavaron en la piel.
- ¿Dice que una mujer se rubio a su barco?
- Si. Una mujer muy bella, si me permite decirlo. Me dio el anillo a cambio de un pasaje.
-¿Estaba sola?
- Si.
-¿Y donde esta ahora?
- No puedo darle esa información hasta que acordemos un precio. Vera, mi barco se hundió hace un mes y tengo la intención de conseguir otro.
Frank sintió el deseo de apresurar a aquel tipo, pero hacia ya mucho tiempo que había descubierto que era mas fácil atrapar a una mosca con miel que con vinagre.
-¿Y como se yo que es verdad lo que me dice?
Bradley volvió a encogerse de hombros.
-La confianza es un sentimiento maravilloso, ¿no le parece?
Frank sonrió y sirvió una segunda copa.
El capitán acepto la copa, que se bebió de un solo trago.
- Es evidente de que es usted un caballero. Acordemos un precio y le diré todo lo que se.
Frank fue a su escritorio y relleno un cheque, que acto seguido le dio el capitán. Bradley abrió los ojos de par en par antes de que una sonrisa se satisfacción curvara sus labios. Se metió el cheque en el bolsillo del chaleco.
- Su esposa se subió a mi barco, el Anna St. Clare, hace poco más de un mes. Nos hicimos ala mar con ella a bordo, pero poco después nos encontramos con un temporal y el barco se fue a pique. Durante muchos días después del naufragio pensé en ella y trate de recodar de donde la conocía. Leí una y otra vez las iniciales que hay en el interior del anillo. Y entonces me acorde. Los había visto a los dos en el puerto el año pasado.
-¿Y que fue de mi mujer? ¿Se hundió con el barco?- ¿Lo había engañado aquel tipo?
-He hecho averiguaciones entre los pescadores de la zona. Parece ser que aparecieron siete hombres en la costa. Pero nadie menciono a ninguna mujer.
Frank se puso en tensión.
- Quizá se hundiera con el barco.
- Yo también pensé en esa posibilidad, pero hice mas preguntas. Nadie decía nada de su mujer, pero un hombre me hablo de la nueva ama de llaves del farero. Una mujer muy bella, de cabello rubio y ojos ámbar.
- Podría ser cualquiera.
- Si, pero dicen que es muy culta y se comporta como una dama- Bradley sonrió orgullos-. Creo que puede ser que su mujer siga viva.
-¿Dónde esta ese lugar?
El capitán Bradley le dio todos los detalles. Finalmente Frank se despidió de el y llamo a su hombre de confianza. Cuando entro, Archer había abierto la caja fuerte y estaba contando en dinero en efectivo con el que contaba para el viaje.
-¿Señor?
- Acaba de marcharse un hombre, el capitán Bradley. Encuéntrelo y deténgalo. Cuando yo se lo diga, mátelo.
El hombre asintió.
-¿Se marche de viaje?
- Si. Voy por mi mujer.
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Chicas, después de tanto tiempo alfil tengo unos minutos para tardecerles a todas las que se dan el tiempo para leer y a las que me dejan su opinión, la verdad es que he estado muy ocupada con la universidad y el trabajo así que espero me entiendas. Gracias por el apoyo y nos leemos el lunes, ciao.
