29ª noche - ¿Amiga imaginaria?
Lenalee está descalza, mojando los pies en el agua del río de la pradera por la que están viajando. Allen se ha enrollado el pantalón hasta las rodillas y está junto a ella haciendo lo mismo, tratando de estar pendiente de los estigmas de los pies de su esposa, cuyo rojo cicatrizado luce tan encarnado como si fuese una herida reciente gracias a haber liberado el nuevo nivel de poder de las Dark Boots.
-Celestial Boots… -Repite Lenalee. –Un poder y velocidad que están mucho más allá del máximo desempeño que las Dark Boots de nivel Cristal podían alcanzar… - Toca sus suaves piernas, aún levemente temblorosas, resentidas por el esfuerzo realizado. Allen secunda su acción, acariciando la tersa pierna de su esposa para calmar la vibración de esta, dejándole a ella sentir la dulce y delicada mano rasposa arrastrarse por su piel, sintiéndose segura y aumentando la sensación de tranquilidad al saber que Allen la está cuidando.
-En verdad fue increíble, Lenalee… fuiste capaz de hacer retroceder a uno de los ángeles peleando a su mismo nivel. –Luce reflexivo mientras recuerda la velocidad casi divina a la cual se desplazó, combinando su serie de patadas contra Ian, que por un momento no fue capaz de defenderse. –Sin embargo… -Deja de recordar y aprieta con firmeza la palma de su mano contra el muslo de su esposa, deteniendo su temblor. –No se hasta qué punto sea conveniente usar una habilidad así de potente, no quiero que te pase nada malo. –Recuerda un poco más atrás en el tiempo, primero verla con las piernas vendadas cuando su inocencia dejó de funcionar, y luego verla en silla de ruedas durante el ataque de los apóstoles, cuando fue la primera huésped de Lilith sin saberlo, y luego ahora una vez más, su cuerpo resintiéndose por el poder de la inocencia de su dueña.
-Estaré bien, Allen. –Lo calma poniendo su cálida mano sobre la de él, presionándola un poco contra su pierna, mirándola con tranquilidad. –Es solo que es la primera vez que lo uso; así que mi cuerpo debe acostumbrarse a moverse a esa velocidad. –Inclina su cuerpo y apoya su cabeza contra él, mientras chapotea un poco en el agua para desentumir por completo sus pies, ahora adornados por argollas negras en vez de rosas.
-Lenalee, si algo te pasara a ti, yo… -Comienza a decir, pero uno de los dedos de Lena se posa sobre sus labios, silenciando sus palabras.
-Estaré bien, Allen. –Le susurra cerca del rostro, dejando que su dulce aliento se filtre por su nariz y boca, atrapándolo en su encanto y atrayendo su rostro instintivamente al suyo, besándose de nuevo con los ojos cerrados.
-Mira Allena, papa y mama se besan. –Observa Allana, que tiene la mano suspendida en el aire como si sujeta la mano de alguien más, mas alta que ella. Sus papás detienen su beso y miran sonrojados a su hija, que parpadea llena de curiosidad.
-Allana… -Profiere Allen, nervioso.
-¿Sabe rico? Los dos tienen la cara que pongo yo cuando pruebo un dulce rico. –Compara en actitud científica. Vuelve la cara hacia un lado como si la persona invisible que le sostiene la mano la hubiera llamado. –Papa y mama hacen eso todo el tiempo.
-Todo el tiempo… -Repite Lena.
-Y… con quién… ¿con quién se supone que está hablando? –Pregunta Allen, cuya ceja derecha está temblando.
-Ahh, es que una vez los vi que estaban luchando encima de la cama. –Recuerda la niña con una sonrisa. Los Walker padres se sonrojan en extremo al escuchar eso de los labios de su hija. –Papa le quitaba la ropa a mama, y ella hacía lo mismo mientras daban vueltas. Como mama quedó encima, yo pensaba que ella había ganado. –Relata la pequeña, encarnando las mejillas de sus padres, de quienes se evapora la frescura que habían ganado al remojar sus pies.
-Allana… ¿con quién estás hablando? –Le pregunta Lenalee, extendiendo su mano hacia ella, ruborizada. Allana dirige su manito hacia ella y al tomarla es halada en esa dirección.
-Estoy hablando con Allena. –Responde la niña, obediente y honesta. Lenalee primero la abraza y luego le pone las manos sobre los hombros separándola un poco de ella, mirándola con preocupación.
-¿Allena? –Pregunta con rostro poco crédulo. Allen recuerda las palabras de Timcampy, quien desde que terminó la batalla ya no volvió a mencionar el tema. Vuelve rápidamente su mirada hacia él, que se encuentras revoloteando alrededor de Komui, de nuevo en su forma de gólem, mientras Miranda prepara la merienda sobre una manta de picnic.
-Si, Allena. –Repite Allana. Mira de nuevo a su invisible amiga y le sonríe.
-Allana-chan, papá y mamá se van a asustar si sigues hablando conmigo de esta forma… no creo que sea lo más conveniente, ¿sabes? –Le dice Allena, que en realidad está flotando en el aire mientras toma la mano de Allana, inclinándose hacia su oído y hablándole.
-La cara de Allena es bien graciosa, papa. –Le relata la hija a su padre; a Allena le sale una gota en la cabeza. -¿Podemos ir a jugar a aquel lado? –Les pregunta señalándoles hacia un vado a la orilla del río, un poco más arriba de donde están sus hasta hace unos momentos acaramelados padres.
-Sss… si, está bien, Allana. –Permite Allen.
-No te metas al agua. –Le advierte Lenalee, mirándola con la misma preocupación que papa.
-¡Sip! –Responde la niña emocionada, que sale a correr a jugar a su área designada. -¡Vamos, Allena! –Le dice a su compañera. Allena suspira y se va flotando detrás de ella.
-Perdónenme, papá, mamá… -Llora a torrentes con los ojos cerrados haciendo una cara redonda. Al irse, Lenalee se dirige de nuevo a Allen, cuya cara trasluce que está analizando alguna posible explicación.
-¿Allen? –Le pregunta todavía preocupada. -¿Qué… quién es Allena? –Su hermoso rostro ensombrecido por el nerviosismo que el comportamiento de su hija ha plantado en él hace que Allen instintivamente le muestre una cara tranquilizadora.
-Todo estará bien, Lenalee. Tal vez sea una etapa de su crecimiento. Recuerda que no ha tenido más amigos que tú y yo desde que era una bebé. –Al darse cuenta de que lo que dice es cierto, él mismo se siente culpable. –No teníamos opción, así que hemos estado viajando para protegernos del peligro sin pensar en lo que eso significa para el desarrollo de Allana…
-Allen… -Aprieta su mano y lo mira a los ojos. Allen vuelve a sonreírle, un poco forzadamente.
-Puede que Allena sea la respuesta a esa soledad. –Infiere mirando a su hija que parece estar hablando con alguien mientras juega acumulando piedritas para formar una pequeña montaña.
-Amiga imaginaria… -Repite Lenalee, tratando de asimilar el concepto. Allen luce serio, mirando su reflejo en el agua. Mientras lo hace recuerda el instante de la batalla de Lenalee contra Ian, cuando Timcampy se dirigió hacia Allana muy ceremoniosamente.
-Lo que usted diga, Allena-sama.
-Allena… -Profiere Allen. Desde junto a su acomodattor, Allena observa a la pareja, claramente consciente del tema de su conversación.
-Papá, mamá… -Repite la joven, sus palabras llenas de añoranza.
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Vaticano
Link está escuchando atrás de la puerta de Magdalena en el Vaticano. Sus movimientos han sido muy pasivos las últimas semanas, y eso lo hace sospechar que algo no anda bien. Sarubi, por su parte, fiel a las indicaciones de Link, se encuentra siguiendo a Stella, que no luce muy animada desde que regresó de su misión fallida.
-Stella-chan… -Piensa la hermana de Lenalee, escondida detrás de una columna y observando a la pelinegra salir de su habitación, dirigiéndose hacia la habitación de Magdalena por un pasillo que va hacia el lado contrario de donde la está espiando la pelirroja de fuego.- ¿Por qué estás con ellos? –Se pregunta mientras a su mente viene la imagen de Stella caminando de frente hacia los ángeles, acompañada de Magdalena.
Mientras tanto, Ian aterriza en una de las alas laterales exteriores de la sede Vaticana, dejando un rastro de plumas de brillo celeste brillante tras él, cayendo en una bola al piso, girando hasta llegar a los pies de Basti, que recién acaba de volver de entrevistarse con los Noés, sorprendiéndola de verlo caer de esa forma. El ángel apenas puede ponerse de pie, su cuerpo lleno de golpes y emanando el humo residual de la fricción del aire contra él después de haber recibido los ataques de Lenalee, quien durante ese instante fue mucho más rápida que él. Su rostro parece aterrado y confundido al pensar en el fenómeno.
-¿Ian? –Pregunta la castaña, aproximándose a él, sin tocarlo, quedándose de pie en su área próxima. El ángel la mira y al hacerlo intercambian los pensamientos de la batalla que acaba de tener lugar, haciendo que la cara de Basti se llene de la misma incredulidad que embarga la de él.
-¿Estás diciendo que una humana…? ¡¿Estás diciendo que Lenalee Walker te derrotó?! –Profiere indignada, pero más que todo sorprendida. –Pero… es humana… ¿cómo? –Pregunta sin comprender. Revisa de nuevo los recuerdos de Ian y visualiza a Lenalee envuelta en el resplandor celestial mientras las botas aladas tomaron forma alrededor de sus pies, a lo que le siguió una explosión de poder que superó el nivel de su atacante. El solo sentir el recuerdo en la mente de su compañero la hace temblar.
-Una humana… -Los ojos centelleantes de Lenalee vuelven a aparecer como una imagen aterradora en las mentes de los dos. –Una humana que evolucionó su inocencia hasta el Nivel Celestial…
-Es por culpa de esa niña; Magdalena-sama tenía razón. –Razona el peliazul, poniéndose de pie. Recuerda de nuevo la imagen de Lenalee en ese momento y distingue a su alrededor una figura casi invisible abrazándola, y atrás de ella, la niña de cabello blanco mirándola fijamente, con el símbolo de la inocencia brillando intenso sobre su frente.
-Allana Walker…
-Debemos consultarlo con Magdalena-sama lo antes posible. Si más de los exorcistas logran elevar su inocencia hasta ese nivel, las cosas podrían salirse de control. –Reflexiona mientras se sacude el polvo del rasgado uniforme. –Aunque claro, puede también que la inocencia de esa mujer sea una excepción.
-Excepción o no, no podemos tomar ningún riesgo, especialmente ahora que los Noés están siguiendo más de cerca nuestras actividades.
-¿Te refieres a Road Kamelot?
-Si… de repente parece estar más interesada en la cacería de exorcistas. –Recuerda a la joven Noé rodeada de su característica aura tétrica.
-De cualquier forma debemos reportar esto lo antes posible. Esto cambia por completo el curso de nuestros planes. –Los dos se miran por un instante, asienten y se dirigen al interior del edificio, sus pensamientos sincronizados, compartiendo información con el resto de sus camaradas. La premisa que comparten es la que ya sabían desde antes, pero que ahora honran con más determinación…
Allana Walker debe morir.
Apoyado en una de las columnas que adornan la entrada del edificio está la figura del Noé fumador, que con los brazos cruzados y sonriendo mientras sostiene el cigarro con los labios espera ser llevado por su escolta angelical a entrevistarse con la mujer que ansía ver.
-¿Vamos a ver ya a tu jefa? Estoy cansado de esperar. –Se queja el Noé del Placer. Basti suspira y asiente.
-Vamos a verla ahora.
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Es un cuarto frío y vacío, sin más compañía que las cuatro paredes húmedas y viejas que expelen la peste de la podredumbre que las corroe. En medio de la oscuridad una niña indefensa, de cabello mal cortado y piernas inertes tiembla de frío, dejando las nubes de su aliento salir al helado ambiente de la habitación.
-Malcolm dijo que vería a mis padres… -Su pequeña voz se quiebra mientras habla. -¡¡¡Malcolm dijo que vería a mis padres!!!! –Grita con toda su ira, pero su voz no hace más que rebotar contra la pared de acero, dejándola escuchar su propio eco. -¡¡¡¡Malcolm!!!!!! –Reclama con lágrimas saliendo de sus ojos, su expresión la de un gatito enojado, acorralado e intentando ser domesticado por la fuerza. -¡¡¡¡Quiero conocer a mis padres!!!!!! ¡¡¡¡A mi hermano!!!!!! –Grita de nuevo, pero no hay respuesta. –Quiero… a alguien… -Sus lágrimas caen por sus pálidas mejillas y mojan sus piernas de muñeca de trapo. –Dijo que mi hermano se llama Allen… Allen… ayúdame… -Llora hasta que su voz se extingue en el silencio. El recuerdo termina, la mujer de cabello blanco largo y ojos rojos tiene la mirada fija en la pintura que adorna la sala de estar del salón de reuniones del cuartel en el Vaticano. La imagen de dos ángeles de cabello blanco tomados de la mano la hizo evocar aquella memoria de su pasado, un tiempo donde aún tenía la capacidad de soñar con una familia.
-Allen Walker… -Profiere en voz baja. El tono de su voz manchado de un odio tan profundo como el mal que corroe sus huesos.- Tú y tu hija pagarán… ustedes no tienen derecho a lo que tienen… -Aprieta sus puños con mucha fuerza. –No lo merecen… -Repite de nuevo mientras al pensar en Allen visualiza al catorceavo fuera de control. –Es por eso que yo… -Piensa muy seria, pero es interrumpida por Stella, que ha aparecido por las puertas del salón de la pintura, la cual se extiende gigante por la pared y que le sirve de fondo a las sombras de ambas, que se proyectan en ella por la luz de las lámparas.
-Magdalena. –La llama con voz seria. Su cabello corto se mueve levemente al dar el último paso a través de la puerta para verla, mientras sus ojos rosados advierten la presión que la líder de los ángeles está ejerciendo sobre sus propios puños, acción que detiene al momento de voltear a mirarla.
-Stella. –Contesta la peliblanca de lolística voz. -¿Qué puedo hacer por ti? –Su tono cambia a actitud de jefa comprensiva.
-He fallado en mi misión. No fui capaz de traer conmigo a Yuu Kanda. –Le reporta sin una onza de emoción en sus palabras. Magdalena suspira y le da la espalda.
-Eso lo supe desde el momento en que te pusiste a llorar, bañándote en tus propias lágrimas mientras lo veías alejarse. –Se burla mientras se acerca a la pintura, poniendo la mano extendida sobre el fresco. –Recuerda que los ángeles compartimos una consciencia expandida más allá de los humanos. –Niega con la cabeza. –Cielos, todos estos años de vivir como humana te han dejado con mucho que aprender sobre ti misma, niña.
-¿Me llama niña alguien menor que yo? –Contraataca la pelinegra. Magdalena le dedica una sonrisa añeja y se mueve hacia atrás para apreciar mejor la pintura.
-Sabes tan bien como yo que la edad poco tiene que ver con la madurez, Stella; pero el que me preguntes eso me reafirma lo mucho que ese exorcista japonés ha influido en ti. Eres tan altanera como él.
-Como todo ángel. –Contesta rápida.
-Y con justa razón. El orgullo de tener un poder más allá que el de los humanos… es una actitud que ellos no tienen derecho a manifestar. –Reflexiona mientras pasa la mano por los grabados religiosos de la pared contraria. –Tu viniste a nosotros porque entendiste eso, Stella. Los humanos deben aprender su lugar en la Jerarquía Celestial, pero esos exorcistas se niegan a ver la realidad, pero ese engendro que está con ellos ha confundido el plan divino. La hija de esos exorcistas… -Pronuncia con rabia en sus palabras.
Stella guarda silencio mientras escucha a su nueva líder. Recuerda el momento de la gran explosión de luz de hace tres años, luego de haberse enfrentado contra los tres generales, cuando por un segundo pudo sentir el poder Celestial correr por todo su cuerpo, y alas brotar de su espalda. Lo que sigue a esos son visiones difusas de luz, pero eso la llevó a conectarse al plano astral donde pudo ver aquella figura. Una joven de cabello blanco largo, vestida con ropas brillantes, que abrazaba a una bebé cuya frente estaba marcada con el símbolo de la cruz de inocencia resplandeciente.
-En ese momento pude sentir los sentimientos de todos mis amigos… Yuu… Allen, Lenalee, Lavi-san, Maus-san, Komui-san, Miranda-san, todos… -Piensa Stella. –Todos esos sentimientos fluyeron hacia ellas dos, y su respuesta fue…querer proteger a todos. –Su rostro se ilumina y levanta la mirada cuando se da cuenta del resultado de su razonamiento. –Entonces… -La imagen de la explosión de luz que salió de Allana hacia la Orden inunda su mente. Le sigue el recuerdo de Magdalena habiendo encerrado a Lenalee en su inocencia cristalizada, que siente la amenaza del poder de Allana expandiéndose por toda la Orden. –En ese momento pude sentir el poder de Allana inundándolo todo… pero ella se opuso.
-Yo me opuse. –Escucha la voz de Magdalena dentro de su mente. Se dejó llevar por su razonamiento sin darse cuenta de que ella puede escucharla perfectamente. –Si no liberaba mi propio poder, la energía de ese monstruo nos hubiera consumido a todos. Es por eso que tuve que liberar mi propia fuente.
-¡¡¡Maldita Allana Walker!!! –Ambas ven el recuerdo del grito de la peliblanca, que también expulsó el poder de todas las marcas de su cuerpo, pasando al plano luminoso donde pudo ver frente a frente a Allena, que la miraba serenamente, sorprendiéndose del gran parecido entre ambas. La peliblanca misteriosa murmuró unas palabras incomprensibles y le sonrío, lo que enfureció más a su oponente. El poder de las dos se expandió en torno al otro en forma de burbujas de energía y generó una explosión que pasó al plano físico y provocó la destrucción masiva de la Orden. La onda de luz destruyó las paredes y creció hasta cubrir todo el valle, generando un tornado de luz que alcanzó a verse desde el espacio. Lo último que vieron fue a Allena mirándolos con lágrimas en los ojos. Ambas terminan de recordar y vuelven a verse la una a la otra en el salón de conversaciones.
-Allana tiene el poder Celestial. Ella misma podría ser una ventana hacia la línea Celeste. No me digas que no has pensado en esa posibilidad. –Acusa Stella, analítica. –Esa figura que viste, de esa joven de cabello blanco…
-Es solo la prueba de que es un ser que no debe existir en este mundo. Una inocencia que es el vínculo hacia la línea Celeste y que además tiene su propia conciencia… ¿es eso lo que sugieres que es?
-¿Lo has considerado?
-… Puede ser. –Admite finalmente. –Ahora vete, Stella. Tengo una nueva misión para ti. –La mira de reojo. Su tono de voz de repente es de nuevo calculador. –Haré que te demuestres a ti misma que tu decisión fue la correcta.
-¿Huh? –Profiere la pelinegra.
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Egipto
-¿Encontrarnos de nuevo con Komui y los demás? –Pregunta Maus, sorprendida. Lavi está a su lado, con la misma cara de sorpresa al haber escuchado esas palabras de boca del viejo Bookman, que los ha reunido a ambos en uno de los despachos de la biblioteca.
-Viejo, ¿Tú diciendo algo así? –Inquiere Lavi, incrédulo. -¿No eras tú quien decía que los Bookman solo estamos para observar, y que ya no nos correspondía estar con un grupo destinado a morir?
-Ciertamente. –Responde el viejo antes de seguir fumando su cigarro. –Sin embargo, como está la situación ahora, lo más conveniente para la historia es que los eventos que van a suceder sean registrados de cualquier forma posible. –Les explica reflexivo. –Eso es lo que pienso.
-Pero… ¿solo Lavi? –Pregunta la pelirroja de olor diferente. Bookman le lanza una mirada seria y niega con la cabeza.
-Por supuesto que está misión es para ser llevada a cabo por la familia Bookman. Vamos a ir los cuatro, ustedes dos, Benjamin y yo. –Informa con rostro tan serio que es casi sombrío.
-¿Benji también?
-Su entrenamiento como Bookman exige que sea testigo de los cambios que experimenta la humanidad. No hay mejor oportunidad para ello que esta. –Les dice en actitud planificadora, mirando de reojo la reacción de Maus, quien efectivamente muestra una gran ira, pero solo por unos leves segundos, y de forma casi imperceptible. El viejo sonríe y se levanta del asiento.
-Los dejaré para que puedan platicar adecuadamente. Estar consolando a tu hijo y escuchándome a mi te debe tener con muchas ganas de estar a solas con tu marido, supongo. –Comenta mientras les da la espalda y se dirige a revisar unos libros de un estante del ala de atrás de la biblioteca. Lavi se queda pensativo llevándose una mano a la barbilla mientras mira al techo del salón. Sin embargo, es interrumpido por el abrazo de su mujer, quien desesperadamente se ase a su brazo topando su cuerpo contra el suyo. Lavi siente su cuerpo invadido por el calor de sentir de nuevo las curvas de su esposa contra él, una sensación que lo golpea tan intensamente que lo hace abandonar cualquier pensamiento racional.
-Maus… -Es lo único que alcanza a repetir antes de abrazarla con todas sus fuerzas. Ella hace lo mismo, rodeándolo con su cuerpo y empujándose más hacia él, casi cayéndose de la silla durante el movimiento.
-Lavi, yo… quería verte… quería estar contigo… quería… quería… -Repite casi fuera de control, sus palabras salen hacia él como las súplicas de alguien que clama por agua en el desierto.
-Maus, yo… la misión, debemos considerar… -Se esfuerza por pensar en lo que deben hacer, pero Maus lo calla besándolo en los labios, poniéndose de pie y halándolo consigo, lo que sorprende al Bookman ya que ella nunca fue tan fuerte, pero tres años pueden cambiar muchas cosas… lo único que le importa en este instante es su olor, sus suavidad, su ser, todo lo que lo atrae, quizás mil veces más intensamente que antes, y que lo hace olvidarse de todas sus preocupaciones. –Vamos a la habitación. –Propone entregado completamente a sus sentidos. Ella asiente y le da otro beso, que él corresponde con la misma intensidad mientras pone sus delicadas manos sobre su el pecho de él, deslizándolas a su alrededor mientras trata de entrecruzar su pierna con la de él, todavía de pie. Por detrás de una de las libreras, se asoma el rostro vigilante del viejo Bookman, que encuentra que su mirada se cruza con la de Maus, que lo mira de reojo mientras besa a Lavi. El viejo entrecierra la mirada tratando de entenderla.
-¿Triunfo? ¿Dices que ahora puedes dominar a Lavi? ¿Es eso lo que esto significa? –Se pregunta mientras la mujer deja de verlo, dedicándose a halar a su esposo fuera de esa oficina hacia su propia habitación.
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Kanda y Kaori van en un tren a través de Europa para reunirse con Komui, Allen y los demás. La joven tsundere está dormitando frente a él, con los brazos cruzados y la cabeza inclinada hacia delante. El espadachín mira el paisaje que pasa por la ventana recordando una y otra vez el momento de su encuentro con Stella, sintiendo aún en su mano la calidez de su rostro cuando la tocó por un instante durante su batalla.
-Stella… -Piensa en ella dándole la espalda. Su recuerdo parece inspirarlo y saca de la bolsa de su chaqueta un pañuelo. Antes de examinarlo le dedica una mirada a Kaori para confirmar que se encuentra dormida, y entonces se decide a verlo. Deja su espada de lado y con la mano procede a retirar la envoltura del pañuelo lo más delicadamente que puede, dejando a la vista una pluma blanca. Stella la dejó caer luego de su último golpe, antes de que él usara su técnica para destruir su uniforme. La pluma se mueve ligeramente debido al movimiento del tren, temblando tan frágil, delicada, hermosa y pura como Kanda recuerda a la exorcista de la que cayó. Su rostro no muestra ninguna emoción, pero sus manos casi tiemblan al estar sosteniendo el recuerdo de esa persona por alguna razón tan especial para él. Con su otra mano procede a tocar delicadamente el tesoro, con el ánimo interior de sentir por un segundo la esencia de Stella cerca de él, y lo hace. Sin embargo, al tocarla siente que todo su cuerpo es rodeado por una velocidad extrema que lo transporta por un tubo de luces blancas y negras sin que él alcance a reaccionar.
-¿Qué? ¡¡¿Qué rayos?!! –Profiere intentando alcanzar su Mugen, pero recuerda que la acaba de dejar de lado para tocar la pluma.- Che… -Profiere mientras se prepara para enfrentar lo que sea que esté a punto de aparecer frente a él. Un instante después, las luces desaparecen y se ve a si mismo en el mundo desolado, el purgatorio de los sueños de Allen y Lenalee. Kanda levanta la mirada hacia el cielo rojo, donde está la luna tétrica que se refleja en el estanque de agua congelada que está frente a él. Los edificios destruidos parecen ser testigos de un súbito castigo de hace mucho tiempo ya. A su mente vienen recuerdos de haber hablado alguna vez con los Walker respecto a ese lugar.
-En ese mundo… no hay nada… solo soledad… y algo que aún no alcanzo a entender. –Le dijo Lenalee. El peliazul decide explorar y de un salto se desplaza hasta una de las ruinas más altas, desde donde trata de mirar, pero lo único que ve son árboles muertos y edificios desolados hasta donde alcanza a verse. De repente, junto a él está el payaso que siempre guarda el lugar para el elegido.
-¿Tu también estás aquí? –Le pregunta la sombría aparición. Kanda lo mira fríamente y luego lo amenaza con el puño, a falta de espada. –Espera, tú… -Hace cara como si lo recordara, estrellando su puño en la palma de su mano. –Es verdad, tú eres importante para esa chica, por eso estás aquí.
-Esa… ¿Chica? –Pregunta él, con cara de sorpresa mezclada con esperanza.
-Si estás aquí, es porque alguno de los que tienen permitido ver este lugar te ha permitido hacerlo. Si me preguntas, ya era hora de igual las condiciones de género en este lugar. –Le dice sin interés en su voz.
-¿Y quién es esa persona? ¿Quién me hizo venir a este lugar? ¿Qué es este lugar? –Pregunta el espadachín, mucho más hablador de lo habitual, pero lleno de dudas.
-Aquella que te ha elegido por sobre su destino y su naturaleza. Aquella que ha elegido ser lo que es por ti antes que nada. Una persona cuya voluntad sea tal vez incluso más fuerte que la del destructor… -Suspira resignado. Sin embargo, sus palabras se configuran a la perfección en la mente de Kanda, haciéndolo entender que la persona que lo trajo a ese lugar es…
-Stella. –Dice sin dudas en su voz. Stella luchó con él para poder dejarle ese recuerdo y así permitirle ver ese lugar. –Tú, payaso idiota, ¿qué es este lugar? –Pregunta determinado, dispuesto a no permitir que las intenciones de Stella queden incumplidas.
-Este lugar es la antesala al cielo y al infierno. –Explica sin interés. Un camino directo entre este mundo y el otro, pero que encierra puertas a más lados de los que ustedes se imaginan.
-Y…
-Presente, pasado, futuro, aquí, allá, principio, fin, vida, muerte… todos ellos están aquí. –Explica mientras de la nada saca unas bolas de malabarismo y comienza a hacer su truco frente a Kanda, que se enfurece.
-¡¿A qué te refieres?! –Le pregunta moviéndose hasta él y halándolo del cuello de su traje, dejando que las bolas caigan al suelo. El payaso entonces mueve la cabeza hacia un lado, indicándole a él que haga lo mismo. Al hacerlo, se sorprende al ver una escena que hasta hace un segundo no estaba ahí. -¿¡Qué rayos?! ¡¡¿Moyashi?!! ¡¿Lenalee?!
Frente a ellos hay un cuadro de ambos exorcistas llenos de golpes y heridas, con las ropas rasgadas, cubiertos de sangre. Lenalee tiene en sus brazos a Allana mientras Allen se enfrenta a un demonio sin forma, rodeado por el Conde del Milenio, por todos los Noés, Lilith y los ángeles.
-¡¡Brote de habas!! –Grita de nuevo mientras trata de correr hacia ellos, dejando atrás al payaso. Mientras corre va pasando entre los cadáveres de todos los exorcistas, incluidos sus demás amigos. Cuando llega frente a ellos, puede ver que frente a Allen está el cadáver de Stella, dos alas ensangrentadas la cubren mientras su preciado líquido rojo se derrama como el hilo de un río hacia él, llegando a tocar sus pies.
-La muerte es el destino inevitable de los humanos. –Escucha la voz de Stella mezclada con la de Magdalena. Sus ojos se desorbitan y sale corriendo descontrolado hacia el cadáver.
-¡¡¡¡STELLA!!!!! –Grita fuera de sí. Al instante siguiente, está de nuevo sentado en el asiento del vagón del tren, con Kaori apenas despertándose de su sueño. En sus manos aún tiene la pluma de Stella, con su Mugen a su lado, como si hubiera sido un sueño. Se lleva una mano a la cara y al hacerlo nota que sus pies están salpicados de sangre. –Stella…
-¿Dijiste algo, Onii-sama? –Le pregunta Kaori, frotándose un ojo.
-No, no es nada. En cuanto el tren llegue nos apresuraremos a buscar a Komui y a los demás. Esta vez las cosas van a ser diferentes. –Mira su espada. –Con la Mugen Tenken y la Sangen Tenken esta vez estamos preparados.
-¡Si! –asiente preparada.
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Basti ha entrado a la habitación de Magdalena seguida por Ian y por Tykki. Este último se quita el sombrero frente a la peliblanca, dedicándole una sonrisa de complicidad mientras hace una reverencia con todo su cuerpo hacia ella.
-Traigo saludos de nuestro Conde del Milenio, futura Papisa Allistair.
-Son bienvenidos, Lord Tykki Mikk. Hay algunos asuntos que me gustaría hablar con usted. –Le dice en el mismo tono cómplice que el usó hace un momento. Los otros dos ángeles ya han reportado la situación sobre Lenalee a su líder, pero ella parece no prestarle mayor importancia.
-Magdalena-sama, en cuanto al asunto de Lenalee…
-Basti, Ian, pueden retirarse. Tengo algunos asuntos que hablar con Lord Mikk. –Les dice mirando al Noé a los ojos. Éste le dedica una sonrisa y camina hacia ella, ante la desaprobación de los otros dos.
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Stella va volando por el cielo con sus alas extendidas, envuelta en el resplandor de luz con el que se impulsa a gran velocidad. Su cabello vuela hacia atrás por la fricción del aire, pero sus ojos y su mente no se apartan de su objetivo.
-Haré lo que me dices, Magdalena. Kanda… -Mezcla los sentimientos hacia cada uno de ellos en sus pensamientos. –Pronto todo esto terminará…
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Dos mujeres están de pie frente a un cráter del cual sale una gran cantidad de viento helado. La mujer de rostro marcado por la cicatriz, cabello negro y ojos rosados, se asoma a la orilla.
-Lo hemos encontrado. La entrada física a la línea Celeste. –Informa seria.
-En ese caso, Allen… -La castaña mira hacia arriba. –Mi regalo para ti pronto estará listo, hijo…
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Allen y Lenalee están hablando con Komui y Miranda respecto a Allena. Komui luce particularmente preocupado, mientras Miranda se limita a escuchar mientras le da de comer a su bebé. En esos momentos llega corriendo Allana, con una sonrisa de oreja a oreja.
-¡Papa, mama! ¡Allena dice que tiene algo que decirles! –Anuncia emocionada. Sus padres vuelven su mirada hacia ella, inseguros de qué creer respecto a la noticia que su hija acaba de darles. Junto a ella, Allena luce muy seria, preparada para hablar, aún sin ser vista ni oída.
(Continuará)
(Avance)
El equipo Bookman va a encontrarse también con Allen, sin embargo, entre ellos hay alguien cuyos motivos para reunirse son diferentes. Kanda y Kaori también los alcanzan con miras a prepararse para una batalla, pero no contaban con la emboscada que provocará que Allen y Lenalee por fin crean en amigos imaginarios…
Próximo capítulo de Ser Celestial
Reunión
¡Lucha por la salvación de las almas de los akumas!
(Omake)
Sale un letrero que dice "en construcción"
Se cierra el telón
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¡¡Gomen!! Otra vez no puse end, pero ya no tuve el tiempo libre que pensé que tendría, y pues, ustedes ya saben como es eso. En cuanto al cap, espero que les haya gustado. Arigato a Selene-Moonlight, a Diana Prenze y a Kazeshoujo por haberse unido a la historia, espero que les guste.
Bueno, es todo por ahora, espero que te haya gustado el cap. No olvides dejar tu comentario, que es muy importante. Ahora sí, hasta luego.
