Quería haber subido este capítulo el jueves doce, puesto que era el aniversario de la muerte de mi abuelo y quería dedicárselo a él, pero no pude. Aunque dejo claro que es para él. :( Y bueno, ahora que sabemos que Castle ha sido cancelado y que este es nuestro final, quería dejar constancia de que si estáis dispuestos a seguir leyendo, yo seguiré escribiendo aunque la serie termine. Es algo que me da la vida y al igual que yo seguiré leyendo a quién continúe escribiendo, mis historias no cesarán. Así que espero veros en mis próximas historias, con vuestro apoyo incondicional. Esta serie ha marcado un antes y un después para mi y seguro que para vosotros también, por lo tanto no voy a dejarlo todo de lado aunque termine.
Espero que os guste, ya que todavía queda mucho de esta historia y de Memories Never Die, y sigamos así durante mucho tiempo.
Besos a todos y comentad si podéis!:*
Capítulo 29. "Un padre excepcional."
El móvil se escurrió varias veces en su mano mientras intentaba asegurarse de que la llamada estaba en marcha, y él al otro lado de la línea. Lo escuchó respirar al otro lado del auricular. Una respiración ahogada, muy parecida a la suya, y que seguramente la habían producido los sollozos. La voz le tembló cuando pronunció su nombre y se escuchó a sí misma llamándolo en el eco de la llamada.
-Rick…
Separó el teléfono de su oído para mirar si de verdad él había decidido responder, o había sido su imaginación la que había hecho que le escuchase jadear. Pero allí estaba la prueba definitiva que separaba la realidad de sus alucinaciones. Los segundos corrían poco a poco en el panel de la llamada, indicando que continuaba en curso, y ya habían pasado varios. Debajo de éste, permanecía la opción roja. La que usaría uno de los dos minutos después para acabar con ella.
-Kate…
Su nombre sonó como una súplica sobre sus labios, aunque no pudiese verlos. Podía imaginarlo aferrando con fuerza el iPhone mientras contraía la mano libre en un puño que se llevaba a la boca para morderlo. Podía ver sus ojos azules empañados en lágrimas que no querían salir, y en lágrimas antiguas que ya habían rociado sus párpados y sus mejillas. Pero no podía ver dónde estaba, y eso estaba consumiéndola poco a poco.
-¿Dónde estás?-su voz se partió a mitad de la frase. Si a eso que salía por su boca podía llamarse voz. Parecía más bien un quejido lastimero de un perro malherido. Lo escuchó suspirar profundamente, y echó de menos poder ver cómo se pasaba la mano por los mechones castaños de su pelo y de paso, lo revolucionaba.
-No puedo decírtelo.-fue su respuesta a modo de susurro.
Varias lágrimas negras resbalaron por sus pómulos hasta terminar haciendo equilibrismo en su mentón. Ya no le preocupaba el maquillaje que había terminado difuminándose a lo largo de su rostro. Ni tampoco sus labios hinchados por el sollozo, o sus ojos sumamente rojos al haber entrado en contacto con el eyeliner.
-No puedes dejarme ahora.-su cuerpo se sacudió en un incontrolable espasmo. Su cuerpo no podía dejar de temblar, ni su boca. Por lo tanto era muy difícil que su palabras se entendiesen, añadiendo lo mal que se escuchaba a través del teléfono.
Se acarició el estómago, sabiendo que nada se movería debajo de ella, al menos de momento, porque era demasiado pequeño. Cogió aire a bocanadas, puesto que sus pulmones parecían haberse olvidado de respirar. La cabeza le daba vueltas. Le martilleaba de forma dolorosa, justo en la sien, y solo tenía ganas de tumbarse y dormir durante horas. No obstante aquella no era su cama, ni su casa, ni tampoco estaba allí Rick para conciliarle el sueño.
-No estoy dejándote.-fue reconfortante escuchar la seguridad que usó a la hora de responder. En otras circunstancias podría haber colgado, podría haber dudado, podría haberse quedado en absoluto silencio, o simplemente podía haber desaparecido y no haber vuelto a saber nada de él.
Las imágenes de hacía solo unas horas se amontonaban en su subconsciente intentando torturarla. Hacerle más daño del que estaba sufriendo allí mismo. Para ella, era como clavar con más fuerza el cuchillo en la herida y retorcerlo desde el mango.
-Necesito tiempo.
-¿Tiempo?-repitió ella de forma irónica.-Rick estoy embarazada. De tu hijo.-volvió a gemir.-No puedes irte ahora cuando más lo necesito.
Unas horas antes…
Golpeó varias veces el predictor contra la palma abierta de su mano mientras su mirada continuaba perdida en el suelo de la habitación. Todavía era incapaz de creerse lo que unas simples líneas eran capaces de cambiarle la vida a una persona. Lo que la palabra "positivo" abarcaba. Lo irresponsable que había sido al no haber sido consciente de que se había acostado con Rick sin protección, aunque no recordase cuándo había sucedido. Ella no era de esas chicas que no les preocupaba quedarse embarazadas, mantener relaciones sexuales sin preservativo y todo lo que eso conllevaba. Por eso continuaba en ese extraño trance, abstraída del exterior. Tampoco encontraba la manera de encajar la ráfaga de sentimientos que intentaban hacerla reaccionar. Por un lado el sentimiento maternal que siempre había tenido dentro le daba la enhorabuena, más aún si el padre del bebé era el hombre del que estaba enamorada. Por otro, el miedo de lo que podía convertirse su vida a partir de ahora, sabiendo que debería criar a un niño sin tener trabajo, sin haber terminado la carrera… Además de lo que pudiesen pensar sus padres.
Si cerraba los ojos podía ver la mirada aterrada de los dos, el gesto descompuesto de sus rostros, o peor aún, ese toque de decepción al haberles sorprendido con algo que nunca hubiesen imaginado. Porque a fin de cuentas, solo le importaba lo que su familia pudiese decir al respecto, no lo que sus amigos, conocidos y demás pudiesen criticar. Le dolía que ella misma se hubiese fallado. Que su madre la hubiese advertido por teléfono el día de su cumpleaños, a pesar de que ahí ya estaba embarazada, pero no lo sabía. Sin embargo, las reacciones en contra de Rick serían el doble de duras. Achacarían sus argumentos a su irresponsabilidad, incluso veía a su padre diciéndole a su madre delante de ella que seguro le había propuesto él hacerlo a pelo, sin importarle lo más mínimo si sucedía algo con ella. ¿Quién le aseguraba que no iría a buscarlo para preguntarle personalmente si se haría cargo del niño? ¿Si le pasaría una manutención? Apostaría cualquier cosa a favor de que la idea de su padre era, ni más ni menos, que Rick dejaría de lado su función de padre y la abandonaría a su suerte.
Rio en voz baja, negando lentamente con la cabeza. No fue consciente de que estaba llorando de nuevo hasta que una de las lágrimas resbaló por su mentón para aterrizar después en la mano que sostenía el predictor-ahora positivo-. "Rick sería incapaz de hacerme eso." Se repetía una y otra vez en su subconsciente.
-¿Cómo estás?
Nikki, que había decidido darle un respiro de unos minutos, en lo que tardaba en bajar, hablar con James, explicarle por encima qué estaba sucediendo y regresar a la habitación para cambiarse el trikini por ropa normal, la observaba por el resquicio de la puerta del baño. Kate se fijó en sus piernas desnudas desde la mitad de los muslos hasta los pies y después en la camiseta simple de pijama. Recordó las sensaciones extrañas que le habían cogido por sorpresa cuando había besado a Sandra de aquella forma, cuando la había mirado a los ojos y había visto la excitación empañando sus iris o la mirada ardiente que le había lanzado en el supermercado, delante de Rick. Ahora, con semejante mujer enfrente, ya que la detective Nikki Heat era una mujer espectacular, pensó qué podía haber pasado para que Sandra la hubiese hechizado y Nikki no. Nunca antes se había fijado en una mujer de esa manera, y temía pensar que tal vez era bisexual.
-Impactada.-la vio cambiando la mirada hasta cargarla de ternura.-No sé cómo afrontar esto.-levantó el predictor. Se dejó caer contra el colchón de látex, sintiendo su cuerpo amoldándose a él, mientras que estiraba todas sus articulaciones agarrotadas por los nervios. Quería dormir durante horas, o tal vez meses, hasta que todo eso hubiese terminado y no estuviese al borde de un infarto. Hasta que Rick apareciese y supiese que serían padres en menos de un año. Hasta que estuviese cien por cien segura, de que la situación no le afectaría después de lo de Kyra y le dejaría con una mano delante y otra detrás.
Cerró los ojos con fuerza. El techo blanco dejó de existir y en lugar de eso, se internó en una inmensidad negra salpicada de puntos de colores.
-Al principio todo es muy duro.-la voz de Nikki sonaba suave, dulce. Seguramente intentaba tranquilizarla. La imagen de Kate en ese momento no era la de una persona segura de sí misma, ni tampoco serena. Se veía voluble ante cualquier cosa que pudiese sucederle. Sus defensas habían disminuido hasta tal punto que parecían haber desaparecido.-El no saber si vas a poder darle lo mejor. El no saber si estás preparada para afrontar algo así. El no saber nada, en general.
-Tengo veintiún años desde hace un día, Nikki.-gimió.- ¿En serio crees que soy capaz de ponerme en pie, hacer como si nada ha pasado y esperar al parto? Es que es imposible.-escuchó a la detective acercarse al pie de la cama con un sigilo increíble. Podía deberse a que caminaba descalza encima del parqué, pero era más bien parte de su formación profesional como policía. Sus movimientos eran gráciles, sin ninguna brusquedad. Algo que habría aprendido en la academia a la hora de abordar una táctica en alguna misión importante. Añadiendo la seguridad con la que se movía. Lo supuso en el momento que la vio por primera vez, cuando Rick regresó a La Guarida para salvarla de los brazos de Scott y ella acudió allí para asegurarse de que él estaba bien.
-Tienes el apoyo de Rick.-respondió Nikki recostándose encima del edredón nórdico.
De haber tenido los ojos abiertos, los habría rodado. ¿Rick? ¿Quién sin razón aparente se enfadaba con ella y le ignoraba delante de dos personas que conocían? ¿Una de ellas, superficial y arrogante a la hora de tratarla, o mejor dicho, de no tratarla? Le había oído hablar sobre Kyra y sobre lo mucho que le había dolido perder a la mujer que tanto había amado. A la mujer de su vida que encima llevaba dentro una niña fruto de su amor. Había visto el dolor grabado a fuego en su mirada, y la acidez al pronunciar cada palabra. Nikki debía saber que lo último que quería Rick en ese momento, era un nuevo embarazo.
-Nikki.-la joven se incorporó rápidamente hasta quedar sentada con las piernas cruzadas, una encima de la otra. Dejó el predictor a sus espaldas, puesto que si continuaba mirándolo, su ansiedad aumentaría de forma considerable.-Conoces a Rick. Sabes cómo lo pasó cuando perdió a su mujer y a su hija al mismo tiempo. Mírame a los ojos y dime si de verdad piensas que esto va a ser una buena noticia para él.
La detective se mordió el labio inferior. No podía hacerlo. No podía mirarla a la cara y asegurarle que Rick no desearía salir corriendo cuando supiese que lo que había sospechado era cierto. Era incapaz de mentirle así y crearle la ilusión de que todo sería un camino de rosas de ahora en adelante. Ella había hablado con su cuñado cuando las sospechas del embarazo de Kate habían ido incrementando a medida que los síntomas iban apareciendo. Él había recurrido a ella con esa confianza que había ido desarrollado a lo largo de los años buscando consuelo o un consejo. Por eso sabía a la perfección que sus primeras palabras habían sido angustiadas y desesperadas.
Frunció el ceño.
-No puedo hacer eso.-murmuró fijando la mirada en el edredón negro mientras que trazaba varias líneas sin sentido con el dedo índice.-Yo no quiero meterme en todo esto porque es vuestro asunto…-Kate se pasó la mano por el flequillo, sintiendo de nuevo las ganas de llorar aflorando en su estómago. Suspiró.-Pero sí que sé que te quiere como no lo ha hecho con ninguna otra mujer. Es verle la sonrisa que le sale cuando estás cerca de él, los detalles que tiene contigo, la forma en la que te mira-se apresuró a decir-Nunca antes he visto nada parecido.
-Quieres intentar consolarme y yo aprecio el gesto, Nikk...-la detective ladeó la cabeza sorprendida por el apodo que había salido de sus labios. Pocas veces había escuchado eso en boca de Jameson, ya que era el único que la llamaba así en sus momentos más íntimos. Sin embargo, le gustó saber que Kate la consideraba algo más que una cuñada por el tono de voz.-Pero ahora mismo mi consuelo sería que Rick entrase por esa puerta y después de decirle que llevo a su hijo dentro, me besase de esa forma suya que consigue juntar todos los pedazos de mi cuerpo.
Nikki Heat asentía a medida que la chica iba explicándose. No podía comprender con exactitud qué sentía en esos momentos, no obstante, su corazón empatizaba con el dolor que emergía de sus palabras. Por suerte, ella había estado segura desde el primer momento de lo que pensaría Rook cuando se hizo el test y el positivo también cambió su vida. En cambio, las circunstancias no estaban a favor de Kate. Ni su situación sentimental con Richard, ni su edad, ni lo poco que había vivido para saber afrontar algo tan duro. Esa vez sí que la miró a los ojos. A esos ojos verdosos salpicados de pinceladas marrones, muy similares a los que veía ella cuando se miraba al espejo, aun sin tener ningún parentesco. En ese momento no vio a una niña que acababa de cumplir la mayoría de edad. Ni a una estudiante de universidad con toda la vida por delante. Vio a una mujer hecha y derecha en medio de una decisión importante como peliaguda, y que a pesar de ello, tenía la fuerza sujeta a su mirada. A sus pensamientos. A su pecho. Y eso le hizo sentirse orgullosa.
Abrió la boca dispuesta a continuar su argumento, al menos solo para darle ese apoyo que nadie más podía darle, puesto que su mejor amiga estaba demasiado lejos y sus padres todavía no sabían nada al respecto. Quisiese, o no, ella era su punto de apoyo en esos momentos. Sin embargo, el sonido de la puerta al abrirse obligó a las dos mujeres a dirigir la vista hacia ella. Nikki giró la cabeza para mirar sobre su hombro izquierdo, a diferencia de Kate, quién tenía una vista panorámica de toda la habitación y no necesitó moverse. A través de la pequeña abertura, pudieron ver el rostro del agente del FBI indiferente, y lo nudillos a punto de tocar la madera. La detective y la abogada se miraron entre sí con complicidad, fruto de la última frase de Kate y de cómo había conseguido que sucediese justo eso. Después, devolvieron la conexión visual a Rick, quién fruncía el ceño, ahora desde el umbral de la puerta completamente abierta.
-¿Nikki?-la detective asintió sin la necesidad de ninguna explicación complementaria. El simple tono de voz que utilizó inquirió si podía ausentarse unos minutos para que pudiesen hablar en privado. Sus ojos azules parecían más fríos que nunca, sobre todo para ella, que estaba acostumbrada a ver su lado afable. Se levantó en silencio, sintiendo cómo la cama cedía bajo su trasero y Kate le dedicaba una mirada de adiós mezclada con el nerviosismo que la situación le producía.
El hecho de que Nikki se fuese y la dejase a la merced del enfado incomprensible de Rick hacía que sintiese unas náuseas extrañas ascendiendo en vertical por su garganta. En ningún momento desde que había irrumpido en la habitación había perdido el contacto visual con sus ojos. Y cuando ella los había desviado unos segundos queriendo mirar a Nikki, todavía había podido sentir los suyos fijos en su mejilla. Observó resignada la silueta de su cuñada escabulléndose lentamente por el hueco que había dejado Rick abierto, antes de que éste lo cerrase a sus espaldas y la habitación quedase inundada por un silencio sepulcral. Había creído ver los labios de Nikki moverse al pasar por el lado del agente, pero no sabía con certeza si había sido real o si se trataba de un espejismo creado a raíz de su ansiedad.
Rick se dejó caer en la puerta, no muy convencido de saber qué era lo que estaba haciendo. Las palabras de Nikki habían sido concisas a pesar de haber sido un susurro rápido: "Deja de ser un capullo" Eso solo significaba que Kate había hablado con ella y le había contado el incidente en el supermercado, que a su pesar, había sido culpa suya y no podía decir lo contrario. En cierto modo tenía razón. Se había comportado como un imbécil al haberle hecho el vacío delante de Gina y Sandra, o al haberse enfadado de esa forma cuando ella ni siquiera era consciente de sus pensamientos. Sin embargo todo se había vuelto demasiado real cuando la había contemplado marcharse con el dolor reflejado en los ojos y él se había visto solo en medio de algo que, de nuevo, no había podido controlar. Por mucho que su orgullo se hubiese interpuesto a dar el paso que le había llevado hasta dónde estaba, su decisión se mantenía sólida. Debía arrepentirse por haberla hecho sentir mal, y de paso, comentarle sus sospechas.
Continuaron varios minutos de esa forma. Mirándose el uno al otro sin decir nada, diciéndoselo todo con los ojos. Kate no parecía intimidada ante su actitud distante, y eso era algo que le gustaba. La forma en la que le mantenía la mirada fija, con el ceño fruncido, sin querer dar su brazo a torcer. De la misma manera que se habían mirado cuando se hubieron conocido.
"La puerta de la sala de interrogatorios se abre con brusquedad, dejando entrar a un hombre vestido de negro.
El policía también se gira ante la interrupción pero se limita a mirar.
-Siéntate.-ordena el nuevo hombre sin mirarla.
Kate abre un poco la boca sin entender nada. Ha dicho que podía irse y, ¿por qué nadie le mira cuando entra en la jodida sala? No quiere seguir allí y es justo lo que va a hacer y menos con un capullo arrogante.
-Yo he acabado.-responde dando un paso para rodear la mesa.
-He dicho que te sientes y te sientas.-repite con dureza y autoridad.
Inspira con fuerza, intentado relajarse. ¿Quién coño es ese tío?
Su respiración se corta cuando cruza una mirada con ese hombre. No es nada comparada con la del otro policía, sino que tiene algo que la atrae de una manera magnética.
Son dos brillantes cristales azules que examinan su rostro con atención. Su corazón late muy rápido y se siente estúpida por ello.
Es solo un tío mayor que ella. Tal vez sea guapo, pero es un completo imbécil.
-¿No me has oído?
Kate aprieta la mandíbula y se deja caer de nuevo sobre la silla, pero en ningún momento evita la mirada de ese agente.
¿Qué le pasa? ¿Desde cuándo obedece tan rápidamente y sin decir palabra? Coge el anillo de su dedo y lo pasa por sus manos mientras escucha varios murmullos provenientes de los dos policías.
Aunque duda de que él sea un policía. Le mira de reojo intentando no ser descubierta y así puede analizar mejor su cara.
Se muerde el labio inferior inevitablemente al comprobar que es perfecto, cosa que no había podido ver antes, ya que les separaba más distancia que la de ahora.
Su pelo es de un color parecido a una mezcla entre castaño claro y cobre. Congenia bastante bien con esos dos ojazos azules que ahora mismo miran al otro policía sin reparar en ella.
La barba de pocos días se amontona por su mentón, haciendo de esa cara de semidiós más sexy de lo que es. Pero lo que más le gusta es la piel de su cuello, completamente expuesta ante su mirada. Desearía dejar una senda de besos por ahí...
Un fuerte olor a colonia de hombre asalta su nariz cuando éste se inclina en la mesa, muy cerca de ella.
-¿Katherine Beckett?-ésta asiente sin poder dejar de mirar sus ojos.-Richard Castle, del FBI."
Detrás de la chica, vio un trozo alargado de plástico medio escondido entre los cojines. No le hizo falta agudizar la vista para saber de qué se trataba. Todavía era capaz de recordar el que había sujetado Kyra entre sus dedos mientras lloraba de alegría al saber que por primera-y última vez-serían padres. Su duda en ese instante se basó en si esa vez sería una única línea la que había dibujada en el lector, o si eran dos. Y haciéndole caso a su intuición, apostaba por la segunda. Gracias a eso, decidió jugar sus cartas a su favor. Cambió la estrategia con la que había estado preparando su discurso, y así la haría hablar sin necesidad de involucrarse del todo.
-¿Cuándo se supone que me dirías que estás embarazada?
Se dejó caer en la cama, muy cerca de ella pero al mismo tiempo salvando esas peligrosas distancias que le hacían perder la fuerza en su causa. Sobre todo cuando su olor a cerezas y frutas cruzaba el campo de batalla en su contra. La vio boquear varias veces, sin saber muy bien cómo responder a esa pregunta tan directa, como inesperada. Esa fue la señal que verificó sus sospechas, además de la repentina evaporación del color rosado de sus mejillas, y del nuevo color blanquecino que ahora las adornaba. Dio gracias por haber decidido sentarse antes de haber soltado semejante bomba, puesto que de lo contrario, lo más seguro es que hubiera necesitado apoyarse en algún lugar para digerir mejor la noticia.
-¿Desde cuándo lo sabes?-le costó pronunciar las palabras. Sentía la garganta en carne viva, dura y edematosa. Y, por si eso no fuese suficiente, su voz en esos casos perdía su esencia normal.
La mirada de Rick seguía siendo penetrante, pero ahora se había sumado una serie de pequeñas hiperventilaciones que hacían subir y bajar su pecho de forma irregular. Esa actitud distante era lo que había querido evitar desde el primer momento.
-Desde que te levantas a vomitar por las noches e intentas que no me entere.-sentenció frunciendo el ceño. Kate agachó la mirada, consciente de que sus artimañas no habían servido frente a un agente del FBI especializado en investigar cosas.-Y no es porque haya sido un detective antes-añadió como si le hubiese leído la mente en ese mismo momento-sino porque en una ocasión tuve la oportunidad de ser padre, y lo fui, aunque no pudiese terminarlo.-Kate se mordió el labio inferior todavía cabizbaja al escuchar esa declaración atormentada.
-Sé qué síntomas aparecen en una mujer embarazada. Los vómitos nocturnos y matutinos, el hecho de que ya no quieras comer ciertas cosas que antes te gustaban, la forma en la que han crecido tus pechos-un escalofrío recorrió su espina dorsal al escucharle decir esa palabra, en lugar de "tetas", algo más común en él-y los antojos, sobre todo de dulce.
-¡Eso es lo que te ha molestado antes!-exclamó devolviéndole el contacto visual de forma triunfante. Al fin entendía esa actitud extraña sin motivo aparente que le había llevado a ignorarla y enfadarse en cuestión de segundos. Todo ese tiempo él había sabido qué estaba pasando, y había esperado a que ella se lo contase para poder efectuar el próximo movimiento. Confiaba en que algo así, terminase escapando por su boca, teniendo en cuenta que se trataba de un secreto entre ellos dos, y que no solo le incumbía a ella.
-Exacto.-se pasó una mano por el pelo. Sabía que ese gesto siempre conseguía despeinar sus mechones ya de por sí rebeldes, pero no le importaba, al menos no ahí. En cierto modo, estaba sorprendido ante su actitud tan sumamente relajada con el tema que estaban tratando, dentro de lo normal, se había imaginado enloqueciendo en la habitación.-Soy tan responsable de esto como lo eres tú. Follar sin condón es cosa de dos, no de uno, y si hubiese sido un crío probablemente habría actuado de otra forma, diciendo cosas como "¿sabes seguro que es mío?", pero nunca sería capaz de hacer eso, ya lo sabes. Pienso cargar con mi responsabilidad y apoyarte en todo lo necesario, Kate, pero estoy muy enfadado-enfatizó el cuantitativo-y también agobiado.
La joven notó cómo las convulsiones volvían a hacer vibrar su cuerpo. Estaba aliviada al saber que las cosas comenzaban a hacer camino con tranquilidad y no como había supuesto ella en su cabeza. No obstante, también tenía un miedo incontrolable a que terminase cambiando de opinión a medida que el gran día fuese acercándose, y entonces ella no sabría qué hacer. ¡Ni siquiera sabía qué hacer! Todo había sucedido demasiado rápido para su gusto, sin un margen con el que poder alinear sus pensamientos. Para cuando quiso darse cuenta, descansaba de nuevo sobre la cama, con la espalda perfectamente tumbada salvo sus pies que no llegaban a tocar el suelo. Se llevó las manos a la cara, queriendo frenar la multitud de lágrimas que brotaban de sus ojos cargando con muchos significados, entre ellos, la angustia.
-¿Sabes qué he sentido cuando el predictor ha dado positivo?-murmuró nerviosa. Ese fue el turno de Rick a la hora de bajar la cabeza, y mirarla a través de las pestañas. ¿En qué momento había pensado él en los sentimientos de Kate? Ésta continuaba temblando mientras sus dedos se deshacían del reguero húmedo que se deslizaba por sus mejillas.
-No.-respondió el agente en el mismo tono de voz.
-Por unos segundos me he sentido la persona más feliz del mundo al saber que tendríamos algo más fuerte que nosotros dos juntos. Algo que fuese de los dos y que querríamos como a nuestra vida y por el que nos volcaríamos en todos los sentidos.-hizo una pausa para coger aire.-Algo que sé es fruto de nuestro amor aunque haya sido más bien un despiste, y que ni siquiera recuerdo. Algo que quiero tener contigo.-esperó a que su respiración se acompasase lo suficiente para hablar con tranquilidad.-Después, he pensado en qué querrías tú realmente. En si podrías soportarlo…-no quiso pronunciar el nombre de Kyra o el de su bebé, pero él lo comprendió al instante.-Entiendo tú postura, Rick, y por eso me he sentido tan sola. Incluso desde la primera vez que empecé a tener los síntomas, me veía alejada de ti sin poder hacer nada por acercarme.
Se tapó los ojos con el antebrazo. No quería que le viese llorar. Ya la había visto muchas veces antes de eso, y le incomodaba que ella estuviese rota y él conservarse su porte sereno e impenetrable cuando sabía que estaba en un punto cercano a ella.
-Pensaba que me conocías para saber que no haría eso. Con nadie, por supuesto, pero contigo menos.-aclaró él apretando la mandíbula.
Se sentía bastante estúpido ahora que comprendía los motivos por los que había decidido ocultar un poco más su embarazo. Había sido él desde el primer momento. Él y su pasado. Él y su posible reacción ante la situación. Él y el miedo que tenía Kate a perderle. Sin embargo, en todos esos días, había pensado que era puro egoísmo lo que no le permitía decírselo. El querer guardárselo para ella. Y ahí mismo se arrepintió de pies a cabeza de su suposición. Sobre todo si estaba viéndola llorar desconsoladamente. Era superior a sus fuerzas.
Se deshizo de las botas color caramelo para no ensuciar la colcha y segundos después ya se acurrucaba al lado del cuerpo de Kate, solo que el suyo era más grande y quedaba por encima del de ella. Parecía una fortaleza intentando proteger el interior de sus muros. La chica se giró instintivamente hacia él y lo rodeó con sus brazos. Se dejó llevar por el olor de su colonia, por sus manos enormes y a la vez suaves que habían comenzado a acariciarle la espalda de arriba abajo, dentro de la camiseta, y optó por dejar caer la cabeza encima de su camisa, dónde escuchó los latidos acompasados de su corazón.
-Siento haberme comportado como un capullo antes.-se lamentó en voz baja. La apretó más contra su pecho y repasó el contorno de su cuello con los labios. Su piel se erizó debajo de su boca, cosa que le complació de una forma inquietante. Al menos había conseguido que se tranquilizase.-No tenía ni idea de por qué podías estar ocultándome lo del embarazo y ya estaba bastante cabreado.-su pecho era un horno en esos momentos. El hecho de que Kate estuviese inmóvil, auscultando su corazón aunque solo fuese con el oído, al mismo tiempo que sus manos imitaban los movimientos de las suyas en su espalda, le producían una enorme sensación de satisfacción.-De veras que lo siento.
-Siento no haberte avisado antes.-respondió ella en un tono de voz casi invisible. Allí, en aquel preciso instante, las cosas estaban en un perfecto equilibrio. Ya no le importaba qué pudiese suceder en unos meses, solo el cuerpo de su novio proporcionándole el apoyo que necesitaba. Como una pareja normal y corriente.
Estuvieron varios minutos sumidos en ese trance espiritual, el uno con el otro, sin querer que nadie les molestase. Estaban asumiendo la elección que habían elegido, y ambos sabían que era mejor cuando se tenían, que cuando debían pensarlo cada uno por su parte. Kate había conseguido estabilizar su pulso en un ritmo normal, al igual que su respiración. Seguía nerviosa, algo normal, pero nada que ver con lo que había estado sufriendo antes de que él llegase. Enterrada en el aroma del agente, protegida por sus brazos, y acunada en su pecho, el mundo había dejado de existir para ella. Rick no iba mucho más allá, también se sentía de esa forma.
Golpeado por todas esas sensaciones contradictorias, el agente no sabía cómo sentirse. Sí, estaba feliz de volver a tener la oportunidad de ser padre con la mujer más importante que había en su vida en ese momento. Quería disfrutar del proceso que suponía el embarazo y no quería ausentarse nunca. Quería acompañarla al ginecólogo, a las visitas en las ecografías, a las clases de preparación al parto, a todos los lugares a los que tuviese que ir. Quería estar ahí incondicionalmente, porque era eso lo que quería. Sin embargo, era inevitable no pensar en su primera mujer, y en lo mucho que todo eso estaba recordándole a ella. A sus primeros meses entusiasmados con la idea, y a cómo la vida se lo arrebató sin miramientos. Sin darle tiempo a hacer nada. Tenía miedo a que pasase lo mismo con Kate, a perderla después de lo mucho que le había costado gritar a los cuatro vientos que la amaba. Quería al menos, dos días de retiro en soledad para fortalecerse psíquicamente a la hora de hacer frente a su nueva vida junto a Kate. ¿Pero, cómo le decía eso?
-Antes has dicho que no recordabas cuando había pasado esto.-llevó una de las manos que acariciaban su espalda hasta la mitad de su vientre. Kate se encogió como auto reflejo y Rick sintió su carne volviéndose de gallina. La joven alzó la mirada hasta encontrarse con los ojos extrañados de Rick. Esa era la primera vez que él le tocaba la tripa sabiendo que dentro había algo de los dos. Eso había sido el causante de su sobresalto. El agente intentó reprimir una sonrisa tierna ante su reacción, pero le fue imposible. Ni siquiera había sido consciente del enorme gesto que acababa de hacer.-Cuando pasó lo de Scott y estuvimos un tiempo sin hacer nada, tuvimos una noche muy especial…
Kate, quién le había devuelto la sonrisa, se concentró en sus labios explicándole eso que tanto había estado pensando desde hacía días. Recordaba esa noche, y a pesar del brillo cariñoso que habían adquirido los ojos azules de Rick, él lo hacía a la perfección.
-Me acuerdo.-susurró ella.
"-Aún no has empezado a conocerme.-ella hizo un ademán de decir algo, pero se quedó en un intento. Estaba embelesada, y eso no era nuevo, llevaba varios meses así.-Te dejo que domines para que te sientas más segura, ¿vale?-esperó a que asintiera para volver a alzarla, sin embargo esta vez ella se apoyó sobre sus rodillas.
Comenzó a descender poco a poco sobre su erección, sintiendo por segunda vez cómo Rick era capaz de llenarla en su totalidad. Lo escuchó gemir contra su cuello, y eso le pareció lo más sexy que podría escuchar en un hombre.
Rick había estado con muchas mujeres, de diferentes edades, de distintas personalidades, y ninguna le había hecho enloquecer tanto como lo hacía Kate. Tal vez fuese su inocencia, su inexperiencia que la hacía jodidamente sensual y adorable al mismo tiempo. No lo sabía.
Aprisionó sus pechos en las palmas de sus manos. Kate estiró el cuello hacía atrás, dejándose llevar por el vaivén que producía la cintura de Rick cada vez que subía y ella bajaba. Esa era la primera vez que se centraba tanto en su cuerpo.
Tenía razón, era experto. Podía notarlo en la forma de acariciar sus pechos y retorcer sus pezones en una mezcla de erotismo y malicia.
-Más rápido.-exigió él agarrando sus nalgas con fuerza.
Kate rodeó de nuevo su cuello, con cuidado de no rasparle la espalda con la escayola de su brazo. No había ni un hueco entre los dos por el que pudiera pasar un poco de aire. Le gustaba la forma en la que se sentía su piel contra la suya, y más cuando las dos ardían. Al igual que Rick le encantaba sentir la bola del piercing chocando continuamente contra sus abdominales.
Mordió el labio inferior de Rick, algo que a este se le pareció voraz y comenzó a moverse cada vez más rápido. Era exactamente lo que él había dicho. Nadie se ve capaz de hacer las cosas hasta que las hace, y ella no era una excepción.
Solo había hecho el amor con dos personas y una de ellas era Rick. Era cierto que con su ex lo había hecho más de una vez, sin embargo no era nada comparado con lo que él le estaba haciendo sentir. Hacerlo con Rick era subirse en una montaña rusa llena de sensaciones, puesto que de repente estabas cayendo en picado y segundos después volviendo a subir a toda velocidad.
-Ahhh, oh dios.-clavó las uñas en su nuca, y Rick mordió su cuello como revancha, haciéndola sonreír.
Estaba segura de que sus mejillas estarían rojas, podía sentir el característico quemazón en su piel. Al igual que su sudor cada vez que rozaba el cuerpo de Rick.
-Kate.-gimió el en voz baja al mismo tiempo que llevaba su mano a su clítoris y lo hacía vibrar con caricias.-Déjame a mí."
-Te has puesto roja.-bromeó Rick con esa sonrisa suya tan irresistible. Kate le golpeó el hombro con el puño, sin llegar a hacerle daño.-Estaba tan concentrado en no hacerte daño, en que tú estuvieses bien y segura, que se me olvidó el condón.-confesó dedicándole una mirada arrepentida.
-Creo que no hubo mejor noche en la que concebir a nuestro hijo.-respondió ella. Había reducido la distancia hasta pegar sus labios casi a los de Rick. Se había sentido extraña al decir "nuestro hijo", puesto que era algo que no hubiese esperado decir en mucho tiempo.-Fue una de nuestras mejores noches, y fue genial.
Rick cerró los ojos, sonriendo. Muchos te quieros se habían dicho aquella noche, y a pesar de que le hubiese gustado elegir un día, tener el propósito claro e ir a por ello, Kate tenía razón. Esa ocasión no podía haber sido mejor.
Sus labios se fundieron cuando Kate comenzó a besarlos poco a poco. Se sentía lo suficientemente segura como para atreverse a besarle sin recibir una negativa. Él no estaba enfadado, al contrario, parecía feliz con la idea de ser padre, y los besos que estaba regalándole confirmaban sus argumentos. Aferraba su rostro entre su mano mientras su lengua rozaba la suya, y sus labios jugaban a cazarse en la boca del otro. No había mejor medicina para ninguno de los dos, que esos besos que conseguía acelerarles el corazón. Esos lentos y pasionales que consumían sus cuerpos hasta tal punto, que solo quedaban cenizas.
Rick frenó el movimiento vacílate de Kate, que intentaba subirse a horcajadas encima suya. Fue doloroso, ya que él también deseaba una reconciliación de ese calibre, pero su principal objetivo era comunicarle que se ausentaría unos días, nada del otro mundo, y que no debía preocuparse, porque no se iría. Observó la confusión en los ojos avellana de la chica, y le acaricio el perfil de sus labios completamente hinchados con el dedo índice.
-Quiero pedirte algo.
Kate frunció el ceño.
-¿El qué?
-Necesito estar fuera unos días para poder pensarlo todo con la cabeza fría y paliar el dolor que me produce pasar página.-fue diciendo, precavido. Le rompió el corazón el hecho de ver el miedo cruzando su mirada.-No me voy para dejarte sola, Kate. Eso nunca.-se apresuró a decir antes de que pudiese pensarlo.
-¿Entonces?-preguntó ella con la voz rota.
-Sabes que nunca me he planteado volver a ser padre, y si no te hubiese visto ahora mismo, seguiría con la misma idea.-el ceño de Kate se hizo más profundo.-Quiero decir, que pensaba que saldría corriendo o algo así, pero al verte, al tocarte, al besarte, me he dado cuenta de que quiero todo contigo, Kate.-notó su relajación muscular al decir eso.-Pero debes entender que necesito tiempo para poder encasillar esto bien después de…
-Te entiendo.-respondió ella a la velocidad de la luz. No quería que pensase en Kyra en ese momento y que la tristeza le embriagase.-Pero, por favor, no te vayas muy lejos ni mucho tiempo. Tú también debes saber que te necesito.-le suplicó en voz baja.
-Lo sé, por eso me iré esta noche. Cuanto antes lo haga, antes podré volver. Les diré a Nikki y a Rook que te lleven de vuelta a casa, a tu apartamento, y te juro que volveré antes de que te des cuenta.-le agarró las manos, entrelazando sus dedos con los suyos como si se tratase de una promesa duradera.-Confía en mí, por favor.
-Oh vamos, Kate, lo hemos hablado antes y has aceptado.-escuchó la frustración del agente al otro lado de la línea.
-No sabía que todo iba a ser tan difícil sin ti. Te necesito ahora mismo, incluso para dormir, y no puedo. No sé dónde estás, si puede sucederte algo o a saber dios…-se enjuagó las lágrimas con el dorso de la mano.
-Te prometo que estoy bien y que no me va a pasar nada.-el silencio se hizo detrás de Rick.-Te quiero, y yo también te echo de menos, muchísimo. Dormir solo no es lo mismo desde que tú estás en mi cama, pero por favor, Kate, entiéndeme.
-Yo te entiendo, pero…-murmuró.
-No, no lo entiendes. Necesito asimilar que voy a tener un hijo, cuando hace unos años perdí el que se suponía sería el primero, y a mi mujer también. Soy frío, y distante, cosa que contigo he aprendido a evitarlo. ¿Crees que está siendo fácil para mí?
-No…
-Pues cuida de nuestro hijo mientras estoy fuera, anda.-le susurró. Kate sabía que usaba ese tono de voz sumamente tierno, para derribar sus defensas y hacerle olvidar el motivo por el que estaban discutiendo. Y sin embargo lo consiguió.
-No hagas eso.
-¿El qué?
-Engatusarme con eso.-gimió ella.
La risa del agente fue un auténtico consuelo en esa noche de soledad. Ojalá hubiese estado a su lado en ese momento, y se hubiese podido acurrucar entre sus brazos mientras le acariciaba el pelo y le daba besos para tranquilizarla.
-Te quiero.-su voz tan cercana le hizo pensar que abrazaba el móvil a la hora de hablar.-Tengo que irme.
-Te quiero.-se mordió el labio inferior.-Ten cuidado. De verdad, Rick.
-Siempre.
-Siempre.
El pitido de la línea cortándose hizo que cerrase los ojos, nada tranquila como se suponía que debía de estar. Sin embargo, su inquietud se vio aplacada por la aparición de Nikki, quién llevaba en brazos a un Elliot medio dormido mientras mamaba del pecho de su madre. Habían decidido pasar esa última noche en Los Hamptons y al día siguiente regresar a la ciudad, dónde Kate regresaría al apartamento que compartía con Lanie.
-¿Has hablado con él?-le susurró Nikki acercándose a ella.
La chimenea del comedor proyectaba las figuras de las dos mujeres sobre la pared y el suelo. Llevaba toda la noche intentando que Rick le cogiese el móvil, y para ello había preferido bajar al salón. Allí el sofá era sumamente cómodo y la cobertura abundaba.
-Sí.-respondió Kate jugando con el móvil.
-¿Está bien?
La joven se quedó embelesada observando al sobrino de Rick, tumbado encima de las piernas de su madre.
-Sí.-volvió a responder si alzar la vista.-Dios, es increíble...-Kate susurró para no despertar a Elliot, quién a pesar de llevar un rato durmiendo continuaba mamando del pecho de Nikki.-Es...-ni siquiera tenía palabras para expresar cómo se sentía en ese momento.
-Dentro de unos meses te tocará a ti.-respondió la detective separando los dedos índice y corazón para colocarlos de forma paralela el uno al otro mientras que la boca de Elliot quedaba entre ambos y así controlar la deglución del niño.-Acostúmbrate.
Kate le sonrió con todo el cariño que pudo expresar, sabiendo que estaba en lo cierto. Cada segundo que pasaba estaba más cerca de su momento, y ahora que sabía que contaba con el padre de su hijo, las cosas ya no iban cuesta arriba, ni parecían tan duro.
-Al menos ahora no tengo tanto miedo.
-Eso es que Rick se ha portado bien.-afirmó Nikki enarcando una ceja. Eso produjo una sonrisa en los labios de la chica.
-Algo así…
-No te preocupes, que haga lo que haga y esté donde esté, va a volver.-Elliot se removió con un gemidito, pero colocó la manita alrededor del pecho de la detective.
-Eso lo sé.
-Pues no hay nada más que hablar.
Ambas miraban al pequeño, el cual todavía no había abierto los ojos.
-¿Debo de tener miedo al parto?-preguntó Kate de repente.
Nikki la miró. Parpadeó unas cuantas veces sin saber muy bien qué decir, y al final, acompañada de una risita divertida respondió:
-¿Miedo? Vas a alucinar.
En el próximo capítulo:
"Rick giró la cabeza sobresaltado, a tiempo para ver la figura de una mujer emerger de entre las sombras, a sus espaldas.
-No puede ser.-masculló sintiendo unas lágrimas que creía haber olvidado hacía tiempo deslizarse a través de sus congeladas mejillas. La mujer se fue haciendo cada vez más visible a medida que se acercaba a él, a pesar de estar bañada por un extraño efecto borroso que el agente no conseguía situar.-¿Kyra?
Su ex mujer se sentó a su lado, en la piedra de su propia lápida mientras le dedicaba una sonrisa tranquilizadora."
