_28_
Era de noche en casa de los Gilbert. Jeremy estaba en el comedor dibujando con carboncillo en su bloc de dibujo cuando llamaron a la puerta. Era el repartidor de pizza.
-Hola, van a ser veintidós dólares.
-¡Elena, necesito dinero! –gritó el chico hacia las escaleras, pues su hermana estaba en la planta de arriba-. Espera, pasa. Déjala ahí encima -le dijo al repartidor señalándole una mesita junto a la puerta.
Jeremy volvió al comedor para continuar con su dibujo. Elena bajó en seguida con la cartera en mano.
-Hola –le dijo al pizzero entregándole un billete-, quédate el cambio.
-Gracias. Que paséis una buena noche.
Elena se reunió con su hermano en el comedor y este dejó de dibujar para coger un trozo de pizza.
-¡Hey! –le riñó ella dándole una palmadita en la mano-, no tan rápido. Pon la mesa al menos.
El chico se levantó refunfuñando pero obedeció y fue a coger platos y vasos para la cena.
-Jenna hoy come fuera –dijo Jeremy poniendo la mesa-. No preguntes. Prefiero no saberlo. ¿Por qué no le dijiste a Damon que viniese con nosotros?
-Tenía cosas que hacer –respondió Elena algo apenada, pues tampoco iría aquella noche a dormir con ella-. Además, me apetecía pasar un rato a solas con mi hermanito.
-Ya, claro.
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Stefan se levantó por la mañana para ir al instituto cuando escuchó ruidos en la casa, así que fue a la biblioteca de la mansión Salvatore. Alí se encontró con un montón de libros tirados por el suelo. La mayoría eran de contabilidad, de lo negocios de la familia desde tiempos de su padre. Damon estaba buscando algo y no tenía ninguna delicadeza con los libros, lo que significaba que tenía que ser algo muy importante.
-¿Qué estás buscando, Damon?
-Un libro decente para leer –respondió él evasivo, arrojando un libro al suelo-. ¿Tan difícil es?
-Damon, prometí ayudarte con Katherine.
-Y te lo agradezco, hermano. Pero esto no tiene nada que ver con Katherine.
-Ya, claro –respondió este sin convencerse-. Me voy a clase, nos vemos luego.
-Ciao, hermano –se despidió Damon.
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Elena vio a Stefan por los pasillos del instituto y fue a hablar con él.
-Stefan, ¿le pasa algo a Damon? Anoche no vino a verme, dijo que tenía que hacer algo y aún no hemos hablado.
-Está en casa, buscando algo –le explicó él-. Pásate luego por allí y háblalo con él. A mí no me quiere decir nada.
-Vale, ¿te importa si voy después de las clases?
-No, claro. Siempre eres bienvenida.
-Gracias –le agradeció ella.
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Elena salió del instituto nada más terminar las clases, quería ir a la mansión Salvatore para ver a Damon. Estaba abriendo la puerta de su coche cuando recibió una llamada desconocida.
-Hola, Elena. ¿Tu mamá no te enseñó a no invitar a pasar desconocidos a casa? –dijo una voz siniestra.
-¿Quién eres?
-Un pizzero. O puede que un vampiro al que invitaras a entrar a tu casa.
-¿Qué quieres? –preguntó ella, pues se estaba empezando a asustar bastante.
-Solo verte morir –respondió este antes de colgar.
Elena se subió rápidamente a su coche y condujo a gran velocidad. Al llegar a su destino, se encontró con la puerta principal abierta.
-¿Damon? –preguntó la chica aún con el miedo en el cuerpo.
El vampiro se apareció de repente frente a ella. Su mirada denotaba preocupación, ya que había visto que la chica estaba asustada.
-Elena, ¿estás bien? –preguntó este justo en el momento en que ella se lanzó a sus brazos y empezó a sollozar-. ¿Qué ha pasado?
La joven no respondió, solo acomodó la cabeza en el pecho de su novio y se abrazó con fuerza a él, buscando la protección de los brazos del vampiro.
-Vamos, ven aquí –le susurró él con voz dulce conduciéndola hacia un sofá, donde ambos quedaron sentados.
Cuando Stefan llegó a la mansión, se encontró con la pareja sentada en el sofá del salón. Elena se abrazaba con fuerza a Damon, mientras que él le decía palabras tranquilizadoras en el oído y le acariciaba la espalda.
-¿Qué ha pasado? –preguntó Stefan preocupado.
-Un vampiro gilipollas, que se ha atrevido a amenazar a mi chica –le explicó Damon dándole un cariñoso beso a Elena en la coronilla.
-¿Qué? –preguntó Stefan confuso.
Elena, más tranquila ahora, le explicó a Stefan la historia que ya le había contado a su novio.
-¿Por qué a mí? –preguntó ella después de contar lo ocurrido, sin referirse a nadie en concreto-. ¿Qué quiere de mí? Y, si intenta matarme, ¿por qué me llama primero?
-Porque somos depredadores, Elena –le dijo Stefan-. Cazamos. Acechamos. Puede ser tan excitante como la matanza.
-Voy a arrancarle la cabeza –amenazó Damon mientras le acariciaba el pelo a su chica-. Ese tipo no sabe con quién se está metiendo...
Elena no supo qué más decir, por lo que volvió a hundir su rostro en el pecho de su novio, quien la apretó a él con fuerza, de forma protectora. Stefan salió de allí, dejándole intimidad a la pareja.
-No te separes de la brújula –le pidió Damon a Elena a la vez que besaba de nuevo su coronilla, repartiendo besos por su pelo-. Llévala siempre contigo.
-De acuerdo –accedió ella dándole un beso al vampiro en el cuello, para después acariciarle la garganta con la nariz e inhalar su aroma, aquel que le hacía sentirse segura, pues el estar entre los brazos de Damon le hacía sentirse más a salvo que en cualquier otro lugar.
-¿Qué era eso tan importante que tenías que hacer ayer? –preguntó ella algo después.
-No es tan importante –la contradijo él-. Ya no. Te lo explicaré más adelante, ¿vale? Cuando acabemos con esto –le prometió.
Elena asintió con la cabeza y se abrazó al cuello de él para repartir besos por su garganta.
-Me haces cosquillas –rió él, con los ojos cerrados para disfrutar mejor de ese contacto.
Elena no respondió con palabras, solo depositó algunos besos más en su cuello y después fue subiendo hacia sus mejillas, para acabar finalmente besando sus labios.
-Te quiero –le dijo ella antes de profundizar el beso.
Damon la recolocó y la sentó en su regazo para así poder alcanzar mejor sus labios. Estuvieron besándose por un largo período de tiempo. Al separarse, Damon juntó sus frentes y se dedicó a acariciar el pelo de la chica.
-Te quiero –respondió él besándole la nariz-. No permitiré que te ocurra nada malo –prometió besando ahora su frente.
Elena, sin cambiar de posición, se dejó caer sobre el cuerpo el vampiro y se abrazó a su cuello, donde se permitió cerrar los ojos y disfrutar de la tranquilidad, la intimidad y la felicidad del momento.
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Jeremy estaba jugando al billar en el Grill cuando Anna se acercó a él.
-Hola –le saludó la chica-. ¿Cómo ha ido?
-¿El qué?
-El trabajo.
-Ah, sobresaliente. Gracias por los artículos, me vinieron bien.
-Genial. Bueno, ¿qué ha dicho de los vampiros? –sonrió ella-. ¿Se lo ha creído?
-No, ni yo me lo creo. Solo es un trabajo, Anna. En fin, tengo que irme.
-Oye, ¿te apetece hacer algo luego, quizás?
-Lo siento, me toca servir el ponche en el baile del instituto.
-¿Cómo te han colado eso? –rió ella.
-Bueno, voy mal en Literatura, así que he negociado.
-O puede que mañana o algo así –continuó insistiendo ella para quedar-. Ya estoy presionando, ¿verdad?
-Bueno, gracias por la ayuda –respondió él tras un silencio incómodo-. Ya nos veremos.
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Elena estaba en la cocina de su casa cuando Jenna entró. Ninguna de las dos sabía muy bien qué decir, pues Elena aún estaba enfadada con ella por ocultarle lo de su adopción.
-¿Vas a ir al baile? –preguntó la chica al ver el vestido de colores chillones de su tía.
-Alaric me ha pedido que vaya de cuidadora –sonrió ella.
Tras un momento de silencio, Elena se atrevió a hablar.
-¿Por qué no me lo contaste, Jenna? –preguntó ella enojada.
-Tu madre tenía pensado decírtelo –le explicó esta con voz calmada-. No pensé que tuviera que hacerlo yo.
-Si mi madre estuviera aquí ahora y se lo preguntara, me diría la verdad.
Jenna se lo pensó antes de decir algo y, tras suspirar y tomar fuerzas, se atrevió a ello.
-Tu padre iba a cerrar la consulta una noche cuando apareció una chica –le explicó-. Tenía 16 años, se había escapado e iba a dar a luz. Él la asistió en el parto y le dijo que se quedara, pero varios días después desapareció –mientras hablaba, la mujer se iba acercando cada vez más a Elena, hasta quedar justo frente a ella-. Y ahí estabas. Tus padres habían intentado tener un hijo, pero no lo conseguían. Todo lo que quería Miranda era ser madre.
-Pero, ¿por qué están los nombres de mis padres en la partida de nacimiento?
-Tu padre era médico, Elena. Él se encargó de todo. No querían perderte, así que fueron discretos. No se enteró casi nadie, pero si alguien pedía pruebas tenían documentación.
-¿Qué más sabes sobre ella? La chica.
-Solo su nombre. Isobel.
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Damon estaba en la biblioteca, haciendo una lista de los miembros del Consejo que podrían tener el grimorio de Emily Bennett. Stefan entró y le puso algo sobre la mesa.
-¿Por qué me traes el diario de Padre? –preguntó aún escribiendo su lista.
-Es lo que buscabas.
Damon alzó la vista por primera vez.
-¿Y para qué iba a quererlo? –le contradijo este.
-No lo sé, Damon. Quizás quieras retomar una relación póstuma –se burló Stefan-. No dice nada sobre Katherine, ni la tumba, ni cómo abrirla.
-No me sorprende. Casi no sabía ni escribir su nombre.
-En serio, Damon, ¿qué buscas? –insistió su hermano-. Puedo ayudarte, ya te lo dije.
-Está bien, pero solo porque esto me estoy empezando a desesperar –accedió él.
-Te escucho –dijo Stefan tomando asiento delante de su hermano.
- Por lo visto, mi queridísima amiga Emily no se fiaba un pelo de mí. No estaba segura de que cumpliría mi palabra, por lo que creó un hechizo para abrir la tumba. Un hechizo que solo una Bennett puede realizar –explicó Damon.
-¿Cuál es el problema? –preguntó Stefan.
-El problema es que la abuelita Bennett me odia y solo ayudaría a clavarme una estaca en el corazón. La mamá Bennett está desaparecida y perdida en combate desde que se dio el piro hace años. Nuestra brujita novata Bonnie no tiene ni idea de que el novio de su mejor amiga es un vampiro. ¿Me sigues o tengo que hacerte un croquis?
-Solo tenemos que hablar con Bonnie –respondió Stefan como si fuese tan evidente.
-¿Hola? ¿Me escuchas cuando te hablo? –le dijo Damon con burla-. Bonnie no sabe que somos vampiros. ¿A quién crees que odiará más cuando lo descubra: a nosotros, los monstruos chupa sangre, o a Elena, la amiga que le mintió? Elena ya ha perdido a demasiada gente, no quiero que pierda también a su mejor amiga...
-Entonces, ¿qué hacemos?
-¿Qué te apetece más: jugar a los detectives y buscar a la mamá bruja o hacer de poli bueno/poli malo con la abuelita bruja?
-A la madre dala por perdida. Y ya conoces a Sheila, no creo que la convenzas para hacer el hechizo. Si utilizases a Bonnie como amenaza contra ella solo conseguirás que Elena se enfade contigo.
-¿Desde cuándo se ha complicado tanto mi vida? Con lo fácil que era ser un vampiro sin humanidad que conseguía todo cuanto quería bajo amenazas y compulsión... –se quejó Damon.
-Es lo que tiene el amor, nos cambia y, a veces, hay que hacer esfuerzos por mejorar y hacer feliz a la otra persona.
-Creí que nunca diría esto, pero empiezo a echar en falta tu faceta de destripador. Así por lo menos no tendría a un Pepito Grillo todo el día detrás de mi oreja –indicó él sacudiéndose detrás de la oreja izquierda-. ¿Sabes? A veces resultas ser muy molestoso.
-Solo me dedico a decir lo que ya sabes, saco esos pensamientos y sentimientos que ya están ahí –indicó Stefan apuntándole el corazón con un dedo y golpeándole ligeramente con él-. Yo los digo en alto, eres tú quien los piensa y siente.
-¿Y qué es lo que estás buscando aquí? –añadió Stefan poco después, volviendo al tema.
-El grimorio de Emily Bennett –le explicó su hermano-. Algún miembro del Consejo lo debió guardar, y conociendo a nuestro padre, seguro que sabe quién lo tiene y dónde está. Además, es al único al que puedo investigar por el momento. No es que tenga mucho acceso a los documentos personales de los Padres Fundadores...
-No hay nada en el diario de Padre que diga dónde está, Damon. Creo que deberíamos buscar en otro sitio.
-Puedo, pero no ahora. Ya he dedicado demasiado tiempo a esto por hoy. Hay que encontrar al vampiro que amenazó a Elena.
-Estamos en ello. Elena tiene la brújula de Jonathan, ¿no? Si ese tío se vuelve a acercar a ella lo sabremos.
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Elena estaba en el cuarto de baño, terminando de arreglarse el pelo para ir a la fiesta del Baile de la Década de los años '50. Se dirigió al ropero cuando oyó un ruido. La chica se asomó al pasillo para ver si había alguien.
-¿Jenna? ¿Jeremy?
No había respuesta, estaba sola en casa.
Al girarse para volver al baño se dio cuenta de que la brújula se estaba moviendo sin parar. Con el miedo en el rostro, Elena cogió su móvil y llamó a Damon.
-Damon no está –respondió Stefan-, ¿en qué puedo ayudarte?
-¿Dónde está? –preguntó ella mientras bajaba las escaleras rápidamente.
-Creo que iba a buscarte. Ha olvidado el móvil.
-Oh, gracias a Dios –se tranquilizó ella-. La brújula estaba girando. Debe ser Damon. Gracias.
-De nada –se despidió él.
Nada más colgar, un vampiro descendió del techo y se abalanzó a ella. Elena a penas tuvo tiempo de reaccionar, porque justo en ese momento, Damon entraba por la puerta y lanzaba al vampiro contra el sofá. Unos segundos después, el vampiro había desaparecido.
Damon se agachó junto a Elena, quien se había caído al suelo del susto. El chico la rodeó con sus brazos e hizo que se levantase con él.
-¿Estás bien? –preguntó acariciándole el cabello para calmarla-. Tranquila. Estoy aquí, no va a pasar nada.
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Stefan se reunió en el salón de los Gilbert con Damon y Elena.
-¿Ha dicho qué quería? –indagó Stefan.
-No, estaba ocupado intentando matarme –dijo Elena cortante, para luego dirigir la mirada a Damon, para hablar algo más calmada-. ¿No sabes quién es?
-No le vi bien, no puedo saberlo. Tampoco es que quedamos todos en el... bar de los vampiros –bromeó este tratando de animar a la chica.
-Damon, le invitaron a entrar –dijo Stefan enfatizando cada palabra.
-Lo haremos esta noche –respondió él, para luego dirigirse a Elena-. ¿Estás lista?
-¿Qué tengo que hacer? –preguntó ella muy dispuesta a ayudar.
-Deja que te lleve al baile. Veremos quién aparece.
-No es buena idea –le contradijo Stefan.
-Hasta que muera, esta casa no es segura. Para ninguno de sus habitantes.
-Está bien, vamos –accedió Elena.
-Vale, voy con vosotros –se ofreció Stefan.
-¿De sujeta velas, hermano? –se burló Damon.
-Si ese tipo aparece puede que necesitéis mi ayuda –respondió Stefan serio.
-Contaba con ello, solo intentaba relajar un poco el ambiente.
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Alaric estaba de supervisor en la fiesta del Baile la Década, controlando que los alumnos no formasen bulla, cuando vio entrar a Elena Gilbert con los hermanos Salvatore. La chica iba cogida de la mano de Damon, el vampiro al que tenía planeado matar pronto.
-Alaric –le llamó una voz detrás de él.
-Eeh, vaya cambio –le dijo este a Jenna, quien había aceptado su petición para ayudarle a vigilar a los chicos.
La mujer se había vestido para la ocasión, muy al estilo de los '50, mientras que él solo se había puesto como indumentaria de la época una cazadora de un equipo de fútbol.
-He pensado que destacaría menos si me disfrazaba –le explicó ella.
-Seguro –sonrió él.
-Vale, me encanta el Baile de la Década –reconoció Jenna-. Yo estudié aquí. ¿Sabes? También hacen los '60 y los '70, por si te interesa.
-Oh, qué bien –ironizó él-. ¿Quieres tomar algo? Creo que el ponche es la bomba.
Jenna y Alaric hablaban de camino a la mesa donde se sirve el ponche.
-¿Sabes?, creí que Jeremy no superaría lo de sus padres, que tardaría mucho en seguir adelante. Me alegra saber que no ha sido así. Estuvo un tiempo bastante decaído, pero ya parece haber pasado la peor parte.
-Cuando pierdes a tus seres queridos de repente, el trauma y el dolor que se siente son cosas muy difíciles de superar.
-¿Lo dices por experiencia? No tienes ni idea de lo que pasó –dedujo ella.
-Eso es lo peor, no saberlo.
-¿Está bien que hablemos de tu esposa?
-Tampoco hay demasiado de qué hablar.
-Debe de ser imposible de aceptar no tener respuestas.
-La verdad es que me mantiene despierto por las noches –aclaró él-. Me pregunto: ¿Quién?, ¿Por qué?
-Quizá algún día.
-Eso espero –dijo él mirándola a ella, para después mirar hacia donde se encontraba Damon-. Eso espero.
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Stefan y Elena estaban muy preocupados. Los tres estaban apartados en un rincón de la pista de baile y Damon se estaba cansando de tanta tensión.
-Elena, ¿te apetece bailar? –le propuso a su chica con una sonrisa de lado.
-Me encantaría –accedió ella con timidez, aceptando la mano que este le tendía.
La pareja se dirigía al centro de la pista cuando empezó a sonar una canción lenta. Damon rodeó la cintura de la chica con las manos mientras que ella pasaba las suyas por la nuca de él.
-Deja de mirar a todos lados –se quejó él-, me pones nervioso.
-Lo siento –se disculpó ella fijando la vista en los ojos azules del chico-, es que me preocupa que pueda estar aquí.
-Tranquila, no se atreverá a hacer nada delante de todos –la calmó él-. Además, Stefan está vigilando. Así que... Relájate y disfruta del momento.
Elena se puso de puntillas para darle un beso y el chico se inclinó poco después para juntar sus frentes.
-¿Cómo eran los '50? –preguntó ella curiosa-. Porque tengo en la cabeza esta especie de mezcla entre American Graffiti y Grease, sudaderas de universidad y batidos...
-Si te soy sincero, tengo esa década un tanto confusa –confesó Damon-. En realidad, desde los '50 hasta casi finales de los '70.
-¿Y eso?
-Tuvo una etapa de desenfreno total. Es una historia más apropiada para Halloween que para el Baile de la Década.
-No importa, quiero oírla –aseguró ella.
-Algún día. Palabra –prometió él volviendo a unir sus labios.
-Ese tenlo por seguro, no pienso olvidarme de tu promesa –aseguró la chica apoyando la cabeza en el hombro de él.
-Cuento con ello.
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Jeremy estaba en la otra punta del gimnasio ocupándose del ponche.
-No me dijiste que era una fiesta temática –le acusó Anna divertida apareciendo a su lado.
-¿Qué estás haciendo aquí? –se sorprendió el chico.
-Dado que te olvidaste de invitarme... Decidí hacerlo yo misma.
-Ya lo estás haciendo otra vez.
-¿Qué estoy haciendo?
-Lo de hablar como si saliéramos aunque no salimos.
-Oh, ¿te estoy acosando? Ya... –dijo ella haciendo reír a ambos-. Eso quisieras. Vamos, nunca he estado en un baile de instituto. Hazlo por mí.
00000
Stefan le pidió a Elena un baile y, pese a que no le hacía ninguna gracia, Damon tuvo que aceptar que su novia bailase con él. No podía ser un capullo con su hermano siempre y, además, si Elena quería hacerlo él no iba a impedírselo.
Damon estaba viendo a Stefan hacer el intento por recordar algunos pasos de los '50 para mostrárselos a Elena cuando un hombre de unos treinta y pocos se acercó a él.
-No te conozco, ¿cómo te han liado para venir a vigilar? –le preguntó este y, al ver que el vampiro no respondió, continuó-. Alaric Saltzman, soy el nuevo profesor de Historia.
-Ah, el puesto docente maldito –respondió Damon estrechándole la mano que este la había tendido.
-Eso me han contado.
-Damon –se presentó el vampiro-. Salvatore.
-¿Salvatore?, como Stefan –preguntó fingiendo no saberlo.
-Es mi hermano pequeño. Soy su tutor legal.
-He oído que es brillante, aunque no he podido comprobarlo personalmente.
-Bueno, la asistencia no es su punto fuerte. Drama familiar –explicó Damon.
-¿No tenéis padres?
-No, ahora estamos los dos solos –respondió este cansado ya de tantas preguntas.
-¿Y habéis vivido aquí siempre?
-Más o menos. Viajamos bastante.
-¿De verdad? ¿Por dónde? ¿Estados Unidos? –el vampiro lo fulminó con la mirada, por lo que tuvo que rectificar rápidamente-. Lo siento, me he pasado. No quería entrometerme. Bueno, encantado de conocerte.
-Lo mismo digo.
-Que disfrutes del Baile –se despidió el profesor.
Damon, algo mosqueado por la conversación, se acercó a Elena y a su hermano.
-Venga, deja ya de acaparar a mi chica –se burló él intentando animarse un poco-. Me toca bailar con ella.
-Claro –dijo Stefan apartándose de la chica-. ¿Has visto algo sospechoso?
-No, solo un par de adolescentes echándole alcohol al ponche –bromeó Damon-. Nada del otro mundo.
-Vale, os dejo entonces –se despidió su hermano.
-¿Te dejo cinco minutos sola y ya te lanzas al cuello de otro? –le dijo el vampiro a su novia una vez volvieron a estar solos.
-Haber venido antes –le acusó ella divertida, rodeándole la nuca con las manos-. ¿De qué hablabas con el señor Saltzman?
-De cómo mi hermanito se salta las clases. ¿Me has visto? Creí que estabas muy entretenida bailando con Stefan...
-¿Estás celoso? –rió ella.
-¿Qué pasaría si lo estuviera?
-Que no tendrías motivos para ello, porque entre tu hermano y yo no hay nada.
-Le oí decirle a Lexie que le gustabas –respondió Damon algo tenso.
-Vale, le gusto a tu hermano. Es un poco incómodo –reconoció ella-, pero el amor es cosa de dos, y yo te quiero a ti. Así que, no tienes de qué preocuparte. Además, prefiero al mayor de los Salvatore. Más misterioso, más atrevido, más guapo, más seductor y mejor bailarín.
-¿En serio, todo eso? –preguntó él con una sonrisa de lado.
-Todo eso y mucho más –respondió ella besándole.
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-Tú no vas al instituto, no tienes por qué ayudar –le dijo Jeremy a Anna cuando esta le trajo más vasos de plástico para el ponche.
-No me importa, es divertido. Ah, se me olvidaba –dijo ella tras una pausa-. ¿Podrías dejarme el diario de tu antepasado?
-¿Para qué?
-Dijiste que podía leerlo.
-No lo tengo.
-Bueno, está claro que no lo has traído aquí pero puedo acompañarte a tu casa.
-No, se lo he dejado a mi profesor de Historia –se justificó él.
-Espera, ¿por qué se lo has dado a él?
-Porque quería leerlo.
-No deberías darle algo así a cualquiera –le riñó Anna serio por primera vez.
-¿Pero debería dártelo a ti?
-Prestar –respondió ella rápidamente-. Prestármelo.
-Bueno, se lo he prestado al señor Saltzman.
-A lo mejor está en su clase, iremos a buscarlo –propuso ella nerviosa.
-¿Pero qué pasa ahora con ese diario?
A la chica se le empezaron a marcar las venas de los pómulos y a oscurecer los ojos.
-Los ojos –dijo él.
Anna se giró para darle la espalda.
-Olvídalo, tengo que irme –dijo ella yéndose de allí rápidamente.
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Anna estaba caminando por los pasillos desiertos del instituto cuando vio a otro vampiro frente a ella.
-¿Qué haces aquí? –le preguntó este.
-Buscar el diario –explicó ella enfadada con él-, seguir el plan, lo que tú no estás haciendo. Deja en paz a esa chica.
-Me gusta. Es igual que Katherine.
-No es Katherine, ¿vale? Katherine está en la tumba.
-Lo sé, pero hasta que abramos la tumba puedo jugar con ella.
-No seas estúpido, esa chica está con los Salvatore.
-No me asustan, no son nadie.
-Por favor, Noah, no hagas esto. Lo echarás todo a perder.
-No tienes por qué preocuparte, no voy a dejar que te pase nada –prometió él-. Tendrás lo que has venido a buscar. Solo quiero divertirme. Es igual que Katherine –añadió al final antes de irse de nuevo a la fiesta.
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Damon y Elena estaba bailando cuando la chica miró hacia una puerta y vio al vampiro que entró en su casa.
-Damon, en la esquina –le indicó ella.
Este se detuvo de repente y miró hacia esa dirección.
-Llama a Stefan –le pidió él antes de irse tras el vampiro.
Damon siguió al chico de la capucha por entre la gente, hasta llegar a los pasillos, donde lo acorraló contra las taquillas.
-¿Qué pasa, tío? –le dijo el hombre algo asustado.
-¿Dónde está?
-Estaba pidiendo algo y un tío me dio su sudadera.
Damon soltó al hombre y golpeó con furia las taquillas.
-¡Mierda! –gritó enfadado.
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Elena estaba buscando a Stefan cuando su móvil sonó.
-Hola, Elena –le dijo Noah-. Te diré lo que vas a hacer. Hay una puerta detrás de ti –mientras el vampiro hablaba, ella intentaba ver dónde estaba-. Tienes cinco segundos.
-No.
-O tu hermano morirá –le amenazó él, a quien ahora vio que estaba junto a Jeremy-. Puedo partirle el cuello tan rápido que nadie lo verá. Ve a la salida.
-No te atrevas a tocarle.
-Andando. Sal fuera.
A Elena no le quedó más remedio que hacerle caso y salir corriendo por la puerta que el vampiro le había dicho.
Estaba corriendo por los pasillos cuando se topó con una puerta cerrada. Noah estaba caminando despacio tras ella, por lo que pudo correr hacia la cafetería, donde comprobó que la puerta que daba hacia el exterior también estaba cerrada. En unos segundo, el vampiro apareció junto a ella y la lanzó contra una mesa. Elena encontró un lápiz de madera en el suelo y se acordó de la broma de Damon, esa de que un lápiz de madera bien afilado podría ser muy peligroso. Peligroso o no, era de madera y servirá para ganar algo de tiempo hasta que vinieran a salvarla, por lo que no dudó en clavarle al vampiro el lápiz en el pecho. Tenía otro, así que se lo clavó en la mano. Eso le dio ventaja para acercarse a una fregona de madera y partirla. Al intentar clavársela, Noah la detuvo. Le arrancó el palo de la mano y lo tiró lejos de allí.
El vampiro estuvo apunto de morderla en el cuello cuando Stefan apareció tras él y lo apartó de la chica.
-Eh, imbécil –le llamó Damon a sus espaldas, quien llevaba el palo de madera en las manos-. Nadie quiere matarte, solo queremos hablar.
Noah sonrió con ironía y corrió hacia Elena. Damon le lanzó el palo a su hermano, quien lo cogió al vuelo y se lo clavó al vampiro en el pecho.
-¿Y ahora quieres hablar? –preguntó Stefan cuando este cayó de rodillas al suelo.
Damon unió a ellos en menos de un segundo.
-¿Estás bien? –le susurró a Elena acariciándole la mejilla.
Esta asintió y ladeó un poco la cabeza para apoyarse mejor en la mano de él.
-Que te den –le dijo Noah a Stefan, quien le clavó más profundamente la improvisada estaca.
-Respuesta incorrecta. ¿Por qué estás haciendo esto?
-Porque es divertido.
A Damon lo hubiese gustado ser él quien torturase al vampiro, pero su hermano había activado el modo asesino y era divertido verle explotar su lado malo.
-¿Qué quieres de Elena? –volvió a preguntar Stefan.
-Es igual que Katherine.
Los hermanos Salvatore se quedaron mirándose el uno al otro, asombrados por la respuesta.
-¿Conociste a Katherine? –preguntó Damon.
-¿Creíais que erais los únicos? –le dijo Noah-. Ni siquiera os acordáis de mí.
-Dime quien tiene el grimorio –le exigió Damon.
-No –respondió este, ganándose un estacazo más por parte de Stefan-. Buscad el diario. El diario de Jonathan. Jonathan Gilbert.
-¿Quién más trabaja contigo? –le preguntó Stefan.
-¿Quién más hay? –exigió saber Damon.
-No –se negó Noah-. Vais a tener que matarme.
Stefan miró a Damon dubitativo, a lo que este asintió con la cabeza, por lo que Stefan le arrancó la estaca del pecho a Noah y se la clavó en el corazón.
-Hermano, le estás cogiendo gustillo a esto de matar vampiros delante de mi chica –le acusa Damon con una sonrisa maliciosa.
-Espera –dijo Elena algo asustada-, ¿qué vais...? ¿Cómo encontraréis a los demás?
-Tenía que morir –sentenció su novio.
-Elena, lo invitasteis a entrar –le explicó Stefan, como si eso lo aclarase todo.
En ese momento, escucharon un ruido de fuera. Los tres se giraron hacia la puerta y vieron a un hombre.
-Vete –le dijo Stefan a su hermano-, yo limpio esto.
Damon asintió y se llevó a Elena cogida de la mano. Al salir por la puerta, este la detuvo.
-Espera aquí un momento –le pidió antes de moverse a velocidad vampírica.
Damon cruzó un pasillo y se encontró con el profesor de Historia.
-Hola –dijo el hombre cuando este se apareció frente a él cortándole el paso.
-¿Qué estás haciendo?
-Buscando a una compañera.
-¿Por qué estás en Mystic Falls? –preguntó Damon usando la compulsión.
-Tengo trabajo de profesor –respondió de inmediato, mirándole fijamente a los ojos.
-¿Sabes lo que soy?
-El hermano de un alumno –respondió Alaric apretando con fuerza las hojas de verbena contra su mano.
-¿Todo lo que me has dicho es verdad?
-Sí.
-Entonces, olvida esta conversación –le obligó Damon antes de irse de allí.
Al regresar con Elena, esta le preguntó.
-¿Quién era?
-El profe de Historia, que tenía ganas de dar un paseo. Tranquila, no sabe nada, se lo he preguntado.
-¿Me llevas a casa? –preguntó ella, pues ya no tenía ganas de seguir en la fiesta.
-Claro –respondió él rodeándole los hombros con un brazo.
00000
Una vez terminada la fiesta, Alaric acompañó a Jenna hasta su casa.
-Gracias –le dijo ella devolviéndole la sudadera que llevaba puesta-. Me ha venido bien.
-Bueno, gracias por venir. De verdad que te lo agradezco. Has hecho de esta noche algo mucho más... Bueno, lo has hecho. Punto.
-Ha sido un placer.
-Y gracias por aguantar lo de mi esposa –rió él sin ganas-. Tengo que dejar de hacerlo. No está bien en una cita.
-¿Eso es lo que ha sido? –preguntó ella ilusionada-. ¿Una cita?
-No. Desde luego no una cita, pero el viernes... Tú, yo, cena, vídeo... Eso es una cita. ¿Qué te parece?
-Me suena bien –sonrió ella-. Y puedes hablar de tu esposa todo lo que quieras. Esas cosas tardan en curarse. Seamos nosotros mismos.
-Aún así creo que intentaré hablar de Isobel lo mínimo.
-¿Isobel? –se sorprendió ella.
-Sí, así se llamaba.
-¿Dónde había nacido?
-En Virginia. No era de muy lejos de aquí, por cierto.
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-¿Estás bien? –le preguntó Damon a Elena metiéndose en la cama con ella.
-¿Resulta raro si digo que sí?
-¿Es cierto? –dijo él con una sonrisa de lado, mientras rodeaba la cintura de la chica con sus manos y se colocaba encima de ella.
-Debería estar más alterada, o asustada, o algo así, pero... Me siento casi eufórica.
-¿Eufórica? Esperaba algo más... sexy –respondió él rozando su nariz con la de ella.
-Me he defendido esta noche, ¿eso no te parece lo suficientemente sexy? –dijo Elena jugando con los cabellos de él mientras este seguía acariciando nariz contra nariz.
-Lástima que no haya estado allí, me hubiese gustado verlo.
-Si te portas bien, puede que luego te haga una recreación de la escena –le ofreció ella.
-¿Y si no quiero portarme bien? -le desafió Damon con voz traviesa, rozando ahora sus labios.
-Entonces ya no sería un "puede" –respondió la chica sonriendo, intentando alcanzar su boca y besarle de una vez por todas.
-La adrenalina te sienta bien –le dijo él separándose un poco para evitar ese contacto, pues quería hacerla esperar.
-Calla y bésame –le pidió ella tirando de su nuca para obligarle a unir sus labios.
-Ansiosa –murmuró él accediendo a su demanda.
