CAPITULO 28

OLOR A VAINILLA

Jueves 10 de Julio. 21:35 pm. Tulsa, Oklahoma.

Eres consciente de que esto me lo vas a pagar tarde o temprano, ¿Verdad?.

Vamos Santana—Quinn apenas podía contener la sonrisa— Solo han sido cuatro gotas… y queríais refrescaros un poco ¿No?

No ha tenido gracia… tenemos la ropa empapada.

A mí me ha encantado—Interrumpió Brittany.

Las chicas caminaban hacia el motel que minutos antes, Rachel había logrado encontrar en su navegador. Estaban en las afueras de Catoosa, una pequeña villa situada a escasas millas de Tulsa. La noche se les había echado encima y tenían que encontrar el lugar donde dormir.

El motel, situado en una carretera secundaria paralela a la interestatal 44 no era gran cosa, al menos a simple vista. Contaba con una pequeña tienda que al mismo tiempo servía de bar. A través de los ventanales solo pudieron observar a varios hombres, sentados en la pequeña barra y una pareja ocupando una de las mesillas.

Justo al lado de la tienda estaba la recepción. Una estancia pequeña que dejaba bastante que desear y en la que ni siquiera cabían las cuatro chicas. Encima de un viejo y pequeño mostrador había un timbre. Britt se adelantó a Rachel y lo tocó.

Unos segundos más tarde y con el paso ralentizado, apareció tras una cortinilla que hacía de puerta quien debía ser el recepcionista. Un hombre de unos 50 años de grandes proporciones, con un bigote que le caía por la comisura de los labios y una escueta hilera de pelos que recorrían su cabeza de oreja a oreja, dejando una incipiente calva al descubierto, y que provocó el temor en las chicas.

Las cuatro miraron al tipo de arriba abajo. Rachel y Britt instintivamente retrocedieron ante la imponente figura del recepcionista.

¿Qué quereis?— preguntó de mala gana.

Hola—saludó la rubia— ¿Tiene habitaciones disponibles?

¿Para vosotras?, ¿Os estáis escapando de casa?

No es problema suyo… ¿Tiene habitaciones?— cuestionó Santana con su habitual tono.

El hombre las miró una a una. Quinn y Santana mantenían el tipo ante las miradas acechadoras del recepcionista, Britt no prestaba atención mientras que Rachel trataba de esconderse tras la espalda de Quinn.

Aquel tipo le daba miedo, tenía cara de pocos amigos.

¿Cuántas habitaciones?

Cuatro—respondió Santana manteniéndole la mirada.

¡Tres!— exclamó Rachel y todas la miraron—No… no quiero dormir sola—se excusó con algo de vergüenza.

Voto por dos— intervino Brittany regalándole una mirada a Santana—Así dormimos todas acompañadas

¿Cuatro, tres o dos? No tengo todo la noche—espetó malhumorado el recepcionista

¿Cuánto cuesta la noche?— preguntó Quinn ignorando a las demás

Cien dólares.

¿¡Qué!?— exclamaron todas al unísono.

Ni en broma, nos vamos a otro lugar.—Volvió a hablar Santana tomando la voz cantante.

No podemos pagar 100$ por una habitación para una noche—añadió Rachel buscando con algo de dudas mientras miraba al hombre medio escondida.

Si reservamos solo una pagaremos 25$ por persona—Dijo Quinn girándose hacia las tres.

—¿Por qué dormir mal?, seguro que cerca hay más moteles, este señor solo quiere aprovecharse de nosotras—Masculló Santana

No se equivoque señorita— dijo un poco más afable el recepcionista— Su amiga rubia tiene razón, si reserváis una habitación podréis dormir las 4 perfectamente, la cama es amplia y hay un sofá bastante grande. No vais a encontrar nada más barato a estas horas.

Quinn volvió a mirar a las tres mientras dudaban.

No podemos perder más tiempo, si seguimos entreteniéndonos tendremos que gastar más dinero en comida y en gasolina. Si paramos aquí y salimos temprano, habremos descansado y llegaremos a Los Ángeles por la tarde—añadió tratando de convencerlas.

La rubia tiene razón— dijo Britt imitando el tono de voz del recepcionista.

Yo hago lo que digáis— Rachel seguía mirando de reojo al tipo que torcía su boca formando una leve sonrisa cada vez que sus miradas se cruzaban

¿Y tú qué dices?—cuestionó Quinn mirando a Santana.

Hoy te estoy odiando más que nunca, ¿Lo sabes verdad?— replicó enfadada y Quinn sonrío. Aquella respuesta fue la confirmación que esperaba aceptando la habitación.—Espero que la suite real tenga al menos ducha— ironizó.

Por supuesto— sonrió el hombre segundos antes de hacer el papeleo previo y entregarles las llaves de la habitación. Y con ella en su poder, salieron las cuatro de la recepción directas hacia el coche, donde debían recoger el equipaje para poder descansar tranquilas en aquel lugar. En esa habitación que a punto estuvo de destruir el presupuesto que llevaban.

Se encontraba en el extremo opuesto. El motel contaba con dos plantas, las habitaciones se alineaban en fila unidas por un estrecho pasillo que daba al aire libre, tal y como fielmente los describían en esas películas de terror que solo se emitían en televisión.

Habitación 27— dijo Brittany mientras abría la puerta— No recuerdo ninguna profecía sobre el numero 27 ¿ Y vosotras?— preguntó al tiempo que se adentraba en la habitación.

No lo sé, pero he visto tantas películas de terror que ya no me asustan los moteles de carretera—respondió Santana sin perder de vista el interior de la misma.

La habitación era bastante amplia para lo que esperaban. Una cama de matrimonio bajo un ventanal llenaba la parte izquierda. El sofá del que hacía mención el recepcionista se encontraba frente a la puerta de entrada con una pequeña mesilla delante y una pequeña televisión colgada de la pared, encima de la puerta. A la derecha, una pequeña puerta daba a un escueto baño, con un plato de ducha, un lavabo y un retrete.

¿Cien dólares esto? se quejó de nuevo Santana.—Menudo timo

Dejemos de lamentarnos, si no llega a ser por Rachel ninguna habríamos buscado nada y ahora mismo estaríamos en el coche, dando vueltas o durmiendo en una carretera.—Replicó Quinn empezando a cansarse de las continuas quejas de la latina.

¡Ohhh! Esto es nuevo para mí—musitó con sarcasmo— Ahora valoras lo que hace Rachel… ¿Qué ha pasado mientras ibais a por gasolina?¿Me he perdido algo?—añadió con travesura, y Quinn no tardó en enfrentarse a ella con una desafiante mirada.

Si no dejáis de discutir, voy a ser yo quien se vaya de aquí.—Espetó Rachel molesta.

Rachel tiene razón, dejaros ya de estupideces—Intervino Brittany— Estoy cansada, siempre hay alguien enfadada y no nos podemos divertir así.

Yo me conformo con cenar. ¿Dónde está la comida?— Rachel no tardó en intentar calmar la situación y lanzó una mirada hacia Quinn, que tras ello sacó de una bolsa la comida que horas antes habían comprado en el área de servicio, y rápidamente comenzaron a repartírsela entre ellas. Menos Santana, que seguía mirando a su alrededor e intentando entender por qué una habitación como aquella valía cien dólares la noche.

Creo que me voy a duchar antes de cenar, la ropa mojada me está poniendo de mal humor.—Concluyó finalmente, tras ver cómo tanto Brittany, Quinn y Rachel empezaban a prepararse para cenar. Santana se acercó a su maleta dispuesta a sacar ropa seca pero unos golpes la detuvieron. A ella y a las otras tres, que se miraban confusas.

Unos pasos se empezaron a escuchar, cada vez más fuertes y seguros en el exterior y el temor a estar viviendo de veras en una película de terror, no tardó en apoderarse de Rachel y Brittany, no así de Quinn, que a pesar de estar enfada con ella no dudó en cuestionarla con la mirada. De pronto unos golpes certeros en la puerta hicieron que se removieran inquietas.

¿Quién es?— preguntó asustada Rachel

Si no abrimos no lo sabremos nunca dijo Quinn mientras se acercaba a la puerta al ver que nadie se movía. La abrió lentamente pero firme. El recepcionista aparecía tras la puerta con las cejas arqueadas.—¿Qué sucede?— preguntó al verlo.

He olvidado deciros que sólo disponéis de 30 minutos de agua caliente — miró hacia dentro de la estancia cruzando la mirada con Santana –

¿Qué?, ¿30 minutos? Para cada una ¿No?— dijo adelantándose.

No, 30 minutos de agua caliente… una vez que activéis el calentador, solo os funcionara durante esa media hora.

No me lo puedo creer— balbuceó Quinn.

Tranquila… es verano, el agua fría no es tan fría— ironizó el recepcionista sonriendo mientras se alejaba.

Santana volvió a sentarse en el sofá al lado de Rachel, mientras Britt comenzaba a cenar sentada en una pequeña banqueta.

No pasa nada San— dijo al ver la cara de la latina— No creo que esté más fría que el agua de la piscina.

Ok, pues me dejas a mí el agua caliente y te duchas tú con la fría… ¿Vale?— Cuestionó con sarcasmo.

Ni hablar…

Yo también necesito el agua caliente para ducharme — dijo Quinn mientras se acercaba a la mesita.

Rachel permanecía en silencio, comiendo de un pequeño bol con pasta.

Pues no sé si voy a poder ducharme e minutos.

Pues tendrás que hacerlo—le ordenó Quinn—Todas necesitamos agua caliente.

Yo tengo un plan para poder tener más minutos de aguaInterrumpió Brittany mientras daba un mordisco a su sandwich. Todas la miraron esperando a que continuase hablando.—Si nos duchamos por separado solo tenemos esos minutos pero si nos duchamos juntas tendremos más.

¿Quieres que nos duchemos todas juntas?, ¿En esa minúscula ducha?—preguntó Rachel tras cruzar la mirada varias veces con Santana y Quinn.

Santana no pudo evitar reír ante la ocurrencia de la bailarina.

Todas juntas no… pero si podemos ducharnos de dos en dos, de ese modo tendremos 15 minutos de agua caliente –respondió sin dejar de comer.

Reinó el silencio.

Es buena idea— Santana miró a Quinn que no decía nada— pero un segundo…— volvió la mirada a Rachel— Alguna que otra vez te he escuchado decir que te duchas con agua fría por las mañanas...¿No es cierto?

La morena bajó la mirada presa de las dudas. Por supuesto que podía ducharse con agua fría, pero la idea de compartir baño con Quinn era demasiado tentando como para desecharlo.

No— se apresuró a contestar— He pagado mis 25$ y también quiero agua caliente.

—¿Qué opinas Quinn?— Fue Brittany quien tomó la palabra en ese instante—¿Te apetece compartir ducha?

—Opino que tenemos que ponernos de acuerdo cuando nos vamos a duchar— respondió tratando de quitarle importancia.

—Yo me voy a duchar en cuanto termine de cenar, lo necesito.—Dijo Santana

—Entonces yo también—Añadió Brittany.

—¿Rachel?—Preguntó Quinn

— Me parece bien…— dijo mientras terminaba su plato de pasta.

Se pusieron de acuerdo para acceder a la ducha de tal forma que pudiesen aprovechar el máximo de tiempo posible cada una. Apenas unos minutos después de cenar, Santana sacó su ropa para meterse en el baño y Britt la siguió. Pero eso no era lo que Quinn habia pensado que sucedería. Al menos no así.

¡Hey!— exclamó¿Por qué vais las dos juntas?—dijo al verlas entrar en la ducha.

Hemos quedado que nos duchábamos de dos en dos… ¿Recuerdas?— respondió Santana sin perder ese tono sarcástico que tanto detestaba Quinn.

Sí, pero que yo sepa no hemos decidido las parejas.— miró a Rachel.— ¿O sí?

Estamos perdiendo tiempo— canturreó Brittany mientras tiraba del brazo de Santana y se colaban en el baño dando un portazo. Mientras Quinn, se quedó de pie mirando fijamente a Rachel, que sentada en el sofá agachaba su mirada.

¡En trece minutos estamos dentro!¿Me escucháis?..¡Trece! gritó mientras volvía al sofá dónde estaba Rachel.

Si quieres puedes entrar sola— susurró Rachel sin mirarla

¿Qué?— se extrañó—¿Por qué?

Yo puedo ducharme con el agua fría, no te preocupes… en realidad si lo hago a menudo.

¿No quieres ducharte conmigo?—Cuestionó sin pensar, de hecho se arrepintió en el mismo instante en el que lo escuchó salir de su voz. Rachel soltó el brik de zumo del que bebía al escuchar aquellas palabras de la rubia.—Quiero decir— reaccionó— ya sabes… aquí… eh...— tartamudeaba.

Te he entendido—respondió la morena tratando de serenarse.— No es por eso… es solo que si prefieres ducharte sola no hay problema.

No, no… nos duchamos juntas, quiero decir— volvió a recapacitar— Que no te vas a quedar sin agua caliente porque sí...por mi todo está bien… ¿ok?

Ok

El silencio inundó la estancia, ambas se quedaron pensativas durante unos minutos mientras terminaban de comer los últimos restos de la cena. Solo el ruido de la ducha y algunos comentarios de Santana y Britt rompían aquel silencio.

Oye— interrumpió Rachel— Santana y Britt no solo son…. "amigas", ¿Verdad?YQuinn la miró confundida. A esas alturas, después de tanto tiempo compartiendo clases y lo que no eran clases, cualquiera habría notado que las dos animadoras tenían una relación un tanto especial. Cualquiera menos Rachel, por lo que veía.Quiero decir, yo sé que entre ellas hay mucha confianza pero… ¿Es algo serio?— añadió con algo de dudas.

No lo sé… sólo sé que Santana…—Se detuvo provocando una larga pausa— Ok, no puedo hablar de esto Rachel…lo siento. Le prometí no hacerlo.

Está bien— sonrió tímidamente— Lo entiendo, es sólo que a veces me desconciertan. Hace tres semanas estaba con Karosvky y ahora…

Ella sabrá lo que hace— Musitó Quinn un tanto molesta consigo misma. Le costó no hablar, pero había prometido a Santana no decir nada acerca de su miedo a que todos supiesen la verdad. Aun no estaba preparada para dar ese paso y sólo Britt y ella lo sabían. No podía romper su promesa ni siquiera con Rachel, en quien confiaba al cien por cien. Y de nuevo uno de esos tensos silencios se apoderó de la estancia. Silencio que de nuevo Rachel se atrevía a romper.

Quinn— dijo sacando a la rubia de su mutismo—Sé que estás enfadada conmigo por haberme puesto celosa aquel día que me presentante a la camarera pero entiéndeme, te vi ahí, sin que me dijeses nada y de pronto conocías a esa chica que había coqueteado contigo y… no sé, no consigo que esa sensación de desconfianza se me vaya.

No tienes que sentir nada, no confías en mí y…dudo que lo hagas nunca.

Si confío en ti Quinn, pero no…—tragó saliva— no termino de creer que…

Quinn la miraba atónita esperando a que terminase aquella frase, pero la puerta del baño las interrumpió.

Santana y Britt salían cubiertas con toallas y sonrientes.

Os toca—Dijo Brittany indicándoles la entrada al baño.

Quinn permanecía atenta a Rachel, deseaba escuchar de una vez por todas aquellas confesiones de la morena, aquellas palabras que creía conocer y que podrían ser la excusa perfecta para pedirle explicaciones sobre su viaje con Finn. Quería saber sin su viaje con el chico era por fastidiarla a ella o porque de verdad estaba enamorada de él. Pero Rachel no terminó de hablar.

Se levantó del sofá directa a coger su toalla y su neceser y lanzando una última mirada a la rubia se dirigió hacia la ducha.

Quinn hizo lo mismo, pero antes de entrar Santana se interpuso en su camino.

No hagas una estupidez… es mejor que os aclaréis antes.—Le susurró segundos antes de que se colara en el interior del baño. Y cuando lo hizo supo qué pretendía hacerle ver su amiga. Rachel ya casi estaba en ropa interior y la tentación iba a ser demasiada.

Rachel ni siquiera se giró al sentir que Quinn ya estaba allí y se limitó a seguir desvistiéndose, procurando no perder mucho tiempo. Quinn al verla, se giró instintivamente y respiró profundamente, notando como los nervios empezaban a acusarla. No se había detenido a pensar que tener a Rachel desnuda no era la mejor idea para permanecer fría y firme. Tenía que afrontar aquel momento con total serenidad y calma, tenía que ver a Rachel como una amiga más o mejor como una enemiga, pero nunca como la chica de la que había estado enamorada durante tantos años. Y seguía estándolo, por supuesto.

Si tardas más te vas a quedar sin agua— murmuró la morena bajo el incesante chorro de la ducha y Quinn reaccionó. Se desvistió rápidamente pero con cautela mientras le daba la espalda y lanzaba algunas miradas de reojo. Y ordenándose a sí misma en repetidas ocasiones que no la podía mirar, logró meterse bajo la ducha con la cabeza baja, dándole la espalda en todo momento para que el agua comenzase a correr por sus hombros.

Y Rachel la notó. Tenía su espalda junto a la de ella y el pequeño roce logró que se estremeciera. Tenía que ser fuerte. Ser natural para no incomodar a la rubia. Pero era demasiado. La tenía justo a sus espaldas, notaba como el agua fluía entre las dos y el roce de la piel se hacía cada vez más acentuado.

Necesito lavarme la cabeza— murmuró.

La morena se apartó un poco para que Quinn pudiese acercarse más a la ducha y aprovechar el agua mientras ella enjabonaba la larga melena.

El movimiento no fue todo lo rápido que esperaban. Quinn, con los ojos cerrados, trató de moverse hacia el lugar que le había cedido, pero no fue consciente de dónde estaba exactamente y se chocó contra el cuerpo de Rachel, que con la inercia dejó caer su espalda sobre la pared de la ducha.

Lo siento— dijo al tiempo que abría los ojos y trataba de sujetarla

Su mano fue a parar justo a la barriga de la morena.

Rachel sonrió. Le temblaron las piernas al notar como la palma de la mano de Quinn se anclaba en su vientre para estabilizarla, sin ser consciente de lo vulnerable de aquella zona en su cuerpo. Básicamente había descubierto su punto débil y ni siquiera lo sabía. Sus ojos fueron a detenerse en la mano y Quinn, al ver la reacción, la apartó velozmente.

Tenía a Rachel completamente desnuda, con las gotas de agua corriendo por todo el cuerpo y sin embargo, lo que más le llamó la atención fue ver como las pestañas que adornaban los enormes ojos de la morena se hacían más largas y espesas con la magia del agua, provocando una imagen espectacular de su mirada que difícilmente conseguía evitar.

Rachel se giró y dándole la espalda comenzó a lavar su cabeza, mientras Quinn bajo la ducha volvía a cerrar sus ojos al tiempo que se enjabonaba y trataba de no pensar en nada.

Pero de poco le sirvió aquel intento de concentración, de nuevo algo la distrajo. El olor, aquel olor a vainilla volvía a aparecer, aquel perfume que distinguía a Rachel del resto del universo y que le volvía completamente loca, inundaba todo el baño.

Abrió los ojos y descubrió que provenía del champú que estaba utilizando y el espectáculo que observó la hizo estremecer por segunda vez.

Los ojos de Quinn siguieron toda la silueta de Rachel desde la cabeza, completamente llena de espuma y bajando lentamente, recreándose en la curva perfecta que hacía la espina dorsal en su espalda, observando como el agua caía suavemente por su nuca y terminaba perdiéndose bajo su espalda llevándola a descubrir algo que jamás imaginó ver en su cuerpo.

Un pequeño tatuaje se asomaba justo donde la espalda dejaba de ser espalda. La silueta de un escorpión adornaba aquella zona haciéndola más sensual aún para ella, llevándola a creer que había perdido la cabeza, y la noción del tiempo. Sin embargo, supo reaccionar a tiempo para que Rachel no se diese cuenta de que la observaba, justo cuando se giró para meterse bajo el agua. Quinn también se giró y ahora era Rachel la que no pudo evitar deleitarse con la visión que le regalaba la rubia bajo el agua, que terminando de quitarse la espuma, permanecía con la cabeza alzada y con los ojos completamente cerrados.

El calor fue inundando a Rachel. Para ella enamorarse de Quinn era enamorarse de su persona, de su manera de ser, de sus ojos, su sonrisa de sus besos. Había conseguido dejar a un lado aquel miedo a enamorarse de una chica y aceptó que sus sentimientos no eran por una mujer, sino por una persona. Pero el ver el cuerpo de Quinn completamente desnuda bajo la ducha, con el pelo cubriéndole parte del rostro y dándole un aire sexy que jamás antes había contemplado, le hizo comprender que su deseo también estaba provocado por aquella silueta de mujer. No podía evitar sentirse irremediablemente atraída por su cuerpo. Y el deseo de avanzar hacia él fue haciéndose más intenso, tanto que casi no podía evitarlo.

Dando un paso hacia adelante, se colocó a escasos centímetros de ella, que al roce de la piel giró su cabeza para encontrarse con su mirada.

Estaba quieta, justo debajo del chorro de agua que caía de la ducha, dejando que la espuma de la cabeza cayese por todo el rostro y el cuerpo. Mantenía los ojos casi cerrados para evitar que el champú le hiciese daño. Sus brazos estaban inmóviles, cayendo sobre sus costados. Quinn la observó. El olor del champú volvía a inundarla y girándose un poco se colocó frente a la morena e impasible, respirando suavemente alzó su mano hasta llegar a la frente de Rachel y con un gesto suave, fue apartando el pelo que caía sobre el rostro, ayudando con sus dedos a eliminar los restos de espuma y dejando al descubierto los ojos cerrados que se abrieron instintivamente al notar el roce..

Fue cayendo lentamente hasta perderse por el cuello y la nuca ,mientras Rachel se conmovía con el suave movimiento de los dedos sobre su piel.

Rachel fue acercándose cada vez más hasta quedar a escasos centímetros de sus labios y sin dejar de observarlos, avanzó hasta casi rozarlos. Pero Quinn, en un gesto rápido pero sensual, alejó un poco su cabeza. La morena volvió a acercarse en un nuevo intento por besarla, pero Quinn volvía a repetir el mismo gesto que segundos antes la había separado de ella, ésta vez dejando entrever una leve sonrisa, provocando que la confusión se apoderase de la morena.

¿No quieres besarme?— susurró.

Quinn volvió a enredar sus dedos entre el pelo mojado de Rachel, que permanecía impaciente sintiendo la respiración de la rubia tan cerca de su boca.

Me muero por besarte— respondió.

¿Y por qué no lo haces?— sonó desesperada.

Quinn volvía a sonreír.

Me muero por besarte, pero no en el baño de un motel de carretera, no es el momento—se mantuvo firme y Rachel cerró sus ojos al tiempo que se separaba de ella con algo de frustración reflejándose en su rostro.—Has conseguido que el agua fría parezca caliente— Añadió segundos antes de ver como Rachel ya daba por finalizada la ducha y la abandonaba.

No lo suficiente— murmuró al tiempo que se secaba con la toalla.

Quinn permanecía bajo el agua ya fría, observando a Rachel que no había vuelto a mirarla.

Rachel— buscó su atención— hay muchas cosas que necesito contarte antes de perder la cabeza para siempreSe excusó y la morena sonrió sutilmente mientras terminaba de ponerse el pijama que había escogido para aquella noche.

Es curioso, yo hace semanas que perdí la mía, pero lo disimulo muy bien— Respondió al tiempo que le regalaba una última mirada antes de salir del baño.

Quinn se quedó bajo la ducha. El agua estaba helada pero necesitaba sentir ese frescor sobre su cuerpo. Aun trataba de comprender como había tenido la entereza y la frialdad para no caer en los labios de Rachel. Estaba loca por ella, pero todos los contratiempos que habían sucedido a lo largo de las últimas semanas, la había hecho recapacitar. No podía mantener esa montaña rusa de encuentros con ella. Desde que se besaron por primera vez, todo habían sido besos, peleas, caricias, llantos, y eso les hacía daño. No podía volver a caer en aquello hasta no aclarar todo y cuando decía todo, era hablarle de su infancia, contarle la verdadera historia de aquella nota en su buzón, aquel chisme sobre Steve McCurt, la verdad sobre Amber, explicarle absolutamente todo y que ella de una vez por todas, le aclarase que es lo que realmente quería.

De esa forma solo cabían dos posibles finales. Aceptar que estaban locas la una por la otra o por el contrario apartarse para siempre o al menos hasta que sus sentimientos dejasen de existir.

No supo cuánto tiempo estuvo pensativa bajo la ducha cuando el sonido de un secador la sacó de su embelesamiento. Con calma fue saliendo de ella y preparándose para salir al encuentro de las tres chicas que esperaban en la estancia principal.

Habían pasado casi 15 minutos desde que salió de la ducha hasta que salió a la habitación y el panorama que se encontró la hizo sonreír.

Santana y Britt dormían abrazadas en un extremo de la cama. La escena le produjo un claro sentimiento de dulzura que no pudo evitar contener al verlas. Rachel permanecía en el otro extremo de la cama, mirando con atención el GPS.

¿Están dormidas?— murmuró bajando el volumen de su voz.

Creo que sí— susurró Rachel dejando al escucharla.

Es increíble, después de todas las quejas van a dormir ellas mejor que nosotras.

Aquí hay sitio para las cuatro— dijo Rachel dejando un trozo amplio en la cama.

Quinn terminaba de recoger sus cosas y se sentó en el sofá.

Me quedaré aquí.

¿Por qué? Hay sitio mira— Volvía a insistir para que se acomodase junto a ella.

Lo sé, pero tengo el pelo mojado. Aquí estaré más cómoda además, creo que Santana da golpes mientras duerme dijo divertida.

Tú sabrás lo que haces— Añadió Rachel algo molesta mientras se acomodaba y le daba la espalda. Algo que a Quinn le hizo sonreír. Aquel gesto infantil de desacuerdo solo le hacía indicar que realmente se moría de ganas por volver a abrazarla, y dormir junto a ella era la mejor excusa que podía tener. Y con aquella imagen de Rachel tratando de conciliar el sueño, se acomodó en el sofá y buscó que el sueño terminase por adueñarse de ella también. Ilusa de ella.

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