"Ciudad del amor"
- ¿Quinn?
- ¿Qué haces aquí? – Pregunto sin prestarle atención a Alex - ¿Cómo has entrado?
- Tengo una copia, me la has dado tu ¿recuerdas? – Camino pausadamente hacia la habitación donde Quinn depositaba toda su atención en una gigantesca valija - ¿Qué haces?
- ¿No es obvio? – Detuvo su acción observando su ropa - ¿Debería llevar ropa de verano también?
- ¿Sabes siquiera dónde vas?
- Claro – camino hacia el baño - ¿Qué haces aquí? ¿Ha pasado algo en el teatro? – pregunto desde la puerta con el secador de pelo en la mano. Alex la miro buscando explicaciones frente a su actitud pasiva sin comprender que se traía entre manos. Quinn levanto sus cejas esperando una respuesta
- Yo… - sacudió su cabeza – No ha pasado nada. Te has olvidado tu móvil y te lo he traído. ¿Dónde vas?
- En busca de Rachel – respondió volviendo a su tarea inicial – No me has respondido si llevo o no ropa de verano.
- No puedo responderlo hasta que no me digas el lugar exacto.
- No te quedes ahí parada. Trae el calzado… el que más te guste. Varios pares.
- No te hare la pregunta de ¿Por qué no vas a su casa? Porque es obvio que no está ahí.
- Buena observación. ¿Qué hay de Hudson?
- ¿Qué? – grito desde el cambiador
- ¿QUÉ HAY DE HUDSON? … demonios, odio hacer estas cosas – murmuro al ver que su valija era un completo desastre – No cerrara
- ¿Qué no cerrara? – Pregunto al volver – Estas botas me encantan – mostro el par
- Mi valija. Cuando vuelva puedes quedarte con ellas, no las uso mucho.
- Genial – se las entrego junto con varios pares de zapatillas y unas delicadas sandalias
- No usare estas – mostro las sandalias
- Llévalas, tienen taco se que las odias, pero uno nunca sabe – levanto sus hombros – Respecto a Hudson ya debe estar llegando al teatro por la hora. ¿Segura no tienes tiempo de venir a la reunión?
- No lo creo. El vuelo sale en tres horas y ni siquiera me he bañado.
- Tranquila. Ve asearte yo me encargo de esto.
- ¿Segura?
- Nadie ha muerto por hacer una valija – la corrió del lugar con pequeños empujones.
- Por eso eres mi amiga – le dio un beso en la mejilla y corrió hacia el baño para abrir la ducha
- Aun no me has respondido donde esta Berry.
- ¡Bienvenidos a Paris! la ciudad de las luces, la moda y el amor - espeto la azafata en el avión – Son exactamente las 10:00am con un temperatura de 3°C y probabilidades de una fuerte nevada.
- Tiene que estar bromeando – murmuro la morena - ¿Has oído Mark?
- Me temo que sí. Suerte la mía que he traído mis súper botas para este frio.
- Odio el frio.
- ¿Por qué ha decidido venir aquí entonces? – pregunto parándose del asiento para tomar las pertenencias de Rachel.
- Es una promesa que tenia. Pasar mi cumpleaños aquí, en Paris.
- Pensé que lo pasarías con tus más allegados. – la morena negó desabrochando su cinturón
- Es una promesa que tengo con una amiga.
- Entonces, ¿Ella vendrá luego? – Rachel agacho su mirada encendiendo su móvil dando a entender que ese tema era algo delicado. – Lo siento señorita Berry. Ha sido irrespetuoso de mi parte.
- Mark – esbozó una sonrisa - ¿Qué te he dicho sobre tutearme?
- Me resulta muy difícil.
- Pues tendrás que hacerlo si no quieres dormir fuera. Has oído que se viene una gran nevada, yo que tu lo pensaría.
- ¿Dejarías que un pobre hombre duerma fuera? – sonrió
- Pruébame y verás.
- Por si las dudas, no me arriesgare. ¿Vamos?
- Claro. París nos espera.
Por dios, agradezco que los ataques arriba de este avión no se estén haciendo presentes, pero la pastilla tiene efectos muy fuertes y parezco una moribunda con aires de drogada.
- Disculpa, estas en mi asiento.
-¿ Mmhmm? – frunció su ceño
- Mi asiento – señalo con su pequeño dedo
- Oh ¿Tu quieres sentarte aquí? – señalo donde ella misma se encontraba
- El boleto dice que me toca del lado del pasillo – levanto sus hombritos
- Por supuesto. Mala mía, lo siento princesa.
- Es bueno que sepas que soy una princesa – respondió la niña dejando su pequeño oso en el asiento para sacarse la mochila que cargaba en sus hombros
Quinn sonrió – Tu corona no es muy discreta que digamos.
- ¿te gusta? – pregunto sonriente tocándose el accesorio
- Es muy bonita ¿No tienes una para mí? – pregunto acomodando sus cosas en su lado del asiento
- ¿Eres princesa? – Quinn frunció su boca y negó con su cabeza - ¿Reina? – Volvió a negar – Me temo que no podre darte una entonces – levanto sus hombros
- Vaya, que lastima. ¿Cómo te llamas? – pregunto tras ver como la pequeña tomaba asiento y sus pies quedaban colgando. Una ternura.
- Creo que no estoy autorizada a darte esa información.
- Pero no vienes sola ¿Cierto?
- ¿Cómo se te ocurre que una niña de ocho años puede estar sin un adulto? – frunció su pequeño ceño. Quinn intento no reír.
- Lo siento, soy bastante torpe – negó con su cabeza – Entonces… no me dirás tu nombre.
- Nop
- Muy bien. Una lástima porque yo tampoco estoy autorizada a darle dulces a niñas que no me dicen su nombre.
- Los dulces hacen mal a los dientes – levanto sus hombros restándole importancia
- ¡Wow! ¿En serio? – Fingió no creerlo – Tendré que arriesgarme – negó con su cabeza sacando una pequeña paleta de su bolso – Frutilla, mi favorita – La pequeña la miraba por el rabillo de su ojo
- Isabella ¿Qué te he dicho? – una mujer apareció
- Ya he acomodado mis cosas. – ignoro su pregunta
- Por favor, no vuelva a irse de mi lado de esa manera.
- De acuerdo – puso sus ojos en blanco y Quinn observo como tomaba asiento del otro lado del pasillo manteniendo la cercanía a la pequeña.
- Disculpa – la rubia llamo la atención de la mujer – Si lo desea puede sentarse aquí, yo tomare su lugar gustosamente.
La mujer subió ambas cejas sorprendida por su gesto pero la pequeña interrumpió su acción de abandonar el asiento tras recibir la aprobación de su acompañante.
- No hace falta. Vuelve a tu asiento Julianne. Aquí estoy perfecta y he pedido viajar sola.
- De acuerdo señorita – la mujer morena volvió a su asiento sin recriminar la actitud de la pequeña.
- ¿Me darás mi dulce?
- No si sigues con esa actitud muchachita – la pequeña castaña levanto una de sus cejas – No me intimidas, yo puedo hacer lo mismo – levanto su ceja mostrándole el mismo gesto
- Vaya, tampoco me intimidas. Puedo tener todos los dulces que quiera.
- ¿De veras? – la pequeña asintió – Entonces… ¿Puedes pedirme chocolate para mi también?
- Claro – sonrió al ver una enorme paleta frente a sus ojos – A mí también me gusta de frutilla. Gracias.
- De nada. Esta actitud me agrada mucho más. – Sonrió - ¿Ella es tu madre?
La niña negó con su cabeza – Solo es mi asistente – Quinn comenzó a reír pero al ver el gesto serio en su carita decidió parar – No es broma.
- ¡Wow! ¿Eres una especie de pequeña pop-star? O ¿La noviecita de Justin Bieber?
- ¿Qué dices? – Arrugo su nariz - ¿Bieber? ¿Qué tienes en la cabeza? – Quinn comenzó a reír
- No lo sé, todas las niñas de tu edad están enamoradas de ese joven.
- Ya te he dicho que soy una princesa, Isabella.
- De acuerdo princesa, tu nombre es muy lindo.
- Gracias, me lo han puesto por mi bisabuela.
- Que bien, yo también me llamo como mi abuela… Lucy. ¿Iras a verla a ella también?
- Claro, tendremos que asistir a una fiesta y luego volveré a casa, ella espera por mí.
- Que afortunada eres a tenerla todavía, debes aprovecharla mucho – la niña sonríe asintiendo - ¿Vas hacia Paris como yo?
- Sip. Mis padres esperan por mí junto a mi hermano George. Pero solo espero poder ver a mi tío Henry, el es muy divertido. ¿Tu?
- Yo voy a pasar unos días con una amiga. Es su cumpleaños.
- ¿Llevas regalo?
- Mmhmm… no he tenido tiempo.
- ¿Estás loca? ¿Cómo pretendes caer a su fiesta de cumpleaños sin un regalo?
- No he tenido tiempo pequeña. Cuando llegue a Paris le comprare algo
- No soy pequeña, soy grande. Cómprale alguna joya, a las mujeres nos encantan esas cosas.
- Anotado – le sonrió a la pequeña sin poder creer su forma de pensar
- ¿Tienes hijas? – Quinn asintió - ¿Cuántas?
- Solo una, se llama Bethany.
- ¿Es parecida a ti? – la rubia negó con su cabeza
- Solo en carácter, tiene los ojos de su otra mama.
La pequeña abrió sus ojos sorprendida – Veo… es una niña con dos mamis. Que afortunada – sonrió
- ¿Eso crees?
- Claro. Si tener una mami es genial tener dos debe ser súper cool, mucho más si tu eres una de ellas
- ¿Piensas que soy cool?
- Por supuesto, tienes dulces ¿no? – Ambas rieron - ¿Beth no se aburre sin un hermano?
- Beth ya es grande, no tiene edad para jugar cariño.
- Que pena, si no podre jugar cuando sea grande entonces no quiero crecer. Yo no sé que haría sin mi hermano, me aburriría mucho.
- Una princesa como tú no puede aburrirse
La niña asintió – Créeme que me aburro, pero mi hermano logra que la pase bien en las fiestas donde vamos.
- ¿Y has dejado tu castillo solo? Digo… toda princesa tiene un castillo ¿no?
- Palacio – la corrigió - Mi bisabuela está ahí ahora. Por cierto… ¿Cómo te llamas?
- Quinn Fabray.
- Vaya… como Queen, de reina.
- Algo así… – respondió sonriendo
- Algún día te invitare a jugar a mi palacio en Londres… si es que no te sientes demasiado vieja
- Veré que puedo hacer con eso, pequeña. – el sonido del móvil comenzó a sonar.
- Justo es ella – sonrió la rubia mostrándole la foto que aparecía en la pantalla con el nombre de su hija.
- Deberías de apresurarte porque en unos minutos pedirán que apaguen todas esas cosas.
- Hola hija – le sonrió a la pequeña que ya devoraba el dulce.
- Madre – saludo llorando
- Beth ¡¿Qué sucede?! – se tapo el oído que tenia desocupado para lograr oír mejor
- Madre, ¿Dónde estás? – pregunto sollozando
- Arriba de un avión… hija ¿Dónde estás? ¿Qué sucede? – pregunto desesperada al escuchar el llanto del otro lado
- Mami… dios… no… no sé por dónde empezar – su voz temblaba
- Por dios Beth, me estoy desesperando a punto de bajarme del avión. Dime que estas bien.
- Lo estoy.
- ¿Es Britt? ¿Qué le paso? – pregunto alarmada
- N-no… ella. Soy yo.
- Hija, cálmate por favor – pidió sintiendo como sus manos comenzaban a temblar
- Estoy en el baño… mami – sollozo
- ¿Sola? ¿Dónde está Samuel? ¿Te están robando? Oh por dios hija, ¿Es eso? Déjame… - Beth la interrumpió
- ¡CALMATE! – grito desesperada. Hubo unos segundos de silencio – No quise gritarte, lo siento. No es como tenía planeado decirte esto
- Beth, hija… ¿Puedes decirme de una vez?
- S-serás… serás abuela – sollozo – Estoy embarazada, Ma.
- Dime…
- ¿Estas preparada para comer algo?
- No creo que baje a comer, Mark. Estoy muy cansada por el viaje aun.
- Son casi las 5:00pm ¿Has dormido algo?
- Si, pero tu llamada acaba de despertarme. Gracias por eso.
- De nada. Bueno, ¿Piensas salir en las próximas horas? ¿Quieres que prepare el auto?
- No. Tomate estas horas para ti, el día si quieres. Dudo que salga del hotel.
- Pero pasando media noche es tu cumpleaños.
- Lo sé, pero no tengo ánimos de hacer nada. Quizás me bañe y baje al Spa.
- ¿Segura?
- Claro, Mark. Haz lo que quieras, no saldré. No te preocupes por mí.
- Muy bien. Por favor cualquier cosa llámame de inmediato al móvil.
- Si… Bye – colgó la llamada.
Muy bien es hora de levantarnos murmuro tocándose la pansa. Dios esta habitación es muy amplia, parece mi piso.
- Dios ¿Tienes mucha hambre chiquitín? Primero déjame hacer mis necesidades y luego iremos a devorarnos el bufet o mejor haremos pedido a la habitación ¿de acuerdo?
Debo parecer una loca hablando sola, en realidad con mi pequeño hijo. Soy feliz, aun no puedo creer que dentro mío estés creciendo, que mi cuerpo sea tu pequeño hogar. Eres el amor de mi vida sin lugar a dudas, el mejor regalo para este cumpleaños.
Camine hacia el baño y me pare frente al espejo luego de hacer pis. Levanto mi remera y me pongo de perfil inflando mi pansa para ver lo que me espera dentro de unos meses.
Un hijo.
Un hijo creciendo dentro de mí, un hijo mío y de Quinn. Cierro mis ojos y suspiro profundo, ¿Qué estoy haciendo exactamente? ¿Debería de llamarla? ¿Debería volver a Nueva York? Niego con mi cabeza, no volveré a correr riesgos en esa ciudad.
La llamare, le preguntare como se encuentra y veré. Si hare eso.
Volví a mi cama y me recosté tras tomar el móvil de la mesa de luz. Agradezco tener buena memoria, de igual manera es imposible olvidarme su número. Aprieto el botón verde pero rápidamente cuelgo la llamada. ¿Qué estoy haciendo? No puedo.
De acuerdo, lo hare. Dios ¿Qué me pasa? ¿Serán las hormonas? Ni yo me soporto. Vamos, la llamare y terminare con esta tortura. Muy bien.
Nuevamente apretó el botón de llamada y me lleve el móvil a la oreja. Buzón de voz. Me desvió directamente al buzón de voz. Rápidamente corto e intento calmar mi respiración. Por unos segundos agradezco que lo tenga apagado. ¿Por qué lo tiene apagado?
Frunzo mi ceño y rápidamente vuelvo a marcar, pero esta vez a Santana.
- Pequeña…
- Vaya ¿Estas despierta?
- Claro, son pasada las 11:00 ¿Cómo has llegado?
- Claro, aun no me acostumbro a las diferencias horarias, pensé que era más temprano. Llegue bien, le he dado el día libre a Mark y yo estoy acostada aun. Afuera está congelado.
- ¿Cómo se encuentran?
- ¿Quiénes?
- ¿Quién más? Tú y el pequeño Berry - Su tono de emoción me hela los huesos y veo como se me eriza la piel. Es la primera vez que me preguntan como estoy en forma plural, será algo a lo que tengo que acostumbrarme gustosamente.
- Muy bien, de hecho estábamos conversando que comer.
- ¿Aun no han comido? – ahora su tono de voz es alarmado
- Mmhmm… he comido una ensalada antes de acostarme para descansar.
- ¡¿Estás loca mujer?! – alejo el móvil de mi oreja por su grito – Ya mismo pides comida ¿Me has oído? Debes alimentarte bien ahora, tienes que comer por dos Rachel
- Lo se, lo siento.
- No me sirven tus lamentos. Debes tomarte las cosas en serio
- Ya lo sé – respondo molesta – Es mi hijo después de todo.
- Y mi sobrino, y espero que ahijado ¿Qué esperas?
- ¿Ahijado? ¿Con quién hablas Sany? – Se me congela la sangre y no precisamente por el frio polar de afuera. Sino por la voz de Brittany que se cuela por la llamada.
- Eh… nada, ninguno, nadie cielo – Oigo como San balbucea nerviosa y yo comienzo a reír por los nervios y por imaginármela en ese momento.
- Iré a correr un poco. Vuelvo en unas horas
- Claro nena. Ve tranquila – siento como se despiden con un beso. Tiernas
- Veo que das por sentado que es niño y no niña.
- Ya demasiado con nosotras ¿no? – Se formulo un silencio entre nosotras – Oye… ¿Qué harás esta noche?
- Pues… ¿dormir?
- ¿Estas de broma cierto?
- No lo creo San. No tengo ganas de salir de aquí, aparte el frio me quita todas las ganas.
- No Rachel, es tu cumpleaños. Sabes que no he podido viajar contigo pero en unos días me unire. Por favor no hagas que me arrepienta y me sienta mal. – Odio que use ese tono de voz que me provoca sentirme culpable
- San…
- Rachel… - siento como suspira – Escucha, se que tienes que hacer reposo pero eso tu no lo entiendes al tomarte un vuelo hasta Paris. Ya que has hecho lo que quieres, no te cuesta nada salir a comer con tu pequeño hijo y festejar tu cumpleaños. Aun que sea sal a tomar un poco de aire. No me gusta la idea de que te encierres hasta que yo pueda viajar. ¿Puede ser?
- Bonne nuit. Le Grand Colbert, s'il vous plaît. – Le di la indicación al conductor y me relaje en el asiento trasero del auto.
Relajar es una forma de decir, por supuesto. Veré a Rachel, la veré y no le daré oportunidad de que escape esta vez. Siento que voy a vomitar de los nervios, mi corazón esta agarrado a mi garganta y mis manos sudan inexplicablemente.
Seré abuela.
Suspiro y cierro mis ojos. Siento como las lagrimas vuelven a escapar de mis ojos involuntariamente. Estoy feliz por mi hija y su prometido. ¿Cómo ha pasado todo tan rápido?. Vuelvo abrir mis ojos y puedo ver como la Torre Eiffel descansa a mi izquierda siendo decorada por sus despampanantes luces. Es enorme, debo traerla aquí y darle su regalo de cumpleaños. Sin dudas lo hare.
Fuerzas Quinn. Es Rachel después de todo. Me he acostado con esa mujer, le he hecho el amor y hasta le he dicho que la amo. No es una extraña, es Rachel. Creo que si me lo repito hasta el cansancio lograre que los nervios abandonen mi cuerpo pero a estas alturas los imposibles se vuelven inalcanzables.
- Le Grand Colbert – Me anuncia el conductor. Hemos llegado.
¡Oh mi dios!
Llego el momento. No puedo echarme atrás. Saco el dinero y se lo entrego agradeciendo su servicio. Esta helado aquí, más que en Nueva York. Rachel lo debe estar odiando. Sonrió al recordar las veces que ha maldecido por tener que abrigarse de mas.
- Beinvenue dame – Supongo que es el maître del restaurante.
- Bonne nuit. J'ai une réservation – Menos mal que he aprendido idiomas. Gracias madre.
- Quel est votre nom?
- Berry… - He reservado a mi nombre, pero me asegurare que Rachel este aquí.
- Viens avec moi, s'il vous plaît – Demonios, está caminando hacia su mesa y no me ha dado tiempo de detenerlo para decirle que no es mi intención sentarme con ella… no aun.
Mierda, mierda… puedo verla. Luce hermosa. No levantes tu mirada, no quietes tus ojos del menú Rachel, por favor no lo hagas.
Mierda.
- Mlle Berry – Demasiado tarde.
Sus ojos redondos color chocolate me están mirando, y su enorme sonrisa se borra de inmediato tras notar mi presencia.
- Merci – susurro tras notar como el maître se aleja de nosotras para atender nuevos clientes. – Hola.
- Quinn… - su voz sale sin aliento. Si Rach, soy yo.
- ¿Puedo sentarme? – señalo la silla que esta corrida frente a ella. Veo el detalle de dos platos en la mesa, pero rápidamente corro mi mirada al escuchar su voz.
- ¿Qué haces aquí? – me pregunta sin pestañar. Apunto con mi cabeza la silla y ella de inmediato asiente para concederme el permiso.
Pensaba hacer una segunda parte de este fic, pero como lei varias quejas por terminarlo aca no lo voy hacer.
Siento muchisimo si demoro en subir caps, perdi a uno de mis amigos y los dias se me estan complicando un poco. Su partida me marco mucho, tengan paciencia. Por favor.
Pequeño gigante, donde quieras que estés te extraño. Siempre en mi corazón.
Glee y sus personajes no me pertenecen.
