Don't you remember

Capítulo 28 a:

Kurt pasó la mayoría de su jueves recuperando la información de sus cuentas bancarias y números Pin de tarjetas, configurando su nuevo teléfono móvil y obteniendo tantas contraseñas como le fuera posible basándose en el conocimiento de Sebastian y adivinando. Por la tarde, estaba enfermo de pasarse el día mirando papeles y la pantalla del ordenador pero Sebastian se negó a cambiar su pijama y salir. Él estaba empeñado en convertir su jueves en el perfecto domingo perezoso, ellos acabaron cogiendo un par de tazas de café y subiendo al tejado para ver el atardecer. Kurt seguía pensando en la última vez que había subido allí, en Blaine, en el beso. Sebastian estaba aparentemente siguiendo esa misma línea de pensamiento porque estaba en silencio, mirando por encima de los edificios al sol que descendía con una expresión pensativa en su rostro.

Durante un largo tiempo, ninguno de ellos habló pero cuando el sol finalmente desapareció tras el horizonte y la ciudad empezó a encenderse, Kurt dejó escapar un largo suspiro y dijo:

- La ciudad de Nueva York.

-Que avispado – dijo Sebastian con una sonrisa.

Kurt le ignoró y cerró sus ojos por la fría brisa que sin duda había desordenado su cabello al pasar. No pudo conseguir que le molestara.

-Sigue constándome creer que estoy realmente aquí – dijo – En esta ciudad, en este apartamento…

- … Atascado conmigo.

Cuando Kurt se giró a mirarle, la sonrisa de Sebastian mostraba que bromeaba.

-Atascado contigo, sí – dijo devolviéndole la sonrisa.

-Podría ser peor, y lo sabes.

- Podría – acordó Kurt en voz baja mientras Sebastian cogía su mano.

Se quedaron en el tejado hasta que sus estómagos empezaron a protestar pero cuando volvieron al apartamento, ninguno de ellos estaba de humor para cocinar nada.

-No me apetece salir – dijo Sebastian, dejándose caer en el sofá – Pide algo.

Mientras esperaban a que su cena llegara, Kurt toqueteó su sistema de entretenimiento. Kurt no le había prestado atención desde que se mudaron, ocasionalmente había visto trozos de futbol y cabeceras de la CNN mientras Burt o Sebastian lo miraban, sin haberse sentido inclinado a verlo por sí mismo. No tenían ningún DVD, eso lo sabía. Su biblioteca esta digitalizada, la página de inicio dividida en carpetas… televisión en directo, series grabadas, películas y música. Kurt estaba a punto de abrir la carpeta de películas cuando un pensamiento cruzó su cerebro y casi tiró el mando del entusiasmo.

-¡Oh Dios mío! – dijo, con una sonrisa extendiéndose por su rostro.

-¿Qué?

-Acabo de darme cuenta de que probablemente tenemos todos los episodios no emitidos de Anatomía de Grey. Excepto que ya no son "no emitidos" porque estoy en el futuro y mierda.

No le importaba lo loco que sonaba o que Sebastian no había parado de reír a su lado porque finalmente, había algo bueno de haberse saltado diez años de su vida. Al menos sabría si Meredith y Derek tuvieron su final feliz o no.

Ignorando la manera en que los hombros de Sebastian seguían temblando por las carcajadas, abrió la carpeta de series grabadas y tuvo que detenerse a sí mismo de lanzar grititos de emoción cuando vio un archivo llamado "Anatomía de Grey – Completa". Antes de que Kurt pudiera abrirlo, Sebastian le había arrebatado el mando y había vuelto a la página de inicio.

-¡Hey! – protestó Kurt.

-Estamos viendo una película – dijo firmemente – Tienes todo el tiempo del mundo para ponerte al día con esa estúpida serie. No estás poniéndome a través de otro maratón. Dios sabe que he tenido que aguantar demasiados en el pasado.

Abrió la carpeta de películas y se la encontró llena de subcarpetas: Selección de Sebastian, Selección de Kurt, Mutuo acuerdo, divididas por género, nuevas, privadas y se giró de nuevo hacia Kurt.

-Así que. Es tu turno para elegir esta noche. ¿Prefieres elegir en base al género o confiar en el gusto de tu yo pasado?

- ¿Por qué me parece que estás disfrutando esto más de lo que deberías? – preguntó Kurt, arrebatándole el mando de su mano.

Su gusto en películas siempre había sido impecable así que Kurt estaba seguro de que elegir una película aleatoria de su carpeta sería una opción segura pero antes de poder hacer eso, su curiosidad le llevó a la última subcarpeta la llamada Privada.

Capítulo 28 b:

Dos iconos aparecieron cuando la abrió, una subcarpeta llamada "Boda" y otra con un pequeño candado. Cuando Kurt intentó abrirla, una petición de contraseña apareció.

-¿Por qué está bloqueada? – preguntó Kurt, girándose hacia Sebastian para obtener una respuesta pero solo encontró al otro chico sonriendo ampliamente.

- Vamos a dejar esta por ahora ¿vale?

-¿Por qué? – presionó Kurt, intrigado.

-Confía en mí.

- No.

-Kurt.

-¿Qué hay en esa carpeta?

-Tú no quieres saberlo.

-Quiero.

-No, realmente no lo haces – insistió Sebastian – No ahora mismo.

Algo en sus ojos convenció a Kurt de que tenía razón. Su curiosidad no se había extinguido pero existía una sensación de precaución que podía entreverse en el tono de Sebastian. Hasta ese momento, nunca se había negado a responder a una pregunta de Kurt, había llegado tan lejos como para comentar su vida sexual. Si Sebastian pensaba que ese archivo era algo para lo que Kurt no estaba listo todavía, Kurt iba a creerle y a confiar en él.

-Bien – dijo, su mandíbula apretada mientas volvía a la carpeta de las películas – Pero voy a verla en algún momento.

La primera película que vieron era una comedia de risa fácil, de esas que no tenían un argumento real, o propósito excepto mantener tu estómago adolorido de reírte demasiado. La segunda fue la adaptación de 2014 de Wicked la cual, tal y como Sebastian había predicho, Kurt acabó odiando. Fue divertido señalar cada detalle equivocado, especialmente desde que Sebastian parecía leerle la mente y decía exactamente lo que Kurt estaba pensando (probablemente recitando lo que recordaba de oírle decir otras veces)

Las críticas continuaron incluso después de que la película acabara… Kurt seguía pensando nuevas cosas que añadir mientras ellos tiraron a la papelera los contenedores de noodles, mientras se cepillaran los dientes, mientras ellos quitaban el edredón y se metían en la cama. Fue solo después de que finalmente dijo:

- No le hace justicia a la producción original de Broadway – con un resoplido que notó lo silencioso que Sebastian se había quedado a su lado.

Kurt giró su cabeza para preguntarle lo que pasaba pero olvidó lo que iba a decir incluso antes de decirlo. Sebastian estaba mirándole con una extraña mirada en sus ojos, una mezcla de esperanza y diversión y Kurt repentinamente comprendió donde estaban y como habían llegado allí.

-Estás en mi cama – dejó escapar.

-Sí, estaba preguntándome cuando ibas a notarlo – dijo Sebastian con una sonrisa tentativa.

-¿Cómo no me he dado cuenta de que te has metido en mi cama?

-Nuestra cama – corrigió Sebastian – Y probablemente porque parecías estar algo ocupado con Wicked para notar nada.

-¿Y has decidido tomar ventaja de ello? – preguntó Kurt, levantando una ceja.

Sebastian le ofreció una sonrisa en respuesta antes de añadir:

-Diría que lo siento pero no pude ayudarme a mí mismo… especialmente después de que no me dieras una segunda mirada cuando empecé a cepillarme los dientes a tu lado en el baño. Me imaginé que ibas a parar de hablar y darme las buenas noches en la puerta pero era como si estuvieras en trance. Tú simplemente seguías hablando y hablando y entonces estabas metiéndote en la cama e indicándome con la cabeza que apagara las luces y yo quería ver lo lejos que llegábamos antes de que te dieras cuenta.

-Bueno me he dado cuenta ahora – dijo Kurt, sin creerse cómo había sido capaz de no percatarse de ello en un primer momento.

-Y esa es mi señal para irme.

No era una pregunta por lo que Kurt no le respondió. Sebastian se movió acercándose a Kurt, la luz ensombreciendo sus rasgos.

-¿Puedo decir buenas noches antes de ir? – preguntó, acunando la mejilla de Kurt y acariciando con su pulgar el cabello junto a su templo.

Capítulo 28 c:

-Buenas noches – dijo Kurt, su voz temblaba un poco pero Sebastian no se alejó.

- ¿Sabes? Puede ser un signo de otra cosa – dijo en voz baja.

-¿Mmm? – zumbaba Kurt, sus ojos se empezaban a sentir pesados mientras Sebastian seguía trazando círculos en su templo.

- El hecho de que no pensaras que nada estaba fuera de lo normal cuando me acosté a tu lado – dijo Sebastian con una sonrisa – Tal vez no era porque estuvieras ocupado pensado sobre la estúpida película, tal vez era porque tu mente no veía nada raro en nosotros yendo a la cama juntos.

Kurt estaba pensando lo mismo pero todo lo que pido fue:

-Sí. Tal vez.

Sintiendo que Kurt no estaba de humor para seguir presionando en ese tema, Sebastian se inclinó y besó la frente de Kurt suavemente antes de salir de la cama, dejando un suave:

-Buenas noches, amor.

Kurt apenas había cerrado sus ojos cuando sintió la cama hundirse de nuevo. La habitación estaba mucho más oscura de lo que había estado antes pero Kurt no necesitaba luz para reconocer la familiar figura del cuerpo de Sebastian acercándose a él. Estaba a punto de decir oh, has vuelto, pero Sebastian estaba acercándole a su pecho, su aliento cálido en contra del rostro de Kurt, y Kurt solo podía pensar, por supuesto que has vuelto.

Unos cálidos labios tocaron los suyo mientras un par de brazos rodeaban su cintura y Kurt se derritió en el toque, acercándose hasta que fue capaz de sentir la longitud del cuerpo de Sebastian contras el suyo. Los segundos se convirtieron en minutos los cuales podrían haberse convertido en horas, la mandíbula Kurt moviéndose lentamente y sin descanso en sincronía con la de Sebastian. El toque de una suave y húmeda lengua en contra de la suya nunca fue demasiado, una mano se movía de arriba abajo por su espalda en largos trazos que hacían hormiguear todos sus nervios. Se quedó allí, sus manos en el cabello de Sebastian, pasando su pierna por encima de su cadera mientras ellos se besaban en la oscuridad de la habitación sintiéndose perezosos y contentos.

-Te amo, Kurt – susurró Sebastian, moviendo sus labios a lo largo de la mandíbula de Kurt, su garganta, la base de su cuello.

Kurt abrió su boca para contestar pero no pudo formar las palabras. Él lo intentó y falló, ningún sonido salió excepto por un grito ahogado.

-¿No vas a decírmelo tú también? – preguntó Sebastian, moviéndose hasta elevarse sobre el cuerpo de Kurt con el ceño fruncido.

No puedo.

-¿Por qué no?- preguntó Sebastian sacudiendo su cabeza y dejando a Kurt su frustrada expresión.

Había una razón. Kurt no podía recordar la razón. Algo sobre un accidente pero ¿cómo iba a explicárselo a Sebastian?

-¿Por qué no, Kurt? – preguntó de nuevo Sebastian, su voz profunda y más peligrosa que antes. Su rostro colérico, sus ojos centelleando incluso en la oscuridad. Kurt no se dio cuenta de que Sebastian estaba presionando su estómago con el codo hasta que un agudo dolor le atravesó como una bala y abrió los ojos.

Estaba fuera de la cama y corriendo hacia el baño antes incluso de que las imágenes se hubieran desvanecido de su mente. Su cena le siguió, oleadas de esfuerzo que dejaron sus ojos acuosos y su cuerpo temblando. Cuando terminó, Kurt se dejó caer contra la mampara de la ducha, aceptando el vaso de agua que apareció enfrente de él. Le llevó un momento darse cuenta de que ya no estaba reposando en contra del cristal sino en los brazos de Sebastian. En el segundo en el que se dio cuenta de la situación, se alejó de Sebastian, poniéndose de pie.

-¿Estás bien? – preguntó Kurt, mostrándose herido por la reacción de Kurt.

-Yo… - Kurt aclaró su garganta, tobando grandes bocanadas de aire.

-Deben haber sido las gambas – dijo Sebastian – Me parece que su sabor era algo raro. Debes haberte comido demasiadas.

-Seguro – dijo Kurt, tirándose agua a la cara. Podía sentir el pánico de su sueño disolverse con cada gota de agua que tocaba su rostro. Una vez que se sentía lo suficientemente calmado, reabrió sus ojos y miró al reflejo de Sebastian en el espejo. Estaba mirando a Kurt con preocupación.

-¿Quieres que te traiga algo? – preguntó.

-Las pastillas que me recetó la doctora están en la encimera de la cocina. ¿Puedes traérmelas? – preguntó con voz vacilante.

Capítulo 28 d:

Sebastian asintió y desapareció, dejando a Kurt mover su mirada hacia su pálido reflejo.

-Solo un sueño – susurró – Solo un sueño estúpido.

Las gambas habían tenido un sabor extraño, ahora que Kurt pensaba en ello. Era una perfecta y lógica explicación de porqué su sueño se había vuelto tan erróneo al final. Ya había sucedido varias veces a lo largo de los años, siempre que había tenido una mala cena o había contraído un mal caso de intoxicación alimentaria. En sus sueños, había estado haciendo algo completamente sin relación, pero la sensación de nauseas de su estómago lo distraería y de repente el escenario de Broadway en el que estaba empezaría a temblar o el coche en el que iba aceleraría hasta que su estómago se revolvía y se despertaba lanzándose hacia el baño para vomitar.

Comprender este hecho le hizo plantarse más firmemente en sus pies, sintiéndose más anclado en la realidad.

-¿Quieres que me quede contigo? – preguntó Sebastian más tarde cuando Kurt volvió a la cama.

-Estoy bien – dijo Kurt.

-¿Estás seguro?

- Lo que fuera que me sentara mal ya está fuera. Estoy bien – dijo Kurt asintiendo.

-¿Para que necesitas las pastillas entonces? – preguntó Sebastian, dubitativo.

Kurt no sabía si sentirse molesto o tocado por la cuidadosa observación.

-Dolor de cabeza – dijo.

-¿Quieres otro masaje?

-Kurt sonrió al oírle.

-Estoy bien, gracias.

- No es por ser modesto, pero me han dicho que tengo manos mágicas – dijo Sebastian con una amplia sonrisa, pese a que Kurt podía ver que seguía preocupado.

-¿Y soy yo el que tiene que ser modesto?

-Vamos, tu puedes pagarme con un desayuno en la cama de nuevo – su voz llevaba aparejada un nota de súplica pese a que intentaba esconderla bajo su sonrisa arrogante y su postura relajada.

-En cuando me duerma, te vas – dijo Kurt con un suspiro mientras le empujaba dentro de la habitación – Pero no te hagas ilusiones con lo del desayuno, fue tu pereza la que nos trajo Chino esta noche y por eso estoy enfermo. Si alguien está haciendo el desayuno, eres tú.

Sebastian se burló.

-¿Mi culpa? No es como si tú hubieras insistido en cocinar. La única otra opción que teníamos era salir y comer Chino en el restaurante en lugar de pedirlo a domicilio. No pongas la culpa sobre mis hombros.

-Sigue siendo tu culpa – dijo Kurt con cabezonería, metiéndose bajo las mantas de nuevo. Sebastian se recostó a su lado, sonriendo cuando este no dijo nada mientras movía su mano hasta el rostro de Sebastian. Sus dedos eran cálidos en contra de la fría piel de Kurt y tras unos pocos segundos Kurt era capaz de sentir el dolor de cabeza retroceder.

Su estómago retumbaba con hambre cuando se despertó a la mañana siguiente pero antes incluso de que considerara que quería desayunar, Sebastian apareció en la puerta llevando una bandeja completamente llena. Kurt se sentó mientras Sebastian dejaba la bandeja en su regazo y revisó el contenido con una mirada divertida.

Junto al pan con mermelada y el zumo había un plato de panqueques guiñándole el ojo con una torcida sonrisa de jarabe.

CONTINUARÁ.