Realmente no puedo creer que esto ya sea el final. Antes que nada, ¡MUCHÍSIMAS GRACIAS! por acompañarme a través de esta historia y por estar al pendiente. Han sido parte de esta idea y sueño que tenía de escribir. Gracias, de nuevo por sus favoritos, alertas y reviews, por sus mensajes, todo.

Sé que ese no era el final que esperaban y me disculpo por las lágrimas. Muchos preguntaban que cómo iba hacer una secuela si había matado a Isabella, bueno ya se darán cuenta.

De nuevo infinitas gracias por todo. La secuela se llamará "Back to you" y la publicaré dentro de una semana y espero que me acompañen en ella.


Epílogo.


Un año después.

Damon se tomó su tiempo mientras caminaba por su habitación. Sus dedos rozaron cada superficie, acariciando cada mueble. Dudó antes de abrir el armario pero finalmente lo hizo. Isabella había hecho un buen trabajo organizando sus cosas de tal manera que ambos tuvieran espacio para guardar sus ropas y zapatos. Todo estaba intacto.

Retomó su caminata por el lugar. La maleta de Isabella aún estaba a un lado de la cama, todavía llena de un par de cosas que no había alcanzado a sacar a pesar de la insistencia de él porque no dejara nada dentro. Se acercó a la mesa de noche del lado izquierdo, aquella de la que ella se había apoderado. Su ejemplar de Cumbres Borrascosas, viejo y gastado, estaba descansando allí junto con otros numerosos libros.

"Estás en casa," la voz de su hermano irrumpió en la habitación. Stefan estaba arregostado al marco de la puerta mirando con cautela a su hermano.

"Solo soy una ilusión holográfica," contestó agriamente y con rastros de un humor oscuro.

"Te has ido por bastante tiempo," comentó entrando finalmente en la habitación. Damon se encogió de hombros y siguió recorriendo su habitación, centrándose en pequeños detalles. Aquello simplemente era una forma de decirle, te fuiste y no he sabido nada de ti.

"¿Has comenzado a extrañarme? Eso es realmente dulce," Stefan rodó los ojos.

"No he sabido de ti en un año Damon," el vampiro finalmente miró a su hermano.

"¿No has pensado quizá de que yo no quería que supieran de mí?" hubo un silencio y Damon pudo ver como su hermano escogía las palabras con cuidado.

"Sin embargo aquí estás," contraatacó Stefan.

"Touché."

"Te has perdido de muchas cosas," Damon volvió a encogerse de hombros y cruzó sus brazos por encima de su pecho. Su mirada se desvió una décima de segundo al pequeño armario que estaba junto al espejo, encontrando el libro de poesías que había leído unos días antes que su Isabella muriera, de ahí había sacado la frase que le había dicho aquel día.

"Elena es vampira, la familia feliz de los originales está viviendo en Nueva Orleans sin Kol porque Elena lo mató, Katherine ha reaparecido y está siendo una zorra, como siempre, te has graduado junto a un grupo de patéticos seres sobrenaturales que pretenden ser humanos para no sentir que sus vidas son miserables y odian en lo que se han convertido," la expresión de Stefan no cambió, su rostro estaba impasible y serio, pero una sombra de preocupación se extendía sobre sus ojos.

"Estás bien informado," Damon sonrió con ironía.

"Que no supieras sobre mí no significaba que yo no lo hiciera sobre ustedes," se limitó a responder.

"Alaric se siente…"

"Lo sé, vengo de hablar con él," Stefan asintió. Por un minuto hubo una competencia de miradas entre ambos hermanos. Damon finalmente suspiró, "no Stefan," dijo leyéndole el pensamiento, sin hacerlo realmente, solo vio en sus ojos la duda que lo atormentaba, "no he apagado mis emociones, sigo sintiéndome como el ser más miserable de este planeta, mi vida está hecha un mierda y estoy sintiendo el dolor en cada parte de mi cuerpo," respondió.

"¿Cómo te sientes?" el vampiro de ojos azules enarcó una ceja.

"¿Te perdiste la parte en la que dije que me sentía como una mierda?"

"¿Puedes responder una simple pregunta?" Damon suspiró.

"¿Qué quieres que te diga? ¿Qué quieres oír?" se acercó a él con paso firme y decidido, miró a su hermano a los ojos tan profundamente que creyó que podría descubrirle el alma, "¿Qué se está haciendo más llevadero con los días? ¿Qué ya no duele como hace un año? ¿Qué al fin me olvidé de ella?" soltó un bufido entre irónico y enojado, "no es así Stefan, cada día que pasa es peor, es como si hubiesen abierto un agujero permanente en mi pecho y cuando creo que he podido dejar de pensar en ella un minuto escucho su voz, ¡maldita sea Stefan, escucho su voz, a veces siento que está aquí y duele como el infierno!" exclamó sin perder los estribos pero con los dientes tan apretados que pudieron chirriar, "más que soñar con ella, duele despertar y ver que no está conmigo, así que respondiendo a como me siento," le sonrió fríamente, "me siento estupendamente."

Stefan mostraba una calma aparente pero las palabras de su hermano, crudas y cargadas de dolor eran penetrantes. Se mantuvieron en silencio por un buen rato que bien pudieron ser horas.

"Ese es el problema con el dolor, demanda ser sentido," respondió cortando el silencio. Damon soltó un suspiro agonizante.

"Las emociones son un asco fratello, pero prefiero vivir con ellas, el dolor me recuerda que una parte de mí sigue siendo humana," respondió el vampiro mayor con sinceridad. Stefan ladeó la cabeza y le dio una pequeña sonrisa casi imperceptible.

"¿Por qué has vuelto?"

"No lo sé," respondió, pero ambos sabían cuál era la razón. Ya había pasado un año exactamente desde su partida. Stefan ya había ido al cementerio a presentar sus respetos junto con Elena. Ambos se habían mantenido lo suficientemente cerca del mausoleo como sentir que le hablaban a ella pero lo suficientemente lejos como para que el dolor no se sintiese tan fuerte.

"¿Piensas quedarte?"

"No," respondió de inmediato, "aún no."

La realidad era que él no estaba listo para volver a dormir en aquella cama en la que había compartido noches con ella. Su olor aún se sentía por la habitación y él estaba seguro que su cama albergaba aún su esencia.

"Entonces, ¿para dónde vas?" preguntó Stefan, "y solo por curiosidad, ¿dónde has estado?"

"Aquí, allá, en ningún lado," respondió misteriosamente y con la primera sonrisa sincera que Stefan le veía desde que llegó. El menor rodó los ojos.

"Damon."

"He estado por ahí Stefan, vagando, ¿sabías que Isabella tenía una lista de lugares que quería conocer?" Stefan negó. Damon recordó como momentos antes de abandonar Mystic había venido a esta habitación a destruirla pero primero se dio en la tarea de revisar las cosas de Isabella, para saber si había algo entre todo ello que podía mantener junto a él.

Comenzó revisando sus libros y sin querer se encontró con una lista de lugares plasmados en un papel viejo y arrugado entre las páginas de su gastada edición de Cumbres Borrascosas. Su memoria recordó haber visto a Isabella esconder ese papel de él. Fue cuando vio aquella lista que cambió. Iría a cada lugar que ella había marcado con tinta, y así lo hizo.

"¿Entonces has vagado por el mundo?"

"¿Tú me estás escuchando Stefan? Te noto distraído," pudo ver a su hermano poner los ojos en blanco.

"¿Es eso de ella?"

"¿Qué cosa?"

"El dije," se explicó apuntando al pecho de Damon. Casi no se podía ver la cadena de plata que colgaba de su cuello pero allí estaba. Era una cadena que pocas veces había abandonado el cuello de Damon desde que se la había conseguido pero ahora tenía una nueva adquisición. Un dije con una 'S' estaba sujeto a la cadena.

"No, bueno, iba a ser de ella," respondió. Damon dio una última mirada a la habitación y salió de allí con Stefan siguiéndole los pasos, "Charlie se la iba a regalar de cumpleaños, era de su abuela, S por Swan, ya sabes," dijo quitándole importancia. Aunque su memoria revivió el momento en el que tuvo que decirle a Charlie que su hija había muerto.

.

Abandonó el cementerio dejando atrás a su hermano. Su pecho ardía y estaba comenzando a jurar que su corazón había sido reemplazado por una bomba de tiempo que en cualquier momento podía estallar.

Comenzó a caminar hasta la casa pero luego se detuvo en seco. Isabella tenía una familia. Una familia que la amaba y estaban en todo su derecho de saber. Dio media vuelta y se dispuso a llegar a la casa de los Swan. Su menté trabajó a gran velocidad tratando de buscar las palabras adecuadas para decir lo que había sucedido, sin embargo, allí estaba él, en el umbral de la puerta a punto de tocar y sin nada en la cabeza.

"Damon," Charlie frunció el ceño al abrir luego de dos toques, "Bella no está aquí, ella me dijo que se iba a encontrar contigo en la casa y de ahí iban a salir al baile," contestó como si esa era la razón por la que él estaba ahí. De repente la expresión de Charlie cambió y sus ojos brillaron de un sentimiento inexplicable, "¿qué sucedió?" dijo caminando al interior de la casa. Damon le siguió sin problemas. Él ya había sido invitado a esa casa.

Recordó cómo meses atrás Isabella y él habían pasado su primera noche juntos en la habitación de ella. Él sabía que Isabella era especial mucho antes de acostarse con ella pero esa noche su vida había cambiado. Sacudió su cabeza apartando los recuerdos que le taladraban el pecho y el alma.

"Charlie," comenzó, tomó una bocanada de aire, la garganta comenzó a apretársele, "Isabella… ella acaba de morir," esperó que aquel hombre gritara, llorara, hiciera algo, lo que fuera pero simplemente cayó en el sillón y su mirada se perdió en el infinito.

"¿Murió?" repitió en un susurro. Damon asintió sintiendo sus entrañas moverse de dolor. El vampiro esperó hasta que Charlie volvió a hacer contacto visual con él, "¿cómo?"

"Creo que no es necesario que…"

"Es mi… era mi hija Salvatore, ¿cómo murió? Ella… ¿ella sufrió?" Damon suspiró pesadamente y miró el techo un minuto. Finalmente comenzó a relatarle a Charlie lo sucedido. El hombre no reaccionó lo que hizo pensar a Damon que estaba en shock o que simplemente se había estado preparando por si este momento llegara alguna vez. O quizá era una combinación de ambas.

"Ella está en el mausoleo de los Salvatore," finalizó. Hablar de Isabella en pasado le dolía en el alma y más allá, "estaba seguro que mi eternidad era con ella, déjala descansar en mi tumba, por favor" ambos hombres se miraron, más que cualquier otra cosa, se estaban consolando, a su manera.

"Lo sé," respondió para su sorpresa, "ella te amaba, nunca dudes de eso, jamás la había visto tan feliz y completa, no me agradabas Damon, sigues sin hacerlo," Damon le dio una sonrisa triste, "eres todo lo que un padre no quiere para su hija, pero la amabas y eso era suficiente para mí," las palabras de su antiguo suegro lo conmovieron.

Charlie se puso en pie y caminó hasta una vitrina. La abrió y rebuscó en un cofre, sacando de el una pequeña bolsa de terciopelo azul.

"Charlie."

"Espera," pidió, le tendió la bolsita y Damon la tomó con delicadeza, "eso perteneció a la abuela de Bella, ha estado en nuestra familia por muchos años, se supone que se les da las hijas cuando se casan pero," se encogió de hombros, su rostro surcado de dolor, "pensaba dársela de cumpleaños."

Damon la abrió y la dejó caer en la palma de su mano. Era una cadena de plata muy delgada con un dije en forma de 'S' elegante. Parecía tener alguna clase de piedras incrustadas y el diseño era fino.

"¿De Swan?" supuso, Charlie asintió.

"Es para que las mujeres nunca olvidaran que antes de ser de sus maridos eran unas Swan."

"¿Y me lo estás dando?" preguntó incrédulo.

"Has dicho que estabas seguro de que tu eternidad era al lado de mi hija," lo miro fijamente, sus ojos iguales a los de Isabella lo taladraban, "esto te pertenece tanto como le pudo haber pertenecido a ella, solo cuídalo, ¿vale?" Damon asintió y guardó la cadena rápidamente en su bolsillo.

"Criaste una hija asombrosa, Charlie," dijo a modo de despedida.

"Lo sé, Salvatore, lo sé," con eso el vampiro desapareció de aquella casa con intenciones de no volver nunca.

.

Bajaron a la sala. Stefan se adelantó y buscó el whiskey en el mini bar y sirvió dos vasos.

"Elena quiere entrar a la universidad," comentó Stefan tomando un sorbo de su bebida. Damon lo miró entrecerrando los ojos y con una sonrisa.

"¿Y tú no?" Stefan se encogió de hombros, "no, espera, ya sé que me dirás, 'haré lo que sea que la haga feliz'" su hermano le sonrió.

"No pudiste decirlo mejor," Damon dio un largo sorbo a su trago.

"¿A dónde piensan ir?"

"Massachusetss, a Essex," respondió.

"Nunca he estado ahí."

"Tampoco yo," respondió Stefan.

"Entonces, ¿por qué iras?" Stefan lo miró.

"¿Sabes que hay varios puntos en el mundo dónde existe una fuerza de atracción ante los eventos sobrenaturales y por lo tanto atraen criaturas sobrenaturales?" Damon lo miró con cautela.

"Lo sé, Mystic es uno, Forks es otro, por lo general son pequeños pueblos," dijo Damon acordándose del pequeño pueblo de Forks y de los Cullen. Le debía a Anabel una visita. Desde que le había informado de la muerte de Isabella no la había visto más. Stefan asintió, "bueno a excepción de Nueva York y Londres," finalizó.

"Exacto," acordó el menor, "bueno, resulta que estos lugares a pesar de ser peligrosos para vivir, son los más seguros para gente como nosotros."

"¿Vampiros con problemas de personalidad?" Stefan lo ignoró.

"Essex es uno de esos lugares y aparentemente allí hay buenas universidades," Damon asintió.

"Pues me alegro por ustedes," sonrió.

"¿Vienes?"

"¿Con ustedes?" Stefan asintió, "¿sabes lo deprimente que es irte a vivir con tu hermano y su novia?"

"No me hagas rogarte."

"Elena te ha puesto en esta situación, ¿cierto?" Stefan soltó un suspiro y fue suficiente para Damon, "lo pensaré," se puso en pie, dejó el vaso en la cómoda y tomó la botella, "nos vemos luego, hermanito," se despidió. Damon salió de la casa y comenzó a caminar al cementerio.

Al llegar al mausoleo se quedó afuera reuniendo el valor para entrar y ver a Isabella. Muchas preguntas rondaban su mente y el dolor comenzó a hacerse más fuerte. Se pegó al mausoleo sin entrar.

"No te traje flores," comenzó a decir, "por cierto, nunca supe cuáles eran tus favoritas y ahora que recuerdo, nunca supe pequeños detalles sobre ti, tu color favorito por ejemplo," rio suavemente, "no es eso tan irónico, nos amábamos tantos y estábamos dispuesto a dar la vida por el otro, punto para ti por cierto, tú si lo hiciste," le dio un trago a la botella, "y nunca supe que flores te gustaban, aunque tú no eras de esa clase de mujeres que se mueren por flores y chocolates, sin embargo, si me hubieses dicho te hubiera traído algo," se sentó en la fría y dura arena.

El atardecer de Mystic comenzaba a verse glorioso en el cielo, pero entre las tumbas el ambiente se sentía casi fantasmal. La mirada de Damon se perdió en el horizonte por un par de minutos recordando aquel día.

"Ya ha pasado un año cariño y sigue doliendo," frunció los labios en una mueca de dolor, "no sabes todo lo que daría porque estuvieras aquí , nos hizo falta mucho por compartir y vivir juntos, todos esos lugares a los que fui, me imaginé que estabas allí, casi podía verte disfrutar conmigo," se acabó la botella en un trago largo y la dejó a un lado, "te amo y te extraño como nunca, mira en lo que me convertiste," rio, "no te traje flores pero me traje a mí, ¿soy suficiente?" susurró al viento.

Sus palabras volaron. Finalmente se levantó y luego de una larga bocanada de aire empujó la reja ya desgastada del mausoleo y entró. Caminó hasta su tumba que era ahora la de Isabella y se quedó en una pieza. No había nadie allí. ¿Había sido posible que Charlie la moviera? Él le había dicho que no. ¿Dónde estaba el cuerpo de Isabella?

Pánico comenzó a extenderse por su cuerpo pero antes de poner un pie fuera del mausoleo comenzó a sentirse mareado y de un momento a otro cayó en la inconsciencia.

Cuando abrió nuevamente los ojos, estaba rodeado de niebla. No tenía la menor idea de dónde estaba.

"Es bueno conocerlo en persona Señor Salvatore," una voz femenina susurró. La voz comenzó a tener forma y una mujer hermosa apareció ante sus ojos. Sus recuerdos hicieron conexión e identificó a la mujer.

"Eres Evangeline," musitó el vampiro. La mujer le sonrió y asintió.

"Es un gran esfuerzo el que estoy haciendo por tenerte aquí, así que seré breve y escucha con mucha atención, he estado jugando, bien podrías decirlo así, con ambos mundos, como sabrás estoy al pendiente de los Swan, protegiéndolos…"

"No hiciste un buen trabajo con Isabella," dijo amargamente. Evangeline sonrió y negó.

"Allí te equivocas, verás, de todas las historias de los Swan ha habido dos que me han llamado la atención profundamente, la de Anabel y la de Isabella, ambas te tienen en común por cierto," le sonrió.

"Con Anabel no hiciste un buen trabajo tampoco," Evangeline rodó los ojos pero no perdió la sonrisa.

"No soy Dios para ser todopoderosa y evitar muchas tragedias Señor Salvatore," Damon se cruzó de brazos.

"Ese era el sacrificio, ¿cierto? Cuando le advertiste a Isabella lo del plan de Esther, "la primera Swan asintió, "¿sabías que ella era quien se sacrificaría?"

"Tenía mis sospechas y yo se lo advertí pero el sueño se desvaneció tan rápido que dudo que me escuchara."

"No lo hizo."

"El punto Señor Salvatore es que soy una defensora empedernida de las historias de amor y como ya mencioné antes he estado jugando un poco con este lado," Damon frunció el ceño.

"¿A dónde quieres llegar?"

"Cuando su hermano mató a Esther al mismo tiempo en que Isabella fue asesinada hice un pequeño truco con ayuda de las brujas de este lado…"

"A las brujas no le gustan los vampiros Evangeline Swan, cómo sé que lo que sea que hiciste no tiene alguna trampa," Damon se preguntó si alguna vez esa mujer perdía su sonrisa o su buen humor.

"Ser Swan tiene sus ventajas," dijo encogiéndose de hombros, "ahora, concéntrese," Damon asintió dudoso, "aquella estaca no podía matar a Esther por lo que como dije hice un pequeño truco, consiguiendo que la vida de Isabella fuese intercambiada por la de Esther," el punto a donde se dirigía la conversación estaba llamando muchísimo la atención del vampiro, "ahora, no me mal entienda, Isabella realmente murió pero aquí entre usted y yo Señor Salvatore, hay muchas maneras de traer a la vida a alguien…"

"¿Me estás diciendo que…?"

"Isabella sigue viva, en algún lugar, sí," la noticia cayó en seco para Damon. Su Isabella estaba viva.

"¿Dónde? ¿Cómo? Yo debo…"

"Paciencia, la historia no termina allí," la emoción y ansiedad en Damon se disipó, "regresar a una persona de la muerte tiene sus consecuencias y antes de que Isabella fuera regresada a la vida tuvo que tomar una decisión, verás, para poder recibir algo tiene que dar otra cosa a cambio…"

"Por favor, llega al punto," pidió Damon con desesperación.

"Debía decidir entre mantener su memoria o apagar sus emociones para siempre," un peso cayó en el corazón de Damon que hace minutos estaba inerte.

"Ella tuvo que…"

"Escogió la memoria Damon, ella dijo y cito: prefiero olvidar que lo conocí y mantener mis emociones conmigo, porque sé que él no dudará en enamorarme de nuevo. Él regresará a mí."


"Ellos no renunciarán a enamorarse de nuevo."

Σοφία.