Gracias a la imaginación de Charlaine Harris que nos ha regalado estos personajes con los que jugar. Todos suyos.
Bueno, he vuelto. No me imaginaba que hiciese tanto tiempo desde que escribí el último capítulo. Sin aliento me absorbió por completo y no me dejó escribir ni una línea de esta historia.
Gracias a mis chicas de alexskarsgard-tb . foroactivo . com por su apoyo incondicional para terminar este capítulo. Sois geniales y hacéis que mis días sean mucho más divertidos.
¿Debería hacer un en capítulos anteriores...?
Bueno, recordemos que Eric no puede escapar al compromiso contraído por Ocella y se tiene que casar con Freyda. Sookie es testigo de ese enlace y pide su deseo al talismán creado por su abuelo Fintan. Desea que nadie la recuerde y empieza una nueva vida protegida por la magia, lejos de todo y todos junto con su hermano y con la ayuda del señor Cataliades, en Chicago, donde es una empresaria reconocida y tiene una relación con Preston Pardloe, un hada. Todo va bien hasta que una década después, Eric vuelve a irrumpir en su vida. A partir de ahí, que él la recuerde, sólo es el principio. Preston tendrá miedo a perderla y se aliará con la gente equivocada para retenerla. Claude es el príncipe a este lado del portal. Freyda sucumbe tras participar en el secuestro de Sookie y el intento de derrocar a Claude. Tras ser juzgada y condenada, la Pitonisa ofrece a Sookie la oportunidad de elegir esta vez ser la esposa de Eric sabiendo lo que hace. Están celebrando su unión cuando al salir del restaurante, se encuentran con Felipe, que se acuerda de Sookie. El hechizo se ha roto...
29.
No esperaba que, después de todo lo que habíamos pasado, de todo lo que nos habíamos perdido por en los últimos diez años, Sookie me fuese a salir con algo así. Pensé que había aprendido su lección, demostrarle quién era su dueño y señor, fue, como siempre un placer... Pero, demasiado bien recordaba cómo terminaban nuestros momentos difíciles, con algún sobresalto, con algo que los enturbiara sino los fastidiara completamente. Nos íbamos a casa a seguir con nuestra noche de bodas, cuando nos topamos con Felipe de Castro, ¿qué coño se le había perdido tan lejos de sus reinos? Y, sobre todo, ¿cómo era que había recordado a mi Sookie? Mi cabeza comenzó a ponerse en marcha, no podía ser. Tendría que llamar a Crane para pedirle explicaciones sobre la mierda de magia que la protegía. Durante unos segundos me quedé lívido, ¿habría sido por mi culpa? No era el momento, había que reaccionar ante la amenaza.
_ Felipe – sonreí con displicencia-, ¿qué te trae por Chicago?
_ Vaya, Northman – se sorprendió ante mi falta de respeto, pero quizá recordó que yo también era un rey-, ya ves, estoy teniendo una cena de negocios, ¿y tú?
Sus ojos pasearon por el cuerpo de Sookie y los cerró aspirando su olor. Un gruñido salió de mi garganta y mis músculos se tensaron, preparados para atacar. Sólo la mano de Sookie en mi pecho me detuvo.
_ ¡Ten más respeto, De Castro, estás mirando a mi reina! – bramé y sus ojos se abrieron con sorpresa.
_ Tú ya tienes una reina, Northman y no es la encantadora señorita Stackhouse – se rió e hizo amago de coger su mano para llevársela a los labios.
_ Me temo que está usted muy atrasado con las noticias, señor De Castro – dijo Sookie con voz suave y evitando su mano-. Desde esta noche soy la señora Northman y la nueva reina consorte de Oklahoma, nos ha casado la Antigua Pitonisa ante el Consejo en pleno – le miró con altanería.
La cara de Felipe lo decía todo, durante los segundos que tardó en recuperarse, se dio cuenta de que contar con la bendición de la Pitonisa y el Consejo era concedernos una importancia que podría hacer peligrar muchos negocios y reinos en la nueva configuración que nuestros mandatarios se rumoreaba que estaban orquestando.
_ Bueno, no sabía que Freyda hubiese sido depuesta, ha sido una sorpresa, desde luego – se inclinó ante ella con una sonrisa seductora-. Majestad, me alegra mucho de contar con sangre nueva y cálida entre nosotros.
_ Modérate, Felipe, Sookie estaba fuera de tu alcance cuando no era más que la esposa de sangre de uno de tus sheriff, ahora que es mi reina y nuestra sangre es una, está fuera de toda consideración. No la mires así, ya se ha ajusticiado a una reina por intentar quitármela, no querrás ser el primer rey que sucumba por ella.
_ Bueno, Northman, ahora que no te la puedo quitar, ¿me vas a decir lo que es tu esposa?
_ Diríjase a mí, De Castro – dijo secamente y la mujer que me había hecho follármela sobre el ataúd de la que fuera mi esposa, volvió-. Si quiere saber algo de mí, pregúntemelo.
_ Está bien, señora Northman – lo dijo con cierto desprecio que me hirvió la sangre-, ¿qué es usted?
Sookie le mantuvo la mirada y le miró con desdén y orgullo.
_ Una Brigant.
Tiró suavemente de mí e hizo que le diéramos la espalda a un Felipe que no estaba preparado para esa revelación. Me volví y miré sobre mi hombro para ver el gesto serio que se le había quedado y murmuré una despedida con una sonrisa en los labios. Una vez en la calle y dentro de nuestro coche, me volví hacia ella después de revisar por el retrovisor que no nos seguía nadie. Por el vínculo podía seguir el torbellino de emociones que se desataban dentro de Sookie.
_ ¿Estás bien, mi amor? – pregunté en un susurro cogiéndola de la mano.
_ Se acabó, Eric, si todos recuerdan, se acabó mi vida...
_ ¿Qué es eso de que se acabó? Primero tenemos que asegurarnos de que todo ha sido así, comprobar con Pam, a ver si ella te recuerda, y luego, hablar con Crane para ver qué sabe él y qué se puede hacer. No te preocupes, todo se arreglará.
_ ¿Qué se va a arreglar, Eric? Vuelvo a estar en mitad de esta mierda... – sus palabras me molestaron, en "esa mierda", como ella lo llamaba, mi vuelta a su vida tenía un papel predominante. Pareció escuchar mis pensamientos y se volvió a mirarme-. Por suerte, estás conmigo...
_ No voy a permitir que te pase nada, amor, ya lo sabes, ahora soy un rey, tenemos la aprobación y el respaldo del Consejo, del príncipe de las hadas, en este plano o en el otro, y tú eres mi esposa de sangre y de derecho. Eres intocable para cualquiera por más arriba que esté en el escalafón... – esperaba sonar más seguro de lo que me sentía.
Sookie me dedicó una sonrisa temerosa y triste, y mantuvo el mutismo hasta que llegamos a casa. Al bajar del coche, Pam nos esperaba en la puerta. Sus ojos estaban enrojecidos por las lágrimas, se fue hacia Sookie y la abrazó. Las dos permanecieron así unos minutos, hasta que Pam se recuperó de su momento sentimental y se soltó de su, ahora, reina. Detrás de ella, en el umbral de la puerta, Bill la miraba comprendiendo, de repente, todo lo que había estado sintiendo e intercambió una mirada conmigo, pidiéndome permiso para acercarse y saludar a la que una vez fue su amante.
_ Te he echado de menos – dijo mi esposa con hilo de voz y acarició la mejilla de mi progenie-. Siempre fuiste una de mis mejores amigas, por raro que suene – intentó reírse pero no le salió del todo y las lágrimas volvieron a rodar por sus hermosas mejillas.
_ Entremos – dije abrazándola-. Vas a coger frío aquí fuera, amor.
Pasamos al lado de Bill que se limitó a coger su mano y llevársela a los labios con el amor que yo sabía que aún le profesaba.
_ Mi reina...
_ Bill, por favor – protestó suavemente-. No...
_ Para mí, siempre fuiste mi reina, Sookie, ahora, además, lo eres de verdad – levantó los ojos hasta los míos esperando que le reprochara sus palabras, pero no lo hice, ya tendría ocasión cuando mi reina durmiese.
_ El abogado está esperándoos en la biblioteca con el hada, en cuanto la recordamos le llamamos – me dijo Pam y sonreí ante la inteligencia y la previsión de mi progenie.
_ Gracias, Pam – musitó Sookie con una sonrisa triste.
Entramos en la biblioteca y Claude se dirigió a Sookie y la besó en la cara. Su gesto era preocupado y en cuanto nos hubimos sentado, comenzó a hablar.
_ No es normal, no debería – casi balbucía-. No debería ser posible – levantó los ojos hacia Sookie-. Alguien ha conseguido anular el hechizo y esa es una magia que no está al alcance de cualquiera, no al alcance de nadie a este lado del portal...
_ ¿Me estás diciendo que alguien me está jodiendo la vida desde el otro lado? Estoy harta de vuestras guerras y de que me pillen en medio.
_ No, prima, no eres una Brigant para lo que te conviene, lo eres para lo bueno y para lo malo – la reconvino el hada y yo gruñí para advertirle que no podía hablar así a mi mujer.
_ Hada...
_ Nada de hada, vampiro. Es un miembro de la casa Brigant, lo es por sangre y por derecho, y lo es siempre. Nadie quiere heredar las desventajas del título, pero vienen con el nombre, lo adoptes o no – suspiró-. Pero no estoy aquí para pelearnos sino para buscar una solución a esto. Tenemos que encontrar al que puede hacer una magia tan poderosa, alguien que es capaz de crear una fantasía tan potente que nos altere los sentidos y la percepción de la realidad, y, encima, rompa la magia de un hechizo tan potente como uno de amor.
_ ¿Quién puede hacerlo a este lado? – me serené e intenté buscar una solución, después de todo tenía razón, eran las servidumbres del título.
_ A este lado no conozco a nadie que lo pueda hacer. Ni siquiera Preston o yo, que venimos de familias poderosas, podríamos... – intercambió una mirada con el demonio que permanecía circunspecto en silencio.
_ ¿Pardloe? – me sorprendí y apreté la mandíbula. ¿Ese cabrón era tan poderoso? Claude me miró adivinando mis pensamientos y sonrió.
_ Sí, Preston pertenece a una de las familias más nobles, es más, pertenece a las dos casas, por parte de padre es de Aire y por parte materna de Agua.
_ No lo sabía... – se sorprendió Sookie.
_ Sí, es doblemente noble porque lo es para las dos casas – aclaró Cataliades-. Su familia es como Suiza.
_ Quiso derrocarte – le recordé a Claude con una sonrisa.
_ No – intervino Sookie con firmeza-, quería mantenerme a su lado a como diese lugar – se volvió a mirar a su primo- ¿Crees que debería llamarle?
_ No le quiero cerca de ti – mi voz se crispó-, no le necesitamos.
_ Claro que le necesitamos y no voy a dejar de verle porque tú lo digas – ahí estaba esa Sookie que me excitaba tanto como me exasperaba. Ya tendríamos esa conversación, no podía estar retándome delante de cualquiera, incluido su primo, el nuevo puto príncipe de las hadas, y del abogado.
_ Sookie, querida – intervino Cataliades antes de que dijese algo más.
_ Pregúntale, no creo que haga falta que venga – Claude zanjó la cuestión, pero eso no había terminado. Era evidente, que mi esposa no se había dado cuenta de lo que era y de lo que podía o no hacer delante de otros.
_ Voy a llamarle – se levantó mirándome retadora, ignorando también la mirada preocupada de su demonio padrino y salió de la biblioteca con Pam.
_ ¿Quieres que Pardloe muera? – gruñí al hada y él se encogió de hombros con una sonrisa- Primero, tocará utilizarle, pero después va a tener que responder ante mí.
_ ¿Por haber estado con tu mujer? Supéralo, Northman, era libre, los dos lo eran, y se querían.
_ Cuida tus palabras, Crane – gruñí más porque era verdad que por su insolencia-. Ahora, vamos a ocuparnos de lo fundamental, ya habrá tiempo de ocuparse de él.
_ Señores, por favor – intercedió Cataliades-. Nos urge saber qué ha pasado con ese hechizo, Sookie depende de lo que podamos averiguar.
_ Pondré en conocimiento de Niall lo que está pasando, es posible que nos pueda ayudar.
_ ¿Niall está al tanto de tu nuevo cargo? – me extrañé.
_ ¿Quién crees que me ha puesto en él? – se rió- Creía que a estas alturas ya sabías que Niall lo sabe prácticamente todo.
_ ¿Puede saber qué se oculta detrás de esa magia?
_ He dicho prácticamente todo – sonrió burlonamente antes de desvanecerse en el aire.
El abogado se levantó y vino hacia mí. Estaba bastante nervioso, desde que recordara a Sookie y nos hubiésemos librado de Freyda, era la primera que estábamos solos los dos.
_ Majestad... – empezó titubeante-, en muy pocos días la vida de Sookie ha dado un vuelco considerable. En unos días, ha pasado de tener su vida ordenada, a volver a tener una relación y un vínculo con usted, a ser secuestrada, a convertirse en su esposa otra vez y haber perdido la magia que la protegía.
_ ¿Qué la protegía? – rugí- ¿Acaso piensas que hubiese hecho daño a mi mujer y que era necesario protegerse de mí...?
_ No, señor, no me cabe duda de que usted ha querido siempre lo mejor para ella, por eso sé que, en el fondo, lo entiende. Sookie debía poner tierra de por medio, no hubiese podido protegerla de lo que le esperaba, usted no fue el único que insistió preguntando por ella, fue el que más lo hizo durante más tiempo pero el señor De Castro también estuvo muy interesado por averiguar su paradero los primeros días, mientras la magia actuaba en él.
_ ¿Por qué no he sido debidamente informado de eso?
_ Bueno, cuando pasó no era posible informarle, señor, que ahora haya sido él el primero en dar muestras de recordarla, me preocupa.
_ Ahora es mi reina, está a salvo.
_ No dudo que usted la protegerá, como tampoco dudo de que ella siempre ha sido una espina clavada en el corazón de Felipe.
Durante unos segundos, comprendí lo que me quería decir y me dejé llevar por su incertidumbre, ¿qué hacía Felipe en Chicago? ¿Por qué precisamente ahora?
