¡Hola!... Espero que el día de hoy se encuentren muy bien, yo ando muy bien, con mucho frio (Estoy helándome) pero bien; bueno como ya les había comentado desde el capitulo anterior el día de hoy tendríamos el final… Ahh! Esto es muy triste!; amo a cada uno de mis bebés (Fics) y cada vez que termino con alguno me invade la nostalgia. Antes de comenzar con el capítulo de hoy (Waa! Es el fin…), quiero agradecerles a todos, muchísimas gracias a todos los que leyeron, a los que dejaron sus comentarios en cada capítulo, a los que siguieron la historia de principio fin, a los que aparecieron en medio al final (Pero aparecieron XD) no importa… A todos les agradezco por igual; y antes de ponerme a llorar T.T…Arrancamos con el final!...
Cáp. 29: Olvidar y perdonar
- Nos encargaremos de que este bien custodiado y que no pueda salir nunca de la prisión…
Sesshomaru fue montado en el mismo carruaje en que había tratado de escapar, su sirviente también había sido arrestado, era el momento de que pagara.
- Gracias por la ayuda – dijo Inuyasha antes de girarse e ir al lugar donde lo esperaban Kagome y su hijo.
- ¿Vamos a casa? – preguntaba el pequeño a su madre, la cual limpiaba su rostro tratando de quitarle el polvo.
- Claro que sí, todo ha terminado y tú has sido un niño muy valiente – aseguró Kagome brindándole una sonrisa.
- El más valiente de todos – Se acuclilló al lado de Kagome y su hijo – Cuidaste bien a tu madre…
- No iba a dejar que le hicieran nada… Los Taisho cuidamos a los que queremos… Tú lo dijiste…
- Tienes razón, nosotros cuidamos a quien queremos…
-.-.-.-.-
- ¡Mi niño!... ¿Seguro que estás bien? – Kaede abrazo al pequeño quien se quejaba de los mimos con una gran sonrisa.
- Estoy bien Kaede… No es para tanto – aseguró el pequeño, su estomago gruño y él se sonrojó.
- Oh de seguro no te han alimentado, iré por comida… Mandaré a que les preparen un baño y también que… - Kaede continuó hablando llevándose al niño con ella.
- Me alegro que ambos estén bien – dijo Sango abrazando a su amiga – Estaba muy asustada…
- Lamento preocuparte, pero todo estuvo bien… No estuve en mayor peligro – la tranquilizó mientras la ayudaba a sentarse.
-.-.-.-.-
- Dime si puedes creerlo… - dijo Miroku mientras se sentaba frene a la chimenea con un trago de licor, lo necesitaba después de tantas emociones.
- ¿Qué?... ¿El hecho de que Kikyo haya ayudado a Kagome?... No, aun no lo creo, casi estoy esperando que suceda algo… - aseguró Inuyasha.
- Yo si lo creo, la mirada que vi en sus ojos jamás pensé verla de una persona tan fría como Kikyo, cuando te vio al lado de Yasha y Kagome, cuando vio la alegría y la paz que los inundó, creo que ella entendió…
- Mmmm… Espero que así sea, estoy cansado de todo esto, solo quiero encargarme de mi familia y disfrutar…
- Ya falta poco… No te preocupes… - dejó el vaso vació sobre la mesa de centro y se levantó – Ahora si te dejo, voy a descansar con mi querida esposita…
- También yo…
Para cuando ingresó a la habitación, se encontró con el lugar a oscuras a excepción de la tenue luz procedente de los leños de la chimenea. Se acercó a la cama y sonrió cuando encontró a Kagome y a su hijo dormidos. Sin siquiera pensarlo se quitó las botas de montar, la camisa y se metió por un lado de la cama para abrazar a Kagome y a su hijo. Sentirlos junto a él, saber que ahora estarían bien, lo regocijaba pero más importante le calmaba.
- Tardaste en venir… Yasha se quedó dormido – musitó Kagome sin abrir sus ojos y acurrucándose más contra el pecho de Inuyasha.
- Lo siento… - susurró contra sus cabellos mientras se inundaba con su indescriptible aroma – Hueles tan bien mi amor…
- Eres todo un adulador… - se giró con cuidado hasta quedar frente a él. Apoyó su frente contra la de él y le sonrió con los ojos entrecerrados – Te amo…
- Yo mas… - le dio un beso en la frente y se deleito adivinando sus rasgos con los suaves rayos de luna que entraban por la ventana – Me alegra que al fin todo terminara… no podría soportar estar lejos de ti o de Yasha un segundo más… Aunque aún queda algo por resolver…
- Kikyo – dijo Kagome abriendo sus ojos para verlo - ¿Qué piensas hacer?
- ¿Qué quieres que haga?...
- Ella trató de ayudarme, y lo hubiera hecho si hubiera obedecido lo que me dijo – musitó apenada – Este problema finalmente lo cree yo misma…
- Claro que no, la culpa es de ese par, Kikyo no debió haberte llevado con ella, debió avisar a las autoridades y no dar tanto rodeo… Y yo no debí…
- Hey… - sonrió y lo calló con dos de sus dedos sobre los labios – Cálmate, ya todo pasó, Sesshomaru está en la cárcel y no podemos pasar el resto de nuestras vidas pensando en eso… Y de verdad creo que deberíamos dejar que Kikyo haga las cosas bien de ahora en adelante…
- ¿Tu de verdad lo crees?... Kagome es que…
- No se puede vivir desconfiando ni odiando toda la vida… Debemos olvidar esto, las cosas ya sucedieron, son parte del pasado y es momento de continuar libre de preocupaciones…
- Que haría sin ti mi amor… - sonrió y le dio un beso en los labios
Kagome tenía razón, tenía que dejar ir las cosas, no podía quedarse toda una vida recordando todo lo que Sesshomaru había hecho para destruirlo durante gran parte de su existencia. Era momento de olvidar y perdonar y sabía por dónde debía comenzar.
-.-.-.-.-
- ¿Y sobre qué quieres hablar? – preguntó tomando asiento y sin ser capaz de mirarlo.
- Seré breve Kikyo – dijo Inuyasha sin siquiera tomar asiento frente a ella – Solo quiero… Agradecerte…
Ante sus palabras la mujer lo miró de inmediato, ¿Había escuchado bien?
- ¿Qué?...
- Ayudaste a Kagome y a mi hijo, trataste de ayudarlos y te agradezco por eso – continuó – También quiero decirte que agradezco el que me ayudaras hace cuatro años cuando se supone que debía morir; entiendo tus sentimientos yo mismo los padezco – sonrió al recordar a Kagome – Fueron muchas cosas las que se juntaron para evitar que estuviéramos juntos, cuando te conocí me dije que tú eras la indicada; tal vez hubiera sido feliz a tu lado pero…
- Lo entiendo Inuyasha, si no estás conmigo es porque yo misma contribuí para que no fuera así – Kikyo se levantó y caminó hasta una ventana para observar el paisaje – La ambición a mí y a mi familia nos pudo muchísimo más… Cometí un error y debo vivir con eso – una sonrisa triste y cansada adornó su semblante – Pero aunque lo creas o no me alegro de que seas feliz; cuando te vi con Kagome y tu hijo, luego de el inconveniente con Sesshomaru lo comprendí, yo no estaba destinada a estar contigo…
- Kikyo yo…
- Lo siento… Perdón, a ti y Kagome, a tu hijo…por separarlos – musitó.
- Te perdono…
Lo hacía, no guardaría rencores… No lo haría, por el bien suyo y de su familia. Una vida llena de odio no lo llevaría a nada; nunca lograría avanzar de esa manera.
- ¿Cómo te fue?... – lo abordó Kagome en cuanto él ingreso a la casa.
- Me fue bien… Debo decir que me siento muchísimo mejor – pasó sus manos por la cintura de la Kagome y la acercó hacia él – Vamos a la habitación, quiero terminar de relajarme…
- Inu… No creo que sea el momento – sonrió mientras los labios de Inuyasha le recorrían el cuello con suavidad - ¿Dime que mas hablaste con Kikyo?
- Pidió perdón, perdoné y por lo que me dijo tiene pensado salir del país, tal y como dijiste quiere comenzar de nuevo… - la obligó a moverse para llegar a las escaleras e ir a la habitación.
- Inuyasha en serio hay algo que debo decirte…
- ¿Tiene que ser ya?
- Pues… Tus padres están esperando en la sala de visitas… Hasta donde sé es de mala educación dejar esperar a los padres de tu esposo… - se había quedado atónito – Inuyasha – movió una de sus manos frente a su rostro pero este no respondió – Eh… ¿Estás bien?... Tranquilo tomate tú tiempo…
- ¿Qué hacen aquí? – no sabía como sentirse, no veía a sus padres hace un largo, largo tiempo.
- Oh, bueno querían hablar contigo y luego vieron a Yasha y… Están con él en este momento – explicó Kagome – Los vi bastante emocionados por conocer a Yasha…
- ¿Mis padres? – Kagome lo miró contrariada, ¿acaso no la había escuchado?
- Ya dije que sí… ¿Vienes o no? – escapó de sus brazos y comenzó a caminar hacia la sala de visitas, segundos después Inuyasha reaccionó y la siguió.
Sabía que estaba caminando pero no se veía así, su cuerpo se sentía pesado y no notaba que avanzaba de ninguna manera. ¿Cómo debería reaccionar?, sus padres lo esperaban en la sala que estaba a unos lejanos cuatro metros; ellos le dieron la espalda en su momento, los odio en aquellos momentos de desesperación por los que pasó, pero aun así eran sus padres y además… ¿No se suponía que estaba perdonando y dejando atrás los rencores?
- ¡Hijo! – no se había dado cuenta que estaba adentro hasta que notó a su madre levantándose del sofá y soltando su nombre – Inuyasha… - los ojos de la mujer se llenaron de lagrimas.
- Papá son mis abuelos… - musitó su hijo parándose a su lado y jalándole el borde de la camisa – Di algo…
- Pero que grande estás – la mujer avanzó un poco hacia él, se le veía nerviosa y daba pequeños pasos, como si tuviera miedo de acercarse a é.
- Inuyasha… - la fuerte voz de su padre se escuchó esta vez, estaba de pie cerca del sofá del que su madre se levantara momentos atrás.
No sabía que decir, estaba mudo y estático; su hijo lo miraba contrariado, su madre estaba a escasos tres pasos de él, con los ojos inundados de lagrimas y temblando con levedad, todo eso mientras su padre lo miraba desde su puesto sin sacarle la mirada dorada de encima. Era obvio que nadie iba a hablar, el debía hacerlo pero las palabras no salían de sus labios.
- ¿Qué les pasa? – preguntó Yasha acercándose a su madre.
- Se quedaron sin palabras… tal vez hay mucha gente en este lugar – tomó la manita de su hijo y le dijo: - Vamos donde Kaede estoy segura de que tendrá algo dulce para comer…
- ¿Galletas?
- Sí, es probable… Vamos – salió con su hijo del cuarto no sin antes lanzarle una mirada a Inuyasha y a sus padres, estarían bien, solo estaban conmocionados.
- Mírate… - finalmente fue la madre de Inuyasha quien rompió el silencio, la mujer cerró la distancia entre ella y su hijo y alzó una mano a la altura del rostro de él - ¿Puedo? – Preguntó la mujer sin atreverse a poner su mano sobre la mejilla de él; afortunadamente para ella Inuyasha asintió e inclinó un poco su rostro para tenerlo para dejarlo a su altura – Eres todo un hombre… - un sollozo escapó de los labios de su madre, las lagrimas corrieron libremente sobre sus mejillas y ella apartó la mano de su rostro para cubrir el propio.
- Querida – su padre recuperó la movilidad y se acercó a su madre – Tranquila… No llores cariño…
- Es nuestro hijo y… - las palabras de la mujer fueron inentendibles para él, pero al parecer su padre las había comprendido pues había dicho "Lo sé", mientras acariciaba sus cabellos – Queríamos hablar contigo – habló su padre - ¿Podemos sentarnos?
- Claro… - musitó una palabra finalmente y caminó tras ellos.
- Hace poco regresamos, cuando llegamos a la casa habían unos hombres de la corona que esperaban para apresar a Sesshomaru, nos dijeron de lo que se le acusaba y cuando llegamos aquí tu esposa nos explicó lo sucedido y nosotros…
- No… - le interrumpió Inuyasha al saber a donde quería llegar – No es necesario…
- Nosotros te abandonamos… - dijo su madre un poco más calmada, aunque aun las lágrimas seguían bajando por sus mejillas – Tu debiste haber pasado por…
- Sí, fueron muchas cosas y aceptó que los odié a ambos por no haber confiado en mí; pero también comprendo que las cosas no estaban muy a favor en ese momento – le dijo Inuyasha – No quiero que pidan perdón, no hay nada que perdonar, para mí todo está olvidado…
- Inuyasha, hijito… - su madre se levantó de su asiento y fue hasta el suyo, dudó un instante en acercarse pero finalmente Inuyasha quien la abrazo de primero.
- Estoy demasiado grande para ser "Hijito" – sonrió mientras encerraba a su madre entre sus brazos.
-.-.-.-.-
- No puedo creer todo lo que ha pasado – exclamó la mujer mientras estrechaba a su nieto contra su costado – Estás casado con esta maravillosa mujer y tienes un hijo que es la cosita más hermosa que he visto…
- ¿Cosita? – Preguntó Yasha mirando a su abuela – Eso no es muy adulador… ¿Verdad mamá?
- Oh, lo es cariño, esta vez lo es – sonrió mientras miraba a los padres de Inuyasha interactuar con Yasha – Lo hiciste bien – habló para Inuyasha quien estaba a su lado mirando a sus padres y a su hijo.
- ¿Tú crees?...
- Fuiste muy maduro al hablar con tus padres, luego de quedarte mudo por varios minutos – bromeó Kagome a lo que Inuyasha sonrió – Pero lo hiciste bien…
- ¿Puedo? – Yasha corrió hasta donde sus padres con una gran sonrisa - ¿Verdad que sí?
- ¿Qué? – preguntó Inuyasha confundido.
- Mi abuelo dice que puedo ir con ellos a pasar una temporada en el pueblo del que ustedes vienen… - Kagome e Inuyasha se miraron y fue él quien contestó.
- Claro que puedes ir… Tal vez nosotros vayamos también…
- Sobre lo que dijiste de ir al pueblo… ¿No bromeabas con que nosotros también iríamos verdad? – preguntó Kagome una vez ambos se retiraron a su habitación.
- Claro que lo decía en serio – se quitó su camisa y los pantalones y fue a recostarse en la cama; desde allí podía disfrutar de ver a su esposa moviéndose de un lado a otro.
- ¿Regresar al pueblo? – No le gustaba mucho la idea, allí había gente que no quería a Inuyasha y fuera de ello estaban sus padres – No estoy muy segura de eso… - suspiró y fue a meterse a la cama.
- Pensé que estábamos olvidando y perdonando – acercó a su esposa contra su pecho y le dio un beso entre los cabellos.
- Pero ese era mi consejo para ti…
- Dicen que es de sabios seguir sus propios consejos…
- ¿Quién dice eso?
- Yo… - se burló – Mas sin embargo no bromeo, es mejor hacerlo ahora, ir y enfrentar lo que sea que suceda – aseguró – Además es la casa principal, de allí se deben dirigir todas las propiedades, y me gustaría que Yasha creciera allá…
- A Yasha le va bien acá, ¿No podemos quedarnos acá?
- Hablé con mi padre, dice que cambiara su testamento y que dejará todo a nombre de nuestros hijos, mi padre había dejado a Sesshomaru a cargo de sus propiedades, él y mi madre querían relajarse y divertirse – se explicó Inuyasha – Así que acepté encargarme de sus propiedades hasta que Yasha pueda heredarlas y manejarlas… Así que como verás vivir en el pueblo hace más sencillo todo…
- ¿Qué haremos si no funciona?...
- Confía en mi cariño, no los llevaría a un lugar donde pudieran lastimarlos… - Kagome lo miró y asintió con una suave sonrisa.
- Te he dicho cuánto te amo…
- No en los últimos minutos… - sonrió y se movió para dejar a Kagome bajo él – Ahora que lo recuerdo, me interrumpiste cuando llegué a la casa en la tarde.
- Tus padres estaban aquí, no podía dejarlos ahí mientras tú y yo… - Kagome se sonrojó e Inuyasha sonrió por su pudor.
- Tendré que quitarte esa timidez cariño – rozó sus labios contra los de ella mientras subía sus manos por sus piernas llevando consigo el camisón de dormir – No es tan difícil decirlo – mordió el lóbulo de su oreja con suavidad y Kagome soltó un suspiro entrecortado – Decir que estamos haciendo el amor…
Los labios de Inuyasha rozaban sus labios, pero nunca llegaban a tomarlos por completo, aparte de ello sus manos habían subido su camisón hasta la cintura y sus dedos ahora jugueteaban con su sexo. Para ella era imposible no retorcerse bajo él, mientras gemía extasiada; era más de lo que podía soportar.
- Inu… - elevó sus caderas del colchón, rozando su sexo contra el muslo desnudo de Inuyasha que descansaba entre sus piernas; las manos de él no la tocaban del todo y al parecer él no tenía intenciones de entrar en ella todavía.
- ¿Qué quieres cariño?... Pídeme lo que quieras y te lo daré… - Una vez más jugueteó con su entrepierna y rozó su cuello con sus labios, descendiendo cerca de sus pechos pero nunca acercándose lo suficiente… ¿Acaso la quería matar de deseo?
- Deja de hacer eso… - los dedos de Inuyasha se detuvieron y los labios pararon a centímetros de las puntas de sus pechos – No quise decir eso… - Estaba frustrada, él la frustraba con sus jueguitos.
Decidida pasó sus manos por la cintura de Inuyasha y giró sobre la cama, dejándolo debajo de ella. Ese juego podía ser de dos. Se sentó a horcajadas sobre él y atrapó sus labios contra los suyos. Finalmente las manos de él revivieron y subieron por su espalda desnudándola completamente, luego descendieron por el mismo camino y se amoldaron a su trasero, acercándola más contra su endurecida virilidad.
- Odio tus jueguitos… - susurró Kagome contra sus labios antes de descender por su cuello y bajar por su pecho – Pero me encanta hacerlo contigo…
Inuyasha sonrió encantado, a veces no podía creer que la mujer que estaba sobre él, besando su tórax y rozándose contra su virilidad, fuera su pequeña Kagome; claro que ahora no tenía nada de pequeña y si todo de una mujer, adulta extremadamente excitante. Tampoco podía creer que fuera él quien la tuviera y que fuera él quien disfrutara de ella, a veces no creía que Kagome pudiera ser tan desinhibida, solo a veces…
Los suaves labios de Kagome bajaron por su pecho y hasta su abdomen, ella hacia maravillas con esos labios; descendió aun más arrastrando con sus manos la única prenda que Inuyasha usaba para dormir, unas calzas que Kagome quitó con destreza, a medida que sus labios bajaban aun más. Cuando sintió que iba a estallar antes de tiempo, se sentó como un resorte y tomó a Kagome de los hombros para erguirla.
- Espera cariño – Kagome lo miró como sino comprendiera porque la había detenido, sus ojos brillaban de deseo y él podía asegurar que los suyos tenían la misma tonalidad - ¿Por qué tienes que ser tan hermosa?...
La tomó desde la cintura y la sentó sobre él, sin poder aguantar mucho mas besó el cuello de Kagome y descendió hacia sus pechos. Las manos de Kagome se enterraron en sus cabellos mientras de sus labios salían los gemidos desesperados que él ansiaba oír. La elevó de las caderas y finalmente la hizo sentarse sobre su sexo, las paredes de ella se ensancharon cálidas y húmedas; ambos gimieron al unisonó mientras se sumían en el éxtasis de su pasión.
- Muévete mi amor… - susurró contra sus labios antes de besarlos hasta el cansancio.
Kagome se contoneó sobre Inuyasha mientras él elevaba sus caderas para encontrarse con las de ella. Una par de embestidas fueron más que suficientes para que ella alcanzara el clímax y él la siguiera segundos después.
- Me encanta hacer el amor contigo… Estoy segura que nadie es mejor que tu… - dijo con la respiración entrecortada.
- Ves que no es difícil decirlo – bromeó Inuyasha.
- Creo que tú ayudas mucho… Jamás te perdonaré lo pervertida que me has vuelto – ambos sonrieron antes de besarse una vez más – Creo que aun estoy un poco tímida…
- Siempre estoy para ayudarte…
La amaba tanto, la amaba hasta el cansancio, con su cuerpo, su mente y corazón; ella era su todo, había sido su tabla de salvación en momentos en que se vio se perdido; como no amarla cuando era ella quien le había enseñado lo que era amar, olvidar y perdonar. Gracias a Kagome su vida se estaba acomodando, los problemas estaban quedando en el pasado y no quedaba más que disfrutar de la vida que le sonreía en el horizonte. Aunque primero disfrutaría del pedazo de cielo que tenía en su cama.
¡Ahhh! ¡No!... ¡Aun no acabé!... Bueno aquí les dejo chicos; sé que aún faltan cositas por finiquitar, muchos querrán saber que paso con este y aquel… Así que eso lo veremos, pero en el epilogo de la semana próxima. Por el momento les dejo con este "Final"… Una escenita (+18) de despedida y la reconciliación de Inu con sus padres. Para saber en que parara esta historia, nos vemos el próximo Jueves. Espero les haya gustado, dejen sus mensajes… Les mando un abrazo, un beso… ¡Y por supuesto nos vemos el Jueves!
