Epílogo

¿Qué era el amor?

La primera vez que pensó en ello, fue al ver a Rin y Sousuke, juntos. La sonrisa que el pelinegro le dedicaba al menor, era única. Hacía que el pelirrojo se preguntara si había ido al mundo solo para ver esa sonrisa. Y Rin simplemente parecía vulnerable, como si necesitara la protección del grandulón. Pero ahora podía replantearse la idea.

Qué equivocado había estado.

Amor era eso, ellos dos, juntos. El destino debía ser así, debía estar escrito en alguna parte. Rin era para él. Y Haru era para Rin. No importaba la repetición de la frase, porque nunca cambiaría de parecer.

Si amaba a alguien en esa vida, era al pelirrojo.

Los días junto a él pasaron rápido. El tiempo se tragó el invierno, así igual a la primavera y, en un abrir y cerrar de ojos, el verano había llegado. Su relación era… Quizá no perfecta, Rin discutía mucho, porque él siempre quería tener la razón y Haru era bastante indiferente en algunos aspectos, pero era lo que había y así estaban felices.

Pero claro, cada pareja mantenía sus propios problemas y, aunque el pelirrojo fingiera que estaba bien, Haru sabía que ocultaba algo.

A Rin no le había agradado del todo el ser la parte de la pareja que ejercía el papel de la mujer en una relación heterosexual. No es como si no lo hubiese disfrutado, porque realmente lo hizo, pero… Bueno, ese no había sido el plan. Es decir, ese día había sido planeado a precisión y el tener sexo fortuito en una habitación, que no había visto por los nervios, de la cabaña que había rentado había sido por completo… Inesperado. Es decir, de pronto ya tenía a Haru encima de él y no podía hacer nada más.

Así que, claramente, el bonus del sexo no había influido en la decisión que Rin tomó cuando acomodó sus maletas en la habitación de Haruka.

─ ¿Estás seguro de que quieres hacerlo? ─preguntó el pelinegro en tono seco mientras le abrazaba por detrás. Rin sonrió suavemente, las emociones que el pelinegro demostraba casi siempre diferían de sus acciones. Podía escucharse molesto mientras le besaba la nariz. Y que le besara la nariz era una acción muy cursi en Haruka.

─Sí. No tengo problema con ello ─contestó el pelirrojo, ladeando un poco la cara para poder besarle la mejilla al ojiazul.

─Vale. Entonces está bien ─Haru se irguió y caminó hacia su escritorio, guardando un par de hojas. Rin lo siguió y tomó la carta junto al paquete que había sobre la mesa.

─ ¿No piensas abrirlo? Has molestado mucho a Nagisa con esto, ¿sabes? Él enserio quiere que abras su regalo…

─Aún no es mi cumpleaños.

─Pero lo será mañana. Si quieres que deje de joder con su "Haru-chan, ¿por qué?" entonces…

─No me molesta que lo haga.

─El problema es que te acostumbraste ─el ojiazul lo miró mal, le arrebató el objeto y lo metió en el cajón.

─Un día más, Rin.

─ ¿Y qué hay de esto? ─señaló la carta en sus manos para después suspirar─ Te llegó hace unas semanas… No sé si ya la revisaste, siquiera, pero es de la universidad en Tokio… Si te aceptaron, lo cual sería grandioso, deberías…

─Rin, ¿puedes parar? ─quitó el sobre de sus manos y lo metió en el escritorio.

─Esto es aburrido.

─No estoy obligándote a quedarte.

Rin lo sabía. Haru no estaba haciendo presión sobre él… Pero aún así… No podía simplemente actuar de esa manera. Quería que Haruka supiera que era lo que iba a hacer, que tomara una decisión. El pelinegro no le estaba presionando, él se presionaba a sí mismo con algo que, de cierta forma, no le incumbía.

Bufando, se dejó caer en la cama del mayor.

El futuro era algo que siempre le había importado, aunque para Haruka no fuese siquiera relevante. Había luchado mucho, se había esforzado. Se ganaba lo que tenía. No debía preocuparse. Haru iba a entenderlo… Además, ya debía suponerlo, ¿no?

Sintió la cama hundirse junto a él justo antes de sentirlo sobre sí. Haru lo observaba con diversión mientras en sus labios se escondía la sombra de una sonrisa.

─ ¿Quieres que sea divertido? ─Rin se sonrojó levemente.

─No hoy…

─Vamos, Rin… Solo lo hemos hecho una vez ─se quejó el otro. El pelirrojo se encogió de hombros, empujando a Haru, sin moverlo en realidad.

─Con eso me basta… Y me sobra.

─ ¿No eras el más rápido desvistiéndose? ─cuestionó. Sonrojo aumentó en mejillas contrarias.

─ ¡No me hagas quedar mal! Sabes que en ese entonces desvestirse no significaba lo mismo.

─ ¿No?

─ ¡Deja de joderme! ─El pelinegro rió suavemente. Rin amaba esa risa. Sintió la respiración del mayor en su cuello y suspiró─ Mañana…. Mañana yo ─recalcó─ te daré tu regalo de cumpleaños.

─Bien, eres obsceno.

─ ¡Deja las bromas sucias, Nanase!

─Déjame hacértelo. Entonces pararé ─declaró. Sus labios tocaron los contrarios. Rin se dejó besar, mas empujó al pelinegro en cuanto éste metió las manos en su camisa.

─Mañana, yo.

─Hoy, yo. Y mañana, yo también.

─Bueno, pero abre el estúpido regalo de Nagisa y esa estúpida carta ─Haru suspiró, levantándose.

─Bueno, esperaré a mañana.

El pelinegro cerró la puerta tras de sí y bajó al primer piso. No era que no quisiera abrir el regalo de Nagisa. O que no quisiese leer la carta…

Solo estaba retrasando lo inevitable.

Sabía que Rin iba a terminar con él… No sabía por qué, pero sabía que lo haría. Su relación era aburrida, ya lo había dicho el pelirrojo –aunque en realidad solo lo había dicho por joderle un poco-. Así que, si mantenía la curiosidad de Rin un poco más… Si lo contenía mientras él buscaba una forma de revivir lo que en algún punto pudo haber muerto…

Rin… Si tan solo pudiera entenderlo por completo…

El pelirrojo tapó su rostro con la almohada. Sí, Haru quería sexo. Maldita sea, todos querían sexo.

El sexo no podía ser lo único en la relación de una pareja, ¿verdad? Rin amaba el tiempo que pasaba con Haru. Amaba pelear con él, llevarle la contra, competir… Todo era parte de sí. Todas esas cosas juntas lo conformaban. Él era eso. Haru era él. Sin Haru… No podía seguir.

Porque siempre había sido así. Desde que se enamoró años atrás. Aún si había intentado superarlo. Aún si se había engañado a sí mismo.

En Iwatobi, siempre era Haru. En Australia, siempre estaba Haru en su mente.

Haru, Haru, Haru, Haru.

En todas partes, a cualquier hora, sin importar la situación… ¡Y no estaba bien! Su futuro… Su futuro no debía depender de Haruka. No podía ser así… El amor no debía sentenciar el destino.

─Maldita sea… ─masculló al aire. Haru suspiró antes de entrar a la habitación.

─ ¿Qué te molesta?

─Haru… ─Bien, iba a decírselo. Solo eran…. Siete palabras, ¿no? Quizá era más fácil si él las adivinaba. El peso no estaría del todo sobre él, ¿cierto? ─ Solo siete palabras… Intenta descifrarlas ─Era una broma, ¿no?

¡En siete palabras se vivía el universo!

La gama de frases conformadas por siete palabras era inmensa. Interminable. Infinita. Pero se reducían a unas cuantas considerando lo sucedido en un lapso de tiempo de seis meses.

"Te amo, pero esto ya no funciona"

"Lo lamento, de verdad, pero debemos terminar"

"Esto no es lo que pensaba, rompamos"

"Ya no te soporto, no quiero verte"

"Vete a la mierda, te odio Haruka"

Sus puños se apretaron, ¿iba a terminar con él haciendo que él dijera la frase de ruptura? Que original. Sin embargo, odiaba eso. Haru bufó con desagrado y se sentó al otro lado de la cama. Pensando en más posibilidades.

─Preparé la cena, ya está servida, Rin ─Bien, esas eran siete palabras. Que se conformara. No iba a caer en ese juego. Él iba a conservarlo hasta el último momento… Y ese no era el último momento…

El resto del día se la pasaron entre bromas. Rin echó a un lado la idea de decírselo a Haru. No quería confirmárselo aún. Necesitaba un poco más… De tiempo. De valor.

Esa noche, pese a sus quejas, terminó cediendo a los labios de su pareja. Lo amaba demasiado. No podía imaginarse sin él. Y ese era el problema. No podía haber nada después de Haru. Pero él haría que eso pasase.

Rin despertó irritado. El trasero le dolía. Haru debería practicar más. Con un muñeco de felpa o algo parecido. Pero bueno… No iba reclamarle. Besó los labios contrarios con suavidad antes de pellizcarle el abdomen para despertarlo.

─Feliz cumpleaños. Abre el regalo de Nagisa ahora.

Haru rodó los ojos, desperezándose. El pelirrojo le había puesto la caja delgada y alargada en el abdomen. Bien, ya no podía retrasar eso. Solo la carta quedaría como soporte -al menos eso pensaba. El lazo cayó al piso y la envoltura quedó en el olvido. Rin asomó la cabeza sobre su hombro, dispuesto a presenciar el lanzamiento de la tapa hacia el piso. Haru apretó los labios.

Un recuerdo inevitable de su próxima pérdida.

Debió haberlo abierto meses atrás, cuando Nagisa se lo dio. Así no dolería como dolía en ese preciso instante. Rin enrojeció por completo y balbuceó un par de groserías, en contra de todos, mientras se levantaba, azotando la puerta. Era… Bueno, era lindo por parte de Nagisa… Pero… que todos supieran que él iba abajo era… Dios.

"Cómo robar un uke

1. No seas tan imbécil como su novio actual. Por Hazuki Nagisa

2. No lastimes sus sentimientos. Por Matsuoka Gou

3. Hazle saber cuanto lo amas. Por Tachibana Makoto

4. Dale su espacio. Nanase Haruka

5. No lastimes su orgullo. Matsuoka Rin - Anotado por Gou

6. Hazle pensar que no es único. Shigino Kisumi

7. Demuéstrale que es único. Shigino Kisumi

8. No te rindas. Nitori Aiichirou y Mikoshiba Momotarou

9. No te atrevas a borrar su sonrisa. Yamazaki Sousuke

10. Dale la mejor noche de su vida. Nanase Haruka

11. Regla extra. Usa lubricante. Yamazaki Sousuke."

Quizá fue por eso.

Quizá por eso tuvo el peor cumpleaños de su vida. Quizá por eso, esa misma noche, después de la cena con sus amigos, mientras Nagisa empujaba a todos hacia afuera, mientras Rin decía que iría por su teléfono… Quizá por eso se marchó.

Ese día, Rin tomó sus maletas y abandonó la casa de los Nanase. Su corazón latía rápidamente y las lágrimas se reprimían en sus ojos. No podía ser todo. Haru no debía serlo todo.

Pero lo era, y por eso se marchaba.

Haru ya sabía que él iba a regresar a Australia, aunque solo hablaron de ello una vez. Nunca confirmó nada y no tuvo las agallas para mirarlo de frente y decírselo. No tenía el valor. Jamás la tendría ante el inminente ruptura. El amor era cruel. Pero el destino lo era más.

"Haru.

Lo siento, en verdad lo siento.

Soy un ser desalmado, lo sé. Pero yo… En verdad no sabía cómo hacerlo. No quería abandonarte. Te amo como no tienes idea y sé que mis acciones no complementan mis palabras. He actuado mal toda mi vida, anteponiéndome siempre ante ti y, por más lamentable que sea, por más que me odie por decirlo, ésta no es la excepción.

Tú vas a irte a Tokio, lo sé. No hay manera de que no te hayan admitido en la universidad allá. Y yo me iré a Australia, lo sabías.

Perdón por todo lo que te hice pasar. Fueron los mejores meses de mi vida a pesar de que no lo haya demostrado. No hay comparación. Eres único y lo serás siempre. Te amo demasiado. Espero puedas perdonarme algún día. No sé que más decir… En verdad… Soy un idiota por hacer esto precisamente hoy… Enserio lo lamento.

Voy a amarte por siempre, no lo dudes ni un solo segundo.

Te ama, Rin Matsuoka"

¡Estúpido Rin con sus estúpidas cartas!

Malditos sacrificios y maldito tiempo. Maldito destino, maldito futuro. Todo era una mierda. El esfuerzo no valía para nada. Siempre lo supo. Su talento lo tenía en donde estaba, ¿por qué había intentado cambiarlo?

La carta permaneció guardada en una pequeña caja junto a las reglas que le permitieron estar junto al pelirrojo por tres estúpidos meses. Y dicha caja, se encontraba en uno de los armarios, en su departamento de Tokio, dos meses después. Pero, aún cuando sabía que perdonaría a Rin, a pesar de que éste posiblemente no volvería jamás, todavía tenía esperanza. Algún día, volvería a sentir ese cálido cuerpo, a besar aquellos suaves labios.

Ese no podía ser el fin.

SSSSSSSSSSSSSSSSS

Y, ¡No es el fin!

Tengo un anuncio importante qué hacerles. Lo pensé la mitad de la historia, porque me hacía feliz que a ustedes les gustase como escribía, así que, después de discutirlo conmigo misma, le planteé la idea a una KiwiSonata (Ella me ayuda dándole una leída a los caps en busca de algo sin sentido, porque para mí todo tiene sentido –y la mayor parte del tiempo no estoy mal) y bueno, ella me apoyó bastante, así que ¡Cómo robar un Uke tendrá una secuela! Éste Lunes siete de marzo saldrá el primer capítulo de "Cómo evitar que se roben a tu seme" que será una historia por parte de nuestro (mío y de Haru) queridísimo Rin Matsuoka. Éste es el motivo por el cual me retrasé con el epílogo, pues ya saben, tenía que abrirle el final para dar paso a la continuación x3. Antes de pasarles la sinopsis, quiero decirles una cosa ¡Participaré en los Wattys 2016! No tengo oportunidad de ganar y lo sé, porque bueno, el Fandom de Free! Es bastante escaso en comparación a otros Fandoms. Así que sí, lo hago por publicidad x3 En fin, les va la Sinopsis. O bueno, un prototipo. Estoy trabajando en la portada y en ello, por eso no publicaré hoy x3 ¡Nos vemos!

Cómo evitar que se roben a tu Seme

Esfuerzo y dedicación. Todo siempre estaba basado en eso. Si quería ser alguien, debía esforzarse, no importaba lo demás. Fue por ello, que cayó en cuenta. El amor era cruel.

Pero el destino lo era más.