DISCLAIMER: Los personajes pertenecen a Stephanie Meyer. La historia es solamente mía.

"In the shadows"

Epílogo:

HONESTY
(Honestidad)

Sí, escogí al tipo incorrecto,
una y otra vez bebí del vino envenenado.
Sí, escogí al tipo incorrecto,
pero cariño, tienes razón.

Sí, cariño, he visto la luz.
Tengo un presentimiento, tengo un presentimiento,
se acerca el peligro.

Bajo la luz de la luna.
Al abrigo de tu mirada de luna,
sé que soportaría un millón de balas por ti, cariño.

Sí, un millón de balas podrían cruzarse en mi camino,
pero quiero que sepas que yo,
soportaría un millón, cariño.
¿Cuántas soportarías tú?

[One Million Bullets – Sia]

Toda la noche Bella había estado pensando en el último recuerdo que él le dejó, junto con esa promesa que parecía bailar sobre sus labios. Se repetía una y otra vez aquellas palabras para darse fuerza a sí misma. Parecía mentira que a pesar de todo no tuviera el valor para ser feliz, para poder al fin ser feliz.

Su cabeza era un nido de pensamientos que se enredaban el uno con el otro. Pero más allá de eso, su cuerpo ardía por volver a tenerle cerca otra vez. La misma escena se le repetía mil veces dentro de su mente. Eso era en lo único que podía pensar.

Sus manos recorriendo su cuerpo, sus labios besándola. Basto sólo con volverlo a ver para darse cuenta que no podría amar a nadie más. No, no lo lograría. Ya se había entregado por completo a él. Se sentía completamente vacía, pero cuando volvía a estar con él, una parte de ella volvía. Ni el tiempo ni la distancia sirvieron para apaciguar su incontrolable amor y fervor por ese hombre. Aquella noche corrió hacia él como jamás pensó que lo haría. Algo la empujo a seguirle hasta que lo hubo encontrado. Gritó su nombre tan fuerte que su garganta ardió de dolor. Su pecho dolía al igual que sus piernas de tanto correr.

Él se detuvo al instante sin creer lo que había escuchado. Era ella.

Le tomo un tiempo darse cuenta de la verdad enfrente de sus ojos. Ambos se quedaron viendo por un instante reconociendo el uno al otro. En un fugaz momento ella eliminó toda distancia entre los dos y se lanzó a sus brazos. Edward no dudo ni por un segundo en abrir sus brazos para recibirla. Fue como si le devolvieran el alma al cuerpo. Su piel contra la suya ardió al entrar en contacto, reconociéndose al instante. Él la abrazó como si la vida se le fuera en eso, enterrado su cuerpo contra el suyo. Estaban tan necesitados él uno del otro. Edward se tomó su tiempo, fue un momento eterno el que estuvieron así, el uno con el otro, sintiéndose, oliéndose, amándose.

No había nada que decir, ninguno de los dos dijo palabra alguna. Al contrario, sus labios fueron ocupados besándose con un hambre voraz. Él arremetió contra su boca hambriento de ella. La beso como nunca antes lo había hecho. Todo era tan nuevo para los dos, la situación, los sentimientos recién descubiertos, el amor.

Bella nunca se había sentido amada hasta ahora.

Edward parecía un hombre nuevo, distinto, que arremetía contra ella como nunca antes lo hizo. Se detuvieron a mirarse para descubrir las nuevas personas que eran. Sus ojos le hablaban del dolor por el que pasó, al igual que sus ojeras y su rostro cansado. La barba tomó gran parte de su rostro, haciéndolo ver un hombre mayor del que era. Bella quiso abrazarlo y no soltarlo más.

Aquella mujer que había arriesgado todo por estar allí, justo ahí entre sus brazos, deseaba con todo su corazón que aquel momento no terminara jamás. Que el tiempo se detuviera, dejándolos allí a los dos.

Tan encegada estaba que ni cuenta se dio cuando llegaron al departamento. Sorprendida quedo al ver que era su antiguo departamento. Parecía ser el mismo, frío y blanco. Sólo que ahora no estaban sus cosas ni su amada alfombra roja. Se preguntó qué hizo Edward con ella.

Subieron envueltos en caricias hasta la habitación. Le sorprendió ver que sólo estaba la cama y un par de ropas tiradas en el suelo, pero lo que más llamo su atención fue ver su foto pegada en la pared. No recordaba en qué tiempo se la tomó, pero debió ser uno muy bueno ya que la inmensa sonrisa que llevaba parecía iluminar todo el lugar. Un dolor en su pecho le llego al verla. Él no la había olvidado.

Poco a poco las ropas fueron estorbando y se sintió más libre que nunca al quitárselas. Ya desnudos, ambos siguieron reconociéndose entre caricias y besos repletos de una pasión guardada y de sentimientos nuevos. Se entregó a él con su corazón en boca, los miedos y temores viejos parecían no quererse ir, pero poco a poco las caricias de Edward la hicieron carecer de toda duda. Y a su vez Bella le fue enseñando a él todo aquello que ella escondió por miedo a su rechazo, ahora se lo daba todo, sin recelo, le abrió su corazón y su alma, y Edward supo en ese momento lo que es amar.

Amar sin esperar nada a cambio.

Amar dándolo todo, entregándolo todo.

El tiempo se congeló entre esas cuatro paredes, sin darle tregua sus cuerpos se reencontraron, esta vez dispuestos a todo. Lo antiguos miedos ahora no eran más que un eco del pasado.

Ninguno de los dos supo cuánto tiempo estuvieron así, amándose. Conociéndose como nunca antes. Ambos quedaron agotados, sudando y desnudos en esa cama.

—Nunca pensé que llegaría a sentirme así —habló con voz rasposa. Sus brazos la acercaron aún más a él, apretándola contra su cuerpo—. Esto… es tan nuevo para mí.

Bella besó su pecho cerca de su corazón. Su respiración chocaba contra su piel dándole una sensación de escalofríos y cosquillas. Sus piernas estaban entrelazadas y sus manos juntas jugando con sus dedos.

—Tengo miedo —reconoció él después de un largo rato de silencio mutuo.

—¿Miedo? —Preguntó ella temblando bajo sus brazos.

—Miedo a herirte otra vez —su voz sonaba culposa y atormentada—. Soy incapaz de ver el dolor que le causo a los demás, y me doy cuenta de ello cuando es demasiado tarde. Mi vida entera he lastimado a personas que no han hecho otra cosa más que quererme. —Edward la beso en su frete, dejando sus labios un largo rato allí, sintiendo su característico olor—. No quiero esconderme bajo mentiras, ni quitarme culpas, sé lo mucho que te herí. Pero yo… me cuesta ver el daño que soy capaz de causar. No quiero que sufras más por mi culpa.

—Edward… —dijo ella levantándose un poco para que pudiera verla directo a sus ojos.

—No, Bella. Necesito decirte esto, necesito pedirte perdón. Y también necesito contarte lo mucho que me costó llegar a darme cuenta todo lo que significabas en mi vida. —Él la enfrentó sin dejarla de mirar—. Nunca quise, ni siquiera ni pensar lo que tu presencia le traía a mi vida, el sentido que le daba. Fui un cobarde, sí, lo admito. Un maldito cobarde que le aterraba pensar lo que sería de él si tú no estabas a su lado. Siempre minimice lo que sentía por ti por miedo, miedo a que fueras lo suficientemente importante como para que me hicieras ver todas mis falencias. Todas mis mentiras. Y también tenía miedo que descubrieras lo valiosa que eras sin mí, que supieras que avanzar sin mí a tu lado era la mejor decisión que podrías tomar. Muy en el fondo, me aterraba que me dejaras, y aún me aterra.

El pecho de Bella se cerró, oprimiéndole, dejándola casi sin aire. Sus ojos se aguaron y su mandíbula tembló. No estaba preparada para oír todas esas palabras.

—Te humille, te doblegue, lastime y te obligue a hacer cosas horribles. Eso me mata por dentro. Y no me siento capaz de borrar todo eso. —Admitió él derrotado.

Bella suspiró apenada. Con sus dedos seco las lágrimas que sus ojos bañaban por completo sobre su rostro acalorado.

—Esperé mucho tiempo por eso. —Se alejó de él para sentarse en la cama, las sabanas cayeron y su cuerpo quedo al desnudo. Tomó de sus piernas hasta acercarlas a su pecho, poco a poco comenzaba a despedazarse y necesitaba que todas las piezas estuvieran en su lugar para decir lo que tanto tiempo le tomo aceptar—. Esperé demasiado para que te dieras cuenta—ella suspiró nerviosa—, sólo quería que te dieras cuenta lo mucho que te amaba, nada más. El resto no me importaba. Tú eras todo para mí. —Su voz sonó entre cortada y se dio cuenta que se derrumbaría—. Me hiciste mucho daño, es cierto. Y espero que no esperes que te perdone tan pronto, porque ni yo misma sé cuánto me costará hacerlo. Ni tampoco quiero que tú ni yo olvidemos por todo lo que pasamos, porque eso nos llevaría a cometer los mismos errores del pasado. Sólo me queda decirte que el tiempo nos dirá cuánto nos tomara sanar nuestras heridas… pero de una cosa estoy segura, y es que no quiero estar nunca más lejos de ti. Quiero… anhelo con todo mi corazón que sanemos los dos juntos, que estemos dispuestos a derrumbar entre los dos esas murallas que construimos para alejarnos el uno del otro. Yo te amo y sé que tú también. Y eso es lo único que en este momento me importa. Estoy dispuesta a enfrentar mil balas por ti, ¿cuántas estás dispuesto tú?

Bella casi se quedó sin aire al decir esas palabras pero no dudo ni un momento en abalanzarse sobre él para besarlo. Quería que sus besos borraran esas amargas verdades. Y allí se quedaron, amándose a escondidas, soñando un con futuro mejor, y compartiendo sensaciones y sentimientos que estuvieron dormidos por tanto tiempo.

Una vez ya de nuevo en los brazos del otro, Edward le susurró al oído:

—Todas las que sean necesarias. —Y sin saberlo, con eso Edward estaba prometiendo algo que pronto tendría que cumplir.

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Era un día gris. Las nubes cubrieron el cielo, y el sol se negaba a ser visto. Parecía que en cualquier momento las gotas caídas del cielo vendrían a hacer acto de presencia.

Sus piernas le temblaban cuando le pusieron el velo. No podía controlarse a sí misma. La joven que la estaba ayudando a prepararse para la boda le daba miradas extrañas. Bella sabía que no estaba aparentando bien, y es que los nervios no la dejaban pensar con claridad. Dejó que la maquillaran y que la terminaran de vestir. Ya a media tarde estaba lista para dar el gran paso; su boda.

Le costaba creer lo que estaba a punto de hacer. Antes de irse se dio una última mirada al espejo. Traía el pelo recogido en un moño con dos trenzas adornando el centro de su peinado, algunos cabellos le colgaban a los lados de su cara. El vestido era de un blanco invierno que parecía brillar, el corsé se le apegaba a su figura, dándole curvas en los lugares justos, además traía detalles hechos a mano. El resto del vestido se abría en una caída que le daba pomposidad al conjunto. Eran miles de rasos que se unían para dar una vista encantadora. El vestido era realmente hermoso. Ella se veía hermosa.

Se quedó un tiempo más observándose en el reflejo del espejo. No podía creer lo lejos que había llegado. Todo lo que deseó, por todo lo que luchó, ahora estaba allí y ella sólo tenía que tomarlo. Le parecían tan surreal.

Tomó de la falda de su vestido y se emprendió a enfrentar su futuro.

Que pase lo que tenga que pasar, se dijo para sí misma. Aún con las piernas temblándole.

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El auto se estacionó justo en la entrada de la iglesia. Los invitados ya habían entrado, y todos estaban expectantes a su llegada. Bella le pidió al chofer que se bajara y que le entregara un mensaje a su novio.

Eso era lo que tenían planeado con Edward.

Bella sabía muy bien que nunca podría salir del hotel en donde se estaba quedando sin que Garrett se lo impidiera. Incluso cuando salió del hotel se dio cuenta que dos hombres la observan demasiado. Probablemente la mujer que la ayudó a vestirse también hizo su parte cuidándola. Cualquier paso en falso que ella diera sería fatal. Fue por eso que idearon un plan para huir. Ella le pediría al chofer que se bajara y esa sería la señal para que Edward la viniera a buscar al auto sin que ella tuviera que salir.

Bella se quedó esperando porque ya había hecho todo lo que tenía que hacer. El tiempo pasó y nada sucedió.

En cambio, al otro lado de la ciudad, dos hombres arrastraban un cuerpo casi inerte por un paisaje desértico. La humedad humedeció el suelo, creando una especie de barro que cubría sus zapatos. Los matones tiraron el cuerpo del hombre que ya había sido golpeado en reiteradas ocasiones. El tipo en el suelo se quejó, adolorido. Traía el rostro cubierto y le costaba respirar.

Uno de los hombres le quito el saco y él que daba las órdenes habló.

—Mira nada más, lo bajo que has caído.

El tipo en el suelo gimoteó un poco con la boca seca. Su cabeza le daba vueltas y le costó un poco reconocer a quién tenía enfrente. Sus cejas se acercaron y su rostro se arrugo cuando se dio cuenta de la situación en la que estaba.

—Tú —dijo con pesar—. ¿Qué me has hecho? —Pregunto con las pocas fuerzas que le quedaban. Le dolía a los costados y respirar se le hacia doloroso. Su labio sangraba, y el sabor amargo de la sangre le quedo impregnado en la boca.

—Nada que no te merezcas —el hombre rió—. Acaso creíste que no me daría cuenta. Qué no vería como tratabas de robarte a MI mujer. —Él volvió a reír—. Que estúpido eres. Pensé que te darías cuenta que ya habías perdido. Pero no, ¡tenías que venir hasta aquí y arruinarlo todo!

—¡Ella no te pertenece! —Gritó el hombre en el suelo con las pocas fuerzas que le quedaban. Ambos hombres estaban furiosos y se veían con odio mutuo.

—¡Claro que lo hace! ¡Me pertenece ahora! —Garrett, quien estaba de pie, se acercó hasta su primo para levantarlo del suelo y darle un golpe. Edward gimoteó de dolor—. No sabes el favor que me has hecho. ¿Le prometiste que te la llevarías lejos de aquí, no es así? Apostaría todo a que le volviste a dar esas promesas vacías a las que siempre la tuviste acostumbrada. Pero eso me sirvió, claro que sí. Tú mismo me vas ayudar a que te olvide de una vez por todas y para siempre.

—¡No le hagas daño! —Dijo en un impulso Edward, siendo el rostro de Bella lo primero que se le vino a la cabeza.

Garrett negó.

—Claro que no —él se alejó unos pasos—. Te lo haré a ti. —Y sin previo aviso sacó un arma de su saco y le dio un disparó certero al pecho de Edward.

Volviendo a la parte de la ciudad en donde una joven vestida de novia esperaba por algún indició, aguardo impaciente por el hombre que amaba. Pero nada sucedió.

En cambio, vio como un hombre caminaba en dirección a la iglesia acompañado de una mujer y una niñita.

La reconoció al instante; era Leila.

Se veía más hermosa de lo que Bella recordaba. Llevaba un vestido color crema casi blanco, sus risos volaban con el viento que sólo eran adornados por una diadema del mismo color que el vestido.

El pecho de Bella se apretó y parecía que todo el aire de sus pulmones se había escapado. Su labio tembló y sus ojos se humedecieron. No podía creer lo que estaba viendo. Bella pensó que nunca volvería a ver a su hija, pero ahí estaba, caminando sonriente de la mano de su padre. Bella se preguntaba qué tuvo que hacer Garrett para convencer a Carlisle de venir hasta aquí con su hija.

Sin detenerse a pensar, se bajó veloz del auto y les siguió. Caminó lo más rápido que su voluminoso vestido le permitió y cuando se dio cuenta ya estaba dentro de la iglesia. Al verla entrar la música comenzó a sonar y todos los invitados se dieron la vuelta para verla entrar. Bella se quedó paralizada.

No sabía qué hacer.

Edward no había llegado y ella ya estaba adentro. Todo pareció congelarse y Bella se quedó viendo lo que tenía enfrente: Garrett, Leila, su futuro.

Todo eso estuvo a punto de desperdiciarlo por las promesas falsas que Edward le volvió hacer. Con el corazón roto se dio cuenta del inmenso error que estuvo a punto de cometer. Que estúpida fue. Se dejó engatusar por las caricias y las palabras vacías de ese maldito hombre.

Edward la había dejado una vez más.

Y fue en ese momento que Bella se juró que sería la última vez.

Decidida avanzó paso a paso por el largo pasillo de la iglesia, destruida por completo. Y sin saberlo, al otro lado de la ciudad, un agonizante Edward yacía sobre el lodo, repitiendo sus últimas palabras; un millón, Bella. Por ti soportaría un millón.

Los ojos de ambos se cerraron, y en el caso de Bella, al abrirse, vio que su nueva vida estaba a punto de comenzar.

Continuará…

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¡Hola!

Eso ha sido todo, este es el fin. Después de tres largos años pude terminar esta historia que comenzó con algo pequeño, pero que fue creciendo hasta llegar hasta estos 29 capítulos. Muchas gracias a las chicas que estuvieron capítulo tras capítulo, siempre comentando y siguiendo las historia a pesar de mis lagunas :D

Como habrán leído el final dejó a los protagonistas bastante separados, y por si se lo están preguntando; sí, la historia tendrá secuela. No sé cuándo la publicaré, pero lo que sí sé es que allí contaré que sucedio con Bella, Edward y Leila. Además de la historia de la mamá de Edward y que fue de ella, como también la de Carlisle y Bella antes de conocer a Edward y de personajes nuevos. Espero contar con ustedes.

Muchas gracias a todos los que llegaron hasta aquí, nos vemos en una próxima historia

Con cariño Nala