Holas a todosss, espero que la estén pasando bien. Yo estoy ocupada entre la uni y ahora con el servicio comunitario peor, pero estoy de ánimos con la historia que ya va llegando a su etapa cumbre (jaja, como las novelas), pero vamos bien para el final, de hecho falta un buen trecho.

Por cierto, estoy empezando la re-edición de la tercera parte debido a que mi amiga Satsuki aquí en me dijo que no entendía una parte y me pareció conveniente mejorar mi redacción en los capítulos. Así como hice algo genial, acorté escenas innecesarias, quité algunas, aunque lo mantuve casi igual. Pero agregué un par de escenas (alargué la escena cuando Maynard le pregunta a Harriet si no ha besado a alguien). Si pueden echarle un ojo a los cambios puedan advertir que tal quedó. No hice cambios a la trama ni nada muy drástico, por supuesto. Era solo mejoras técnicas y espero subirlas esta semana por completo ya que aun no termino.

Espero que tengan una linda semana

Capitulo 29. Dedícame una canción

Manley era distinto a los otros chicos magos, era muy colérico y pensativo, la fluidez de sus ideas era colosal y le gustaba seducir a todos con su tono de voz suave como el terciopelo. Era rubio, pálido y sus ojos eran grises como los de su padre. Sabía cómo encantar a las personas, usarlas y manipularlas, incluso desde muy pequeño. Apenas teniendo un año, Draco sabía que su hijo Manley era especial ya que parecía aprender rápido, hablar fluidamente y estar interesado en todo lo que le rodeaba. La mansión se sentía muy solitaria y por ello, en menos de tres años Draco encontró la felicidad y el placer en brazos de Kayreen Macinsale, la hermana menor de su viejo amigo Hamilton apenas unos años mayor que él. Ky, como le acostumbraba decirle por cariño fue una madrastra no muy preocupada por el bienestar de Manley, aunque en realidad Manley no necesitaba mucho para salir adelante y valerse solo.

Manley presenció con tan solo tres años la boda de su padre con Kayreen Macinsale. Para su edad Manley era bastante inteligente y superdotado, con tan solo cinco años había leído casi toda la biblioteca de su casa, con apariencia hostil, sería el niño prodigio de la familia, perfeccionista y calculador, con tan solo seis años conocía bastante bien la magia.

Sus poderes habituales incluían la telequinesis innata, habilidad para intuir las cosas y como curiosidad tras un accidente mientras jugaba, los curadores de San Mungo le informaron a Draco Malfoy que su hijo estaba incapacitado para sentir dolor físico. Manley se había fracturado una pierna y en vez de llorar o retorcerse de dolor, había mirado con fascinación como la sangre fluía afuera de su cuerpo.

Cuando tenía nueve años sabía todo lo que una persona a sus treinta debería saber sobre la vida, o eso creía Manley. Sabía que su atractivo causaba sensación en algunas niñas y algunas mujeres, sabía cómo adorarlas y fue cuando descubrió el poder de la persuasión al invitar a Eva Green a dar un paseo al lago, habría sido inocente aquel paseo pero Manley le pidió a Eva que se metiera en lo profundo de aquel estanque y ella fascinada con la petición, simplemente había obedecido. Manley miró sonriente mientras la pequeña Eva se ahogaba y sintió como su cuerpo se estremecía horas más tarde cuando el cuerpo de Eva Green flotaba en la orilla. Aquel hermoso crimen, que tan solo había requerido usar su propia voluntad.

Nunca nadie se enteró que él había sido el responsable de la muerte de aquella niña, quien hubiese sido la primera amiga de Manley. Aquel año trajo una sorpresa para él también, la llegada de su hermana menor, Daeva Lindsay. La primera vez que la vio en la cuna, sintió que aquella niña sería tan adorable y atractiva como él, envidiaba a Davea por robarse la atención de su padre, su madrastra Kayreen ayudó en este sentimiento al poner a Daeva en la mejor habitación y brindarle todos los cuidados. Manley sintió algo de celos e ira, y durante el primer año de vida de Daeva intentó asfixiarla dos veces pero algo le vencía, aquella niña de ojos azules inspiraba algo en él, era una vida inocente que no podía destruir.

Apenas se había acostumbrado a la presencia de Daeva en la familia, cuando su padre fue asesinado una tarde de verano. Nadie sabía como, Draco Malfoy había aparecido envenenado en su despacho y las sospechas fueron directo a su esposa, quién fue liberada de cargos al no haber pruebas suficientes. Kayreen siempre decía que a veces sentía que aquella mansión estaba maldita y podía sentir como era vigilada por un ojo omnipotente. Con esta nueva pérdida Manley se mostró indiferente, pero con su astucia al investigar más sobre su padre y su madre verdadera, descubrió la existencia de su hermano gemelo aparentemente muerto, el lo había presentido pero esperaría más tiempo para ir en su búsqueda.

En él último año antes de comenzar Hogwarts Manley cuidó de Daeva, ya que Kayreen cayó en una severa depresión que incluía un constante estado de ebriedad, promiscuidad y un deterioro físico prematuro. Manley era prácticamente inseparable de la pequeña Davea a excepción de cuando esta dormía y Manley espiaba sigilosamente a Kayreen. Una noche calurosa faltando dos semanas para comenzar en Hogwarts, Manley quedó fascinado con la llegada de su madrastra ebria y bastante torpe, acompañada de tres amigas que estaban igualmente ebrias. Kayreen cayó insconsciente en la alfombra, mientras que Jeena, Annie y Dalia, encontraron al pequeño Manley escondido en el closet espiando. Ellas bastante sonrientes lo llevaron a la cama de Kayreen, mientras lo obligaban a realizar actos lascivos. Manley descubrió por primera vez algo que no le era indiferente del todo, el placer humano al cual se haría adicto.

La forma en que aquellas mujeres obligaban a un "inocente" niño de 11 años a perversidades propias de adultos, parecía emocionar mucho al joven Manley quién gustoso se dejó llevar por los placeres carnales recién descubiertos. La forma en que aquellas tres mujeres perversas lo obligaban, le incomodaba en cierta forma ya que era él a quienes ellas debían obedecer. Kayreen casi muere del susto en la mañana al encontrar en su cama el cuerpo de sus tres amigas y a Manley sentado a su lado en la alfombra. Jeena, Annie y Dalia habían muerto sin razones aparentes y Kayreen asustada hizo lo posible para ocultar el accidente o más bien asesinato culposo de su hijastro.

Con Manley en Hogwarts, Kayreen respiró algo más tranquila pero igual se sentía intimidada de tener aquel niño tan callado y calculador en las vacaciones. Ni siquiera le asombró cuando Manley le dijo solemnemente que el Director Oddbrown había promovido su adelanto al tercer año apenas él teniendo 12 años.

Manley fue brillante en Hogwarts, encantador con los profesores y un buen Slytherin, su genética le favoreció ya que aparentaba más edad de la que tenía y su éxito con las mujeres era solo otra hazaña. Fue prefecto y premio anual, al igual que supo romper en silencio muchas reglas de Hogwarts. Las chicas que pasaban por su cama eran desechadas sutilmente cada semana, solo había una chica que cursaba tres años menos que él que le había parecido valiosa, no muy hermosa pero si como una gema en bruto, veía en ella un potencial que más nadie habría sabido advertir. Ella era Eileen Snape, la hija mayor del jefe de la casa de Slytherin, Severus Snape. Cuando estuvo en séptimo año comenzó a frecuentar a Eileen, seduciéndola y viéndola como la única chica capaz de ser su igual.

Le gustaba escaparse con ella, pero mantenía las artes oscuras lejos de su chica. El tenía apenas quince años como ella, pero su apetito sexual era voraz y nunca quedaba satisfecho con ella, siempre quería más. Formó un grupo de amigos leales en Hogwarts, pero nunca confío plenamente en ninguno de ellos. Después de graduarse en Hogwarts decidió que era el momento de buscar a su hermano gemelo. Sin nunca dejar sus caprichos a un lado, sentir placer al infligir dolor en alguien, estar con Eileen y desarrollar gran capacidad de visión a futuro con las artes oscuras. Al salir de Hogwarts nunca vaciló en lo que tenía que hacer y sin dudar fue tras la pista de Barry Southfield y Aindrea Dumbledore, el tenía preguntas y buscaba respuestas. ¿Las tendría pronto?

En el presente

- Déjame ir. – Una chica lloraba en una cama dentro de un cuarto cerrado - ¿Dónde estoy?

- Daeva, no te muevas mucho. – Dijo una voz fría y seductoramente manipuladora. – No te muevas.

Las luces se encendieron, Daeva abrió los ojos y se dio cuenta de que no estaba sola, la habitación era completamente blanca, cerrada y una sola puerta al final se observaba. Ella estaba en una cama e inmóvil. Pero la puerta se abrió pronto y lo vio llegar, su hermano mayor, pero eran dos ahora.

- Manley… - Daeva ahora lloraba de dolor.

- Te he dicho que no te movieras Daeva. – Manley Malfoy tan atractivo y mortal pisaba aquella habitación, es anormalmente alto y llevaba una túnica oliva bastante elegante, era suave y lo hacía lucir más hermoso aún. A su lado estaba su hermano gemelo, Darren, vestido con una túnica escarlata, pero sus apariencia era menos impresionante, su presencia mostraba curiosidad pero igual seguía siendo tan atractivo ahora como su hermano, eran gemelos.

- No siento mis piernas, ¿Qué ocurrió? – Preguntó Daeva con lágrimas en los ojos.

- Pasan muchos años sin ver a tu hermano y tu te preocupas por tus piernas. – Dijo Manley bastante ofendido, pero pasó su mano fría por el rostro de la joven, acarició sus mejillas y secó las lágrimas. – Quiero que conozcas a tu hermano, Darren. Vivió entre los asquerosos muggles por muchos años y ahora ha despertado a mi lado.

- ¿Dónde estoy? ¿Qué me ocurrió?

- El Ejercito atacó con bestialidad a los alumnos de Hogwarts, pero desobedecieron mis normas al no tocarte ya que te rebelaste contra ellos también. Sufriste las consecuencias. Caíste desde muy alto y tu columna está fracturada, no podrás mover tus piernas más nunca. Pero yo te ayudaré a nacer de nuevo…

- Manley, eres un monstruo. – Daeva lloraba más asustada que nunca.

- No mi hermosa Daeva, no soy un monstruo. Soy tu salvador. – Dijo Manley hablándole en el oído a modo de susurro. – Dejate llevar por mi poder, tengo suficiente para hacerte revivir.

- No, no se lo hagas a ella… - Dijo Darren con ojos de compasión por su hermana.

- Quiero volver a casa.

- No hay ningún hogar para ti, tu única familia somos nosotros ahora. – Dijo Manley. – Tengo planes para ti y seguro que podrás colaborar.

- Déjame ir. – Dijo Daeva llorando angustiada, su rubia cabellera ahora despeinada caia ondulada sobre su rostro. Darren se acercó y apartó el cabello de su cara.

- Eres hermosa Daeva, mi hermano no mentía y las fotos no te hacen justicia. – Dijo Darren. – Yo te prometo que nada te pasará. Manley no te hará daño.

- Pero Manely ha hecho mucho daño… lo que le has hecho a Harriet Potter es monstruoso. – Dijo Daeva casi gritando. – No hay derecho, no lo hay.

- El mundo ha cambiado un poco hermana. – Dijo Manley. – Pero mi amada Daeva, yo no he tocado a Harriet nunca, yo solo la he buscado para hacerla ver el lado correcto. Pero es difícil porque no puedo tocarla, ni su cuerpo ni su mente. Ella es intocable para mi.

- ¿Entonces quién asesinó a sus hermanos? ¿Quién le hizo todo ese daño a su propio cuerpo?

- Oh, por supuesto. Bastante interesante eso, ¿verdad? Yo no puedo tocarla a pesar de que he examinado su sangre mil veces y no encuentro la respuesta. Pero se que alguien puede hacerlo por mi, tocarla como yo quisiera, torturarla como yo quisiera, hacerle ver visiones como yo quisiera… Eileen es única ya que ha logrado conectarse a ella permanentemente.

- No cantes victoria Manley. – Tras ellos apareció una mujer de labios carmines, piel pálida y cabello negro. – No he podido ver a Harriet desde el rescate, algo está bloqueando mi paso.

- Pero lo lograrás solucionar, mi hermosa. – Dijo Manley volviendo su mirada a Eileen.

- Mi hermano le ha regalado el medallón del Dragón, no puedo con ese tipo de magia. – Dijo Eileen segura y caminando hasta Manley.

- Entonces vamos a mover las cuerdas y hacer jaque mate. ¿Crees que sea hora de hacerlo? – Preguntó Manley retóricamente.

- Es seguro. Podremos tenerla en un año y planificamos… - Darren exponía sus ideas, pero su hermano lo hizo callar tan solo con una mirada, la puerta se cerró sola.

- No, no puedo esperar un año. Cuanto antes mejor, le pondré un plazo de un mes. – Dijo Manley sonriendo. Extendió sus manos hacía Daeva y sujetó sus manos. – SI cambias de parecer, puedo revivirte.

- Eso significa que debería morir primero. – Dijo Daeva.

- Si, pero la muerte para mí no es nada. – Dijo Manley. – He estado en el inframundo y se cómo se siente, he estado entre los vivos y he vuelto de la muerte. Puedo traerte de vuelta…

- No, déjame ir. – Daeva lloraba más. Eileen miraba indiferente y tras un gesto de impaciencia decidió abandonar la sala y no tener que escuchar los llantos de la menor de los Malfoy. Darren observó a Eileen momentáneamente.

- Darren, ten cuidado con lo que haces. – Dijo Manley. – Se que harías cualquier cosa por Eileen, pero ella es solo para mi. Ella es mi Emperadora y Señora, ella puede acostarse contigo, pero ella no me dejará de adorar como si yo fuera su dios, su religión y su fe.

- Solo la deseo….

- … y la amas. – Dijo Manley bastante sonriente. – Ese asqueroso sentimiento que debes mantener bajo cautiverio. El amor no es racional, ¿has visto de la forma que Maynard Snape prefirió condenarse antes que dejar ir a la chica?

- Necesitamos el alma del vampiro, tenemos que dar con él. – Dijo Darren bastante tranquilo.

- Su alma ya no le pertenece, el amor ha sido un impedimento en nuestros planes. Su alma le pertenece a Harriet Potter y a es a ella quién no puedo tocar, es a ella a quién necesito. ¿Tendré que hacerlo yo solo y dejar de depender de Eileen? No puedo…

- Si puedes Manley.

- Lo más cercano al dolor, ha sido tocar la sangre de Harriet y Maynard. El dolor me hace débil y eso es inaceptable. Necesito…

- Lo sé. Me pondré a trabajar en eso. – Dijo Darren. – Como dirías, jaque mate.

Harriet algo aburrida para acudir a la reunión del club de duelo, prefirió quedarse en el dormitorio, encender la chimenea y leer en su cama un libro que Hillary le había prestado, era literatura muggle romántica (muy típico de Hillary). Eran las ocho de la noche apenas y la reunión habría de haber empezado hace unos 20 minutos. En la cena había recibido una lechuza de su madre. Ella tras cansarse de las aventuras románticas de Mona y Richard en "Pasión Irracional", releyó la carta una vez más.

Querida Harriet

Es bastante inesperado para mí lo que nos has manifestado, ya que es bastante arriesgado salir con Maynard Snape. Nada en contra de él, pero deberías tener cuidado ya que él tiene instintos peligrosos. Confío en que podrás cuidarte bien ya que has pasado por cosas realmente graves, tener un pretendiente vampiro no es nada del otro mundo para mi hija Harriet.

Tu padre aun está alterado, debo reconocerlo. Pero ambos esperamos lo mejor para ti y por mi parte tienes mi apoyo, si Maynard te hace feliz debes estar con él. Por otro lado, Harry y yo estamos considerando la posibilidad de adoptar a un bebé, nos sentimos muy solos y como ustedes pasan la mayor parte del año en el colegio, un hijo adoptivo podría ser algo positivo.

No deben preocuparse, ningún niño reemplazará el amor que sentimos por Rowen y por ti, esperamos poder superar la pérdida de Myriad y Greg, quizás algún día sea bueno para nosotros regresar a Gran Bretaña, extraño a mi madre pero estar allá me hace demasiado daño con tantos recuerdos frescos.

Espero que tengas un buen San Valentin, lo mereces. Tu hermano me dijo que caerá justo en una salida a Hogsmeade. Tu padre y yo solíamos ir a Hogsmeade de visita incluso después de salir de Hogwarts, de hecho tu padre me pidió matrimonio en el café de la Señorita Monsy (hermosos tiempos aquellos). Diviértete mi preciosa, haz algo divertido y se feliz.

Tu madre que te adora

Ginny

Pd. Envío unos chocolates paradisíacos que he encontrado.

Harriet sonreía al recordar la carta de su madre, ella se había intentado mantener fuerte pero a ella era quién más le había afectado la angustia, primero al perder a su padre Arthur, perder el bebé y luego perder a sus dos hijos menores. Harriet le emocionaba la idea de que sus padres adoptaran a un niño, les haría bien ya que ellos adoraban a los niños y tanto ella como Rowen estaban casi por convertirse en adultos. Abrió uno de los chocolates con coco del paquete que su madre le había enviado y lo masticó suavemente, recordando mejores días en su infancia cuando su madre los reunía en el patio trasero para repartir una caja llena de bombones.

Podía verlo en su memoria, Ginny con aquel vestido verde y una cinta que recogía su cabello, en sus brazos estaba Greg tomando un biberón (aun Myriad no había nacido), en el piso estaba ella comiendo algunos chocolates, ella era menuda sintiéndose protegida al lado de su madre, apenas tenía 10 años en aquella época y sus gafas se habían llenado de dulce. A pocos metros Rowen jugaba con los bombones mientras la tarde caía, Ginny acababa de ser ascendida y la felicidad irradiaba su rostro, su hermoso rostro lleno de pecas y adornado con aquel hermoso cabello rojo bien perfumado.

Harriet volvió al presente sabiendo que aquellos días eran lejanos y recordar tiempos mejores no siempre la hacían reconfortar, sobre todo cuando pensaba lo que pudo haber sido. Greg su hermano menor junto a la pequeña Myriad estaban ahora tres metros bajo tierra, mientras que Ginny parecía estar sumida en la tristeza casi todo el tiempo.

De repente escuchó la chimenea del dormitorio crepitar, una cara parecía haberse formado y ella parpadeó para saber si lo que veía era real. No vio nada más, volvió a mirar el techo y una llamarada salió de la chimenea, una figura salía de las llamas y cuando miró bien se dio cuenta que era Maynard quien acababa de llegar.

- Maynard, ¿Cómo hiciste eso? Oh vaya… - Harriet se levantó de golpe y dejó a un lado la caja de bombones de su madre.

- Funcionó, ¡ja! – Dijo Maynard para sí mismo sonriendo. – Hola pelirroja, he logrado crear una pequeña red interna con las chimeneas de Hogwarts. Aunque los hechizos protectores son muy fuertes como para hacerlas funcionar hacía el exterior del Castillo. Es como nuestra propia red flu.

- Eres brillante. – Dijo Harriet sonriéndole, Maynard se sentó a su lado en la cama y observó los bombones.

- Si, ¿Esos dulces son regalo de algún admirador anónimo?

- No, los envía mi madre. Ella adora los dulces. – Dijo Harriet ofreciéndole uno, pero Maynard parecía no estar hambriento.

- Quizás acepte uno al final de nuestra sesión, no tengo mucha hambre. ¿Por qué no has venido al club de duelo?

- No tenía ganas de ir, era una oportunidad para estar sola y hacer nada.

- Entonces te dejaré sola… - Dijo Maynard, pero Harriet tomó con fuerza su brazo izquierdo en forma de negativa.

- No, no te vayas. Está bien si tú te quedas. Ha sido una agradable sorpresa tenerte aquí, a pesar de que una vez más has roto una regla del colegio. Los chicos tienen prohibido entrar el dormitorio de las chicas.

- Es lo de menos, luego de los centauros, romper cualquier regla de Hogwarts es nada. A menos que asesinemos a todo el colegio. – Dijo Maynard seriamente. – Por cierto, mi padre sabe lo ocurrido pero Oddbrown no sospecha de nosotros, cree que debe ser algún aliado de Manley y va a reforzar la seguridad, así que adiós a nuestros paseos al bosque.

- ¿Se enteró?

- Si, los centauros le advirtieron sobre un peligroso vampiro que usaba magia y una joven bruja que los atacó. No dieron detalles, los centauros no confían plenamente en Oddbrown ni en ningún humano. – Dijo Maynard algo más relajado.

- Fue un buen susto.

- Fue una lección, descubriste que no eres inútil del todo. – Dijo Maynard acostándose en la cama y poniéndose cómodo. Harriet terminó a su lado apoyando su rostro en el pecho del chico.

- ¿Qué piensas?

- No mucho… Es agradable estar en tu dormitorio. – Dijo Maynard observando su alrededor. – Es bastante entretenido ya que estás aqui.

- Maynard, tengo curiosidad por algo. En este momento me siento en mis plenas facultades. – Dijo Harriet mirando a Maynard a los ojos, sus ojos fríos no le intimidaban y parecían más humanos que nunca. - ¿Crees que cada vez que intentemos estar juntos tu me envenenes como si fuera la presa de una araña voraz?

- Estamos juntos en este momento.

- Me refiero, a estar juntos… íntimamente. – Dijo Harriet por lo bajo como si alguien más la pudiera escuchar.

- No, supongo que tengo que tener más autocontrol para no dejar que eso no te afecte. – Dijo Maynard pensativo. - ¿Te preocupa no superar eso rápidamente?

- Es estar limitados a mantenernos cuerdos y pensantes. Nada de dejarnos llevar o cualquier cosa…

- Podemos intentarlo, pero… no sé si sea adecuado este lugar y momento. – Dijo Maynard pasando su mano por el hombro de la chica y abrazándola.

- No creo que sea un buen momento, además hay millones de cosas que podemos hacer juntos en estas dos horas que durará el club de duelo. – Dijo Harriet, haciendo que Maynard mirara algo impaciente.

- No lo dudo. Quizás leer un libro o discutir sobre alguna de nuestras tareas pendientes. Aunque hacer tareas fue nuestra excusa para vernos cuando aun no estábamos juntos.

- Si, es cierto. Por ejemplo nunca hablamos del futuro, pero creo que tampoco no hay mucho de qué hablar ya que es incierto.

- Lo es. – Dijo Maynard mirando el techo ahora, Harriet suspiró. – Pero no dudo que todo saldrá bien. Vamos a superar todas las dificultades que se nos presenten.

- Si llegaras a terminar Hogwarts… ¿Qué piensas hacer con tu vida?

- Buena pregunta. Si llegara a terminar Hogwarts, probablemente querría recorrer el mundo buscando a otros como yo, vampiros que pueden ser más humanos, incluso pasar por humanos normales. ¿Tu?

- No veo futuro para mí, me da miedo mirar muy lejos porque siento que no viviré lo suficiente para hacer tantos planes. – Dijo Harriet algo inquieta.

- No seas tonta, claro que si vivirás lo suficiente. – Dijo Maynard alentándola. – Puedo cuidarte, pero sé que tu sola podrás valerte de ti misma. Sino pregúntale a los centauros.

- Hablo de Malfoy, yo tengo algo que él quiere. – Dijo Harriet.

- Si Lord Voldemort no fue invencible y tu padre pudo derrotarlo, ¿Por qué Manley Malfoy no habría de serlo?

- Si…

- Pero obviando el tema de Malfoy, en el cual no quisiera caer por enésima vez. Podrías acompañarme en mi viaje por todo el mundo.

- Claro, es bastante seguro invitarme a buscar vampiros como tú o más peligrosos por todo el mundo. – Dijo Harriet sarcástica.

- No veo el peligro en todo eso, son solo algunos vampiros indefensos como yo. – Dijo Maynard sonriendo. Harriet soltó una pequeña carcajada y tomó las manos del chico.

- ¿Quieres que intente sanarte?

- Hazlo. – Dijo Maynard cerrando sus ojos y Harriet se colocó sobre el chico sentándose sobre su pelvis y tomando sus dos manos firmemente. – Harriet, dije que me sanaras no que me incitaras, ya que definitivamente tu sobre mi es una provocación a mis instintos humanos.

- Eso es, te quiero conectado con ese lado humano, cálido e indefenso.

- No le pidas peras al manzano. – Dijo Maynard, pero en sus manos sentía una energía cálida de parte de Harriet, su corazón latía con más rapidez y en pocos momentos se sintió más centrado y vivo, Harriet parecía estar debilitándose y sudaba frío, pero luego comprobó que ella estaba bien. Luego de hacer aquello un par de veces más, cayó acostada a su lado y sonrió.

- He notado algo peculiar de mis sesiones contigo. – Dijo Harriet suspirando algo cansada. – Cuando te ayudo a sanar, yo misma sano. Mis heridas en las muñecas están cerrándose, ya no se abren con tanta frecuencia y parecen mejorar mientras más frecuente lo hacemos.

- Eso es bueno. – Dijo Maynard examinando las muñecas de Harriet, ella le miró algo pensativa aun e hizo como que iba a hablar. - ¿Ocurre algo?

- Me da vergüenza preguntártelo. – Dijo Harriet algo sonrojada. – No todos los chicos les gusta hablar sobre ello…

- Ah, Harriet pensé que estaba claro que no pienso dedicarte ninguna canción públicamente, lo siento. – Dijo Maynard, pero Harriet estalló en risas y negó con la cabeza.

- No se trata de eso, nada sobre nosotros en realidad. – Dijo Harriet.

- Dispara. No debe ser incomodo si no es de nosotros después de todo. – Dijo Maynard sentándose en la cama y Harriet se acomodó en sus piernas dejándose caer.

- Es una pregunta sobre tu pasado y sé que me has prohibido hacer comparaciones, pero… ¿Por qué nunca tuviste relaciones con Martha? ¿O con Pita? ¿O con Nicole?

- Está bien, esto será secreto. Te dedico mi querida, la canción de "Midnight Dream" de Morgan Gore, esa que bailamos en el macabro baile. – Dijo Maynard desentendido con una sonrisa y Harriet algo indignada se levantó.

- Entonces no quieres hablarlo… - Dijo Harriet.

- No es nada particular. – Dijo Maynard sonriendo pícaramente. – Pero mientras me prometas que no irás a comentarle a los Gryffindor, sobretodo tu hermano, te contaré.

- No haría eso jamás. – Dijo Harriet riendo. – Tienes mi palabra.

- Bien… el motivo por el cual jamás estuve con Martha, o con Pita, o con nadie tiene diversas causas unas más pesadas que otras. – Dijo Maynard tratando de explicarse bien. – Primero con Martha, sentía una presión desmesurada y cuando sentía que podría con esa presión de estrenarme con la chica más experimentada de Hogwarts, fue que comenzó a suceder.

- ¿Qué cosa?

- Pues que cuando llegaba el momento, simplemente no podía. – Dijo Maynard y Harriet lanzó una mirada muy sospechosa. – ESPERA… Momento, momento… SI PODÍA pero no quería o más bien no debía.

- Oh vaya…

- Fíjate, pasó varias veces. Cuando yo pretendía terminar en la cama con Martha, por algún motivo era saboteado. Tenía visiones extrañas en ese momento, en mi mente aparecía otra chica y eso me asustaba ya que no podría estar con una chica pensando en otra.

- ¿Otra chica? – Harriet miró horrorizada. – ¿Pensabas en otra chica mientras besabas a Martha?

- No siempre, a veces si las cosas se calentaban mucho y no era nada cómodo.

- Uhmm… entiendo. ¿Se puede saber quién es esa misteriosa chica que aparecía hasta en tus fantasías para sabotearte tu velada apasionada? – Harriet preguntaba aquello con cautela, presintiendo que quizás Maynard podría admitir que aquello también le había sucedido estando con ella misma y enterarse de nombres podría empeorar las cosas.

- Ehm… pensé que ya lo habrías adivinado. Una vez te conté que me metí en problemas con Pita por eso. – Dijo Maynard algo dudoso.

- No recuerdo.

- Bueno… Tu pelirroja. Eras mi pesadilla viviente, aparecías en el momento menos indicado.

- ¿YO? – Harriet tenía la boca abierta en su asombro. – Pero… yo…

- De hecho no te vayas a molestar por lo que voy a decir, nuestra primera vez en Cobham fue impulsada en parte por mi curiosidad sobre que pasaría si estaba contigo, ¿tendría visiones? ¿Terminaría mi obsesión contigo? Cada vez que besaba a una chica, terminabas apareciendo en mi mente inevitablemente y quería saber si la maldición se rompería si lo intentaba con la autora de mis visiones. Pero nada ocurrió la primera vez que nos besamos, me refiero a que no tuve ninguna visión, a pesar de que nuestra primera sesión fue algo intensa y realmente era debilitante disfrutar besarte tanto. Esa noche en Cobham esperé cualquier cosa de nuestro encuentro no planificado, pero me sentí satisfecho al no tener ninguna visión en particular. Era como cuando algo predestinado a cumplirse por fin se cumple. Cuando un gancho hace click al engancharse y sabes que es ahí donde pertenece. Fue magnético y abrir mis ojos, fue saber que no solo me atraías, fue darme cuenta de que eras , tú eras la indicada.

Harriet aun petrificada por la sorpresa de aquella declaración, miró a Maynard sin decirle nada.

- Recuerdo tu incidente con Pita. Dijiste mi nombre mientras te besabas con ella y… ella me odió a pesar de que no éramos nada y yo pensé que eran ideas mías, que era solo un error tuyo. Estaba nerviosa pero luego careció de importancia porque esa misma tarde fue la muerte de mis hermanos. – Dijo Harriet temblando.

- Pues sí, lo recuerdas bien.

- ¿Cómo pude haber condenado tus relaciones anteriores de esa manera?

- No eras tú Harriet, en alguna forma debió haber sido mi subconsciente. – Dijo Maynard sin darle importancia. – Pero no importa, ya no tengo esas visiones ni fantasías, ahora estoy contigo. Ahora me toca preguntar a mí.

- Esto no era una sesión de preguntas. – Dijo Harriet secamente. – Yo tenía una curiosidad y ya la he resuelto.

- No importa, tengo derecho a preguntar sobre tu pasado también… ¿No?

- No, nunca tuve visiones contigo, solo esas pesadillas donde estábamos juntos y me asesinabas.

- Como olvidarlo. – Dijo Maynard sonriendo. - ¿Por qué nunca tuviste relaciones con Christian?

- ¿Porque? – Harriet pareció pensativa de repente. – Bueno, creo que en cierta manera no me llamaba la atención explorar esa parte de mi relación con Christian, no me sentí segura y además el insistía con probar hacerlo y las presiones me abrumaban. Era muy cariñoso enviando chocolates, detalles y demás, pero nunca estuve cómoda. Nunca pensé que tendría relaciones con ningún chico nunca, ya sabes cómo soy…

- Si. Estoy sorprendido. Quizás se deba a que no estabas enamorada. – Dijo Maynard alzando una ceja.

- Quizás haya sido eso, pero no tenía nada para comparar. – Dijo Harriet ahora sentada frente a Maynard. – Ahora dime… ¿Qué es eso que me dedicas una canción romántica?

- Ay no, olvídalo Harriet. – Dijo Maynard acostándose en la cama y Harriet fue tras él.

- Te escuché bien, "Midnight Dream" de Morgan Gore. ¿Me dedicas esa canción? Vaya, estoy conociendo tu lado romántico.

- Fue la primera canción que bailamos juntos. – Dijo Maynard secamente. – Esa noche del terror en que murieron inocentes y fuimos secuestrados por Eileen y el ejército NEGRO.

- No sé si esa canción pueda traerme buenos recuerdos. – Dijo Harriet recordando el episodio de Halloween.

- Jamás lo admitiré en público, no me avergonzarás jamás con eso. – Dijo Maynard acercándose a su lado. – Hay una canción que me recuerda a ti, se llama "La noche de los muertos vivientes".

- Que gracioso Snape. – Dijo Harriet empujando a Maynard hacía un lado, Maynard sin dejar de reírse la alcanzó a su lado nuevamente.

- Hablando seriamente, si hay una canción que me recuerda a ti, la escuché en casa de Jimmy el verano pasado. – Dijo Maynard bastante optimista. – Dice algo así,

"Hey tu pequeña prepotente orgullosa,

Puedo pensar lo que quiera de ti

y no me importa que no mires hacía mi

si pudiera estar cerca de la esencia que dejas

todo estaría bien, lo aseguro

Tú me mareas, me haces enfermar

y poco a poco

haces salir ese animal dentro de mí

Te comería viva, te comería viva

Te comería viva, te comería viva

Lo siento, yo solo quiero mirarte,

No hay nada malo en querer mirarte

Nada malo en desearte más y más

Te comería viva, te comería viva

Lo siento, yo solo quiero tenerte

No hay nada más adictivo que tu

Nada puedo hacer para controlarme…

No temas, no debes temer

Una vez que te acostumbres

No deberías temer para nada

Solo quiero mirarte todo el dia

No hay nada malo en ello…

Te comería viva, te comería viva

Te comería viva, te comería viva"

- Vaya, creo que ahora si debería estar asustada. Me dedicas la canción de "Te comería viva". – Dijo Harriet asombrada.

- ¿Algo malo? – Maynard seguía sonriendo.

- Maynard, te comería viva suena un poco perturbador viniendo de un vampiro que además es tu novio.

- No voy a comerte, es una metáfora.

- Yo sé que es una metáfora.

- Además, es sobre querer una chica y a pesar de que haya un trato algo rudo, él le dice que todo estará bien porque en realidad le gusta. La chica es una prepotente orgullosa y pequeña.

- Yo no soy prepotente y orgullosa. – Dijo Harriet.

- Pero si pequeña. – Maynard seguía riendo. – Se que no es una canción muy romántica y cuando la escuches verás que no tengo sensibilidad emocional, pero esa canción me recuerda lo que siento hacía ti. ¿Hay alguna canción que te recuerde a mí?

- Muchas, ahora que lo mencionas. La más notable de todas las canciones es… "La poción perfecta". – Dijo Harriet y Maynard casi llora de la risa.

- No puedo creer que me asociaras con una canción que habla de pociones.

- Hablo en serio… "La poción perfecta" es una canción bastante simple

"Me haces sentir fuera de mi elemento

Como si caminara sobre vidrio roto

Como si mi mundo girara lentamente

Y tú te movieras demasiado rápido

¿Estuve yo equivocada? ¿Tenías tu razón?

¿Fuiste débil? ¿Fui yo fuerte?

Ambos estábamos destrozados

Atrapados en ese momento

Nosotros vivimos y amamos

Nosotros bromeamos y nos herimos

Pero todos los planetas se alineaban

Cuando miraba a tus ojos

Y era todo, una reacción química

Como ingredientes de la poción perfecta"

- Esa es más romántica que "Te comería viva". – Dijo Maynard. – Pero mi canción tiene más estilo. Lo siento, no soy muy amante del romance.

- No me importa. Me gustas así – Dijo Harriet, se sentía bastante cómoda al lado del chico que la abrazaba ahora ligeramente. Tras varios momentos en silencio sintió un loco impulso de besarle, Harriet no quería medirse ni tampoco pensar cuerdamente, sin dejar pasar ese impulso cayó sobre Maynard besándolo apasionadamente. El chico respondió bastante bien y no se detuvo, acariciaba su rostro lentamente mientras se aferraba a ella, ella miraba sus ojos y podía ver la emoción, aquellos ojos grises fríos que la estremecían pero nada de peligro en ellos, el halo rojo había desaparecido por completo. Aquella noche ella lo tendría a él, y él sería como cualquier otro humano, como un hombre se sentiría estando con su mujer.

Harriet aquella mañana se San Valentín desayunó como de costumbre algo cansada, la noche pasada se había trasnochado por algunas tareas pendientes, aun tenía que terminar un ensayo largo sobre Historia de la Magia y mientras comía, obtenía ideas de Hillary y Cassie que ya lo llevaban más adelantado. Aquella mañana Maynard prefirió sentarse en la mesa de Gryffindor y pasar bajo perfil, además para alivio de Harriet Maynard parecía haber controlado mejor sus habilidades ya que las chicas volvían a ver a Maynard como el chico fastidioso de Gryffindor y ratón de biblioteca, la única que seguía viendo con ojos ilusionados a Maynard era Kelly Owens. Pero un nuevo intruso apareció en la mesa de los Slytherin.

- Harriet, ¿podemos hablar? – Charlie Holmes sonreía ahora sentado al lado de Harriet.

- Ehm… si. ¿Qué ocurre? – Dijo Harriet algo insegura.

- Tenemos una charla pendiente. – Hillary y Cassie se miraban extrañadas. Charlie parecía seguir sonriendo.

- ¿Si?

- Sigue en pie mi oferta de salir juntos. – Dijo Charlie mostrando sus dientes llenos de alegría. - ¿Podríamos salir hoy?

- Ehm… Charlie. Maynard no está aquí hoy, pero seguimos siendo novios. – Dijo Harriet sin saber cómo decir aquello.

- Disculpa… Lo sé. Pero no quiero salir contigo de esa manera, quiero salir como amigos ya que podemos ser potenciales amigos. – Dijo Charlie explicando. – Yo estoy saliendo con Hortensia Ford ahorita.

- Ah…

- Además quisiera conocer mejor a tus amigas. – Dijo Charlie sonriendo hacía Hillary y Cassie.

- ¿Por qué ese repentino interés en nosotras?

- Porque quiero tener amigas… amigas mujeres, no tengo ni una y todas las chicas de Hogwarts tienen prejuicios contra mí.

- Me pregunto porque….

- Además Ted se divierte con ustedes, Maynard no nos cuenta mucho sobre estar contigo pero parece feliz… me da curiosidad conocerte. No me portaré como un idiota Casanova ni me pienso propasar con ustedes, las veré a ustedes tres como tres hombres más.

- Gracias, que me vean como un hombre es justo lo que necesitaba. – Dijo Cassie metiéndose en la conversación.

- Me refiero a que quiero amigas, he arruinado las cosas en Gryffindor cuando salí con Lara O'Farrell… ninguna mujer me tiene confianza. – Dijo Charlie algo sentido.

- Bien, puedes venir esta tarde con nosotros a Hogsmeade. – Dijo Harriet. – Iremos a las tres escobas.

- Suena tentador, ¿Puedo llevar a Sean?

- Si, si gustas…

Charlie se alejó contento ante la mirada sospechosa de Maynard quién siguió leyendo el periódico a lo lejos, Hillary algo asqueada miraba Cassie.

- Aun le gustas. – Dijo Hillary.

- Hay que darle crédito, quiere vernos como tres hombres más. – Dijo Harriet.

- Grandioso, simplemente grandioso. Esto me hace sentir más miserable de lo que creería. – Dijo Cassie algo roja y mirando a la mesa.

- ¿Qué ocurre?

- Cassie, es solo el baboso de Holmes…

- No es eso, lo que ocurre es que…me siento celosa de Harriet. Ella es hermosa y aunque no sea una pretenciosa, le interesa a los chicos y…

- ¿Celosa de mi? – Harriet estaba asombrada. – Un momento, un momento…

- Ay no comencemos.

- Cassie, simplemente no veo la falta de autoestima, si usas una escala y dices que yo soy bonita, tu también lo eres.

- No, no lo soy…Al menos en Hogwarts dos chicos piensan que eres atractiva. Hillary, igual, dos chicos en todo el mundo piensan que ella vale la pena. Miles piensan lo mismo de Martha, pero nadie me considera valiosa a mí. Se que ustedes les parezco linda, pero ustedes no son chicos…

- Según Charlie somos hombres para él. – Dijo Harriet sarcástica.

- Cassandra, no seas tonta… ¿Por qué dices eso? – Hillary estaba asombrada por la afirmación de su amiga. – Tú no sabes si alguien te considera buen partido y…

- No, se que nadie siente nada hacía mi.

- Cassie, si crees que no vales nada por no parecerte a Martha estás muy equivocada…

- No es eso, no tengo a nadie especial conmigo. Alguien que se muera por mi, como ustedes tienen. Maynard a su manera extraña y Gabriel en la distancia. Además no me niegues Harriet que es una gema de belleza única.

- Por favor, ¿desde cuando soy Miss Hogwarts? – Preguntó Harriet ofendida.

- Eres hermosa Harriet, mírate. Incluso despeinada, con ojeras y poco esmero por resaltar, haces palpitar a algunos corazones. Eres una muchacha excepcional y de belleza natural, justo como tu madre lo es.

- Mi autoestima ha subido dos puntos con esa frase Cassandra. – Dijo Harriet sarcascaticamente. - ¿Es relevante si soy hermosa o una pasa arrugada?

- Me gusta lo de la pasa arrugada. – Dijo Hillary sonriendo. - Harriet es bonita si, pero ella no tiene la culpa de gustarle a Charlie, que por cierto le gusta cualquier cosa.

- Cualquier cosa menos yo… - Cassie pegó su frente en la mesa.

- ¿Cómo has dicho? – Hillary asombrada dio un grito ahogado.

- Era eso… es lo que yo estoy pensando. ¿Acaso a Cassandra Nott le gusta Charles Holmes?

- Es patético. – Dijo Cassie casi llorando.

- No, no lo es… patética es Martha. – Dijo Hillary corrigiendo, le ha enviado a Maynard unos bombones con amortentia en ellos.

- ¿Cómo? – Harriet parecía asombrada. – ¿Poción de amor?

- Si, es tonto tratar de envenenar con la poción de amor al chico que sabe más de pociones luego del Profesor Snape. – Dijo Cassie.

- Vaya, estoy asombrada. – Dijo Harriet. - Pero volviendo al tema de Cassie, quiero que sepan algo. El valor de una persona radica en lo que hay adentro, ya que lo que está afuera se esfumará al envejecer y cuando eso suceda solo contarás con lo que has cosechado dentro de ti.

- ¡Jesús! Harriet, Deberíamos meterte en un concurso de belleza, con ese discurso habrías ganado. Si no crees que puedas participar, usaremos pociones y encantamientos para embellecerte. Ganaríamos buen dinero con ese discurso de anciana que tienes, ¿Cómo no se me había ocurrido? Cerebro y belleza. – Dijo Hillary.

- Que chistosa. – Dijo Harriet seria y muy seca.

FIN DEL CAPITULO

rose rickman y emma snape: Gracias por los Buenos deseos, ya estoy mucho mejor. Con mis estudios aun estoy tratando de recuperar todo el tiempo perdido, pero nada mal. Me alegra que les haya gustado el capitulo, un beso.

Morgan A Riddle: Si, Harriet necesita sus poderes más que nunca, porque como juego de ajedrez Manley desea hacer jaque mate. El ministro tiene sus planes, Manley también y veremos que resulta de todo esto. Hoy fue otro vistazo para saber bajo que condiciones nació y creción Manley, que lo motiva a sus acciones. Espero tener pronto capitulo, como siempre. Saludoss