Muchísimas gracias por todos los follows, los favs y en especial por todos los Reviews que son la salsa y el verdadero regalo por el esfuerzo de escribir estas historias.
Gracias a Lica a los cuales he contestado ya por MP o por Facebook y a todos aquellos a los que no puedo responder por ninguna vía ya que no estáis registrados, os dedico unas palabras aquí:
LAalldayeveryday: Muchísimas gracias por tu comentario, como siempre. Aquí va el momento tan esperado. Espero que te guste el capítulo. Un abrazo enorme.
ConstanzaMZ: Lo has adivinado amiga… en el siguiente hay de todo, pero suave no es en absoluto. Muchas gracias como siempre por tu comentario y un abrazo.
Guest (1): Solo yo… ¿eres solo tú? Por tu forma de escribir me atrevería a decir que eres tú… pero no voy a asegurar por si acaso. Seas o no seas, gracias por tu comentario y espero que te guste como se desarrolla el siguiente capítulo.
Lupita trujillo: Bueno, no sé si será suficiente merecido… tendrás que leer y decírmelo tú, aunque… jiji, lee. Un abrazo amiga.
belen: Si, pero tranquila, alguien me hizo prometer final feliz, ¿recuerdas?
Guest (2): First, thanks for wanting to solve my problems, I really appreciate it. Well, now for the chapter ... I love that you love him, and I hope he stays that way. Ready to find Emily?
NOTA: Gracias infinitas a Lica, por ayudarme a organizar las ideas de este capítulo. Mi cabeza es un hervidero de grillos… menos mal que me frenas jajaja. Un abrazo amiga.
Recordad que esto empieza con un recuerdo de Emily en el que estaba decidida a alejarse de Hotch hasta que supo que Jack no estaba bien. Alguien me pidió hace tiempo que el tema Doyle fuera visto desde los puntos de vista de todos los miembros del Equipo. Siendo que son recuerdos del pasado, es complicado hacerlo, pero aquí va, lo he hecho lo mejor que he podido, he juntado en un recuerdo partes de varios, leerlo como si fuera una historia, teniendo claro que cada fragmento está pensado en partes por cada uno de los miembros que lo vivió.
DISCLAIMER: Los personajes de Mentes Criminales y sus casos no me pertenecen, son creación de CBS y ABC Studios.
Capítulo 29 – Encuentro/Desencuentro (Parte II)
La semana había empezado tranquila, sin casos a la vista. El lunes por la mañana Emily se había levantado con su habitual mal humor, sumado al hecho de que, aunque se dijera que lo estaba superando, no era cierto. Hotch la había confundido mucho en su última interacción juntos y en el fondo de su mente pensaba, ¿y si estoy perdiendo una oportunidad única? Era un pensamiento inherente que no podía sacarse de la cabeza y que hacía que sus noches fueran más largas de lo habitual. Había desayunado una taza de café cargado y unos bollos de mantequilla de camino al trabajo y había bromeado con JJ, García y Morgan, hundiendo en el fondo de su mente todo lo relacionado con Aaron Hotchner, y era por eso que, hasta que no bajó Rossi a avisar de que Hotch no vendría a trabajar en los próximos días, no se dio cuenta realmente de que el verdadero dueño de todos sus pensamientos no estaba.
— ¿Está enfermo? – Se preocupó JJ.
— Vamos hombre. – Espetó Morgan. – ¿Hotch enfermo? Podría estar muriéndose y estaría aquí dando órdenes.
— No es tan mandón. – Lo defendió Emily, sin poder evitarlo. Todas las miradas se centraron en ella, que carraspeó y se enfrentó a Rossi. – ¿Tenemos que preocuparnos? – Le preguntó al hombre mayor, sabiendo que, en el fondo, Derek tenía razón. Hotch no faltaría al trabajo por encontrarse mal a menos que estuviera muriéndose de dolor.
Rossi se llevó las manos a los bolsillos.
— Al parecer Jack tiene problemillas. El sábado hizo un año de la muerte de Haley. – Informó el mayor.
La tristeza se apoderó de todos en el momento en que la ex-esposa fallecida de Aaron fue nombrada. Todos sabían cuan mal lo había pasado su jefe, y para Emily, que sentía la tristeza igual que sus compañeros, se complicaba, además, con el hecho de que había intentado ayudar a Hotch por todos los medios sin preocuparse por sus propios sentimientos. Había hecho de buque remolcador y ahora se encontraba sintiéndose herida y sola. Había terminado incluso por conseguir un gato como le había dicho a García que haría tiempo atrás. En un principio había sido una broma que se había terminado convirtiendo en realidad. Una parte de ella siempre había pensado que Hotch jamás amaría a otra mujer, fuera ella u otra, porque jamás dejaría de amar a Haley. Difícilmente alguien puede amar de esa forma a dos personas. Esos pensamientos eran parte de lo que la había llevado a alejarse de él.
Emily podía llegar a ignorar el hecho de que Hotch había acudido a Rossi en lugar de a ella. Incluso podía llegar a ignorar que nunca fuera a quererla y que jamás tendrían un futuro. También podía ignorar que iba a salir más herida aún de lo que ya lo estaba, pero lo que no podía ignorar era que su jefe, amigo y amor, estaba en problemas. No sabía si él también se veía afectado por el recuerdo de su ex-esposa, pero de una cosa si estaba segura, Hotch estaría devastado por ver a su hijo mal y ella no podría mirarse al espejo si no intentaba al menos saber cómo estaba en persona.
Mantuvo el pensamiento para sí misma durante toda la jornada laboral y cuando tocaron las cinco recogió sus cosas y se marchó, agradeciendo que ese día no hubiera habido casos que resolver ni consultas que atender. Había sido pura burocracia durante ocho horas y le daba tiempo suficiente para ir a ver a Hotch y Jack antes de que este último cenara y se metiera en la cama.
Mientras Emily aparcaba el coche frente al complejo de apartamentos dónde vivía Hotch, su mente no dejaba de pensar en las consecuencias que tendría su visita. Ella sabía que para el niño la visita no supondría nada. Para Jack, ella era la Tía Emily, y estaba acostumbrado a que ella o cualquier miembro del Equipo se relacionara con su padre habitualmente. Era Aaron quien la preocupaba. No quería que sintiera que estaba forzando la situación y a su vez, no podía dejar de forzarla porque, le gustara a él o no, ella lo quería y eso suponía querer también a Jack. Si el niño no estaba bien, ella estaría allí para él.
Dejando escapar un último suspiro para aplacar el remolino de sentimientos y pensamientos en su cabeza, Emily salió del coche, arrastrando con ella una bolsa con un detalle para Jack. Aunque fuera un Hotchner a todos los efectos y tuviera el carácter de su padre, era un niño y suponía que un regalo podría al menos alegrarlo durante un rato.
Recorrió el largo pasillo lleno de apartamentos hasta que encontró el que buscaba y sacudió la última brizna de nerviosismo antes de golpear la puerta con sus nudillos. Esperó pacientemente y en lo que pareció un largo periodo de tiempo, la puerta se abrió y un Hotch vestido con pantalón de chándal y una camiseta vieja la observó con confusión.
— ¿Pren…?
— ¿Aaron? – Lo saludó, antes de que Hotch acabara de formular su saludo. Si escuchaba salir de su boca un solo Prentiss más, siendo que estaban a solas, discutirían, y no había ido a eso. – ¿Se me permite pasar? – Le preguntó, cuando vio que el hombre se quedaba parado en mitad de la puerta con el ceño profundamente fruncido. Alzó la bolsa que llevaba consigo. – Le traigo algo a Jack.
Vio como el moreno se debatía unos segundos hasta que finalmente se apartó de la puerta y le cedió el paso. Emily quiso creer que esa actitud se debía al hecho de que no esperaba su visita y de que estaba preocupado por Jack. Pensar otra cosa no la ayudaría en su empeño de demostrarle a Aaron lo que se estaba perdiendo.
Una vez que Hotch cerró la puerta y ambos estuvieron en el interior, ella se giró a mirarlo y pudo comprobar lo que ya había supuesto. Siendo que Hotch era un hombre que jamás se permitía mostrar sus debilidades, se le veía agotado y desesperado.
— ¿Cómo está? – Le preguntó, rompiendo el silencio, mientras se quitaba la chaqueta y la dejaba sobre el sofá bajo la atenta mirada de Hotch, que no perdía movimiento alguno mientras la taladraba con sus ojos oscuros.
Finalmente, Aaron dejó escapar el aire y se acercó a ella, de brazos cruzados, negando con la cabeza. Emily pudo ver como se mordía el interior de la mejilla. Eran pocas las veces en las que había visto a Hotch hacer ese gesto, pero siempre que lo hacía, ella sentía lo mismo: unas profundas ganas de abrazarlo, porque sabía que más allá del dolor que pudiera estar sintiendo, estaba confundido.
— Cuando llegué a casa el sábado después del caso, Jessica estaba enfadada. – Empezó. – Al parecer recibió quejas de la escuela. Jack ha estado teniendo problemas. No hace sus tareas, responde mal a su profesora y dicen que no ha estado siendo él mismo últimamente. – La miró y Emily pudo ver que iba a empezar a culparse en tres, dos, uno… – Yo no estaba allí para recogerlo. Ni para escuchar de la boca de su profesora lo que pasaba.
Hotch se dejó caer de forma pesada en su sofá y Emily lo siguió, en silencio, dejando que se desahogara.
— Ni siquiera me di cuenta de que ese día era el aniversario de la muerte de Haley… - Negó con la cabeza. – No estaba ahí ni siquiera para eso.
— No podías saber que Jack se acordaría del día, ni siquiera sabías que tenía problemas. No puedes culparte. – Le dijo Emily, intentando que no fuera tan duro consigo mismo.
— Lo llevo cada semana a ver a su madre. – Explicó y Emily sintió como se le apretaba el pecho. No era que no le pareciera bien que Hotch llevara a Jack a ver a Haley, pues era su madre, era el hecho de que él iba cada semana a verla y ella nunca se había enterado de eso. – Ve la fecha en su tumba mientras juega a su alrededor. Debería haberme dado cuenta de ello. Es un niño, pero no es tonto.
Por supuesto que no… Pensó Emily. Jack tenía respuestas que dejarían petrificado a un sabio. Le recordaba en cierta medida a Reid y en gran medida al hombre que tenía frente a ella.
— Estás aquí ahora para él. Has decidido dejar tu trabajo durante unos días para cuidar de tu hijo. – Hotch alzó la mirada hacia ella. – Eso es ser un buen padre, Aaron.
Hotch se mordió el labio y asintió unos segundos después, a forma de agradecimiento.
— ¿Quieres ver a Jack? – Le preguntó y Emily sonrió, contenta de que hubieran tenido una conversación, aunque corta, y Hotch no pareciera enfadado con su presencia.
— A eso he venido. – Le respondió.
Hotch se levantó del sofá y le hizo un gesto para que lo siguiera. Se detuvo ante la cuarta puerta del pasillo. Emily sabía que era la habitación de Jack, pues se conocía ese apartamento como si viviera allí, y aunque no lo hubiera sabido, el dibujo a color con las letras típicas de un niño pequeño coloreadas que rezaban Jack's Room era suficiente para avisarla de que iban a entrar en terreno pantanoso.
Ante el silencio proveniente del otro lado de la puerta, Hotch abrió despacio, hundiendo la cabeza por el hueco para ver a su hijo acostado, viendo Los Vengadores en la pequeña televisión del cuarto.
— ¿Amigo? – Abrió y se acercó a él, dejando que Emily pudiera entrar también. – Mira quien ha venido a visitarnos.
Jack le echó una mirada rápida, de reojo, y decidió que la película era más interesante que los dos adultos allí presentes.
— Jack. – Le advirtió Hotch, con tono duro. Emily se acercó a él y colocó una mano en su hombro para que no hiciera eso. Jack no necesitaba reprimendas. Ella entendía que no quería ver a nadie y ella no era la excepción. Hotch la observó con los labios apretados, disculpándose por la actitud de su hijo. Emily sintió ganas de reír y decirle que esa actitud la conocía muy bien, pues ella había tenido que soportarla en Hotch más de una vez.
Deslizó la mano del hombro del moreno lentamente y se sentó en la cama de Jack. El pequeño la miró de nuevo de reojo mientras Emily sacaba en silencio el paquete que le había traído de la bolsa y lo colocaba al lado del niño medio enroscado entre las sábanas.
— Cuando era pequeña, mis padres siempre tenían que viajar por trabajo. – Empezó, explicando para que Jack la escuchara, aunque no quisiera. – Siempre que volvían solían traerme uno de estos. – Le dijo, acercándole un poco más la pequeña caja. – Me encantaba. Era mi momento favorito de la semana cuando desenvolvía el envoltorio y le daba un bocado al mejor pastel que ha existido jamás.
Jack la observó un segundo y como si estuviera retándola, le dio un manotazo a la caja, no enviándola demasiado lejos, para seguir con la película. Emily le sonrió y le acarició el pelo, antes de unirse a Hotch, que había estado observando en silencio, en mitad de la habitación.
— No sé tú Aaron, pero yo me muero por unos macarrones con queso.
Hotch le mantuvo la mirada un segundo y parte del rictus de su cara se suavizó cuando la comisura de sus labios se elevó un poco. Cuando habían hablado de Jack, él le había dicho en alguna ocasión que el pequeño adoraba los macarrones con queso. Se alegraba de que Aaron hubiera entendido su proceder y le pareciera bien esa auto invitación a cenar.
En ese momento los problemas que tenían entre ellos fueron apartados. Solo importaba Jack, y ante eso, empezaron ambos a hablar lo suficientemente alto en la cocina para que el pequeño los escuchara mientras hacían la cena para los tres y no fue en vano. Minutos más tarde, cuando Hotch terminó con el sofrito y estaba a punto de sacar los macarrones de la olla, apareció Jack, descalzo, con su pijama y con la boca llena de restos del pastel que Emily le había traído. La morena sonrió.
— Pero mira a quién tenemos aquí.
El niño se dejó hacer mientras ella se agachaba y le limpiaba con una servilleta los restos de su boca y su camiseta.
— ¿Te has comido el postre antes de la cena? – Le preguntó Aaron, con tono juguetón, para que Jack supiera que no estaba molesto. – ¿Y qué se supone que vamos a comer de postre ahora?
Jack se encogió de hombros con lo que ambos vieron que era una pequeña y vergonzosa sonrisa que los hizo reír.
La cena transcurrió con tranquilidad. Emily pudo ver que Hotch no le sacaba la mirada de encima cada vez que interactuaba con Jack. Tenía que admitir que la ponía nerviosa con su escrutinio, no sabía cómo tomárselo. Había esperado que en algún momento de la noche Aaron le recriminara el estar allí, pero no lo hizo. Cuando llegó la hora de dormir de Jack, este se acercó para darle un abrazo de oso que Emily recibió con gusto.
— Tardaré unos diez minutos. – Le dijo Hotch, mientras veía a Jack correr hacia su cuarto. – ¿Me esperas?
Emily se mordió el labio cuando vio en la mirada del hombre la necesidad y la pasión que tanto escondía de los demás. Supo que era hora de irse antes de hacer algo de lo que luego se arrepentirían, así que negó con la cabeza lentamente.
— Es tarde. Algunos trabajamos. – Bromeó, para aligerar el ambiente que de pronto se había vuelto denso.
Hotch asintió y la acompañó hasta la puerta.
— ¿Te tomaras la semana entera de fiesta? – Le preguntó, girándose hacia él antes de salir del apartamento.
— Sí. – Respondió el moreno. – Si hay cualquier cosa urgente…
Emily negó con la cabeza.
— Podemos encargarnos. Tú dedícate a Jack.
Cuando terminó la frase, dio un respingo al notar la mano de Hotch sobre su cuello, deslizando el pulgar hacia su hombro.
— Gracias. Le has hecho sonreír. – Le dijo, refiriéndose al hecho de que hubiera sacado una sonrisa de Jack.
Apretó los labios con un asentimiento de cabeza y se alejó de él, saliendo del apartamento y despidiéndose antes de ceder al impulso de quedarse esos diez minutos que le pedía Hotch y que, sabía, serían su perdición…
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En la actualidad…
Emily lloró. Recordaba como si fuera hoy el sentimiento que la había embargado ese día. No sabía hasta qué punto había estado deseosa de formar parte de la vida de ambos Hotchner hasta que no había pasado unas horas a solas con ellos. Siempre que Jack había estado presente, o habían tenido prisa o el resto del Equipo había estado allí. Ese día fue un antes y un después para Emily. Huyó, porque su deseo de tener todo de Hotch aumentó al darse cuenta de que ella quería eso. Quería cada noche hacer la cena junto a él. Quería tener que hacer filigranas para quitarle los enfados a Jack y quería poder ver esas sonrisas vergonzosas tan parecidas a las de su padre cuando hacía alguna travesura. E hizo bien en huir, porque la actitud de Hotch después de eso fue de mal en peor…
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En la actualidad…
ASEOS (F.B.I., Unidad de Análisis de Conducta)
QUANTICO, VIRGINIA
Hotch se apoyó contra el inodoro por segunda vez y volcó en él el algo que no estuvo seguro de qué podía ser, ya que no había comido nada desde hacía tres días, que era cuando había descubierto que Emily había sido secuestrada.
El estómago le dolía como si estuvieran apuñalándolo de nuevo y esa persistente sensación de falta de aire no lo abandonaba. Vomitar no mejoraba su condición, pero era algo que no podía evitar.
Se acercó al lavamanos y sumergió las manos en agua helada antes de salpicar su cara y se miró al espejo. Un hombre hundido le devolvió la mirada y supo que eso tenía que cambiar. Emily aún seguía viva en algún lugar y tenía que encontrarla antes de que fuera tarde. Puede que cuando la encontrara no fuera la misma persona, estaba seguro de que lo que había pasado los marcaría a ambos durante el resto de sus vidas, pero aún había vida y él tenía que hacer todo lo posible por recomponer la de Emily, como fuera.
Había sido un estúpido y le costara lo que le costara tenía que intentar arreglar lo que había roto hacía tanto tiempo.
Durante unos días estuvo dispuesto a hacer lo correcto, pero no supo cómo, él mismo hizo que todo se fuera al traste…
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Hace dos años…
APARTAMENTO DE AARON HOTCHNER,
ARLINGTON, VIRGINIA
Hotch llegó a casa después de un largo paseo por el parque con un Jack subido aún a su bicicleta y una bolsa con un trozo de pastel dentro. Desde que Emily le había llevado, dos días antes, el regalo a Jack, este solo había querido volver a comer el pastel de moras que su tía Emily le había regalado, así que Hotch no había tenido corazón para negárselo.
Pasar tiempo fuera del trabajo, había supuesto para Aaron no solo estar más pendiente de su hijo y apreciar cosas que durante sus jornadas laborales se perdía, sino también pensar en la situación que tenía con Emily.
Había llegado a la realización de que una mujer que lo hacía sentir tan bien a él y que quería a su hijo, nunca podía ser algo perjudicial. Se daba cuenta de que se había preocupado en vano. Jack echaba de menos a Haley, no tanto porque fuera Haley, sino porque lo que en realidad necesitaba su hijo era a una figura materna. Él intentaba ser bueno para Jack cuando estaba en casa, pero era su padre y jamás podría suplir la falta de una madre. En unas pocas horas, Hotch había visto como la interacción entre su subordinada y su hijo creaba un ambiente que hacía mucho tiempo que Jack y él habían perdido. Un ambiente familiar completo, con todas las piezas que un hogar debía tener. Él siempre había sido un hombre de costumbres. Se había criado en un hogar con madre y padre, aunque este último no hubiera sido un buen padre, estaba ahí, al fin y al cabo.
Antes de divorciarse de Haley, Hotch había pensado que amaba a esa mujer por encima de cualquier cosa, pero luego se dio cuenta de que no era así. Lo que Hotch amaba era llegar a casa y ser recibido por una familia. Una mujer buena y un hijo perfecto. Sentía la culpa por la muerte de Haley, sentía el dolor de la pérdida de la madre de Jack. Se culpaba porque había estropeado una familia perfecta y llegó a obsesionarse con el perdón tan profundamente que había dejado de ver la realidad que tenía delante. Amaba a Emily Prentiss. La había querido mucho antes de verla interactuar como la matriarca en su casa y la quería aún más ahora que sabía que podía ser buena para su hijo. No era que lo hubiera dudado alguna vez, pero siempre había tenido el sentido de culpabilidad por Haley a sus espaldas. No se había dado cuenta de que ese sentido de culpabilidad dañaba a su hijo, a Emily y a él mismo hasta que no los había visto interactuar a los tres a solas.
En una ocasión Rossi le había preguntado si merecía la pena tanto su trabajo como para perder aquello que amabas y convertirte en un hombre solitario que se preguntara en el futuro porque había dejado escapar a la persona más importante de su vida. Esa pregunta había removido sentimientos hasta ese momento ocultos en él y le había hecho darse cuenta de que la persona a la que Dave se refería, no era la persona a la que realmente Hotch quería en su vida. No podía pensar en volver con Haley, aunque ella lo hubiera querido así, porque él ya estaba profundamente enamorado de su subordinada.
Los acontecimientos de la muerte de Haley habían frenado ese tren de pensamientos y lo habían hecho actuar como un cobarde asustadizo. Había cambiado sus intenciones de ser feliz por la culpa y por el pensamiento erróneo de que estaba mal intentar suplir a la madre de Jack con cualquier otra mujer. Siendo sincero consigo mismo, había usado a Jack como excusa para alejar a Emily y no había sido honesto. No la había alejado por su hijo al cien por cien, sino que el setenta por ciento de su forma de actuar se debía a su propio miedo por existir la posibilidad de que pudiera pasarle a Emily lo mismo que a Haley y entonces, él estaría hundido.
Una parte de él sabía que Emily no era Haley, sabía que ella estaba preparada para cualquier situación por peligrosa que fuera y el Agente en él confiaba en eso, pero el hombre, ese que estaba enamorado, solo podía pensar en que verla en peligro lo aterrorizaba. Lo dejaba tan paralizado que había tenido que poner distancia entre ambos para no verse afectado en cada uno de los casos a los que se enfrentaban. Había fallado estrepitosamente cada vez que se habían tocado, cada vez que había intentado que ella no se alejara y al segundo él mismo la había empujado lejos. Sabía que su forma de actuar era contradictoria y no estaba bien a muchos niveles, pero se conformaba con pensar que tenía motivos suficientes para ello.
Había estado equivocado. Una de las cosas más importantes que debía hacer un hombre en su vida es aprender de sus errores. Hotch estaba dispuesto a hacerlo, pero quería hacerlo bien, tomarlo con calma, ir paso a paso e intentar que no hubieran dudas en el camino.
Durante el resto de la semana, había hablado con Emily por teléfono. Esta se había preocupado cada día por Jack, reafirmando así la decisión de Hotch. También habían hablado de trabajo. Emily lo había mantenido al tanto de todo lo que pasaba en la Unidad. Le había pedido que la dejara hacerse cargo de la instrucción de Seaver. Él no estaba del todo de acuerdo. La Agente Seaver les había acompañado en un solo caso y no había salido bien. Se había puesto en peligro a sí misma y al resto del Equipo, pero sintió que le debía a Emily al menos la oportunidad de intentar enseñarla, y no porque fuera Emily, sino porque, como líder, una de sus obligaciones era confiar en su Equipo y dejar que tomaran sus propias decisiones.
— Enviaré un correo a Strauss, pero la última palabra la tiene Rossi. – Le había dicho a su subordinada, sin querer ponerse por encima del que, en esos momentos, era el líder mientras él estaba de vacaciones.
Hacer las cosas bien significaba, hacerlo en todos los sentidos, profesional, personal y espiritualmente. Eso significaba hacer no solo lo que fuera mejor para Emily, sino también para él y a su vez, para el Equipo.
Emily y él trabajaban bien juntos. Siempre había sido así. Desde el principio había habido una conexión especial. Se habían entendido con solo mirarse. Habían llegado a acabar las frases del otro. Morgan había bromeado más de una vez con eso. Necesitaban esa complicidad también en lo personal, y por eso, Hotch estaba dispuesto a ir lentamente. Volvería a emparejarla con él en el trabajo, volvería a ganarse su confianza. Tenía que funcionar.
Parecía que funcionaba…
Durante el siguiente caso intentó estar con ella el máximo tiempo posible, sin desatender al resto y obligándose a dejarla ir cuando era preciso. El ambiente entre ellos era bueno. Hablaron del caso, hablaron del raro comportamiento de Reid. Sabían que el chico estaba ocultándoles que tenía dolores de cabeza, pero nadie lo forzó a explicar la verdad. Hablaron de Jack y mantuvieron la situación profesional y limpia.
Hotch estaba orgulloso de sí mismo. Por primera vez en mucho tiempo estaba haciendo las cosas bien. Entonces… ¿por qué esa seguridad y orgullo se vino abajo con tanta facilidad?
Lo recordaba bien.
Acababa de llegar a la Unidad cuando fue informado de un nuevo caso. Un asesinato múltiple en una gasolinera en Miles City, Montana.
Había llamado a todos para unirse con ellos en la sala de conferencias. No había tiempo que perder. Las noticias estaban haciéndose eco de la masacre.
Salió de su despacho y delante de él, vio a García y Emily dirigiéndose a su destino. No pudo evitar escuchar la conversación de las dos mujeres.
García le había preguntado como estaba, después del fin de semana.
— Un poco cansada. Estuve hasta las tantas bailando salsa. – Le respondió la morena, para sorpresa de Hotch, que alzó una ceja y prestó más atención a la conversación.
— ¡Dios mío! – Exclamó la analista. – Como si necesitara otra razón para encontrarte sorprendente. – La alabó.
Hotch escuchó la risa suave de Emily antes de que García volviera a hablar. Sus palabras, lo pusieron tenso como la cuerda de un arpa.
— Entró una llamada de Sean McCallister a mi teléfono por accidente. – Le dijo, entregándole un papel a la morena. – Parecía muy importante.
— ¿Dejó un mensaje? – Preguntó la morena y Hotch pudo notar el tono de interés en ella, cosa que le hizo fruncir el ceño a sus espaldas. Se apresuró desde la pasarela más cerca de ambas mujeres para no perder detalle. Quería saber quién era ese hombre.
— No. – Respondió Garcia. – Pero es de París. Un escocés que llama de París. Emily… Aunque sea feo, los escoceses son sexys, es el acento. – Aseguró la rubia.
Hotch apretó los expedientes del caso y las tablets bajo su brazo. Estaba seguro de que si apretaba un poco más echaría a perder todos esos aparatos caros.
— Lo tendré presente. – Aseguro la morena. Hotch podía notar que su tono de voz había cambiado, pero no sabía a qué era debido.
— ¿Qué es este tipo? – Cuestionó García y si por Hotch hubiera sido, hubiera saltado a darle las gracias. Cuanto más preguntara ella, más sabría él. – ¿Un ex? ¿Un rollo de una noche?
— No. – Respondió Emily. – Es un amigo.
Mal… se dijo Hotch. Un amigo también lo era él. ¿Sería un amigo como él? Apresuró el paso cuando entraron a la sala de conferencias. Tenía que dejar de pensar en eso. Tenían un caso. Se había prometido ser profesional. Se había prometido que no dejaría que ciertas cosas le afectaran. Se había prometido que haría las cosas bien.
Entregó los documentos y las tablets a todos los presentes mientras explicaba la situación.
— Seis personas muertas en una estación de servicio. – Informó.
— ¿Robo? – Le preguntó Emily.
Hotch en ese momento fue consciente de que no sería capaz de cumplir sus promesas, porque no era capaz de enfrentarse a ella. Él había estado dispuesto a dejarlo todo por ella. A arriesgarse. ¿Y ella que había hecho? Le había dicho que quería más de él y cuando él estaba dispuesto a dárselo resultaba que ella estaba con otro. Amigo… había dicho. Sí… amigo… No le respondió y esperó a que el resto expusieran sus supuestos.
Intentó durante el caso estar lo más alejado de ella posible que pudo sin que se notara que estaba molesto. Necesitaba su tiempo para recomponerse. En el fondo sabía que ella no tenía culpa de nada. Él no había sido lo suficientemente rápido en sus decisiones. Lo había postergado demasiado y Emily había decidido seguir con su vida, sin él. ¿Podía culparla? No…, pero eso no impedía que en ese momento sintiera que necesitaba un poco de aire y como el mundo parecía estar siempre confabulado para burlarse de él, mientras acudían a la última escena, que había resultado ser la casa de los padres del SUDES, Morgan tuvo que abrir la boca, de manera desafortunada.
— ¡Pero miraros! – Había dicho Derek, su sonrisa y su tono juguetón rompiendo el aire a su alrededor. – No sé cómo lo hacéis. Siempre os ponéis de acuerdo. – Dijo, mirando de Emily hacia él. - ¿No os habéis dado cuenta? – Les preguntó, ante la mirada de desconcierto de ambos. – Ambos con abrigos largos de vestir, conjuntaditos… - Les dijo, señalando sus, por casualidad, casi idénticos abrigos.
Hotch apretó la mandíbula tan fuerte que estuvo seguro de que la habían escuchado crujir.
— Morgan y Prentiss. – Explotó con tono duro. – Averiguad hacia donde pueden haber ido los sujetos. Rossi. – Ordenó, girándose hacia el mayor. – Tú y yo hablaremos con la madre. – Sentenció antes de alejarse de la pareja más joven.
Acorralaron a la pareja de SUDES en Idaho, pero no se rindieron. Tuvieron que disparar para detenerlos y Hotch no pudo evitar correr al lado de Emily antes de empezar a balear el coche de los sujetos. Había sido por inercia. La había vigilado de reojo, enfadado consigo mismo por esa muestra de debilidad mientras se acercaban al coche con ambos SUDES muertos.
Cuando llegaron a Quantico, Hotch decidió que debía hablar con Emily. Quizá todo estaba siendo una confusión. Quizá ese tal Sean era realmente un amigo y nada más. Decidió que la oficina no era lugar para hablar eso, así que cuando Emily se fue, él la siguió con su coche, dispuesto a enfrentarla en su casa, donde podrían tener tiempo y privacidad para hablar de todo lo que quería hablar.
Al llegar al cruce que desviaba la carretera hacia Arlington y McLean, observó cómo su subordinada tomaba el camino contrario a su casa. Él sabía que no hacía bien siguiéndola, pero la curiosidad pudo más que su propia sensatez y la siguió hasta una zona de ocio al oeste de McLean. Observó cómo aparcaba el coche y entraba a un bar. Entre los cristales ahumados y las luces interiores, puedo vislumbrar como abrazaba a un hombre robusto, de pelo largo. No muy agraciado, como García había intuido bien, pero sin duda con carácter marcado. El escocés…
Apretó las manos al volante y se dijo basta. Estaba siendo un estúpido. Él no era así. Estaba comportándose como un crío. Era padre… era Agente. Era Aaron Hotchner. Se había dejado llevar por el momento familiar, pero estaba claro que era solo una ilusión. Emily no lo quería. No podía quererlo. Una persona que quería no se iba con otro en tan poco tiempo. Bien… se dijo. Esperaba que le fuera muy bien con el escocés, porque a partir de ese momento, Hotch solo era el jefe de Emily Prentiss, nada más.
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En la actualidad…
ASEOS (F.B.I., Unidad de Análisis de Conducta)
QUANTICO, VIRGINIA
Qué estúpido había sido… Había vuelto a hacer lo que había jurado no hacer. Lo había vuelto a confundir todo y había vuelto a alejarla. Debería haber sabido que estaba pasando algo más. Debería haberse dado cuenta.
Tiró con rabia el trozo de papel con el que se había secado la cara y las manos a la papelera y salió del baño. Necesitaba centrarse. Ya no importaban sus sentimientos. Era tarde para maldecirse por las cosas no dichas o las cosas no hechas. Tenía que encontrar a Emily. Con ese pensamiento, se dirigió hacia su despacho. Necesitaba volver a ver el video que el SUDES le había enviado, por muy duro que fuera.
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En la actualidad…
Emily gimió cuando el dolor en su bajo vientre la atravesó de nuevo. Poco a poco, su vista volvió a nublarse y segundos después, se vio sumida en el mundo de la inconsciencia, dónde los recuerdos volvieron a torturarla…
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Hace un año…
MCLEAN, VIRGINIA
Mientras Emily conducía desde Quantico de regreso a su apartamento, pensó: ¿qué está pasando?
Desde que se había visto con Sean le había costado dormir más de lo habitual. No podía negar que tenía miedo. Ian Doyle había escapado de la cárcel e iba a por ella. Emily sabía que si Ian quería encontrarla la encontraría, era solo cuestión de tiempo.
Ese saber le estaba llevando a ser paranoica en muchos sentidos.
Acababa de llegar a su apartamento y como había hecho todos los días desde que Sean le había dado la noticia, se acercó a su caja fuerte y sacó los documentos que le recordaban porque Ian Doyle la quería muerta.
El simple hecho de notar que su gato estaba mojado y ver la ventana de su habitación abierta era suficiente para hacerla pensar que Ian ya la había encontrado, pero no era eso lo que realmente la había asustado. Lo que la había asustado había sido la llamada que había recibido en la que nadie había hablado.
Estuvo tentada a coger sus cosas e ir a casa de Aaron, pero no sabía por qué, la actitud del moreno había cambiado con ella en los últimos días. Le recordaba al hombre que había conocido cuando entró en la Unidad. Frío, estoico, aislado del mundo… Un jefe duro y dispuesto a mantener distancia con los miembros de su Equipo. Lo que más le preocupaba a Emily era que esa actitud parecía que solo iba dirigida hacia ella.
¿Qué iba a hacer? ¿Decirle que la acogiera como si fuera un cachorro abandonado y explicarle que estaba en peligro pero que no podía decirle por qué porque estaría infringiendo normas gubernamentales?
No… no había manera de que acudiera a Aaron con eso, así que se había pasado las siguientes noches prácticamente en vela, vigilando, sentada en una silla contra la pared, con la casa llena de trampas por si Doyle aparecía.
Estaba llegando tarde al trabajo y todos se estaban dando cuenta. Si Hotch lo había notado también, Emily no estaba segura, porque él no había hecho comentario alguno.
Estaba aterrorizada y lo único que sabía era que no podía contárselo a nadie y que a la único que deseaba acudir, no estaba dispuesto a escucharla. O al menos, esa era la sensación que a ella le transmitía.
La situación la tenía tan atormentada que incluso había dejado que su máscara cayera. Había bajado la guardia y había dejado que sus compañeros vieran que estaba pasando algo…
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En la actualidad…
SALA DE CONFERENCIAS (F.B.I., Unidad de Análisis de Conducta)
QUANTICO, VIRGINIA
Morgan tiró con rabia los documentos que estaba leyendo sobre la mesa. Podían culpar a Hotch por todo lo que estaba pasando, eso sería lo más sencillo, pero, la realidad era que todos eran culpables. Quizá Hotch y Prentiss hubieran ocultado algo importante y que afectaba a todos, pero ellos eran perfiladores. Deberían haberse dado cuenta de lo que estaba pasando.
Él sabía que Emily había estado comportándose de forma extraña. Siempre había tenido un sexto sentido cuando ella había estado en problemas, por mucho que ella lo hubiera intentado ocultar.
Reid dio un respingo por el arranque de Morgan, pero lo comprendía bien. Él también se sentía mal por haber ignorado las señales tan obvias que indicaban que la situación no era normal. Tanto Emily como Hotch habían estado comportándose, sutilmente, de forma distinta.
En sintonía con los recuerdos de Emily, cada uno de los ellos recordó a su propia manera lo que podía pasar cuando intentaban no interferir en los problemas de los demás.
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Hace un año…
SALA DE CONFERENCIAS (F.B.I., Unidad de Análisis de Conducta)
QUANTICO, VIRGINIA
— ¿Dónde está Prentiss? – Preguntó Morgan al llegar a la sala donde el resto de miembros del Equipo se reunían esperando a que Hotch terminara su reunión con Strauss.
Emily Prentiss siempre había sido puntual en extremo. Había sido de las primeras en llegar y de las últimas en marcharse. Morgan podía jurar que empezaba a hacer como Hotch y a dormir en la oficina. Que llegara tarde no era algo normal.
— Su coche no estaba cuando llegué esta mañana. – Confirmó Spencer.
— Voy a llamarla, a ver dónde anda. – Dijo García, levantándose de la silla para, prácticamente, chocarse con Emily en la puerta.
— ¿Has pasado mala noche? – Le preguntó Morgan, preocupado.
— ¿Por qué no te metes en tus asuntos? – Le respondió la morena, dejando petrificado a Derek.
Que Morgan recordara, ella jamás había dado una respuesta así a ninguno de sus compañeros. Siempre había sido la mujer comprensiva, la calmada, el ancla a la que todos se aferraban cuando las cosas se ponían complicadas.
La observó mientras intentaban resolver el caso de un taxista que mataba a mujeres para extraer su esencia en Los Ángeles. Había visto algo inusual en la mirada de la morena mientras la observaba desde el retrovisor delantero del taxi que estaban usando para recrear los secuestros y aunque ella ya lo había alejado antes, no pudo evitar preocuparse y volver a preguntar.
— Prentiss… ¿Qué te ocurre?
— ¿A mí? – Preguntó la morena, intentando esquivar la pregunta.
— Llevo observándote un par de días y está claro que te pasa algo. – Aseguró Morgan.
— Derek… - Empezó Emily, negando con la cabeza. – Por ser quien eres te voy a pedir que no insistas, por favor.
Y Morgan hizo lo que ella le había pedido. No había insistido.
Hacía un par de horas que habían llegado a Quantico tras haber resuelto el caso del taxista y Spencer acababa de salir del baño cuando se le ocurrió que la única persona que podría acompañarlo a ver Solaris, la película original en ruso, sería Emily. Solo ella y él eran capaces de entender ese idioma y Spencer se moría de ganas por ver esa obra de arte en el cine. La buscó por el bullpen e incluso miró hacia los despachos de Hotch y Rossi a ver si la morena estaba allí, pero no había ni rastro de ella. No le extrañaba, desde hacía unos días la Agente estaba saliendo temprano del trabajo, así que agarró el teléfono y marcó su número. Al segundo tono, Emily respondió.
— Emily, no te vas a creer esto. – Le dijo, entusiasmado, mientras sacaba de la nevera de la oficina una botella de agua fría. – Esta noche ponen Solaris. La original en el cine. ¿Te vienes?
— ¿Ha sido idea de Morgan? – Preguntó la morena. Spencer frunció el ceño. ¿Qué tenía que ver Morgan en eso?
— Morgan no sabe ni lo que es Solaris. – Espetó el genio.
— ¿Y se te ha ocurrido a ti llamarme? – Le preguntó Emily, extrañada.
Spencer no podía culparla. Normalmente no llamaba a nadie para pasar tiempo fuera de la oficina, pero le había parecido que esta era una buena ocasión. – La película original es en ruso, solo tú y yo podemos disfrutarla.
— Oye – Lo detuvo Emily. - ¿Solaris no dura como cuatro horas?
— Son cinco. La mejor película reflexiva de la historia. – Respondió Reid. – Pero por alguna razón nunca la habían puesto en el cine. – Recordó, extrañado con ese hecho. No entendía el por qué habían tardado tanto. – ¿Quieres venirte conmigo? – Probó de nuevo.
— Lo siento guapo. – Le dijo Emily. – Creo que voy a pasar. Esta noche voy a estar con Sergio.
— ¡Ou! – Exclamó Spencer. Siempre tenía que meter la pata. Tendría que haberse dado cuenta. Emily llegaba tarde… se iba antes… ¡tenía novio! E iba él y la invitaba a ir al cine… - Lo siento – se disculpó. – No sabía que…
— Tranquilo, Reid. Sergio es mi nuevo gato. – Sí claro, pensó Reid. Un gato por el que llegaba tarde y se iba antes. Spencer estaba seguro de que decía eso por no hacerlo sentir mal. Así era Emily… – Aun así, gracias.
— ¿Por qué? – Preguntó Reid, confundido.
— Por ser tú. – Le respondió la morena.
Spencer hizo una mueca.
— Oh… Gracias. No sabría ser otra persona.
— Ya… es lo que me encanta de ti.
Reid se despidió y frunció el ceño. ¿Qué era lo que le encantaba de él? ¿Qué estaba pasando ahí? – Se preguntó, mientras recogía sus cosas y salía de la oficina a toda prisa. Vería esa película, aunque fuera solo, pero no se quitó de la cabeza el raro comportamiento de Emily, así que la observó con más atención.
— Lauren Raynolds está muerta. – Escuchó a Emily decir, de forma monótona mientras llegaba al día siguiente a la oficina y dejaba su mochila sobre su escritorio. Emily estaba de espaldas a él y no lo había visto llegar hasta que había pronunciado la frase. En esos momentos parecía como si fuera un ciervo ante un cazador.
— ¿Quién es Lauren Raynolds? – Preguntó Spencer, empezando a preocuparse de verdad.
— Era una amiga mía. – Inventó Emily.
— ¿Y cómo murió? – Volvió a la carga el genio.
— En un accidente. – Dijo la morena.
— Lo siento mucho. – Se lamentó el más joven.
Aun cuando ese era un buen motivo, Spencer no se lo tragó. Ahí había algo más y durante el siguiente caso sus sospechas se confirmaron cuando vio a Emily salir de la sala para atender una llamada. Volvió a ver en ella esa expresión nerviosa. Emily Prentiss nunca había mostrado ese nerviosismo antes. Además, había notado que se estaba mordiendo las uñas de forma compulsiva. Podía decirle al resto del Equipo que creía que Emily tenía problemas o podía esperar a que ella se acercara a él y se los explicara. Pensó, ¿qué haría Emily si fuera él el que estuviera en problemas? Esperar… estaba seguro, así que eso hizo, e incluso, le explicó él mismo que tenía dolores de cabeza, de alguna manera, haciéndole ver que él confiaba en ella y que ella podía confiar en él, pero Emily le había dicho que estaba bien. No había confiado en él…
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En la actualidad…
SALA DE CONFERENCIAS (F.B.I., Unidad de Análisis de Conducta)
QUANTICO, VIRGINIA
Siguiendo los pensamientos de Reid, Morgan explotó.
— Emily nunca confió lo suficiente en nosotros como para contarnos sus problemas. – Espetó. – Se lo dije. – Le dijo a Reid, señalando a la nada con el dedo. – Le dije que debía confiar más en la gente. Si hubiéramos sabido que esos dos se querían podríamos haber hecho algo.
Reid hizo una mueca de disgusto.
— Bueno, está claro que totalmente oculto no lo tenían cuando el SUDES sabía que estaban juntos. Deberíamos pensar también si somos dignos de esa confianza. ¿no crees? – le dijo a Morgan, antes de levantarse de su silla y salir de la sala.
Morgan apretó el puño en el aire y dejó escapar un sonido de exasperación. Se sentó de forma pesada y agarró los informes que había esparcido con rabia anteriormente. Tenía que haber algo que los llevara hasta Emily… Tenían que darle alguna buena noticia a Hotch…
Hotch se sentó, de vuelta a su despacho y observó durante unos segundos la cinta de video que Brad le había enviado. Las manos le temblaban con el simple hecho de saber que tenía que volver a verlo. Lograra rescatar a Emily viva o muerta, se encargaría de que ese video desapareciera. Estaba seguro de que Emily no querría ser vista de esa forma, y mucho menos por una panda de burócratas del F.B.I., porque, Hotch estaba convencido, esto llegaría a las altas esferas, tendrían que dar explicaciones y siendo sincero, no le importaba lo que pasara con él a esas alturas, pero lo que pasara con Emily o con su memoria, eso era otro cantar. No iba a permitir que nadie la señalara con el dedo.
Se mordió el labio y metió en el adaptador la cinta antes de pulsar al Play. La imagen de Emily hizo que sus ojos se humedecieran de nuevo, pero se obligó a mirar una y otra vez. El video terminaba y él volvía a ponerlo hasta que un ruido de fondo llamó su atención. Entre los gemidos dolorosos de Emily y los jadeos placenteros del miserable de Brad, algo se hizo eco en los oídos de Hotch. Una máquina. Se escuchaba de fondo el pitido de una máquina. ¿Una retroexcavadora quizá?
Pausó el video y salió de forma brusca de su despacho. Atravesó la pasarela, cruzándose con Rossi por el camino, que le dijo algo que él no escuchó y se precipitó hasta la oficina de García. Vio a la rubia dar un respingo cuando él irrumpió en la cueva.
— García. – La rubia se giró a mirarlo.
— ¿Señor…? – Preguntó la analista.
Hotch vio como tenía los ojos empañados y en sus monitores había documentos de distintos Estados. Su corazón se ablandó un poco al saber que García estaba tan preocupada como él y no cesaba en su empeño de encontrar a Emily. Moderó el tono, lo último que quería era dañar a alguien más.
— Necesitaría que buscaras una lista de todos los clientes de CleanAgain en un radio de treinta quilómetros del lugar dónde se encontraron los cadáveres. Conecta los puntos. Quiero saber los lugares en los que Hall ha estado.
García asintió, pero se lo quedó mirando hasta que finalmente dijo.
— Le aviso cuando lo tenga, Señor.
Hotch negó con la cabeza.
— Necesito que trabajes rápido, García. Esperaré.
La analista asintió y se mordió el labio mientras hacía lo que Hotch le había pedido. Diez minutos después, tenía en pantalla una lista con más de cuarenta clientes.
— Imprímela. – Ordenó a la rubia que no pidió explicaciones y le dio el papel en cuanto lo tuvo en las manos. La miró un segundo, y dejó escapar el aire. – Buen trabajo, García. Gracias.
García le obsequió con una sonrisa triste antes de que él abandonara su cueva y caminara de nuevo hacia su despacho. Podía ver que el Equipo, excepto García, se había vuelto a reunir en la sala de conferencias. Suponía que le estaban dado tiempo para que él aceptara todo lo que estaba pasando, y agradecía eso, porque quería hacer esto él solo. Necesitaba hacer esto él solo.
Habían supuesto, antes de saber que este caso era una vendetta personal, que el SUDES debía vivir o trabajar cerca. Los asesinatos parecían corresponderse, además, con las ubicaciones de Hall en la lista. Habían sido de dos años en dos años porque durante el periodo de tiempo restante, Hall había estado relegado a otras zonas más alejadas, lo que les dejaba con un cómplice, que quizá no era consciente de lo que estaba haciendo Brad, pero que lo informaba sobre los movimientos de la UAC. Debería descubrir quién era una vez hubiera rescatado a Emily.
Apartó del escritorio cualquier cosa que no fuera a serle de utilidad, y esparció un mapa de Virginia sobre él, además de la lista. Descartó cadenas de restaurantes, bibliotecas, centros públicos, otras entidades privadas y complejos de oficinas. Le quedaron únicamente siete ubicaciones y ninguna de ellas era nada que tuviera que ver con obras. Tiró de su corbata, intentando respirar y pensó. Una máquina… El sonido de una máquina…
Un recuerdo le vino a la mente en ese momento. Sintió las manos de Emily en sus brazos y el sonido de su voz, amortiguado por la perforación de oído después de haber saltado por los aires en Nueva York. "Hotch… ¿estás bien?". Le había preguntado Emily cuando estaban desenterrando el cadáver del Creador de Ángeles y el sonido de la máquina había dañado su oído. Fijó su vista en la lista frente a él y en los únicos siete lugares que quedaban por tachar y su mirada se clavó en uno en particular: el Cementerio Nacional de Arlington.
Hotch estaba convencido de que había dado con el lugar, pero ese cementerio era enorme. Tenía que asegurarse de dónde estaba Emily antes de ir o podría empeorar la situación para ella.
Más de diez años al servicio del país le habían hecho adquirir raras amistades, así que, pidiendo algunos favores, no tardó en saber que en ese cementerio había una casa que, antiguamente, había sido ocupada por el vigilante, hasta que el ayuntamiento de Arlington había contratado a una empresa privada que se encargó de la seguridad y la vigilancia años atrás. Desde hacía ocho años, la casa había estado abandonada y había proyectos de derribarla pronto.
Recordó lo que había visto en el video. Entre las sombras en los laterales le había parecido ver muebles apilados y cuadros. Debía ser ese el lugar…
Bien, había llegado el momento de traer de vuelta a Emily, pero no podía dejar que todo lo que había pasado quedara impune. Una parte de él deseaba decirle a su Equipo que tenía la pista que necesitaban y deseaba confiar en ellos, pero sabía que, si lo hacía, los involucraría a todos y no deseaba que, cuando fueran interrogados, hubiera motivos para que pudieran ser relegados o expulsados de sus puestos. Así qué, dejó pistas de donde estaba Emily, porque sabía que el Equipo lo buscaría en algún momento y quería que, si las cosas salían mal, supieran donde buscar sin perder tiempo y sacó su placa del bolsillo de su americana y la observó durante unos segundos antes de dejarla sobre su escritorio. Después de eso dudaba que pudiera llevarla de nuevo. Cogió únicamente su arma y se deslizó en silencio por el bullpen hasta que estuvo fuera de los condominios del F.B.I.
Mientras atravesaba la ciudad, lo único en lo que podía pensar era en que esperaba que el Equipo lo perdonara por lo que estaba haciendo. Esperaba que comprendieran que lo hacía por ellos. Él sabía lo mucho que dolía lo que estaba haciendo, pero también sabía que era necesario y estaba convencido de que su Equipo lo entendería, como había entendido a Emily en su día…
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Hace un año…
BULLPEN (F.B.I., Unidad de Análisis de Conducta)
QUANTICO, VIRGINIA
Habían estado investigando las recientes muertes de miembros relacionados con Clear Water Security, empresa que había trabajado en el encarcelamiento del potencial líder del IRA, apodado Valhalla. Habían descubierto que su nombre real era Ian Doyle y que había escapado de Kwan-li-so, una cárcel política secreta en Haengyong-ri, Corea el Norte. Doyle había sido apresado en su casa de la Toscana y su ubicación había sido alto secreto hasta el momento en que había logrado escapar.
Hotch había pedido a Emily que contactara con sus amigos en el extranjero para que les facilitaran los documentos del caso Doyle. Emily les había conseguido una lista con nombres en clave de agentes infiltrados en el caso, todos con nombre y apellidos que empezaban por las iniciales LR, pero había algo raro en el formato del documento.
— Es una plantilla. El formato nunca dejaría que pasara esto. – Aseguró García, señalando un espacio en blanco en el documento. – Falta un nombre en el hueco.
— Es otro espía. – Concluyó Hotch. – Otro LR.
— Lauren Raynolds está muerta. – Dijo Reid, con voz monótona.
— ¿Qué? – Preguntó Hotch, sin entender a qué se refería.
— ¡Lauren Raynolds está muerta! – Exclamó Reid. – Prentiss lo dijo por teléfono hace diecisiete días, pero su tono no era de sorpresa o pena. Era como un mantra, como queriendo recordarlo. Lauren Raynolds, LR.
Hotch frunció el ceño, dándose cuenta en ese momento de que Emily no estaba entre ellos. Había estado tan enfadado con ella… Había estado tan consumido por su propio sentir que no había tenido en cuenta los detalles. Sacó el teléfono de su bolsillo y marcó su número. El teléfono de Emily sonó en el cajón de su escritorio y Hotch lo abrió, para encontrarse allí su pistola, el teléfono y la placa del F.B.I.
— ¿Se ha dejado el arma y la placa? – Preguntó Morgan. – ¿Por qué?
— No tiene sentido – Dijo Reid. – Somos su familia, la ayudaríamos. ¿Por qué huir?
Hotch observó la fotografía de la tarjeta identificativa de Emily en sus manos y se le hizo un nudo en el pecho. Él sabía porque lo estaba haciendo y en ese momento se odiaba por no haber estado ahí para ella. Si él hubiera estado pendiente, nunca la hubiera dejado pasar por eso sola.
— Doyle está matando a las familias. – Dijo Rossi – No está casada ni tiene parientes cercanos. Doyle iba a por nosotros y ha huido para protegernos.
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En la actualidad…
CERCA DE ARLINGTON,
VIRGINIA
Hotch apretó el acelerador ante el semáforo en ámbar. Emily había huido y les había ocultado la verdad para protegerlos. Quizá sus intenciones no fueran tan nobles, quizá había algo de egoísmo en el hecho de que querer atrapar él solo a Brad, pero sin duda el fondo era el mismo. Emily había querido protegerlos de la vendetta de Doyle y él quería protegerlos de las consecuencias de lo que iba a suponer ese caso para la Unidad. Se había deshecho del video y, en su efecto, de las pruebas materiales. Eso era una infracción imperdonable y siendo sincero, le daba igual. Estaba dispuesto a cargar con las consecuencias mientras él fuera el único inculpado.
De mientras…
F.B.I. (Unidad de Análisis de Conducta)
QUANTICO, VIRGINIA
García estaba confundida. Ella pensaba que Hotch le había pedido los datos y los había compartido con el resto del Equipo, pero a juzgar por lo que Reid acababa de pedirle: una lista de los clientes de CleanAgain, parecía que Hotch no había compartido la información.
Rossi había ido a buscar al jefe, pero habían descubierto que Hotch no estaba. Lo habían llamado, pero no había respondido al móvil. Se había marchado y había dejado su placa y la lista tachada que García le había dado con siete posibles lugares.
— ¿Por qué haría algo así? – Se quejó JJ. Hotch siempre había hecho hincapié en que eran un Equipo. ¿Por qué los dejaba atrás?
— Nos está entreteniendo. Quiere enfrentarse a Brad él solo. – Aseguró Rossi, entendiendo las intenciones de Hotch.
— Ha estado mirando el video de Prentiss. – Dijo Reid, alzando la caja dónde el video había sido enviado y señalando el adaptador mal puesto sobre la mesa.
— Ha tenido que encontrar alguna pista en él. – Aseguró Rossi.
— ¿Y dónde está el video? – Preguntó García, zarandeando el aparato vacío que acababa de recoger de la mesa.
— No vamos a encontrarlo. – Aseguró Morgan y, ante la mirada de todos, expuso. – Pensadlo. Este caso llegará a los oídos de Strauss. Si no es ahora, será cuando encontremos a Prentiss. Las pruebas serán exigidas. ¿Dejaríais que la persona a la que queréis se viera expuesta como Emily lo está en ese video?
Rossi hizo una mueca. Maldito Aaron… Entendía sus motivos, pero no podía estar de acuerdo con él. Había trabajado duro para estar donde estaba. Sabía que el amor era una fuerza inconmensurable que nublaba el juicio, pero se estaba autodestruyendo a sí mismo. Ellos podían ayudarle, lo harían juntos, pero él había decidido por todos ellos.
— Tenemos que encontrarlo antes de que él encuentre a Brad. – Dijo Rossi, sin terminar la frase. No necesitaba que les dijera que, si no lo hacían, perderían a Hotch y ya habían perdido suficiente.
— Bien. ¿Cómo lo encontramos? – Expuso Spencer y Derek dejó escapar una risa irónica.
— Son tal para cual. – Dijo, ganándose la mirada de todos sus compañeros. – Prentiss y Hotch. – Aclaró. – Son tal para cual. ¿Queréis encontrarlo? – Derek puso la placa de Hotch, dónde estaba su fotografía, en alto. – Pues nos tocará hacer un perfil, como ya hicimos una vez.
Rossi observó a su compañero. Tenía razón. Nunca era plato de buen gusto enterarte de cosas de tus amigos, pero, no había otro remedio. En su día, fue la única manera de llegar a la verdad…
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Hace un año…
BULLPEN (F.B.I., Unidad de Análisis de Conducta)
QUANTICO, VIRGINIA
— Si trabajó de espía no querrá que la encontremos. – Aseguró Rossi, reunido junto con el resto de miembros del Equipo.
Acababan de enterarse de la relación de Emily con el caso Doyle y de su huida.
— Sabe nuestros secretos. – Espetó Morgan, enfadado. – Nosotros no sabemos los suyos.
Rossi observó como Hotch le dedicaba a Morgan una mirada molesta, pero pensó que su amigo no veía conveniente que nadie la juzgara, pues, al fin y al cabo, Prentiss había huido para protegerlos.
— ¿Cómo vamos a encontrarla? – Preguntó García.
— Ya lo sé. – Dijo Hotch, atravesándolos a todos para dirigirse al panel de pruebas y colgar en él la tarjeta identificativa de Emily. – Ian Doyle es el sujeto y Prentiss la víctima. Crearemos perfiles como en cualquier otro caso.
Se giró a mirarlos a todos.
— Como no estamos especializados en terrorismo he llamado una experta del Departamento de Estado que también nos ayudará con el pasado de Prentiss.
— ¿Quién? – Preguntó Reid.
— Ella. – Dijo Hotch, señalando a JJ, que entraba por la puerta en ese momento.
— Vamos a trabajar. – Apremió la rubia recién llegada. Ya habría tiempo para abrazos y celebraciones cuando hubieran encontrado a Emily.
JJ consiguió información de su contacto en Langley. La identidad de Emily, Lauren Raynolds, había sido parte de una Unidad Especial, la JTF-12, que se especializaba en perfiles de terroristas. Se había formado tras los atentados del 11S y trabajaban conjuntamente la CIA, la Interpol y otras agencias internacionales, contribuyendo con sus mejores agentes.
La JTF-12 había sido la Unidad que había logrado detener a Ian Doyle y todos sus miembros habían ido cayendo uno a uno desde que Doyle había escapado. Jeremy Wolff de la la BND alemana había muerto el primero, Sean McCallister de la Interpol, el segundo, junto con su esposa y su hija, Tsia Mosely de la DCRI francesa la tercera y quedaban dos. Una era Prentiss de la CIA y el líder de la Unidad, al cual no habían logrado localizar, Clyde Easter de la agencia MI6 del SIS británico. La última ubicación fiable de Easter era en DC.
Llegaron a la conclusión de que uno de ellos debía de ser un infiltrado del IRA, ya que la JTF-12 solo se había encargado de encontrar a Doyle e investigar y el arresto había sido perpetrado por las autoridades francesas. Doyle no tenía manera de saber quiénes eran los agentes encargados del caso a menos que uno de ellos hubiera descubierto sus identidades.
— ¿Quién espiaba a Doyle? – Preguntó Reid a JJ.
— Emily. – Respondió la rubia, pasándoles varias fotografías de Emily en la Villa de la Toscana de Doyle. – Consiguió contactar con él en Boston para hablar de Valhalla y se hizo pasar por traficante de armas.
— Mirad como va vestida. – Dijo Morgan. – Parece que está muy cómoda.
Rossi clavó la mirada en Derek. Podía ver el resentimiento rezumando de sus poros y eso no era bueno. Sabía que Derek había estado muy unido a Emily, pero no era tan difícil de entender el por qué había ocultado toda esa información. Los gobiernos obligaban a sus agentes a mantener el secreto incluso una vez acabada la misión. Se les hacía jurar que nunca dirían nada y que jamás descubrirían sus antiguos papeles como infiltrados. Además, tenían que sumar el hecho de que la única familia que Emily conocía eran ellos y Doyle seguramente la habría amenazado con matarlos. Desvió la mirada hacia Hotch, que estaba fulminando a Derek con la mirada también, hasta que habló.
— ¿Sabes hasta dónde llegó su contacto con Doyle? – Preguntó Hotch, que, a pesar de parecer calmado, Rossi podía ver que estaba enfadado e inquieto.
— La investigación que hicieron en profundidad de Doyle incluía todas sus antiguas relaciones de pareja y Emily era su tipo. – Informó la rubia.
Hubo unos segundos de silencio tras esa noticia. Rossi observó los ánimos en la sala e hizo una mueca. Morgan parecía más molesto que antes, Reid parecía incrédulo, Seaver no conocía muy bien la situación, así que no se apresuraba a mostrar nada y el que más sorprendió a Rossi fue Hotch. Tenía una expresión dura en su rostro y los ojos brillantes mientras se mantenía de pie, observando la fotografía de Emily.
— Bien. – Dijo, segundos después, ocultando por completo la expresión que a Rossi no le había pasado desapercibida. – Rossi y Morgan, id al apartamento de Prentiss. Buscad cualquier cosa que pueda tener relación con su antigua identidad como Lauren Raynolds, el resto buscaremos a Easter. Si Emily está en peligro y el resto están muertos el único que ha podido dar información a Doyle ha sido él.
Rossi se enfrentó a sus dos amigos y compañeros horas después. Con Morgan, mientras estaba en al apartamento de Emily. El moreno aseguraba que su problema con Emily no era que ella hubiera cruzado los límites con Doyle, sino que los había puesto en peligro al no contarles nada. Dave no estaba de acuerdo. Él entendía porque Emily lo había hecho hasta que encontraron la última prueba, un colgante con dos sortijas unidas. Dave se las mostró a Hotch al llegar a la oficina.
— Se trata de unos anillos gemelos. – Le explicó al jefe de Unidad. – Los novios que se han comprometido llevan las sortijas por separado y el día de la boda… - Juntó ambos anillos, por toda explicación.
— ¿Ves esas inscripciones? – Le preguntó Morgan a Hotch, que miraba fijamente los anillos en la mano de Rossi. – Es Gaélico. Doyle se lo dio a ella.
Dave vio la mueca de Hotch. Suponía que se sentía estafado, al igual que Morgan e igual que él a esas alturas.
— Este anillo es algo más que un suvenir, sino ¿por qué lo ha conservado tanto tiempo? – Expuso el mayor. – ¿Por qué lo ha ocultado?
Hotch apretó los labios y cambió de tema.
— ¿Por qué crees que ha ido a Boston? – Preguntó el jefe de Unidad.
Esa era la pregunta clave…
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En la actualidad…
— ¿Qué ha podido ver Hotch en el video que lo haya llevado hasta el SUDES? – Preguntó Rossi. Esa era la pregunta clave que se tenían que hacer en ese momento.
JJ y Morgan investigaron las siete ubicaciones de la lista con la ayuda de García mientras Reid le narraba a Rossi todo lo que recordaba del video de Prentiss. Por muy genio que fuera y por mucha memoria eidética que tuviera, el shock de ver a su amiga en ese estado había hecho que la mente de Reid no retuviera del todo las escenas, pero se acordaba de algo. Muebles viejos y amontonados. Había poca luz y esta provenía de la cámara, así que seguramente era un lugar cerrado.
Juntaron esa información junto con la de las ubicaciones y no tenían bastante.
— ¿Cómo ha podido Hotch dar con ella con tan poca información? – Preguntó JJ.
— O es un lugar que él conoce o tenía más información de la que hay aquí. – Respondió Morgan.
Rebuscaron en el pasado de Hotch como SWAT e intentaron recordar antiguos casos, pero nada les llevaba a ninguna pista válida. Rebuscaron entre sus propiedades, nuevas o antiguas y tampoco obtuvieron resultados.
García se mordió el labio y sacudió las manos. Nunca le había gustado meterse en la intimidad de las personas de esa forma, pero desde que había leído los correos personales entre Emily y Hotch, esto era algo mucho más suave. — Perdóneme, Señor. – Exclamó la analista antes de teclear el teléfono de Hotch en el programa de rastreo de llamadas y ver las últimas llamadas que había hecho su jefe.
Eso les llevó al contacto de Hotch y obtuvieron los datos que necesitaban.
— Vamos. – Exclamó Rossi, mientras todos corrían a por sus cosas y derechos a los coches. – Llama a Hotch, insiste hasta que responda al móvil. Dile que vamos en camino y que por lo que más quiera, nos espere y no haga ninguna tontería. – Dijo, antes de echar a correr tras el resto.
García se quedó mirando a la puerta cerrada con una sensación de déjà vu…
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Hace un año…
F.B.I. (Unidad de Análisis de Conducta)
QUANTICO, VIRGINIA
La analista se mordió el labio mientras tecleaba el cuarto número en la lista de antiguos teléfonos de Emily Prentiss. Todos habían estado apagados hasta el momento, pero ella no se había dado por vencida. Había dejado un mensaje en cada uno de ellos. Quizá, allá donde Emily estuviera, escuchara alguno de esos mensajes. Se había ido para protegerlos, pero ellos eran su familia y la obligación de una familia era acudir en ayuda del miembro en peligro, siempre.
Esperó a que sonara la señal del contestador y habló, aunque sabía que no iba a recibir respuesta.
— Hola, soy yo. Hotch me ha pedido que te llame a todos tus números y tenía este en un listado antiguo. Quizá ya no lo uses, pero, si oyes este mensaje vuelve a casa. Por favor. Emily… ¿Qué te creías? ¿Qué íbamos a dejar que nos abandonases? No sabes la rabia que siento… Aunque sé lo asustada que debes de estar, escondida en algún lado, tú sola. ¡Pero no estás sola! ¿Vale? Estés donde estés estamos contigo. Vamos con linternas y gritando tu nombre. Si nos ves vuelve a casa… Pero si no puedes, aguanta, porque vamos en tu busca...
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En la actualidad…
CUEVA DE GARCÍA (F.B.I., Unidad de Análisis de Conducta)
QUANTICO, VIRGINIA
García se limpió una lágrima ante el recuerdo. Había pasado mucho miedo en ese entonces. Miedo de no encontrar a Emily o encontrarla tarde. Algo más de un año después, estaban la misma situación. No sabían dónde estaba Emily y en esta ocasión también habían perdido de vista a Hotch.
Hotch… él siempre había mantenido al Equipo unido y los había guiado a todos. García rezaba porque no hiciera ninguna tontería que lo alejara de ellos. No importaba si perdían a uno o perdían a otro. Cualquiera de los dos eran miembros clave para la familia. ¿Qué sería de la familia sin ellos? Una cosa era que Emily hubiera decidido trabajar lejos, otra era que no la pudieran ver nunca más, y lo mismo sucedía con Hotch.
Apretando el móvil en su mano, quiso decirle las palabras más duras que encontrara a su jefe por ser tan egoísta y no pensar en ellos, pero cuando el pitido del contestador sonó, García fue incapaz de recriminarle nada…
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Cementerio Nacional de Arlington
ARLINGTON, VIRGINIA
Hotch aparcó el SUV a varios metros de la puerta oeste del cementerio. Hizo un repaso mental del mapa en su cabeza. La casa del guarda debía estar a unos trescientos metros. Cerca, pero lo suficientemente alejada para que los gritos de Emily no fueran escuchados por los guardas que patrullaban por la zona.
Sacó su arma y se pegó a la pared. Caminó despacio entre las sombras, atento a cada sonido y cada movimiento. Era bien entrada la noche y el aire arrecía con fuerza, llevando hasta él sonidos de ramas crujiendo que le imposibilitaban escuchar cualquier sonido de pisadas cerca. Tenía que tener cuidado.
Mientras se acercaba a paso lento, rezó para no haberse equivocado. Un cementerio le parecía un lugar que el SUDES escogería. Había recreado las muertes como antiguos pecados de la Biblia. Todo tenía un tinte sagrado, por lo que estaba seguro de que estaba en el lugar correcto. Tenía sentido. Para un bastardo como Brad, tenía mucho sentido. Para Hotch, en cambio, no. El único sentido que encontraba Hotch en todo eso era hacerle pagar por todo el daño que les había hecho. A Aaron no le importaba cuan mal mentalmente Brad estuviera, o si Emily había hecho algo que había desencadenado esa obsesión. Por Emily, él haría cualquier cosa… le haría pagar a cualquiera que le pusiera delante cualquier agravio…
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Hace un año…
En algún lugar surcando el cielo
RUMBO A BOSTON, MASSACHUSETTS
Habían recibido aviso de que Clyde Easter iba en un avión rumbo a Boston. Hotch dio orden de retenerlo en el aeropuerto hasta que ellos llegaran.
Una vez en el Jet, la policía de Boston les envió un video de una emboscada. Emily había querido coger con la guardia baja a Doyle, había disparado una bomba de humo en el coche dónde se suponía que iba Ian, pero todo había sido una trampa y habían acabado cogiendo a Emily.
Hotch observaba la imagen en el portátil, con las manos apretadas en los asientos del jet que ocupaban Rossi y Seaver mientras Morgan perjuraba.
— Lanzó una bomba de humo dentro del coche. – Espetó Morgan. – Tuvo suerte de que esos tres hombres no murieran. ¿Es que no le importa nadie más?
Hotch apretó los labios, dispuesto a decirle a Morgan que Emily estaba en esa situación precisamente porque le importaba alguien. Ellos. Quizá hubiera sido un estúpido y hubiera desconfiado de ella en cuanto a su relación, pero si algo sabía Aaron era que Emily Prentiss no era una egoísta.
— Eran tres hombres malos. – La defendió Rossi, con tranquilidad.
— Aunque sea ilegal… – Empezó Hotch, intentando no demostrar el enfado que sentía hacia Morgan. – Prentiss sabe que necesita ser tan dura como Doyle. – La defendió. Él haría cualquier cosa para esa acción no tuviera consecuencias para ella si lograban encontrarla con vida.
— Ha venido a Estados Unidos para vengarse con un grupo de mercenarios que le son leales. – Estuvo de acuerdo Reid. – Él no tiene nada que perder y ella actúa igual.
— ¿Y cómo sabía Doyle que estaba esperándole? – Expuso Rossi.
— Tuvo que avisarle su topo, ¿no? – Dijo JJ. – El mismo que le ha estado pasando información hasta ahora.
— Y el principal sospechoso ha sido detenido con una maleta llena de dinero. – Añadió Seaver, recalcando el estado de Clyde Easter. – ¿Qué hacemos para que confiese? No va a cooperar… ¿verdad? – Preguntó, mirando hacia atrás, a Hotch.
— Yo me encargaré. – Aseguró Aaron. – Vosotros localizad a Doyle.
Él se iba a encargar de hacerle saber a Easter lo que suponía ser un traidor. Le iba a demostrar lo que pasaba cuando alguien jugaba con la vida de uno de sus agentes, cuando alguien jugaba con la vida de la persona a la que quería… y cuando acabara con Easter, iría a por Doyle…
En cuanto llegaron a la central del F.B.I. en Boston, se dirigió hacia la sala de interrogatorios donde tenían retenido a Easter. Para Aaron, la primera impresión del británico no fue buena. Demasiado arrogante, demasiado tranquilo…
Apretó entre sus manos el informe que le habían entregado las autoridades de la zona y empezó a leer.
— Octubre de 2006. Nunca había trabajado con una agente como Emily Prentiss. Su capacidad para analizar y predecir la conducta terrorista es asombrosa. Firmado en blanco… – Miró a Easter fijamente, sin enmascarar el enfado que sentía. – Usaste las palabras adecuadas. Dijiste lo que queríamos oír. – Lo acusó. – Nos la vendiste igual que vendiste a Doyle a los norcoreanos.
— Aunque sepáis como trabajo, todavía no me conocéis. – Aseguro Clyde, tranquilo, cruzado de brazos.
Hotch se acercó a él y tuvo que hacer un gran esfuerzo para no abalanzarse.
— Solo un auténtico sociópata traiciona a su equipo y a quien más quiere por instinto de supervivencia. – Espetó, mostrando todo el desagrado que sentía. – Si cooperas con nosotros y salvamos a Prentiss tal vez podamos llegar a un acuerdo, pero si le pasa algo voy a acabar contigo… tenlo por seguro.
No le importaba cuantas normas tuviera que saltarse o a cuantos tuviera que acudir. Estaba dispuesto a hacer lo que fuera por Emily… lo que fuera.
— Dijo que eras el mejor. – Respondió Easter y Hotch sintió de nuevo un nudo en el pecho. La había fallado de tantas maneras… pero no iba a fallarla en esto. – No me impresionas. – Siguió Clyde.
— Lo cogeremos contigo o sin ti. – Aseguró Hotch. – Haz la maleta, Guantánamo te espera.
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En la actualidad…
Cementerio Nacional de Arlington
ARLINGTON, VIRGINIA
Hotch tenía que admitir que se había equivocado con Clyde. Era un arrogante y un fanfarrón, en eso no había fallado, pero no había sido el topo que había descubierto a Emily. Aun así, no era alguien a quien Hotch quisiera cerca. Aun sentía por él la rabia por no haber hecho lo suficiente para proteger a su subordinada. Había estado dispuesto a acabar con ese hombre y el deseo que sentía para con Brad era mucho más descarnado del que había sentido por ese entonces.
Su teléfono vibró en su bolsillo, pero lo ignoró mientras se acercaba a la valla metálica de la casa abandonada. En la puerta habían candados que parecían ser bastante nuevos, pero Hotch no intentó forzarlos, en su lugar, se guardó el arma en la parte trasera del pantalón y trepó por la valla de metal hasta que estuvo encaramado en lo alto. La bajada, en cambio, no era tan fácil. Había más de dos metros y no tenía apoyo suficiente para saltar de pie, así que hizo lo único que se le ocurrió. Se dejó caer y rezó para que el golpe no llamara la atención del SUDES.
Cuando hizo contacto con el suelo, aguantó un alarido. El golpe le había dejado sin respiración, pero cogió un par de bocanadas de aire, inmóvil, escuchándose a sí mismo y asegurándose de que no se había roto nada antes de levantarse y caminar despacio, con el arma en alto, hacia la casa, que se veía totalmente a oscuras y sin vida.
En silencio e intentando que su forzada respiración se relajara, atravesó habitación tras habitación. El polvo se infiltraba entre todos los huecos. Había señales del paso del tiempo y grafitis de niños que habían hecho de ese lugar su escondite.
Un golpe de aire hizo chirriar los viejos ventanales de madera y Hotch se puso alerta, apuntando hacia dónde el aire había azotado, con la respiración de nuevo acelerada. Tenía que calmarse… La casa parecía estar vacía, pero su instinto le decía que estaba en el lugar adecuado.
Salió de nuevo al jardín y atravesó la maleza. Había varias construcciones alrededor. Pequeños trasteros y almacenes. Revisó el primero que encontró y nada. Abrió la puerta del segundo y se adentró. Esquivó un par de muebles mal puestos cuando algo lo golpeó por detrás y cayó al suelo de forma pesada, levantando un manto de polvo a su alrededor. Sacudió la cabeza, intentando recuperarse. Los oídos le zumbaban, pero lo ignoró mientras se ponía en pie y apuntaba con el arma alrededor.
— ¡Da la cara! – Gritó. – Esconderse es de cobardes, Hall.
— ¿Cobarde? – Bramó una voz a su derecha antes de que otro golpe fuera propinado, esta vez, en su oído. Hotch se tambaleó cuando el dolor lo atravesó, pero intentó ignorar el mareo.
— Lo entiendo. – Dijo Hotch, intentando enfocar la vista y buscar algún movimiento a su alrededor. – Toda esa gente había hecho las cosas mal.
— Habían arruinado la vida de muchas personas con sus mentiras. – Dijo Hall, antes de lanzar contra él otro golpe, que Hotch logró parar a tiempo. Al segundo, lo perdió de vista de nuevo.
— Pero Emily no ha arruinado la vida de nadie. – Le dijo, intentando empatizar con él. Necesitaba saber dónde estaba Emily. – No deberías haberle hecho nada. – Dijo y se giró a tiempo para agacharse antes de que otro golpe cayera en su cabeza.
Hotch se echó a un lado y se apoyó contra la pared, apuntando de nuevo hacia adelante.
— ¡Se burló de mí! – Explotó Brad y Hotch escuchó un golpe fuerte a su lado. Si lo que fuera que Hall le había lanzado le hubiera dado en la cabeza hubiera estado perdido. Necesitaba ver donde estaba para defenderse…
— Tú la engañaste primero. – Intentó hacerle entrar en razón, pero un golpe en el hombro hizo que se sacudiera de dolor. El movimiento hizo que Hotch viera dónde estaba Brad y se lanzó contra él. Lo golpeó con el arma en la cara con fuerza hasta que cayó al suelo. Se agachó y lo cogió de la camiseta. La rabia que sentía le decía que matara a ese bastardo, pero la razón le exigía que primero averiguara dónde estaba Emily.
— ¿Dónde está Emily? – Le rugió, a pocos centímetros de su cara.
Hall se rio. El sonido atravesó a Hotch como una lanza.
— Y aquí está… - Dijo, confundiendo a Hotch.
— ¿Qué está aquí? – Preguntó el moreno.
— El séptimo pecado. – Hotch frunció el ceño. – La ira…
— ¡¿Dónde está Emily?! – Gritó, cansado. No le importaba ser un juego, no le importaba satisfacer los últimos deseos de ese bastardo. Iba a satisfacerlos, iba a demostrarle lo que era la ira, pero entonces, una voz en un rincón llamó su atención.
"Aaron…"
Sacudió la cabeza, pensando que lo estaba soñando hasta que la escuchó de nuevo. Era débil, pero estaba ahí. Hall se río de nuevo y él tuvo suficiente. Golpeó su cabeza contra la dura madera del suelo hasta que el hombre dejó de moverse. No se preocupó en si estaba vivo o muerto. Corrió hacia la voz y en un rincón apartado, vio su silueta. Emily estaba medio tendida en el suelo, con los brazos amarrados. Se acercó a ella con el corazón retumbando en su pecho y tuvo que aguantar las lágrimas que amenazaban con escapársele cuando vio el estado en el que se encontraba.
— Shh… – Pronunció, mientras se agachaba a su lado, dejaba su arma en el suelo e intentaba liberarla. – Ya está… te voy a llevar a casa. – Le dijo.
Emily hubiera querido decir algo más, pero no le salían las palabras. No tenía fuerzas. Ni siquiera creía que Hotch estuviera realmente allí. Estaba segura de que era su imaginación jugándole una mala pasada. Estaba enfadada con Aaron, pero en ese momento la visión de él era un consuelo. Sintió el suave tirón en sus muñecas.
— Voy a llevarte a casa. – Repitió Hotch, intentando liberarla del amarre sin hacerle más daño del que ya tenía. Le pareció ver una sonrisa en Emily y entonces, su expresión cambió. El terror en su cara lo alertó y cuando vio como ella alzaba la mirada y él se giró hacia dónde apuntaba su vista, fue tarde.
Un golpe lo derribó antes de que pudiera hacer nada...
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CONTINUARÁ
La buena noticia es que… ¡Hemos encontrado a Emily! La mala… Que ahora el SUDES los tiene a ambos…
¿Qué pensáis? ¿Llegará el Equipo a tiempo? ¿Terminará todo como en el caso Doyle con Emily y Hotch separados?
Tengo que decir que este capítulo es el más largo hasta la fecha. ¡13000 palabras! Espero que no haya sido confuso o agobiante. Como podéis ver, esto no ha acabado, ni el caso Doyle, ni el caso Hotch/Prentiss.
He tenido muchas dudas en este capítulo, me ha resultado muy complicado escribirlo. ¡Llevo cuatro días casi escribiendo sin parar y borrando y volviendo a escribir! Apreciaría mucho vuestra opinión, buena o mala.
SOBRE LA SERIE
Bueno, hay menciones a muchos capítulos de la serie.
6x11: Hotch no sale en todo el capítulo. La excusa es que Jack tiene problemas, así que he inventado una forma de que Hotch vea lo que se está perdiendo al negarse a darle a Emily todo.
6x12: De nuevo juntos en un caso por primera vez desde el caso de Los Ángeles. Terminando las frases que el otro empieza… Qué dos.
6x13: Cuando García informa a Emily sobre la llamada de Sean, Hotch va detrás de ellas y cuando Emily le pregunta si son robos lo de la gasolinera Hotch ¡la ignora! En cambio, si responde a Rossi. ¿Nadie se ha dado cuenta de que Hotch y Emily llevan sendos abrigos casi idénticos? Parecen gemelos… morenos, con abrigos largos, pantalones de traje… Hotch con corbata roja y Emily con camiseta roja xD. Mismos colores.
6x14, 6x15 y 6x16: ¿Nadie se ha dado cuenta de que prácticamente hablan lo justo para cosas del caso y hay una cierta frialdad entre ellos?
6x17 y 6x18: ¿Qué decir...? Valhalla y Lauren… aún Lauren no está terminado de ver desde el punto de vista de todos, así qué… aún queda mucha historia por contar. Pero… ¿os habéis fijado en la expresión de Hotch cuando Morgan le dice que Doyle le regaló los anillos a Prentiss?
Los apartamentos de Hotch y Prentiss: Bueno, en la serie, que yo me haya fijado, en ningún momento dicen donde viven exactamente. Al principio, si habían dejado caer que Emily vivía cerca del capitolio en Washington DC, pero luego dejaron caer que se había mudado más cerca del trabajo. En el capítulo dónde Hotch es apuñalado, Emily está en McLean y calcula que tardará media hora en ir a buscar a Hotch y volver. Lo que lo deja en un radio de unos 17 km aproximadamente, de ahí que haya supuesto que Hotch puede vivir en Arlington. El caso… que me he inventado donde viven siguiendo un poco esa pauta.
