CAPÍTULO 29
No sabía cuánto tiempo había pasado en cama, delirando por la fiebre. Lo que sí sabía era las veces que había preguntado algo a Mycroft y él le había respondido con evasivas. Al principio se lo agradecía, no podía enfrentarse a ello, pero conforme pasaba el tiempo sólo le ponía más nervioso. Sabía que le estaba ocultando algo realmente serio, lo veía en sus reacciones y en el tono de su voz, así que en cuanto notó que se encontraba mejor salió de la cama y recorrió la casa de Mycroft en su busca. Le encontró en el increíblemente grande estudio, concentrado en sus papeles y en su móvil. Habría querido observarle más tiempo, pero él había notado casi al instante su presencia.
—Tu aspecto ha mejorado bastante, pero deberías seguir descansando.
—Necesito las respuestas que has estado evitando, Mycroft.
Miró a Mycroft desafiante, con uno de sus pijamas sedosos y las mangas remangadas, los brazos cruzados y apoyado en el marco de la puerta. Sabía que no aguantaría mucho tiempo esa mirada, y acertó. Desvió sus ojos azules a los escasos 30 segundos.
—Te contestaré cuando estés plenamente recuperado. Obviamente, no lo estás.
Durante todo ese tiempo que había estado en cama, Mycroft no se había apartado de su lado. Le dejaba a ratos para trabajar, por supuesto, pero siempre estaba pendiente de él, tumbado junto a él en la cama leyendo. Había momentos en los que tenía la sensación de estar de vuelta en el hospital, solo que en una cama infinitamente más cómoda. Cuando tenía una pesadilla sobre la muerte de Lindström, que era cada vez que se dormía, Mycroft le despertaba con un beso y le tranquilizaba. Odiaba que su mente reviviera esa escena una y otra vez, recreándose en el momento del impacto de Lindström ya muerto contra el suelo. Había visto la muerte de muchas personas en circunstancias similares, pero ninguna le afectaba tan de cerca. Mycroft lo sabía demasiado bien, y no soportaba que lo usara para no contarle nada.
Recorrió la sala hasta apoyarse en el mismo lado del escritorio que Mycroft. Le acercó una mano para acariciarle, e hizo algo que jamás se habría imaginado: giró su cara, rehuyendo del contacto con él. Hasta ese momento no lo había hecho nunca.
— ¿Mycroft? —quería aparentar impasibilidad, pero Greg era capaz de leer la preocupación en él. Esa alarma tan conocida saltó dentro de él, le puso alerta—. ¿Qué ocurre?
—Nada, Gregory—se levantó de la butaca y rodeó el escritorio por lado contrario al de Greg, pero le siguió.
—Explícame qué pasa, Mycroft.
—Como te empeñas en seguir de pie, entenderé que ya estás mucho mejor—le ignoraba completamente, y eso sólo puso más furioso a Greg—. Iré a trabajar.
Iba a bajar las escaleras, pero Greg se lo impidió poniéndose en medio con los brazos cruzados, el ceño profundamente fruncido y el peor humor que podía reunir.
—De aquí no te vas hasta que me expliques tu conducta.
—No estás en condiciones de impedirme nada—hablaba con desgana, actuando como si no le importara nada.
— ¿Aún te crees que puedes engañarme como lo haces con los demás, Mycroft? Te puedo leer perfectamente, y apuesto lo que quieras a que tu comportamiento tiene algo que ver con Diventare—hizo una pequeña pausa—. Me volvió a llamar, ¿verdad? —volvió su tono de voz más suave—. Por favor, Mycroft, no lo vuelvas todo más complicado de lo que ya es y dímelo.
Mycroft evitaba mirarle directamente a los ojos, por más que Greg buscara el contacto con ellos.
—No puedo seguir, Gregory.
Se quedó momentáneamente en blanco, pero se obligó a seguir la conversación.
— ¿El qué no puedes seguir?
—Nuestra relación. No puedo seguir con ella.
Su corazón se paró, al igual que todo a su alrededor.
— ¿Cómo que…? Si todo está yendo bien entre nosotros, ¿qué estás diciendo?
Mycroft le miro con sus ojos azules llenos de tristeza, y supo por qué quería romper. No se perdonaba que Lindström hubiera estado a segundos de matarle, y todo por el plan que él había hecho. Él mismo se lo había dicho, no podría perdonarse si le pusiera en peligro otra vez.
—Los dos sabemos que lo mejor es que me aleje de ti.
—Me reuní con Lindström sabiendo a lo que me enfrentaba, y al final todo salió bien. Yo sigo vivo, tú conseguiste el tiempo que necesitabas para registrar las propiedades de Lindström… ¡Por Dios, Mycroft! ¿Te has olvidado de todo lo que hemos hablado sobre ello?
—Eso ya no importa. Nuestra relación acaba de cumplir con su objetivo inicial. Ya no tiene razón de ser.
Greg era incapaz de procesar esas palabras. No reconocía al Mycroft frío y distante que tenía delante, no podía aceptar que le estuviera diciendo eso.
—Es mentira. Es una excusa que te estás diciendo a ti mismo—dijo a la defensiva en un último intento por encarrilar la conversación.
—No lo es.
—Ni se te ocurra llevarme la contraria en esto, Mycroft.
Mycroft se restregó los ojos con una mano, con gesto cansado, y suspiró.
—Apártate, Gregory. Tengo que ir a trabajar.
—No. Has trabajado todo este tiempo desde casa, puedes seguir haciéndolo.
—Gregory…
—No voy a aceptar lo que me estás diciendo—dijo casi gritando—. Puedo aceptar que te sientas culpable, pero ya hemos hablado de esto muchas veces. Es mi decisión ponerme en peligro y me da igual lo que digas. Lo hago por ti y no me arrepiento—paró el griterío y se paró un momento a tomar aire—. Sólo aceptaré que rompas conmigo dentro de diez años, cuando me hayas engañado con medio barrio y con un divorcio de por medio. Hasta entonces no quiero que vuelvas a sacar el maldito tema, ¿entendido?
Greg se obligó a respirar despacio para calmar su agitación.
—Gregory, entiende que…—pero Greg le interrumpió, cuanto menos hablara mejor.
— ¿No eras tú el que me dijo que haría cualquier cosa por no perderme? ¿Dónde ha quedado eso, a ver? —se acercó a Mycroft lentamente y puso con cuidado sus manos a ambos lados de la cara de Mycroft. Al principio intentó apartarse, pero dejó que apoyara sus manos y le acariciara—. Ha sido Diventare quien te ha metido la idea en la cabeza.
Mycroft asintió con los ojos cerrados, con cara de dolor, y Greg no pudo evitar darle un beso en la frente.
—Sabes que te lo dijo como parte de una artimaña—afirmó Gregory, Mycroft volvió a asentir y le dio un beso en la punta de la nariz—. Y aun así le hiciste caso.
Otro gesto afirmativo y Greg le besó en los labios.
— ¿Cuándo aprenderás que no tienes que hacer caso a tus enemigos, sino a mí? No te dejes confundir más, por favor.
—Lo siento—Mycroft le rodeó la cintura con sus brazos y le estrechó contra él—. Eres lo único que hace que pierda la razón.
Greg volvió a besarle y fue empujándole lentamente hacia la habitación.
— ¿Estás seguro? —le preguntó a Greg entre besos—. No estás recuperado completamente.
—Ajá…—le desabrochó algunos botones—. Esto es lo mejor de una pelea, no lo estropees.
—Desde luego que no.
Mycroft le tumbó en la cama y se pudo a horcajadas sobre él, besándole por todo el cuello. Pero en ese momento llamaron a la puerta. Greg se puso tieso, asustado, pensando que los periodistas habían averiguado dónde estaba.
—Tranquilo, es sólo mi hermano. No hay prisa.
Aporrearon la puerta a la vez que llamaban al timbre.
— ¿Sherlock ha aparecido? —dijo Greg emocionado, medio incorporado en la cama, y Mycroft suspiró con resignación. Se sentó en el borde de la cama mientras volvía a abrocharse los botones recientemente desabrochados por Greg.
—Estaba localizable en todo momento.
—John me dijo que había desaparecido—Greg empezó a vestirse a toda prisa con su ropa, limpia y planchada sobre una cómoda.
—Mi hermano tiene la costumbre de no decirle nada. No sé cómo puede seguir siendo su compañero de piso.
—Mejor no hables, Mycroft—le dijo como advertencia graciosa y bajó casi corriendo las escaleras para abrir a Sherlock.
Quitó los cerrojos de la puerta principal y dejó entrar al mejor de los Holmes, que como de costumbre entraba como un rayo en las casas ajenas.
—Debes estar de enhorabuena, Lestrade. Voy a resolver todos tus problemas.
—Con mi ayuda, hermano—dijo Mycroft mientras bajaba las escaleras.
—Eso es secundario—le quitó importancia al asunto con un movimiento de mano y volvió a dirigirse a la puerta—. Vamos, Lestrade, hay trabajo que hacer.
— ¿Qué vas a hacer, Sherlock? —dijo Greg un poco a la defensiva.
— ¿No le has contado nada, Mycroft?
—No hemos tenido tiempo.
— ¿Qué puede haber más importante que…?—por primera vez desde que entró se quedó mirando a su hermano y frunció el ceño—. Parecéis conejos. Te lo explicaré por el camino, Lestrade.
Sherlock salió hacia la calle y Greg se dispuso a seguirle, pero Mycroft le paró.
—Gregory, necesitarás esto—le entregó el teléfono móvil de Lindström.
— ¿Por qué?
—Sólo hazme caso.
— ¿Tendré que hablar con Diventare? ¿Qué es lo que te contó, Mycroft?
—No puedo acompañarte, tengo trabajo. Te quiero—le dio un beso rápido y le obligó a salir de la casa casi a empujones.
—Pero Mycroft…
Le cerró la puerta de su casa en las narices, y aún tenía el móvil en la mano cuando Sherlock le llamó desde el taxi. Greg se acercó, cayendo en la cuenta de que estaba en busca y captura.
—Me están buscando, Sherlock. No puedo ir así como así por Londres, y menos en taxi.
—Tranquilo, el conductor es de confianza. Evitará que te enfoquen las cámaras. Además, no vamos lejos.
Con resistencia subió al taxi y observó al conductor, que se giró y le saludó con un movimiento de cabeza. Era Tim, el chófer de Mycroft, aunque sin el traje le había costado reconocerle.
—Llévanos a los túneles—le indicó Sherlock.
— ¿Me llevas a los túneles de tus mendigos otra vez? ¿Qué se nos ha perdido ahí?
—El líder de la banda terrorista donde se infiltró Russ.
Greg se quedó en blanco.
— ¿Qué?
—Conseguí infiltrarme en dos días, y en otro me gané la confianza del líder. Mi tapadera se tambaleó un poco con el revuelo que armaste con Lindström, pero pude seguir sin levantar sospechas.
—Ellos sabían que Lindström les proporcionaba los diamantes robados.
—Por eso querían entrar con una bomba en el hotel y matarte a balazos. Deberías agradecerme que lo impidiera.
—Ya tengo suficientes problemas con eso, no me añadas más. ¿Qué ha pasado desde que escapé del hotel?
—Los periodistas han estado como locos buscándote, y de paso han hecho pública toda tu vida privada. Al parecer intentaron hacerle a tu exmujer bastantes entrevistas, pero ella se negó.
—Menos mal—murmuró Greg—. ¿Averiguaron algo de Mycroft?
Eso le provocó una carcajada a Sherlock.
—Por favor, la seguridad en torno a mi hermano no es tan endeble. No sé qué hizo Mycroft, pero se olvidaron de él por completo. Al igual que tampoco sé de qué habló con Diventare, antes de que me preguntes.
Greg se quedó callado, asimilando la información mientras miraba a través de los cristales tintados del taxi.
— ¿El líder te está esperando en los túneles?
—Algo así.
— ¿Cómo que "algo así"?
—Ya lo verás—dijo Sherlock con una sonrisa de superioridad en su cara.
Llegaron a los túneles de mendigos, y por primera vez no tuvo que pagar el taxi. Se bajó con Sherlock y le siguió a través de los túneles laberínticos. Al final de uno vio una pequeña multitud de mendigos reunidos alrededor de algo, y Greg empezó a temerse lo peor. Sherlock fue creando un pasillo a través de los mendigos hasta llegar al epicentro, donde Greg vio a un hombre amordazado y atado de pies y manos. Era fornido, con el pelo oscuro rapado casi al cero y parecía ser alto, muy alto. Le miró un momento con odio, pero en seguida su mirada se centró en Sherlock, que se puso en cuclillas junto a él para estar a su altura. Los mendigos fueron dispersándose poco a poco, o no les interesaba el espectáculo o Sherlock les había pagado solo para vigilar a ese hombre. Optaba más por lo segundo.
— ¿Ya te has tranquilizado, Oliver? —el líder terrorista no hizo ningún ruido, ni se inmutó. Sólo le miró con más odio—. Veo que sí. Te presento al Detective Inspector Lestrade, aunque sé que ya le conoces. Este hombre te hundirá la vida si no colaboras, ¿has entendido?
Greg jamás había escuchado la voz de Sherlock tan amenazante. El líder, ese tal Oliver, aunque quisiera hacerse el fuerte, no pudo evitar que le temblara un poco su cuerpo. Pero no era por la voz, sino por Sherlock. Tenía miedo de Sherlock, y Greg se preguntó qué le habría hecho para que se sintiera de esa forma.
—Lestrade, llama a tu superior y di que vas a Scotland Yard.
— ¿Estás loco, Sherlock? Como poco me encerrarán nada más verme.
—Es un mal necesario. Por favor, piensa un poco, hoy no puedo aguantar la estupidez ajena—se quejó Sherlock levantándose y entregándole un móvil de prepago.
Greg se paró a pensar un instante, y entonces lo comprendió. Si conseguían que Oliver hablara, él quedaría libre de toda sospecha. Se averiguaría la verdadera identidad de Lindström, su rentable negocio de los diamantes, desmantelarían por un tiempo esa banda terrorista e incluso podría limpiar la memoria de Charlie Russ que él mismo había manchado. Con un poco de suerte hasta se podría resolver oficialmente el doble asesinato, esa advertencia que le había hecho Diventare a Lindström. Aunque lo que tenía que hacer a cambio…
Sabía que era su única salida, así que se resignó y aceptó el móvil de prepago que le daba Sherlock, con el número de Bickerton ya marcado. Contestó tras cuatro pitidos eternos.
— ¿Quién es?
—Soy Lestrade—hubo un instante de silencio, podía escucharle respirar al otro lado—. No hace falta que hable, solo escuche. Tengo justo en frente al líder de la banda terrorista que organizó el secuestro de los embajadores, la misma en la que estaba metido Russ. Con él se demostrará que Lindström tenía un tráfico de diamantes ilegal que pasaba desde Rusia a través de Ucrania. Esa era la fuente de ingresos de los terroristas, y Russ quería desmantelarla. Para mantener su negocio Lindström mató a Schmidt y fingió el suicidio de Russ.
Sabía que era mucha información de golpe. Así que esperó todo el tiempo necesario para que Bickerton lo asimilara. O por lo menos para que decidiera si merecía la pena intentarlo o no.
— ¿Por qué no ha contestado a mis llamadas? —su tono de voz era muy suave, no indicaba nada bueno.
—No quería que rastrearan mi señal.
—Está bajo sospecha, Lestrade, por el amor de Dios… Toda la opinión pública está contra usted, ha sido suspendido de empleo y sueldo, y Asuntos Internos está a una hora de expulsarle definitivamente del cuerpo. Tenía que haber colaborado desde el principio, y si realmente es inocente se habría demostrado en un juicio.
—Justamente por la sesgada opinión pública no podía arriesgarme. Las pruebas habrían dado igual, me habrían condenado sin siquiera mirarlas. Ahora tengo pruebas para demostrar mi inocencia.
Podía ver a Bickerton sentado en su despacho, pensando a toda prisa para tomar la mejor decisión. Tenía que seguir presionándole.
—Habría sido un juicio imparcial.
—Está hablando tu parte profesional, pero los dos sabemos cómo funciona esto, Daniel—decidió llamarle por su nombre para causar más impacto—. Eso no habría ocurrido.
—Está bien, está bien. Traiga a su dichoso líder, le someteremos a un interrogatorio intensivo. Le advierto que en cuanto pise el edificio le arrestarán y no podré hacer nada por evitarlo, Lestrade.
—Lo sé—dijo Greg tragando saliva.
—Aunque ese hombre demuestre su inocencia no todos volverán a pensar igual de usted, perderá el respeto de muchas personas.
—Me lo volveré a ganar.
—Eso ya lo veremos—gruñó Bickerton—. Venga cuanto antes, quiero resolver esto de una vez por todas.
Colgó el teléfono y se giró hacia Sherlock y al aún atado líder terrorista.
— ¿Estás seguro de que colaborará?
—Me aseguraré de ello—dijo Sherlock, y volvió a acuclillarse para hablar con el líder terrorista—. No queremos que vuelva a pasar lo mismo de antes, ¿verdad?
Sherlock acercó su mano, y Oliver se apartó de él todo lo que pudo con cada vez más miedo y odio en sus ojos.
—Quiero una respuesta, Oliver. ¿Vas a colaborar con la policía? —Oliver asintió—. Entonces en marcha. El calabozo te espera, Lestrade.
O-O-O-O-O
Bickerton estaba junto a la mitad de su plantilla y dos docenas de periodistas esperándole a la puerta de Scotland Yard. Los flashes rebotaban en su cara y en la del líder terrorista a quien empujaba a su lado, esposado y sin ninguna mordaza. Al llegar junto a su superior varios policías se hicieron cargo del terrorista y el propio Bickerton se encargó de esposarle frente a todos los medios de comunicación. Greg tenía la cabeza bien levantada, sabiendo que era inevitable. Algunos periodistas intentaban acercarse a ellos para hacerles preguntas, pero por más que lo intentaran los policías les contenían.
Bickerton le llevó al interior del edificio, bajo la mirada acusatoria o curiosa de sus colegas, y le llevó a los calabozos, donde le registró a fondo. Sólo encontró un móvil en el bolsillo.
—Ese teléfono móvil era de Lindström, tiene información encriptada. A lo mejor en laboratorio pueden sacar algo.
Bickerton metió el móvil en una bolsa de pruebas y le llevó por el pasillo empujándole suavemente por el hombro. Le quitó las esposas antes de entrar al último calabozo y cerró la puerta con Greg de espaldas.
—No se moverá hasta que saquemos algo en claro del interrogatorio—se giró para marcharse, pero cambió de idea en el último momento—. Esta será una mancha muy oscura en su expediente, Lestrade. Si no me ha dicho la verdad, no podré ayudarle a limpiarla.
—Lo irás viendo tú mismo en el interrogatorio.
Se miraron el uno al otro, impasibles, hasta que Bickerton se fue.
Deseó con todas sus fuerzas que Mycroft estuviera haciendo algo para demostrar definitivamente su inocencia. No le cabía la menor duda de que sabía perfectamente que estaba ahí metido, e incluso que él mismo lo planeara así, pero si ese era el caso no le molestaba. Era increíble la permisividad que tenía hacia sus actos, hacia sus planes, lo que podía llegar a hacer por él. Cada día se reconocía menos.
Greg soltó todo el aire que había estado aguantando inconscientemente. Sí, había cambiado por Mycroft, y no se arrepentía de nada. Esa era su situación, no merecía la pena cuestionarse las cosas a esas alturas. Miró la celda que tenía a su alrededor, las cuatro paredes en las que pasaría sus próximos días. No se hacía ilusiones, el interrogatorio iba a ser muy largo. Y después le tocaría a él.
¡Y hasta aquí el capitulo de hoy! Disculpad la demora, pero entre el puente y los estudios no he tenido tiempo para actualizar v.v Peeero no iba a saltarme la actualización de hoy. Es lunes y se necesita un incentivo para aguantar el inicio de semana :P
¿Qué os ha parecido el capítulo? La cosa no parece que esté mejorando mucho... La relación con Mycroft sigue con goteras, Greg se ha metido voluntariamente en el calabozo... Habrá que esperar al interrogatorio para saber cómo se soluciona todo.
Muchas gracias por leer, seguir, favoritear y comentar cada capítulo ^.^ De verdad sois los mejores :D
¡Un beso y hasta el siguiente capi! (intentaré no demorarme mucho, lo prometo)
