Disclaimer: Ya lo dije, lo repito por las dudas: mis derechos sobre Glee son proporcionales a mis habilidades vocales. Me han querido echar de mi propio cumpleaños por cantar, así que sacad vuestras propias conclusiones.

Damage Points

Capítulo XXVIII:

«No sólo de pan vive el hombre. De vez en cuando, también necesita un trago». Woody Allen.

Kurt sabía, basándose en lo que había visto en sus amigos, que tomar nunca era algo bueno. Sin embargo, cuando había visto allí a Blaine, tan dolorosamente guapo —realmente necesitaba preguntarle por qué demonios se empeñaba en deshacer aquellas ondas naturales de su cabello—, no había podido evitar buscar alguna distracción. Y cuando Sebastian se había acercado a él y las muchachas con un par de tragos, incluso ante la mirada de descontento de Rachel, no había evitado pensar que podría ser una buena idea.

Craso error.

Había comenzado a sentir los efectos cuando la sonrisa estúpida en su rostro parecía adherida con pegamento y la ligereza de su cuerpo se había vuelto algo increíble, hasta el punto en que ponerse a bailar como si no hubiese nadie más en la habitación parecía natural. De repente, se sentía lleno de engería, con ganas de sacudir su cuerpo, cantar y reír toda la noche. No sabía qué era lo que Sebastian había puesto en el trago —sabía dulce, como a crema y menta, aunque con un toque fuerte—, pero después de dos o tres vasos, cualquier excusa parecía buena para romper en sonoras carcajadas, y todos sus amigos parecían mucho más… abrazables. ¿Y Kurt? Bueno, él no se encontraba en posición de reprimir sus impulsos.

Rachel había comentado que tenían un karaoke para los eventos especiales, y Mercedes había sugerido que Kurt cantara. El muchacho, que parecía encontrar cualquier oración con más de una palabra algo sumamente hilarante, se sintió entusiasmado por la idea. Con más confianza de la que usualmente mostraba para cantar frente a una buena multitud, el joven trepó al escenario dando absurdos tumbos y decidió que podría cantar. Lo haría.

La canción le gustaba y, aunque no podía leer muy bien lo que salía en la pantalla, improvisó con lo que recordaba. Sebastian se le sumó, y Kurt no pudo hacer más que sonreír y seguir con el dueto. Le había tocado en suerte un compañero bastante guapo. Sus ojos, sin embargo, no podían dejar de observar a Blaine entre la multitud. Kurt no podía creer los enormes deseos que sentía de saltar del escenario —volar si era necesario— y caminar hasta que el moreno se encontrara al alcance de un abrazo, de un beso, de cualquier cosa que calmara esa ansiedad, ese fuego que iba desde la boca de su estómago hasta cada parte de su cuerpo.

Cuando terminó de cantar, decidió que eso mismo haría. Se iría del escenario y besaría a Blaine. No era como si realmente pudiera pensar en toda la gente que había a su alrededor o en que, en realidad, estaban juntos en secreto y besarse en público no era, justamente, una de las partes dentro de su acuerdo.

Mientras bajaba, sus ojos se encontraban enfocados únicamente en Blaine y en como parecía cada vez más lejos de él. Cuando el muchacho dio media vuelta, Kurt no dudó ni un momento en seguirlo, en buscarlo, dispuesto a cumplir con sus deseos simplemente porque sí, porque podía.

Era como si no tuviese control de sus manos y su cuerpo. Sabía lo que estaba haciendo, y en condiciones normales hubiese reconocido que era tan atractivo como peligroso, vergonzoso y absurdo. Sin embargo, el alcohol parecía haber barrido cualquier noción de lo socialmente aceptable, haciendo las cosas muy simples. ¿Él quería besar a Blaine? Iba a besarlo. ¿Él quería tocar a Blaine? Iba a tocarlo.

No sabía dónde estaban ni a dónde había sido arrastrado —subir las escaleras había sido un trabajo que había requerido toda su concentración como para preocuparse por otra cosa—, pero Blaine estaba allí y aquello le bastaba. El calor corriendo por su sangre, esa sensación de que era capaz de todo, esa comodidad con su propio cuerpo… Kurt se sentía maravillosamente, pero deseaba más. Quería a Blaine, necesitaba a Blaine. Y sus impulsos, sin la represión del buen juicio, le dijeron que simplemente fuera a por él.

Jamás se había sentido así. Era como si todo su cuerpo estuviese en llamas, cubierto de una ansiedad que lo obligaba a moverse, a exigir de Blaine cosas que él mismo no sabía si era capaz de hacer. Se había sentido excitado en el preciso instante en el que los labios del moreno habían tocado los suyos, pero cuando el cuerpo de Blaine había rozado su entrepierna, cuando la misma erección del muchacho frente a él había entrado en contacto con la suya, Kurt simplemente había perdido noción de tiempo y espacio. Todos los demás no existían. Sólo era Blaine, allí, haciéndolo sentir como jamás se había sentido en su vida.

Su cuerpo se había sacudido violentamente cuando había alcanzado el orgasmo, soltando susurros y gemidos entre dientes que, en su cabeza, sonaban como el nombre del muchacho debajo de él. Jamás había sabido que aquello podía sentirse tan bien, especialmente cuando su usual sentido crítico no estaba allí para decir lo contrario. Tocado por aquella magnífica sensación de liberación, el joven Hummel había sido acunado pronto en los brazos del cansancio, que se lo habían llevado a un sitio perfecto, mientras el calor del cuerpo de Blaine se volvía el único condimento necesario para tener un sueño profundo y agradable…

—Kurt —Hubo una pausa, y la voz parecía un eco lejano cuando repitió—: ¿Kurt? —Silencio—. ¡Kurt!

El muchacho gruñó. No quería que lo levantaran. No sabía que sucedía, sólo era consciente que no quería abrir sus ojos.

—¡Kurt, vamos! —insistió la voz, y el joven Hummel supo que la conocía después de unos segundos saboreándola en sus oídos. Blaine—. Tenemos que irnos.

El muchacho más alto se incorporó, sintiendo como todo le daba vueltas y sin saber muy bien dónde se encontraba y por qué. No sabía si estaba mejor acostado o sentado, pero su cabeza le estaba doliendo horrores y la habitación parecía en medio de un terremoto. De cualquier forma, aún sentía el cuerpo liviano y un extraño deseo de pasar del mal humor a las pequeñas risitas. Blaine estaba sentado frente a él, asiéndolo por los hombros. El joven Hummel se quedó prendado en la maravillosa forma en que la luz de la luna le daba de lleno en el rostro, iluminando gentilmente su desordenado cabello y haciendo que sus ojos parecieran dos trozos de ámbar.

—Eres hermoso —confesó, como si fuese lo más natural del mundo.

Una pequeña sonrisa tensa se pintó en los labios del moreno. El joven se puse de pie, pasándolo por la cintura y ayudándolo a ponerse de pie. Kurt rompió en pequeñas risitas, haciendo que el muchacho a su lado se tambaleara junto con él. No le importaba mucho, de cualquier modo. Quizás podía tumbarlo en el piso y podían repetir aquello que habían hecho antes…

Perdido en sus pensamientos, el joven siguió disfrutando de la cálida cercanía de Blaine y de la forma en que el perfume masculino se adhería a sus fosas nasales, mucho más fuerte de lo que recordaba haberlo sentido jamás. De repente era muy consciente del fuerte brazo que lo tenía sostenido por la cintura, de la forma en que las costillas de Blaine se presionaban ligeramente contra las suyas, de cómo ocasionalmente sus piernas chocaban, haciendo que su estabilidad peligrara mientras bajaban las escaleras.

—Tío, ¿está todo bien?

Kurt alzó sus ojos —que habían estado bastante entretenidos en el rostro de Blaine y la forma en que su entrecejo se fruncía con cada paso que daban—, encontrándose con el rostro de Finn, que traía una mirada desconcertada.

—¡Finn! —chilló Kurt, con una voz que sentía como la de alguien más—. ¡Todo está más que bien! ¿Verdad, Blaine? ¡Cuéntale!

Una risa nerviosa escapó de los labios del moreno mientras asentía.

—Está ebrio —explicó el joven de Dalton—. Fui a refrescarlo un poco al baño, pero creo que lo llevaré a mi casa. ¿Tienes alguna forma de contactar a su padre?

—Me gusta eso —comentó casualmente el castaño, que sólo había registrado la parte en la que él iba a la casa de Blaine.

—Eh… sí, sí —aseguró el más alto—. Se suponía que la fiesta era en tu casa, de todos modos. Acordamos decirles eso a todos nuestros padres.

—Oh… De acuerdo.

Los muchachos hablaron algo más, pero Kurt se aburrió, y simplemente desconecto su mente. Su atención quedó atrapada en un colorido cuadro sobre las paredes, que iba a la perfección con el color melocotón de la pintura y la alfombra oscura. El joven hizo una nota mental para felicitar a los padres de Rachel, aunque el pensamiento pronto se perdió en el fondo de su cabeza, quedando en el olvido.

Los dos jóvenes salieron torpemente de la casa de los Berry. Kurt no se acordaba exactamente cómo había llegado hasta allí, pero el Jeep de Blaine parecía el lugar más cómodo del mundo para sentarse. Incluso quizás también para besarse y meterse mano un rato. El pensamiento parecía lo más natural del mundo en la cabeza del castaño, que aún se encontraba bajo los liberadores efectos del alcohol.

—Es un poco pretencioso, pero adoro tu Jeep.

La risa de Blaine sonó como música para sus oídos. Sintiendo que observar hacia afuera no era una buena idea —un mareo parecía sacudir su cabeza cada vez que se enfocaba en el paisaje en movimiento—, decidió quedarse con los ojos sobre el muchacho junto a él. Había una sonrisa distraída en sus labios y sus facciones, ligeramente turbadas, se encontraban concentradas en el camino. Parecía una sonrisa sarcástica, aunque igualmente atractiva. El joven Hummel estiró su brazo izquierdo, dejando que sus dedos se arrastraran suavemente por las ondas de cabello oscuro e indomable.

—Kurt —siseó Blaine suavemente, con un tono extraño, cualquier rastro de alegría abandonando su rostro—, necesito que mantengas las manos sobre tu regazo hasta que lleguemos a mi casa.

—¿Eso significa que voy a poder tocarte cuando estemos en tu habitación?

Kurt no obtuvo respuesta, y se contentó con eso de que «quien calla, otorga».

El castaño se comportó durante todo el viaje, cumpliendo con su promesa y perdiéndose en ese sopor producido por la borrachera. Sin embargo, una sonrisa pícara cruzó sus labios en el instante en el que Blaine aparcó el vehículo frente a su casa. Con una sensación de déjà vu que descartó tan rápido como llegó, el joven de Lima se bajó con ayuda del moreno, amenazando con enviarlos a los dos al pavimento mientras se reía descontroladamente. Cuando llegaron a la puerta, el dueño de casa se detuvo y se volvió hacia Kurt, que seguía sonriendo alegremente y observándolo con atención. Jamás se cansaría de mirar a Blaine y repetirse lo afortunado que era de estar con alguien como él.

—Kurt —llamó el moreno suavemente—, tienes que mantenerte callado, ¿vale? Mis padres están en la casa.

Tambaleándose un poco, el castaño frunció los labios y pasó dos dedos por ellos, simulando mantenerlos unidos con un cierre. La sonrisa en el rostro de Blaine pronto se le contagió a él mientras los dos entraban. Tomándolo de la mano, el moreno lo guió dentro y Kurt procuró cumplir con su promesa obedientemente. Aunque no habló, más de una vez tropezó con sus propios pies y acabó chocando contra la espalda de Blaine, que decidió pasar un brazo por su cintura, sólo por si acaso. Así tuvo que cargarlo hasta que llegaron a su habitación, y el castaño se desplomó felizmente sobre la confortable cama del joven de Dalton.

—Amo tu cama —confesó, sin hacer ningún tipo de filtro entre lo que pensaba y lo que decía—. Me quedaría aquí por mucho tiempo. Como por semanas. O meses.

Ese maravilloso sonido que escapaba de los labios de Blaine cada vez que reía volvió a llenar el ambiente de forma baja y tensa. No era la risa favorita de Kurt, esa despreocupada y espontánea, pero aún así conseguía despertar una sensación de cosquilleo intenso en su bajo estómago.

—Por mí encantado —confesó el moreno, quitándole los zapatos mientras el joven Hummel sonreía—. Por ahora, dejémoslo en esta noche y duérmete, ¿vale?

—¿Dormirás conmigo?

Blaine sonrió de lado, y había algo extraño en la expresión, aunque el muchacho sobre la cama no podía decir exactamente qué.

—Tú duerme; yo luego me acostaré.

Kurt quería protestar, pero la idea de dormir le parecía verdaderamente tentadora. La realidad era que todo le daba vueltas y cerrar los ojos era gratificante. La cama de Blaine era el mejor sitio del mundo. Aunque le revolvía un poco el estómago, no podía evitar absorber el perfume de la almohada. Aquel aroma debería haber sido ilegal.

Claro, cualquier sensación maravillosa se fue al demonio cuando Kurt despertó al día siguiente. Apenas entraba un poco de sol por entre las cortinas cerradas, pero era suficiente para que el muchacho sintiera que su cabeza estaba a punto de explotar. Aunque no había comido nada en horas, sentía su estómago revuelto y las nauseas se multiplicaron cuando intentó incorporarse. No le costó demasiado reconocer que la cama no era suya ni, por ende, la habitación. Sus ojos escanearon el sitio en penumbra, aunque pronto se arrepintió y se dejó caer contra el colchón, presa de un mareo absolutamente desagradable. Recordaba muy poco de la noche anterior, y no sabía cómo había llegado allí.

Frunció el ceño, pensativo, y el mero acto envió una punzada directa a sus sienes.

Se relajó, y flashes de la noche anterior comenzaron a meterse dentro de su cabeza casi por propia voluntad. Él intentando olvidar un mal día. Él bebiendo. Él cantando con Sebastian. Él arrastrándose hasta Blaine y besándolo. Él y Blaine en la habitación de Rachel…

Oh.

Oh. Oh. Oh.

El castaño se quedó inmóvil en su sitio, sintiendo como el pánico no hacía más que empeorar aquella sensación de revolución en su estómago. Se quedó congelado por minutos, sin poder manejar la ansiedad y las ganas de cavar un hoyo en el medio de la habitación y meterse dentro de él. Cuando el pánico no parecía poder alcanzar un punto más alto, la puerta se abrió suavemente, y Kurt enterró el rostro en la almohada. Aquello no podía haber sucedido; no si quería volver a ver a Blaine a la cara.

—¿Kurt? —la voz del moreno fue un susurro delicado, casi como una caricia que le erizó la piel—. ¿Estás despierto? ¿Estás bien?

El joven Hummel pensó en pretender que seguía durmiendo, pero sus respiraciones eran irregulares y se encontraba en una posición en la que uno de sus brazos comenzaba a dormirse; no podría quedarse así por mucho tiempo. Girando para quedar boca arriba, se llevó consigo la almohada y dejó su rostro cubierto, presionando la superficie con sus manos. Un martilleo constante le aporreaba la cabeza y aún sentía ganas de vomitar. Aunque no parecía lo más relevante de la noche, tampoco recordaba exactamente cómo había llegado a la habitación de Blaine. ¿Habían hablado con Finn, o aquello también era producto de su imaginación? Quizás había soñado…

—Te he dejado un analgésico en la mesilla. —La cama se hundió a su derecha, y Kurt se tensó inmediatamente al sentir el calor de Blaine cerca de él—. ¿Cómo está tu cabeza?

—Horrible —respondió en un hilo de voz, apenas audible a través de la almohada.

—No sé qué fue lo que bebiste, pero intenta evitarlo la próxima vez. Y las otras también —Podía oír una suave sonrisa en la voz del dueño de la habitación, y se preguntó si él recordaría lo que había sucedido la noche anterior. ¿Blaine había bebido también? ¿Ambos habían actuado impulsivamente y sólo a él le habían quedado los recuerdos?

Se mordió el labio, antes de hacer la pregunta del millón:

—¿Qué pasó anoche?

Hubo un pequeño silencio entre ambos, uno que podría haberse cortado con un cuchillo.

—¿Qué recuerdas?

Kurt también se tomó su tiempo para responder, aún usando la protección de la almohada a su favor. Estaba seguro que su rostro podría brillar en la oscuridad de lo rojo que se encontraba.

—Estábamos en la fiesta. Tomé algunas cosas, y luego… quise cantar. Sebastian se me unió. —Hizo una pausa meditabunda, cautelosa—. Terminamos la canción y fui a buscarte… —Sus palabras fueron apagándose hasta que los dos volvieron a estar en silencio.

—¿Es todo lo que recuerdas?

—No —musitó el castaño—. Tú y yo…

Kurt no dijo nada más. Era demasiado embarazoso. Su cuerpo volvió a tensarse cuando sintió las manos de Blaine sobre las suyas, removiéndolas suavemente de la almohada. Aunque deseó aferrarse a la tela de la funda, Blaine fue más rápido y dejó su rostro al descubierto. En un principio, el castaño cerró los ojos porque la más mínima luz hacía desastres con su dolor de cabeza. Luego decidió quedarse así, principalmente porque cualquier cosa era mejor que observar a Blaine directamente. Sus recuerdos no eran nítidos y no estaba seguro que todo fuese verdad, pero si por lo menos la mitad de lo que recordaba era cierto…

Oh, Dios.

—Kurt, ¿puedes mirarme?

—No.

—Kurt.

—Me da vergüenza.

—Kurt, tú me has visto ebrio —dijo el moreno, con las manos sobre sus mejillas. Estaban frías en comparación con su piel, pero era una sensación agradable, aún cuando lo ponía increíblemente nervioso—. Sabes que estas cosas sólo… suceden. Somos adolescentes. Y no ha llegado a mayores, tú sabes.

—¡Pero podría haberlo hecho! —chilló, abriendo los ojos.

El castaño se retorció con incomodidad ante la intensidad de la mirada parda de Blaine. Sus ojos parecían más oscuros, más profundos… Kurt sintió un bandazo en el estómago, que hizo que las nauseas peligraran con hacerlo vomitar.

—Yo no iba a permitirlo.

—¡Tú no sabías lo que hacías! —gruñó, sin poder permitirse gritar. Su garganta se sentía áspera y, aunque hablaba en susurros, las palabras retumbaban desagradablemente dentro de su cabeza.

Hubo un nuevo silencio entre ambos, durante el cual el muchacho más pálido se sintió obligado a apartar la mirada. Los ojos de Blaine lo hacían sentir aún más vulnerable y avergonzado de lo que se encontraba.

—Yo no había tomado tanto, Kurt —confesó el moreno—. Sabía lo que hacía. Quiero decir, lo recuerdo, y no me arrepiento de ello.

Los ojos del castaño se abrieron como platos y viajaron nuevamente a los de su compañero, aunque el gruñido que quiso soltar sonó más bien como un gemido ahogado. No sabía si le molestaba más el hecho de que Blaine no hubiese parado las cosas, o que recordara con lujo de detalles todo lo que había sucedido, todo lo que él había hecho y dicho…

Oh, trágame, Tierra.

N/A: ¡Hola, hola, hola! Ya sé, no tengo perdón de Dios, pero estas últimas semanas han sido de locura. El original me está chupando el poco tiempo libre que tengo —literalmente: me siento a escribir y de repente se me pasan las horas Dios-sabe-cómo—, pero estoy feliz. Quiero terminar todas las historias que tengo en proceso antes de ponerme de lleno con él, pero a veces uno simplemente no puede controlar eso de tener ganas de escribir algo en particular, dónde sea, cuándo sea y cómo sea jaja.

Espero que les haya gustado el capítulo. Quería un punto de vista de Kurt de lo que había pasado, ya que era el más "afectado" con la situación. Como había dicho, nunca hemos visto a un drunk!Kurt, por lo que espero haber cumplido con las expectativas un poco. He estado haciendo un estudio de campo bastante interesante durante los pasados fines de semana jaja.

Gracias a todas las que leen y comentan. Como siempre, es un placer leer y responder sus comentarios. Espero poder volver antes de lo que me ha tomado esta vez, incluso cuando no puedo prometer nada. La inspiración es una perra :)

Besitos para todo el mundo. Que disfruten del domingo y, en caso de los locales, del agradable finde largo.

Nos leemos pronto.

MrsV.