El sol había trepado por encima de las copas de los árboles y comenzaba a esparcer su resplandor sobre la ciudad cuando Trunks logró salir de la profundidad de sus sueños extasiados, para llegar lentamente a una vaga conciencia de que no se trataba de otra fantasía erótica en la que estaba inmerso. ¡Era cálida, real, y estaba viva! Cuando la realidad plena penetró en su estupor, abrió los ojos, esperando en parte que Pan estuviera despierta y se burlara de él. Ella estaba allí, por supuesto, recostada contra él, con la cabeza en la misma almohada que le brindaba comodidad. Podía sentir en su hombro la presión delicada de su mejilla y la suave caricia de su cálido aliento.
Había colocado un brazo a través de su pecho y, debajo de él, sus senos apenas cubiertos lo rozaban con su deliciosa suavidad, reviviendo los mismos sueños que acababa de tener. Un muslo delgado descansaba íntimamente sobre su ingle y, como si eso solo no fuera suficiente para minar por completo su forzado control, podía sentir la tentadora calidez femenina reposando contra su propio muslo.
Aprisionado en el colchón por esos miembros bien formados, Trunks se sentía como si hubiera sido atado con lazos de seda a un instrumento de tortura en el cual se le castigaba sin piedad por sus crecientes deseos. La suave desnudez de su mujer imponía a su tortura un nivel intolerable, pero lo que era aún más perturbador para su sentido de la justicia era su incapacidad para prever alguna mejora en su estado hasta que se rindiera al creciente impulso de traspasar los últimos restos de su virginidad y reclamar sus derechos de esposo.
Por decreto del zar Piccolo y por el juramento que había pronunciado ante un sacerdote, se había comprometido a ser el esposo de Pan, y a pesar de sus estúpidas declaraciones al soberano, estaba ansioso por llevar a cabo lo que había asegurado que nunca haría. En realidad, ese momento le parecía el más apto para cumplir con la excitación de sus deberes conyugales. Con sólo cambiar la postura un poco aquí y allí podía penetrar el vulnerable matraz de su feminidad y saciar su deseo con el dulce néctar de la pasión compartida.
Situado en una posición privilegiada que nunca antes había disfrutado, Trunks estudió a Pan a voluntad. Observaba a una inocente doncella que dormía, a la que ni siquiera el corazón más estoico podría resistirse. Al contemplarla a la luz que le permitía definir los detalles de su inspección, se encontró maravillado por la belleza poco común de Pan. Tenía un esplendor fresco y natural, con rasgos definidos pero delicados. Debajo de las elegantes cejas, las espesas y largas pestañas permanecían en una quietud estigia sobre las mejillas, donde, en contraste, aparecía un tono rosado, testimonio de una vida palpitante. Sus suaves labios estaban separados en actitud seductora, tentando a los besos apasionados de un amante. Si no se hubiera controlado con toda su autodisciplina militar, Trunks sabía que los habría probado en ese mismo momento.
La fragancia que emanaba de ella le trajo a la mente el gusto delicioso de su piel y el dulce rocío de sus suaves pechos. No había necesidad de extenuar la imaginación para concebir el éxtasis que sabía que le esperaría si permitía que su cuerpo se fundiera con el de ella. El problema que tenía que enfrentar era tratar de ignorar esas tentadoras promesas de delicias cuando estaban tan cerca el uno del otro.
Era evidente por la forma en que Pan se había pegado a él que durante el sueño se había sentido atraída por su calor, pues la sábana y las mantas habían caído al suelo, dejándola sólo con el camisón de encaje para que la abrigara del frío que invadía la habitación; pero la prenda se había subido y permitía admirar la desnudez de la curva de la cadera y del fino muslo. Una vista tan provocativa era sumamente perturbadora para un hombre que había decidido soportar los rigores de la abstinencia. Se veía forzado a considerar si sus airadas propuestas de pretendiente defraudado eran razonables y justificables. Tal vez si reflexionaba sobre sus verdaderas razones para sentir resentimiento hacia ella se diera cuenta de que su indignación no era más que una delgada fachada para ocultar un corazón y un orgullo heridos, y que ambos eran muy susceptibles de ser consolados por la misma que había causado la herida. Cuando sus ojos acariciaban semejante belleza, le resultaba difícil recordar que lo había engañado.
De pronto se le ocurrió que Pan era el tesoro que había tratado de conseguir con tanto esfuerzo y, sin embargo, sin su plan quizá nunca la habría obtenido. En lugar de albergar resentimiento por su decepción, tal vez debiera apreciar el hecho de que ella hubiera poseído la suficiente inteligencia y fortaleza como para frustrar los intentos de sus tutores de casarla con Nappa. Si se hubiera visto forzada a casarse con el hombre, sabía que no habría aceptado esa pérdida sin luchar. Si consideraba este hecho, ¿no podía abandonar su papel de novio ofendido para disfrutar de la buena fortuna de poder llamarla su mujer?
Sabía demasiado bien que, bajo su regia apariencia externa, Pan era todo lo que un hombre podía esperar de una mujer: hermosa, apasionada, ingeniosa y encantadora. Ciertamente, resultaba difícil siquiera imaginar a un hombre que se aburriera con una esposa así. Por eso, le parecía bastante estúpido seguir negándose a la generosa cosecha de su suerte inesperada e ignorar su unión mientras trataba de discernir la severidad de los crímenes de su esposa. Era obvio que cualquiera fuera el castigo que imaginara para ella, él recibiría la peor parte.
Aunque se resistía a abandonar ese dulce tormento, Trunks comprendió que cada vez le resultaría más difícil controlarse mientras sus pensamientos demostraran la cuantía de desagradables consecuencias de su predecible fracaso, debiendo admitir su falta de disposición para cumplir con sus propias limitaciones. Se liberó con cuidado de la cárcel de sus miembros de satén, se deslizó de la cama, se puso de pie. Luego se dirigió trastabillando al vestidor, y se mojó con agua fría la cabeza y los hombros. Se cubrió las largas piernas con un pantalón y, como tenía el día libre, escogió para vestirse ropa de calle. Volvió a la cama, donde permitió otra mirada de admiración antes de recoger la sábana y las mantas del suelo y tapar con ellas a Pan, que todavía dormía.
Trunks abandonó la habitación y bajó a la planta inferior donde pidió indicaciones a un sirviente que pasaba. Tuvo suerte de encontrar uno a quien la condesa N°18 le había enseñado inglés. Mientras lo guiaba en el camino hacia la sala de baños, el criado pareció muy dispuesto a practicar su dominio de la lengua.
-¡Su esposa estuvo aquí cuando era muy pequeña! ¡Era hermosa! ¡Y madre también! Aunque niños siempre andaban detrás de condesa Pan, ella no prestaba atención. Estaba más interesada en viajar y con familia. Gustaba hacer lo que quería.
-Nada ha cambiado -comentó Trunks con sequedad, provocando la risa del sirviente.
-Se parece a condesa N°18, yo creo. Las dos pueden hacer que cabeza hombre salga volando. Al menos, mi señor, no se aburrirá mientras viva.
-¡Eso es lo que más me preocupa!
Los rumores del enfrentamiento de Trunks con el príncipe Nappa y sus hijos se habían extendido por la mansión poco después de la recepción inicial; por eso el anciano no se había sorprendido demasiado por el comentario de su señor.
-Hasta unos pocos años parecerán paraíso, señor -le aseguró con un brillo en los ojos. Luego le abrió la puerta-. Es aquí, coronel Brief. Disfrute de baño.
Trunks se deslizó por la puerta y encontró que muchos de sus amigos ya estaban allí, pues se habían quedado a pasar la noche. Se le habían adelantado al menos por una hora y ahora lo recibían con bromas pesadas porque se había levantado tan tarde, como si hubiera descubierto mejores diversiones con las cuales matar el tiempo. Trunks fingió un gesto de dolor frente a sus risas estridentes, pero ante la mueca sólo se rieron aún más.
Goten se adelantó con una toalla alrededor de las caderas y le cedió una pequeña botellita de vodka a su comandante y amigo.
-Esto ayudará a calmar tu suplicio hasta cierto punto.
-O me llevará a la tumba -replicó Trunks.
-¿Qué ha sucedido? -El teniente Uub hizo un gesto hacia los vendajes que le cubrían el torso y el brazo-. ¿Qué te ha hecho tu dama? ¿trató de mantenerte lejos?
Trunks hizo un gesto desdeñoso ante las especulaciones del oficial.
-Ahórrate tus bromas, Uub, hasta que esté mejor y pueda tratar los insultos, o tendré que buscar venganza.
-Han planeado otro día de celebraciones -informó Goten a Trunks tratando de superponerse a las risotadas de Uub-. Aquí en Rusia es común sacar lo mejor de cada ocasión. Nos salva del tedio de los largos inviernos.
-Mañana debemos regresar a nuestras obligaciones, Goten.
Goten lo siguió a una esquina apartada de la sala de baños, donde un sirviente llenaba una enorme bañera.
-Parece como si tuvieras algo en mente.
Trunks echó una mirada hacia el criado y, por precaución, demoró la respuesta hasta que se hubo retirado.
-En cuanto sea posible voy a intentar atacar a Black en su terreno y espero poder capturarlo junto con los líderes de su banda. Mañana pienso enseñar algunas nuevas tácticas a los hombres como anticipo de esta maniobra.
-¿Piensas dejar a tu esposa tan pronto? -le preguntó Goten asombrado.
Sabía mejor que nadie con qué ardor Trunks había tratado de conseguir a Pan y estaba sorprendido de que considerara dejarla en un futuro cercano.
-No puedo dejar que mi vida personal interfiera en mis responsabilidades - acotó Trunks tranquilamente-. El zar Piccolo sería el primero en reprenderme si permitiera que mi comodidad me apartara de mis obligaciones.
-Tu esposa es muy hermosa, y no te has tomado tiempo libre desde que llegaste. Pensé que, bajo esas circunstancias, te quedarías en la ciudad y entrenarías a las tropas aquí.
-El invierno se aproxima y, si me retraso hasta la primavera, quizá nunca pueda dar con Black. Tendremos que planear nuestra estrategia y adiestrar a los hombres. No podemos dejar nada al azar.
-Si tan ansioso estás por eso, deberíamos enviar a un explorador a rastrear el campamento de Black.
-Ya he pensado en eso. Es probable que la elección recaiga en él. No siente la menor estima por el bandido después de que raptara a su hermana el año pasado.
-¿Cómo dio con ellos el príncipe N°17?
-Black había estado propagando el rumor por la ciudad y el campo de que estaba buscándome. No es difícil adivinar que el príncipe N°17 respondió a la llamada cuando descubrió la necesidad de apartarme del camino.
-Considerando el trato que te dispensaron, fue una suerte que Pan enviara a su ama de llaves al castillo para avisar al comandante Ten Shin Han a fin de que acudiera en tu rescate.
Trunks quedó sorprendido. No podía recordar el momento en que Pan encontró una oportunidad para enviar a Milk con esa orden, al menos no ocurrió mientras estuvo consciente.
-¿Cuándo sucedió eso?
-El comandante Ten me contó que Milk fue la que llevó el mensaje de que tenías problemas. Parece que ella estaba en la casa de N°17 cuando tus captores te llevaron al establo.
Trunks sacudió la cabeza, todavía un poco confundido por la revelación de Goten.
-Entonces debo expresarle mi más sincera gratitud a Milk. Hasta ahora, no sabía cómo me había librado de mis tormentos, excepto que el comandante Ten Shin han y el zar Piccolo se presentaron allí cuando más los necesitaba.
-Milk dijo al comandante que Pan la había enviado para buscarlo porque estabas en grave peligro. -Goten pasó una mano por su mentón mientras levantaba una ceja intrigado -. Pero ¿cómo podía Pan estar en casa de N°17 cuando se suponía que estaba enferma en su cama? Al menos, eso era lo que habían hecho creer al príncipe Nappa.
Goten esperó a que Trunks respondiera, aunque de pronto el otro parecía mucho más interesado en desatar el nudo que ligaba el vendaje que tenía en el pecho. Las cejas de Trunks se elevaron sin comprometerse en la respuesta.
-Tal vez no estuviera en su habitación como pensaba el príncipe Nappa. Tal vez estuviera con Milk en casa de N°17 y Maron.
Goten bajó la voz por precaución mientras comprendía en parte lo que había sucedido.
-La condesa Pan estaba contigo, ¿no es cierto?
Trunks frunció el entrecejo mientras sujetaba el vendaje con las dos manos y doblaba las dos tiras.
-Aunque así fuera, Goten, ¿crees que te lo diría?
-Hagas lo que hagas, amigo, tu respuesta no saldrá de nosotros dos. Tú lo sabes.
Trunks no estaba dispuesto a avergonzar de ningún modo a Pan, a pesar de que ella no había tenido la más mínima consideración con sus emociones.
-¿Me vanagloriaría de un hecho así? La dama es mi esposa.
-El zar Piccolo estaba muy ansioso y quería que los votos se pronunciaran cuanto antes -le recordó Goten con una sonrisa-. ¿Qué sucedió en realidad?
Trunks fingió cierta exasperación.
-Dudo mucho que alguna vez te asciendan a comandante si no aprendes a guardarte tus preguntas.
Goten se echó a reír y esgrimió algunas de sus conjeturas.
-Ahora, amigo mío, sé que no eres un mentiroso, por eso supongo que el príncipe N°17 y Black te sorprendieron y ordenaron darte los latigazos en tu espalda. Y si Milk fue a buscar al comandante Ten Shin Han, entonces me inclino a creer que Pan fue llevada a la mansión de N°17, junto contigo. Si te viste obligado a casarte, puedo entender mejor por qué estabas tan enfadado con ella ayer por la mañana.
-¿Quién ha dicho que estaba enfadado con ella? -Trunks estaba sorprendido de que Goten hubiera evaluado con tanta precisión sus sentimientos.
-Todo encaja -reflexionó Goten en voz alta, ignorando la pregunta de Trunks. Pensativo, volvió a pasar la mano por su mentón y sonrió a su amigo-. Es obvio que te atraparon con Pan y su guardián, el príncipe N°17, te obligó a pagar tus culpas...
-¡Al diablo! ¡Él la quería para sí!
-Entonces te azotaron por habérsela quitado. -Los ojos de Goten danzaron divertidos-. Todo este tiempo has estado nervioso y ansioso por llevártela a la cama. No pudiste esperar a que el zar te la concediera. Ahora has tenido que pagar por tu error y estás enfadado con ella...
-¡Vete al infierno! -rugió Trunks, sintiendo el punzón de la verdad en las conclusiones de Goten-. ¿Crees que puedes leerme el pensamiento? ¿Qué te hace pensar que estoy enfadado con ella?
-Te conozco, amigo. -Goten levantó sus anchos hombros con indolencia-. Si no lo estuvieras dejarías de lado este débil pretexto...
-¡Vamos! ¿Así que ahora pongo pretextos?
-Si las cosas marcharan bien entre los dos, no te importaría que todo el ejército de Rusia viniera a esta casa a buscarte. Todavía estarías haciéndole el amor en tu cuarto y no bajarías hasta que hubieras agotado tu deseo.
Trunks miró a Goten que parecía conocerlo mejor de lo que él mismo se conocía. No podía discutir ese punto porque eso era lo que habría hecho.
-Y además- prosiguió - no estarás satisfecho hasta que no hagas las paces con ella y acabes con el malestar que se ha interpuesto entre los dos. Si la amas, como yo pienso, te apresurarás a aclarar la situación.
En una muestra de irritación Trunks arrojó los vendajes a un costado.
-No es tan sencillo, Goten. ¡No significo nada para ella!
-Permíteme desconfiar de la verdad de ese juicio – argumentó-. Pan parece quererte bastante.
Trunks se echó a reír escéptico.
-Una actriz de gran talento. Aplaudo su habilidad.
-¡Por favor, amigo mío, no la insultes! ¡Es absurdo pensar que no le interesas!
-¿Cómo puedes pensar que conoces la mente de Pan cuando a mí me sorprende a cada paso? -le preguntó Trunks, irritado-. No tengo ni idea de lo que está pensando, ¡aunque hasta hace poco imaginaba estúpidamente que sí!
-¡Trunks! ¿Nuestra amistad no significa nada para ti? ¿No me consideras un compatriota leal? ¿Un tovarish? ¿No te he probado mi valor como tal? ¿No te advertí acaso que el comandante Ten había seguido tus pasos y, pisándote los talones, había recurrido al zar Piccolo para presentarle su caso? Querías desafiar a Ten Shin Han allí mismo por el derecho de pedir la mano de Pan y yo te aconsejé que esperases. ¿No puedes darte cuenta de que cualquier otra persona está más capacitada que tú para ver la verdad en este asunto? Buscas ansioso las respuestas y emites juicios apresurados. Dale a tu esposa la oportunidad de demostrarte su amor.
Trunks suspiró cansado.
-Tendrá mucho tiempo para demostrarme sus sentimientos mientras estemos aquí. No puedo hacer que se anule el matrimonio mientras tenga al zar Piccolo respirándome en el cuello para ver si acato su edicto.
-Tu trabajo aquí en Rusia no sería muy eficaz si te permitieran hacer tal cosa -señaló Goten, enfadándose con su amigo por haber siquiera contemplado semejante posibilidad-. Nosotros los rusos nos ofendemos cuando alguna de nuestras boyardas es marginada o avergonzada por un extranjero. Gohan fue un diplomático muy respetado en el país. Te sugiero como amigo que des un trato adecuado a su hija.
-¡Por el amor de Dios! ¿Qué crees que voy a hacerle? ¿Golpearla? -Trunks no podía creer lo que escuchaba-. ¡Pan es mi esposa! Aunque no fuera por otra razón, ¡merece mi protección y mi cuidado! -Indignado por las advertencias de Goten, se quitó los pantalones y entró en la tina. Mientras acomodaba su largo cuerpo en el baño de vapor contuvo el aliento cuando el agua caliente le recordó la delicada condición de su espalda y la zona que Pan había curado la noche anterior. Con el peso de la mirada perpleja de Goten levantó una ceja-¿Hay algo más que quieras discutir conmigo?
Pensativo, Goten se sentó en un banco cercano.
-Has logrado preocuparme más que cualquier otro hombre que haya conocido, amigo mío. Hablas de distanciarte de tu esposa, y al instante declaras con vehemencia que es tuya y que debes encargarte de cuidarla. Durante este tiempo, nunca vi a un soldado que peleara con tanta fiereza como tú. Aunque te mantuviste dentro de los códigos del honor, cuando recibiste instrucciones de vengarte del enemigo, lo hiciste con tal determinación que nadie pudo ofrecer resistencia por mucho tiempo. Parecías no tener en cuenta el peligro en que te sumía tu valor, como si en realidad no te importara que te mataran...
-¡Por supuesto que me importaba!
-De algún modo, supongo que sí, pero siempre me preocupó que no prestaras atención a los riesgos. En realidad, si percibías que una tarea era demasiado arriesgada para alguno de nosotros, eras tú quien la ejecutaba...
-Habría algo que extraer de la experiencia, ¿o acaso no te has dado cuenta, todavía? -replicó Trunks-. Tengo más conocimientos de lo que es el combate que cualquiera en mi regimiento, y me he enfrentado a la muerte en muchas ocasiones. Si mi capacidad no hubiera sido probada en verdaderos enfrentamientos armados, no estaría aquí ahora haciendo aquello por lo que me pagan... o sea, enseñando a vosotros.
-Sólo me preguntaba si pensarías más en los peligros de la guerra si estuvieras contento con tu vida...
-Piensas demasiado, Goten -murmuró Trunks mientras se enjabonaba la cara- Y aunque entiendo que estás tratando de encontrar una lógica a todo esto, no puedo garantizarte que me comportaré de un modo diferente a partir de ahora. Si Dios quiere, cumpliré con mis obligaciones y viviré para contarlo.
-Es una oración que elevaré por los dos, amigo mío, que tengamos una larga vida y buena fortuna. También suplicaré que tengas en cuenta la brevedad de nuestra existencia aun sin la amenaza de guerra y te des prisa en restablecer la concordia con tu esposa.
Trunks se enjuagó el jabón y miró a Goten que le sonreía y lo saludaba antes de alejarse. Apoyó la espalda en la tina mientras rumiaba las palabras de su amigo. Aunque lo habían molestado, no podía dejar de lado el hecho de que habían sido pronunciadas sin hipocresía y con buena intención. Sus cejas se unieron en un gesto pensativo cuando recordó algunos de sus últimos movimientos contra sus enemigos, entre ellos su ataque a la banda de Black. Con una mirada retrospectiva, tenía que admitir que sus acciones habían sido bastante osadas, hasta temerarias, y, tal vez no hubiera mostrado en ellas demasiado apego por su vida; pero en cada ocasión recordaba la necesidad de una profunda demostración de fuerza. Si hubiera actuado de otro modo, habrían sufrido muchos inocentes v Pan habría pertenecido a Black en lugar de a él, una situación que habría detestado a pesar de la discordia que en el presente existía entre ellos.
Bien vestido y acicalado, Trunks fue acompañado poco después a su recámara nupcial por los mismos hombres que lo habían llevado en hombros la noche anterior. Cuando sus compañeros llamaron a la puerta, los sonidos que llegaron desde el interior. Tras un breve espacio de tiempo, la puerta se abrió un poco permitiendo que una joven doncella espiara por la estrecha abertura.
-Un momento, por favor... señores. -La petición fue reforzada por risitas e interrupciones-. Lady Pan no... ha terminado... de vestirse...
-Vamos, Pan -rogó Trunks con la mejor de sus sonrisas-. ¿También mantendréis alejado al esposo que viene a ver a su mujer? Por favor, Déjame entrar.
La voz apagada de Pan se escuchó desde el cuarto indicándole a la boyarda que se apartara. En pronta respuesta, las puertas se abrieron de par en par para permitir el paso de los hombres, que entraron en medio de las risas de las elegantes damas y un par de criadas que se esforzaban por llevar la tina hacia el vestidor. Mientras los hombres habían hecho uso de la sala de baños que se encontraba en la planta baja, una tina bañada en cobre había servido para satisfacer las necesidades de Pan. Ella se había aseado y perfumado en privado antes de que ella recibiera la compañía de las sonrientes doncellas y las curiosas matronas que estiraban el cuello en un esfuerzo por evaluar la condición de la cama y sus sábanas. Milk todavía estaba arreglando el borde inferior del sarafan de Pan cuando los hombres atravesaron el umbral con rapidez. Pan se ocultó a sus miradas ávidas mientras trataba de anudar los lazos de seda que cerraban su vestido, frustrando los esfuerzos de Marron y Bra por cubrir la cascada suelta de cabello con un velo. En un instante las jóvenes boyardas trastabillaron de sorpresa cuando Trunks se detuvo al lado de ellas y apartó la tela de la cabeza de su esposa.
-Si no les importa, princesas, prefiero ver el cabello de mi esposa sin trenzas ni velos -declaró con una sonrisa abrumadora, pero la mirada horrorizada de ellas le advirtió de inmediato que su preferencia no estaba de acuerdo con la tradición. Su sonrisa se volvió dubitativa-. Por lo visto, sí les importa.
Con sus ojos oscuros bailando de deleite, Pan lo miró por encima del hombro, complacida de que él le prestara tanta atención cuando sus amigos lo estaban observando atentamente. Al acercarse, percibió la fragancia del perfume masculino, y debajo, el aroma puro del jabón. Los ojos de Trunks recorrieron admirados las facciones de su esposa, que explicaba la necesidad del velo.
-No es común que una mujer casada muestre sus cabellos a nadie que no sea su marido. Es una costumbre rusa. Si te gusta que esté suelto cuando estemos solos, no tienes más que decirlo.
Trunks se aproximó y acarició con lentitud la suave cabellera oscura recordando la primera vez que había alimentado su mirada con las largas trenzas, aunque en aquel momento no había querido perder la oportunidad de observar su desnudo cuerpo de mimbre por saborear la belleza de su cabello: cuando se le ofrecía tanto para ver, estaba ansioso por detenerse en cada curva y valle que luego le estaría vedado.
-Me gustaría -repuso y, con un gesto de disculpa hacia las princesas, les devolvió el velo.
Trunks observó la ancha sonrisa de su segundo oficial cuando se acercó con un vaso de vino aguado. Aceptó el ofrecimiento de Goten, que le hizo el siguiente comentario:
-Tal vez Pan disfrutaría enseñándote nuestro idioma y algunas de las costumbres de nuestro país. Estoy seguro de que los dos os beneficiaríais de esas lecciones.
-Como Pan y yo ya hemos pronunciado los votos, no veo la necesidad de que hagas de celestina, amigo mío -replicó Trunks con humor.
La sonrisa Goten se ensanchó al responder con prontitud.
-Un buen svakhi no descansa hasta que está seguro de que los dos están contentos el uno con el otro. Y si tú no estás contento, Trunks, entonces, ¿cómo voy a conseguir mi ascenso?
-¡Qué amistad interesada la tuya! -le reprendió Trunks entre risas -. Y yo que pensaba que eras sincero. ¡En cambio, lo único que buscas es tu ascenso!
Goten se alzó de hombros de muy buen humor.
-¡De alguna manera tendré que conseguirlo!
Su respuesta hizo reír a los hombres y consiguió una sonrisa cómplice de las mujeres. Un momento después, N°18 entró en la habitación para invitar a la gente a bajar y participar en el banquete que Pares había preparado. Después de pedir a Trunks que acompañara a su esposa del brazo y encabezara la comitiva, alentó a los otros hombres a elegir a sus mujeres o a una doncella soltera a quien prestarle asistencia. Goten iba acercándose a la princesa Bra, cuando un capitán logro invitarla antes de que él llegara a su lado. Entonces, con tranquilidad, se acercó a N°18 para ofrecerle su brazo. Con una sonrisa, N°18 aceptó la galante invitación de Goten.
-¿Qué piensa de la elección de esposa que hizo su comandante, Trunks? -preguntó N°18, dirigiendo su sonrisa a Goten.
-Creo que es una excelente combinación. Admiro el gusto que tiene para elegir sus amigas.
-Y yo el suyo para elegir amigos -replicó con un gracioso gesto de cabeza-. Pero dígame, ¿qué ha dicho el coronel Brief al respecto?
-Estoy seguro de que nada que no sea bueno saldrá de esta unión, condesa -respondió Goten con magnanimidad-. Pienso que con el tiempo los dos serán muy felices.
Al comprobar la astucia del oficial, asintió, dispuesta a aceptar su conjetura, pues eso era exactamente lo que quería escuchar de él.
