eh aki lo nuevo jejeje.. spero les guste

recuerden de ke nada me pertenece

Capitulo 29

En la mitad del trayecto a Europa, Alice comenzó a creer el cuento de hadas. Y fue Sasha quien comenzó a convencerla de ello sin ni siquiera proponérselo. Mientras los demás estaban disgustados con ella una vez más por hacer que Jasper estuviera de tan malhumor -aunque nunca fue testigo de este humor sólo oyó hablar de él-, Sasha le ofrecía su amistad. Sin falta siempre era respetuoso. Criticaba con rencor a Emmett, a veces a Lazar y en oportunidades hasta a Serge, por lo general muy tranquilo. Y sus críticas no mermaban en presencia de ellos. Pero nunca tuvo una palabra de desaprobación para Alice. Un día, finalmente, le preguntó por qué era tan amable con ella.

—Porque se lo merece más que la mayoría, Su Alteza. Su vida fue difícil, me atrevería a decir más difícil que la mía antes de que Jasper me contratara para servirle.

—¿Cómo puede saber cómo ha sido mi vida?

Sasha le explicó.

—Jasper me dijo lo que usted le contó. El no cree todo pero cree justamente lo que no debería. Pienso que usted le dice primero la verdad desafiándole a que la acepte, y luego le dice las mentiras para castigarle por sus dudas. También me contó lo que vio con sus propios ojos. Ese hombre que la crió… debería haberle matado.

Alice se sonrió ante esta opinión.

—Yo muchas veces pensaba lo mismo.

—Pero se quedó con él, cuando podría haberse ido.

—A fin de cuentas, me necesitaba, realmente me necesitaba. Tenía que...

A Alice no le gustó la manera en que sonaban sus palabras. Parecía que tuviera algún tipo de sentimiento filial por Dobbs y no era así. No podía. Ese hombre era demasiado mezquino de espíritu como para inspirar afecto. Despreciaba esos años en que había pensado que era su padre y le había amado a pesar de sus crueldades. Siguió hablando en un tono casi beligerante.

—Iban a pagarme por haberme quedado con la taberna. Quería ser la dueña de esa taberna más que nada en el mundo. Habría sido mi sustento, mi libertad. Ya no estaría bajo el control de nadie.

—Sí, Jasper es consciente del error que cometió al comprarla. Le habría resultado más sencillo y más económico prenderle fuego sin que usted lo supiera y echarle la culpa a él. Pero, de haber sido así, el señor Dobbs no habría recibido el dinero que le mantendría feliz por el resto de sus días. Y Jasper no quería que usted se preocupara por ese hombre... en caso de que pudiera hacerlo.

—Usted conoce muy bien a Jasper, ¿no es verdad, Sasha?

—Tan bien como cualquier otro hombre.

—¿Siempre se lleva... tan mal con sus propios sentimientos? —preguntó dubitativa.

El pequeño hombre se echó a reír.

—Qué buena manera de decir las cosas, Su Alteza. No, no es siempre así. Por lo general, sus sentimientos y él están en total acuerdo ya sean buenos o malos. No le gustan las dudas o las emociones conflictivas y, generalmente, no las tiene. Si haya algo que inclina la balanza él se mantiene alejado.

—Como yo —concluyó Alice en voz alta—. ¿Por eso me ha estado esquivando?

—Se mantiene alejado de usted porque usted se lo ha pedido...y porque ustedes dos no pueden estar juntos sin pelear. ¿Por qué supone que las cosas son así?

—¿Usted me lo pregunta a mí sabiendo que es él quien tiene carácter fuerte? —dijo la muchacha con un bufido.

—El tiene carácter, es cierto, pero por necesidad ha aprendido a controlarlo.

—Sasha, ¿usted sabe cómo lo controla? ¿Qué hace o quiere hacer cuando está tan apasionadamente furioso?

A Sasha le gustaba su creciente indignación.

—Sí, y todo comenzó con una sugerencia de su padre porque cuando Jasper era más joven y se enojaba lo suficiente como para pelear con alguien, inevitablemente lo hería. Y los hombres no devolvían los golpes porque él era su príncipe y no cualquier príncipe, sino el Príncipe de la Corona. De manera que tuvo que encontrar otro desahogo para su ira, un desahogo que no lastimara a nadie. Iba con quienquiera que, en ese momento, era su... Bueno, creo que me entiende.

—Ya me había dado cuenta de ello pero yo no soy su amante de turno.

—No, pero está más cerca de él que cualquier amante. Usted es su prometida por decreto real, lo cual es tan comprometedor como cualquier matrimonio. A sus ojos, princesa, usted ya es su esposa. Sólo falta una ceremonia para que usted lo crea.

No era la primera vez que Sasha había mencionado que Jasper había hecho su confesión antes de zarpar, todos ellos, incluidos la tripulación y el capitán se referían a Jasper como su rey. Emmett había hecho incluso el comentario de lo tedioso que le había resultado intentar ser algo que no era. Alice había tenido que ahogar su risa porque el hombre tenía la misma arrogancia y el mismo aire de superioridad de siempre. Si había fingido tener cualidades de rey no podía imaginar Alice cuáles eran las legítimas.

Los cardinianos le habían mostrado algunos documentos de aspecto muy oficioso. En verdad, se los habían arrojado a la cara al día siguiente de zarpar, cuando había hecho algún comentario cáustico que revelaba su escepticismo respecto a la confesión de Jasper. Los papeles eran un claro testimonio de que Jasper Barany era el nuevo rey de Cardinia. Cualquier gobierno habría extendido la alfombra roja ante la presentación de semejantes credenciales. Alice había sugerido que los documentos podrían haber sido robados o simplemente falsificados y los tres hombres la habían mirado con furia, humillados por su insinuación. Siguieron manifestando esa furia en menor medida durante buena parte de una semana.

Pero después de pensar en ello, de pensar realmente en ello, Alice tomó conciencia de que era mucho más fácil creer que Jasper, y no Emmett, podía ser un rey. Después de todo, todos ellos siempre habían manifestado deferencia hacia Jasper, siempre le habían seguido, incluso le miraban, ocasionalmente, para que les diera su permiso en silencio antes de hacer algo. Y era Jasper quien daba las órdenes, no Emmett. Habían intentado decirle que la razón era por ser el primo mayor pero eso nunca le había sonado a verdad. Además, combinado con el resto, era el motivo por el cual no podía creer que Emmett fuera su rey y, en consecuencia, tampoco podía creer el resto de la historia.

Recordó, por otra parte, la vez en que Lazar le había preguntado si hubiera preferido que Jasper fuera el rey. Y hasta Jasper le había preguntado, en una oportunidad, cómo se sentiría si tuviera otras opciones además de Emmett. ¿Por qué, a menos que fuera verdad? Y era Jasper quien había estado a cargo de ella desde el principio, como si ese fuera su derecho o, como había dicho Sasha, tal vez pensara que ella ya era su esposa.

¿Cómo se sentiría si finalmente, aceptara todo lo que le habían dicho? A decir verdad era mucho más difícil considerar casarse con Jasper que con Emmett. Con Emmett no había interrogante posible. Simplemente se negaba. Pero con Jasper... probablemente tuviera los mismos sentimientos ambivalentes que él. Existía esa poderosa atracción que sentía por él y anhelaba que fuera verdad, que él fuera a ser su esposo. Pero también existían todas las dudas cuando pensaba que aún si fuese verdad, no podrían obligarla a casarse con él.

Las dudas, por supuesto, prevalecían. Eran demasiadas. Incompatibilidad, hostilidad, el hecho de que lo único que tenían en común eran algunas relaciones lejanas de las que ella no sabía nada. Y, además, estaba el matrimonio en sí, cuya sola mención detestaba. Estar bajo el control de un hombre normal ya sería lo suficientemente malo, pero Jasper no era un hombre normal, era un rey todopoderoso. Y ella ya había saboreado hasta qué punto podía controlarla, ignorando de manera consistente sus propios deseos.

Por otro lado, no debía olvidar la actitud desconcertante que tenía Jasper con ella. La quería, pero deseaba no hacerlo; pensaba que era hermosa, pero deseaba que no lo fuera. Además, la quería para una vez. El mismo lo había admitido y probablemente compartiera la opinión de Emmett: los matrimonios reales eran políticos no personales, y no requerían el tipo de comunicación que existe entre la pareja. ¿Cuál sería su situación? ¿Seguiría deseando a Jasper sin ninguna esperanza de tenerle alguna vez? ¿Estaba dispuesta a exponerse a ese tipo de infierno? Tenía que ser tan estúpida como, aparentemente, todos ellos pensaban.

Como habría hecho con Emmett, tendría que negarse a casarse con Jasper -si todo fuera verdad-. Y, desafortunadamente, estaba casi convencida de que sí lo era. Luego comprendió su ingenuidad sobre lo que podía y lo que no podía hacer. Jasper mismo lo había dicho en una ocasión: como ciudadana de Cardinia, tendría que obedecer al rey como cualquier otro súbdito. Había supuesto que eso significaba obedecer o terminar en un calabozo o cualquier otra alternativa igualmente desagradable. Una vez más fue Sasha quien le esclareció las dudas mientras sostenían otra de sus conversaciones diarias.

Todo comenzó cuando preguntó dónde se había hecho Jasper esas cicatrices. Por primera vez, el hombre pequeño no quiso responderle y lo único que dijo fue lo siguiente:

—Jasper debe ser quien se lo cuente, si desea hacerlo.

—Ha sido un viaje pacífico Sasha —su tono era tan seco como un pergamino—. ¿Realmente piensa que debería cambiar esa tranquilidad y solicitar una audiencia?

Sasha se rió entre dientes.

—Han pasado casi cinco semanas desde que se vieron por última vez. Tal vez ahora podrían estar solos unos minutos, sólo unos pocos, sin despedazarse el uno al otro.

—¿No le ha echado de menos?

—Ni siquiera un poco —dijo Alice con absoluta certeza aunque sólo para Sasha.

En realidad, si echaba de menos a Jasper un poco, o más que un poco para ser sinceros. Extrañaba el nerviosismo de estar en su presencia. Lo que no extrañaba eran sus insultos. Incluso Emmett estaba teniendo un mejor comportamiento ahora que sospechaba que ella comenzaba a creer todo, incluso que era una genuina princesa.

—¿Le ha dicho algo —continuó— que le hiciera pensar que... eh... me echa de menos?

Sasha se sonrió ante su vacilación pero sacudió la cabeza.

—La verdad, Su Alteza, es que desde que está alejado de usted, ha vuelto a su hábito normal de guardar estrictamente para sí sus sentimientos.

—¿Quiere decir que ni siquiera le ha preguntado por mí? —quiso saber sin importarle lo indignada que pudiera parecer.

—¿Con qué motivo? Todo lo que pudiera querer saber se le dice antes de que necesite preguntarlo.

Alice abrió bien grande los ojos.

—¿Se lo dice usted?

—Sí.

—¿Quiere decir que le dice lo que nosotros hablamos? —dijo en un tono de voz más elevado.

—No hay razón para este despliegue de furia, princesa —dijo Sasha para tranquilizarla—. No le he dicho nada que pudiera disgustarla.

—¿Cómo podría saberlo? Y no se atreva a decirle que pregunté si me extraña.

—El tema ya está olvidado —le aseguró Sasha—. Pero si quizá pensara que a usted no le importaría tener una posibilidad de encontrarlo... —se atrevió a añadir.

—Sí me importaría —insinuó con terquedad—. Tendría que estar ávida de castigo si quisiera volver a hablar con él. La última vez que hablamos me preguntó cuál era mi precio. ¡Mi precio, Sasha! ¿Usted sabe lo ofensivo que puede resultar? No, me parece muy bien que haya dispuesto las cosas de manera tal que no nos encontremos ni por accidente ni por cualquier otro motivo.

Sasha se ruborizó mientras intentó explicar.

—Si fuera una prostituta, seguramente estaría encantada ante la mención del precio. Todos ellos piensan que es una ramera, de manera que la mitad de lo que usted toma como insulto no es tal. ¿Por qué no les dice que no es así?

Alice no se sentía ofendida por esa manera de hablar tan sincera porque se trataba de Sasha. Y tampoco era su intención ser mentirosa.

—¿Por qué debería preocuparme? ¿Eso cambiaría los planes que tienen para mí?

—No. Usted se va a casar con el rey Jasper de Cardinia. Es el deseo del viejo rey. Era el deseo del rey anterior a él, su propio padre. De modo que no hay nada que pueda hacer para impedir que eso suceda.

—Puedo decir que no.

—Puede llevarse a cabo sin su autorización. Usted fue criada en un país donde muchas voces hacen la ley, pero nació en un país donde una sola voz es la ley. Jasper no tiene más que ordenarlo y esto es lo que se hará porque es el deseo de su padre.

—Pero no el suyo.

No era una pregunta, pero Sasha la considero como tal.

—No era su deseo cuando vino aquí a buscarla —admitió—. Ahora no estoy tan seguro.

Alice sí lo estaba. El deber antes que la preferencia, como le había dicho Emmett. Jasper se casaría con ella, lo quisiera o no. Y ahora ella sabía que tampoco tendría otra alternativa. Ni siquiera se le permitiría la satisfacción de causarles el problema de tener que obligarla.

Su silencio perturbó a Sasha.

—Quizá debería contarle cómo se hizo esas cicatrices Jasper, después de todo, para ayudarla a comprenderle mejor.

—No se moleste —dijo disciplemente—. Ya no me interesa.


hola spero les haya gustado el cap..

espero reviews

cuidence