Lo prometido es deuda! Aqui está el capitulo del que les hablé, espero que le guste.

No olviden pasarse por la historia en Wattpad : story/109515958-así-de-simple


Peeta no sabe pelear

El sábado, tuvimos un par de entrevistas bastante divertidas, aunque una de las personas que nos entrevistó no hablaba muy bien nuestro idioma, logré traducirle un poco las partes que Peeta no entendía, a veces, se las traducía mal para que dijera puras tonterías. Entonces, cuando todos se reían, él me susurraba despacito "¿Qué? ¿Qué dije?".

Después de terminar, pasamos a almorzar al hotel y nos cambiamos de ropa rápidamente para ir al partido. De alguna manera, logramos tomar un taxi, decirle al chofer dónde íbamos, pagarle lo que nos pidió (aunque creo que nos dimos un par de vueltas más de las necesarias), encontrar la entrada correcta al estadio e, intentar comprar algo para comer. En eso estábamos ahora. Es la fila más larga que había visto en mi vida para conseguir sándwich y bebidas a un precio ridículo.

A propósito, éramos unos de los pocos con camisetas blancas (Peeta me consiguió una porque tenía que notarse que yo apoyaba a Inglaterra) en medio de un montón de personas con camisetas rojas de España. Me sentía intimidada, por decirlo menos.

- ¿Recuerdas la primera vez que vimos un partido juntos? - me susurró Peeta en el oído, parado detrás de mí con sus manos en mi cintura.

- ¿Hablas de tu muy romántica declaración?

Él se rió – Si.

- Trato de no hacerlo – suspiré – Fue algo traumático.

- Te encantó. Acéptalo.

Por fin, fue nuestro turno de comprar y pusimos todo nuestro empeño para que el que nos atendió, entendiera lo que decíamos.

Nosotros no éramos personas muy finas, así que sabía que Peeta no iba a querer quedarse en una cabina durante el partido, él era más de gritar y esas cosas, por eso nos había comprado entradas para las galerías normales. Casi me da un infarto cuando entramos por el lado de los visitantes y vi lo empinada que eran las escaleras. Me agarré de la mano de Peeta, como si mi vida se fuera en ello, porque así era, mientras él se reía de mí, y subí lentamente los escalones.

- Oh, no. Voy a morir – Enserio, al mínimo fallo de mi parte, y quedaría paralitica por caer toda esa cantidad de escaleras. Quedamos sentados entre una familia, por el lado de Peeta, y un grupo de hombres como de treinta años a mi lado. Había bastante gente inglesa, estaba impresionada. El estadio ya estaba lleno y, aunque estaba rodeada de muchas personas, hacía mucho frio. – ¿Cuánto falta?

- Pareces una niña pequeña. – Peeta me miró y le hice un miserable pucherito. – Deja de hacer eso o las cosas se saldrán de control.

- ¿Qué cosa se saldrá de control? – le pregunté, porque claro, yo era tan inocente. Él se me acercó y me mordió rápidamente el labio. Lo miré sorprendida. Creo que nosotros nunca nos hemos dado un beso en público.

- Te lo dije.

Los equipos salieron a la cancha, calentaron y se acomodaron en una línea para cantar la canción nacional. Yo estuve callada, pero Peeta aquí a mi lado, casi se desgarra la garganta cantándola, igual que los hombres que tenía al otro lado.

El partido estuvo bastante bueno, aunque era raro porque no escuchabas a los comentaristas, sin embargo, Peeta les ganaba por mil, básicamente se dedicó a hablar con los hombres a mi lado, y la señora de la familia también se unió, así que entre todos maldecían al árbitro cada vez que podían. Vi a unas personas sacándonos fotos, pero no se acercaron para saludar ni nada. Era raro.

Estaba todo el mundo de pie, por lo que yo también me levanté, tenía que mantenerme activa sino me congelaría aquí. – Pásala. Pásala – gritaba Peeta a todo pulmón. Y justo ahí, Inglaterra metió un gol.

Quedé sorda.

Al termino del partido, esperamos que la mayoría de la gente saliera para comenzar a movernos. Tuve que bajar por las malditas escaleras de nuevo. Fue un poco caótico salir del estadio, porque algunas personas nos vieron, pero en general, el día estuvo tranquilo. Peeta aún estaba emocionado sobre el juego y no paraba de hablar de eso, conmigo no mucho por supuesto, pero se encargó de llamar a Thresh mientras volvíamos al hotel y a Chaff una vez que llegamos ahí. Discutieron cada uno de las jugadas de cada miembro del equipo y de cómo afectaba a la tabla de puntuaciones según cada país. Ah, y también llamó a su papá.

Como estaba aburrida, aproveché de estudiar la parte del libreto que tenía que enviar como audición para la película turca. Aun no estaba muy segura de cómo se harían las cosas y todo eso, pero Madge me había dado un documento donde salían los nombres de la producción, la mayoría turcos con una unidad especial de americanos, y sobre las locaciones y los tiempos. En varios meses más empezarían, así que estaba bien con eso. En caso de que me eligieran, claro.

- ¿Qué es eso? – preguntó Peeta dejándose caer en el sofá frente a mí, después de cortar (¡finalmente!) la llamada. Lo cerré y le mostré la portada, se inclinó un poco para tomarlo y lo fue hojeando. – Umm… ¿Turquía?

- Si – sonreí - ¿No es genial?

- Turquía queda lejos – Dijo. Oh, grandes pensadores.

Lo miré fijamente – Se dónde queda Turquía. – Peeta tenia una cara rara. - ¿Algo te molesta?

- Yo… no lo sé … solo…- balbuceaba sin sentido. No podía seguirle el ritmo - ¿no deberíamos conversar de estas cosas?

Esperen un momento.

- ¿Disculpa?

- Si… yo… te digo sobre lo que estoy trabajando… creo que tú... no se… más si es tan lejos.

- Peeta, no sé qué demonios está pasando aquí. - ¿Cuál era su problema?

- Nosotros deberíamos hablar sobre esto. - logró decir después de otro rato de balbuceo.

- Por Dios, Peeta, aun ni siquiera envío una audición.

- Si, pero… como… si te fueran a decir que no. – me reprochó.

Me aparté, confundida - ¿Y esto es algo malo?

- No es … - Peeta se tapó la cara con las manos y respiró profundo – No es lo que quiero decir.

- ¿Entonces qué es lo que quieres decir? – más le vale que no vaya por el camino que creo que irá, porque es un oscuro lugar. Un frio y oscuro lugar.

- Deberías decirme… yo siempre te digo-

- ¿Crees que te oculto cosas? – yo nunca le he dicho mentiras, él sabe cuánto las odio. Aunque no sé si estamos hablando de eso, aun no entiendo el problema.

- No me dijiste que paneabas irte a... Turquía por quizás cuanto tiempo.

Suspiré: - Aún no es-

- No me dijiste… que tus padres no tenían trabajo.

Lo miré fijamente ¿no le dije? – No es un secreto. Supongo que no se me ocurrió.

¿Ese era el gran asunto aquí? Además, eso era hace tanto.

- No me dijiste que tu familia planeaba irse de vacaciones a Nueva York sin ti.

Oh, por Dios. ¿De dónde sacó esta lista de cosas que no le había dicho?

- ¿Por qué sacas el tema de mi familia? – Peeta ya había hecho esto antes, cuando se ofuscaba por algo, hablaba de mi familia.

- O que tus "grupo de amigos" se había separado. – Él, enserio hizo las comillas con las manos.

- ¿Quieres que siga siendo tan amiga de Marvel como siempre?

Rodó los ojos: - Hablo antes de eso.

- ¿Cómo es que sabes todas estas cosas?

Y, de nuevo, cambió el tema: - ¿Qué pasará cuando dejemos de trabajar juntos? ¿vamos a llamarnos de vez en cuando si estamos en lugares diferentes?

- Peeta estas mezclando tantas cosas en una.

- No, porque todo se trata de lo mismo; lo poco que confías en mí. - ¡Eso es una maldita mentira!

- Yo si confío en ti.

- Yo puedo ayudarte. Puedo hacerte sentir mejor, como mínimo. - Pasó las manos por su pecho.

- Lo sé.

- Y, me enoja que no pienses en mi cuando algo te pasa.

Claro que se lo digo. Fue a quien llamé cuando esas niñas entraron a mi casa, él es el único que sabe sobre lo de mi papá ¡incluso él fue quien me aconsejó! ¿Cómo es que puede decir eso?

- Yo-

- Porque se supone que esas cosas hacen las parejas y si no ¿de qué clase somos? ¿solo para coger y pasar el rato?

Se había pasado de la raya, y él también lo sabía. Respiré profundo antes de que un vomito verbal saliera de mí y digiera cosas que ni siquiera siento. Tomé más aire, pero era difícil.

- No sé qué quieres de mí. - le dije - ¿Quieres que este pegada a ti todo el día y te cuente cada vez que voy a cagar al baño? ¿No quieres que vaya a Turquía? ¿Quieres que te siga a todas partes sin importar mis planes? No entiendo nada.

De repente, me sentía sofocada. No sabía que más decir, ni qué rayos quería Peeta. Tomé mi abrigo y una bufanda y salí de ahí.

- ¿Adónde vas? – Me preguntó Peeta cuando estaba a punto de cerrar la puerta.

- Voy a caminar un poco, amo, ¿puedo hacerlo? – Rodó los ojos y cerré la puerta fuerte para que se notara lo enojada que estaba.

Vi a Plutarch caminando por el pasillo del hotel, pero lo ignoré, bajé por el ascensor y decidí que tenía que caminar hacia la izquierda cuando salí del vestíbulo. Hacía mucho frio. Aún estaba la decoración de navidad en las calles y el asfalto estaba mojado por la lluvia de esta mañana. Debí haber traído un paraguas, por si acaso. Caminé rápidamente por un par de cuadras hasta que regulé mi respiración y mis piernas comenzaron a arder, pero no volví. Seguí caminando tranquilamente por la acera, mezclándome con la gente, mirando los escaparates de las tiendas, buscando algo en que desperdiciar el dinero, pero le encontraba algo negativo a todo. La ropa podría tener tallas diferentes asi que no podía llevarle nada a Prim, los pequeños recuerdos eran demasiado delicados para llevarlos en la maleta el resto del viaje, los libros estaban en otro idioma. Las flores estaban bonitas, pero no sabría qué hacer con ellas.

Después de un rato de dar vueltas, me di cuenta de que debería estar pensando en mi pelea con Peeta, y en cómo íbamos a arreglarlo. Pero también pensé que 1) era nuestra primera pelea real y 2) no sabía qué hacer, 3) aún no tenía ni idea cual era el problema de Peeta, 4) no quería entrar ahí y cagarla más aun, 5) no había traído mi teléfono como para llamar a Annie y que me dijera que mierda tenía que hacer. Así que solo me dediqué a vagar por ahí.

Caminé en línea recta para saber por dónde debía volver, vi una enorme casa que casi parecía un palacio donde había un café, así que me atreví a cruzar la calle para entrar ahí. El mal olor a café me golpeó de inmediato, y mientras esperaba en la fila me puse a ver las lindas molduras que había por todas partes en las paredes. Logré decir lo que necesitaba en un precario español, pero conseguí comprar mi taza de té. Como el olor era tan fuerte adentro, subí a la pequeña terraza del segundo piso para beber mi té tranquilamente

Había muchas parejas ahí, lo que hizo que me sintiera un poco miserable. Cuando bebí mi primer sorbo, ya estaba medio frio el bendito té. Todo me salía mal. Una señora vino a pedirme la silla que estaba frente a mi (o eso creo) lo que hizo que algunas personas giraran sus cabezas en mi dirección. Yo di vuelta la mía hacia la calle por donde venia caminando. La gente parecía ir rápido para todos lados y hablaban muy fuerte.

Bien, me dije a mi misma, es tiempo de pensar en lo de Peeta, así que obviamente no se me ocurrió nada en ese minuto. Supongo que tiene algo de razón, no hablo mucho de mis cosas con él, pero creo principalmente que es mi forma de ser, no es que no confié en él, es probablemente una de las pocas personas que me agradan verdaderamente en el mundo. Ahora, debo admitirlo, él si me dice cuándo se va a ir lejos (o está pensando en hacerlo) a trabajar. Y lo aprecio, porque así puedo planear qué hacer para no morir de aburrimiento por mi cuenta, aunque supongo que ahora que vivimos en la misma casa, si debemos cambiar algunas cosas. Ugh. Me siento como una mujer casada.

Las personas a mi alrededor hicieron un gran ruido arrastrando las sillas contra el piso al levantarse rápidamente, me giré a ver por qué tanto escándalo y no logré captarlo. Claro, después de sentir como un diluvio caía en mi cabeza me di cuenta de todo. Estaba lloviendo. Y no traje paraguas. Tomé la taza y el plato que me habían dado para ir a entregarlo, toda la gente estaba abrigándose y abriendo sus paraguas. Habían dos opciones para mí; quedarme un rato más a esperar que pasé un poco la lluvia, o caminar rápido al hotel esperando no llegar convertida en pez.

Diez minutos después, quise golpear m por ser tan tonta, lo que estaba quejándome por la lluvia, no era nada en comparación con la enorme tormenta que había ahora. Me resigné y disfruté del cálido ambiente antes de salir a la lluvia. Por dios, hacia tanto frio. Seguramente me veía como una estúpida sin paraguas bajo esta lluvia, apuesto a que todos sabían lo que pasaría, claro, el cielo lo anunciaba, y que ayer en la noche lloviera también era una clara advertencia. Camine u por la calle apenas una cuadra cuando paró de llover. No, no había parado. Miré hacia arriba y en vez de cielo, encontré una tela roja cubriendo mi cabeza. Peeta la sostenía. Ni siquiera me miró, solo me hizo una seña para que siguiéramos andando. Sonreí.

Amaba tanto a este idiota.