Uy, uy, cuanto tiempo. Mucha gente seguramente me odie como autora. Porque actualizo …. cuando básicamente puedo y me da la gana. Creo que hubiera dejado de hacer esto hace tiempo si no fuera porque aún hoy día sigo viendo mensajes y comentarios acerca de obras ya acabadas. Y por otro lado, me encanta escribir y quiero acabar esta historia. Cuando la pensé, realmente no iba a ser tan larga, ya que era cómica. Asi que intento que las cosas sucedan más deprisa y lleguemos a los acontecimientos finales.

Ya que mi adordado esposo Isayama ha decidido acabar su manga este año, pues yo también con esta historia. Luego no se que será de mí. Si continuaré escribiendo o si, por otro lado, lo dejaré. O al menos de manera pública. Se que ahora existe wattpad y es muy similar a fanfiction. Aún no lo he utilizado jamás, así que no se muy bien cómo va. Pero me gustaría transferir mis historias allí.

Por otro lado, debo decir que podéis agradecer a Isayama el que yo me haya puesto a escribir ya que sabéis que este fanfic es 100% levihan y auretra. Y claro, Auruo y Petra llevan criando malvas muchos años. Pero Levi y Hanji no, y el capítulo 115 del manga me ha destrozado viva. Tanto, que tenía que escribir.

Disclaimer: snk pertenece a un señor japonés que últimamente le gusta jugar con los sentimientos de su fandom.

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Intimidad. Ese era un concepto al que se había visto obligado a renunciar hacía tiempo atrás. Hubo una época en la que podía alardear de que en su hogar no entraba nadie que él no autorizase. Que a cierta hora, cuando él quisiera, podía cerrar las cortinas que indicaban que era de dia y recostarse en su sofá mientras leía un libro.

La intimidad era un privilegio, de eso estaba seguro. Un privilegio del cual no todos podían gozar. A sus escasos 25 años, decidió que no podía seguir viviendo en el hogar familiar. Realmente aquella no era su familia, solamente unos amigos de sus padres que tras su fallecimiento decidieron adoptarle. Darle un techo bajo el que vivir. En aquella época debía reconocer que eran extremadamente respetuosos con sus manías y costumbres. Que rara vez entraban en su habitación sin su permiso. Pero él necesitaba vivir sólo y poder realizar aquellas acciones las cuáles no percibía que podía hacer en aquel hogar tan "protocolar". Dónde la visita a medianoche de una mujer era algo impensable.

A lo largo de los muchos años que vivió allí, pudo oír a su hermanastro traer a varias de esas chicas a espaldas de sus padres. Más de las que cualquiera habria podido intuir por su aspecto recatado. Pero ese no era el estilo de Levi. Intimar con una mujer era algo que ya de por sí le resultaba complicado. Dormir con una mujer era algo demasiado extraño, demasiada cercanía, adiós a su intimidad. Pero ese esquema comenzó a cambiar cuando comenzó a vivir solo. En un piso que encontraron sus padrastros y en el cual le permitieron vivir tranquilamente. Pocos años después de acabar sus estudios comenzó a dar clases y poco a poco pagarle a sus padrastros el dinero que había costado aquel hogar. Pagar por la intimidad y soledad que tanto deseaba.

Pero hacía algún tiempo que aquella soledad se habia visto abruptamente interrumpida. Por un lado, la intimidad desapareció cuando un mocoso de 18 años tenia que vivir allí porque no podía pagarse el transporte que implicaba ir cada día desde su casa en un pueblo lejano hasta la universidad. Dos horas de camino en tren tampoco eran tanto. Si hubiese madrugado no tendría que vivir con el mocoso.

Debía reconocer que era limpio y le hacía caso en todo lo que le decía. Pero era ruidoso, muy ruidoso.

Había desarrollado una extraña constumbre de tomar duchas extremadamente largas antes de acostarse. Incluso aunque el sonido del agua lo acallase parcialmente, no le cabía duda de lo que hacia en aquella ducha cada noche. Aunque era excesivamente pulcro. No dejaba ni un sólo rastro de que él hubiese entrado en aquella ducha. Ni un sólo cabello ni rastro de jabón. Cada noche, un intervalo largo de ruido en la ducha, y luego, olor a antiséptico y lejía.

Las visitas del mocoso. Al principio sólo era visitado por su exalumna. Que era casi a diario. Pero últimamente se veía rodeado de críos rondando por su casa llamando a la puerta de su inquilino cada dia. Un tropel de ruido cada mañana, risas y carcajadas mientras oía sus llantos lastimeros mientras era arrastrado puertas afuera.

Si pretendían llevarse al mocoso para cualquiera de las estupideces que hacían con él, podían hacerlo en silencio.

Pero, sin duda, la mayor causa del ruido en aquella casa era la mujer que le sonreía al otro lado de la mesa. Parecía excesivamente satisfecha con haber puesto su ordenada vida patas arriba. Por un lado, sus extraños hábitos de sueño. Tal vez él no pudiese criticar esto con gran vehemencia, dado que apenas dormía regularmente unas cuantas horas diarias. Pero Hanji podía pasar casi una semana sin dormir ni una sóla hora. Sobretodo si algo le apasionaba. En ocasiones, en sus alardes de insomnio, arrastraba al mocoso a la sala de estar para contarle los mil y un descubrimientos que había realizado tras leer un libro que databa de cuatrocientos años atrás en los que se hablaba de una civilización perdida caníval. Y eso solo implicaba más ruido, y menos intimidad.

Era ella quién abría la puerta a los molestos visitantes, quién abría la puerta del mocoso de par en par para que sus amigos se lo llevasen a rastras de allí. Quién invitaba a la mocosa a espiar al mocoso en la ducha. Quién organizaba absurdas fiestas para festejar que el mocoso iba a utilizar lo que le colgaba de la entrepierna para algo más que para macharsela.

Es cierto, mientras su mente divagaba, Hanji había sacado un ejemplar de su mejor reserva de vino. Algo poco común que consiguió en un viaje años atrás a Egipto. Y lentamente lo servía a todos los comensales de aquella mesa. Recorrió la zona con la vista con tranquilidad.

En un extremo, la culpable de haber dado a luz al dolor de muelas que habitaba su casa. Y, sin embargo, la más tranquila y callada y menos molesta. En ocasiones solía hablar con ella por teléfono debido a la preocupación por el mocoso. En ocasiones aportaba datos interesantes para la instrucción del mismo.

En el otro, los dos amigos del mismo. El chico rubio pasaba el brazo por el hombro de su amigo mientras anotaban en un papel una absurda apuesta. Parecían estar anotando minutos o segundos. Algo relacionado con cuanto tiempo aguantaría el mocoso tras meterla.

Y por último, frente a él, Hanji, que seguía sonriente. Impasible ante sus ojos que no paraban de demandarle paz y privacidad. Echar a toda aquella gente de su casa que ese día había decidido personarse en su casa para celebrar que Auruo iba a perder la virginidad.

- Apuesto 20 a que Auruo no aguanta más de quince minutos – comenzó a anotar en la hoja de papel Gunther mientras no paraba de reírse.

- Gunther, no seas cruel. Hay que ser más benevolentes. Hanji apunta: yo apuesto 30 a que aguanta más de 50... segundos.

Risas disonantes.

- Profesor, usted que piensa, ¿aguantará Auruo un primer asalto o se caerá de espaldas al ver a Petra desnuda en la cama?

- No me importa una mierda lo que aguante el mocoso – increpó mientras pensaba iros ya de mi casa de una maldita vez.

- Va, Levi. Tú eres su profesor – recriminó Hanji al otro extremo de la mesa – Si tú no juegas no es divertido.

- ….

- Venga...

-...

- Tú le has enseñado todo lo que sabe. Es cómo si fuese tu soldado. ¿Cuánto crees que aguantará el soldado en la batalla preparado por el hombre más fuerte de la humanidad? ¿10, 12 minutos?

-...- resopló en silencio mientras se arrepentía de dejarse llevar por las locuras de aquella mujer – Una hora – finalizó.

Toda la sala se quedó en silencio, mientras solo la madre de Auruo seguía bebiendo son suma tranquilidad. Dejó su apuesta encima de la mesa mientras Hanji anotaba impresionada y aún sonriente. En voz baja se oía resoplar a los amigos de Auruo asombrados si era capaz de acometer semejante proeza en su primera vez.

Aquel silencio se interrumpió de manera cortante cuando un pesado fajo de billetes se estampó contra la mesa. La madre de Auruo había sacado todo lo que llevaba encima en ese momento. Sabia perfectamente que aquella extraña serie ideada por su marido e ilustrada por ella estaba siendo un éxito, tanto como para poder confiar una apuesta tan grande a la virilidad de su hijo.

Todos miraban con atención a la mujer mientras bebía otra copa con tranquilidad de aquel vino agridulce. Su madre, quién más esperanzas debía poner en que su hijo le diese nietos alguna vez en su vida. ¿Cuánto diría ella? ¿Hora y media? ¿Dos? Parecía muy tranquila mientras Hanji apuntaba la cantidad total de su apuesta en aquella servilleta. Erd tragó saliva, ya le había ganado en tamaño, si también le ganaba en duración...

- ¿Y bien, señora Bossard? ¿Cuál es su apuesta?

- Auruo... - otro sorbo a aquella copa – Si es tan subnormal como su padre, no aguantará nada más meterla. Así que espero que Petra tome la píldora.

Otro sorbo y aquella copa se quedó completamente vacía.

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Sabía perfectamente que aquella clase especial por la mañana solo había empeorado la situación. Cuando habló con Hanji días atrás le sugirió algo especial para regalar a Petra como felicitación por haber acabado con todo y comenzar su futuro como doctora. No obstante, cada vez se arrepentía más. Notaba que le sudaban las manos mientras subía las escaleras hasta su piso. Aún recordaba la mirada de su madre, que se había quedado en casa de su profesor mientras él se iba para felicitar a Petra. Había insistido en acompañar a su madre a casa, a la estación de tren o a donde fuera. Lo suficientemente lejos como para no ver su cara al día siguiente tras lo que debía pasar aquella noche.

Más sudor en sus manos.

¿Todas las personas se ponían tan nerviosas cuando se disponían a hacer algo así?¿Y si Petra no queria? Sabía que había ido a ver a su madre aquella misma mañana. Mientras él sufría la humillación de aprender a ponerse un condón, Petra había estado sola visitando a su madre. Habría deseado tanto poder estar con ella en ese momento.

Sabía perfectamente que hacia mucho tiempo que no visitaba aquella tumba. A escondidas de ella, había ido con Hanji a visitarla. Eran dos losas idénticas una al lado de la otra. Debido a su gran amistad. Decidieron que sus madre debían descansar juntas, por lo que habían implicado en sus vidas. Hanji solía ir más a menudo de lo que reconocia y tenía ambas perfectamente cuidadas. Era algo extraño en ella, jamás hubiera dado por sentado que una persona tan desordenada sacase tiempo para ir a arrancar las malas hierbas de dos tumbas.

Y, cada vez más a menudo, solía ir el sólo a realizar dicha acción.

Se paró frente a la puerta de entrada mientras repasaba todo. Aliento: listo. Ropa interior limpia y nueva: listo. Axilas: listo. Cabello: cepillado y listo.

…...

…..

Preservativos...Para su desgracia, listos. No recordaba cuantos le habían regalado en los últimos años. Sobretodo su profesor y su propia madre. Pero aquella mañana recibió muchos más de los que pensaba utilizar el resto del año, con suerte. Y ahora abultaban en el bolsillo trasero de su pantalón, amenazando con caerse de un momento a otro y provocarle otro acto ridículo similar a los que ya habia pasado anteriormente.

Su mano temblaba mientras acercaba su dedo al interruptor. Notó que la vibración de su dedo se transmitía al timbre pues sonó de manera disonante.

Respira hondo, se repetía a si mismo.

Y aquel caracteristico ruido de cerrojos. Abriéndose uno tras otro.

- H-hola Petr-

Antes de que pudiera acabar su frase, sus pequeños brazos se abalanzaron a su torso rodeandolo mientras sus lágrimas comenzaban a empapar su camisa. Tal vez aquel no había sido el mejor dia para decidir perder su virginidad.

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El delicado satén de las sábanas acariciaba su piel desnuda, expuesta ante sus ojos y pareciendo cada vez más apetitosa. Sus manos bajaron hasta la base de su vientre y la atrajeron hasta sí, aspirando el cítrico aroma que salía de su pelo.

- Dime Levi, ¿a qué edad perdiste la virginidad? - ahora que por fin reinaba el silencio y las pesadas visitas se habian largado se obstinaba en hablar.

- No me acuerdo. - Ignorando su pregunta comenzó a besar su cuello mientras apartaba los mechones sudados que caían por su nuca.

- ¿Con quién fue? ¿Cuánto duro? ¿Dónde fue?

- …...

- ¿Era guapa? ¿O fue un chico?

- …...

- …... - los ojos de ella le penetraban las sienes mientras le miraba en silencio. Sabía que no pararía hasta que respondiese.

- Tenía ventinún años. Era una compañera de la universidad, no la recuerdo muy bien. Te dije que hace años hice cosas de las que no me siento muy orgulloso... - sus ojos continuaban penetrandole sin pestañear - … Erwin la conocía mejor que yo. Era amiga suya o algo así, y me la presentó. La típica chica de buena familia que buscaba marido...

- Sigue.

- Pero Erwin estaba obsesionado con una camarera de la cafetería y le daban igual las estudiantes nobeles. Así que cuando sus padres insistieron en que saliese con ella, la guió hasta mí. Y fue muy pesada e insistente. Me buscaba cada vez que salía de clase.

- ¿Crees que ella aspiraba a estar contigo por el dinero de los padres de Erwin?

- Eso creo. Pasó un año acosándome. No sabía como quitármela de encima. Así que me acosté con ella...

- …... - ojos penetrantes ¿le juzgaban o le escuchaban con mera atención?

- Era un mocoso. Un imbécil. Una chica se insinuaba constantemente, y por un momento pensé que lo mejor sería aprovechar la situación. Y me equivoqué – antes de que ella pudiese abrir la boca para articular otra de sus extremadamente sinceras preguntas, volvió a hablar – No, no lo disfruté. Recuerdo que chillaba de manera exagerada y ni siquiera sabia si lo que hacía estaba bien o no. Creo que ella interpretaba que podría retenerme si se acostaba conmigo y fingia que tenia orgasmos brutales, así me cazaría y podria acceder al dinero de los padres de Erwin.

- ¿Y qué hiciste?

- La rechacé.

- ¿Y qué ocurrió al final?

- Me gané la fama de ser un donjuan por acostarme con una compañera. Ella mintió acerca de que yo la seduje para luego ignorarla. Fue un gran error. Asi que decidí no involucrarme más con mujeres.

- ¿Y qué hay de las otras? Porque fueron más de una...

- Pasé el resto de la carrera esquivando al resto de mis compañeras. No quería revivir esa situación. Cartas dejadas a propósito en mi maletín o notas en mis apuntes. - si se fijaba con atención, podía ver que sus pupilas se dilataban con asombro – Creo que han sido unas cuatro o cinco. Sin contarte a tí. - había un dato que ella recordaba y que parecía incriminarle con su mirada – Sólo dos veces pagando.

- ¿Quién fue la última antes que yo?

- No creo que quieras saber eso...

- Por supuesto que quiero.

- …... - resopló en voz baja – Una compañera del departamento. Probablemente la habrás visto o reconocerás su nombre. Es una de los profesores que van a estar presentes en tu lectura de tesis. Insistió efusivamente en ser una de ellas pese a la oposición de Erwin.

- ¿Tú exnovia va a ser una de mis jueces?

- No es mi exnovia. Jamás salí con ella. Solo fue una vez.

- Ahora entiendo porqué insistías tanto en que no me relajase. ¡Sabías que esa mujer iba a ser una de mis inquisidoras!

- …...

- ¿Desde cuando lo sabes?

- Erwin me lo dijo hace cuatro meses. Pero no hubo confirmación hasta hace medio mes. Lleva bastante tiempo celosa de tí, incluso amenazó con retirar mi tutoría de tu tesina alegando que no podía tener una relación con una estudiante. Aunque de eso hace ya tiempo.

- Un momento, ¿cuándo yo entregué mi solicitud para el cambio de tutor?

- La recogió ella y la leyó personalmente. Se presentó petulante delante de Erwin diciendo que era un agresor sexual y que estaba acosando a una ex-alumna al igual que la había acosado a ella. Que sepas que tu indesición por poco me cuesta mi trabajo.

- …... No tenía ni idea de eso – sus dedos se encontraron con los de él bajo las sábanas mientras le acariciaba en modo de disculpa - ¿Por qué me odia? Cuando Erwin habló en privado de nuestra relación conmigo me dijo que había conseguido desviar el tema alegando que tu profesionalidad no se veía obstaculizada por nuestra relación. Que debía llevar el anillo para que así creyesen que estábamos casados y que aún así tu eras los suficientemente profesional cómo para distinguir trabajo de placer.

- Erwin tiene demasiada labia.

- ¿Qué quieres decir con eso?

- Para que la junta no me alejase de tu proyecto me bloquearon la mitad de mi salario hasta que tú presentes la tesina. Y si no es exitosa, me juzgaran y probablemente redimiran mi puesto a otra persona.

- Espera, ¿qué? - Se levantó súbitamente de la cama hasta encararse con él - ¿Sabiendo que tu puesto está en juego me pides que viva contigo? ¿Acaso eres idiota?

- …...

- ¿Por qué nunca me has contado esto? Sabes que yo trabajaría igualmente aunque tú no fueses mi tutor. Soy consciente de que a veces no percibo que el tiempo pasa más deprisa de lo que desearia y que pierdo mucho tiempo con algunos datos apasionantes. Por ejemplo, el otro día descubrí que frente al proceso de homeoplastia hay algunos gérmenes que-

- Hanji, basta.

- …. ¿Por qué no renunciaste? No me gustaría que te quedases en el paro solo porque yo pase las noches contigo.

- …... - sus grises ojos reflejaban la luz del techo que tintineaba debido a la frágil brisa que entraba por la ventana – Me gusta escucharte. - Otra vez iba a abrir su boca para decir algo y volvió a interrumpirla – Dices muchas estupideces, cosas que no entiendo. Tu mente trabaja de una manera totalmente distinta a la mía. Caótica y sin sentido... Pero eficaz... Aprendo de tí... Si otra persona fuese tu tutor, me perdería escucharte hablar a las 4 de la mañana de los excrementos de los miriápodos. No me gustaria cederle ese honor a otro imbécil.

- También eres el único que sabe hacer que me concentre cuando un experimento no sale bien y tengo que repetir todo de nuevo.

- Y también soy el único gilipollas que es capaz de aguantarte hablar durante 7 horas sin comer ni descansar. ¿Te cabe alguna duda de por qué decidí seguir llevando tu tesina?

El silencio volvió a reencarnarse en la habitación mientras sus miradas se cruzaban con cautela. Su mano se habia alojado en la palma de la de él. Los viejos anillos que llevaban desde hacía un tiempo chocaban entre si provocando un sonido sordo.

En ocasiones, cuando aquella intimidad reinante se personaba, podía escuchar los latidos de su corazón, siempre acelerados, pasionales. Había llegado a tener pesadillas en las que verse a sí misma, sujetando su pequeño cuerpo entre sus brazos y no sentir aquellos latidos.

Su mano bajó hasta su muñeca hasta sujetarla con firmeza.

- ¿Tan malo fuiste en la cama para qué esa profesora haya decidido intentar joderme la vida? - recriminó mientras jugeteaba al mismo tiempo que asía su otra mano.

- …..A veces Erwin me obliga a ir de viaje de negocios. Típica morralla para dar la cara y que nos den subvenciones. Creyó que era el adecuado. Y ella se presentó voluntaria. Tardó solo una noche en presentarse desnuda en mi habitación. Me pidió tener una noche...íntima. Sólo una noche...Y le creí - sus ojos se posaron sobre el cuerpo de ella, completamente desnudo y sentado sobre su torso. Una mejor visión que la que tuvo aquella noche.

- ¿Y bien?

- Al día siguiente, llamé a Erwin para decirle que queria irme de allí si aquella mujer iba a venir todas las noches del congreso a intentar acostarse conmigo. Erwin se cabreó conmigo. Típico blablabla de que no debería haberme acostado con una compañera de trabajo. Fue hostigante.

- Y todo eso ocurrió antes de que yo entregase mi informe para la solicitud de un tutor.

- Recuerdo que Erwin lo estaba leyendo en su despacho mientras me daba algunos informes de otros alumnos que habían solicitado mi tutoría.

Su mente divagó hacia el pasado. En aquel angosto despacho. Observando aquel pedazo de papel mientras Erwin le relataba como aquella profesora había comenzado a tantear sus posibles opciones maritales si continuaba intentando cortejandolo. Otra mujer que iba sólo a la cama por él por dinero. Por un posible ascenso. Por pertener a una familia adinerada. A la que él realmente no pertenecía, sino que era tan sólo el mero hijastro de un puñado de desgraciados que decidieron acoger en su seno a un delincuente que no sabía que hacer con su vida tras la muerte de sus padres.

Y entre aquel montón de papeles, mientras su hermanastro le daba consejos para rechazar a aquella mujer y que diezmase su insistencia, leyó un nombre de soslayo. Tal vez escrito con la peor letra que jamás había podido leer. Pero escrito con tanta pasión, que el surco que formaba la tinta sobre el papel parecía que iba a atravesarlo.

Erwin... Si acepto alguna tutoría, ¿me dejarías elegir al estudiante?

¿Vas a aceptar a alguna de tus estudiantes de anatomía? Tengo bastantes solicitudes.

No,...recogió aquel amasijo de papeles desordenados que firmaban bajo un sólo nombre. Quiero aprender algo distinto. Tengo muy vistas a mis alumnas. ¿Qué había en aquellos papeles que les atraía tanto? Me gustaría encargarme de ésta.

¿Hanji Zoe? La conozco. Moblit Berner fue su tutor durante la carrera y por eso ella solicitó la tutoría con él. Aunque creo que necesita alguien que sepa guiarla mejor. En ocasiones creo que Moblit se redime ante ella y no es capaz de centarla. Como si los roles se invirtieran. ¿Serás capaz de aguantar a una mujer dominante cuyo sentido del orden puedes ver aquí mismo en su carta de recomendación?

.Será interesante conocer a una mujer que es capaz de escribir así.

Será divertido observar que sale de todo esto.

Su mente volvió al presente mientras ella yacía recostada a su lado, ignorando aquel lapsus mental que había tenido divagando hacia aquel primer contacto.

- Te elegi porque eras diferente – finalizó.

- ¿Eh? - Hanji volvió en sí al entender aquella respuesta que había sido meditada durante tanto largo rato.

- Erwin es alguien influyente. Siempre he estado cerca de él. He conocido a muchas personas en mi vida. La mayoría de ellos iguales: aburridos, monotemáticos, insustanciales. Y tú eres distinta. Has sido distinta a mis antiguos alumnos, a los nuevos. A otros compañeros de profesión. A cualquiera.

- A mi también me gustas porque eres un bicho raro.

- Tché.

Sus brazos se cerraron en torno a su cuello mientras él se abrazaba a su cintura y dejaba que sus labios se hundiesen con fiereza en su boca. Y paró. Podía ver sus ojos virando hacia una diminuta máquina que brillaba en el mueble que adornaba el pasillo junto a la cama. Un mensaje.

Y aquella noche, sabía que iba a ir corriendo a leerlo. Tremendamente interesada por todo lo que pudiese pasarle al mocoso con su antigua alumna. Gruñó en voz baja mientras ella leía con detenimiento el mensaje e iba riendo a cada frase que leía. A veces, según la intensidad de sus risotadas podía diferenciar si era un mensaje de Auruo o de cualquiera de los otros.

Las risotadas eran bajas mientras se cubría la boca con la mano. El mensaje era sobre el mocoso.

- Rivaille... - se giró hacia él en actitud juguetona – Acabas de perder tu apuesta.

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Cuando sus lágrimas estaban ya secas, depositó el ramo de rosas que había traído consigo justo en la intersección de las dos tumbas. Como sabía que solía hacer Hanji cuando venía.

- Parece que cada vez viene más a menudo – observó mientras pasaba el dedo por la fria piedra contemplando lo limpia que estaba. Ni tan siquiera atisbo de moho – Tal vez el profesor haya venido con ella, porque esto está demasiado limpio para ser ella.

Cuando se disponía a volver sobre sus pasos, sus pequeños zapatos tropezaron con una pequeña tablilla que estaba atornillada al suelo. Las pequeñas hierbas que habían crecido en los últimos días apenas le había permitido verla. Y ahora estaba semioculta. Parecía un grabado a madera que mostraba dos retratos de dos mujeres que le resultaban familiares. Era como una especie de retrato de Hanji y ella misma. Solo que algo diferentes y con otro estilo de peinado.

Se arrodilló sobre la vieja tablilla y comenzó a acariciar los trazos. No recordaba que Hanji le comentase acerca de hacer algún tipo de grabado honorífico a sus madres. Nunca se habían conocido. Aunque si lo hubieran hecho probablemente se hubieran llevado bien. A veces pensaba mucho en aquello. Si su madre no hubiera muerto tan joven, tal vez hubiera sido la doctora de la madre de Hanji y tal vez estaría viva.

Demasiadas conjeturas en su mente. Y demasiadas posibilidades. Todo era posible. Y al mismo tiempo, no. volvió a acariciar la madera, protegida con alguna especie de barniz permeable. Protegido de la lluvia. Aquellos trazos le eran familiares. La manera en que se hacían las hendiduras en el cabello. La pasionalidad que se veía en los ojos.

No le costó demasiado adivinar al dueño de aquel pequeño grabado. Que parecía haberlo traído a escondidas sin decirle nada.

- Eres tan tonto... -

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Sus brazos se cernían cada vez con más fuerza. Intentó pensar deprisa. ¿Qué podía haberle pasado?

Dudaba que fuese algo relativo a la tesis ya que el profesor le había adelantado que no tendría problema con ningún miembro de la mesa de debate.

Tampoco creía que tuviese que ver con su padre.

Ni con Hanji ni el profesor.

Le asaltaban las dudas. ¿Tal vez algo que hubiese hecho? Intentó recapacitar acerca de que había podido hacer. No se había vuelto a olvidar de su propio cumpleaños ni ninguna fecha significativa. Ni tampoco ningún examen. ¿Acaso sabia algo de sus duchas en casa del profesor y había vuelto a enojarse con él?

- Me rindo... - finalizó. El cerebro le ardía mientras intentaba pensar porque lloraba – N-no se que he hecho, pero te pido perdón p-por adelantado. - ¿Tal vez su padre había vuelto a subastar algún dibujo de Petra? Recordó llevarsélos todos a la ciudad para que no tuviese acceso a ellos. ¿O algo relativo a su madre?.

- ¿Cómo?

Petra se separó de él extrañamente sonriente mientras se secaba las lágrimas. ¿Lágrimas de alegría? Tal vez estuviese aún más contenta de lo que creía por los miembros que la escucharían dentro de unos meses en su defensa.

- He visto... el regalo que dejaste en la tumba de mi madre.

- …... - Se quedó sin habla. Recordaba haber ido hacía un año atrás con Hanji y enseñarle aquellas pequeñas lápidas descuidadas.

Mientras le hablaba de aquellas dos mujeres y cómo perdieron la vida empatizó un poco con Petra. Él tenía a sus dos padres, y ninguno de los dos se había encontrado nunca en ninguna situación semejante. Todos sus hermanos estaban sanos, pero las madres de ambas no estaban.

Su pequeño plan consistía en hacer un pequeño esbozo y dejarlo a modo de tributo entre aquellas modestas lápidas.

Recordó el día que se lo comentó a Hanji y cómo ésta le sugirió llevar a Petra a ver la tumba de su madre dentro de varios meses. En el aniversario de su muerte. Ya que Petra no iba nunca al cementerio. Pero, irónicamente, ese día había decidido ir y su sorpresa se había adelantado.

- ¿S-sorpresa? - esbozó una sonrisa tímida sin saber que decir.

- Me ha gustado mucho. - sus dedos se posaron sobre su camisa mientras jugueteaban con el tercer botón – No sabía que pudieses ser tan detallista.

- B-bueno. - carraspeó – A veces no te das cuenta, pero soy más detallista de lo que crees. Deberías de estar contenta de tener junto a tí a un hombre tan eficiente cómo yo.

- …... - Petra se giró hacia él con una evidente mueca burlona – ¿Ah, sí? Aún recuerdo cuando te pedí la semana pasada que me trajeses algodón estirilizado para limpiar las probetas de la consulta y me trajiste una caja de tampones.

- ¡Eso no es culpa mía!¡Hanji estaba conmigo en la universidad y me dijo que ella los limpiaba con eso!

- ¡Deberías haberle preguntado al profesor! ¿Desde cuando Hanji es un buen ejemplo para preguntar acerca de limpieza? - ¿acaso no se daba cuenta que cuando ella le respondía eso era para gastarle una broma pesada?

- ¿Y que pasa con la vez que te traje los guantes de nitrilo? ¡Eso me di cuenta yo sólo y me adelante y se los pedí al profesor para llevártelos! - apremió con sorna.

- Sí, pero fuiste tan tonto que no te fijaste en la talla y me quedaban grandes.

- …... Y-y-

- Da igual Auruo – musitó – Se que eres un imbécil y no sabes hacer nada a derechas. Pero a veces – hizó hincapié en esa última palabra -, a veces, haces las cosas bien – agarrando su cuello para que se agachara le besó la mejilla.- Gracias.

Cuando Petra le desarmaba de aquella manera, sentía que perdía totalmente. Era incapaz de recriminarla por nada. Simplemente ganaba.

Sus manos comenzaron a alojarse en su pequeña cintura mientras ella le besaba con cariño. Su mente cavilaba. Por unos momentos había pensado en olvidar todo lo relativo al sexo y escuchar que le habia pasado y porqué estaba llorando. Llegó a creer que estaba demasiado angustiada por que se acercaba la fecha final y uno de los momentos decisivos de su vida.

Lo había hablado mil veces con Hanji, y se lo había sugerido en infinidad de veces. ¿Era aquel el momento correcto? ¿Metería la pata una vez más? Las manos de Petra hacían ascender su camisa sin su consentimiento. No podía pensar claramente mientras ella le tocaba el pecho con sus suaves dedos.

Intentó concentrarse de nuevo. Tal vez, en una fecha más especial. O en un día que no estuviera tan sensible. El mismo día que volvía de ver la tumba de su madre tras años sin visitarla no era el mejor. Un pequeño y viejo amigo comenzó a despertarse de su letargo.

Autocontrol, comenzó a repetirse a sí mismo. Hoy no es el mejor día, volvió a autoconvencerse, Petra te odiará sin intentas hacer esto hoy. Y por otro lado, era Hanji la que le había insistido en hacer esto, pero tal vez no era lo que Petra quería. Ella nunca decia nada acerca de sexo. Su anterior novio había sido un depravado que la forzaba continuamente. Y le había costado tanto dormir a su lado tantas noches para perderla por culpa de una erección. Autocontrol.

- ¡A-ah! P-podemos ver una película que me recomendó Hanji … hace poco... - se esforzó por disimular al pequeño comandante mientras se separaba de ella – V-voy a hacer palomitas. ¿Te parece bien?

Petra parecía, ¿desilusionada? Le miró con ojos increpantes sin entender por qué le decía aquello. No entendía que quería. Una película de humor absurda le haria olvidar el día duro que había tenido en el cementerio y harían que el soldadito que aún esperaba su turno se fuese a la cama.Autocontrol. Finalmente, la chica suspiró y se dirigió a la habitación dónde pudo percibir que comenzaba a preparar la habitación para la película.

Bien. Tenía poco tiempo. Pero el suficiente para ocultar aquel amasijo de preservativos que le habían dado para que Petra no se hiciese una idea errónea y averiguase que quería hacerlo con ella. Recorrió la pequeña cocina con la sala. Desde que Hanji no vivía allí había muchísimo más orden y limpieza. Al contrario que en la casa del profesor. Necesitaba esconderlos en un sitio que Petra no viera a menudo o que no le llamara la atención.

Un pequeño destello verdáceo llamó su atención. Una planta que Hanji le regaló a Petra antes de irse. Su aspecto era grotesco. Parecía como si un milar de ojos le mirasen. Se acercó con sigilo mientras vigilaba la puerta de entrada para que Petra no le pillase escondiendolos.

La planta era de color blanquecino y comenzaba a amarillear. Posiblemente Petra le tuviese tanto asco que ni la regaba y la dejaba podrirse tranquilamente y así tener el pretexto de tirarla sin compasión. Los regalos de Hanji solían ser bastante extraños y llamativos. Ya habia visto varios en casa del profesor que contrastaban con su gusto. Sin embargo, aquellos artilugios en casa del profesor estaban perfectamente cuidados.

Hurgó un poco en la tierra seca y enterró poco a poco los preservativos. Posiblemente, pasados unos días el mismo propusiera tirar la maceta y así recuperarlos. Si no, se vería obligado a perder aquella docena de preservativos. En cierta manera le apenaba. Pero parecía que ultimamente, cada vez que decía que iba a ver a Petra le regalaban varios. Y no era la primera vez en que los ojos de su madre o del profesor se fijaban con atención en su cartera para cerciorarse que, efectivamente, la cantidad no había disminuido.

Con resignación, dejó la maceta marchita en la esquina dónde la encontró y recogió el bol de palomitas. La habitación de Petra estaba entreabierta. La luz del monitor de la habitación la iluminaba débilmente. Abrió la puerta lentamente dejando ver las delgadas piernas de Petra tumbadas en la cama.

El pequeño comandante volvió a la carga cuando sus ojos terminaron de ascender observando a Petra en ropa interior tumbadaen la cama. Autocontrol, volvió a repetirse.

- ¿T-tienes calor? - intentó no mirar cómo el sujetador le quedaba pequeño y dejaba más piel a la vista de la que podía soportar mientras se tiraba del pantalón para disimular la hinchazón – Podríamos abrir la ventana y...

- Basta Auruo.

- …... - ¿Acaso le había pillado escondiendo aquello? - T-te vas a resfriar si estás así – dijo nerviosamente mientras se afanaba en buscar una manta para cubrirla – Aunque empiece a hacer calor, no hay que dejar de tomarse la salud en serio. Una doctora cómo tú debería saberlo-

- He dicho que basta. - se incorporó hacia él mientras sujetaba su mano y la dirigía a su pecho.

Autocontrol. No eres Kabei. Tragó saliva mientras dejaba su mano inmutable en su pecho, forzándose a no pensar en el tacto que había debajo de los suaves dibujos del sujetador. Autocontrol.

- S-si tienes sueño, podemos irnos a la cama temprano. Si no te apetece ver la película...

Antes de que pudiese acabar la frase Petra comenzó a llorar mientras se tapaba la cara con las manos. Ahora si que no entendía que le pasaba. Tal vez la hubiese cagado por ser un inútil que tenía erecciones cada vez que le cogía la mano. Pensamiento zen, tántrico o como se llamase. Era un auténtico inútil en eso. Su mente le jugaba malas pasadas y tenerla allí mismo medio desnuda hacía que se montase una película mental que no debía permitir que pasase.

- Auruo... - volvió a hablar mientras intentaba secarse la cara - ¿Yo te gusto?

- C-claro que sí – seguía sin entender porqué lloraba.

- No te parezco vieja, ¿verdad?

- …... - cualquiera que los viera pasear por la calle pensaria que el que era ocho años mayor de la relación era él y no ella. Debido a su abrupto crecimiento adolescente no era la primera vez que lo confundían con su propio padre.

- ¡O sea que te parezco vieja!

- Y-yo no he dicho eso. P-pues claro que no me pareces vieja – resopló mientras volvía a tirar de su jersey hacia abajo intentando ocultar a su impertinente amigo – M-mírate. P-pareces una de mis compañeras del instituto.

- ¿Y por qué nunca hacemos nada?

- …... - se había vuelto a perder en aquella conversación. ¿Hacer el qué? Se besaban. Y hacía poco que él la tocaba, a veces. Él solo hecho de pensar que ella le tocase le entraban ganas de...

- Hanji y el profesor están siempre juntos. Tienen una vida de pareja y viven juntos. Y hacen todo lo que las parejas hacen. Tardaste casi un año en dormir conmigo. Cuando haces ese tipo de cosas, creo que de veras no te gusto...

- …...- aquel tipo de frases le hacían hervir la sangre- ¡¿Acaso eres estúpida o qué?! - Petra pareció sobresaltarse ante sus palabaras - ¡Claro que me gustas! ¡Y claro que me gustaria dormir contigo cada noche como lo hacen Hanji y el profesor! Pero...

- ¿Pero?

- Pero no quiero que pienses que soy como Kabei.

- …...

- Mira, nunca he hablado de esto con mis amigos. Ni se si a otros hombres también les pasa. Pero ahora mismo estás a mi lado aquí...así vestida... - dejó que su jersey se levantase un poco – Me cuesta hasta ocultarlo. Pero no quiero tomarte por la fuerza y que pienses que soy un salido.

- …...

- Cuando venía hacia aquí, no sabía de que manera felicitarte por lo de la fecha. Si regalarte flores, o bombones o cosas así. Solo pensaba en que tal vez – recordó la insistencia de Hanji días atrás "acuéstate con ella de una vez" - e... incluso me pareció que tal vez... Podría dar un paso y...

- ¿Qué paso? - de repente se acercó a él mientras le esquivaba con la mirada interesada en el tema.

- Y-ya sabes... - ¿por qué se acercaba tanto?

- Dilo claramente.

- T-t-t-tener... sexo.

Petra se quedó callada mientras se levantaba de la cama y se acercaba a la puerta. Lo sabía. La había cagado. Ahora le pediría que se fuese de allí y volviese a casa del profesor. Ya podía imaginarse su cara de resignación y su frustración al pensar que su novio era igual que el anterior. Un tío que solo pensaba en acostarse con ella con la mirada.

Intentó que su mente pensara rápido para retenerla y disculparse por todo. Tal vez era demasiado pronto. Sólo llevaban un año saliendo. ¿Cuándo se supone que era el momento de sacar el tema? A partir de que año. En aquellos momentos mientras observaba la figura de Petra agarrando el picaporte se arrepentía de no haber escuchado a su madre cuando le hablaba del dia de su concepción. Al menos hubiera sabido cuando era una fecha idónea para acostarse con ella sin herirla y sin que pensara que era un salido.

Por otro lado, Hanji y el profesor no era un gran ejemplo a seguir. Tenían una relación muy extraña. No sabía en que momento habían comenzado a tener relaciones. Si tuviera que guiarse de su instinto diría que desde que fueron a la playa juntos. Pero cuando Hanji le regalaba libros sobre sexo siempre le decía que hacía pocos meses que se los había leído. ¿Eso que significaba? ¿Había tardado medio año o un año? Entonces, ¿él y Petra? ¿Era aún demasiado pronto?

BLAM.

El ruido ensordecedor de la puerta al cerrarse le devolvió a la consciencia. Petra había cerrado la puerta y había echado el cerrojo. Ahora si que no entendía nada. Se acercó al monitor del televisor y lo apagó. Ahora su cuerpo solo era iluminado por la escasa luz que entraba a través de la persiana. Sus ojos se dilataron cuando notó que ella se acercaba hacia él.

- He pensado... que... - se acercó aún más mientras sus manos se alojaban en su espalda jugando con el cierre del sujetador – Si quieres dar ese paso...

Adiós al autocontrol, fue lo último que pasó por su mente consciente mientras la tumbaba en la cama y la ayudaba a terminar de desvestirse.

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Siento no ser tan constante escribiendo. De veras que lo intento, pero con dos trabajos es muy difícil. Aparte que mi tiempo libre escasea y prefiero daros capítulos largos y trabajados que no hechos en cinco minutos. ¡Muchas gracias por leerme!