Miku tomó con fuerza a su hija de 7 meses entre sus brazos, sonriendo al notar que la niña se relajaba de inmediato al sentirla cerca, 7 meses, y finalmente había podido lograr que su hija realmente la quisiera como su mamá. Era tan absurdo pensar que había estado más de 6 meses en una constante lucha, y con su propia hija. A su lado, Len acomodaba las últimas cosas dentro de la maleta, sin olvidarse del peluche favorito de Akari.

Habían pasado ya varias semanas desde la operación de la pequeña peli turquesa, semanas en las que Miku había optado por quedarse a vivir con sus padres, para que así su madre cuidara de la niña mientras ella estaba en la academia. Rin acababa de cumplir los 4 meses de embarazo, y Mikuo aún estaba en proceso de recuperación de la paliza que le había dado Len, su suegro y su propia madre, sí, ser padre le estaba saliendo bastante doloroso al peli turquesa.

De Kaito, realmente sabían muy poco, ya que había dejado de asistir a la academia, y por lo que contaba su gemelo, estaba recibiendo clases por medio de un profesor particular. De hecho, ya ni siquiera hablaba con sus hermanos o con Nero, la única persona que realmente tenía acceso a él era Neru, y esa chica realmente era una perra. Aún así, Miku no dejaba de preocuparse, la última vez que habían hablado, él prácticamente la había amenazado "sabes muy bien que conmigo no te conviene quedar mal", repetía mentalmente la joven una y otra vez. ¿Realmente se atrevería a hacerle algo?

El auto de Len se detuvo frente a la casa de color verde agua que hace mucho tiempo la había recibido por primera vez, ese lluvioso día en el que descubrió que sus amigos valían mucho más que el oro, que ellos a pesar de todo, jamás la dejarían sola. Bajo la vista hacia la cabellera turquesa de su hija, quien trataba por todos los medios de asomarse por la ventanilla, fracasando una y otra vez en su tarea. Cuando finalmente la pequeña se dio por vencida, recurrió a lo más fácil para un bebé, llorar hasta que alguien cumpliera sus caprichos.

Sonrió de medio lado, alzándola un poco para que pudiera ver aquella casa, la cual la niña no tardo en reconocer como suya, ya que dio una pequeña carcajada antes de comenzar a golpear el vidrio con sus diminutas palmas. Salió del coche, mientras Len sacaba las maletas, subiendo hasta el cuarto de su hija, que seguía igual de bello y limpio que siempre, clara señal de que alguien en esa casa no perdía las esperanzas de que la dueña de aquel dormitorio volviera pronto.

-es lindo estar de vuelta –murmuró Miku dejando a su hija en la cuna –veo que tú también estas feliz, claro, la niña malcriada vuelve a los brazos de su padre, el mal criador

-¿mal criador? –Preguntó Len en tono burlón, cruzándose de brazos -¿hablando mal de mí a mis espaldas? ¡Y encima con mi propia hija!

-eres un exagerado, ¿Verdad Akari?

-bbu bbu –balbuceo la pequeña peliturqueza extendiéndole los brazos a su padre –bbu bbu

-¡Eres tan adorable! –exclamó Len tomando a la niña con emoción, lanzándola suavemente una y otra vez al aire, mientras ella reía estruendosamente. Miku se cruzo de brazos, aclarándose la garganta para llamar la atención de su novio -¿Qué ocurre?

-sí Len, yo también te extrañaba –murmuró con el ceño fruncido, suavizando luego la mirada al encontrarse con la sonrisa de su hija –iré por algo de comer…

-dudo que encuentres algo –la joven se volvió extrañada, observándolo interrogante –pues… quiero decir, dudo que Rin haya dejado algo de comer –volvió a dejar a Akari en la cuna, haciéndola soltar un sollozo –no lo entiendo, ¿Por qué come tanto? ¿Qué acaso está esperando un elefante?

-¡No hables así de tu sobrino! –Lo regaño Miku dándole un golpe en la cabeza –no todas las mujeres son iguales durante el embarazo Len, tú eres listo, deberías saberlo –el pelirrubio sonrió tímidamente, volteándose para mirar a Akari

–tú crees que… ¿está feliz con todo esto? –Bien, admitía que esa pregunta sí la había pillado desprevenida -¿Crees que Rin está conforme con todo esto? -¡Ay Dios mío! Ese chico lucia demasiado sexi cuando se ponía en el papel de hermano preocupado, "No pienses en esas cosas Miku" se regaño mentalmente forzando su mejor sonrisa

-¿Por qué lo dices?

-no veo que el tema de su embarazo le preocupe mucho, suele ser descuidada y torpe, pero últimamente es peor que una niña de 3 años

-solo son las hormonas, Rin no está 100% feliz con el hecho de ser madre, pero jamás haría algo que pudiera lastimar a su hijo, por si eso es lo que te preocupa, esa chica es tonta, pero no le haría nada a su propio hijo… o hija

-tienes razón.

-por cierto, ¿Dónde está ahora?

-probablemente –murmuró Len observando la hora en su teléfono –esté dormida en este momento, no despertará hasta la hora de cenar

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Miku cerró con fuerza su cuaderno, dejándolo nuevamente en su bolso mientras el resto de sus amigos hablaban de alguna estupidez que probablemente no tenía nada que ver con el tema de conversación que tenían hace unos segundos acerca de los beneficios de comer muchas zanahorias. Estúpido, sí, pero Gumi y si novio amaban esa cosa naranja, y cuando se ponían a hablar de eso, no había quien pudiera hacerlos callar. A su lado, Rin se devoraba una enorme naranja que solo ella sabía de dónde había salido.

-nee Miku, ¿Me acompañas a comprar algo de comer?

-¿Piensas seguir comiendo? –Rin clavo su mirada asesina en el autor de aquella desafortunada frase, el siempre torpe Gumiya, quien trago hondo, sonriéndole con nerviosismo –pues entonces yo invito –su mano tembló al momento de entregarle algo de dinero a la pelirrubia, quien sonrió agradecida, comenzando a alejarse –me salve… -dijo en un susurro que Miku alcanzó a escuchar antes de seguir a su amiga por el pasillo que daba a la cafetería.

-Rin, hace rato que no venias –la saludo la joven que atendía, sonriendo dulcemente –estas muy bella

-gracias Lily-chan

-bien, ¿Qué vas a querer?

-etto… ¡Una enorme naranja! –medio grito levantando ambos brazos -¿sí?

-¿Cómo no lo sospeche? –Lily le entrego la fruta, recibiendo el dinero de manos de la pelirrubia -¡Miku! ¿Cómo está tu hija?

-bien, gracias por preguntar –la joven hizo una pequeña reverencia antes de darles la espalda para atender a los nuevos clientes –ya Rin, volvamos

-nee Miku, pareciera que ya no te gusta pasar tiempo conmigo –se quejo Rin haciendo un puchero

-no es eso Rin –murmuró suspirando cansadamente. Su amiga chasqueó la lengua, volviendo a concentrarse en la fruta que tenía entre sus manos

-¡Cuidado! ¡Que aquí esta las jóvenes símbolo de esta academia! –la molesta voz de cierta pelirrubia a sus espaldas la hizo voltear, encontrándose frente a frente con el sonriente rostro de Neru

-¿Qué quieres? –bufó Miku con repentino fastidio

-¡Hey! No se me acerquen mucho, que pueden contagiarme, y yo no quiero terminar como ustedes, con un hijo a cuestas –Rin frunció el ceño, dejando caer su preciada naranja para empuñar la mano –realmente… ¿Te atreves a pelear conmigo sabiendo que atentas contra la vida de eso que llevas dentro? –la joven freno en seco, maldiciendo por lo bajo –esto es genial, no puedes pelear como la callejera que eres, es realmente… perfecto

-ya cállate bruja –escupió Rin tomando la mano de Miku, quien no se movió ni un solo centímetro. Esa rubia oxigenada estaba sola, y aun así era capaz de molestarlas tanto, era capaz incluso de burlarse de la vulnerabilidad de Rin en ese momento

-¿Y qué si no quiero callarme? Tú ya no puedes pelear

-no, Rin ya no puede pelear –murmuró Miku comenzando a empuñar sus manos, liberándose del agarre de Rin para darle un fuerte golpe en el rostro a la molesta rubia –pero yo sí –lanzó encima de ella, haciéndola caer bruscamente, comenzando a golpearla.

El fuerte alboroto llamo la atención de sus amigos, quienes por alguna extraña razón, tenían el presentimiento de que Rin estaba involucrada en una pelea. Bueno, más que presentimiento, era una costumbre ya. Era por eso que jamás esperaron encontrarse con esa escena, Neru Akita en el piso con Miku sobre ella, golpeándola una y otra vez, mientras Rin observaba atónita a su amiga. No, eso sí que nunca se lo habrían esperado. Tras de ellos llegaron Nero y Akaito, quienes miraron dudosos a Len, haciéndolo recordar que debía alejar a su novia de la Akita, eso porque ellos ya o se involucraban en esas cosas.

El pelirrubio rodeo la cintura de Miku, separándola de su contrincante con algo de dificultad, dándole la oportunidad a Nero de hacer lo mismo con su lastimada hermana. Miku respiro hondo antes de calmarse, buscando con la mirada a su mejor amiga, quien se encontraba junto a su novio.

-si no es mucho pedir, ¿Me podrían decir por qué peleaban? –la pregunta de Akaito las hizo dejar de observarse con odio por una fracción de segundo

-¿Cómo puedes quedarte ahí? ¡Esta idiota me estaba golpeando! –le reclamo Neru a su hermano, quien rodo los ojos

-pues si te golpeo, algo debiste haberle hecho –se limito a decir su gemelo bostezando

-¿Miku? –de pronto todas las miradas se centraron en ella

-esta estúpida… molestó a mi amiga, ¿Pretendes que le aplauda por eso? –se soltó del agarre de su novio, acercándose peligrosamente a la Akita –tómalo como una venganza, por lo que le dijiste a Rin, y por todas las cosas que he debido aguantarte desde mi embarazo hasta hoy, pero no te olvides de algo, una pequeña cosa muy importante –bajo el tono de voz, terminando susurrándole al oído –Rin no estará embarazada por siempre, y ella sí sabe golpear, esto solo fue una pequeña parte de lo que te hará mi amiga si sigues molestando

-bruja…

La peliturqueza sonrió de medio lado, comenzando a alejarse. En cierto modo, sus palabras eran muy ciertas, y Neru estaba al tanto de eso. Sí, Rin no podía hacer fuerzas durante su embarazo, pero un embarazo dura 9 meses, y entonces la pelirrubia no tendría impedimentos para partirle el rostro a la Akita si ella así lo quisiera.

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La peli castaña sirvió algo de limonada mientras dos pequeños pelirrubios gateaban de un lado a otro, dejando en evidencia la energía que eran capaces de tener los bebes a sus tiernos 11 meses, y la falta de esta en los jóvenes que pasaban la mayor parte del día ocupados estudiando y jugando al futbol, por lo que definitivamente no estaban de humor para andar detrás de esos dos como perros guardianes, ¡Eso sí que no! Y encima, sus novias se excusaban con que eran madres para no ayudar en nada en el cuidado de esos dos diablitos en miniatura.

Len chasqueó la lengua, tomando a Rinto en brazos de una vez por todas, haciendo que el pequeño comenzara a llorar estruendosamente, pasando finalmente a los brazos de su hermana Rin, quien le metió una paleta en la boca antes de sentarlo sobre sus piernas.

-es enserio chicos, deben al menos tratar de no pelear más por favor –Miku dio un bufido, dejando que su hija jugara con sus dedos –me sorprende como es que el director aún no los ha expulsado

-digamos que… somos importantes para él –comentó Mikuo recordando lo mucho que el director los había felicitado por su forma de jugar al futbol, claro, él era un amante de ese deporte –aún así, yo también le hubiese partido el rostro a esa… chica

-perra… -dijo Miku en un susurro que no alcanzo a llegar a los oídos de nadie más –de verdad Meiko, vamos a portarnos bien, lo prometo

-hmm, no sé por qué, pero me cuesta mucho confiar en una promesa de ustedes, en especial de estos dos –dijo refiriéndose a los gemelos

-tal vez es porque los criaste y los conoces muy bien –la voz los hizo voltear hacia la puerta de entrada, donde se encontraba el señor Kagamine colgando su chaqueta. Meiko lo recibió con un beso, mientras los pelirrubios más pequeños comenzaron a balbucear cosas mientras enseñaban los pocos dientes que tenían -¿Qué hizo Rin ahora?

-¿Por qué tuve que ser yo la del problema? –preguntó la aludida cruzándose de brazos con enfado

-etto, Rin no hizo nada padre, Miku tuvo un problema con Neru, eso es todo

-¿con esa chica Akita?

-la misma, esa bruja –murmuró Rin por lo bajo, colocándose de pie. Rinto hizo un tierno puchero antes de comenzar a extenderle los brazos para que su hermana lo elevara

-vaya, este chico –rió Meiko observando a su hijo –cariño, ¿Me trajiste algo de sake?

-ya te dije que no beberás hasta que los niños puedan cuidarse solos, tu ebria es un verdadero peligro público –la mujer frunció el ceño, dándole una mirada asesina a su esposo

-hablando de eso, solo queda un mes para su cumpleaños –recordó Len dándole una rápida mirada a su hermanita Lenka, quien trataba co afán de devorarse los dedos de Mikuo

-y pensar que estos diablillos ya casi cumplen el año –murmuró Rin alzando a su hermanito, mientras Meiko la regañaba por hacer más fuerzas de las que debería en su estado –vamos mam… Meiko-se corrigió la pelirrubia cambiando drásticamente su expresión, mientras la peli castaña la observaba sorprendida, al igual que todos. El asunto, era básicamente que… Rin era la única que nunca la había llamado mamá, ni siquiera cuando era una bebé –iré por algo de comer

-casi lo dices –la molesta voz de su hermano la hizo voltear –debiste terminar la palabra, sabes tan bien como yo que Meiko es y será siempre nuestra única madre

-no molestes Len, me confundí, es todo

-¿Por qué te niegas a considerarla una madre para ti?

-¡Porque cada vez que escucho la palabra "mamá" recuerdo a la mujer que no nos quiso Len! –Le grito ella dejando el vaso de lado –esa palabra me hace sentir un odio inmenso, un rencor tan grande… Meiko, ella es demasiado importante para mí, pero… temo que si llego a llamarla de esa forma, el odio que esa palabra me produce se vaya en contra de ella

-esa no es la idea que deberías tener de esa palabra Rin, estás muy equivocada

-si ella no estuviera muerta… te juro que este odio sería aun mayor

-Rin

-Meiko es mucho más que una madre para mí Len, pero, me siento como una estúpida al dejar que el rencor que siento por la mujer que me abandono se mezcle con el cariño que siento por la que me crió

-oye, parece que el embarazo te está volviendo mucho más inteligente –bromeo Len, relajando el ambiente. Su gemela le lanzo un poco de agua, haciendo un mohín mientras se aguantaba la risa.

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La pequeña mesa se encontraba repleta de fotografías, mientras una mujer las revisaba atentamente, inspeccionando con atención el rostro de los jóvenes en ellas.

El largo y ondulado cabello anaranjado caía por sobre su hombro derecho, acentuado el fino rostro poseedor de unos hermosos y brillantes ojos de color jade, los que se desplazaba de un lugar a otro, siguiendo el dedo que la mujer deslizaba sobre el rostro del pelirrubio de la fotografía, para luego trasladarse al de la pequeña en los brazos de este. Frunció levemente el ceño al ver detalladamente a la niña peli turquesa, dándole un sorbo a su copa de champagne, chasqueando los dedos.

Un hombre alto, de cabello oscuro y mirada intimidante apareció de inmediato, haciendo una reverencia antes de que ella curvara sus labios en una sonrisa.

-dígame qué necesita señora

-esto ya es antiguo, dime… ¿Qué has averiguado últimamente? –el hombre desapareció por unos segundos, volviendo con una carpeta, la cual le entrego de inmediato a la mujer –esta niña… ¿Quién es?

-Akari Kagamine

-¿Kagamine?

-así es, hija del joven Len y la muchacha peli turquesa –le enseñó una de las fotografías en las que salían Len y Miku junto a Gumiya y Dell –al parecer, acaba de cumplir los 7 meses de edad

-ya veo… con que tiene una hija –susurró ella observando detalladamente a Miku -¿Y qué hay de la segunda?

-es una chica bastante problemática… acaba de cumplir los 4 meses de embarazo, su novio es este joven, Mikuo Hatsune, primo de la chica que aparecía junto a Len

-¿Embarazada? –Chasqueó la lengua, jugando con los collares que adornaban su cuello -¿Qué clase de mujer crió a estos chicos?

-respecto a eso –el hombre volvió a tomar la carpeta, sacando de ella una foto en la que aparecían Meiko junto a su esposo, sus hijos, además de Rin, Len, Mikuo y Akari –esta fotografía llegó esta mañana… pero al parecer es antigua, de hace uno meses atrás

-Ken… -lo llamo ella en un susurro, fijando su mirada en el señor Kagamine –sigue tan guapo como la última vez que nos vimos, pero, ¿Qué hace con Meiko?

-¿la conoce?

-claro que la conozco, yo… disfrutaba quitándole los novios cuando aun estudiábamos –recordó sonriendo de medio lado

-ella es la mujer del señor Kagamine, se caso con ella unos meses después de quedar viudo

-viudo… -repitió la mujer dando una carcajada –estos niños

-son los gemelos Rinto y Lenka Kagamine, actualmente están próximos al año de edad, los hijos menores del matrimonio

-¡Ya fue suficiente! Creo que es hora de enseñarle a esa mujer que nunca he perdido en nada… Nick

-dígame, señora

-prepara todo, creo que volveremos a mi tierra natal

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Próximo capitulo

-es… es imposible –Lenka comenzó a llorar, reclamando la atención de su madre –t-tú…

-¿Qué pasa Meiko? –Preguntó ella sonriendo con superioridad, jugando con la copa entre sus dedos –pareciera que viste a un fantasma

-se supone que estabas…

-en Estados Unidos, ¿Dónde más? –la peli castaña se dejo caer pesadamente sobre la silla, pasándole un juguete a su hija mientras Rinto dormía tranquilamente –tus niños… se parecen demasiado a ellos

-¿Qué es esto? –La joven observo dudosa el sobre que acababa de recibir, examinándolo minuciosamente, mientras Akari mordía su mano, haciendo reír al cartero –muchas gracias

-su niña es muy bella -murmuró él haciendo una reverencia

-si, ya lo sé, es preciosa…

-adiós señorita

-vaya con cuidado –Miku volvió a entrar, dejando a su hija junto a ella en el sofá.

Abrió la carta con sus temblorosos dedos, leyendo con rapidez su contenido. Ahogo un grito en su garganta, llevándose una mano a la boca antes de mirar a Akari. No podía ser verdad, no podía estar pasándole esto.

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Tadan, tadan, fin de este capítulo. Como siempre, gracias por leer y nos vemos para la próxima vez. Besos para todos