El lobo y el cordero
Por: Kida Luna
Capítulo XXVIII
Cultivando la esperanza
-"¡¿Cómo pudiste?"
El azote de las manos totalmente abiertas, así como temblorosas, se dejó escuchar en la oficina principal. La dueña del cubículo apretaba los dientes mientras sus dedos se cerraban en puños encima del escritorio, llenos de una ira, la cual luchaba por controlar.
-"Midchilda es un lugar donde la muerte y la vida conviven día a día, ¿si no puedes enseñarles algo tan simple, cómo pretendes que nuestros alumnos sobrevivan por sí mismos, Lindy?"
La mujer levantó la vista lentamente. Sus ojos azules se entrecerraron y ella entonces se enderezó, con la mirada dura y fría que caracterizaba a un rector.
-"No tenías derecho alguno a autorizar la muerte de una visitan…"
-"Intrusa –corrigió rápido, apoyando los brazos sobre el mueble e inclinando el cuerpo hacia delante-. Y tengo la suficiente autoridad para decir qué se hace y qué no se hace en Colmillo."
Lindy Harlaown aumentó más la fuerza entre sus dientes al contemplar cierta pizca de satisfacción en las pupilas amarillas de Jail Scaglietti. Si bien la peliverde estaba consciente de que él también tenía poder allí, la idea de que algo de tal magnitud hubiese ocurrido, sin su consentimiento, le revolvía el estómago.
El hombre al frente suyo, sabía, tenía miles de ojos observando, ocultos. No era una sorpresa que la gaviota que había sido eliminada hace algunas horas, hubiese estado siendo vigilada desde ya un tiempo.
-"¿Qué pasa? –rió al pasar una mano por sus cabellos púrpuras-. Por esa actitud tuya es que los estudiantes se vuelven débiles –la seriedad regresó a su rostro, su voz teñida con sumo reproche-. Aquí, mandamos nosotros, y si te vas a negar a seguir el código que se ha obedecido durante años, pudiste haberte hundido en un principio con tu querida Precia Testa…"
La oración fue cortada de pronto cuando las manos de Lindy se aferraron con fuerza al cuello de la camisa del otro; los orbes azules chispearon en ferocidad mientras un gruñido bajo empezaba a hacerse audible.
La respiración se le detuvo por unos segundos y el corazón le dolió con furia y dolor.
-"Yo soy la Directora ahora, Jail –susurró en advertencia, asiéndolo más de la ropa-. Mis reglas van a respetarse y lo harán cómo yo diga, no voy a permitir que hagas lo que quieras. Y si te atreves a volver a decir su nombre…"
Los dos caninos blancos en la boca de la mujer se expusieron ahora afilados y peligrosos. Empujó lejos de ella al pelimorado y le dirigió una mirada que explícitamente le pedía se largase de su presencia.
La anterior amenaza quedó en el aire. Jail Scaglietti se mostró impasible y se acomodó pacientemente su camisa; dio la media vuelta y sostuvo la perilla de la puerta.
-"¿Harlaown? –llamó, dándole la espalda-. Puede que ahora los papeles se hayan invertido –la vio por sobre el hombro-, pero un día, yo recuperaré el lugar que me has robado. Cuando eso pase, me encargaré de dejarte en claro cómo funciona Colmillo Brillante."
La puerta se cerró.
Juntando los párpados y cubriéndolos con ambas palmas, Lindy se dejó caer en su silla. Se lamentó por no haber estado presente cuando el alboroto de la mañana sucedió; las noticias habían llegado mucho después y solamente había una persona con la palabra lo suficientemente fuerte, como la suya, para poder ordenar llevar a cabo algo así.
Bajó una mano y abrió el primer cajón de su escritorio. Se quedó así un rato, contemplando la fotografía de una Precia en su uniforme negro, con el cabello suelto, los ojos brillantes y la juventud radiante en su rostro y piel. Hacía tanto tiempo que las memorias donde alguna vez ella y la pelinegra estuvieron juntas, mucho después de la muerte del padre de Arf y Fate, así como del nacimiento de estas últimas, no venían a su mente para causar dolorosos estragos.
Los dedos le temblaron al rozar la sonrisa que la dueña de tan peculiares orbes violetas esbozaba en la imagen. Enseguida, abandonando el cuadro en su sitio, la Directora cerró la gaveta con un fuerte azote y llevó sus brazos encima de su cabeza mientras respiraba apenas.
Pero debía aguantar. El peso de muchas vidas descansaban sobre sus hombros, y si no era capaz de soportar los golpes de sus adversarios, tal y como venía haciendo desde hacía años, todo su esfuerzo se esfumaría.
Y Jail volvería a destruirlo todo. Inclusive, a ella misma.
" – " – "
-"Hayate…"
El murmullo de Fate apenas y alcanzó los oídos de la otra, que vio a la rubia interponerse entre ella y lo que sea que estuviese saliendo de entre la arboleda.
Los ópalos amarillos las enfocaron, con las irises negras resaltando entre su fluorescente mirada de manera aterradora; las patas palmeadas rasgaron la tierra hasta detenerse, a unos dos o tres metros lejos de ambas.
Verossa caminó despacio, entonces, para alcanzar a la nueva criatura, provocando que Testarossa se pusiera en pose defensiva.
La castaña estuvo a punto de decir algo, cuando sus ojos por fin distinguieron la silueta reptilesca del ser que estaba al lado del peliverde. Vio al animal apoyar los cuartos firmemente en el suelo, elevando un poco la parte superior de su cuerpo.
Los orbes dorados y radiantes se mantuvieron fijos con los suyos.
Fate retrocedió un paso al notar la boca henchida del reptil, cuyas fauces, que apuntaban al cielo oscuro, se abrieron. Las mandíbulas se dirigieron de vuelta a tierra, inflándose cada vez más, con la cabeza siendo ladeada y la cola larga tensándose por completo.
Un gorgoteo salió de su garganta.
¡Thud!
El sonido de algo golpeando la tierra, tronó.
-"¡REIN!"
Hayate no supo en qué momento reaccionó, lo único que sabía es que tenía entre sus brazos el cuerpo inconsciente y húmedo de saliva, de quien alguna vez había sido su amiga de la infancia.
La abrazó contra sí fuertemente, pidiéndole que despertase y lo genial que las cosas serían ahora que estaba de vuelta. Que sería más inteligente, que sería más precavida, que prometía compensar el daño causado…
Un gruñido zumbó. Las órbitas azules de la africana se alzaron para encarar al largo y enorme cocodrilo que todavía seguía enfrente de ella; ante eso, Fate se acercó de inmediato, acuclillándose en una rodilla y posando una mano en el hombro de su amiga.
Los ojos borgoñas brillando aún en desafío.
-"Un gracias no estaría de más –interrumpió Verossa, desviando las miradas de las dos jóvenes hacia él-. Realmente, Hayate, tienes una suerte increíble."
Las risas del peliverde desconcertaron a las otras dos. El muchacho se agachó para que todos estuviesen a la misma altura, y desde allí abajo, señaló al lagarto a su lado.
-"Bueno, Fate, creo que tú ya conoces a mi compañero, ¿o tan rápido se te han olvidado las caras?"
La nombrada se quedó fuera de sí por varios segundos, con el ceño frunciéndose mientras intentaba descifrar de dónde es que podían haberse conocido. Mas no fue hasta que forzó su vista entre la noche, que pudo distinguir bien el rostro del saurópsido.
-"¡Maestro Vice!" –chilló con sorpresa.
Hayate frunció el ceño, extrañada, ¿acaso había dicho maestro? Sus pupilas azules se dirigieron entonces hacia las de Acous, que le sonrió inocentemente.
-"¿Por qué?" -preguntó la castaña, aferrando aún más a la gaviota consigo.
-"De hecho, yo no tengo mucho que ver aquí –rió Verossa al pasar una mano por sus cabellos-. Me he enterado del asunto a tiempo por boca de mi amigo aquí presente; yo sólo le he pedido el favor."
-"Lo escuché por accidente –contestó el profesor cuando la joven licaón le dirigió la mirada-. Iba a una reunión cuando por error, oí que el Subdirector discutía con alguien más en su oficina; algo sobre una nueva estudiante que no debía estar en el colegio y su posible relación con la criatura que tienes ahora allí, contigo."
El cocodrilo de pantano se relamió el largo hocico y meneó la cabeza a ambos lados, lentamente, como despabilándose. Su cola se dobló hacia delante, descansando sobre la tierra, a un lado de sus patas.
Las órbitas antes amarillas, ya de cerca, mostraron su verdadero color azul celeste.
-"Vice me contó aquello y rápidamente supuse que se trataría de Ian queriéndose deshacer de ti también –explicó el muchacho, observando a Hayate quitarse su chaleco para envolver a Rein en él, con cuidado-. Aunque no podíamos estar seguros, me prometió que haría lo que estuviese a su alcance si la situación se suscitaba."
-"No nos ha tocado la oportunidad de vernos en clases, Yagami-san –terció el lagarto-. Pero no porque le he hecho un favor, vaya a creer que se la pondré fácil, ¿o no es así, Testarossa-san? Deben tener más cuidado con lo que hacen."
Fate asintió y observó a su profesor dar la media vuelta e internarse de vuelta entre los árboles. Verossa, por su parte, se puso de pie, sacudiendo después su pantalón oscuro y anunciando su despedida.
Estaba a punto de regresar a la escuela, cuando la castaña se levantó y lo sujetó del brazo, obligándole a que la viese directo a los ojos.
-"Yo… -suspiró, como si una enorme carga hubiese desaparecido-. Gracias."
-"No te preocupes –sonrió, dándole unas palmaditas en la cabeza-. Además, sino te ayudaba y mi hermanita se enteraba, seguro que me iba a ir como en feria."
-"¿Tu hermana?" –la ojiazul se extrañó.
-"¿No te lo había dicho? Juraría que sí –el peliverde se rascó una mejilla-. Carim y yo somos hermanos."
-"Pues sí que se parecen –sonrió un poco-. Verossa, ¿puedo preguntarte algo?"
-"Adelante, Hayate. Pero que sea rápido, algunos tenemos que dormir" –guiñó un ojo.
-"¿Por qué nos has ayudado?"
El muchacho no pudo evitar sonreír al ver la confusión en los ojos de su amiga. Ya se esperaba esa pregunta, al fin y al cabo, la imagen que Colmillo Brillante daba, siempre solía ser una aterradora y voraz.
Pero también tenía su lado amable, muy escondido, mas latente.
-"No todos los profesores son como Jail Scaglietti, ¿sabes? Sólo debes mover los hilos correctos, te sorprenderías de lo que uno puede lograr con simples palabras."
Dicho eso, se marchó. Dejando atrás a sus dos amigas y a la gaviota que ya descansaba sana y salva.
" – " – "
-"¿Deberíamos volver?"
La interrogante de Hayate permaneció en el aire por un largo rato. Habían caminado quizás una media hora alrededor del bosque a oscuras, en silencio; los pensamientos de cada una absorbiendo su entera concentración.
-"Tengo que ver a Nanoha –respondió Fate-. Se lo prometí."
-"¿Y no te da miedo?"
Ambas se detuvieron. Yagami bajó la vista hacia su amiga que dormía, mientras su acompañante tenía la mirada puesta en ella y el pájaro en sus manos.
-"Tienes suerte de que Vice fuese un cocodrilo, ¿no crees?"
-"¿Estás intentando evadir el tema, Fate-chan?" –sonrió de lado.
-"Uhm –negó bajito-. Prefiero pensar que todo saldrá bien. ¿Qué piensas hacer?"
La caminata fue retomada, con sólo el viento ululante y las ramas inquietas coronando sus pasos. Todos los sentidos, a excepción de la vista que para ellas se volvía obsoleta a esas horas, en plena alerta, aunque no lo pareciese.
Por eso se mantenían muy cerca la una de la otra.
-"Quiero hablar con Shamal –empezó a explicarse-, ella es doctora, sé que podría hacer algo con las heridas de Rein. Estará más a salvo del otro lado que conmigo; además –cerró los párpados-, dudo que en Colmillo alguien quisiese atenderla."
-"Tienes razón… Espera un momento –interpuso un brazo-, ¿qué es eso?"
Las hojarascas pararon su crujido en cuanto una sombra viró la cabeza hacia ellas, las órbitas fluorescentes resaltando espeluznantemente en las penumbras. Por instinto, Hayate retrocedió, abrazando protectoramente a Rein.
-"¿Yagami? ¿Testarossa?"
-"¿Signum?" –corearon al unísono.
Sin dudarlo, se acercaron hacia la leona, siendo conscientes de que estando a su lado –y debido a su capacidad de visión nocturna-, estarían más seguras. La otra, en cambio, guardó silencio.
Nada más verlas a su lado, continuó con su marcha, no molestándose en absoluto porque ellas le siguiesen.
Fue cosa de minutos para que Fate reconociese el sendero por el que iban y la dirección hacia donde se dirigían.
-"¿Signum?"
La aludida tan sólo emitió un bajo gruñido, a modo de que la había escuchado.
-"¿Vas a…?"
-"Creo que es obvio –la miró de reojo, notando enseguida a la gaviota en los brazos de la castaña-. ¿Cómo es que…?"
-"Vice."
-"Comprendo."
Bastó escuchar aquel nombre de boca de la rubia para que sacase sus propias conclusiones. Por el momento, aunque le alegraba ver a Rein a salvo, no estaba de ánimos para indagar más sobre el asunto.
El tiempo corría y ella necesitaba recuperar fuerzas, aún si con ello debía de arriesgar el pellejo como varias noches anteriores. Después de todo, una charla larga y profunda con cierta pastora, siempre conseguía levantar sus ánimos.
Motivo por el cual, estaba más que segura Fate estaba fuera de cama, buscando a un pequeño cordero blanco.
-"¿Cómo lo haces?"
La felina prosiguió avanzando, fijando una larga pausa mientras reflexionaba seriamente la pregunta de la ojirubí. Una pequeña sonrisa surgió en su boca, pero era una que denotaba cierto cansancio o rendición.
-"Finjo que por una media hora, no existe fronteras entre nosotras."
-"¿Y después?"
-"Finjo que esa media hora jamás sucedió."
Fate no dijo nada, tan sólo frotó con su mano derecha su brazo izquierdo, en un intento por darse calor. No volvió a pedir otra respuesta, pues era muy posible que esta misma no le agradase.
Ella no podía olvidar todo lo que había pasado al lado de Nanoha, ni siquiera quería hacerlo. Muy dentro de sí, se repetía constantemente que la solución estaba frente a sus ojos.
Solamente tenía que verla…
-"Yo las dejo aquí –la voz de la félida las sacó a ambas del ensimismamiento en el que se habían sumergido hacía rato-, necesito hablar con Shamal. En un rato volveré por ustedes."
-"¡Espera! –exclamó Hayate-. Yo… -titubeó-. Rein está herida…"
Signum se la quedó viendo durante un largo lapso, no ponderando sobre un sí o un no, sino meditando acerca de lo mucho que el incidente había cambiado en Hayate. Seguía siendo la misma licaón descuidada y animada, pero ahora tenía un toque más precavido en la profundidad de sus ojos.
Estaba aprendiendo, pensó.
-"Andando" –dio un asentimiento.
La castaña, ante el gesto, la siguió sin chistar.
Apenas Fate se quedó sola, pasó por debajo del agujero en el enrejado metálico que se extendía largo a largo.
Al pasar, se mantuvo agachada, las manos firmemente apoyadas en el pasto mientras el viento mecía sus cabellos dorados. Cerró los ojos para tranquilizarse y sacarse los malos temores que la venían acechando; entonces, el ruido suave de una respiración la hizo abrirlos.
Su mirada se paseó por todo el campo abierto, hasta que finalmente pudo notar la bola blanca que sobresalía de entre el pasto. Con el lomo subiendo y bajando, el cuerpo enteramente quieto.
La rubia sonrió.
Se puso de pie y caminó hasta el bultito, tratando de hacer el menor ruido posible. Se puso de rodillas al tiempo que se acomodaba los mechones tras su espalda; después, se quedó allí, callada.
Puso una palma en la cabeza de la criatura, dándole pequeñas caricias. Cuando vio al animalito moverse más hacia ella, buscando su contacto, no pudo evitar soltar unas ligeras risitas.
Se aproximó otro poco y con mucho cuidado, le levantó para acunarle entre sus brazos, tal cual si fuera un bebé. Sus ojos borgoñas se entrecerraron enternecidos, contemplando cómo las joyas azules se abrían para verla en tanto la boca lanzaba un adorable bostezo.
-"¿Te he despertado?"
-"Mou, Fate-chan –se talló un párpado-, ¿no es algo tarde para decir eso?"
-"¿Perdón?" –rió.
-"Perdonada, pero… -se acurrucó junto a ella-… quédate así un poco más, ¿um?"
-"Dormilona, ¿cuántas veces planeas hacerme tu almohada personal, eh? ¿Baa?"
-"¡Baa! –dijo entre risas-, las que sean necesarias… Fate-chan."
La aludida quitó uno de sus brazos para poder sostenerse. Aprovechando el mayor espacio dejado, el cordero cambió su forma, reapareciendo ahora como la estudiante de Casco con su uniforme canela.
Pegada a la hija de Colmillo, tratando de conciliar el sueño en el pecho de quien debiera ser su peor enemigo.
-"¿Nanoha?" –susurró al rodearle la cintura.
-"¿Um?"
-"Pasó algo… hoy, en la escuela."
El tono bajo y el peso de una cabeza en sus cabellos cobrizos hizo que despegase los párpados, pudiendo así admirar el paisaje oscuro. Sintió la respiración de la rubia, creciendo y bajando; el corazón latiendo pausadamente.
-"Hayate fue encarcelada ayer, no sé exactamente cómo, sólo que no fue su culpa. A la mañana siguiente se unió a una carrera que se hace cada tanto en Colmillo, y al terminar…"
Fate se mordió los labios y cerró los ojos. Jaló unas tres bocanadas de aire para deshacerse de los nervios que empezaban a atacar su estómago.
-"Al terminar, se armó un alboroto y Rein fue perseguida. Para cuando nos dimos cuenta –se hundió más en los hilos castaños-, había acabado dentro de las mandíbulas de un cocodrilo."
-"Fa…"
-"Tranquila –cortó suavemente-, está bien. Yo conozco a ese profesor, es una buena persona, debió de ocultar a Rein hasta que las cosas se calmasen. Fue Verossa quien nos dio la buena noticia a Hayate y a mí, hace unos momentos ella se fue con Signum para pedirle a Shamal que curase sus heridas."
-"Fate –se alejó unos centímetros y subió una mano hasta sus mejillas-, ¿por qué me estás contando todo esto?"
-"Porque… -apretó los dientes-… no quiero que nada malo te pase."
-"Pero nada malo va a pasarme, ¿me escuchas? No lo permitiré."
-"Nanoha –gimió, apartándose de su toque-, no lo entiendes. Ellos son bastantes y son más grandes que tú y yo, no puedes decir que no vas a permitirlo; ¡no podrías hacerles frente a todos! ¡Tú no…!"
Los labios en su boca la hicieron callarse, las manos en su cara la obligaron a quedarse quieta y el calor que acompañaba al suyo, hizo a su corazón temblar. Pronto, unos dedos descendieron para entrelazarse con aquellos que descansaban en la hierba.
-"Yo quiero estar contigo, Fate –murmuró muy cerca, regalándole un segundo beso, pero más corto-. ¿No crees que tampoco he pensado en qué sucederá después? ¿En adónde nos llevará la relación que tenemos si hemos de continuarla?"
La depredadora se mantuvo en silencio y desvió la vista, la cual fue regresada de inmediato hacia la castaña, gracias a la palma izquierda de esta última que aún permanecía en su faz.
-"Estoy dispuesta a arriesgar todo lo que tengo, si con ello puedo ser tuya, y tú mía –juntó sus frentes y esbozó una gentil sonrisa-. Me conoces a mí, conoces dónde vivo y conoces quiénes son mis amigas, Fate; yo conozco también eso de ti, ¿qué más podemos necesitar, entonces?"
-"Tengo miedo –apartó las manos del pasto para abrazarse a ella-. Tengo bastante miedo que si cometo sólo un error, por muy pequeño que sea, pueda costarte la vida."
-"El que no juega, no gana, Fate-chan –le correspondió el gesto y frotó su espalda para calmarla-. ¿Lo comprendes, cierto?"
La rubia asintió, a pesar de que la otra joven no podía verla. Nanoha se dejó caer apaciblemente encima de la hierba, atrayendo a Fate consigo para que descansase en su pecho.
Peinó con sus dedos los largos mechones dorados y besó su frente, tarareando después alguna canción de cuna mientras sus ojos azules contemplaban las estrellas en el cielo.
Bajó los brazos y entrelazó sus manos sobre la cintura de la estudiante de Colmillo.
-"Ojalá pudiese quedarme por un día contigo."
-"Lo sé –respondió bajito-, pero hay que aguantar. Cuando todo esto acabe, podrás pasar todos los días que quieras conmigo" –la apretó contra sí.
-"Falta mucho todavía para graduarnos, Nanoha –sonrió amargamente-. No quiero esperar tanto."
-"Aguanta –repitió-. Sé un buen cachorro y haz lo que te digo, ¿sí?"
-"Baa."
-"Nyahaha, baa para ti también."
La risa de Takamachi se detuvo al ver los ojos borgoñas mirarle con cariño, contagiándose los suyos azules de este mismo. Percibió su corazón latir más vivo y alegre que nunca, con la calidez de la rubia entre sus brazos espantando cualquier mala vibra en su cabeza.
-"¿Sabes?"
-"¿Sé?" –sonrió Nanoha.
-"Ahora tú eres la almohada."
Rió Fate.
" – " – "
-"¿Eh?"
Shamal parpadeó confundida, todavía somnolienta al darse cuenta de que Hayate y Signum se encontraban en el granero donde estaba instalada –probablemente por culpa de la última-.
Se talló los ojos y se sentó sobre su cama. Se masajeó las sienes, preparándose para darle un largo y frenético discurso a la pelirrosa enfrente de ella.
Estuvo a punto de comenzar, de no ser porque el bulto que la más alta le extendió la dejó totalmente fuera de combate.
-"Disculpa por la imprudencia –sonrió avergonzada antes de devolver a Rein con Yagami-, pero necesitamos tu ayuda, Shamal."
-"Espero que sea algo bueno –frunció el ceño, parándose y colocándose la bata blanca-. ¿Tienes idea de lo peligroso que es meterse así nada más? ¡Y encima arrastraste a Hayate contigo!"
-"¡Pero yo…!"
-"¿Shamal?"
La aludida volteó a ver a la castaña que había alzado un brazo para hacerse notar. Luego de terminarse de abrochar su ropa de trabajo, regresó a sentarse para estudiar de cerca la gaviota que la más joven sostenía en sus brazos.
-"En realidad, yo le pedí a Signum que me trajese" –intercedió, desenrollando al ave de su chaleco negro, para depositar ambos en la camilla.
-"¿Qué sucedió?"
-"Muchas cosas" –suspiró la pelirrosa.
La rubia palpó con cuidado las alas maltratadas, de cuyos espacios irregulares dejaban en claro que algunas plumas hacían falta. Examinó, también, los moretones que se extendían desde la cola hasta la corona.
-"Sería un gran favor si pudieses cuidarla por un tiempo –suplicó Yagami-. Sólo en lo que se recupera, no te dará muchos problemas, lo prometo."
-"Descuida, yo la veré, Hayate-chan –le sonrió amablemente-. No hay de qué preocuparse."
-"Gracias" –le devolvió el gesto.
-"Nosotras ya nos vamos. Disculpa por haberte despertado."
-"¡Signum!"
La nombrada, que ya había dado la media vuelta, se detuvo. Escuchó el sonido de los resortes de la cama en cuanto ésta se vio libre de peso; al siguiente instante, una mano sujetó la suya, obligándola a voltearse.
-"Si quieres hablar conmigo, tienes que avisar antes –comentó divertida, atenta a la expresión avergonzada en la otra-. Aprovechando que las dos están aquí, ¿ya les ha contado Nanoha del Festival de El-ahrairah?"
-"El-ah… -Hayate se cortó a sí misma, incapaz de pronunciar semejante nombre-. ¿No es el mismo para el que Arisa te pidió ayuda, Signum?"
La guardiana miró los ojos azules con igual confusión, por lo que simplemente alzó los hombros. Lo último que recordaba es que Tía –y por regla, Subaru igual- se había encargado de enseñarle algunos saltos a la potrilla. El cómo había resultado aquello o si el siquiera había resultado, no lo sabía.
-"¿Qué hay con eso?" –quiso saber la félida.
-"Las cosas están complicándose, puedo sentirlo con sólo mirarte –le dio un suave apretón-. ¿Por qué no vienen mañana en la noche? El carnaval estará repleto de disfraces, con un poco de perfume y sus uniformes fuera, no debería haber problema."
-"Shamal, lo que dices es…"
-"¿Una locura? –se rió-. Hayate, ¿tú que dices?"
-"Yo… después de lo de hoy –bajó la vista, tomándose un brazo-, no estoy segura…"
-"Ahh."
Con un suspiro, la doctora se dedicó a observar el techo de madera durante un largo rato; la lamparilla de aceite en una esquina emitiendo su tenue brillo naranja.
La rubia chasqueó los dientes y después sonrió, afable.
-"No les propondría algo así tanto si yo no estuviese allí como que no fuese seguro. Creo que todas aquí estamos estresadas, la situación va a empeorar, es inevitable –las pupilas magenta se cerraron-; antes de que la tensión o el temor vuelva a nosotras, me gustaría que despejásemos la mente aunque sea por un día."
Signum abrió los labios para decir un tajante "no", mas la mirada suplicante de la pastora la hizo mordérselos y tragarse sus propias palabras. Peor fue, cuando una mano acarició su mejilla y la otra entrelazó por fin sus dedos.
-"La vida no es sólo tristeza y mentiras, ¿no lo crees?"
-"Detesto cuando haces eso, sabes que así no puedo negarme."
Shamal rió nuevamente, apartándose y despidiéndose de ambas; segura de que al menos por unas cuantas horas, la línea entre el depredador y la presa se esfumaría por completo.
Y de que, esta vez, por una fracción de tiempo: La vida sería bella.
" – " – "
-"¿Esperaste mucho?"
-"¿Mmm? –tarareó somnolienta-. Sólo un poco, Fate-chan. ¿Qué hora es?"
-"Debe ser más de medianoche. Pronto tendré que irme."
-"Cierto –contestó desanimada-. ¿Oye?"
-"¿Waf?"
Nanoha rió divertida, enlazando su mirada con aquélla borgoña y jalándola hacia arriba para darle un beso. Fate gimió, sintiendo los dientes inofensivos hundirse en sus labios y a una lengua juguetear perezosamente con la suya.
Cuando se separaron, cerró los ojos y volvió a recostarse en su pecho; intentó controlar su respiración en tanto sus mejillas disminuían el sonrojo en ellas.
-"¿Estamos un poco calmadas hoy, no?" –bromeó la castaña.
-"Um –se relamió la boca-. No tengo ganas de ser la feroz cazadora" –sonrió.
-"Nyahaha, ¿eso me deja como la mala a mí?"
-"Sí –rió suavemente-, la peligrosa bola de algodón, ¡baaa!"
-"Mou, Fate-chan, ¡los balidos son parte de mi vida! ¿Hasta cuando pararás de burlarte de ellos?"
-"¿Nunca?"
-"No más galletas para ti."
-"Waf."
Las risas estallaron entonces, con los brazos en la cintura de la rubia atrayéndola más hacia el cuerpo de la más chica; las respiraciones lentas y acompasadas, con el perfume de cada una invadiendo el olfato de la otra.
Con la amplia pradera y las altas montañas mezclándose en una sutil fragancia de convergencia natural.
De repente, pisadas en el pasto se detuvieron a un lado de ellas, instando a que ambos pares de ojos se alzasen para ver quién les había dado el toque de vuelta a casa.
-"Fate-chan –la aludida oyó la voz entretenida de Hayate-, me alegra que estés muy cómoda, pero por desgracia somos tres y una sola almohada; vamos partiendo, ¿no?"
La herbívora gruñó por lo bajo ante el apodo mientras la rubia se reía, susurrándole rápidamente a la pelirroja un "te lo dije", antes de ponerse en pie.
-"A propósito –agregó Yagami, dándole una mano a Fate y Nanoha para ayudarlas a levantarse-, ¿ya te ha contado tu noviecita del festival cómo se llame?"
-"¿Eh?" –las pupilas borgoñas parpadearon.
Hayate se encargó de explicarle brevemente lo que Shamal les había dicho a ella y a Signum, esta última manteniéndose callada y cruzada de brazos; a pesar de que la mirada cerúlea era tranquila, en vez de alerta como la mayoría de las veces.
-"¿Nanoha?"
-"Nyahaha, ¿se me pasó decirte? –rió torpemente y colocó una palma en su cabeza en cuanto su pareja le vio con duda-. Pero claro que me gustaría que vinieras… porque, bueno, yo participaré allí…"
-"Eso tengo que verlo" –la africana sonrió de lado.
-"¿Y qué harás?" –preguntó la lupina.
-"Pues, yo voy… -pasó saliva, sintiendo el calor subir a sus mejillas al recordar que su acto era algo que ya había realizado con la chica al frente suyo-… yo voy a bailar."
En reacción, los pómulos de Fate también se arrebolaron, compartiendo de inmediato el mismo recuerdo del baile de los corderos, hace días atrás; aún cuando con todo lo sucedido, parecía un acontecimiento muy lejano.
Hayate rió ante lo lindo –y burlable, más tarde- de aquella situación. Signum, por su parte, tan sólo rodó los ojos; cerrándolos después y masajeándose el puente de la nariz.
-"¿Vendrás… a verme?" –inquirió apenada.
-"¡Cla-Claro, Nanoha! ¡Yo…! Ehm… yo estaré allí" –sonrió avergonzada.
-"Te estaré esperando, entonces, Fate-chan" –sonrió dulcemente.
-"¡De acuerdo! ¡Suficiente! –exclamó Signum, rompiendo el momento-. Testarossa, es hora de irnos; Takamachi, vuelve a la cama; Yagami, cierra el hocico y trágate lo que sea que me vayas a decir antes de que te obligue a hacerlo. ¡Nos vamos ya!"
-"Aguada" –Hayate le sacó la lengua.
-"Por mí, Testarossa puede hacer lo que le venga en gana, cuando no esté yo presente, claro. Santa Naturaleza, jóvenes tenían que ser."
Fate tan sólo rió, despidiéndose con un beso de Nanoha y alcanzando después a sus dos compañeras, que ya se hallaban cruzando de vuelta al otro lado.
Durante todo el trayecto, las burlas y las sonrisas que la chica licaón le dirigía a la pelirrosa, sumados al "Qué diferente te ponías con Shamal", lograron hacer el rato más ameno.
Entre risa y risa, y gruñido y gruñido, la rubia apenas podía creerse todo lo malo que habían vivido durante aquellos días. Contempló con alivio y alegría el rostro de sus amigas, agradeciendo el poder tener personas a su lado que se preocupasen por ella.
Amigos de verdad. Que aunque no conociesen del todo cada rincón de su corazón, estaba segura lo defenderían como si así fuese.
Bajó la mirada borgoña a la pañoleta azul en su cuello, fiel y anudado al igual que siempre. Indeleble señal de que, también, tenía un amor real. Puro.
Uno que debía, quería conservar.
"El que no juega, no gana, Fate-chan."
Y cuyo nombre era: Nanoha Takamachi.
Continuará…
¡Rein está viva! ¡VIVA! Me acabo de sentir como el doctor loco que creó a Frankenstein XDD
¿Ya ven? Vice no es un cocodrilo sólo porque sí, todo estaba fríamente calculado. Respecto al capítulo, ha sido más que nada un acercamiento entre nuestros personajes, para reforzar los lazos y recordar que siempre hay algo por lo que luchar.
Sepamos o no sepamos qué es.
El mismo instinto nos guía. El siguiente tratará acerca del Festival de El-ahrairah –que al igual que Hayate, sufro en escribir tremendo nombre-, que hace algunos apartados atrás, se había mencionado.
Hay que darles un respiro, como dice Shamal, luego de tanta marea alta =)
Unas disculpas a mi beta –en realidad, ha sido su culpa por no esperarme y dejarme abandonada en el camino T_T-, pero debo cumplir con el plazo de al menos actualizar una vez por semana; son 15 minutos para la medianoche así que estoy a tiempo XDD
Perdón, Liitha, ya luego me gritas y me dices que estoy mal XD
Y por supuesto, unas gracias y abrazos enormes a todas aquellas personitas que desgastan su tiempo leyendo esta historia. Aguantar un poquitín más, que ya vamos empezando a dar la vuelta para alcanzar la última avenida de este relato.
Saludos. A pasar todos un animado día, o una relajada noche ;)
Kida Luna.
