Naruto y personajes propiedad de Masashi Kishimoto
Sólo la trama de esta historia pertenece a mi autoría.
.
Este fic únicamente se publica en este sitio, prohibido tomarlo y subirlo a otro lado.
.
.
.
.
Men's Club
.
.
.
XXIX
«Punto de quiebre»
.
.
.
El brillo del sol que se colaba por la ventana le hizo abrir los párpados. Yahiko se sintió un poco desconcertado al percatarse que la superficie en la que se encontraba no era su pequeña y mullida cama, la conciencia le llegó de golpe cuando un delgado cuerpo se restregó junto al suyo. Konan. La preciosa y pequeña mujer se apretó más a él, abrazándolo y acomodándose en la amplitud de su pecho. Se quedó detenido en ese instante, saboreando el momento, incrédulo de que la noche anterior —y gran parte de la madrugada—, habían hecho el amor como si no tuvieran ninguna otra preocupación más que la de amarse.
Desvió la mirada al techo. La realidad que llegaba con la mañana, era muy diferente. Konan estaba comprometida con otro. Konan iba a casarse dentro de pocos días con Itachi. Apretó los dientes con fuerza, a la vez que la oprimía contra sí. Por supuesto que no era algo que ella quisiera hacer, eso estaba más que claro en este punto. ¿Pero de verdad importaba?. No. La situación seguía siendo la misma, él no podría darle lo que ella merecía, el amor no era suficiente. ¿Qué pasaría cuando sus padres le dieran la espalda?, ¿Cuándo ella tuviera que mudarse de aquel lujoso y cómodo departamento, para vivir en un condominio del tamaño de una caja de zapatos?, ¿Cuándo tuviera que vender o empeñar sus pertenencias para poder llegar a fin de mes?...
Por más que le doliera admitirlo, él jamás podría darle la estabilidad y prosperidad a la que estaba acostumbrada. Ella tendría que aceptarlo y seguir con su vida, aunque…
Lo único que persistía en su cabeza era lo que pasó entre ellos. Razonando los hechos con absoluto cuidado, no podía dejar de lado que Konan planeó su explosivo encuentro, una idea floreció en su de repente despierta mente. ¡Lo más seguro es que ella ya no tenía ninguna relación con Itachi! Sí, eso debía ser, sino, jamás habría acabado en sus brazos con tanta facilidad, prácticamente le había insistido con sus besos y su cuerpo retomar su romance.
Ella estaba dando un enorme salto de fe, confiando en él y poniéndose en sus manos de nuevo, arriesgándose, siguiendo los impulsos de su corazón… sacrificando todo por el amor que le tenía. ¿Por qué era tan difícil que él hiciera lo mismo?. Sí, tenía miedo, estaba petrificado de que ella dejara de amarlo por no ser suficientemente bueno, ¿pero era tan cobarde que ni siquiera iba a intentarlo? Ya en el pasado se hizo a un lado como un niño asustado e inseguro, ¿pensaba hacerle lo mismo una segunda vez?
No. Si lo hacía, sabía que ahora sí, Konan dejaría de amarlo. Solo había cierta cantidad de rechazo que una persona podía soportar, Konan lo daba todo por él, era hora de madurar y demostrarle que él haría precisamente lo mismo. Sonrió renovado, no sería nada fácil luchar contra sus complejos, contra las mil y una circunstancias desfavorables, pero lo lograrían. Y no, el amor no era suficiente, también se requería de voluntad, de perseverancia, y sobre todo, de valor.
Se levantó con cuidado, ella estaba tan cansada por la extenuante actividad anterior, que ni siquiera respingó. Se vistió con el pantalón y la camisa, dirigiéndose después a la cocina. Le prepararía un delicioso desayuno, a ella siempre le había gustado que la sorprendiera con la bandeja en la cama. Se sentía un poco fuera de lugar, por lo regular era Konan la que dormía en su departamento y no al revés. Uno de sus tantos intentos por demostrarle a él que no le importaban sus diferencias sociales.
El lugar era muy espacioso y moderno, sacudió la cabeza deshaciendo su inquietud. Abrió la nevera y cogió algo de fruta, a Konan le fascinaban las fresas y el melón. Se disponía a lavar y cortar los alimentos cuando escuchó un llamado que provenía desde la sala, se congeló en el sitio. Aquella no era la voz de Konan.
.
Konan se removió con agotamiento, estirando los brazos he intentando alcanzar a Yahiko, hubiera seguido dormida pero el vacío que encontró en la cama la hizo levantarse asustada. Frenética, registró la habitación en busca de alguna pista que le dijera que la noche anterior no fue un simple sueño. La encontró, la chaqueta del traje de su ex permanecía sobre una silla cerca de su tocador, al igual que los zapatos y los calcetines. Soltó la respiración que había estado conteniendo. ¡No se marchó!, sonrió sintiendo las mariposas revoloteando en su interior. Se puso de pie y cogió una bata de seda de su vestidor, la urgencia apremiante de salir a buscarlo la tenía corriendo hacia la puerta. Al salir al pasillo oyó la voz de su madre que la llamaba desde la sala, su corazón se saltó dos latidos en su pecho.
—Konan, hija —la firme y exigente demanda fue como un disparo en la sien.
Corrió a su encuentro, sabiendo muy bien por qué su madre se encontraba en su departamento a aquellas horas de la mañana. También sabía que lo que venía a continuación no sería nada sencillo. Estaba a punto de dejarle claro a Kurane que ya no tenían necesidad de ir a recoger ningún vestido, porque no habría boda.
—Pero qué es esto, ¡aun no estás lista! —la contempló con reproche.
Konan se cruzó de brazos protectoramente, no quería causarle ningún disgusto a su mamá, sin embargo eso sería imposible. La refinada y conservada mujer pondría el grito en el cielo cuando le confesara sus planes de cancelar todo y volver con Yahiko.
—Yo… no, no estoy lista. ¿Por qué no llamaste antes de venir?, supuse que llegarías mas tarde. Además, pudiste tocar el timbre en vez de usar la llave para emergencias que te di —estaba ganando tiempo para soltar la bomba, conocía a su madre, necesitaba preparar el terreno.
— ¿Ahora te molesta que no llame a la puerta?. Eso nunca ha sido problema. No es como si tuvieras algo que ocultar, ¿no? —su madre la recorrió con ojos entrecerrados—, Itachi es un caballero, jamás te faltaría al respeto quedándose a dormir aquí sin estar casados —señaló con seguridad.
Konan se guardó un resoplido, su madre no era tan ingenua como para ignorar que ella ya no tenía ninguna virtud que proteger, pero le gustaba hacerse la desentendida.
—No es que oculte algo. Pero merezco tener mi privacidad mamá.
—Se te olvida quién paga las cuentas —su madre se acercó a uno de los sofás y se sentó con cuidadosa elegancia.
—No, no se me olvida que papá se empeñó en regalarme este lugar, pero yo no se lo pedí, les dije que con la herencia que me dejó la abuela podía vivir perfectamente en un bloque de departamentos más económicos, además, tengo mi empleo, sé que es a tiempo parcial, pero me ayudaría a solventar mis gastos si ustedes no insistieran en intervenir —contraatacó frustrada, siempre era la misma discusión. Sus padres se negaban a dejarla crecer y hacer de su vida lo que ella quisiera.
—Como sea, cuando te cases con Itachi él se encargará de que dejes esas ideas tan populistas. En fin, ¿Qué esperas para ir a vestirte?, te dije ayer que pasaría por ti para ir a recoger tu vestido de novia, Rafaello debe estar esperándonos.
—Sí, sobre eso… mamá —su confesión fue interrumpida por una voz desconcertada a su espalda.
— ¿Irás a recoger tu vestido de novia?... sigues pensando en casarte con él —acotó Yahiko con un nudo en la garganta.
— ¿¡Pero qué hace éste tipejo aquí!? ¡Konan! —su madre se puso de pie indignada y furiosa, sin embargo Konan no tenía ojos más que para el hombre que la miraba con una expresión de absoluta devastación.
—Yahiko no… déjame que te explique…
—Pensé… creí que tu relación con Itachi… ¿Qué fue lo de anoche?, ¿tu despedida de soltera… tu último acto de rebeldía antes de ser la señora Uchiha?
Yahiko no había querido escuchar a hurtadillas la conversación de Konan con su madre, pero que bueno que lo hizo, gracias a ello se daba cuenta el enorme error que cometió al dejarse llevar por sus estúpidos sentimientos.
— ¡No! Yahiko no voy a casarme… te quiero a ti…
— ¡Por supuesto que vas a casarte! —exclamó su madre con violencia.
— ¡Mamá no te metas! —nunca le había gritado a su mamá, por lo que le dolió verla sobresaltarse ante su rudo tono, no obstante regresó su atención a Yahiko, quien continuó como si su madre no estuviera ahí.
— ¿Ah sí?, ¿Itachi ya lo sabe? —la vio agachar la cabeza y negar derrotada—. Tan solo ayer tenías la intención de ir por tu vestido de novia, ¿no?. Claro que en esa misma lista estaba también el seducirme. Ya me imagino tu agenda, Jueves por la noche cena y burlarme de Yahiko, Viernes por la mañana recoger el vestido para la boda y manicura… ¿con esa facilidad y frialdad planeas tu vida Konan?
—Tú sabes que no es así Yahiko… —hizo el amago de acercarse, pero Yahiko la frenó con un ademán.
—O tal vez es que nos quieres a ambos, uno esposo otro amante… o no, espera… ¿necesitabas tener la seguridad de que yo caería ante ti de nuevo, antes de terminar tu relación con él?. Porque, qué tal si yo no cedía, y tú perdías tu compromiso por nada. Si, ¿es eso verdad?. Si yo me daba la vuelta y no te seguía el juego, continuarías con tus planes de ser su esposa. Pero, como soy tu idiota, como sabes que no puedo resistirme a ti… ahora dices que me quieres, que tu compromiso se acabó —se acercó a ella, acariciando su mejilla con amorosa devoción.
—Yahiko… por favor —suplicó con desesperación. No, sus intenciones no eran esas, pero comprendía que era lo más natural que Yahiko creyera aquello, había dejado pasar incontables oportunidades de deshacer su compromiso con Itachi, ahora tenía que sufrir las consecuencias de su falta de carácter, de su cobardía.
—Te comprendo, no puedes arriesgarte con algo tan importante como tu futuro, ¿cierto?. Ir a lo seguro —asintió dejando caer su mano—. Él es tu seguro. Ve por tu vestido…
—No —las lágrimas corrieron rápidamente por sus mejillas.
—… cásate con él —besó su frente, apartándose después—. No debería importarme que no confiaras en mí, en nosotros, en que yo estaría aquí… pero lo hace. Lo siento.
Konan se quedó lívida en su sitio, escuchando la puerta cerrarse. Lo único que la detuvo de seguirlo para implorarle otra oportunidad, fueron la decepción y desilusión que el rostro de Yahiko reflejaba. ¿En qué momento todo se fue al demonio?, se preguntó arrepentida y consternada. Ahora Yahiko creía que no lo amaba lo suficiente, que únicamente había pretendido jugar con él, que prefería ser la esposa de Itachi aunque no lo amase.
—Konan, necesito que me expliques…
—Basta mamá. Ahora no… —cayó sin fuerzas, sollozando derrotada. El abrazo de su madre fue tan sorpresivo, que lo único que pudo hacer fue acomodarse contra ella y dejar ir el sufrimiento que la asfixiaba.
.
.
El reloj de su buró marcaba las once de la mañana, más tarde de lo que imaginó que llegaría su despertar. Se estiró con energía renovada a la vez que suspiraba con resignación, una rara contradicción pero así se sentía después de lo ocurrido. Sospechaba lo que encontraría en su habitación, o más específicamente, lo que no encontraría. A Sasuke.
Se recargó en la cabecera, rememorando cada detalle de la tempestuosa noche anterior. Él no le había prometido amor eterno, ni siquiera una posibilidad de reconciliación. Sabía que la desesperación de Sasuke lo llevó hasta ella, su falta de control la asombró y le dio esperanza, pero no se engañaba, hacía falta más que eso para que él la perdonara. No pudo negarse a estar con él, resistirse a sus besos y su cuerpo, sería como privarse de respirar, sin embargo, eso no significaba que no le afectara su marcha sin despedida.
Si no fuera por sus músculos adoloridos, las sábanas revueltas y el leve aroma de su colonia en el ambiente, parecería que aquello fue una mera ilusión. Estúpido Sasuke por provocarla, más estúpida ella por ceder. Por aceptar aquella pequeña migaja. ¿En verdad unas horas con él, compensaban la pena del inmenso dolor en su pecho, o la sensación de indefensión y soledad?. Por supuesto que sí, aceptó con rotundidad.
El timbre resonó en el departamento, encontró rápidamente un viejo pijama que se fue colocando rumbo a la puerta. No sabía quién era su distracción, pero agradecía la inesperada visita, no le apetecía seguir en cama reviviendo su apasionada pero efímera noche con el amor de su vida.
— ¡Ya voy, ya voy! —espetó al cuarto timbrazo. Al comprobar la mirilla sonrió encantada, Yahiko—. ¡Hey, buenos…!
—Sakura —su amigo parecía que acababa de volver del infierno.
—No tienes zapatos —indicó sin saber cómo contrarrestar la desolada expresión del abatido hombre. Aquel no parecía su galante y fuerte amigo—. Adivino… Konan.
—Si —asintió apenas—, tú tienes la camiseta al revés, además estás ojerosa, ¿Sasuke? —preguntó pasando al lado de ella.
—Touché. ¿Café, té, tequila, una cerveza? —lo siguió hasta el sofá, Yahiko recogió la peluca café, mostrándosela y arqueando una ceja.
— ¿Quiero saber qué significa esto? —preguntó con los falsos cabellos entre sus manos.
—No, no quieres. Y yo que tú me sentaría mejor en el sillón de allá —Yahiko suspiró y se dejó caer pesadamente donde le indicó, su mirada se perdió en la nada—. Entonces… asumiré que la cena no fue un éxito.
—Le dije que se casara con él.
—Yahiko…
— ¿Era mucho pedir que me escogiera a mí?, ¿qué me antepusiera a su arreglado y falso compromiso?, anoche… para mí fue —su aliento se quedó atascado—, y Konan ni siquiera tenía pensado terminar con él. Yo lo di todo, estaba dispuesto a luchar. ¡Y ella planeando recoger su maldito vestido de novia esta misma mañana!
— ¡Ay Yahiko! —corrió a abrazarlo, él la apretó con fuerza, necesitando más que nunca el consuelo—. ¿Qué puedo hacer por ti?
— ¿Puedes sacármela de la mente? —cuestionó mirándola a los ojos.
—Tanto como tú puedes sacar a Sasuke de la mía…
—Eso imaginé. Entonces por lo pronto te agradecería esa cerveza que mencionaste —la dedicó una temblorosa sonrisa.
—Cualquier cosa —besó su sien con cariño.
Comprendía perfectamente el sentir de su mejor amigo, quería levantarle el ánimo, aunque intuía que sería imposible, la pena de Yahiko era muy grande. Se dirigió a la cocina, regresando segundos después con sus bebidas, no había mucho que pudiera hacer, más que brindarle su apoyo y compañía. Ambos comenzaron a beber de inmediato, no eran horas para emborracharse, no obstante, haría una excepción. Tomó la mano de Yahiko y la sostuvo entre la suya, no fueron necesarias más palabras, dejaron que el dolor se atenuara con el alcohol.
.
.
Ino leyó de nuevo el mensaje en la pantalla de su celular, comprobando por décima vez la dirección. Se hallaba demasiado nerviosa, esperaba estar haciendo lo correcto. Entró al restaurante y permitió que la acompañasen hasta una de las mesas del centro, una en la que sería difícil camuflarse, aquél era precisamente el propósito. Declinó el menú de vinos y pidió agua mineral, para entretenerse, comenzó a revisar los costosos platos que preparaban en el lugar.
Se había despertado con un texto de Sasuke, avisándole del almuerzo que Itachi tendría con un amigo con el cual pensaba hacer negocios. Su ex cuñado estaba cumpliendo perfectamente con el plan de ayudarla, ahora le tocaba a ella actuar y seguir las indicaciones de Sakura y plantársele a su ex en cualquier lugar en el que pudiera encontrárselo. Según la información de Sasuke, la hora de llegada de Itachi sería antes de las doce, así que no faltaba mucho para que arribara al restaurante.
Cuando le trajeron su agua, aprovechó para pedir una ensalada. Quería que su ex pensara que topársela ahí ya instalada y degustando de su comida, era una enorme casualidad. Al dar su primer sorbo para aliviar su reseca garganta, casi escupe el líquido. El impacto de ver la magnífica figura de Itachi atravesando la entrada, fue una impresión muy grande. De inmediato agachó la cabeza, aparentando estar inmersa en su móvil, él y su acompañante, un hombre de unos cincuenta años, caminaban prácticamente directo a ella, Itachi la vería en cualquier momento.
— ¿Ino? —su voz tenía el efecto de hacerla estremecerse, como pudo logró recomponerse y levantar la vista haciéndose la sorprendida.
—Oh, Itachi —cabeceó con naturalidad y sonrió con educación, la última ocasión que hablaron no tuvieron un buen desenlace, pero él sabía que ella ante todo era una dama, obviamente no se pondría a atacarlo frente a todos los clientes del restaurante.
—Que placer encontrarte aquí —él le regresó la sonrisa, lucía tan sincero, que casi quiso saltar a sus brazos y decirle que le contara toda la verdad para poder volver a estar juntos—. ¿Esperas a alguien? —lo vio ponerse tenso y mirar hacia todas partes, buscando a su imaginario acompañante.
—Ya no, tenía planeado comer aquí con una amiga, pero tuvo que dejarme plantada, una emergencia —señaló el falso mensaje en su celular.
—Oh. Siendo así, tal vez Itachi y yo podamos hacerle compañía. Danzo Shimura —se presentó el señor junto a su ex.
—Ah sí, que modales los míos. Ino Yamanaka, él es Mister Shimura, un amigo y posible socio —los presentó Itachi tardíamente, en ningún momento despegó sus bellos ojos negros de ella.
—Un placer conocerlo —permitió que el maduro hombre besara el dorso de su mano.
—El placer es mío.
—Ah, respondiendo a su sugerencia, por supuesto que estaría encantada de comer con ustedes. Eso si Itachi está de acuerdo —propuso tímidamente.
No había terminado de hablar cuando Itachi ya estaba acercando una silla junto a ella. Ino se sintió gozosa al encontrarse con la mirada anhelante de su ex, si las cosas iban por ese camino, el plan de Sakura daría resultados muy pronto.
Itachi sabía que estaba actuando como un cachorro enamorado, pero no le interesaba, ni siquiera el negocio pendiente con Shimura era importante ya. Al ver a Ino debió darse la vuelta y correr en dirección contraria, no prácticamente auto invitarse a su mesa y devorarla con los ojos. Todo a su alrededor se desdibujó, después de unos minutos tenía frente a él un delicioso platillo que no recordaba haber ordenado, la conversación fluía con facilidad, curiosamente, él no era el único que olvidó el trabajo, su acompañante también se concentraba más en la rubia mujer que tenían delante, que en invertir en un nuevo centro nocturno.
De repente la exuberante comida le supo a aserrín, ¿por qué Ino parecía tan encantada con las atenciones de un hombre tan mayor como Shimura?, sí, ella era educada y guardaba muy bien las apariencias, eso no significaba que tuviera que sonreír tan confiada a las bromas de Danzo, o que se sonrojara ante los cumplidos y descarados coqueteos. Apretó la mandíbula y vio rojo cuando la regordeta mano de su casi socio, se posó sobre los finos y delicados dedos de su ex prometida. Y acaso, ¿¡aquello que estaba escuchando era una proposición para llevarla al teatro y a cenar esa noche!?
—Deja de importunar a Ino, Danzo, ella es demasiado joven para ti —como pudo se las arregló para mantener un tono bromista, no quería que Ino le gritara que se metiera en sus propios asuntos.
—Bueno Itachi, para el amor no hay edades, deja que sea tu amiga quien decida si le gustaría pasar un rato interesante conmigo —respondió jocosamente Danzo.
—Por supuesto me honra su invitación Mister Shimura… —balbuceó Ino sin saber cómo rehusarse, tenía que demostrarle a Itachi que seguía interesada en él, por lo menos de manera sutil, obvio no podía aceptar invitaciones de otros en su nariz, además, para nada le apetecía salir con un hombre tan mayor.
—Por favor, llámame Danzo.
—Ah sí, Danzo, lo que sucede es que tengo algunos compromisos esta semana…
— ¿Y este sábado?
—El sábado sería más posible… —vaya que era persistente, no quería ser majadera, probablemente tendría que darse por vencida y salir con él.
—Danzo, deja de acosar a Ino, ¿por qué mejor no llamas a tu contador y le preguntas si ya tiene listo el balance que le pediste?, no se te olvide que tú y yo estamos aquí para hacer negocios.
—Tienes razón, mientras ve pensando qué me responderás Ino, y de una vez te adelanto que no me doy fácilmente por vencido cuando algo o alguien me interesa —Danzo se levantó de la mesa y se dirigió a un lugar apartado para hacer su llamada. Era un hombre muy seguro de sí mismo, probablemente siempre se salía con la suya.
Ino abrió la boca para agradecerle a Itachi su intervención. Por lo menos le había comprado algunos minutos para ingeniar una buena negativa. Pero su ex se le adelantó.
—Ino no te fíes de Danzo, sé que no te importará mi opinión, y que piensas que soy el menos indicado para darte consejos de con quién pasar tu tiempo, pero él no es un hombre para ti. Sí, es amigo mío, pero se ha divorciado tres veces, además es muy autoritario, eso sin contar que te dobla la edad, por favor, no le des alas solo para hacerme pasar un mal rato —aquella sinceridad la dejó pasmada, pero logró recomponerse, no perdería la oportunidad para hacer su movimiento hacia Itachi.
—Por supuesto que me importa tu opinión, te conozco, siempre te ha importado mi bienestar, aunque tus acciones indiquen lo contrario a la hora de demostrarlo. Justo ahora iba a agradecerte por intervenir, no sé cómo negarme a su propuesta, sobretodo porque la idea del teatro no me resulta tan mala, he querido ver esa obra desde hace meses —inventó de último momento, por el brillo que destelló en las pupilas de Itachi supo que él captó el mensaje.
—Yo puedo llevarte —propuso de inmediato.
—Pero… con tu boda tan próxima, además entre tú y yo las cosas están tan complicadas…
—Sería sólo una salida, por los viejos tiempos —cogió su mano entre la suya y la apretó con fuerza.
Cuando estaba con Ino su cerebro dejaba de funcionar, ¿Qué no entendía que entre ellos ya no podía existir nada?. Creyó que ella le daría un NO rotundo, que insistiría en que no era conveniente, porque sin duda no lo era. La satisfacción lo llenó al escucharla aceptar.
—Bueno, siendo así… —se mordió el labio inferior y asintió impetuosamente.
Una noche más a su lado, era todo lo que pedía. Agradecería eternamente a quien sea que le estuviera concediendo aquel milagro.
— ¿El siguiente viernes?
—Te espero a las siete —concordó.
—Ahí estaré. Danzo no tarda en regresar, mejor que no te encuentre aquí, seguirá insistiendo hasta que no tengas más opción que aceptar. Vete, yo le explico que tuviste que irte —Ino se guardó la sonrisa, la preocupación y proteccionismo de Itachi eran muy tiernos.
—Hasta el próximo viernes —se puso de pie con el bolso en la mano, dispuesta a pagar su cuenta.
—Por favor —negó Itachi irguiéndose también—, yo me encargo. Apresúrate.
—Gracias —se acercó osadamente a él, besando su mejilla derecha, a escasos milímetros de la comisura de sus labios. Itachi tembló de deseo, regresándole el gesto y dejándole la piel erizada.
Con un último vistazo se apartó y salió rápidamente del lugar, el fuego que vio surgir en su mirada, auguraba una pronta reconciliación.
.
.
Sakura atravesó la entrada del bar con determinación, las cervezas en su sistema la dotaron de una valentía que no poseía aquella mañana. No es que estuviera ebria, ella y Yahiko no habían bebido hasta ese punto, pero debía admitir que su prudencia se hallaba apagada en ese momento —al menos el sentido de conservación que le aconsejaba a diario que no se enfrentara a Sasuke—.
Pasó saludando al resto de los muchachos, como tuvo que tomar un taxi en vez de conducir, llegó un poco más tarde de lo usual. No se detuvo cuando Naruto hizo amago de hablar con ella, su objetivo era la oficina de Sasuke, debían poner las cosas en claro, además, después de la magnífica noche que pasaron, rogaba que él estuviera listo para ceder y comenzar a trabajar de nuevo en su relación.
Llamó a la puerta una vez y giró la perilla, la emoción y expectación la dominaban. Sabía que si perseveraba lograría que Sasuke la perdonara. No quería seguir sufriendo, no quería verse reflejada en la situación de Yahiko, quien estaba convencido de que todo había terminado entre Konan y él.
Al abrir y entrar, su corazón casi se detuvo, sus párpados abiertos en shock, permitieron que sus ojos grabaran para siempre la escena que tenía frente a ella, y que la perseguiría por el resto de sus días.
Sasuke no se hallaba solo, se encontraba con Lena, la asistente de Karin. Ella sentada en el escritorio, con él entre sus piernas, acariciándola y besándola con abandono, sus ropas fuera de lugar, claramente supo lo que estaba a punto de suceder.
—Sasuke —el estrangulado llamado tuvo el efecto esperado, Sasuke dio un respingo y se giró para mirarla.
—Tsukumo… ¿no ves que estoy ocupado? —respondió con la respiración agitada.
— ¿Anoche…?
—Anoche fue un error. No volverá a suceder, es más, ya ni siquiera me acuerdo de lo que sucedió. ¡Sal! —espetó con los dientes apretados y los ojos llenos de ira.
—Ya veo, no importa cuantas veces admita que lo siento… cuantas veces me humille, anteponiéndote a mi dignidad… lo único que recibiré será tu rechazo y castigos. Nunca me he dado por vencida, ¿sabes?, en fin —lanzó un suspiro—, supongo que siempre hay una primera vez —se dio la vuelta cerrando la puerta y dejándolos solos para que continuaran con lo que hacían.
— ¿Qué fue todo eso?
Sasuke ignoró la pregunta de Lena y se dirigió a servirse un whisky. Las palabras que le dijo a Sakura fueron crueles, precisamente herirla era la intención. Su plan era borrar la noche anterior, degradar su grandioso encuentro, distorsionar el amor que compartieron y convertirlo en algo sin valor.
Desde el momento en que invitó a Lena con la intención de seducirla en el trabajo, sabía que este enfrentamiento iba a surgir, sin embargo no esperó que terminara de aquella manera. Se había preparado para recriminaciones, gritos, llanto… la calma y posterior derrota de Sakura lo dejó sorprendido. Todo acabó tan rápido, ¿Por qué Sakura hizo lo que le pidió y se marchó sin rechistar?, él ahora podía continuar con su "diversión", entonces, ¿Por qué un gran nudo se había formado en su garganta?, ¿Por qué tenía la urgencia de correr tras ella y abrazarla?, ¿Por qué su decepción le heló la sangre y… por qué tenía el fatal presentimiento que no volvería a verla?
.
Sakura caminó directamente a la salida, alguien gritó el nombre de Tsukumo pero sus pies no se detuvieron. Sus ojos ardían por las lágrimas no derramadas y su estómago se sentía pesado y revuelto. La imperiosa necesidad de salir de ahí, de volver a sentirse bien, de poder respirar sin que sus pulmones parecieran a punto de estallar, la impulsaba a correr sin mirar atrás.
— ¡Hey!, ¿A dónde vas?, la clientela está empezando a llegar —la frenó Deidara cerca de las puertas.
—Me voy —respondió llanamente, no tenía ánimos de pelear, si Deidara comenzaba con sus estupideces lo lanzaría al piso de un golpe.
— ¿Acaso renunciaste? —preguntó el rubio, extrañado ante la fría expresión de Tsukumo.
—Por esta noche, sí —admitió vencida, ¿Quién sabe?, tal vez mañana se decidiera a volver a intentarlo, pero no ahora, el dolor era demasiado insoportable.
— ¿Sasuke lo sabe?
—A él no le importa… ahora, ¿puedo irme ya?
—No te ves bien… —señaló concernido— tal vez alguno de nosotros pueda acompañarte a casa.
—No me dirijo a casa.
— ¿Entonces a dónde vas?
Sakura sonrió sin diversión, para que Deidara estuviera preocupado por Tsukumo, debía verse fatal.
—A olvidar —respondió retomando su serio semblante—. Gracias por tu interés, pero quédate tranquilo, estaré bien —palmeó su hombro y siguió con su camino. Perdiéndose en la oscuridad de la noche y la negrura de sus pensamientos.
.
.
.
.
Hola, ¿cómo les va?, ¿qué me cuentan?
Sé que mis apariciones son muy retiradas, disculpen la tardanza, voy lento porque mi tiempo es limitado, escribo cada vez que puedo y pues no es fácil aparecer con más frecuencia. Sé que se merecen más, de verás discúlpenme, lo único que les puedo reiterar como siempre, es que aquí sigo y que volveré con cada continuación.
En fin, el capítulo estuvo algo agridulce, a Ino parece irle bien, lo malo que a sus amigos no tanto. Ahora sí Sakura se hartó, al menos por una noche, esperemos que no haga locuras como acostumbra, hehe.
Me da gusto volver y saludarlas/os, ojalá hayan disfrutado del capítulo, cualquier duda, sugerencia, aclaración, leo todo lo que me manden =). Gracias por su apoyo, con tantas cosas abrumándome en mi día a día, ustedes me dan ánimos.
Espero que estén de lo mejor, les mando un saludo y un fuerte abrazo, cuídense mucho. ¡Nos leemos espero que pronto!
.
.
¡SASUSAKU CANON!
