Gracias a: Japo, lolipox, MissaFire, PrincessDarkUrak, HanaeMiyu, ClauGazz, María, Inu'Karuta, aky9110, haru10, salixrmxxn, setsuna17, AzulTan, azucenas45, elvi, Marlene Vasquez, BastardIsa, Neri Dark, soltaisho, Johan Taishō, Guest, Lexi-Menendez1313, Raquel Cisneros Taisho Okumura, nally, bruxi, soltaisho, kagome18, yuli, Akane Aome, AyameNyu02.
Esperen el coito de Sesshōmaru y Rin en el próximo capítulo. La historia de Kōga y Ayame será breve ahora que estaré publicando el spinoff de estos dos pronto. Kagome se nos va, es algo inevitable… esperen eso también. ¿Alguna idea de lo que InuYasha pueda hacer? Espero sus comentarios y cariñitos en los comentarios. Gracias a las nuevas lectoras y también a las que están conmigo desde el primer capítulo. Besos y nos leemos.
29.
Después de diez minutos de no decir nada, InuYasha se sentó en el sofá de la sala mientras que Sesshōmaru lo veía con aburrimiento.
― ¿A qué viniste? Pensé que querías un consejo.
InuYasha lo vio de mala gana.
―No sé qué hacer.
―Entonces habla.
El hermano menor resopló como animal y se desparramó en el sofá.
―Creo que Kagome me gusta.
Sesshōmaru lo vio con una cara seria.
― ¿Estas bromeando? ―preguntó en realidad confundido.
InuYasha arrugó el ceño y negó.
Sesshōmaru empezó a sonreír de una manera macabra e InuYasha se pegó al asiento viendo aquel espectáculo.
―Eres un idiota ―negó levemente viendo a su hermanito fijamente―. ¿Crees que te gusta Kagome? ¿Estás bromeando? ―preguntó de nuevo.
― ¿Qué carajos te sucede? ¿Por qué te burlas?
― ¿Qué han sido? ¿Dieciséis? ¿Quince años? ―preguntó Sesshōmaru encogiéndose de hombros y yendo al bar que aquella elegante suite ofrecía―. ¿Y hasta ahora te das cuenta que te gusta?
InuYasha se quedó quieto escuchándolo y no hizo nada más que eso. No se movió y no habló. No tenía nada que decir y si lo hacía sabía que Sesshōmaru se burlaría más y más de él.
― ¿Tienes mierda en el cerebro? ―habló Sesshōmaru con rabia.
InuYasha abrió su boca apenas viendo a su hermano beber alcohol de un trago.
― ¿De qué…?
―Cállate ―rio amargo―. Kagome es como una hermana para mí. Sé que para ti no lo ha sido nunca porque siempre has estado enamorado de ella… ―InuYasha abrió la boca para reclamar pero Sesshōmaru negó con la cabeza haciendo que la cerrara―. Pero que ahora, y después de tantos años, vengas a decir que te gusta… no tiene sentido. No la molestes. Ese es mi consejo.
InuYasha arrugó el ceño y se paró de mala gana de ahí.
― ¿No la molestes? ¿Qué se supone que significa eso?
Sesshōmaru lo vio severamente, como un hombre ve a su hijo maleducado.
― ¿Recuerdas el consejo que Rin le dio? Lo ha tomado.
InuYasha asintió con pesar.
―Lo sé y por eso estoy aquí. Necesito que me des una idea para hacer que no lo haga. No sé qué haría sin ella ―confesó tragando en seco.
Sesshōmaru lo observó por largos segundos pero terminó negando al igual que antes.
―No. No puedo ayudarte. Ella merece ser libre.
InuYasha gruñó lleno de frustración.
―Eres mi hermano, tienes que ayudarme ―siseó enojado.
―Ella también es mi hermana ―la defendió.
― ¡No lo es! ―exclamó desesperado.
―Pero lo es, InuYasha. Y todos la hemos visto llorar por ti, se merece olvidarte.
InuYasha bajó su mirada, desganado y enfurecido a la vez. ¿Por qué hasta su propio hermano le hacía sentir un idiota? Bueno más de lo normal… aun así, era su hermano; tenía que apoyarlo en todo y no lo estaba haciendo.
―Eres mi hermano ―dijo sus pensamientos―. Tienes que hacer algo, no lo sé.
Sesshōmaru negó.
―Pierdes el tiempo. Espero que Kagome se vaya de aquí y te olvide para siempre. Dejarla en paz es lo que le debes después de tanto tiempo de tratarla como mierda.
InuYasha negó, sintiendo frustración y coraje en su interior.
―Nunca la traté como mierda ―habló entre dientes―. Y lo sabes.
Sesshōmaru sonrió apenas.
―Se lo que vi. Y lo que vi fueron lágrimas de esa chiquilla, siempre se hacia la fuerte, pero todos sabíamos que se la pasaba deprimida la mitad del tiempo. Por ti, InuYasha ―lo vio fijamente, intimidándolo y haciéndolo sentir culpable, de verdad culpable―. Así que hazle un favor y hazte un favor a ti mismo y déjala en paz.
InuYasha negó, determinado y con fuego en el pecho.
―No, esto no se va a quedar así. Le voy a demostrar a Kagome que puedo ser otro.
Sesshōmaru volteó su mirada al ventanal de aquel lujoso cuarto.
―Suerte con eso ―murmuró con sarcasmo.
InuYasha salió de ahí con rabia en la sangre y determinación. Kagome se daría cuenta de quién era en realidad. Se daría cuenta que no podía irse del país. Se daría cuenta de que él la necesitaba más que a nadie.
VB
―Tuvo un colapso nervioso ―murmuró Sango cerrando la puerta de la habitación de Kagome―. Está dormida ahora.
Rin y Ayame vieron hacia la puerta de Kagome con preocupación y las tres fueron a sentarse a la sala.
― ¿Pero qué pasó? ¿Qué lo ocasionó? ―preguntó Rin preocupada.
Sango la vio con seriedad y Rin suspiró resignada.
―InuYasha ―dijo Ayame.
―Quiere irse pero no quiero que lo haga.
Rin arrugó el ceño.
―Es lo mejor para ella, Sango.
Sango negó.
―No lo es. Lo mejor es que se quede y enfrente lo que sea que tenga con InuYasha. ¿Crees que arreglará todo yéndose?
―Yo también me iré ―dijo Ayame encogiéndose de hombros.
Rin abrió su boca y puso una cara ofendida.
― ¿Disculpa? ¿Por qué no has discutido esto conmigo? ―preguntó enojada.
Ayame rodó sus ojos.
―Porque sabría que te pondrías así… igual a como Sango se puso con Kagome.
―No, te lo prohíbo. No puedes irte, lo siento ―dijo Rin como niña pequeña.
Ayame sonrió.
― ¿Lo ves? Sango tampoco quiere que Kagome se vaya.
Rin hizo un puchero con la cara.
―Pero… eres mi mejor amiga, no me puedes dejar.
―Tú tienes a Sesshōmaru ahora, cariño. Necesitas espacio con él y yo necesito mi espacio conmigo misma.
Rin negó.
―No te vayas.
―Tampoco quiero que Kagome se vaya pero alguien ―vio asesinamente a Rin― le ha implantado esa loca idea en la cabeza ―murmuró Sango.
―No lo entiendes, Kagome ha pasado por mucho con ese idiota.
― ¿Hola? ―habló Ayame―. Misma historia aquí.
―Cállate ―ordenó Rin enojada―. No me puedes dejar, soy tu mejor amiga ―repitió.
Ayame rodó sus ojos.
―No quiero pelear como seguramente Sango y Kagome lo hicieron ―dijo viéndola con enojo.
Sango suspiró.
― ¿Pueden dejar de hablar tan fuerte? La despertaran.
Rin entrecerró sus ojos viendo a Ayame.
―Esto no ha terminado.
―Lo ha hecho, enana. Me iré de aquí y fin del cuento.
― ¡Ugh! Eres una maldita, tonta, haré que los aeropuertos no acepten tu pasaporte ―amenazó con maldad.
Ayame boqueó como niña pequeña.
―No lo harías ―la acusó con la mirada.
―Pruébame… por primera vez en la historia podría darle buen uso a los contactos de papá ―sonrió macabramente.
Ayame hizo una mueca y le enseño la lengua.
Sango se paró de ahí rodando los ojos y fue hasta la cocina.
― ¡Kagome! ―un golpe fue dado en la puerta y fue abierta al instante, mostrando a un InuYasha acelerado y con un ceño fruncido―. ¿Dónde está Kagome? ―gritó.
Sango fue hasta él y le pegó un golpe en la cabeza.
― ¡Cállate! ―siseó entre dientes.
― ¡Oye! ―gritó.
― ¡Que te calles, te digo! ―volvió a golpearle―. Está dormida.
InuYasha cambió su expresión a una confundida.
― ¿Dormida? ¿A mitad de la tarde?
―Se sintió un poco mal y decidió tomar una siesta. ¿Qué demonios quieres?
― ¿Qué le pasa? ―preguntó de inmediato―. ¿Está bien? ¿Tiene fiebre?
Sango rodó sus ojos cafés.
―Está bien, parece que comió algo echado a perder ―mintió―. Ahora sal de aquí.
InuYasha entrecerró los ojos.
―Regresaré ―amenazo con aires misteriosos, apuntándolas a todas con un gran dedo y salió de ahí con movimientos dramáticos.
Las chicas se vieron entre sí.
― ¿Qué le pasa a ese? ―preguntó Ayame haciendo una cara de asco―. Está loco. Ya veo porque Kagome se quiere ir.
Rin suspiró.
―Será lo mejor para ella. Por lo menos algunos meses…
― ¿Qué tal si le gusta la aventura? Fuera de Japón, lejos de todos, de él. Siendo alguien nuevo, no sé, tal vez se cambie el nombre y se haga llamarCatalina ―resopló Sango enojada.
― ¿Catalina? Kagome no tiene cara de Catalina, más de… ¡Jessica! ―apuntó Ayame emocionada.
Rin hizo una cara.
―Kagome no tiene cara de Catalina ni de Jessica, par de tontas. Tiene cara de Nora, duh.
Sango y Ayame la vieron con una ceja levantada.
―No, yo creo que…
―No, créanme, Catalina es mejor…
―Me gusta, Nora, Kagome tiene cara de Nora.
Discutían sin parar, sin darse cuenta que Kagome había salido de la habitación y las veía con confusión.
― ¿Qué pasa? ―preguntó frotándose un ojo.
Las tres pararon y la vieron.
―Uhm… solo hablábamos de… los nombres que le pondremos a nuestros hijos ―dijo Rin con una sonrisa radiante.
Sango rodó los ojos.
―Sí, mi hija se llamará Nora ―dijo Ayame, siguiendo el juego.
―Oye, Nora era mi nombre ―siseó Rin dándole un codazo.
―Quédate con Jessica ―siseó de vuelta.
― ¿Qué? ―Kagome entrecerró sus ojos viéndolas, tenía el cabello desordenado y el maquillaje corrido.
―Nada, vuelve a dormir, Kag.
― ¿Estuvo InuYasha aquí? ―preguntó rascándose la cabeza.
Las tres guardaron silencio.
―Quería hablar contigo, lo puedes hacer más tarde, regresa a dormir ―dijo Sango con una sonrisa convincente.
Kagome se encogió de hombros y volvió a su habitación.
Las tres chicas suspiraron y se dejaron caer en el gran sofá.
―Están locas ―negó Sango levemente.
―Catalina es un nombre feo ―susurró Rin.
Sango arrugó el ceño.
―No lo es.
―Llamaré a mi hija Nora ―dijo Ayame decidida.
―Somos japonesas ¿por qué pensamos en esos nombres? ―suspiró Sango.
Ambas se encogieron de hombros y siguieron platicando de cosas de la vida.
VB
― ¿Has hablado con Kagome? ―preguntó InuYasha caminando de un lado a otro.
Miroku levantó una ceja.
― ¿Por qué iba a hablar con Kagome? Es tu novia, no la mía.
InuYasha rodó los ojos.
―Bueno fuera.
― ¿Están teniendo sexo, cierto? ―preguntó con una sonrisa pícara.
InuYasha arrugó el ceño.
―No te hagas ideas, libidinoso.
Miroku rio.
―Me lo dijo Sango ―se encogió de hombros.
― ¿Sango lo sabe? ―paró.
― ¿Cómo haces esa pregunta? Sango es su mejor amiga, creo que entre ellas saben cuándo han tenido sexo, es raro ―una mueca se apoderó del rostro de Miroku.
InuYasha se dejó caer en el sofá de la suite de Kōga y Miroku.
―Se va a ir de Japón.
― ¿Ah sí?
InuYasha asintió.
―El viaje está terminando… y cuando regresemos a Japón, empacará sus cosas y se ira. No sé cuándo la volveré a ver. No sé qué hacer.
Miroku fue a la cocina y sacó un par de cervezas del refrigerador. Le ofreció una y se sentó junto a él.
―Te escuchas deprimido. Dime, ¿hay algo más que esté pasando?
InuYasha lo vio brevemente y volvió su cabeza a un punto muerto de la sala.
―No lo sé.
Miroku negó.
―Si lo sabes, dímelo.
InuYasha negó levemente recargando su cabeza en el respaldo del sofá y suspiró.
― ¿Sabes… todas esas veces que molesté a Kagome? Todas las veces que la hacía llorar y refunfuñar ―sonrió vagamente.
―Aja…
―Bueno, supongo que lo hacía porque me gustaba verla así… además, ella jamás se alejó. Siempre estuvo ahí, ¿Qué se supone que yo tendría que hacer?
― ¿Dejar de tratarla así? ―se aventuró Miroku.
InuYasha apenas rió.
―Te digo que me gustaba verla así, era linda.
Miroku carraspeó ―Sadista.
―Sí, supongo.
― ¿Y lo aceptas?
―Me gustaba verla así ¿de acuerdo? Me encantaba verla así, era gratificante, la sentía tan inocente y…
Hubo un silencio muerto y Miroku lo vio de reojo.
― ¿Y…?
―Mía.
El silencio reinó de nuevo y ambos chicos se quedaron viendo a la nada, uno pensando en algo para hacerla quedar y otro pensando en su amigo y en su claro sufrimiento.
―Te apoyo ―dijo Miroku dándole una gran palmada en la espalda―. En lo que sea que hagas ―sonrió.
InuYasha asintió y agradeció por haber tenido a una persona que estuviera de su lado.
