Capitulo 28
Guiada por los planos, Emily se trasladaba de transportador en transportador, de sala a sala. Tenía que ir a la zona prohibida, por donde nadie podía entrar. Algunos reclutas la vieron, pero no le dijeron ni hola. Tampoco le preguntaba a dónde iba ni qué iba a hacer. Mejor.
Al fin, ayudada por una plataforma de teletransportación, llegó al pasillo por donde enlazaba los dormitorios de los hermanos. Sus voces y risas y una guitarra de "rhythm blues" se escuchaban de fondo. Los tres estaban reunidos en el mismo cuarto, disfrutando de aquella animada melodía. No podía entretenerse mucho, mas podía sacar alguna información antes de llegar al ordenador principal.
-¡Jopé, este tema es lo más!- Elogiaba Aina a aquella guitarra que tocaba con ímpetu.
-Sí, tío, y si te paras a escuchar... esta habla de desamor. El tío le dice lo buena que está y la tía le tira el Martini en la cara. ¡Ay, jui jui, qué pervertido!- Se reía David de la desgracia del protagonista de aquella historia.
-¡Juas! ¡Toma martinazo, pervertido!- Gritaba entre carcajadas Emilio.
-Eh, hablando de amores que acaban mal, ¿sabéis de quién me he acordado? ¡De nuestro hermanito!- Volvió a reírse el mayor. -¿Pero cómo puede enamorarse de una ranger que entrena? ¡Es que manda hue...!
-Está como una cabra, tío. A ver si algún día lo va a matar, la tía esa.
-¡Jum! ¡A mi hermano no lo va a tocar ni Dios!- Espetó la menor. -Antes tendrá que pasar por el calabozo.
-Ya, ya, todos la queremos dentro... Todo sea para tener al fin esa arma de destrucción masiva en nuestras manazas.- Dijo finalmente el mayor.
Emily agudizó el oído. Lo que acababan de decir despertaba horrores. Estaban dispuestos a destruir Floresta. Pero parece que alguien guardaba esa arma... ¿quién sería, se preguntaba? ¿Era la guardián de aquella arma, o era solo, como decía el de pelo aplastado, una enloquecida que buscaba también causar el caos y la destrucción? Esperó a que dijeran más cosas. Pero "Highway to Hell", la canción más nombrada de AC/DC, interrumpió la charla. Era Alberto, que llamaba al teléfono de David.
-Hablando del rey de Roma... ¡Aina, baja la música, anda!
¡No! ¡Maldito sea! ¡La música alta les habría ayudado a pasar desapercibidas! Pero a lo mejor comentaban algo... No, estaba cansada de quedarse a escuchar la vida del hermano que falta. Tenía que ir al laboratorio tecnológico. Emily y Spyrox pasaron rápido de la conversación, dirigiéndose la esquina del pasillo Sus pasos fueron escuchados por Emilio, pero de ellas solo vio la silueta fugaz del gecko forestal.
-Eh, David. He visto algo.
-¡Chist! ¿No ves que estoy hablando con Romeo, cabeza de chorlito?
Escuchar esa voz notificando que algo había avistado era un indicio de que había pasado demasiado rápido como para pasar en silencio, aunque si hubiera ido lenta, ya estaría seguro de que era algo. Pero lo que más importaba ahora era hallar la compuerta que le daría paso al laboratorio. Sin embargo, estaba muy bien escondida. No parecía que hubiera tampoco un interruptor en la pared.
Emily buscaba el modo de hacer aparecer la sala que estaba buscando, sin algún resultado. Spyrox también ayudaba, pero se rindió de enseguida, apoyándose en la pared y mirar el suelo. Después de unos segundos, sus ojos reptilianos se percataron de que una de las baldosas era ligeramente más oscura que otras. No pensó que fuera un interruptor hasta que lo pisó por accidente. Emily oyó el click del suelo y cómo se abría parte de la pared para dejarla entrar en la cámara de su Santo Grial enfrente de sus ojos. Miró atrás para ver a Spyrox. Esta le alzó la garra.
-Muy bien, Spyrox.- Susurró a su grovyle. -Eres un genio.
Así entraron. Era una sala amplia, tanto de anchura como altura. Los cables serpeaban por el suelo, al igual que las herramientas, minerales de resplandor violeta y revistas de ciencia estaban desperdigados por el lar. Desde luego, el ingeniero que trabajaba en este cuarto no era para nada ordenado. En la esquina derecha se podía ver un artilugio electrónico aún por terminar, mientras que en la izquierda estaba lo que buscaba. El ordenador por donde contendría todos los pérfidos planes que tenían preparados. Pero antes de sentarse, no pudo evitar fijarse en el cristal incrustado en el hormigón y en la maquinaria. Era increíble lo que se encontró detrás del grueso vidrio. Cuatro gloriosas leyendas reducidas a la categoría de sumisas bestias que estaban dormidos esperando fielmente a nuevas órdenes. Raikou, Suicune, Registeel y Regirock estaban ahí. No podía creer lo capaces que eran. ¿Qué pretendían? No se demoró más. Fue presta al ordenador.
La despertó de su letargo pulsando el botón de encendido de la maquinaria. El ventilador lleno de polvo empezó a girar y sonar. El logotipo del sistema operativo Windows Siete no tardó en hacer una colorida aparición y lucirse durante un par de molestos minutos. Ciento-veinte segundos para encontrarse que la sesión "GORDROC" tenía contraseña. Probó con todo lo que se le ocurría; "Bruce Willis", "Motorratón", "Dipsy Xics", "Emilio"... nada. Tenía que notificar a Elena. Sacó su móvil y seleccionó de la agenda "Base Ranger de Hiberna". Una operaria de estatura media de más de veinticinco años, de corta, recta y voluminosa melena azul marino, con algunas arrugas de expresión que se le resaltaban cuando se ponía de mal humor, respondió a la llamada.
-Aquí la Base de Hiberna, ¿con quién tengo el "gusto" de hablar?
-¿Operaria? Necesito hablar con Elena, por favor.
-¿De parte de...?
-Emily.
-¿Hija? ¿Qué quieres ahora? Ya te comprado el vestidito rosa tan hortera que tanto querías. Si quieres unos botines igual, te juro que-
-No, señora, Emily de la Unión Ranger de Almia. Póngame con Elena, por favor.
-¿¡Y qué haces llamando desde el teléfono de la base!? ¿¡A caso no tienes un capturador, con el que te puedes comunicar y esas cosas raaaras que hace con los pokémon, eh!?
-Por favor, estoy en una misión de infiltración y no puedo traerme mi capturador. Ahora páseme con Elena, ¿sí?
-Humpf. Como te pille en el "Mamoswine ocre" poniéndote como una cuba... ¡Eh, Elena, una inepta de Almia quiere hablar contigo!
Enseguida, Elena supo a quién se refería. Era un alivio que se hubiera traído su propio móvil.
-Marian, por favor...- Dijo fríamente antes de poner el auricular en la oreja. -¿Emily? ¿Qué ocurre?
-No puedo acceder a la información del ordenador. Tendré que volver con las manos vacías.
-Necesitas una una clave de acceso, ¿no es así?
-... Sí.- Lo había clavado.
-No te preocupes por ello. Marian la tiene, ¿verdad?
Miró con picardía a la operaria urraca. Ya sabía lo que hacía cada tarde; utilizar la I.P de todos los ordenadores del pueblo para entrar de incógnito en sus sesiones y mirar los archivos personales que había. Era una forma silenciosa de cotillear. Enviaba primero un keylogger a través de las actualizaciones del ordenador para saber la clave de acceso de administrador y así, a través de comandos y terminales, manipulaba el ordenador a su antojo. Aunque Chris ya la había descubierto hace un par de meses mientras intentaba infiltrarse en un nuevo ordenador que había aparecido.
Desde aquel tiempo, ella permaneció bajo vigilancia. Una vigilancia que fue aminorando por la creciente demanda de ayuda, también por sus artimañas de engaño, que tenía que utilizar de nuevo para mantener esta buena temporada de chismorreos cibernéticos.
-Elena, querida, me he arrepentido taaaaanto de mis crímenes que he borrado mi lista de contraseñas.
-No soy tan confiada. Anoche vi tu lista mientras te fuiste a repetir taza.- Marian se calló. Dejar la sesión abierta fue el mayor error que cometió en su trabajo como operaria. Pero al menos le dio la oportunidad de lucirse como orgullosa hacker poseedora de Gentoo.
-Buf, está bien, tú ganas, jefa. Pásame a la chica.
Elena le devolvió el teléfono.
-Vale, muy bien, señorita negligente-que-no-quiere-usar-el-capturador, escúchame bien; ¿tienes el router cerca?
-Lo tengo.
-Pues sé buena y dame la clave WEP.
-¿Qué? ¿Cómo que te de la clave?
-Marian, como hackees el ordenador y vean que el ordenador está haciendo cosas raras...
-Naaaaah, no es para eso. Es solo para ver la I.P y encontrar la clave en mi lista.- Luego le preguntó dónde tenía escrita la clave. -¡Debajo, anonada! Um-hum... interesante... no pensé que el ordenador de esos niñatos malcriados fuera el del centiniela.
-¿Qué?- Preguntó Emily.
-¡Nada, pon la clave "60-rococo" en la sesión! Tendrás un pendrive, ¿no?
-Sí tengo.
-¿Con archivos de la unión?
-Sí.
-¡Inepta! Tenías que haber traído uno virgen.
La operaria le caía cada vez peor. Le desagradaba tantos insultos en una sola conversación. Pero tenía que mantener la compostura.
-¿Y eso por qué?
-El centiniela es como un antivirus inteligente. Si el Porygon2 ve algo anormal en el contenido de los archivos, ¡te cortará la conexión con el disco, porque sabrá que TÚ, ignorante de la ciencia informática, eres una usurpadora de información!- Seguía menospreciándola mientras explicaba.
-... Jo. ¿Y ahora qué hago?
-Tsk, tranquila. Tu ves iniciando sesión, ¡pero no toques nada hasta nuevo aviso!
Cada vez aquella voz de fumadora frecuente le irritaba más. Pero al menos parecía tener un plan, así que siguió sus indicaciones. Los altavoces estaban al máximo, tanto que a Spyrox le dio un sobresalto. Nada más sonar un poco el típico tono de inicio, bajó bruscamente el volumen. El pato cibernético enseguida se mostró, dando su saludo protocolario mientras notificaba por un bocadillo de texto la ausencia de amenazas durante esta semana.
-Muy bien, ¿ahora qué?
-Espera...
Ahora era el turno de la hacker. Sacó su propio lápiz USB azul cobalto, donde tenía guardada su mejor artimaña de intrusión cibernética. Lo enchufó en la caja y abrió la pequeña unidad de disco. Luego ejecutó la unidad . Una terminal se abrió demandando una verificación de quién está usando el programa. Tras poner su correspondiente contraseña, la ventana negra le dio la información que ya sabía. La versión del programa del pokémon, los comandos básicos... Poca falta le hacía toda esta información. Con sus largos dedos tecleó lo que sería la orden de ataque:
Sombra- sudo IP ~attack.
Emily vio de pronto a otro Porygon. Este era más rectilíneo y geométrico, y tenía en la cabeza una arroba acompañada de dos huesos, como si imitara la bandera de una banda pirata. El guardián del ordenador intentaba avisar, mas no sonó nada. Creó otro bocadillo de texto. "Bueno, supongo que usted, señor Rompalion, ya está viendo lo que pasa. Se está iniciando el protocolo de eliminación de entes intrusas."
Entonces los dos desaparecieron. Eso dio a Emily tiempo para buscar los planes. No fue difícil; todo estaba en la carpeta de documentos. Una vez hallados, tenía que conectar el lápiz rojo y amarillo al ordenador. La ventana del explorador de archivos de dio acceso a su información personal y de la unión. Pero antes trasladarlos a su unidad portátil de almacenamiento, tenía que mirar de primera mano qué tipo de planes eran. Planos es lo que encontró. Piezas dibujadas con precisión geométrica, señalando qué función tenía cada una... todo para construir una máquina semejante a un órgano. Se parecía la máquina que se asentaba en la esquina, con todos sus cables al descubierto. Pudo fijarse que, en un polígono formado por la unión de dos triángulos isóceles y un rectángulo, había una anotación que apuntaba que esta era la fuente principal del hípercapturador.
El siguiente archivo eran trozos del folclore de Floresta. Pero entre todo el archivo destacaba la fotocopia de un periódico del día cuatro de mayo de 2011. El titular parecía digno de pertenecer a un cómic del género de superhéroes; mas era real. "El Pelipper" no pertenecía a la ficción. "Entrenadora jóven captura a un Dragonite gigante". En el texto contaba como aquella chica de catorce años salió viva de un centro de experimentación biológica oculta entre la maleza del Bosque Saúco. Esta había logrado atrapar lo que iba a ser el fin de la región de Aria con el prototipo de pokéball eficaz jamás creado; la masterball.
Emily no sabía qué pintaba este artículo con toda la mitología. Los dragonite son conocidos por ser unos pokémon marinos gentiles y fuertes, pero no eran una leyenda. Procedió con copiar los archivos en el disco montado de cuatro gigabytes; sin embargo, cuando ya estaban en el lápiz USB, el centinela ya expulsó al atacante. "Ya he eliminado a la amenaza. El ordenador está libre de peligro ahora... oh, espera..."
¡No! ¡Ahora que había terminado su trabajo! Retiró rápido el dispositivo, pero este ya había analizado su contenido para prevenir infecciones. El pokémon informático no tardó en subir el volumen de los altavoces y emitir pitidos para advertir a todo el recinto que hay un intruso. Echaron a correr rápido para encontrar la salida, pero no tardaron toparse con los tres energúmenos a su acecho.
-¿Qué coño hace un recluta aquí?- Preguntó Emilio.
-¡Idiota! ¡Es un intruso ranger con su acompañante! ¡A por él!- Ordenó David.
Fueron a por ellas, obligándolas a retroceder y entrar en la puerta blanca llameante del final del pasillo. Luego bajó por las escaleras que había en la esquina. Se encontró en una sala con baldosas verdosas, púrpuras y grises, poblada de pokémon de rugoso y lustroso acero azulado. Luego entraron en un pasillo con una alfombra roja cubriendo el suelo metálico, donde las criaturas corpulentas de cuatro brazos fingían ser coloridas estatuas de culturistas. Finalmente, llegaron a una habitación sin salida. Tan solo se asentaba un trono y unos vidriares psicodélicos iluminados de forma artificial. Los hermanos no tardaron en alcanzarlas.
-¡Ja! ¡Estás muerto, soplón!
-Sí, sí, muerto... o muerta. ¡Jo, hermanos, habéis estado llamando chico a una chica! ¡Que mala vista que tenéis!- Dijo Aina a sus dos hermanos mayores.
-Bueno, bueno, menos cháchara, vamos a cargárnoslo, cargárnosla, ¡lo que sea!- Clamó otra vez el hermano menor.
Estaban acorraladas. Al no ser que apartaran a aquella pandilla de enloquecidos armados con sus instrumentos, no había salida. Los flancos estaban bloqueados por un par de Machamps que siguieron al trío anteriormente. Y no tenía el capturador a mano... Estaba perdida, pensaba Emily. Pero Spyrox no iba a sucumbir. Estaba dispuesta a darlo todo con tal de salir de ese lugar tan estrafalario. Preparó sus cuchillas vegetales y atacó a uno de aquellos musculosos monstruos para prevenir que atacara a su compañera. El Machamp evitó el corte retrocediendo su espalda, y en consecuencia, perdió el equilibrio. La caída de aquel titán permitió a Spyrox ver su salvación. Cogió la mano de Emily con sus garras y la condujo hasta ahí. Pese a los afanados mandatos de los tres hermanos a sus hombres mutantes y los pasos prestos de aquellos, no llegaron a detenerlas. En cuanto Spyrox pisó el cuadrado más oscuro del suelo, este las engulló.
-¡Maldita sea! ¡Han encontrado nuestra trampilla!- Bramó David con frustración.
-Pues nada, a bajar se ha dicho.
-¡Ni hablar! ¡No pienso mojarme!- Protestó Aina.
-Naaaah, ya los hemos perdido. Además, me da palo bajar y subir otra vez. Ala, vamos arriba tíos.- Concluyó al fin el mayor.
Aquel vocifero fue escuchado por las dos fugitivas que recién aterrizaron en una gruta húmeda llena de agua. La temperatura era mucho más fría en comparación a la base. Sin embargo, no era mucho frente al exterior. No tardaron en encontrarse de nuevo con la nieve y con un cuervo rapaz metálico planeando en dirección a ellas. Los reflejos del tímido sol invernal que emitía les cegaba un poco, pero encima podía verse una mujer asentada encima de aquel pájaro de Estínfalo. En cuanto se acercó, ya pudo saber quién era aquel personaje.
-Hola, Emily. Veo que has logrado cumplir tu misión.- Saludó.
-¿Elena? ¿Cómo sabía que iba a salir ahora?
-No lo sabía. Quise ir a echarte una mano en cuanto Mirian me dijo que podrías ser descubierta, pero veo que no me hizo falta... Venga, subid, regresemos a Hiberna. Oh, y no te preocupes por tus cosas; Skarmory las tiene en la garra. Vamos.
Así pues, Emily y Spyrox se montaron encima de la fría piel de acero de la lustrosa ave. En cuanto alejó sus patas de la escarcha, Elena procedió a hacer una llamada con su capturador...
