Capitulo 29

Las consecuencias de los deseos

— "Mi deseo, el de Touya, el tuyo… el de todos los que la conocemos y la amamos es el mismo ¿no es así?..."— Yukito Tsukishiro

Cuando se adentraron al túnel, un terrible presentimiento le entorpeció más el paso. El hombre que lo guiaba se mostró paciente y aguardaba ante muchas de sus pausas, jamás faltándole al respeto.

A medio camino se les unió una joven mujer que le recordó a alguien por su aspecto intelectual y reservado.

Ambos lo escoltaron hasta el final del túnel, desembocando en una cámara de roca sólida donde una gran chimenea iluminaba el sitio, y sobre ella una gran pantalla de televisión se mantenía apagada.

— Adelante, por favor— pidió con extraña amabilidad el apache de ropaje resplandeciente. Señalando un sitio donde, alrededor de siete personas, debía colocarse.

Fue notorio los rastros de hostilidad en las miradas de los más jóvenes, mientras los mayores lo analizaban con curiosidad. De pronto se encontró en medio de todos ellos, su juicio estaba por comenzar y resintió el peso de cada una de sus miradas y los diferentes sentimientos que pudo leer en ellos.

El apache se colocó al lado de la anciana de su tribu, y la joven, Lilly se dirigió hasta un lugar cercano a Geharo Sai.

Extrañamente, su nerviosismo había desaparecido y jamás se había sentido tan lucido como en ese momento; además de darse cuenta que no pudo oponerse a la orden que le dio su carcelero, sus pies por si solos lo encaminaron hasta ahí.

— ¿Cuál es su nombre?— quiso probar Vincent Kajab, ante los ojos acusadores de Shaoran Li.

El anciano intentó formular otras oraciones, pero su lengua respondió con sencillez— Ornel Alanog— fácil fue decirlo, pero más resultó su asombro al no haber podido responder como quisiera. Se sujetó la garganta, viendo el gesto complacido de uno de los miembros de ese consejo— … Usted…— encaró al hombre rubio— … ¿Qué… es lo que… me ha hecho?

— Solo le facilité las cosas Señor Alanog— Geharo habló en forma sarcástica.

Sin atreverse a moverse del centro de aquel circulo, se concentró en encarar al único rostro conocido, a aquel a que le guardaba resentimiento. Imaginaba su poder y por ello mismo es que no se atrevía a lanzársele encima.

— Geharo, por favor— intervino Inet— Nuestro invitado ha tenido suficiente de tu impertinencia. Ya lo trajiste aquí así que deja que nosotros hagamos las preguntas— sugirió.

Ornel se extrañó al ver la nobleza en la cara de esa mujer — Ya he dicho que… no sé nada…

— Imagino que debe darse cuenta de su situación, señor Alanog— dijo Goldva con cierta dureza— Bajo estas condiciones no deberíamos excusarnos, pero— dedicó una rápida mirada al joven Li— Crea cuando le digo que nosotros somos gente civilizada, aunque le cueste creerlo, lo somos, y por ello mismo es que se le tratará del mejor modo.

— No discutiré el hecho de que merezco esto, pero… No pueden pedirme el colaborar con ustedes… Podrán leer mi mente, torturarme si así lo quieren pero… ¡jamás pondré en peligro a ninguno de los míos!— aseguró aun al sentirse un pequeño ratón acechado por fieros leones.

Antes de hablar, Geharo dio una señal a la chica de cabello verde. Ésta entendió y rápido preparó su posesión, una en la que sus gafas se convirtieron en visores sofisticados— Sé bien que traicionar a los amigos o a una causa puede producir una terrible aflicción y conflicto. Es por eso que le he facilitado las cosas… ¿No me cree?— notó el escepticismo en los ojos del anciano— Bien… Lo hará conforme avancemos.

Recordando lo ya hablado, Inet comenzó— Escuche señor Alanog. Es claro que carece de habilidades extra humanas; tampoco percibo malicia en su alma; por lo que nos confunde el que alguien como usted parezca tan involucrado.

Len se atrevió a añadir— Su compañía parece ser la responsable de dotar de recursos al pequeño movimiento que nos ha declarado la guerra. Diversas fuentes lo confirmaron— recordó la información que Fausto logró extraer de un enemigo— E imagino que la pregunta es unánime.

— ¿Por qué?— lo dijo la mujer quien, en ese entonces, a Ornel le pareció muy similar a otra persona que conocía— ¿Por qué ha prestado ayuda a causas opuestas a su propia visión del mundo? Tengo entendido que su compañía es reconocida por los avances médicos desarrollados para bienestar de la humanidad, sobre todo, para facilitar la vida de personas discapacitadas… La nobleza de sus actos se reflejan en ese hecho, así que ¿en qué momento esos principios se pervirtieron?

Ornel guardó silencio pero, una terrible ansiedad lo estaba obligando a decir la verdad tal y como es— … Es…— se resistió, iba a luchar lo más que pudiera contra lo que le pasaba— Yo no planee nada de esto… Yo solo preví de recursos, dinero y tecnología a una mujer… así fue el pacto...

— ¿Una mujer?— se interesó Mikihisa.

— ¿En qué consistía ese pacto?— inquirió Len.

— … El apoyo incondicional de mi compañía hacia todos sus proyectos… Mi cooperación… y mi silencio…

— ¿En qué se benefició usted? ¿Poder? ¿Dominio? ¿O algo mas?— secundó el maestro Kerbasi.

— Yo…— titubeó, y aunque una respuesta completa estuvo por emerger, logró posponerlo un poco más— Solo aseguraba mi vida y… la de mi hijo…

— ¿Entonces dice que prestó sus servicios bajo amenazas?— preguntó Inet de nuevo.

— …Sí…

— ¿Cuál es el nombre de esa mujer? ¿Cómo la conoció?— intervino Geharo. Confundido y hasta cierto punto admirado de la resistencia del anciano.

— … Se hace llamar… Unna, y ella… es como ustedes, ella, posee poderes que lograron un milagro.

— ¿Cómo la conoció?— insistió Geharo.

Ornel lo miró con furia, tensando la mandíbula para que no se moviera.

— Ella… llegó a mí, hace muchos años…. Fue… fue durante una de las noches que estuve en el hospital… cuando mi hijo y yo sufrimos un accidente…— que mal se sentía al contarle algo tan personal a completos extraños— En ese accidente, mi hijo quedó mal herido y… el diagnostico no fue alentador… Dijeron que… que jamás recuperaría la conciencia, que debía aceptarlo y darme por vencido pero… pero eran tan pequeño y… tenia toda una vida por delante, ¡toda!— esos recuerdos avivaron la misma desesperación de la que fue objeto— Y entonces… ella apareció y ella… me demostró que tenia el poder para regresarlo a como era antes… ahí, justo ahí ella solo lo tocó y él despertó, habló… solo le bastó retirar su mano y mi hijo volvió a su inconciencia…

El circulo de shamanes y hechiceros comenzaron a formular sus propias teorías sobre los poderes que esa mujer debía poseer. Pero solo Inet se mostró avergonzada y hasta melancólica mientras escuchaba al anciano.

— … Ese fue el trato… Ella le permite a mi hijo seguir viviendo mientras yo la ayude en todos sus caprichos… Siempre me ha dejado en claro que en el momento en que le falle o en que la traicione, solo le bastaría desearlo y mi hijo….— tembló de rabia ante sus confesiones, desearía que cuando menos fuera por su propia voluntad y no por una fuerza extraña que le obliga a hacerlo.

— ¿Confía en ella?

— … En estos años no ha faltado a su palabra… Tampoco yo… Pero en el fondo, jamás he podido confiar en ella pero ¡¿Qué otra alternativa tenia?!

— Hacer lo correcto— masculló Mikihisa.

— ¿Tienen hijos?— Ornel lanzó la pregunta al aire. Aunque nadie contestó, algunos comprendía el sentimiento— Si los tienen, sabrán que la vida de ellos no tiene precio alguno… Yo… yo hubiera vendido mi alma, dado mi vida si Unna me lo hubiera pedido… Pero es una mujer que sabe lo que quiere… Sabe de quien obtenerlo… Y mi alma no le importaba para nada, sino lo que poseo en vida… Y ella sabe bien eso… que por un hijo cualquiera estaría dispuesto a meter las manos al fuego… Todo con tal de mantenerlos a salvo.

— Es el hombre más egoísta que he conocido ¿lo sabe?— comentó Vincent Kajab— Su amor paternal ha costado la vida de cientos, ¿cree que la historia recordará sus acciones como una máxima prueba de amor hacia un hijo? No lo creo, ¿una vida vale la de cientos?— recriminó con cierto repudio.

— Nunca creí que… se desataría todo esto…— se pasó la mano por el rostro, intentando escapar del efecto de cualquiera que sea la droga que hubiera ingerido— jamás imagine que sucederían tantas tragedias…

— ¿Qué sabe de los planes de esa mujer?— continuó Mikihisa.

Ornel reprimió una carcajada— Sabía que si entre menos sabía… mejor… No me equivoqué— dijo irónicamente al mirar a Geharo— Unna debió pensar lo mismo ya que jamás me reveló sus secretos… Nuestro trato no nos obligaba a saber todo sobre el otro… De hecho… Unna desapareció de mi vida algunos años, volviendo solo para comenzar sus extrañas labores… Me vi obligado a crear una sección secreta dentro de mi compañía, una que estuviera a su servicio, realizando las investigaciones que deseaba, contratando a la gente que ella quería… Todo fue encubierto, al ser mi secreto más oscuro, debía permanecer así…

— Pasarían años antes de que formara lo que ella quería en un principio… Y solo entonces me di cuenta que… ella no quería mas que asesinos…

— ¿Qué sabe de ellos?— añadió Len.

— … Sé poco realmente… Solo podía hacer conjeturas por lo que ellos hablaban…

— Tuvo trato directo con ellos entonces— musitó Geharo.

— … Sentía responsabilidad por ellos ya que… No tienen idea por lo que han pasado… A pesar de todo, de lo que hayan hecho, de a quienes hayan matado, siento que debo protegerlos, siempre lo sentí así… sobre todo los que llegaron a mi al borde de la vida y de la muerte.

— Háblenos de ellos.

— No… eso no…— volvió a resistirse por mera convicción— Por favor…— pidió con los ojos clavados al suelo, mientras sus puños se cerraban con gran presión a sus costados.

Geharo se volvió hacia la jovencita— Parece que el señor Alanog necesita un poco de apoyo visual mi querida Lilly ¿podrías hacernos el favor?

— En seguida— la joven shaman concentró sus sentidos hacia la gran pantalla de televisión, la cual de modo inesperado se encendió y comenzó a mostrar imágenes, como si de tratase de la pantalla de un computador.

Los ahí presentes se volvieron y miraron con atención.

— Señor Alanog, debo expresar mi asombro por usted— Geharo se puso de pie, colocándose al lado del anciano quien se negaba a mirar hacia el frente— Para ser un simple hombre, su voluntad no sucumbe del todo a nuestro interrogatorio… Parece que me he vuelto algo blando— masculló— Eso me inquieta, pero demuestra que tenemos algo en común: somos tenaces. Ahora bien, debo decir que en mi pequeña visita a su compañía, me complació darme cuenta que es un hombre precavido… Solo así es que pudimos encontrar esto— refiriéndose a los datos que se mostraban en la pantalla— Cualquiera pensaría que encontraríamos los archivos en la sección de la que habló pero, parece que su socia es igual de precavida, y archivos de su trabajo e investigación son inexistentes. Lo más sorprendente es que encontramos algo, sí, pero lo más desconcertante es que fueron de sus propios archivos personales.

Ornel se alarmó y por acto reflejo alzó la cabeza y contempló la información.

Geharo sonrió satisfactoriamente— Mi asistente ha encontrado muy interesante esta información que usted recolectó por cuenta propia… Supongo que sus intenciones no eran mas que las de encontrar una forma de contrarrestar una posible traición de parte de su socia.

Ornel maldijo el momento en que inició esa recopilación. Avergonzado y humillado cerró los ojos llenos de frustración.

— En verdad quisiéramos que nos hablara de ello con sus propias palabras…. Me parece justo conocer al enemigo para combatirlo, después de todo es la misma táctica que utilizaron ustedes primero contra nosotros ¿o me equivoco?

La seguridad resultaba máxima a las afueras del recinto donde se llevaba acabo tal reunión. Una línea de apaches custodiaban la entrada principal y única, pero también era clara la presencia de otros individuos, cada uno con su propia motivación de encontrarse ahí.

— Parece que algo muy grande se esta llevando acabo ahí dentro ¿no es así?— inquirió Miyuki al analizar la situación. Prestando atención a la pequeña fogata que daba cobijo a algunas personas.

— Hombres poderosos e importantes están ahí adentro, es claro que sea algo delicado— Horo Horo reconoció en la oscuridad a algunas personas. La mayoría de ellos fueron participantes del torneo de shamanes.

— ¿Crees que lleguen a algo?— la joven con ropas deportivas suspiró.

— No lo sé… Esperemos que si— en su curiosidad, divisó a alguien que llamó más su atención.

— Nichrom— lo llamó Horo Horo al acercarse.

El joven apache permanecía en las sombras más pronunciadas. Su vista se mantenía atada a las estrellas del actual cielo despejado aun después de la pasada lluvia. Solo sus ojos se movieron al escuchar su nombre.

— ¿Ella esta ahí adentro, no es así?— quiso asegurarse antes que nada.

Horo Horo se detuvo a una distancia prudente, seguido por Miyuki— Sí. No debes preocuparte por ella, esta bien.

Nichrom refugió su rostro entre el cuello alto de sus ropajes— …Veo que ya fuiste bendecido— masculló con cierto pesar.

Horo Horo se tocó rápidamente la marca en su mejilla— Fue duro, pero valió mucho la pena. Ahora entiendo tu lealtad hacia ella, es una mujer respetable y la que merece toda tu devoción— ante esas palabras, que emergieron de su más sincero pensamiento, el shaman se tensó al pensar en la mueca que el rostro de Miyuki tendría… por lo que prefirió no voltear.

— No tienes por qué seguir aquí. Yo me ocupare de que esté a salvo— recalcó Nichrom.

— Lamento decirte que pese a que ella tiene la espalda bien protegida por ti, yo estoy aquí para cuidar de otra espalda— explicó sonriente el shaman.

— ¿Len Tao no es así?— preguntó con hostilidad.

— Parece que sabes muchas cosas— masculló rascándose la barbilla— ¿Sabes que es extraño? El ver a tantos que hace años acompañaron a Hao en el torneo… Tu fuiste uno de ellos Nichrom ¿no deberías ser mas sociable con ellos? Me sorprende que estén aquí, y sobre todo que los oficiales les permitan el estar justamente en este lugar.

— El tiempo sana heridas, así como a las personas— dijo Nichrom— Si no he entendido mal, ellos también están aquí por una persona… Y justo como nosotros, no se macharan de aquí hasta verlos salir.

— Será una larga noche entonces…— pensó el shaman de hielo.

— Si bien es cierto, el equipo que se creó no depende solo de la tecnología— con sumo pesar Ornel hablaba. Las imágenes mostraban los diseños de armaduras y otros aditamentos que ungían al equipo de caza. Todos hechos de metal, con grabados a relieve sobre sus superficies— Unna les dotó de habilidades especiales… Hizo una fusión de sus artes con las nuestras, creando equipo capaz de resistir y replegar ataques de guerreros como ustedes… Al principio Unna requirió de pequeños grupos de asalto… hombres como yo que solo utilizaron lo que les dimos para luchar… Pero esos grupos solo servirían de apoyo para los verdaderos generales de su ejército, pruebas para sus verdaderas piezas de ajedrez, unos a los que les cedió toda su atención… sus verdaderos objetivos… Todo lo que obtuvo gracias a mi, se resumió al diseño de esos seis guerreros…— sus ojos ya se mostraban sin brillo alguno, reflejando la carencia de conciencia ante lo que decía— El equipo elite que lograría las hazañas mas notables en su movimiento…

Li no soportaba verlo. Era algo muy bajo e indiscutiblemente cobarde… Se ha debido contener más de una vez antes de levantarse, tomar a ese anciano y huir del lugar.

En la pantalla apareció un perfil personal de una mujer. Fotografías de ella y del equipo que portaba.

— … La primera de ellas… Neit… Ella, solía trabajar en mi empresa, fue jefa del departamento de investigación. Poseía un currículo notable, una mujer muy inteligente y con un largo porvenir, pero poseía ideas religiosas muy marcadas, lo que ocasionaba malas impresiones y algunos problemas… El trabajar para Unna fue lo que la llevó a compartir su ideal. Una presa fácil si consideramos que en el historial de Neit nos enteramos que su padre fue un fanático proclamando su religión, tanto que lo llevó a cometer algunos asesinatos, pagando una pena capital… No me sorprendió el que su verdadera naturaleza saliera a la luz gracias a Unna… esa mujer sabe lo que hace… Sabe como llegar al alma de las personas y extraer lo que necesita de ellas…

— Su especialidad se convirtió en los ataques a distancia, sobretodo con armamento como el látigo y el arco…

Len frunció el ceño al escuchar lo último referente a un arco. Recordó que la herida que terminó con la vida de su hermana fue producto de una flecha. ¿Sería ella? ¿De entre los seis posibles asesinos finalmente sabía quien fue la asesina de su hermana Jun?

— En su actual estado mental, siente que sus acciones son orden divina, que con sus manos esta castigando a las aberraciones de la creación, a aquellos pecadores que han osado buscar la cercanía al creador… Por eso, no duda al momento de atacar, no hay forma de razonar con ella, no si no estas de su lado…

Sakura resintió el cansancio del camino, deteniéndose y quedando ligeramente atrás. Se abrazó a si misma al sentir el frío que le provocó el sereno.

Eriol continuó su camino pese a haberse percatado de ello, lo que mas le interesaba era regresar a la aldea.

Yoh se detuvo de igual forma y esperó pacientemente a Sakura, sonriéndole— ¿Estas bien? ¿Puedes continuar?— le preguntó con tranquilidad.

— Solo dame un momento— pidió, inclinando la cabeza. No podía retener la mirada de Yoh.

Los pasos sobre la arena se detuvieron justo frente a ella, viendo como es que Yoh le dio la espalda y se agachó— Te llevo entonces— le ofreció él su espalda.

Sakura no respondió al instante. No podía dejar de ver el rostro de Hao en el de Yoh. Así luciría ahora de no haber muerto… El conflicto que la verdad le causaba no le permitía el sentirse a gusto por querer confiar en el shaman… él como muchos otros le escondían la verdad… Además que, al ver su cara, no puede olvidar ese sueño… uno en el que él le dio muerte…

— En serio, no hay problema ¿Quieres ver a tus amigos no? Prometo que te llevare más rápido, corriendo si es necesario— dijo del modo más amigable.

Sakura no podía cegarse ante esa bondad. Era cierto que deseaba volver a lado de Shaoran pero… El llegar a la aldea significaba enfrentar la realidad de lo que debía hacer.

— Si pudiera te llevaría volando pero… creo que es algo imposible— una risita juguetona escapó de sus labios.

— Volar…— masculló dirigiendo su mirada al cielo— Eso puede arreglarse— con un pensamiento fugaz, un deseo silencioso, Sakura intentó convocar el poder que le brindarían alas pero… Nada ocurrió, para su extrañeza, no crecieron bellas alas en su espalda…— ¿Qué…?— miró hacia atrás para corroborar el hecho— ¡¿Por qué no…?! ¿Estoy tan perdida que acaso… que ni siquiera mi magia acude a mi?— se preguntó sin poder ocultar su miedo.

— Oye, tranquila— Yoh lo notó, acercándose más, tratando de confortarla aunque no supiera el origen de sus temores— En verdad que necesitas descansar. No sé por qué, pero siento que has pasado por muchos más problemas que cualquier otra persona… Pero ya veras que todo se solucionara Y si me lo permites, yo puedo ayudarte con todas tus cargas— insistió de nuevo, volviendo a hincarse.

— … Gracias— murmuró al acceder al fin. En todo ese tiempo, nadie había dicho palabras como esas... Sintió un gran alivio cuando lo escuchó, olvidando incluso su falta de magia. Se encontraba demasiado afligida como para retener cada un de las razones de ello… eran demasiados elementos los que acababan con sus fuerzas…

En cualquiera otro momento, la vergüenza y la pena no le hubieran permitido prenderse del shaman. Pero una vez sujeta a sus hombros es que sintió la ligereza de su cuerpo, sintiendo una inusual comodidad al ser llevada de esa forma.

Yoh se aseguró de sujetarla con mucho respeto— Bien, pongámonos en marcha— para él, el cargarla no resultaba ningún esfuerzo.

Sakura se mantuvo en silencio, apoyando su cabeza sobre la espalda del shaman. Le resultaba incomprensible la seguridad que la sobrecogía en ese instante. Fue como si todos los problemas que rondaban en su cabeza se despejaran en el momento en que sus pies abandonaron el suelo y todo su peso lo retenía el joven. Esa falta de remordimientos le permitían el sentirse tranquila, disfrutando el armonioso palpitar del corazón de Yoh Asakura quien respetó su silencio casi todo el camino.

— ¿Sabes?— interrumpió Yoh de repente— La primera vez que te vi, hablabas más— señaló ante el desconcierto de Sakura— Supongo que todo esto es difícil para ti.

— … Para todos.

— Sí. Pero cada persona es diferente y cada uno se sobrepone de diferente forma a situaciones como estas.

— … Tú… sigues igual… ¿cómo lo haces?— se mostró curiosa— Todos los que me rodean han cambiado… incluso Eriol, él… ya no parece el mismo— dijo divisando a Hiragizawa quien marchaba más adelante.

— No lo sé. Yo simplemente…— dudó al buscar la mejor forma de explicarlo— Una vez me dijeron que yo era el pilar de la fe de mis amigos. Si yo muestro desesperación o pierdo mi seguridad, ellos también lo harán… Anna me dijo que, lo quisiera o no, me ven como un líder, pero en lo personal no me siento merecedor de tal cosa— masculló sonriente y despreocupado, como si se tratara de algo trivial.

— … Es por eso que jamás dejas de sonreír…— pensó para sus adentros Sakura— Pero entonces… escondes lo que de verdad sientes tras una falsa serenidad ¿no es cierto?— cuestionó de modo repentino— Y eso no es bueno… Al final el alma se marchita y se asfixia al no poder mostrarse como realmente es… al final, el remordimiento será peor— ella entendía ese sentimiento, justo como el que Clow y Eriol debieron sentir.

Aun ante la verdad, Yoh continuó mostrándose tranquilo— Esa fue mi decisión y de nadie más— le dijo con sinceridad— Es por eso que jamás sentiré remordimiento por eso, Sakura.

Kinomoto se heló al saber que Yoh era más diferente a lo que ella imaginaba… Aunque creyó que compartían el mismo dolor, lo que lo diferencia de ella era que él escogió ese camino solitario por su propia voluntad… jamás hubieron factores externos que lo obligaran a tomar esa filosofía…

— Alguna vez… me dijeron lo mismo que a ti… Aún lo hacen— susurró melancólica y avergonzada— Pero yo… no soy lo suficientemente fuerte para ser el pilar de nadie, yo… No puedo darles una fuerza de la que carezco… no puedo…— la tristeza volvía a dominar su mente, transmitiéndoselo a Yoh solo con la manera en que sujetaba sus hombros.

— Toma mi fuerza entonces— sugirió— Puedes apoyarte en mi Sakura— giró un poco su cabeza solo para ver como es que Sakura lo miraba sonrojada— Creo que, dos pilares es mejor que uno ¿no es así? Si tú lo deseas, puedes inclinarte sobre mí y yo te sostendré— volvió a sonreírle— Justo como lo hago ahora.

Una delgadísima lágrima viajó por su rostro, platinándose por la luz de la luna. Yoh se preocupó, no creyó que estuviera lastimándola de alguna forma. Sin embargo, Kinomoto sonrió débilmente, aferrándose a Yoh con mucha más fuerza y confianza— Gracias… en verdad, gracias por decirme eso…— completamente apenada, escondió su rostro en la espalda del Asakura.

— … De nada— musitó débilmente, volviendo la vista hacia el frente, donde no muy lejos comenzaba a divisar las luces de la aldea cercana.

La imagen cambió, mostrando a un hombre de cabello y piel oscura. Geharo lo reconocía. Para Len el observar al asesino de su padre no era nada placentero, la rabia comenzó a acelerar el ritmo de su corazón.

— Sobek… Ese muchacho si tiene derecho a odiarlos— agregó Ornel— Cuando llegó a mí estaba moribundo… Unna lo trajo así. Salvamos su vida y corregimos su mal al no poder salvar una de sus piernas… Su recuperación, aunque satisfactoria, fue lenta y paulatina. Tiempo que aprovecharon para envenenarle el alma…

— Él era un militar… agente especial que fracasó en una misión, la cual, sin saberlo, era asesinar a uno de ustedes… un hombre en China que lo torturó durante días, alguien que deseaba convertirlo en uno de sus guerreros, lo quisiera o no… Para su suerte, logró escapar gracias a la intervención de un amigo… pero desafortunadamente, solo él escapó...

Len supo que hablaban de su padre… Eso explicaba muchas cosas…

— Como militar, sabe mucho del campo de batalla… Que su juventud no los engañe, es un experto en muchos ámbitos. Su especialidad no solo se limita al enfrentamiento cuerpo a cuerpo, sino al de cualquier armamento, poseyendo una puntería y reflejos que sobrepasan… Es por eso que Unna le cedió un arma muy sofisticada…. Una que adopta la forma de cualquier arma de fuego que él desee, fue diseñada a partir de la misma fusión de su magia y la nuestra… Para combate cerrado, se apoya de unos garras rectractiles que emergen de sus brazales…

Vincent Kajab tocó levemente la parte del pecho en el que fue herido, encontrando la identidad de aquel que atentó contra su vida.

— La venganza nubló su noble juicio… Pero de entre todos, considero que él es el único que aun podría rectificar el camino… simplemente necesita recordar el por qué decidió consagrar su vida a proteger al débil… Unna pervirtió su camino, jugó con los puntos de vista y al final, las heridas y el deseo de venganza fueron determinantes para él… es lo que lo obligó a convertirse en lo que más odia… No se arrepiente de ello y, pese a que ya ha terminado con su venganza, solo porque es hombre de palabra es por lo que sigue bajo la órdenes de Unna… nada mas…

Lo obligaron a arrodillarse. Los brazos que lo sujetaban le infringieron dolor. Agacharon su cabeza, casi hasta que su frente rozara contra el suelo, donde vio la costura final de un vestido negro delante de él.

— Que inocente…— sentenció con frialdad la voz perteneciente a una mujer— Parece que aun te aferras a la esperanza… aún estando muerto, tu alma aunque podrida, se aferra a lo inexistente.

Luchó contra sus opresores solo para levantar el rostro y mirar a los ojos a la mujer.

— Te has tomado muchas molestias Hao, el que no pueda dominar por completo tu espíritu no quiere decir que no pueda hacerte daño— cuando el fantasma pudo alzar el rostro, este se vio abatido por un solo movimiento de la mano de su captora.

En el suelo se estremeció hasta que la mujer, la supuesta Nadeshiko, bajó el brazo— Esta vez tu osadía no será perdonada. Unna ha sido demasiado flexible contigo, pero se acabaron los miramientos— le advirtió de modo severo.

El espíritu de Hao intentó reincorporarse, pero solo pudo levantar la mitad de su espalda. Con su mirada enfrentó a los ojos acusadores no solo de Nadeshiko, sino los de los dos espíritus que permanecían a su lado, aquellos que intervinieron en su intento y lo arrastraron de vuelta a este lugar.

— Amo, creo que debería de dejar de permitirle tantas libertades— comentó con soberbia el fantasma femenino, aquella que fue muerta por una flecha que la atravesó de lado a lado. La herida sangrante aun se mostraba en sus costados. Su rostro mostraba una mueca de malicia, nada acorde con el dulce recuerdo que su hermano aun guardaba de ella.

— Afortunadamente, el daño no fue demasiado. El Puente que une al cielo con la tierra pudo haber visto su verdad, pero al final sigue siendo mi pequeña hermana… y yo, conociéndola mejor que nadie, sé muy bien como volver a cubrirle los ojos— habló el espíritu masculino, aquel que mostraba una profunda herida en el pecho.

— Ya no le permitiré tal cosa… No he llegado hasta aquí permitiéndome correr riesgos— la mujer volvió a apuntarle con la mano, y los movimientos que hacía con este traían consecuencias para el fantasma de Hao, alzándolo y presionando su forma espiritual, como si quisiera aplastarlo hasta exprimir huesos inexistentes.

Aun en un estado fantasmal, el dolor resultaba insoportable. Las heridas producidas al alma resultaban mas graves que las echas a un cuerpo físico. Hao reunió la concentración suficiente para poder hablar— …Con esto me compruebas que… tienes miedo… Sabes que puedes ser derrotado… — una sonrisa de satisfacción le adornó los labios— Si tu destino fuera absoluto… nada de lo que hiciera te perjudicaría… como vez… temes… Me temes

La mujer lo dejó libre, cayendo el espíritu a sus pies, resintiendo este todo el dolor causado.

— ¿Por qué temería yo de un ser tan diminuto?— preguntó con frialdad— Uno que ni siquiera posee un alma completa. Ese factor es lo que no me permite controlarte como al resto… Eres poderoso por tu individualidad, pero también es tu mayor debilidad…

Hao rió ante la ironía que el escuchar sus mismas palabras le provocaron.

— Pero, comprendo ahora que después de todo obtengo una ventaja al poseerte, y es una ventaja que pienso tomar de ti de ahora en adelante.

Por un momento, las cadenas que sujetaban su espíritu se evaporaron pero, no teniendo tiempo de reaccionar de algún modo, se vieron suplidas por siluetas en formas de serpientes que se adhirieron a sus tobillos, muñecas y cuello, del mismo modo en que sus otras cadenas hacían, con la diferencia de que las fauces de las serpientes se abrieron y mordieron cada una de sus extremidades, añadiendo una que mordió sobre la zona de la yugular.

Sorprendido Hao intentó encontrar significado a esa ilusión, pero antes de poder terminar alguna frase, sintió una tremenda debilidad y sofoco, así como temblores que paralizaron su alma— ¿Veneno…?— descubrió ante los síntomas que empezaron a fluir.

— Un alma dividida no se separa del todo. Comparten el mismo destino aunque una de las mitades se haya revelado… El vínculo existe, y gracias a tus acciones parece que se ha fortalecido aún más… Tu conexión con el elegido de los grandes espíritus me permitirá el impedir su verdadero despertar, y tú, mi querido Hao, veras como es que su espíritu y el tuyo se marchitan con el veneno de mi alma.

Shaoran se sobresaltó al ver en la pantalla la imagen de Rika Sasaki. De todos los presentes, solo él podría reaccionar de aquel modo— Imposible…— masculló casi sin aliento.

— Temis… De entre todos, la venganza siempre se encuentra impresa en sus ojos. Jamás pude acercarme a ella… pero en mis investigaciones, encontré la verdad que respaldan sus acciones y, justo como Sobek, el saldar cuentas pendientes es su motivación más poderosa… Su vida era como la de cualquier mujer, hasta que los desastres naturales de algunos meses atrás le arrebataron a su hijo… Ella y su esposo quedaron terriblemente lastimados. Pero muy cercanos a la muerte, Unna los encontró y les salvó la vida… De nuevo supo escoger a aquellos de mente débil ante lo ocurrido y los envenenó con la verdad que se escondía tras lo ocurrido… El saber que la responsable de lo que pasó fue por una sola persona, una a la que conoció en la niñez, la golpeó de tal forma en la que ya no pudo volver ser la misma.

Shaoran se petrificó al sentir a Sakura descubierta. Se dio cuenta de que muchos de los miembros también mostraron interés a lo dicho… Sobretodo Vincent Kajab.

— Geharo, detente un momento— pidió el hechicero.

— Lo sé— se adelantó el rubio— … Señor Alanog ¿qué es lo que usted sabe de ese incidente?...

Li no se movió, creyó que alguna acción precipitada solo lo delatarían.

— No demasiado… Unna solo me comentó una vez que la naturaleza no había tenido nada que ver con lo que pasó, ninguna tecnología humana podrá obtener una explicación lógica a ello… pero quiso jugar con mi ignorancia y me dijo que todo fue por una conciencia que actuó a través de una jovencita… ¿Qué clase de monstruo seria capaz de provocar tales males? No lo sé exactamente pero… supongo que es el punto de vista que todos ellos ponen sobre ustedes… son monstruos que ocasionan desgracias a este mundo…

— Probablemente, así sea— pensó alguno para sus adentros.

Hidesato cerró la compuerta de carga una vez que la ultima carga fuera colocada en su lugar. Solo en la cabina de mando se tomó un segundo para cerrar los ojos y descansar, apoyándose sobre el panel de control. Su preocupación había llegado a un punto en el que temía el final de ese camino… El sonido del motor de la nave logró adormecerlo, pero su mente no dejaba de atormentarlo.

¿Cuánto más esta vida artificial duraría? No era ningún crédulo y no pensaba en que al termino de las batallas podría tener una vida normal… no, nada de eso.

Debió aceptar el final de su primera vida, pero el amor lo cegó. Cual ha sido su carga y dolor al ver la transformación de Rika… Se ha convertido en alguien a quien no podrá seguir por mucho tiempo más… Podría haberse rendido en alguna batalla y terminar con su maleficio, pero ante la cercanía de la muerte pensaba en ella… en que no podría dejarla sola. Se había hecho la firme promesa de no abandonar este mundo sin ella, y pensaba cumplirlo…

Sujetó con cierta nostalgia el collar que colgaba bajo su ropa.

El sonido de la puerta de la cabina al abrirse lo obligó a mirar sobre su hombro. Pensó que se trataría de alguno de los soldados pero se extrañó al ver a su camarada de armas.

— Sobek— lo llamó al ver al sujeto entrando al lugar. Se giró en el asiento para comprobar su situación. Parecía estar en perfectas condiciones, pero en sus ojos notó algo inusual, un poco de resentimiento pero a la vez de aflicción— ¿Dónde has estado?— preguntó, esperando una respuesta concreta al ser el líder.

El mercenario dudó en responder, y antes de que sus labios se movieran en una mentira, la mano de Unna lo contuvo de hablar al posarse sobre su hombro.

— Creí habértelo dicho Hidesato— la mujer se mantuvo detrás de su guerrero— Estaba en una misión para mi. Te suplico que no lo molestes con eso ya que… es un secreto entre él y yo— masculló para sorpresa de Sobek quien la miró un poco perturbado.

A Hidesato lo invadió una gran desconfianza, sobre todo viendo la reacción poco discreta de su compañero— Entiendo— accedió a no tocar el tema, no mientras ella estuviera presente— Me preparaba para despegar. Según tengo entendido, Vidar nos alcanzará después.

Unna asintió, adentrándose a la cabina y tomando un asiento en donde esperó en silencio. Como ama y señora de sus almas se permitía el actuar del modo mas extraño y poco comunicativo que deseara.

Hidesato invitó a Sobek al tomar el puesto del copiloto.

— ¿A dónde iremos?— preguntó el muchacho.

Hidesato lo miró de reojo. Había algo nuevo en él y no se mostraría tranquilo hasta saber qué era— América…— dijo al fijar la vista hacia el frente y sujetar los controles.

— Hidesato es el líder. Unna lo decidió así. Supongo que la edad fue decisiva, pero creo que ras su elección se esconde algo más…

Shaoran tragó saliva al reconocerlo también. Era demasiado cruel e insano el juego que el destino había tendido para ellos.

— Justo como Temis, siempre guardó su distancia… Pero sé bien que comparte el mismo destino que ella ya que ante la ley y el hombre son marido y mujer… Él perdió también a su hijo pero jamás… jamás he visto deseos de venganza en sus ojos…. Su mirada no es como la del resto, él es más pasivo y me atrevo a pensar que… es el único que no es lo que es por gusto… Su motivación va más allá de la venganza o el derramamiento de sangre.

— Nunca lo he visto en combate pero… el arma que posee… no fue construida por manos humanas… Unna buscó para su más sobresaliente guerrero un arma legendaria… La espada Saiketsu, así es como la llaman.

— Debe ser un fiero guerrero— comentó de pronto el maestro Kerbasi, conocedor de leyendas— Se dice que esa espada solo se deja empuñar por un guerrero que le demuestre una gran valía. Para obtener esa espada se debe retar al dueño en cuestión, y si en ese combate es vencido la espada no perdona esa derrota, y por ende pasa a la mano del individuo que venció. Se cree que la forjaron artesanos de origen demoníaco, en épocas en la que los demonios caminaban y gobernaban aun en este mundo.

— Parece que nuestros enemigos están mejor equipados de lo que llegamos a imaginar— reveló Mikihisa al sentirse preocupado.

— Ocuparemos estrategias…— murmuró Len— En ocasiones pasadas han utilizado los ataques sorpresa e imprevistos en nuestra contra, así como utilizar tecnología que, ahora sabemos, era lo que nos impidieron pelear con todo nuestro potencial… La mezcla de la magia de los hechiceros y shamanes fusionada con la magia de los humanos… Sin duda, es una combinación poderosa, pero de la que ya podremos prevenirnos.

— Tenemos mucho que discutir, pero es preferible terminar de escuchar al señor Alanog… — agregó la anciana Goldva, notando la exhaustiva imagen del susodicho.

Anna se mantuvo frente a la ventana mientras los rayos de luna la iluminaban dentro de la construcción. Una taza fría de té descansaba en la mesa, una a la que dejó de prestarle atención desde que el silencio inundó el lugar. Algunos duermen, otros fingen hacerlo; otros se mantienen en guardia y el resto se encuentran lo suficientemente lejos para no escucharlos.

Tamao prestaba atención a Anna, la forma en la que ella fijaba su vista en el horizonte, como si esperara algo— El joven Yoh estará bien, no se preocupe— se atrevió a decirle.

La sacerdotisa permaneció como estatua, suspirando débilmente.

— Lamento importunarla señorita Anna pero… aun estoy preocupada. Cielos, que tonta, seguramente todos lo estamos…— su cara se mostró completamente roja— No sé si nos merezcamos esto o no pero, sé que esto es injusto…

Anna poseía la suficiente paciencia para tolerarla. Así ha sido siempre, desde el momento en que la conoció en su infancia. Algunos dicen que ambas son reflejos contrarios de un espejo, y tal vez lo sea pero, comparten un mismo sentimiento, hacia la misma persona…

Anna siempre ha sabido del amor que Tamao siente por Yoh. Jamás la ha considerado su rival puesto a que ella, desde siempre, fue la elegida para ser su esposa. La falta de carácter de Tamao fue lo que la desacreditaba para el puesto, en cambio Anna poseía lo que Yoh carecía. Sus abuelos sabían que juntos serian la mejor pareja, y por ende un matrimonio que podría llevar a los Asakura a la siguiente generación.

Jama sintió celos de Tamao, ni de su forma cariñosa de ser para con Yoh, ya que bien sabía que Yoh solo tenia ojos para una sola mujer…

— ¿Habrá un mañana Tamao?

— … ¿Qué…?— se confundió la chica de cabello rosado.

— En tu tablero ¿lo has utilizado para ver más allá del día de mañana?— preguntó seriamente.

Avergonzada, Tamao asintió— Mis poderes tienen sus limites… Y solo puedo saber el destino por persona…

— Indagaste en el de Yoh?— cuestionó, sabiendo la respuesta.

Aún mas colorada y apenada, ella asintió— ¡Lo siento mucho!— nunca ha podido mentirle. Para ella, la sacerdotisa Anna es la imagen que más respeta.

— ¿Qué viste?

— Y-yo… yo…— temió las consecuencias que sus palabras podrían traer, y eso le paralizó la lengua.

— ¿Puedes saber el mío?

Tamao tartamudeó ante el repentino cambio— Podría intentarlo… Si usted lo desea…— se apresuró a decir.

— Hazlo— ordenó al ponerse de pie— Pero dime el resultado solo cuando esto termine— pidió al momento en que el espíritu del samurai Amidamaru se materializó a su lado.

— Es él Señorita Anna, se acerca— le alertó el espíritu.

— Muéstrame el camino.

— ¡A la orden!

— Señorita Anna, voy con usted— pidió la chica de cabello rosado.

Anna se dirigió a la salida y sin voltear a mirarla le dijo de modo serio— Cuida a los demás. Prometo que a mi regreso traeré conmigo una sorpresa.

En el fresco de la noche, bajo la luna como su ojo testigo, tres criaturas mágicas se encontraban reunidas.

El silencio resultó incomodo una vez que Tsukishiro terminara de relatar el viaje que realizó con el pequeño Opacho, el shaman quien parecía poseer un extraña habilidad para rastrear personas especificas.

Opacho escondía su misión detrás de gestos inocentes, y del mismo modo evitaba el dar una respuesta directa. Cuando mucho decía— Cuando el señor Yoh llegue.

Kero, en su diminuta forma, se mantuvo sobre el hombro de Yue todo el tiempo. Si que le parecía extraño el ver las dos facetas de su compañero al mismo tiempo. Aunque Yukito fuera la imagen humana de Yue, debía decir que para este momento, él por si mismo ha ganado su propia humanidad. Jamás se sintió a gusto frente a Tsukishiro pese a que ambos protegían a Sakura, a fin de cuentas, él no era Yue, solo fue una creación de este para mantener su conciencia intacta.

—Y bien ¿qué es lo que piensas hacer ahora?— preguntó Kero a Yukito de modo muy serio— Si lo pensamos bien, la razón por la que se te permitió independizarte fue porque Sakura así lo deseó, por situaciones que no se previeron, pero ahora… La máxima razón de ello no existe…

En el fondo, Yue se alegró de que lo preguntase, deseaba saber lo mismo.

— Se que suena duro pero, no creo que hayas venido aquí por coincidencia…

Yukito permaneció en su serenidad, y aunque sus ojos se mostraron tristes, su voz permaneció tranquila— Tienes razón, mi existencia ya no tiene sentido… Tal vez jamás la tuvo. Sin embargo Sakura y Touya me dieron la oportunidad de llegar a ser alguien… algo más que una sombra— sonrió a los guardianes— Y siempre les estaré agradecido por eso, también a ti Yue, por permitirme existir y tener mi propia conciencia y voluntad, pero creo que eso se convirtió en nuestro mayor problema…

— Las decisiones del pasado fueron necesarias para que llevara a cabo la misión que me fue encomendada por el Mago Clow de la mejor manera…— habló Yue con su típica frialdad— Al final yo me equivoqué, pero no respecto a ti, sino por temerle al cambio, uno que al final de cuentas ocurrió… Sin embargo, si el destino conspiró para que nos separáramos, qué mejor que el permitir que tu, alguien a quien Sakura aprecia tanto, siguiera con vida. Después de todo, sus deseos son mis ordenes…— Kero se extrañó al escucharle decir eso.

— Leal hasta el final… así es como has sido siempre— comentó Yukito con alegría— Y es un sentimiento que compartimos. Retomando lo que hablamos al arribar a la aldea, estuve con Touya todo este tiempo, estuve con él antes de que muriera, y me pidió que protegiera a Sakura, que la mantuviera a salvo… Y eso es algo que quisiera cumplir pero… No soy un guerrero, ni siquiera puedo hacer uso de los poderes que Touya me dio— se miró las manos con cierta frustración— No de la forma en la que desearía. Soy solo una vasija sin vida que se mantiene en movimiento por los poderes y deseos de un buen hombre… Un hombre al que no deseo fallarle, y es por eso que vine a buscarte Yue.

— ¿Qué insinúas?— preguntó Yue con ligeras ideas.

— Quisiera darte el poder que reside en mí, que aceptaras el deseo de un hombre moribundo y cumplieras la promesa que le hice— respondió claramente y sin temblor en su voz. Se veía decidido a no tomar un no por respuesta.

— ¡¿Qué?!— Kero se espantó por la idea, alzándose en el aire y moviendo sus alas de modo frenético— ¡¿Qué clase de locura es esa?! ¡Ni Sakura ni Eriol trabajaron tanto para que decidas tal cosa!

Yue de modo inconsciente dio medio paso hacia atrás— ¿Qué te hace pensar que yo aceptaré?

Yukito cerró los ojos y calmó su ansiedad— Por favor, ustedes lo dijeron… Mi tiempo se acabó, ya no hay una razón por la que deba fingir ser un ser humano más.

— ¿Sabes lo que eso significaría para Sakura? ¡Aunque no nos guste, eres importante para ella. Si desapareces así como así después de volverla a encontrar solo le causarías más dolor y no se cuanto más podrá ella soportar!

— No pediría esto si la realidad fuera otra. Deben saber que en este momento, Sakura y los demás necesitan de todo el apoyo posible para las batallas venideras. No pienso permitirme el volver a ser espectador.

— Volver a ser uno…— musitó la idea y… temió— Yukito… podría ser peligroso. No estoy seguro de lo que pasaría… la conciencia de alguno de los dos podría desaparecer.

Yukito notó su preocupación, a través de sus ojos de hielo se mostró un destello de rechazo que era comprensible.

— ¡No, no y no!— insistió Kero— ¡Es una locura y no pienso ser participe de tal cosa! ¡Yue, ni si quiera lo pienses! Recuerda lo arriesgado que fue la separación, corrieron con suerte en el pasado pero ¿y si no se repitiera? ¡¿Qué pasaría?!

— Si alguna conciencia debe desaparecer, que sea la mía— se apresuró a decir Yukito— Al tomar esta decisión, no busco que las cosas sea como antes…— aclaró— Las cosas no pueden ser como antes, no si tu mismo ya has formado una vida, la cual respeto porque tu respetaste la mía y tomaste una decisión para yo poder vivirla del mejor modo… Yo deseo pagarte ese favor, también a Sakura ¿y que mejor forma que el de darle a su guardián un poder que lo fortalecerá y le brindará más posibilidades de defenderla en el futuro?

Yue se sintió acorralado. La verdad que Yukito le hacia ver lo obligaba a considerarlo… Aun con sus habilidades, aunque haya actuado espléndidamente contra uno de los oscuros guerreros… No lo venció…

— Mi deseo, el de Touya, el tuyo… el de todos los que la conocemos y la amamos es el mismo ¿no es así?... Solo queremos que ella sea feliz, y para eso ella debe salir de esta pesadilla…

Ante sus palabras, el mismo Kero dudó, pero veía a Yue y se preocupaba por él. Si accede, será algo riesgoso, en el que podría perder no solo a un aliado, sino que desencadenaría el sufrimiento de otras personas… Y para este momento, lo ultimo que debería ocurrir sería ocasionar más dolor a los demás. Pero aun así, le permitiría a Yue decidir, a fin de cuentas, es él quien tiene la última palabra.

El guardián de alas blanca estaba confundido. El tomar esa decisión traería sus consecuencias. Se frustró al sentirse acorralado por su otra mitad ¿con qué derecho se atrevía a ponerlo en esa situación?

Cuando sus ojos se mostraron decididos a responder de alguna forma, Kero se tensó, anticipándose a la reacción de Yue al sentir una presencia conocida, una que se acercaba desde un punto lejano. Dos presencias que conocían, pertenecientes a personas por las que se preocupaban.

— ¡Sakura!— en extrema urgencia, Kero se lanzó en vuelo a esa dirección, esperando a que Yue lo siguiera al no querer dejarlo solo— ¡Es Sakura, no puedo equivocarme!

Yue miró de reojo a Yukito, la frialdad se había apoderado de nuevo de sus ojos— Lo decidiremos después— dijo antes de extender sus alas y lanzarse del tejado.

Yukito se acercó a la orilla, como si estuviera a punto de imitar la accion de los seres alados, pero se mantuvo ahí unos segundos en los que vio como es que la joven chica rubia salía de la construcción y caminaba en la misma dirección en la que Kero y Yue se dirigían.

— Anath es el espécimen más extraño de todos…La más enigmática al no haber encontrado un historial del cual poder estudiar… Ella trabajó para mí desde hace algunos años, subió tanto que llegó a ser mi asistente en poco tiempo… Como tal, se enteró de mis más oscuros secretos, de lo que ocurría dentro de las paredes de mi compañía, adentrándose en los planes de esa mujer… A veces pienso que ella sabía… sabía lo que iba a pasar… Sabía dónde tenía que estar para obtener lo que deseaba, poder… Es claro pues siempre ha demostrado un gran delirio por él… Y ahora la tiene…

— Es despiadada… La mas siniestra del grupo… Aquel que la subestima por ser mujer termina viendo su error. La piedad para ella es inaceptable… es la más peligrosa no solo en habilidad sino en razonamiento… Cuidado con sus armas, no son lo que parecen, cuidado con su astucia pues su insensibilidad la hará cometer las peores de las bajezas y crueldades…

— No entiendo como es que Unna confía en ella… Porque ambas son muy similares, con una mente fría y calculadora que les impiden el mostrar inseguridad en lo que se proponen… Ninguna de las dos esta dispuesta a perder…

Al no poder consolidar el sueño, decidió salir y caminar un poco por la aldea. Curiosamente encontraba a algunas personas en el camino, algunos ni la miraban si quiera, pero los espíritus que les acompañaban respondían ante la falta de modales de sus amos y sonreían a la joven.

En vez de sentirse asustada de poder verlos, Tomoyo lo consideraba algo excitante. Sentía que ahora podía comprender mejor a Sakura y a los demás. No existía una línea tan marcada que los dividiera y eso lograba que se sintiera muy bien.

En su expedición en la extraña aldea, Tomoyo se topó con varios establecimientos, aunque cerrados por la hora, eran extraños de ver: lugares de comida rápida, peluquería, restaurantes, bares, sobre todo tiendas de recuerdos. En resumen, locales comunes de cualquier ciudad… Para tratarse de una mítica aldea de guerreros shamanes, le resultaba muy cómico el que fuera de este modo. Las leyendas no siempre son los que parecen, y le gustaría tener una cámara para llevarse el recuerdo de ello.

Se detuvo cerca de un pequeño parque, donde una sencilla fuente se embellecía con el movimiento del agua. Lo que la detuvo no fue el cansancio, sino la culpabilidad al contemplar el teléfono publico, el mismo por el cual había llamado a casa hace algunos minutos.

No fue grato recordar las exigencias y preocupación de su madre. Al llamarla, debió anticipar cada una de sus palabras con las que le pedía regresar, con las mismas que le hizo ver su insensatez… recordándole que su presencia en un lugar tan peligroso no cambiaria nada, que era inútil. Era ya imposible resguardarse en el pensamiento de estar al lado de Sakura, ya que ella… bueno, ella ya tiene todo el apoyo necesario… Tiene a Shaoran Li, a Kero, a Yue, a Eriol… y todos ellos eran mucho más útiles para Sakura, podían protegerla de todo mal que se cierne sobre ella.

Al pensar en eso es lo que la obligó a volver a cuestionarse— ¿Qué estas haciendo aquí Tomoyo?— musitó inconscientemente para ella.

Palpó su bolsillo, encontrando algunas monedas que sobraron de su última llamada. Miró el brazalete que colgaba en su muñeca y que se había liberado de la prisión que ejercían sus mangas sobre ella.

Volvió a pensar en él, en la persona que le dio sencillo obsequio. El cual representaba una oportunidad de encontrar su propia felicidad, dejar de vivir bajo la sombra de un sentimiento que no le pertenecía, uno que tomaba prestado de su mejor amiga…

Marcó un largo número de dígitos, esperando el que funcionara. Se sintió nerviosa cuando la llamada logró entrar, y el sonido de la espera aceleró su corazón. Al tratarse de su número personal, no temió el tener que lidiar con terceros.

Se sobresaltó al escuchar su voz, por una fracción de segundó pensó en colgar, pero la insistencia de la voz del joven la obligó a decir su nombre— ¿Frey?— se sonrojó con tan pequeño detalle.

¡Tom!— fue clara la sorpresa y el alivió que sintió Frey por saber de ella— ¡Tom! ¡¿Estas bien?! ¡¿Dónde estas?!— se apresuró a decir notoriamente preocupado, como si el teléfono no le bastara para comunicarse— ¡Tu madre habló preocupada al no saber nada de ti, me encuentro igual de preocupado por ti! ¡¿Dónde estas?!

— Lo siento, lo siento— se disculpó con un tono avergonzado— Lo siento Frey…— se encontraba limitada por la culpa que las reacciones del muchacho le provocaban

Frey logró serenarse, sabiendo que no era el mejor modo de hablar— Discúlpame es solo que… No he tenido noticias tuyas desde que abandonamos el hospital. Tu madre dijo que emprendiste un viaje y después… Desapareciste Tom y… me encontraba muy angustiado sin tener noticias tuyas.

— Perdóname Frey… No fue mi intención preocupar a nadie— susurró— Ocurrieron cosas que estuvieron fuera de mi control… Pero estoy bien, creeme.

Esta no eres tu Tom, tu no actúas de esta manera ¿Qué ocurre?...

Tomoyo sonrió con aire de tristeza, no se atrevería a contárselo, no ahora que ella también era diferente…— Solo quería que supieras que estoy bien y que no debes preocuparte por mi, estoy entre amigos... No te preocupes por mamá, ya hable con ella— con su mano jugó con el cable del teléfono— Y también decirte que… que lamento haber sido tan egoísta por haberme marchado así, debí decirte pues intentamos comenzar una relación y en la primera oportunidad yo… En verdad lo siento. Estas en todo tu derecho de estar molesto o de cambiar de parecer— se acongojó ante la posibilidad de perder esa amistad. Frey y ella comparten buenos momentos desde que se conocieron en Alemania hace ya algunos años. Siempre se sintió cautivada por su forma de ser, pero nunca pensó en que la oportunidad de ser más que amigos se presentara ¿por qué ahora en el que el mundo estaba de cabeza?.

Tomoyo— la llamó por su nombre completo, un acto que solo se ha repetido un par de veces— No sé que es lo que pasa, pero si hay algo en lo que pueda ayudarte… Si me dices donde estas, puedo ir de inmediato.

— Agradezco tus buenas intenciones pero, no es el momento propicio para eso… Si todo sale bien, volveremos a vernos muy pronto— quiso tranquilizar sus ansias por saber su paradero— Y prometo que te contare todo… No habrá secretos.

Tomoyo, no quisiera perderte… En este momento, no soportaría otra mala noticia, es demasiado…

— ¿De qué hablas?— intuyó que algo le ocultaba.

Se produjo una pequeña pausa del otro lado de la bocina— Mi padre ha desaparecido, creemos que fue un secuestro…

Daidouji se llevó la mano a los labios, se encontraba absorta por la noticia— ¿Cuándo?... ¿Pero por qué?...

— … No lo sé, imagina cómo están las cosas aquí. Me siento impotente ya que ni siquiera he recibido una nota de rescate o algún indicio de su situación… Solo puedo esperar… Esperar a que me llamen o recibir malas noticias…

— Que terrible, lo lamento mucho— se sintió afligida por los sentimientos que ahogaban las palabras de Frey— … No tenia idea…. Si lo hubiera sabido, yo…

Descuida, no hay nada que puedas hacer…

Aunque la conmoción había paralizado sus labios, Daidouji notó las sombras que pasaron por encima de su cabeza, interponiéndose entre la luz de la luna y ella. Alzó la vista al cielo y distinguió las alas blancas de Yue, y un pequeño punto dorado que estaba a su lado. La urgencia de su vuelo delató que la persona más importante para ellos debía estar cerca.

¿Tomoyo, me escuchas?— escuchó de la bocina al haber permanecido muda por unos instantes.

Daidouji escuchó el sonido de alerta, aquel que le hacia ver los escasos segundos en el que terminaría la llamada. No buscó en sus bolsillos alguna moneda— Frey, no sabes cuanto lo lamento. Prometo que cuando volvamos a vernos, no habrá mentiras… te diré toda la verdad...

Espera, Tom. Espera, no cuelgues— pidió al anticipar la acción.

— Sin mentiras… lo prometo…— masculló dolida por ansiar terminar la llamada.

Aun cuando él se encontraba herido y en problemas. Al encontrarse aquí impedía cualquier ayuda de su parte; decirle dónde se encontraba no solucionaría nada, aunque no habérselo dicho pudo haber empeorado la situación del joven Alanog.

Colocó la bocina en su lugar y suspiró. Buscó en el cielo orientación, hacia donde ir, cuando se encontró con la mirada indiferente de la sacerdotisa de cabello dorado. Ella no le dijo nada, pero con un simple gesto de sus dedos la invitó a que la siguiera, sabiendo que también se alegraría de estar en el lugar de la bienvenida.

Aunque la imagen mostraba al último de los seis mortíferos guerreros, Ornel Alanog no pronunció palabra. El efecto no podía haber pasado todavía, pero de alguna forma logró contener la verdad… Pero la insistencia de los que lo rodeaban y su propio cansancio terminó por vencerlo.

— Le dicen… Vidar… Y…— sus uñas se enterraron en las palmas de sus manos, la fuerza que ejercía en sus puños sobrepasaba la resistencia de su piel.

La mayoría de los oyentes comenzaron a pensar en lo importante que debería ser lo que ese rostro escondía, ya que solo en este momento demostró una fortaleza de voluntad inigualable, solo por proteger el secreto de ese guerrero.

— Por favor… no— derramó lágrimas de frustración y rabia. Sus piernas terminaron por ceder ante la presión, cayendo arrodillado y ocultando su cara al sentir humillación al ser contemplado por sus enemigos— No más…— si tuviera algo que lo ayudara a quitarse la vida, lo usaría sin dudar en ese instante, solo así podría evitar que las palabras fluyeran— Se los suplico…. No quiero que le hagan daño… no de nuevo, no por mi culpa…— se atragantó por la congoja y las lagrimas.

Aunque Geharo iba a obligarlo a levantarse, Inet finalmente se puso de pie, ahorrándole una batalla innecesaria a Li Shaoran.

— Basta Geharo, es suficiente— pidió de modo respetuoso al interponerse entre el anciano y el joven— Ya no podemos seguir con esto, no a base del sufrimiento innecesario de este hombre.

Sin exaltarse, el rubio insistió— Su sufrimiento es mínimo en comparación de todos los que han muerto por sus decisiones…— la enfrentó sin temor.

— ¿Qué no lo entiendes? Es a base de actos como estos que han desencadenado el sufrimiento de estos individuos que se han convertido en lo que son ahora: Monstruos cegados por una falsa idea de la justicia y la venganza. Si te has dado cuenta, ese dolor fue provocado por la inconciencia de otros como nosotros… No sigas cometiendo el mismo error… No necesitamos más enemigos.

Shaoran miró con otros ojos a la egipcia. El silencio que ella había guardado todo este tiempo lo obligó a imaginar que era de la misma calaña que Geharo Sai, pero al verla ahí, enfrentándose abiertamente con uno de los lideres, le devolvió la fuerza en su punto de vista.

Ornel permaneció a gatas, alzando la vista solo para contemplar extrañado como alguien intercedía por él.

— Concuerdo con ella— Li se atrevió a secundarla, levantándose de igual forma— Con lo que ha dicho es suficiente, nosotros podemos descubrir el resto mientras tengamos la información que trajiste contigo— no buscó el apoyo de nadie de los presentes, pero Inet pareció sonreírle al verlo a su lado— Deja de descargar tu ira en este hombre. Tal vez sea responsable indirecto de toda esta situación, pero si buscamos mas culpables… ¡hay suficiente culpa que podemos repartir entre nosotros mismos!

Geharo suspiró y miró al techo de la habitación, como si buscara paciencia en algún punto sobre su cabeza.

— Señora Goldva— con una mirada a su líder, Silver pidió el que intercediera de alguna forma.

La anciana contempló al resto de los ahí reunidos que permanecían en silencio y a la expectativa. Ella sabía que lo que dijera se respetaría por mero tecnicismos, es decir, se encontraban en suelo sagrado donde ella era la gobernante y la voz de los grandes espíritus.

Después de meditarlo un poco, al ver como es que el maestro Kerbasi le pidió lo mismo que Silver, fue que decidió agregar— Creo que podemos tomarnos un descanso— se levantó, permaneciendo frente a su guardaespaldas.

Todos le prestaron atención cuando sus voz se dejó escuchar— A decir verdad hemos pasado suficiente tiempo aquí, y a como lo veo aún hay mucho de lo que debemos discutir. Sin embargo, temo que nuestra ausencia provoque disturbios en el exterior, recuerden que hay muchos jóvenes impacientes allá afuera y algunos de ustedes saben como controlarlos… además, sería bueno tomar un descanso, supongo que para todos este día ha sido muy agitado y desde que arribaron no han probado alimento siquiera… Son jóvenes, eso lo comprendo, tal vez no todos necesiten un descanso, pero yo si— se atrevió a decir con una sonrisa sarcástica para Geharo y los más jóvenes— Les pido que tomen este tiempo para aclarar sus mentes y pensar en posibles estrategias, también quisiera que me ayudaran a controlar la situación entre la comunidad ¿podrían hacer eso?

Al verse comprometido con la petición de una importante cabecilla, Geharo decidió guardar sus comentarios y asentir con humildad— Como usted quiera…

— En cuanto al señor Alanog, creo que su colaboración ha sido suficiente. Lo que dijo el joven Li es correcto, con los datos que tenemos a nuestra disposición podemos continuar con esta reunión y tomar las decisiones apropiadas— con mucha calma dio la vuelta y camino hacia la chimenea— Silver, por favor, encargarte del invitado— ordenó a su oficial— Y al resto, sé que no es necesario decirlo pero les pido que conserven esto bajo la mas estricta discreción, no quisiera que se produjera un caos antes de tiempo.

— Será al atardecer entonces— propuso el hechicero Kajab, el primero en dirigirse a la salida, no sin antes agregar— Me gustará mucho hablar sobre el origen de todo este conflicto, y de la persona que es la responsable.

Shaoran no pudo evitar darse cuenta de la mirada hostil que le lanzó el hechicero ¿acaso sabría lo mismo que él?

— Al atardecer entonces— Geharo metió sus manos a los bolsillos de su gabardina. Con un movimiento de cabeza le pidió a Lilly que lo siguiera.

La chica desvaneció su posesión de objetos, volviendo sus gafas a la normalidad. Siguiendo a Geharo quien se perdió en la oscuridad del túnel de salida. Kerbasi y Mikihisa se marcharon también, despidiéndose apropiadamente de Goldva y la mujer de origen egipcio.

— Gracias— le sonrió amablemente Inet a Shaoran.

— No, gracias a ti— le respondió del mismo modo.

Silver ayudó al anciano a ponerse de pie esta vez, cargándolo al ver que no podría salir por su propia cuenta.

Ornel se encontraba al borde la inconciencia, por lo que apenas y sus ojos distinguían las siluetas. Inet se acercó a él y pronunció unas palabras en un idioma desconocido para cualquiera de los presentes— Necesita descanso, por favor, trátalo bien— pidió al apache quien asintió ante la responsabilidad.

Curioso, Shaoran preguntó discretamente— ¿Qué fue lo que dijiste?

Sus labios se curvearon como los de cualquier niña que no desea revelar su secreto— Que lamento lo que pasó… y que aprenda a perdonar.

— Algo difícil en tiempos como estos— comentó el chino con cierta nostalgia.

— Lo sé pero…— buscó a Len Tao con sus ojos, él aguardaba aún, sabía que la esperaba— El perdonar es lo que puede diferenciarnos de nuestros enemigos. El odio es un aliado poderoso, pero al final cobra sus servicios con grandes creces. El alma sucumbe fácilmente ante pensamientos negativos, pero se fortalece en gran medida con pensamientos benignos— volteó sus ojos de nuevo hacia Shaoran— Como la esperanza. Y si uno mismo la ha perdido, entonces debes acercarte a quienes aun la mantengan con vida— le apuntó al pecho— Recuérdalo joven Li. Y siempre cuida de la esperanza de los demás… Al final, eso es lo único que podrá salvarnos.

Ante el hueco sonido que desencadenó el corte de la comunicación, Frey cerró con lentitud el teléfono— Esta bien… Será como tu quieras— musitó con tranquilidad, viendo con detención la pantalla de una computadora portátil que descansaba sobre su escritorio— La próxima vez que nos veamos no habrá mentiras… Yo también lo prometo— sus ojos negros contemplaban los numerosos puntos rojos reunidos en un lugar de América del norte.

Presionó un botón antes de hablar— Cancela todas mis llamadas y compromisos, saldré de la ciudad urgentemente— sin permitirse escuchar alguna contestación, dejó de presionar el interruptor.

Usó sus brazos para alejar la silla de ruedas lejos del escritorio. Cerró los ojos, imposible de saber una razón concreta, concentración tal vez. Como si se tratará del máximo sueño de su padre, Frey bajó una de sus piernas, y con gran facilidad se puso de pie, dando un paso firme hacia el frente. Empujó con despreció la silla, herramienta que se volverá inútil a partir de ahora al no haber razón por la que deba seguir siendo Frey Alanog…

En un extraño fenómeno, el color negro de sus pupilas se volvieron brumosos, adquiriendo poco a poco una consistencia brillante, como de cristal, tornándose del color del amatista— El verdadero camino está por comenzar— murmuró con cierto placer. Emergiendo vendas detrás de su nuca que se apresuraron a cubrirle la parte inferior del rostro, evitando el que pudiera hablar. Otorgándole la mascara que cubría su identidad y el favor del que fue merecedor… Todo se lo debía al deseo de su padre, y él mismo iba a pagarle todos sus esfuerzos… de una forma u otra.

El sol estaba por formar la primera línea amarilla en el horizonte cuando Yoh se detuvo, contemplando la aldea. Tomó aire y se limpió el sudor que abundaba sobre su frente.

— ¿Estas bien?

Yoh asintió— Si, no te preocupes. Vaya, parece que mi condición no es tan buena como la de tu amigo Eriol, incluso ya lo perdí de vista— bromeó, dejando de mirar la aldea al saber el sitio en que su espíritu acompañante se materializaría.

— ¡Amo Yoh!

Sakura se sobresaltó ante la repentina aparición, Yoh rió levemente por ello, bajándola con cuidado— Amidamaru, que bueno verte— dijo bastante alegre a su fantasma.

— ¡Amo Yoh, en verdad es usted!— podría llorar de felicidad, pero el samurai guardó su impulso por dignidad— ¡No sabe lo preocupado que me encontraba!

Sakura se aferró al brazo de Yoh, continuaba sintiendo recelo por los espectros y fantasmas. Amidamaru se mantenía alejado solo por ello, era la única razón por la que no abrazaba a su amo.

— Yo también estaba preocupado. ¿Cómo llegaste aquí?— preguntó de modo despreocupado, como si no se encontraran en el desierto ni tuviera preocupaciones complicadas.

— La Señora Anna, ella me convocó a su presencia— explicó con la misma tranquilidad que su amo quien lo había contagiado de ella— La verdad es que yo me quede esperando en el mismo lugar de donde me despedí de usted. Recuerde que le prometí que no lo seguiría pero que también lo esperaría su regreso. Pero parece que la situación cambió las cosas y aunque esperé, su señora esposa me llamó.

— ¡¿Esposa?!— pensó en voz alta Sakura.

Amidamaru se cubrió la boca al haberse dado cuenta de su falta. Yoh simplemente sonrió nervioso.

Sakura miró fijamente a Yoh, nunca creyó que él pudiera ser una persona con una vida tan completa siendo tan joven.

— En verdad lo siento amo Yoh, no lo vi venir, en verdad lo lamentó— se avergonzó tanto que su forma fantasmal optó por la pequeña y esférica apariencia espiritual que solía tener.

Yoh se peinó los cabellos que le cubrían la nuca— Bueno, no es tan grave, tarde o temprano se iba a saber— mantenía su sonrisa para Sakura— Pero te pediría que no se lo contaras a nadie aun, Annita es un poco complicada— dijo al cubrirse un poco la boca.

— ¡SAKURA!— la joven del mismo nombre miró en dirección de donde provino la voz, pero al solo girarse recibió el impacto de un pequeño cuerpo peludo aferrándose a su hombro— ¡SAKURA!— conmocionado, Kero pedía de su atención— ¡¿Estas bien?! ¡¿Dónde habías estado?! ¡Estaba muerto de preocupación, no podía ni comer pensando en tu paradero ¿me escuchaste?, así de grave estuve!

— Kero…— cautivada por las lagrimas que humedecieron su ropa, lo abrazó también— también estaba preocupada por ti…. creí que… Estabas gravemente herido y te dejé solo… Lo siento

Limpiando su nariz, levantó la redonda cara— Nada de eso, soy yo quien debe disculparse, yo debí protegerte aun hasta en mi ultimo aliento, y no dejarte sola. Soy todo un fracaso como guardian, en verdad lo siento.

— Kero…— volvió a abrazarlo, cuando Yue aterrizó e intuitivamente se acercó a la joven, permaneciendo solo frente a ella.

Sakura y él intercambiaron miradas, y en un impulso sobrecogedor, Sakura fue a abrazarlo tambien, con fuerza.

El guardián de alas blancas agradeció en silencio el que se le permitiera una oportunidad más de poder desempeñar bien su papel como guardián de esa joven. Le respondió el abrazo al posar sus manos sobre su espalda— No volveré a perderte de vista, te lo prometo— se prometió a si mismo. Buscó por encima de su hombro a Yoh, a quien en un gesto de agradecimiento inclinó la cabeza ante él, sabiendo que él fue parte importante para que este encuentro se diera.

Yoh vio con agrado el afecto que existía entre ama y criaturas, los tres poseían almas nobles que valía la pena el luchar por mantenerlas juntas.

Antes de que él o Amidamaru pudieran hablar, Yoh se volvió con rapidez al sentir que Anna se aproximaba. No tuvo que voltear para saber que estaba ahí, pero aun así lo hizo.

La sacerdotisa se detuvo a un paso del shaman, aunque su alegría y alivio era inmenso en su interior, su rostro se mantuvo estático y completamente serio.

Yoh le sonrió apaciblemente— Ya volví— dijo como si solo se hubiera ausentado por ir a la tienda.

Anna miró no solo el interior de sus ojos, sino al de su corazón— Hay algo diferente…¿estas bien?— le susurró. Yoh asintió. Con su dedo, Anna golpeó la frente de Yoh— Bienvenido entonces— Y aunque fuese una muestra de afecto que no hubiera querido mostrar ante los demás, la sacerdotisa y el shaman se tomaron de la mano.

Tomoyo contempló la dos escenas en la distancia. Siendo ese momento en que en verdad se dio cuenta que… no había un lugar para ella entre ellos….

Conforme la línea luminosa del horizonte ahuyentaba el cielo nocturno, el sol pareció brillar por aquellas dos presencias. El primer rayo de sol fue la bienvenida de los grandes espíritus para su futuro Rey shaman y para el puente que une al Cielo con la Tierra.

Fin del Capitulo 29