Hola chicos!

Lo prometido es deuda, aquí el nuevo capítulo, que espero les guste tanto como a mi!.

Saludos!

Dos meses más. Para entonces su vientre había aumentado de tamaño considerablemente, de hecho ya no podía ver sus pies, y necesitaba ayuda para pararse, o sentarse, odiaba el no poder hacer las cosas sola, pero era necesaria la ayuda en algunas ocasiones, por ejemplo, cuando se sentaba en el porche de su habitación a ver el cielo, a leer o a pasar el rato, necesitaba la ayuda de Ayame o incluso de Taro para ponerse de pie.

En esa ocasión estaba sentada enfrente de Fuyu, quien había viajado sin que nadie le avisara o invitado, adjudicando que la fecha de parto podría estar cercana.

"El tiempo varia de especie de demonio a otros, pero sospecho que este bebe ya no tardara mucho" le había dicho cuando llegó. Kouga no pudo hacer otra cosa más que instalarla en una habitación contigua a la suya.

Sesshomaru estaba camino a la habitación de Kagome. Durante los pasados dos meses el había estado saliendo a organizar las diferentes divisiones y ejércitos que tenía Akiyama en la zona. Eran granjeros, pequeños señores, que tenían ejércitos de demonios de baja categoría, y algunos incluso con humanos, todos ellos sin entrenar, sin conocimientos de guerra. Nada.

Aún le dolía la cabeza del esfuerzo que tenía que realizar. Bankotsu viajaba con él, para intervenir cuando fuera necesario, y el entrenamiento lo indicaba el todo el tiempo. No tenía paciencia para lidiar con humanos remilgados, ni con granjeros, pero Akiyama había sido claro al decir que necesitaban de todas las fuerzas posibles para vencer a Ryokutsusei, y si eso ayudaba a la seguridad de Kagome, entonces lo haría.

A costa de su sanidad, posiblemente.

Entró en el ala donde se quedaba Kagome, necesitaba mantener su youki bajo, así que dejó atrás los pensamientos negativos, y entró a la habitación de Kagome, quien estaba siendo revisada por la vieja comadrona.

-Sesshomaru-sama – dijo la mujer reconociendo su presencia – Estamos terminando.

Kagome, quien estaba recostada en su futon, le volteo a ver y le sonrió.

-Fuyu dice que todo va bien – dijo Kagome sonriendo – Pero cree que el bebe vendrá en estos días.

-¿Qué tan certero es? – preguntó Sesshomaru desconcertado por la rapidez de los acontecimientos.

-He traído al mundo a cientos de bebes, créame que cuando digo que vendrá esta semana, así será – dijo Fuyu frunciendo el ceño.

Tenía que hablar con Miroku. Si Kagome daría a luz esa semana, su youki tendría que ser sellado cuanto antes.

-¿Porque frunces el ceño? – preguntó Kagome al verle pensativo.

-¿Podrá tener complicaciones? – preguntó Sesshomaru. Kagome le vio y le extendió la mano. Sesshomaru la tomó por acto reflejo.

-Como cualquier madre primeriza – contestó la comadrona – Pero tengo suficiente experiencia Sesshomaru-sama, así que no debe preocuparse demasiado.

Kagome le acarició el dorso de la mano con un dedo, quería asegurarle que todo saldría bien, podía ver en su rostro la preocupación y el miedo. Y miedo era algo que no estaba acostumbrada a ver en Sesshomaru.

-Descansa niña – le indico Fuyu – Ya cuando venga el bebe, lo sabremos.

La anciana salió de la habitación dejando solos a Sesshomaru y a Kagome.

-Todo va a salir bien – le dijo ella sonriendo.

-Estaré presente para el nacimiento – dijo Sesshomaru – Es costumbre de los Taisho el estar durante los partos de los próximos herederos, siempre que sea posible.

-Pero…¿no será peligroso por tu youki? – preguntó Kagome confundida, esperaba todo menos esto – No tienes que hacerlo, puede tardar horas.

-Le pediré a Miroku que sellé mi youki – dijo Sesshomaru viéndola fijamente.

Sellar su youki decía. Sesshomaru no sería mas que otro humano, durante esas horas, no podría usar sus poderes y por esos momentos quedaría vulnerable, para estar con ella, con su bebe.

-Es peligroso, no siempre se puede sellar y no siempre puede regresar a la normalidad – dijo Kagome nerviosa.

-Yo me preocuparé de eso – dijo Sesshomaru – Voy a estar presente en el parto, es el momento mas vulnerable de una mujer, no voy a dejarte desprotegida.

-Pero…

-¡Gome! – dijo Taro al entrar en la habitación desde el jardín, dando saltos - ¿Vas a tener al bebe ahora?

-Aún no Taro – dijo Kagome sonriendo – Yo te avisaré cuando sea el momento.

-Quiero estar contigo! – dijo el pequeño

-No – dijo de repente Sesshomaru. Ambos le voltearon a ver sorprendidos.

-Sesshomaru, es un niño, estoy segura que por unos instantes…

-No – repitió Sesshomaru – Vas a quedarte con Ayame y el lobo hasta que vaya por ti.

-¡Quiero estar con Gome! – gritó Taro enfadado.

Sesshomaru pudo ver el fuego de los Taisho en su mirada. No era necesario que le dijeran que era parte de su familia, y aunque por mucho tiempo estuvo abandonado en el refugio, ahora comenzaba a demostrar su verdadero carácter.

Aún recordaba cuando Inuyasha estaba de esa edad. Retaba a su padre en todo momento, tentando la autoridad, y su padre en todo momento se vio indulgente con su hermano, en todo menos en su entrenamiento.

Quizás si hubiera sido más duro con el nunca los hubiera traicionado.

Quizás si el hubiera actuado más como un hermano mayor Inuyasha no estaría ayudando a Ryoukutsusei.

Sesshomaru desdeño dicho sentimentalismo. No existían los quizás ni los hubieras, solo estaba el presente, y no dejaría que Taro se volviera indisciplinado.

-¡Quiero estar con Gome! – volvió a gritar Taro - ¿Verdad Gome?

Sesshomaru usualmente hubiera extendido parte de su youki, pero debido a la presencia de Kagome no pudo hacerlo. En su lugar le lanzó una mirada de advertencia al pequeño.

-Un Taisho no es indisciplinado, y no dejaré que seas el primero – dijo Sesshomaru firme.

Taro se le quedo viendo con los ojos como platos, brillantes, Kagome sospechaba que estaba a punto de echarse a llorar, pero en su lugar sorbió la nariz y asintió.

-Bien, ahora ve al comedor, iremos enseguida – dijo Sesshomaru.

Taro asintió y salió corriendo de la habitación.

Kagome volteo a ver curiosa a Sesshomaru. Había sido la interacción más rara que había visto jamás, por lo menos entre su esposo y un niño.

-Los partos suelen traer estrés a los inus machos, los olores, los gritos y las sensaciones pueden llegar a abrumar a cualquiera – se explicó Sesshomaru.

-¿Abrumado? – preguntó Kagome incrédula. – Lamento si puedo llegar a ser abrumadora, trataré de no hacer mucho ruido para no lastimar tus sensibles oídos.

Sesshomaru se tocó el puente de la nariz con los dedos, podía oler la indignación de su esposa. Respiró profundo.

-No lo digo por mi mujer, Taro no tiene entrenamiento, una sala de parto no es lugar para un cachorro – dijo Sesshomaru.

Kagome le vio de reojo algo enfadada aún, no podía creer, de un momento era todo lo que hubiera querido, y después iba a decía que era desagradable.

Sesshomaru se sentó detrás de ella, dejo descansar su cabeza en su hombro, y aunque sus manos rondaban por su vientre no lo tocó. No cuando no era sellado aún.

Kagome sintió su proximidad y suspiró, extrañaba su contacto.

-Tengo que ir a ver a Miroku – dijo Sesshomaru poniéndose de pie.

Kagome le vio salir de su habitación, y se dejo caer en la cama.

"Lo extraño" pensó antes de dejarse llevar por la oscuridad de un sueño profundo.

-Mi hijo es un guerrero así como esta, gracias – dijo Ayame por décima vez a un Koga que parecía demasiado concentrado en el hecho que su oportunidad con Kagome se iba esfumando.

Durante los últimos días había hecho ajustes en la seguridad del palacio al menos dos veces, hizo rondas por los jardines hasta encontrar imperfecciones, se hizo cargo del entrenamiento de sus tropas, y ahora estaba ahí, tratando de entrenar a Hotaru.

-Mujer, un cachorro de su edad ya debe estar mas avanzado – dijo Kouga – Estará listo en unas semanas, solo…

-¡¿Yo también puedo?! – preguntó Taro al llegar a la habitación.

Kouga pudo oler su incomodidad del pequeño pero no dijo nada, había rastros de lágrimas en sus mejillas, y supuso que habría colmado la paciencia de Sesshomaru, la cual no era mucha para empezar.

-¡Esto es entrenamiento para lobos! – dijo Hotaru empujando a Taro.

-¡Yo también quiero entrenamiento! – gritó Taro empujando a Hotaru de vuelta.

-¡No!, ¡Tu eres un perro! – gritó Hotaru.

-Hey – dijo Kouga levantando a ambos. – No admito peleas entre mis discípulos.

-Pero…

-Nada – dijo Kouga dejándolos en el suelo – Quiero 50 sentadillas, y 50 abdominales, ahora.

Ambos niños le vieron como si hubiera dicho una barbaridad. Kouga sonrió satisfecho.

-¡Ahora!

Los dos niños comenzaron con movimientos torpes a hacer sus movimientos. Ayame se le acerco suspirando, sabía que había dejado de lado en entrenamiento de Hotaru, y quien mejor para entrenarle que el propio líder del clan.

-¿No crees que es mucho? – preguntó Ayame.

-Nah , a su edad yo ya hacía 100 – dijo Kouga sonriendo – El entrenamiento me servirá a mi, y a estos dos, van a estar ocupados unas horas, ¿Por qué no vas a ver a Kagome?

Ayame le vio con resignación, Kouga seguía preocupado por su amiga, si, estaba ya resignándose a perderla, pero esos sentimientos no se esfumarían, no tan de prisa como deberían.

-Sentí un cambio en su aroma – explicó Kouga – Me preocupa.

Ayame entonces se tomo un momento para encontrar el aroma de su amiga. Su sentido del olfato no estaba tan desarrollado como el de Kouga, después de todo, hacía años que no entrenaba, pero después de unos momentos encontró lo que estaba buscando.

Ah, ahora lo entendía.

Después de pasar años en el refugio conocía bien ese olor.

-Esta a punto de entrar en labor de parto – dijo Ayame. Kouga le vio sorprendido.

-¿Ella…

-Estará bien – dijo Ayame – Será mejor que te quedes aquí con los cachorros, mantenlos ocupados y lejos de la habitación de Kagome.

Kouga le vio partir, y volteo a ver a sus nuevos discípulos, con movimientos torpes intentaban cumplir con su tarea, y se alegraba de tener algo que hacer, mantenerse ocupado siempre era bueno.

-Bien mocosos, vamos a tener una carrera, esas piernas tienen que fortalecerse – dijo Kouga sonriendo. Los cachorros podrían tener mucha energía, pero el se aseguraría de agotarlos.

Hacía mucho que no atendía a una gran cantidad de gente. Kouga estaba lidiando con un brote de su gente con mala salud, no tenía idea de cuanto tiempo pasaron sin nadie que lidiara con los aspectos de la salud, debió de haber sido un buen tiempo si esta cantidad de gente estaba esperando , pero como el palacio estaba tan bien resguardado nadie se había enterado.

Suspiro al ver a la pequeña que tenía de frente.

-Bien, tienes que descansar mucho – dijo Miroku mientras le tomaba la temperatura.

La madre de la niña era una viuda que no estaba mal, de hecho mantenía su cuerpo en forma y le sonreía de manera sospechosa, quizás si…

No, no, ella le mataría, seguro, a veces olvidaba que esa parte de su vida se había acabado, tenía sus momentos, pero en general era feliz con su nueva familia.

Al principio solo las ayudó por solidaridad, pero ella era la mujer mas fascinante que había conocido y rápidamente se dio cuenta que era lo que el necesitaba, y la pequeña a pesar de no ser hijo de ninguno de los dos, era ya parte de su familia, eran una extraña pero feliz familia, que esperaba creciera con el tiempo, quizás en unos meses.

Tardó unos segundos en sentir el youki de Sesshomaru acercándose.

-Princesa, ¿Por qué no guardas todas estas cosas y vuelvo enseguida? – preguntó Miroku a la niña, quien le vio sonriente.

-¡Si!

Miroku salió de la cabaña y vio a Sesshomaru a unos metros de distancia.

-Sesshomaru-sama, ¿en qué puedo servirle? – preguntó. Sesshomaru le vio y alzó una ceja.

-Necesito de tus servicios.

-Ah – dijo Miroku adivinando la razón de su visita – Lady Taisho esta en parto.

Sesshomaru no dijo nada, pero Miroku pudo adivinar por su presencia. No se arriesgaría a pasar mas de unas horas como humano, no cuando eran tiempos de guerra.

-Bien, tendremos que hacer esto de prisa – dijo Miroku tomando el camino hacia el palacio – Lo haremos en la parte mas alejada del palacio.

Llegaron a un templo que Kouga tenía olvidado en las lejanías del palacio. Miroku abrió el pequeño lugar y cerró de inmediato en cuanto Sesshomaru pasó.

-Sesshomaru-sama, necesito que luche en contra de sus instintos – le explicó Miroku – Mis poderes son fuertes, pero no lo suficiente como para sellarlo por completo, por lo que necesito que luche contra el instinto de revelarse, será doloroso y difícil.

-Lo haré – dijo Sesshomaru preparado para la lucha interna.

Miroku asintió y sacó su rosario, y los sellos espirituales. Sesshomaru tomó asiento enfrente de Miroku, su mente estaba descontrolada, el hecho de saber que Kagome entraría en labor de parto y el riesgo que corría sacaban lo peor de su youki, pero tendría que hacer uso de los ejercicios de meditación que su padre le enseño hace años.

Ralentizó su respiración, inhalo y exhalo en repetidas ocasiones, dejó su mente en blanco, sacó cualquier pensamiento de su mente, y la única imagen que quedo fue la imagen de Kagome.

-Bien, comenzaré – le avisó Miroku.

Al principio no sintió nada, escuchaba a Miroku realizando los cánticos espirituales, mantuvo el control sobre su youki, la imagen de Kagome embarazada le estimulaba para mantener su control, debía lograrlo.

Después de unos minutos comenzó a sentir una fuerza opresora, tratando de mantener su youki bajo, su primer instinto fue el atacar al monje, pero su férreo control le detuvo. La opresión fue en aumento, su demonio interno luchaba por salir y defenderse, apretó los puños para evitar golpear al monje.

El dolor fue en aumento, sentía como le era mas difícil mantener en control su poder, en cambio el poder del monje iba en aumento, sentía como las restricciones crecían, como se formaba un muro entre el y su poder, y requirió de todo su control para no atacar al monje.

Pasados unos minutos, sintió el cambio físico. Su cuerpo usualmente rápido y ligero se sentía pesado y aletargado. Una opresión en su pecho le dificultaba moverse con facilidad, se sentía vulnerable y débil.

Volteo a ver al monje quien le vio agotado pero con una mirada triunfante.

-Esta listo – dijo Miroku satisfecho- El sello durara unas horas, con mi poder no he podido alargarlo más.

-Será suficiente – dijo Sesshomaru poniéndose de pie. Sus piernas le parecían pesadas.

-¿Pasa algo? – preguntó Miroku al ver al joven amo dudar.

-Mi cuerpo esta aletargado – dijo Sesshomaru mirando sus manos.

-Debe sentirse extraño, después de todo en estos momentos no es mas que un humano más – dijo Miroku – Le recomiendo no salir del palacio.

Sesshomaru se marchó tratando de acostumbrarse a su nuevo cuerpo. Sus fuerzas estaban disminuidas, si lo atacaban en ese momento seguramente vencerían, pero eso no era de importancia, no en estos momentos.

Al llegar al ala donde estaba Kagome sintió el ajetreo. Había llegado el momento.

Vio a Fuyu entrando a la habitación de su esposa. Llevaba una jofaina con agua, y parecía tránquila.

-Sesshomaru-sama – dijo Fuyu al verlo, después de unos segundos le vio de nuevo – Así que lo hizo.

Sesshomaru no respondió en cambio pasó detrás de Fuyu quien le vio enfadada.

-No es propio que un esposo este durante el parto de una mujer – dijo la comadrona.

-No estoy preguntando si es propio o no – dijo Sesshomaru.

Kagome al verlo se le iluminó la mirada, pero le vino una contracción que le hizo gritar. Sesshomaru se acomodó a su lado y la recargó en su regazo.

No dijo ni una palabra, nada de lo que dijera le aliviaría el dolor a su esposa, pero su presencia le reconfortaría, tanto a ella como a él. Se sentía aliviado al saber que sus sentidos estaban atenuados, el olor de la sangre, de la desesperación y del dolor de Kagome le volvería loco.

En cambio, así como humano, podía acompañarla, tomarle de la mano y asegurarse que todo estaba bien.

-Bien – dijo Fuyu acomodándose a los pies de Kagome – Es hora de traer al mundo a este cachorro.

-Sesshomaru…- dijo Kagome tomando su mano, adolorida, temerosa pero segura de lo que estaba por pasar.

-Todo saldrá bien – dijo Sesshomaru con un optimismo impropio de él.

Kagome sonrió, porque a pesar de estar cansada y estar atravesando por un dolor mas allá de lo inimaginable, el sentir el abrazo de su esposo después de varios meses le brindaba confort, estaba preparada para enfrentar el parto y por fin traer al mundo a su pequeño bebe.