Gracias por vuestros comentarios, y siento muchísimo la tardanza, pero estuve una semana sin poder coger mi ordenador

Siento muchísimo la tardanza, pero estuve una semana sin poder coger mi ordenador. Ruego que me disculpéis, y espero que os guste el penúltimo corto.

Fandom: Bleach

Pareja: Ichigo/Rukia

Tema: #11 - Quebrar

Número de palabras: 1790

Resumen: "Aquel día, la mala suerte persiguió a Rukia."

Género: Romance/¿Humor?/Fluff

Advertencias: viñeta basada en el decimosexto ending de Bleach.

"Quebrar"

Unos pocos metros que casi parecían kilómetros los separaban, y un silencio increíblemente denso los envolvía. A decir verdad, en escasas ocasiones había existido tanta tensión entre los dos.

Ichigo fue el primero en atreverse a romper el hielo hablándole a Rukia, desorientada por encontrarse en una ciudad que nunca antes había visitado.

– Llegas tarde. Acordamos que nos encontraríamos aquí a las doce y luego nos iríamos con mi padre y hermanas – alegó en tono grave, con la cabeza gacha debido a un motivo que ni él mismo conocía con total exactitud. Quizás fuese porque lo había pasado mal al pensar que ella podría haberse perdido, o tal vez por contemplar la posibilidad de que algo horrible le hubiese ocurrido… Pero el traicionero subconsciente de Ichigo terminó por dictaminar que simplemente estaba nervioso debido a que aquello se parecía bastante a una cita.

Rukia confrontó sus grandes ojos azules con los del muchacho, y al leer en ellos con facilidad lo que pensaba, la ácida réplica que le tenía preparada murió antes de salir de sus labios.

La Shinigami tragó saliva, y notó como si algo vivo recorriera su barriga de arriba abajo. Ella quiso darse una buena palmada en la frente al deducir que aquellos cosquilleos no eran más que las típicas mariposas que solían sentir las adolescentes humanas en sus estómagos.

Los molestos "insectos" imaginarios la siguieron siguieron torturando durante unos cuantos segundos más, así como la acuciante necesidad de convertir los metros que les distanciaban en escasos centímetros.

Sin pensárselo dos veces, ya que sabía que si lo hacía no se movería y que él no daría el primer paso, comenzó a correr, y a su vez a terminar con los malditos nervios y la estúpida vergüenza. Sí, se plantaría delante de él y le ordenaría en tono firme que empezasen a buscar al resto de su familia.

De ese modo, la ahora decidida Rukia mantuvo en movimiento sus piernas, avanzando cada vez más y más, mientras era observada por un Ichigo que, involuntariamente, tenía dibujada en sus labios una media sonrisa que expresaba con facilidad gran satisfacción.

Al darse cuenta de que ya sólo quedaban dos metros, que recorrería con un par de zancadas más, Rukia dio un fuerte paso con su pie izquierdo. Para cuando se dispuso a apoyar el derecho, se percató de que no había posado precisamente la suela de sus deportivas en el asfalto, sino la parte lateral del zapato… Y como solía ocurrir al hacer eso, la pequeña Shinigami no consiguió mantener el equilibro, y se torció el tobillo. Pero a su mala suerte todo aquello no le bastó, ya que además cayó de bruces justo a los pies de Ichigo.

Una insoportable punzada de dolor, que comenzó en su tobillo izquierdo de la chcia, se extendió por todo su cuerpo, anulando las ganas que tenía de soltar más de una o dos groserías. Mas en vez de ponerse a maldecir, Rukia sólo consiguió contener con gran esfuerzo un sollozo. Realmente, se había hecho bastante daño.

Sin embargo, debía mantener su dignidad. Aunque estuviese tirada en el suelo, no se iba a poner a llorar como una niña pequeña, y menos aún si Ichigo se encontraba a su lado.

Éste, al salir de su sorpresa y ser consciente de lo que fuerte que había sido el golpe, se agachó e intentó mirarle a la cara.

– Oye… ¿qué te ha pasado? – dijo usando su tono de voz habitual, algo brusco y seco, a pesar de que en el fondo estuviese preocupado.

– ¿Y… y tú qué crees… imbécil? – ironizó, mientras casi posaba la cabeza en el suelo, impidiendo que viese su rostro, y se mordía los labios para frenar un poco el dolor.

– Joder, encima de que me molesto en preguntar, va la señorita y se pone borde… – puso los ojos en blanco y refunfuñó, a la par que tiraba de uno de sus brazos, pretendiendo levantarla –. Arriba, que si tienes ánimos para buscar bronca, seguro que puedes andar.

Gracias a su fuerza bruta y alo poco que pesaba Rukia, consiguió que por fin acabara erguida. Pero ella no duró mucho tiempo totalmente de pie, debido a las molestias que sufría. La chica terminó por tener que apoyarse en Ichigo, a pesar de que su conciencia le prohibiera de forma tajante esto último. Sin duda alguna, el dolor era mucho más fuerte que las cuestiones que tenían como protagonista a su suficiencia.

Un gemido quejumbroso que la joven intentó disimular con una tos alertó a Ichigo de que su compañera no estaba preparada para la buena caminata que les esperaba. Pero lo peor de todo el asunto no era que tuviesen que andar durante bastante tiempo, sino que ni tan siquiera tenían teléfonos móviles ni tampoco sabían dónde se encontraba el hospital más cercano de aquella enorme ciudad.

El Shinigami en funciones se detuvo a pensar en las opciones que poseía para salir del embrollo en el que se habían metido. Una era actuar como muleta de la chica e ir así hasta donde se encontraba su familia, para luego hacerle una visita al centro de salud en taxi, y la segunda se parecía bastante a su predecesora, salvo que obviando el encuentro con su padre y yendo directamente al hospital, si por suerte éste no estuviera muy lejos y las indicaciones que les diesen los vecinos a los que preguntaran fuesen correctas.

Ichigo, aún sin decidirse por ninguna de las dos posibilidades, decidió llevar a cabo el primer paso de sus planes: coger a Rukia para comprobar la gravedad de la herida.

Sin planteárselo demasiado, pasó una mano por su cintura, para rodearla, e hizo que ella apoyara uno de sus finos brazos en torno a su cuello y hombros. Él se inclinó, y comenzó a andar, ahora junto a una Shinigami que mientras que le lanzaba una mirada incrédula, cerraba los ojos para disimular de mala manera el dolor que le causaba apoyar de nuevo un pie en el suelo.

De esa forma, Ichigo se dio cuenta de que, aunque el hueso seguramente no estaría roto, ella sí que tenía un buen esguince, que no permitiría que su pie se sometiera a esfuerzos. Y si no podía tocar el asfalto con las suelas de sus zapatos, sólo quedaba una alternativa. Una alternativa vergonzosa a más no poder, pero la única que le quedaba, al fin y al cabo.

– ¿¡Ichigo, pero qué estás haciendo, inútil!? – exclamó ella cuando vio que su abdomen se encontraba apoyado en el hombro del muchacho, que sus piernas colgaban al no tocar el suelo, y que con lo primero que se encontraba su vista era con la espalda de Ichigo en su totalidad, desde sus omóplatos hasta el lugar donde el dorso perdía su nombre. La situación era, como mínimo, humillante para alguien con el carácter de Rukia –. Bájame ahora mismo.

– Si te bajo, no podrás dar ni un paso – continuó caminando, ignorando los pataleos y quejas de su compañera.

– Prefiero arrastrarme hasta Karakura antes de ir así. Es humillante – protestó con cara de malas pulgas.

– ¿Y qué más da cómo te lleve? No hay nadie en la calle que nos vea – dijo señalando con la barbilla las amplias calles, las cuales se encontraban prácticamente vacías.

La réplica de Rukia no llegó a darse, debido a que un anuncio de trajes de novia apareció en una de las enormes televisiones instaladas en las fachadas de los rascacielos y demás grandes y modernos edificios.

El comercial mostraba a una feliz pareja de recién casados que entraban en una habitación de hotel, ella aún con su vestido blanco y su velo puestos, y él todavía ataviado con el típico traje oscuro que usan los novios. El anuncio terminó cuando el chico cogía a la muchacha en brazos, y ambos sonreían ampliamente. Ese gesto hizo pensar a Ichigo que si quizás mantenían durante unos segundos más la sonrisa, las comisuras de sus labios acabarían por descolocarse.

Tras el televisor callar, los dos quedaron en sepulcral silencio también. Rukia volvió a esforzarse por volver a tocar el suelo, e Ichigo se quedó recordando la campaña publicitaria, y, a su vez, el esguince de su compañera. Definitivamente, si ella no quería que él la cogiera como hasta ahora, habría que idear otra manera de cargarla… y sostenerla como lo hacía el actor no era una mala idea: no llevaría a Rukia como si fuera un auténtico saco de patatas y la postura parecía algo más cómoda… Sí, lo mejor sería hacerlo de ese modo.

Ichigo flexionó las rodillas, y cogió rápidamente a la Shinigami, colocando la mano izquierda en sus corvas, y la derecha en su cintura. Con un movimiento enérgico la elevó sin mucho esfuerzo, y empezó a caminar con ella a cuestas, apresurado y cada vez más y más rojo…

Poco importaba que se repitiese las palabras que él mismo mencionó – "¿Y qué más da cómo te lleve? No hay nadie en la calle que nos vea."–; aquella situación y esa pose eran tan parecidas a la del anuncio que no podía evitar imaginarse a Rukia luciendo un vestido blanco.

– ¿¡En qué chorradas estoy pensando?! – exclamó en voz alta… en voz demasiado alta mejor dicho, porque esas palabras no deberían de haber salido de su cabeza.

– ¿Qué dices? – cuestionó en tono tranquilo ella, con la cabeza baja y sin mirarle directamente a los ojos. Para ser francos, en su fuero interno también se reproducía una y otra vez el dichoso comercial, que parecía haberse quedado grabado en su memoria.

Esta vez Ichigo fue el que optó por no responder a su pregunta. Él sólo siguió cargando con la herida muchacha, más preocupado de que su notable sonrojo no fuera visto que de encontrar la dirección correcta para ir al hospital que tanto necesitaba Rukia.

En cambio, la Kuchiki ni tan siquiera reparaba en su esguince y el dolor que éste le producía, sino que estaba más atenta en notar cómo el calor que le transmitía el otro chico impregnaba su piel.

Después de que ambos recorrieran bastantes calles desiertas, envueltos en un completo silencio debido a una mezcla de timidez y vergüenza, Rukia hizo de tripas corazón.

Tras varios segundos de reflexión, la joven acabó por reconocer que ya no importaba que sintiera que su tobillo estaba a punto de quebrarse, o que gracias a la situación que vivía a su orgullo le faltase poco para romperse en mil pequeños pedacitos, porque, por extraño que resultara, en brazos de Ichigo notaba que su corazón, malherido por los desagradables momentos ocurridos en el pasado, comenzaba a dejar de doler.