AMBIVALENCIA
Por Roquel

Advertencias: Ninguna

Dedicatoria: Navleu, Akhia Miset, Ariana, Kurara Matsumoto, SerketGirgam.

Gracias por seguir conmigo en este viaje.

Notas: Vamos, poco a poco.

Ambivalencia: Estado de ánimo en que coexisten dos emociones o sentimientos opuestos.

YYY

CAPITULO 29
IMPULSO

Impulso: Se refiere a la acción de incitar o impulsar. Estimular. Dar empuje. Sugestión o instigación. Deseo o emoción que provoca una acción de manera intempestiva y sin reflexión. Fuerza que provoca en un cuerpo movimiento.

Lo cierto es que no hay un plan.

Cuando Yuriy dice vuelve no lo hace porque tenga en mente una idea clara de lo que harán. Dice vuelve porque no se imagina enfrentando a Balcov solo. Más allá de la ira no hay una idea clara de lo que harán.

Yuriy dice vamos y Boris lo sigue. Así que la cosa termina con ambos en New York —la sede oficial de la corporación BEGA—, sin apartamento, sin dinero y sin un plan definido. El objetivo es localizar a Balcov y… bueno, que pase lo que tenga que pasar.

—¡Maldita sea!—gruñe Boris mientras escupe la masa amorfa que tiene en la boca—Esto sabe asqueroso. ¿Qué se supone que es?

—Un sándwich de queso.—es la réplica apática que Yuriy le da mientras mastica su propio emparedado.

—Esto no es queso.—masculla Boris apartando la comida—Esto es una aberración.

—Si no lo quieres, me lo comeré yo.

Boris se lo piensa. Es el segundo día de haber llegado y solo han comido pizza y emparedados fríos. No puede evitar pensar en Rei y en la deliciosa comida que siempre había en casa.

Su estómago gruñe en voz alta.

—Dámelo.—repite Yuriy y Boris aprieta los dientes, alejando el emparedado de él.

—Tenemos un plan o vamos a seguir apostados aquí toda la noche esperando que mañana lo veamos entrar.

Yuriy no lo mira mientras mastica con desidia su emparedado sin dejar de vigilar los cuarteles de BEGA, donde tres guardias nocturnos custodian la puerta de entrada.

—Tarde o temprano vendrá.

Boris gruñe.

—El día de ayer nos pasamos buscando este maldito lugar durante horas. Lo vigilamos durante toda la noche y todo el día de hoy. Hemos tomado turnos para dormir, comer e ir al baño, y durante todo ese tiempo no ha venido. Vimos llegar a todos y los hemos visto salir. No queda nadie ahí y no parece que nadie más vaya a venir. No planeo quedarme otra noche congelándome el culo por vigilar ese puto edificio.

—¿Qué sugieres?

—No lo sé, tú dijiste que viniéramos a buscarlo. Ya estamos aquí, ¿qué sigue?

Yuriy suspira mientras se apoya en el banco.

—¿Quieres entrar?

Boris se lo piensa.—Acabemos con esto—maldice mientras se traga el resto del emparedado.

Cada uno carga con su bolso de ropa y rodean el edificio hasta uno de los callejones laterales. La escalera de emergencia está recogida y no hay puntos de apoyo para escalar. Intercambian una mirada antes de ponerse en marcha.

Ocultan las mochilas detrás del contenedor de basura. Boris se posiciona debajo de la escalera de emergencia y Yuriy corre hacia él. Boris se convierte en el punto de apoyo y usa su fuerza para impulsar al pelirrojo, quien consigue alcanzar la escalera. Lo que sigue es coser y cantar: Ayudar a Boris a subir y después subir hasta encontrar una ventana con una cerradura fácil de abrir.

La habitación a la que entran es un salón de conferencias. Fuera, los pasillos están vacíos y el único guardia del piso es fácilmente reducido sin que sepa qué está pasando. Encuentran un mapa con la disposición de las oficinas y los pisos junto al elevador.

Usan las escaleras para llegar al piso ocho, donde se supone que se encuentra la oficina principal. No hay luces en los pasillos pero ambos están entrenados en la oscuridad, así que se deslizan con gracia y silencio por el edificio hasta llegar a la puerta marcada con la placa de Dirección.

Yuriy está inclinándose para estudiar la cerradura cuando Boris levanta el pie y lo estampa contra la puerta, que hace un crujido espantoso antes de combarse hacia dentro. La expresión del pelirrojo destila desprecio.

Boris se ríe de él.

La oficina está parcialmente vacía, llena de papeles y cajas, como si alguien se hubiera mudado recientemente y no hubiese tenido tiempo de desempacar. Yuriy se inclina sobre el escritorio, buscando notas, direcciones o algo que les dé una pista sobre el rastro de Balcov. Boris se limita a curiosear.

—Maldita sea—murmura Yuriy con ira cuando la búsqueda resulta infructuosa.

—¿Nada?

—No.

—¿Y ahora?, ¿cuál es el plan?—pregunta Boris mientras se acerca.—¿Le prendemos fuego al edifico para ver si viene?

Se miran durante un momento antes de que Boris sonría.

YYY

La alarma para incendios se dispara cuando han conseguido hacer saltar la cerradura en otra de las ventanas que da hacia la escalera de emergencia. Bajan hacia el callejón, recogen sus cosas y corren antes de que nadie los vea. Ya de vuelta en el parque vigilan la entrada mientras los bomberos, las patrullas y algunos coches privados llegan uno detrás de otro.

Se pasan el resto de la noche bebiendo un café aguado mientras fingen ser turistas curiosos que observan el lío de personas que entran al edificio. La policía acordona la zona y varios reporteros llegan a lo largo de la noche para cubrir la noticia. También llegan otros hombres, bien vestidos, con el talante de autoritarismo que los señala como los dueños. Por desgracia ninguno de ellos es Balcov.

.

Es el turno de Boris para comprar el desayuno cuando oye la noticia del incendio en la pequeña pantalla de la tienda.

"Hoy alrededor de la una de la madrugada, la alarma contra incendios se disparó en el edificio de las oficinas de la nueva Asociación de Beyblade conocida como BEGA. Uno de los guardias fue encontrado inconsciente, y se recupera en el hospital sin consecuencias aparentes. La fuente del incendio fue localizado cerca de las oficinas de la dirección. La policía no ha hecho comentarios acerca de su origen, aunque se sabe que causo daños en al menos tres oficinas del octavo piso. Por fortuna el fuego pudo controlarse a tiempo. Tenemos en línea al director de la asociación…

Boris no escucha el resto porque justo en ese momento el rostro de Balcov hace acto de presencia y el muchacho se congela al escucharlo. Su voz provoca ecos dentro de él, despertando miedos y viejos condicionamientos. Cuando la presentadora vuelve a la pantalla Boris despierta de su shock.

El director se encuentra ahora mismo de gira para definir los nuevos lineamientos de la corporación. Su itinerario incluye una visita a las oficinas de la antigua BBA en Japón, con la intención de realizar la transición de la forma más amistosa posible. En otras noticias…

Boris deja la comida sin pagar y sale en busca de Yuriy.

YYY

—Podemos ir a buscarlo.—dice Yuriy después de escuchar la noticia.

—Podríamos.—acepta Boris con sarcasmo—También podríamos volar.

—¿Qué sugieres tú?

—Yo no sugiero nada. No fui yo quien dijo 'toma un avión para New York'.

—Creí que él estaba aquí.

Boris resopla con irritación—Pues no está, ¿ahora qué? No tenemos dinero para comprar boletos de avión y salir tras de él. Tampoco tenemos dinero para rentar un cuarto y esperarlo. Diablos, no creo que juntemos suficiente dinero para sobrevivir una semana completa, suponiendo que decidamos dormir en el parque como hicimos los últimos dos días.

—Necesitamos dinero.

—Maravilloso, nunca lo habría pensado.—ante la mirada del pelirrojo, el muchacho sonríe—Pero supongo que no tienes el poder para escupir billetes de cincuenta, así que nos quedan tres opciones: Robar, trabajar y pedir.

—Robar está fuera de discusión, no sabemos cuánto tiempo tengamos que esperar y no podemos correr el riesgo de que nos atrapen o nos persigan.

Boris se encoge de hombros.—Entonces trabajar.

—¿Qué sabes hacer?

—Más cosas que tú, con toda seguridad.

—Ha… no vamos a trabajar.

—Entonces lo pedimos.

—¿A quién?

—¿Quién conocemos que tiene dinero?

—No voy a pedirle dinero a Benzel.

—No a él. Me refiero al hermano de Kinomiya. Seguro que si lo llamas te enviará dinero.

—No voy a pedirle dinero.

—¿Por qué no?

—Porque entonces tendré que explicarle dónde estoy y que voy a hacer. Y esa no es una opción.

—Es la más fácil.

—¿Por qué no le llamas a Kon?

—Hablaré con él cuando esto haya terminado. No antes.

—¿No le dijiste que te ibas?

— No pensé en él hasta que llegue aquí. Iba a dejarle un mensaje por teléfono pero después creí que terminaríamos esto en menos de dos días.

Yuriy se ríe—Eres un imbécil. ¿Crees que él va a quedarse esperándote?

—Por supuesto que sí, ¿tú no planeas regresar con Kinomiya?

—No lo sé… mierda, ni siquiera sé si conseguiremos hacer esto, ¿no lo entiendes? ¿Qué te hace creer que saldremos de esto indemnes?

—Lo haremos.

—Pues felicidades por creerlo, pero eso no arregla el problema.

—¿A quién más conocemos que tenga dinero y que nos deba un favor?

Yuriy se lo piensa.—¿Kai?

Boris se ríe en su cara.

—¿Crees que el príncipe de hielo te va a mandar dinero para mantenerte?

—Él también lo odia.

Boris se muestra incapaz de encontrar una réplica adecuada. Al final acuerdan hacer el intento.

YYY

Ya que Yuriy fue el de la idea, le toca a él llamar al príncipe de hielo.

—No le digas que estás conmigo—sugiere Boris mientras se para junto a él en la cabina de teléfono.

—¿Por qué?

Boris le hace un vago ademán y Yuriy lo deja estar. Usa el número que copiaron de internet, el cual pertenece a las oficinas de la empresa del abuelo de Kai. Media hora después, con muchísimas monedas menos, y después de cientos de preguntas, Yuriy consigue que alguien lo conecte con la mansión Hiwatari.

Responde, cómo no, el mayordomo. Yuriy toma aire y controla su rabia mientras oye pasos y ruido al otro lado de la bocina.

—Bueno.

—Hola, Kai.

—¿Quién?... ¿Yuriy?

—El mismo.

—Iliá estuvo aquí ayer.

—Pues entonces ya estás enterado de todas las novedades. Eso me ahorra tiempo.

—¿En dónde estás?

—No te lo voy a decir, no quiero que Iliá ni Benzel lo sepan.

—Están preocupados por ti.

—Sí, bueno, es hora de que dejen de jugar a la mamá gallina.

—¿Qué quieres?

—Dinero.

—¿Para qué?

—Eso no te incumbe.

—Pues entonces no quieres el dinero.

Yuriy gruñe.—¿Lo has visto?

—¿A quién?

—No te hagas el listo conmigo, Kai. ¿Has visto a Balcov? Estoy seguro de que sí. ¿Qué sientes cuando lo ves pavonearse en la tele mientras habla de todas las cosas buenas y maravillosas que ha hecho? ¿Qué sientes cuando dice que su única preocupación son los niños?

Puede escuchar la tensión en la voz de Kai.—¿Qué quieres?

—Venganza. Retribución. Paz. ¿Qué quieres tú?

—¿Y cómo es el que dinero va a funcionar?

—¿Cómo voy a tener cualquiera de esas cosas si ni siquiera estoy en el mismo continente que él? Necesito viajar. Necesito un lugar para hospedarme. Necesito comer.

—Iliá…

—No quiero ayuda de ellos. No quiero tenerlos encima de mí monitoreándome como si fuera una maldita ave de cristal. No quiero ver sus caras preocupadas. No quiero escucharlos decir que van a arreglar el asunto. No quiero que me traten como a un niño inútil. Quiero arreglar el asunto a mí manera. Quiero ser yo quien lo enfrente. Estoy seguro de que puedes entender ese sentimiento, ¿no es así?

Hay un largo silencio –larguísimo– pero Yuriy no presiona.

—No voy a darte dinero.—le dice Kai y Yuriy está a punto de colgar cuando el príncipe de hielo continua—Pero pagare tu boleto de avión de vuelta a Japón.

—Eso no ayuda.

—Dime la verdad, ¿cuál es tu plan?

—Ir tras Balcov.

—¿Sabes dónde está?

—Voy a averiguarlo.

—Y cuando llegues, él se habrá ido.

—Solo porque tú no…

—Es absurdo perseguirlo, ¿por qué no esperarlo?

—¿De qué hablas?

—Sé que Balcov vendrá a Japón a finales del siguiente mes. Si vienes aquí y lo esperas, podrás ocupar tu tiempo entrenando para hacerle frente.

—¿Es lo que harás tú?

—¿Quieres vengarte, Yuriy? entonces deja de huir y vuelve aquí.

—No quiero ver a Iliá.

—No tendrás que hacerlo de inmediato, pero deberás que enfrentarlo tarde o temprano.

Yuriy toma aire con lentitud—Necesitaré dinero para rentar un cuarto de hotel.

En el silencio que sigue Yuriy sospecha que Kai desea preguntar por Kinomiya, pero agradece cuando el japonés dice:

—Puedes quedarte en la casa de huéspedes de mi abuelo. De todos modos nadie la ocupa ahora.

—Hm.

—Compraré tu boleto y pediré que lo retengan en el mostrador. Solo necesitarás tu pasaporte.

—Bien… ¿Kai?

—¿Qué?

—Boris también necesita un pasaje.

Hay una súbita aspiración de aire al otro lado del télefono.

—¿Está contigo?—pregunta y Yuriy distingue con toda claridad el tono acerado, la ira.

Oh, se sorprende Yuriy en cuanto lo comprende, ¿lo sabe?, pero en lugar de incitar la violencia de Kai, se limita a decir:

—Él también quiere vengarse.

Y cuelga antes de que Kai pueda arremeter contra él.

—¿Por qué diablos le has dicho mi nombre?—gruñe Boris con los brazos cruzados.

—Nunca dijiste que fuera un secreto.

—Pues espero que valiera la pena porque ahora no habrá dinero.

—Lo habrá; al menos sé que comprará mi boleto, y con lo que tenemos es posible que podamos cambiarlo por dos pasajes en clase económica.

—Como digas.

—Resuelto ese asunto, dime la verdad, ¿lo sabe?

—¿Saber qué?

—¿Te lo tengo que deletrear?, ¿Kai sabe de lo tuyo con Kon?

Boris se encoge de hombros.

—Hace unos meses se presentó en el restaurante. No fue una situación agradable.

—¡Sabía que no iba a estar contento con la situación!

—No lo entiendo, ¿cuál es su problema?

—Kai es un acaparador. No le gusta que nadie manosee sus cosas, aun cuando él nunca se haya planteado jugar con ellas.

Boris parpadea—¿Sus cosas?

—¿No lo entiendes? Kai no tiene amigos, tiene rivales, tiene contrincantes, tiene compañeros. Todos son suyos y no tolera que nadie les ponga las manos encima.

Boris sacude la cabeza—Nunca hubiera pensado que Hiwatari tuviera un nivel emocional aun peor que el nuestro.

—Habrá que agradecérselo a él—replica Yuriy sin humor en su voz.

YYY

Para sorpresa de ambos encuentran dos boletos esperando por ellos en el aeropuerto. El viaje es un borrón de siestas y cambios de posición. La comida es terrible y Boris comienza a sospechar que nunca volverá a probar algo decente. Después del vuelo de casi doce horas, les toca otro trayecto más corto hasta la mansión Hiwatari.

Pagan el taxi con el resto del dinero que les queda y esperan en la entrada reuniendo el valor para tocar el timbre. Les contesta el mayordomo, como de costumbre. El hombre alto, vestido con su rígido traje negro, los espera al final del camino de piedra y los guía a través de un laberinto de setos hasta un pequeño cobertizo en el ala oriente de la casa. El interior corresponde a un pequeño y confortable departamento con una habitación, sala y cocina-comedor. El piso, los muebles y los detalles gritan riqueza a viva voz.

—Hemos surtido la despensa—explica el mayordomo cuando termina de mostrarles la casa—El departamento tiene una habitación, y hemos acomodado dos camas individuales para cada uno.

El mayordomo se despide y solo es hasta que la puerta se ha cerrado que Boris se gira hacia el pelirrojo.

—Aun cuando Kai este tan roto como nosotros, no creo que pueda compadecerlo.

Yuriy hace un breve sonido de concesión.

—¿Y ahora qué?—pregunta Boris sintiéndose cómo una mosca en un plato de leche.

—Podrías bañarte, llevas días sin tocar el agua.

YYY

Para sorpresa de Yuriy cuando sale de bañarse encuentra a Boris junto a la estufa, cocinando. El desconcierto lo paraliza en su lugar, la escena es tan irreal que no consigue asociarla con el viejo recuerdo que existe dentro de él.

—¿Qué estás haciendo?

—Pues hay huevo, así que una tortilla con queso. Queso del real. ¿Quieres una?

—¿Desde cuándo sabes cocinar?

—Desde que Rei se hartó de que me quedara frente a la televisión mientras él hacía el desayuno.

Con pasos inciertos, Yuriy se acerca a la barra del desayunador y se sienta. Unos minutos después Boris le pasa su tortilla, con pedazos de queso derretido encima.

—Tiene judias—dice el ruso mientras acerca el jugo y los cubiertos.

Yuriy mira el plato aún sin creer lo que ve.

—¿No te lo vas a comer?—pregunta Boris mientras mastica.

—Sigo sin creer que sea seguro hacerlo.

Boris se ríe—Touche.

Yuriy parpadea.

—¿Qué te hizo?

—¿Ah?

—¿Cocinas?

—Es divertido.

—¿Cocinar?

—Puedes usar cuchillos y la comida nunca está de más.

—Ya… ¿alguna otra cosa?

—También sé lavar los platos.

—No.

—Oh, sí. Y sé utilizar la lavadora.

Yuriy se ríe, sin saber por qué.

—¿Qué aprendiste tú?—pregunta Boris y Yuiy lo medita mientras le da una tentativa probada a la tortilla.

—No cocinar, si eso te preguntas.—no está mal—Teníamos servicio de comedor y Hitoshi hacía la lavandería.

—Oh, así que eras como Hiwatari. ¿Un príncipe consentido?

Yuriy se ríe con sarcasmo.

—Sé hacer mi cama.

—Oh. Podemos decir que ha sido un año fructífero para ti.

Comen en silencio hasta que Yuriy confiesa:

—Ya no tengo pesadillas.

Boris bebe del jugo y asiente, se siente raro hablar de temas que usualmente solo se tocan durante la noche.

—¿Ni una sola?

—De vez en cuando, pero… son más tolerables.

—Vaya.

—¿Y tú?

—A veces—Boris se encoge de hombro desinteresadamente—Pero me dejan dormir.

Yuriy asiente y la conversación prosigue. Comparten experiencias, sin avergonzarse o dudar. Han tocado temas negros, han compartido noches largas llenas de pesadillas y cubiertas con espinas; han enfrentado la oscuridad. Así que ahora es fácil hablar de días blandos, días en el restaurante o días con los niños. Boris habla de Rei con un afecto inconsciente y Yuriy lo escucha sin creérselo; el pelirrojo habla de Kinomiya, y Boris oye el apego que se esconde debajo. Es como antes, la vieja rutina de verdades directas y sin matices, con la diferencia de que ahora lo hacen a la luz del día; ahora hay esperanza, ahí, donde antes existió el miedo y el terror. Antes bromeaban para huir del miedo y enfrentar la desesperación, ahora bromean y no hay nada negro debajo.

Tal vez no salgan indemnes del enfrentamiento que viene, pero lo cierto es que tal vez tampoco consiga destruirlos.

YYY

Continuara