Por favor por lo que más quieran no me maten, ya sé que no tengo perdón de dios pero he tenido otras ideas en la cabeza que nada tienen que ver con esta historia y se me hizo muy difícil escribir este capítulo, pero finalmente y gracias a la presión de todas ustedes aquí está ya terminado. Así que no las distraigo mas y disfrútenlo.

AMARGO ADIOS

Cuando abrí los ojos sentí como si solo hubieran pasado 5 min, me sentía cansada y sentía mis ojos inflamados de tanto llorar. Me tomo un par de minutos ubicarme, nada de lo que estaba a mi alrededor era mío, incluido el fuerte brazo que tenía alrededor de la cintura. Me gire rápidamente y quede a solo unos centímetros del rostro de Enrique, por un instante mi intención fue empujarlo fuertemente y sacarlo de la habitación, pero después recordé que fui yo la que le pidió que se quedara conmigo.

Tenía el sueño pesado, a pesar de mi movimiento tan brusco seguía profundamente dormido así que aproveche para poder mirarlo detenidamente. En verdad era hermoso, creo que en cierta manera tenia razón para ser un engreído, así dormido parecía un ángel de piel cobriza y largas pestañas.

-Deja de mirarme de esa manera, ya se que soy muy guapo e irresistible- dijo tomándome por sorpresa y terminando así con mi momento de debilidad.

-No sabía que ya estabas despierto.

-¿Cómo voy a poder dormir si no dejas de roncar?- me pregunto.

-Yo no ronco- le asegure.

-Mmm, tienes razón. No roncas, ni hablas, ni te mueves. Tenía que estar al pendiente de ti, si no fuera por el sonido de tu corazón pensaría que estabas muerta.

Muerta. Muerte. Arel. Los recuerdos llegaron a mi mente.

-No fue un sueño ¿verdad?

-No, no lo fue.- me respondió al entender mi pregunta.

-¿Qué vas a hacer?- me pregunto. Sabía a lo que se refería pero aun así otra fue mi respuesta.

-Levantarme, darme un baño e ir a buscar a Sara.

-No es a lo que me refiero.

-Lo sé Enrique pero por ahora solo puedo hacer una cosa a la vez.

Permanecimos en silencio un instante en el que fui consciente de nuestra posición, a pesar de estar despiertos en ningún momento hicimos algún movimiento para separarnos, su brazo permanecía en mi cintura y nuestros rostros a solo unos centímetros de distancia. Sin poder evitarlo mi corazón comenzó a acelerarse, mi cuerpo era muy consciente de la cercanía de su cuerpo.

-Enrique yo…- comencé a decir pero el me hizo callar colocando un dedo sobre mis labios.

-Shhh, no hables. Solo siente.

El brazo que tenía alrededor de mi cintura fue subiendo por mi espalda hasta llegar a mi cuello y lentamente con una ternura que yo desconocía en el fue acercándome mas. Sabía que eso no estaba bien, no podía permitir ese beso porque yo amaba a alguien más. Yo amaba a Ed…

Un fuerte dolor inundo mi pecho como si alguien hubiera clavado un puñal en mi corazón, yo no debía amarlo, ni siquiera debería pensar en el. El me había traicionado, así que porque debería yo tener algún tipo de consideración hacia él. Lentamente fui cerrando los ojos esperando el momento en que los labios de Enrique se posaran sobre los míos.

-Isabella, ya está el desayu…- El ruido de la puerta al abrirse junto con la voz de Leah fueron como un balde de agua fría trayéndome a la realidad, en un acto de reflejo empuje fuertemente a Enrique haciendo que cayera de la cama.- Perdón. Lo siento, creí que estabas sola.

-Está bien Leah, no pasa nada- le asegure. Algo en su mirada me hizo dudar, estaba casi segura de que Leah sabía que Enrique había pasado la noche conmigo y que su aviso del desayuno solo había sido un pretexto.

-¡Vaya! Nada mejor que un buen golpe para comenzar el día.- dijo Enrique aun en el suelo- Buenos días Leah.

-Enrique creo que ya es hora que cubras a Jackson y Kellan. Por lo que veo ya descansaste más que suficiente- el tono de Leah no admitía excusa alguna.

-Si Leah- fue lo único que contesto Enrique antes de salir de la habitación.

La mirada de Leah era fría y me recordó a cuando era pequeña y le tenía miedo, a cuando evitaba todo lo posible el estar cerca de ella.

-Solo te voy a decir una cosa Isabella, no voy a permitir que le hagas daño a Enrique…

-No sé de que hablas.

-Isabella no me trates como a una tonta y no actúes como una porque ambas sabemos que no lo somos. Ya una vez vi como alguien muy querido para mi sufría por no ser amado como merecía.

Rápido supe que se refería a mis abuelos.

-Mi abuela amo a mi abuelo- aclare.

-Si, si lo amo pero siempre amo mas a Edward Cullen y aunque de momento tu creas que lo odias, la verdad es que lo amas y siempre lo amaras mas a el que lo que pudieras llegar a amar a Enrique. Así que no voy a permitirte que le hagas daño.

-Mi relación con Enrique no te incumbe Leah. Y no tienes derecho a entrometerte.

-Te equivocas Isabella, todo lo referente a Enrique me incumbe y hare todo lo posible para que el no sufra.

-Yo jamás lo haría sufrir.

-Quizá no de forma consciente.

-¡Ya basta Leah! Sé que le tienes cariño a Enrique, es más que obvio por la forma en que lo miras pero créeme yo jamás lo lastimaría.

-¿Cariño? Es más que cariño.

-Me imagino.

-No, tú no te lo imaginas. Estas tan encerrada en tu mundo como lo estuvo tu abuela. No ven más allá de sus narices.

-Eso no es verdad, creo que la que no ve la realidad eres tú. Y hay algo que debes aceptar, Enrique no es tu nieto y nunca lo será. El es nieto de Sam y Emily, no tuyo.- supe que había ido demasiado lejos cuando vi la mirada de dolor de Leah- Leah… Lo siento, no debí decir eso.

-No, no debiste.- dijo dando la vuelta para salir de la habitación.

-Leah en verdad…

-Está bien Isabella. En la mesa hay comida yo voy a salir. Nos vemos mas tarde.

Al verla salir me sentí tan mal que supe que ya no sería correcto que siguiera en su casa, Leah me había dado su hospitalidad y a cambio yo había sido grosera con ella, burlándome de su situación. Lo mejor sería que tomara mis cosas y regresara a mi casa. Total unos vampiros ya no serian peligro para mí.

No sabía cómo pero tenía que disculparme con Leah, en parte tenía razón yo no tenía porque darle esperanzas a Enrique, al menos no en este momento que me sentía tan confundida. Sin perder más tiempo me puse de pie y fui directo al baño, antes de entrar a la ducha me mire en el espejo, esperaba ver algo diferente en mi pero no fue así, mi piel seguía siendo pálida y mis ojos seguían siendo los mismos, quien me viera no podría imaginar que era capaz de transformarme en un enorme lobo blanco.

Entre a la ducha y 10 minutos después me vestía con unos jeans y una blusa blanca de tirantes mis converse habían desaparecido con mi transformación así que me calce con mis botas negras, mientras cepillaba mi cabello y aspiraba su olor a fresas llego a mí una pregunta. Ahora que el cambio había llegado a mi ¿mi olor seguiría siendo el mismo para Edward? Trate de recordar su olor durante la noche pasada pero el hedor de los Vulturi estaba impregnado en todo el lugar ¿Seria también ese el olor de los Cullen? Bueno ya habría tiempo para averiguarlo.

Tome la maleta que había dejado ahí al llegar y guarde las pocas cosas que estaban regadas, al salir de la habitación llego a mí el delicioso olor de la comida y mi estomago rugió, me fue muy difícil salir de ahí sin tomar algo, no se me hacia correcto después de mi comportamiento con Leah además tenía que irme rápidamente, ya había pasado una hora y tenía que buscar a Sara y ayudar a Sandra en todo lo que pudiera.

Cuando salí Gustavo y Carlos se encontraban a un lado de mi motocicleta. Sospeche que por orden de Enrique.

-¿Te vas de viaje?- me pregunto Carlos

-Claro que no, solo regreso a mi casa, además tengo que ver a Sara y ayudar en lo que pueda a los padres de Arel.

-Si, Enrique lo supuso por eso nos pidió que cuidáramos que no salieras de La Push- dijo Gustavo.

-Esto debe ser una broma, no puedo estar aquí sin hacer nada. Mi mejor amigo murió y tengo que estar al lado de mi mejor amiga. No voy a quedarme aquí.

-Fue lo que le dijimos a Enrique, así que es mejor que no pierdas el tiempo y te vayas- dijo Gustavo lo cual me dejo algo confundida.

-¿Qué no se supone que tienen que obedecer las órdenes del alpha?

-Si, pero da la casualidad de que Enrique ya no es el alpha- contesto Carlos.

-¿Qué? ¿De que hablan?

-Mira te lo podemos explicar pero eso nos llevaría tiempo así que tú decides. ¿Vas a donde tienes que ir o te quedas a escucharnos?- me pregunto Carlos.

Tenían razón no era momento para perder el tiempo, después lo hablaríamos. Acomode la maleta en la moto y subí a ella de una patada la eche a andar y salí de La Push, en el momento en que cruce la línea del tratado no pude evitar ponerme nerviosa, puse en alerta mis sentidos por si algún maloliente vampiro se encontraba cerca, según el tratado yo no podía atacarlos fuera de La Push pero después de la muerte Arel poco me importaba. No había nada cerca todo estaba demasiado silencioso, no se escuchaba nada mas aparte del ruido de la motocicleta así que acelere y fui a casa de Sara.

Sentí miedo al llegar ¿Cómo reaccionaría Sara? O ¿Acaso ya estaría enterada? Baje de la moto y camine hacia la puerta antes de que pudiera tocar esta se abrió y salió Montserrat la mama de Sara, sus ojos rojos y las ojeras en su rostro me dieron la respuesta que buscaba.

-Isabella, escuche tu moto.- me dijo.

-Hola Montse ¿Cómo esta Sara?

-Mal- contesto mientras las lágrimas comenzaban a correr por sus mejillas.- Esta inconsolable. No sé que hacer o que decir, hace rato por fin se quedo dormida pero aun así no para de llorar. Y tú ¿Cómo estás? Me dijo Sara que fuiste tú quien aviso a Sandra y Sebastián. ¿Cómo fue que lo encontraste?

-Fue una casualidad, no quiero hablar de eso Montse ¿Puedo entrar a ver a Sara?

-Claro, lo siento. Pasa ya conoces el camino.- me dijo mientras se hacía a un lado para dejarme pasar.

Rápido subí las escaleras y me detuve a respirar un momento antes de entrar, como Montse me había dicho Sara estaba dormida, aun había rastro de lagrimas en sus ojos y suspiraba como niña chiquita a la que le habían quitado su más grande tesoro.

No tuve el valor de despertarla era una cobarde, el día anterior me había enfrentado a vampiros sádicos sin dudar un solo momento y ahora no era capaz de enfrentarme a mi mejor amiga ¿Cómo podría mirarla a los ojos sabiendo que fue mi culpa? Retrocedí un paso dispuesta a marcharme pero Sara despertó en ese momento.

-Isabella- me llamo extendiendo su mano hacia mi.- El se fue, me dejo.

Como la cobarde que soy caí de rodillas y oculte el rostro entre las manos y llore, esta vez no solo fue por Arel sino por Sara. Le había fallado y tenía que decírselo. Escuche como se levanto de la cama y camino hacia mí, sentí sus brazos alrededor de mis hombros y me apretó contra su pecho.

-Tenemos que ser fuertes Isabella- me dijo en un susurro.

¿Cómo era posible que fuera ella la que me estuviera consolando cuando tenía que ser al revés? No pude soportarlo y en un movimiento brusco me aleje de ella.

-No lo hagas Sara. Por favor no me consueles, no lo merezco.- le dije y pude ver confusión en su mirada.- Al contrario, deberías odiarme, no merezco tu amistad.

-¿Odiarte? ¿Por qué habría de odiarte?

-Por ponerlos en peligro, por no escuchar a Arel cuando me pidió que me alejara de ellos.

-¿Ellos? ¿De quién hablas? Isabella no te entiendo- dijo mientras se ponía de pie.

-Sara perdóname- seguí hablando como si ella no hubiera dicho nada.- Por favor perdóname.

-¿Perdonarte que?- me pregunto.

Tenía que decírselo, este era el momento, no podía echarme para atrás.

-Fue mi culpa, por mi culpa Arel está muerto. Por mi necedad el murió, el me pidió que me alejara de ellos y yo no lo escuche.

-Sandra me dijo que había sido un accidente, que un animal lo había atacado ¿Cómo puede ser tu culpa?

-Un animal no. Un monstruo y te juro que lo pagara con su vida, si es que se le puede llamar vida. De eso me encargo yo. Te lo juro.

-¿Monstruo? Isabella dime que fue lo que paso en ese bosque ¿De que monstruo hablas? Y ¿Qué quieres decir con que pagara?

Al escuchar sus preguntas me di cuenta de que había hablado de más, no podía decirle la verdad a Sara, eso sería ponerla en riesgo.

-No me hagas caso, no digo más que tonterías- le dije tratando de tranquilizarla pero no funciono.

-No, dijiste que tú te encargarías de que el asesino de Arel pagara, eso quiere decir que no fue un animal lo que lo ataco sino una persona y tú sabes quien fue.

-Difícilmente se les puede llamar personas.- le dije confirmando su deducción. No podía decirle toda la verdad pero trataría de explicarle la situación sin revelar a las criaturas enredadas en la historia.

-Entonces dime ¡Dime quien fue! Tenemos que decírselo a la policía ¡Dime su nombre para ir a denunciarlo en este momento!- grito histérica.

Camine hacia ella y la tome por los hombros sacudiéndola levemente para tratar de calmarla.

-La policía no puede ayudarnos Sara así que ni se te ocurra mencionar algo.

-Pero ¿Cómo puedes decir eso?- me reclamo liberándose de mi agarre y caminando hacia el otro lado de la habitación- ¿Cómo puedes estar tan tranquila? Si sabes quién es el asesino tienes que denunciarlo, la policía…

-La policía no puede hacer nada contra ella. Solo nosotros.

-¿Nosotros? ¿Qué podemos hacer tú y yo Isabella?

-No, tu no harás nada, cuando digo nosotros me refiero a la mana… a los chicos de La Push.

-Hace un momento dijiste ella ¿Fue una mujer la que mato a Arel?

-Si.- respondi.

-Ahora por favor dime ¿A que te refieres cuando dices monstruo?

-Sara no te lo puedo decir, no todo y no ahora. Solo te pido por favor que confíes en mí, te prometo que algún día te lo contare y también te juro que la muerte de Arel no quedara impune. Ella lo pagara.

-Confió en ti, plenamente. Pero no entiendo nada de lo que me dices.

-Algún día lo harás, solo te puedo decir una cosa más y tienes que pensar en ello. No vives en el mundo que crees, hay criaturas ahí afuera con las que jamás pensarías encontrarte.- le dije recordando como mi abuela me había dicho lo mismo antes de morir, solo que ahora yo formaba parte de ese mundo. ¿Me aceptaría Sara al conocer mi nueva naturaleza?

-Me asustas Isabella.

-No es de mí de quien debes temer.

-Solo cuídate. No quiero perderte a ti también, no lo soportaría.

Dicho esto sus ojos se llenaron de lágrimas y esa vez lloramos juntas. Lloramos y recordamos todos los bellos momentos que compartimos los tres. Sintió alegría cuando le platique que había sido Arel quien la había visto el día en que llego a Forks y había pasado los siguientes dos días hablándome de ella. Literalmente había saltado de alegría al verla en la escuela y que fue por el que yo me había acercado a preguntar su nombre. También le confesé que al principio había sentido celos de ella, no porque estuviera enamorada de Arel sino porque hasta ese entonces siempre habíamos sido solo él y yo, y es que él había sido para mí el hermano que siempre desee y él me había hecho entender que a pesar de lo que sintiera por ella el siempre estaría para mí...

No sé cuánto tiempo estuvimos hablando pero en un momento sus ojos comenzaron a cerrarse.

-Descansa, duerme un rato antes del… del funeral.

-No creo que pueda.

-Inténtalo, tu mama me dijo que no has dormido nada.

-Parece que tu tampoco tienes unas ojeras enormes me recuerdan a las de Edward. Por cierto ¿Por qué no está contigo? Últimamente eran inseparables.

La sola mención de su nombre me dejo sin aire, le di la espalda a Sara para que no pudiera ver mi cara de dolor. Tarde un poco en contestarle ya que no estaba segura de que me saliera la voz.

-Edward y yo terminamos- le dije y me golpee mentalmente al escuchar mi tono lastimero.

-¿Qué? Pero ¿Por qué? ¿Qué paso?

-Ahora no quiero hablar de eso.- me gire hacia ella.- Tienes que descansar un poco yo me tengo que ir, voy a casa de Arel tengo que ver como esta Sandra y si hay algo en lo que pueda ayudar. Nos vemos mas tarde.

Antes de que pudiera preguntarme algo más salí de ahí. No me permití pensar en el, por ahora había gente que de verdad me necesitaba. Decidí hacer una escala en mi casa antes de ir a buscar a Sandra, al llegar busque por los alrededores señales de visitantes indeseables pero todo parecía estar tranquilo. Tome la maleta y entre rápidamente a la casa, sentí como si hubiera estado fuera por una larga temporada en lugar de el par de días que habían sido, subí a mi habitación y arroje la maleta en la cama, esa noche acomodaría la ropa de nuevo, una sensación de soledad se apodero de mi, era raro había sido muy feliz en esa casa pero ahora se me hacia enorme y vacía por lo que salí rápidamente. Llegar a casa de Arel me tomo poco tiempo estacione la moto y camine hacia la puerta. Vi con nostalgia el jardín donde Arel y yo jugábamos a hacer pasteles de barro y reí al recordar que de ahí había nacido su fascinación por comer tierra de las macetas. Toque la puerta y apareció el papa de Arel, sus ojos están rojo e hinchados igual que los de Sara.

-Hola.- lo salude.

-Isabella pasa, llegas a tiempo, justo vamos de salida…el… el cuerpo ya está en la funeraria y nos gustaría que fueras con nosotros.

-Claro, pueden contar conmigo.

-Isabella.- me llamo Sandra desde lo alto de la escalera.- Que bueno que está aquí, ven quiero darte algo.

-Claro.- conteste y corrí escalera arriba, al llegar la abrace y ella a mí, su cuerpo temblaba fuertemente o ¿era el mío?- Lo siento tanto.

-Lo sé, aun no puedo creerlo. Ayer por la mañana salió, dijo que iría a dar una vuelta, se despidió de mi con un beso y me dijo que me quería…-Sandra no pudo continuar y yo no supe que decir ¿Qué le puedes decir a una madre que ha perdido a su hijo?

Yo había perdido a mis padre siendo muy pequeña, no recordaba mucho de ellos pero cuando murieron mis abuelos ninguna de las miles de palabras que me dirigieron en esos momentos pudieron aplacar el enorme dolor dentro de mí.

-Lo siento, trato de ser fuerte pero…

-No tienes que ser fuerte Sandra.

-Lo hago por Sebastián, en estos momentos lo menos que necesita es preocuparse por mí.

-Pero ahora no está aquí y conmigo no tienes porque hacerte la fuerte.

-Gracias mi niña, gracias por estar aquí.

No merecía la gratitud de Sandra, no cuando me sentía tan culpable por la muerte de su hijo.

-Vamos, no perdamos más tiempo- me dijo al mismo tiempo que me guiaba a la habitación de Arel.

Al entrar sentí un enorme vacío en el pecho, ahí estaba el, su olor, su presencia estaba ahí en todas sus cosas. Habia estado es esa habitación millones de veces y nunca me había dado cuenta de eso.

Sandra camino directamente a la cama y tomo la guitarra favorita de Arel era una acústica marca Freeman color negro, estaba firmada por su guitarrista favorito, había acampado dos días afuera del teatro de Seattle para poder verlo y que la autografiara. Era su más preciado tesoro.

-Arel hubiera querido que tu tuvieras esto.- dijo entregándome la guitarra.

-Sandra pero… tu deberías quedarte con ella.

-Yo no sé tocar la guitarra y Arel jamás me perdonaría que la guardara y las polillas comenzaran a comérsela, quien mejor que tu para tocarla, para recordar con ella a mi hijo, para seguir tocando la música que el tanto amaba.

-Gracias, la cuidare mucho, jamás permitiré que se dañe, te lo prometo.- le dije mientras la abrazaba.

-¡Chicas! Vamos tenemos que irnos ya.- grito el señor Spencer.

-Vamos no hagamos esperar a Sebastián.

Tome la guitarra y ambas bajamos.

-Isabella, guarde tu motocicleta en el garaje, supuse que irías con nosotros en el auto.- me dijo el señor Spencer mientras salíamos.

-Si…- no termine de contestarle ya que en ese momento uno brisa de aire llevo a mí un olor conocido. Un vampiro, un vampiro estaba cerca, un ligero movimiento en los arbustos llamo mi atención fue tan ligero que los padres de Arel no lo notaron, agudice mi oído y pude escuchar los rápidos pasos de este alejándose.

-¿Me escuchaste?

-Si señor Spencer lo escuche, está bien. Vámonos.- tenía que sacarlos de ahí lo más pronto posible.

-Espera, me olvidaba de Shelby, tengo que ir por el.- dijo Sandra.

-Yo iré, ustedes suban al auto.- le di la guitarra y corrí a la parte trasera de la casa, Shelby estaba inquieto y gruñía a una parte oscura del bosque consiente de la presencia de un posible depredador. Pude escuchar su respiración, sabía que él estaba cerca pero no me digne a mirar hacia esa dirección.

-No tienes nada que hacer aquí. Vete. Suficiente daño han hecho ya.- le dije sabiendo que me escucharía tan claramente como yo a él.

-Lo siento.- me contesto.- si tan solo escucharas, todo esto tiene una explicación.

-No tengo nada que escuchar, ahora por favor mantén a ti y a los de tu especie alejados de aquí. No permitiremos que hagan daño a otro humano. Vamos Shelby.

Enrique me diría que era tonto darle la espalda a un vampiro, pero en el fondo sabia que él jamás me haría daño. Con Shelby a mi lado subimos al auto y rápido avanzamos por las calles de Forks, en todo el viaje estuve alerta por si había otro vampiro cerca, en especial ella.

Llegamos a la funeraria sin percance alguno, al bajar del auto una sensación de pesadez se adueño de mi cuerpo, me era difícil moverme y extrañamente sentí f rio. Fue extraño para mí ya que desde que los síntomas del cambio aparecieron en mi no había vuelto a sentir frio, me frote los brazos tratando de entrar en calor, fue entonces cuando me di cuenta de una cosa, había abrazado y tocado a Sandra y a Sara y ellas no se habían extrañado por mi temperatura. ¿Por qué?

-Sebastián, puedes traer el suéter que deje en el auto, Isabella tiene frio.

-¿Cómo no va a tener frio si no trae nada encima?- escuche decir al señor Spencer.- Aquí tienes póntelo antes de que te resfríes.

Automáticamente hice lo que me pido.

-Vamos Isabella- dijo Sandra tomándome de la mano y llevándome junto con ella.

Al entrar la capilla estaba vacía, había flores blancas por todas partes y justo enfrente estaba un féretro de color gris donde se encontraba el cuerpo de mi mejor amigo. Sandra y el señor Spencer caminaron hacia él. Yo no fui capaz, suficiente había sido el encontrar su cuerpo sin vida en el bosque, prefería recordarlo sonriéndome como siempre.

Camine a las sillas más próximas al féretro sin tratar de mirarlo y me senté. ¿Por qué tenía que perder a todas las personas que amaba? De pronto me vi de cinco años en brazos de mi abuelo, sentí un poco de paz al recordar su cuerpo fuerte y cálido y sobre todo sus brazos protectores, a un lado se encontraba mi abuela su cabello a diferencia del de mi abuelo ya pintaba algunas canas, ella lloraba por mis padres. Recuerdo que no comprendía que pasaba ¿Por qué estaba mi mama y mi papa en esas cajas? Yo quería que estuvieran conmigo, sentí frio e inconscientemente busque a mi abuelo pero el ya no estaba y en lugar de dos féretros solo había uno, era de pino, de madera rojiza igual que su piel. Mi abuela a mi lado ya no lloraba simplemente tenia la mirada perdida, vacía como si fuera ella quien ocupaba esa caja, busque a mi abuela con la mirada pero ella ya no estaba en su lugar solo había una pequeña urna, a diferencia de mis padres y mía abuelo ella había pedido ser incinerada y que sus cenizas fueran esparcidas en el desierto de Phoenix en el calor que ella había amado tanto. Yo personalmente me había encargado de ello hace un par de meses, había sido muy difícil pero tenía que hacerlo, recordé el día que regrese de Phoenix, el día en que lo conocí a él…

Fue ahí cuando corte con mis recuerdos no quería pensar en el, ya de regreso a la realidad me di cuenta de que la capilla se encontraba llena y el señor Spencer se encontraba dando un pequeño discurso. Sandra y Sara se encontraban juntas.

-…así que Sandra y yo les agradecemos de todo corazón su apoyo.- decía este.- Isabella ¿te gustaría despedirte de Arel?

Siempre he pensado que cantar y hablar en público no es lo mismo, siempre he podido desenvolverme en un escenario pero ¿Como despedirme de mi amigo cuando no encuentro las palabras correctas? ¿Cuándo siempre el único modo en que he podido expresarme a sido la música? Música. Sin pensarlo me puse de pie y camine hacia la salida, sentí las miradas de confusión en todos los presentes pero no me importo, camine al auto y saque la guitarra, su guitarra.

Al enderezarme vi a la manada del otro lado de la calle, a pesar de la mirada de desaprobación de Enrique todos estaban ahí para apoyarme.

-Gracias.- susurre.- No saben lo importante que es para mí su presencia.

Me gire y entre de nuevo a la capilla.

-Nunca he sido muy coherente al hablar.- dije,- Así que esta canción no es para despedirme de Arel, si no para hacerle saber que siempre vivirá en mi corazón.

Acomode la guitarra entre mis brazos y comencé a tocar.

I found myself today
Oh I found myself and ran away
Something pulled me back
The voice of reason I forgot I had
All I know is you're not here to say
What you always used to say
But it's written in the sky tonight

So I won't give up
No I won't break down
Sooner than it seems life turns around
And I will be strong
Even if it all goes wrong
When I'm standing in the dark I'll still believe
Someone's watching over me

I've seen that bright light
And it's shining on my destiny
Shining all the time
And I won't be afraid
To follow everywhere it's taking me
All I know is yesterday is gone
And right now I belong
Took this moment to my dreams

So I won't give up
No I won't break down
Sooner than it seems life turns around
And I will be strong
Even if it all goes wrong
When I'm standing in the dark I'll still believe
Someone's watching over me

It doesn't matter what people say
And it doesn't matter how long it takes
Believe in yourself and you'll fly high
And it only matters how true you are
Be true to yourself and follow your heart

So I won't give up
No I won't break down
Sooner than it seems life turns around
And I will be strong
Even if it all goes wrong
When I'm standing in the dark I'll still believe
That I won't give up
No I won't break down
Sooner than it seems life turns around
And I will be strong
Even when it all goes wrong
When I'm standing in the dark I'll still believe
That someone's watching over
Someone's watching over
Someone's watching over me

Someone's watching over me

No sé como fui capaz de terminar la canción, las lágrimas nublaban mi vista completamente. Un aplauso general lleno la capilla, fue un homenaje a Arel. Todos, compañeros de escuela, profesores, vecinos. Todos aplaudían por igual.

Aun con el fuerte ruido producido por los aplausos pude escuchar claramente la disputa que se llevaba a cabo afuera.

-Ultima vez que te lo digo Cullen, váyanse de aquí ahora mismo.- decía Enrique.

-Por favor Enrique, no venimos a pelear, solo queremos dar el pésame a los padres de Arel.- escuche decir a Alice mientras me acercaba a la puerta.

-Ustedes no van a poner un solo pie dentro de este lugar.- les dije al mismo tiempo que salía.

Cada vez estamos más cerca del final, espero les haya gustado el capitulo. Por cierto la canción se llama Someone`s watching over me y la canta Hilary Duff . Espero sus comentarios, sean buenos o sean malos.

Aaahhhh otra cosa pasen a mi perfil y vean la portada de esta historia, aprovecho para agradecerle a LADY CORNAMENTA por hacerla.

Bueno sin más por el momento nos leemos en la próxima.

Saludos.