Todos los personajes pertenecen a Rick Riordan igual que el texto en negrita yo solo los usaré para este fic sin fin de lucro.

N/A: ¡Jueves de leyendo!... ¿no es jueves? - se lleva su capítulo-

okno.

El próximo capítulo lo tendrán el otro jueves, este no el otro porque mi vida mortal es un asco y casi no me permite escribir ahora.

Mi inspiración se ha ido de vacaciones y regresa de a cuenta gota, así que imagínense lo que costó escribir esto ;-; espero lo disfruten.

Todos comenzaron a ingresar nuevamente a la sala de los tronos, los dioses estaban más que felices de haber logrado convivir con sus hijos, claro que algunos de ellos les preocupaban demasiado, otros no tanto. Uno de esos casos eran las hijas de Afrodita, Drew era la principal preocupación de la diosa. La muchacha no se veía que quisiera llevarse bien con sus hermanas, vamos que era demasiado evidente que ella se estaba dando de mucho solo porque ella poseía el embrujahabla. Aunque Piper se veía que sabía cómo controlarla y mantenerla a raya la mayor parte del tiempo. Ese era el otro caso que tenía la diosa, ella sabía que algo preocupaba a su hija y no solo a ella sino a sus otros amigos también. Ella podía sentir que aún tenían culpa de algo pero ¿de qué?

Claro Afrodita no era la única que se había percatado de esto, Hefestos que se decía que solo entendía las máquinas y no a los humanos o a las emociones de estos, capto en su hijo Leo que aun dentro de él estaba ese chico que llego a la sala de tronos. Un chico con una pena y angustia enorme, acompañada de culpa. Culpa que se reflejaba de vez en cuando en sus ojos cafés que parecían brillar con cada artefacto que armaba. Pero el dios estaba presintiendo que esa era el modo en el que su hijo evitaba todo pensamiento malo. Tener las manos ocupadas y una sonrisa en el rostro. Suspiro mientras se sentaba en su trono a verlo. Quería encontrar la forma de ayudar a su hijo.

Ares que tampoco era considerado el mejor padre del mundo, se estaba sintiendo inútil, porque a pesar de ver que sus hijos eran buenos guerreros, sabía que algo no andaba bien con ellos. Él tampoco es que supiera mucho de sentimientos o de ser buen padre, después de todos ni sus propios padres se encargaron de él cuándo nació. Pero había algo que si sabia y es que sus hijos habían pasado ya por una guerra y que esta deja estragos, no solamente estragos en los lugares, también en las personas. Y ahora se veía que estaban pasando por eso otra vez, pero les estaba afectando más que las veces anteriores y no sabía que era. Sus hijos esquivaban del tema como si hablarlo lo hiciera más real. Se preguntaba qué era lo que tanto afectaba esta vez sus emociones, en especial a los griegos y a su hijo Frank.

Hermes por su parte solo podía pensar en su muchacho Luke, había estado bastante callado durante la lectura, solo podía esperar que de verdad estuviera haciendo lo que le recomendó el hijo de Poseidón y que no estuviera pensando en seguir el camino de su padre. Aunque a leguas se notaba que lo estaba reconsiderando en especial después de que el muchacho en la lectura tuviera sospechas de que él fue quien enveneno el árbol de su amiga.

Apolo querría decir que estaba de lo más feliz y radiante pero no era así, tenía el leve presentimiento de que pronto todo se pondría muy explosivo por aquí, entre más avanzaba la lectura más lo sentía. No por algo era el dios de las profecías. Otra cosa que llenaba su cabeza, era su hijo el consejero de la cabaña de los griegos, el parecía tener sentimientos muy fuertes por el pequeño hijo de Hades, pero al parecer no quería que nadie los supiera. Tal vez por miedo a cómo van a reaccionar las demás persona, el dios del sol más que nadie sabía de eso, después de todo el veía como eran los mortales cada vez que hacia su trabajo. Los mortales podían llegar a ser demasiado crueles con las personas que se salían del Canon. Solo esperaba que cuando diga todo eso y sea aceptado (Apolo estaba muy seguro de que el hijo de hades también sentía algo por su hijo) los romanos no vayan a salir con alguna tontería. Él sabía que los griegos no tendrían demasiado problema, después de todo siempre habían sido una sociedad de mente muy abierta. Si algún romano llegaba a tocar o ver mal a su pequeño no les iba a agradar verlo molesto, eso era seguro.

Zeus, Hera y Atenea, llegaron a la sala de los tronos cuando todos ya casi estaban acomodados en sus asientos, tal como antes de salir a almorzar. El dios de los cielos se sentía agotado, el dolor menguaba por momentos pero por otros parecía que estaba en aquel lugar todavía con los picos bajo sus pies y con gente gritando por ayuda. Hera no sabía que le estaba pasando pero desde que estuvo de nuevo en el templo de Zeus su cabeza se sentía un poco pesada y cansada. Atenea estaba sintiendo lo mismo pero no dejaba de ver su alrededor, debía saber quién era el informante del muchacho de Poseidón y tenía que hacerlo pronto para deshacerse de él.

Hestia que hasta hace un momento había estado más que feliz de ver a los chicos conviviendo con sus padres y estos felices de hacerlo, ahora estaba preocupada por la llegada de esos tres. Ninguno de los tres se veía bien para nada. Suspiro, esperaba que comenzaran a cambiar de actitud, algo le decía que por esa razón es que ellos no estaban bien.

Pronto una bruma verde mar apareció en la sala, la familia marina había llegado nuevamente a la sala de los tronos. Ninguno tenía expresión alguna en su rostro mientras avanzaba, pero Teseo esquivaba todo lo posible la mirada de Perseo. El hijo de Poseidón que su hermano estaba en lo correcto de que iba a necesitar la ayuda de él pero se le estaba haciendo difícil estar cerca de él y no sabía porque. ¿Era por qué son amigos? Tal vez era eso, él siempre le había contado todo al hijo de Zeus, él siempre había sido buena compañía. Si seguro era por eso, seguro se le estaba haciendo incomodo no poder contarle que estaba planeando algo con el hermano que no estaba en la sala. Bueno a sus hermanos les había dicho porque después de todo eran familia. Perseo era un caso aparte, él era su amigo solo su amigo.

-Bien – hablo Apolo sosteniendo el libro en sus manos – Creo que esto es para nuestro querido Tri – estiro la mano hacia el hijo inmortal de Poseidón que le veía fijamente, el dios sonrió. Lo más seguro es que fuera en parte como venganza por su broma anterior y por eso le hacía leer de nuevo. Tritón avanzo de mala gana y tomo el libro para regresar a su asiento.

- Bien el título es Annabeth intenta volver a nado – frunció el ceño, no entendía nada de los títulos. Los griegos y romanos tampoco entendían aquello, la rubia por otra parte se sonrojo.

- Demonios – susurro frustrada y mordió su labio inferior con ansiedad. Solo esperaba que su novio no haya visto aquello cuando fue a rescatarla. Porque si él había visto eso... ¡Daimones! Era más que seguro que si lo vio. ¿Cómo pudo ser tan idiota y querer oír a esos monstruos? Tal vez si te volvían más sabio, porque te hacían ver tus más grandes sueños y darte cuenta de lo estúpido querer ir hacia ellas aun sabiendo que estas en peligro.

- ¿Pasa algo Annabeth? – susurro Piper que estaba a su lado, ella negó con la cabeza. Cada vez estaba más segura que su error garrafal saldría y también su deseo más oculto de aquella época, miro a Luke y respiro hondo. Esperaba que esto termine pronto.

Por fin había encontrado algo en lo que era bueno de verdad.

-Él es bueno para demasiadas cosas ¿Cómo es que según el encontró algo en lo que es bueno de verdad? – pregunto con incredulidad Jason no se podía creer cuando escuchaba estos pensamientos de Percy. Pero bueno que podía esperar si el chico cada dos por tres pensaba que iba a morir.

- El no cree ser tan bueno en las demás cosas que hace – respondió Thalía que estaba sentada a lado de Nico y cerca de sus cazadoras. Algunos suspiraron frustrados por la actitud del hijo de Poseidón. En cambio los de la nueva misión solo hicieron una mueca imaginándose por qué no se creía tan bueno en nada de lo que hacía. Después de todo había tenido siempre alguien que le decía que no hacía nada bien. Ya fuera maestro, compañero de clase o su padrastro.

El Vengador de la Reina Ana respondía a todas mis órdenes. Yo sabía qué cabos tensar, qué velas izar y en qué dirección navegar. Avanzábamos entre las olas a unos diez nudos, según calculé. Y lo bueno es que incluso comprendía qué velocidad era ésa. Para un barco de vela, bastante rápido.

Los hermanos de él asentían de forma imperceptible hasta el inmortal, ellos por supuesto también sabían bastante de los barcos. En especial Tritón después de todo él venia de dos dioses del mar. Aunque también pensaba que pronto se agotaría, después de todo solo era un niño y apenas estaba descubriendo su poder. Solo esperaba que la chica de Atenea busque la forma de darle un descanso. Después se regañó mentalmente por estar preocupándose por el chico y leyó un poco más alto tratando de desaparecer estos pensamientos.

Todo parecía perfecto: el viento a favor, las olas rompiendo contra la proa... Pero ahora que nos encontrábamos fuera de peligro, sólo conseguía pensar en lo mucho que echaba de menos a Tyson y en la inquietante situación de Grover.

-Yo me preocupe por el cuándo sentí que se desvanecía por un momento, debió ser cuando se golpeó la cabeza – dijo el sátiro y los demás hicieron una mueca, no era agradable recordar eso. Malcom por otra parte anoto eso en la libreta de los golpes en la cabeza, hace rato se había olvidado de aquella lista.

Tampoco conseguía quitarme de la cabeza mi estúpida manera de complicar las cosas en la isla de Circe. De no ser por Annabeth, todavía sería un pequeño roedor agazapado en aquella jaula junto a un puñado de piratas peludos. Pensé en lo que Circe me había dicho: «¿Lo ves, Percy? Has liberado tu verdadero ser.»

-No es su culpa haber nacido hombre – bufo Artemisa no aprobando el pensamiento de Percy ya más de uno se le quedo mirando.

- Además ese no es su verdadero ser – continuo Apolo mientras Hera le veía mal, Atenea revisaba aun a todos con la mirada y Zeus solo estaba sumido en sus pensamientos – Ella transformaba a todos los hombres solo porque así le placía –

-A lo que te lleva la locura y el rechazo de los hombres – murmuro Hermes y se alegraba de que el chico haya vuelto a la normalidad. Menos mal que le había dado aquellas vitaminas y que no las había perdido.

Aún me sentía cambiado. No sólo porque tenía un repentino deseo de comer lechuga, sino que, además, me notaba asustadizo, como si el instinto de un animalito despavorido formase ahora parte de mí. O quizá siempre había estado allí. Aquello era lo que me preocupaba de verdad.

Ares no quería sentirse identificado con estas pocas líneas que leía el hijo inmortal de Poseidón pero lo hacía, por dentro se sentía como el pequeño Hámster atrapado entre las manos de alguna cazadora, indefenso ante ellas y sus ataques. Ella sí que había disfrutado de lo lindo con el pequeño hámster inmortal. Se estremeció ligeramente y resistió el impulso creciente de encogerse en su trono. El no podía mostrarse débil sus hijos estaban ahí.

Navegamos toda la noche.

Tritón frunció el ceño ante esto, los demás hermanos de Percy igual ¿Su hermano no descanso? ¿No pudo la hija de Atenea tomar el mando por un momento aunque sea?

Annabeth intentó echarme una mano en el puesto de mando, pero navegar no era lo suyo. Tras unas cuantas horas de balanceo, su cara se puso de color guacamole y bajó a tumbarse en una hamaca.

Ahí estaba su respuesta. Rodaron los ojos, tanto era el odio de la diosa de la sabiduría hacia su padre que les infundía a sus hijos miedo al agua y lo podían comprobar con las muecas de comprensión que estaban haciendo los hermanos de la chica a lo leído. Aunque eso también demostraba un punto y eso era que aunque su padre no se llevara con algunos dioses el no fomentaba el odio hacia estos. Tal vez hacia Zeus un poco pero bueno con él tenía sus razones.

Yo observaba el horizonte. Divisé monstruos más de una vez. Vi un penacho de agua tan alto como un rascacielos elevándose a la luz de la luna. Luego una hilera de púas verdes se deslizó entre las olas: un reptil, o algo así, de unos treinta metros de largo. No tenía muchas ganas de averiguarlo.

-Nadie tendría ganas de averiguarlo – más de uno se estremeció, ellos no querrían para nada averiguar de qué monstruos se trataban, los romanos se quedaron viendo a los griegos pero pronto dejaron de verlos. Está bien que los griegos fueran más arriesgados que los romanos al salir al mundo mortal pero tampoco eran suicidas para ir tras los monstruos, eso era algo que acaban de comprender algunos romanos. Bueno es que ¿quién querría ir a conocer a un monstruo solo para que te ataque? Nadie.

También llegué a ver nereidas, los brillantes espíritus femeninos del agua. Les hice señas, pero desaparecieron en las profundidades, dejándome con la duda de si me habían visto o no.

Tritón se detuvo un momento y vio hacia su padre y luego volvió a ver el libro. Los demás le veían sin entender que estaba haciendo.

-Por supuesto que tienen que haberle visto – dijo Deméter intuyendo que es lo que pensaba el mensajero de los mares – Tienen que haber sido enviadas de Poseidón y fueron a avisar a su rey que Percy se encontraba bien y navegando – termino por decir y ahora miraron de nuevo el libro. Tritón no despego la vista de él, después de todo eso que había dicho la diosa era lo que había estado pensando.

Poseidón por supuesto pensó lo mismo. Puede que él no pudiera ayudar a su hijo directamente en las misiones que iban, pero siempre había hecho que vigilen su andar lo más que podía. Aun podía recordar como enviaba a sus emisarios con sus demás hijos y que también de estos surgían nuevos súbditos para su reino. La mayor parte de sus hijos eran muy seductores.

Teseo estaba sintiendo una mirada demasiado fuerte sobre él y podía decir con certeza que era del hijo de Zeus, tal vez este estaba recordando las andanzas que él le había contado. No había fruto de aquellas andanzas. Esquivo su mirada lo mejor que pudo, no sabía porque le miraba, no había hecho nada. Eso era pasado, además ¿Por qué mirarlo por eso? O tal vez le estaba mirando porque estaba preocupado por el, si tal era eso. Porque no encontraba otro motivo para esa mirada.

Poco después de medianoche, Annabeth subió a cubierta. Precisamente en aquel momento pasábamos junto a una isla con un volcán humeante. El agua en torno a la orilla burbujeaba y despedía vapor.

Hefestos vio el libro con interés, después de todo sin demasiada descripción podía reconocer fácilmente que estaban cerca de una de sus fraguas y no era bueno que estén ahí. Los mejor es que se alejaran pronto.

—Una de las fraguas de Hefestos —dijo Annabeth—. Donde construye sus monstruos de metal.—¿Como los toros de bronce?

Ella asintió.—Da un rodeo. Y ponte a una buena distancia.

- ¿Por qué no fueron ahí? - preguntaron en un jadeo los hijos de Hefestos/Vulcano y vieron con reproche a la chica.

- Él pudo haber descrito la preciosa fragua- se quejó casi al borde del llanto Leo y sus hermanos asintieron, los demás suspiraron frustrados.

- Pudimos ser atacados por los cíclopes de ahí, eso sin contar con los autómatas armados que seguramente había en la isla - replicó Annabeth viendo al hijo de Hefestos que solo bajo la mirada.

- No lo culpes Annabeth, el solo se emocionó por el trabajo de su padre - salió en defensa de su amigo Jason y los demás hicieron una mueca. Bueno sabían que cada uno se emocionaba con el trabajo de su padre pero no podían negar que si de verdad se acercaban a la fragua podían no haberla contado.

- Lo sé, pero también debería pensar en los peligros - dijo ella entrecerrando los ojos y viendo al hijo de Júpiter que solo asintió pero que acariciaba la espalda de su amigo. Había algo en los ojos de Leo que le hizo sentir un sabor amargo en la boca. ¿De qué se arrepentía Leo?

No necesité que me lo repitiera. Nos alejamos de la isla y muy pronto no fue más que un borrón de neblina roja a popa.

- Era lo mejor - dijo el Dios de la forja y sus hijos se le quedaron mirando - Ustedes no son aprueba de fuego y preferiría que no estén cerca de ahí. Como dijo la chica no solo los cíclopes podrían atacarles - ellos hicieron una mueca, deseaban conocer una fragua de su padre. Los griegos más que nada sabían que eran muy distintas a la del campamento, que ahí habían más cosas y materiales. pero sabiamente no dijeron nada y solo asintieron.

Miré a Annabeth.—El motivo de que odies tanto a los cíclopes... o sea, la historia de cómo murió Thalía de verdad... Cuéntame, ¿qué ocurrió?

Luke, Thalía, Annabeth y Grover hicieron una mueca recordando esa historia. No era algo bonito para recordar. Atenea por otra parte puso más atención a esto y dejó de ver por toda la sala buscando al informante. Quería saber qué fue lo que pasó con su hija.

Apenas veía su expresión en la oscuridad.

—Está bien. Tal vez tengas derecho a saberlo —dijo por fin—. Aquella noche, mientras Grover nos llevaba al campamento, se confundió y tomó varios desvíos equivocados. ¿Recuerdas que te lo contó una vez?

Thalía y Annabeth vieron disimuladamente a Luke. El hijo de Hermes solo pudo ver el suelo con culpa, después de todo Grover había llegado después de que él tuvo esa conversación con su padre y sabía que era su culpa que comenzaran a errar el camino. Él era quien los guiaba más que Grover.

Asentí.

—Bueno, pues el peor de esos desvíos nos llevó a la guarida de un cíclope en Brooklyn.—¿Cíclopes en Brooklyn? —pregunté.

Más de uno compartió una mueca de desprecio hacia los cíclopes que los habían atacado. Jason, Leo y Piper se vieron desde sus asiento, ellos recordaban muy bien a tres cíclopes, menos mal habían encontrado la forma de deshacerse de ellos.

—No podrías creer la cantidad de cíclopes que hay, pero ésa no es la cuestión. Aquel cíclope nos tendió una trampa; logró que nos separásemos en el laberinto de pasillos de una vieja casa de la zona de Flatbush. Además, era capaz de imitar la voz de cualquiera, Percy. Igual que Tyson a bordo del Princesa Andrómeda. Uno a uno, nos hizo caer en la trampa. Thalía creyó que corría a salvar a Luke. Este creyó que me había oído gritar a mí pidiendo socorro. Y yo... yo estaba sola en la oscuridad. Tenía siete años. No sabía cómo encontrar la salida.

Casi todos los semidioses presentes contuvieron un escalofrió ante eso. Thalía, Annabeth y Luke solo respiraron hondo ante el recordatorio de la historia. Si tan solo el hijo de Hermes no hubiera estado buscando tantos peligros, tal vez no habrían ido a parar ahí, pero es que él había sentido a necesidad de demostrar que el valía mucho. Trataba de que su padre lo notara.

Se apartó el pelo de la cara.

—Recuerdo que llegué a la habitación principal. El suelo estaba cubierto de huesos. Y allí estaban Thalía, Luke y Grover, atados y amordazados, colgando del techo como jamones. El cíclope había empezado a encender una hoguera en medio de la habitación. Saqué mi cuchillo, pero él me oyó.

-Una niña de siete años no debía estar en tal situación, ni siquiera siendo semidiós – murmuro Hestia con preocupación, preguntándose aun que fue lo que orillo a esos tres pequeños semidioses a dejar sus hogares. Los mortales parecían estar cambiando demasiado. Ella aun recordaba la época antigua en donde tener el hijo de un dios, era símbolo de honor y gloria. Que ser un héroe era el objetivo de todos los semidioses. Ahora su objetivo es solo vivir lo más que pudieran. ¿Cuándo cambio tanto el mundo?

Se volvió y sonrió; empezó a hablar, y de algún modo averiguó cómo era la voz de mi padre. Supongo que la arrebató de mi mente. Me dijo: «No te preocupes, Annabeth. Yo te quiero. Puedes quedarte conmigo. Puedes quedarte para siempre.»

Los semidioses miraron con horror al libro y algunos se abrazaron ante esto. Escuchar a un monstruo hablar como la persona que según te debe cuidar no debía ser nada grato. Aunque claro para Annabeth en ese entonces la voz solo le producía sentimientos encontrados, porque en verdad es lo que quería que su padre diga, pero no eran las palabras que decía.

Me eché a temblar. El modo que tenía Annabeth de contarlo, incluso ahora, seis años después, logró asustarme más que el cuento de fantasmas más espantoso que hubiera oído en mi vida.

Muchos asintieron., porque el modo en que lo estaba leyendo Tritón, la voz que estaba usando. Les estaba causando el mismo efecto y hasta podrían decir con certeza que en la sala se formó una niebla y se bajó la temperatura. Solo como para que les produjera más miedo. Apolo tuvo que hacer uso de sus poderes para calentar una vez más la sala. No sabía porque pero presentía que esta era otra bromita de parte del hijo inmortal de Poseidón. Tal vez intuición o por la pequeña sonrisa que este tenía mientras leía.

—¿Qué hiciste?—Le clavé el cuchillo en un pie.

La miré fijamente.—¿Me tomas el pelo? ¿Tenías siete años y apuñalaste a un cíclope enorme?

-¡Exacto! – dijo más de uno mirando incrédulos a la chica, ella había sido muy pequeña. Algunos pensaban que de ser ellos, tal vez se habrían echado a correr con miedo. Tuvo que ser muy valiente para hacer lo que hizo.

A Atenea eso le enorgullecía pero aun así que su hija siendo tan pequeña vague por las calles y haya tenido que acabar o ayudar a acabar con un cíclope no era de su agrado. Después de todo era su madre. Aunque debía ser su padre mortal quien estuviera velando en ese entonces por su bienestar. Pero ¿qué puede hacer un semidiós si cuando un padre o madre mortal no quiere cumplir con ese rol? Simple, les tocaba sobrevivir y eso es lo que los dioses no parecían entender con esa ley de que no se podían acercar a sus hijos. Había veces que los necesitaban pero no respondían.

—Él me habría matado, pero conseguí sorprenderlo. Me dio el tiempo justo para correr hacia Thalía y cortarle las cuerdas de las manos. Ella se encargó del resto.

-No lo hice sola – dijo la teniente de Artemisa – Sabes muy bien que entre los cuatro tuvimos que acabar con el – Y ahí estaba otro punto por el cual Luke se lamentaba, ella quedo bastante desgastada de esa lucha e igual Annabeth. Quizá por eso cuando se enfrentó a las furias la pequeña Annabeth cayó y Thalía perdió. Era su culpa, ahora que lo veía desde afuera. Pero ninguno de los que sobrevivió se lo reprocho.

—Bueno, pero... eso fue muy valiente de tu parte, Annabeth.Ella sacudió la cabeza.

-Lo fue Annabeth – reconoció Aquiles – no cualquiera salta para salvar a sus amigos, en especial a tan corta edad –

-Solo hice lo que cualquiera hubiera hecho por quienes consideraba su familia – respondió ella como la mirada tormentosa. Thalía estaba igual y Luke solo veía el suelo con culpa. Grover solo respiro hondo, desde ese entonces se sentía un inútil. Esa había sido su primera misión, tal vez si hubieran enviado a alguien mas experimentado no los habrían atrapado. Pero bueno eso era pasado y tal vez con todo este viaje nunca sucedería.

—Nos salvamos por los pelos. Todavía tengo pesadillas, Percy. Con el cíclope hablándome con la voz de mi padre. Si nos costó tanto llegar al campamento fue por su culpa. Todos los monstruos que nos habían estado persiguiendo aprovecharon para darnos alcance. Ésa es la verdadera razón de que Thalía muriese. De no haber sido por ese cíclope, aún viviría.

-No esa no es la verdadera razón- murmuro el hijo de Hermes sacudiendo la cabeza, aun mirando el suelo y apretando los puños. Él ya había entendido la verdadera razón, tantos años culpando a los dioses, cuando el verdadero culpable era él. Solo él y su necedad de demostrar que no necesitaba de su padre. Que él podía contra cualquier monstruo. Que él era mucho más de lo que ellos veían. Ese era su primer error.

Permanecimos sentados en la cubierta, contemplando cómo ascendía la constelación de Hércules por el cielo.

Más de uno bufo ante el nombre de esa constelación pero luego sonrieron recordando en como acabo el dios héroe o mejor dicho heroína.

Orión veía de reojo a Teseo que estaba sentado en la esquina del sofá, se veía nervioso y apretaba con sus manos el asiento, paso la vista por la sala y pudo notar que es lo que tenía nervioso a su pequeño hermano. Perseo tenía la vista fija en él y parecía planear moverse, bueno ahora la tenía más fácil, Zeus parecía perdido en su propio mundo.

—Ve a echarte un rato —me dijo Annabeth por fin—. Necesitas descansar.

Toda la familia marina estaba totalmente de acuerdo con tal afirmación, después de todo aquel poder o habilidad también consumía mucha energía aunque no tanta como cuando provocaban una tormenta o un ciclón pero lo hacía.

Asentí. Me pesaban los ojos. Pero cuando bajé y me tendí en una hamaca, me costó mucho conciliar el sueño. Seguía pensando en la historia de Annabeth. Me preguntaba si yo en su lugar habría tenido el valor de continuar aquella búsqueda, de navegar directamente hacia la guarida de otro cíclope.

-Es más que seguro que si – murmuro con pesar Frank mirando la mano que tenía sujeta a Hazel, después de todo el chico había aceptado enfrentar el destino del tártaro que sería mucho peor que eso. Y solo lo había hecho para que ella no caiga sola. A Hazel casi se le escapa un sollozo con solo recordar donde aún se encontraba el. Menos mal tenia a Frank para apoyarla – El volverá – beso suavemente su frente y ella suspiro fuerte para no desarmarse.

Nico vigilaba a su hermana, podía presentir perfectamente que es lo que le pasaba. Por momento él se encontraba igual que ella. Pero él tenía que ser fuerte, él era un hijo del dios del inframundo. Era el rey de los fantasmas, él no se podía desmoronar y menos sabiendo que pronto podría hablar con él. Aunque fuera en un sueño, él estaba esperando con ansias ese encuentro.

No soñé con Grover.Más de uno soltó el aire, después de todo aquellos sueños o conexiones no habían sido nada buenos hasta ahora. Pero Tritón quien tenía el libro y había leído lo que seguía, hizo una mueca. El casi pedía que volvieran a los sueños con el sátiro.

En cambio, me encontré de nuevo en el camarote de Luke, a bordo del Princesa Andrómeda. Las cortinas estaban abiertas. Fuera era de noche, y el aire se fue llenando de sombras, de voces que susurraban a mi alrededor. Eran los espíritus de los muertos.

-Y una vez más los espíritus parecen cuidarlo – esto era algo que desde el primer libro venia intrigando al dios del inframundo.

-Tal vez hasta ellos mismos tienen miedo de lo que estaba por pasarle- dijo Perséfone también bastante preocupada por el asunto. Que los muertos estén cuidando al chico no era normal. Hades solo asintió no muy segur de eso.

Thalía por otra parte frunció el ceño, aquel sueño le estaba sonando de algo, también recordaba vagamente sombras y un frío tremendo. Se abrazó a sí misma, haciendo que Nico y sus cazadoras se le queden mirando. Artemisa vigilaba los movimientos de su teniente.

«¡Cuidado! —murmuraban—. Trampas. Engaños.»

-¿Podemos volver a los sueños con el sátiro? – dijo Ana hija de Venus alzando la mano.

-No se puede niñita, no ves que es algo que está en un libro. Además que ya paso – gruño Chris hijo de martes.

-Ya lo sé pero aun guardaba la esperanza de no tener que escuchar sobre muertos y esas cosas, además... - se interrumpió y le dio un fuerte golpe en la cabeza al chico – No me llames niñita que tenemos la misma edad Matula – espeto ella mientras él la miraba mal y se sobaba la cabeza.

- Compórtense los dos y dejen que la lectura continúe – hablo con voz firme Jason y los ojos centellando en electricidad. Advertencia clara de que no iba a aceptar que sigan con esa pelea. Ambos se sentaron bien y asintieron. Reyna agradecía esto, tenerlo como compañero nuevamente era gratificante.

El sarcófago de oro de Cronos emitía un leve resplandor. Era la única luz en todo el camarote.

Rachel se acomodó en su asiento y cerró los ojos, recordar el sarcófago y a Luke con los ojos dorados no era algo que le agradase demasiado. Reyna y Aquiles que eran quienes estaban a su lado simplemente se la quedaron viendo. Pronto Will avanzo hasta ella y tomo sus manos.

-Tranquila RED – el acariciaba despacio sus manos, a ella le dolía no haber sido de más ayuda con Luke. La pelirroja abrió los ojos y le sonrió.

- Estoy bien Will no te preocupes – ella beso su mejilla pero con el rabillo del ojo pudo ver como cierto azabache apretaba los puños –Ve a tu asiento – acaricio la mejilla de un hijo de Apolo muy sorprendido. Este se fue inmediatamente, bajo la atenta mirada de un hijo de Hades.

Reyna y Aquiles que también habían visto al chico apretar los puños por lo que hizo Rachel sonrieron por lo bajo – Eso es jugar sucio pequeña pelirroja – murmuro la pretor al oído de la chica, el antiguo héroe asentía.

-Solo probaba un punto – ella sonrió misteriosamente y se sentido bien en su asiento.

Una fría risa me sobresaltó. Parecía proceder de un lugar situado muy por debajo del barco.«No tienes el valor suficiente, joven. No podrás detenerme.»

-¡Pues lo hizo! – gritaron los griegos y algunos romanos. Octavian solo apretó la mandíbula y rechino los dientes ante esto de que ellos se unieran tanto y más apoyando al hijo de Poseidón. Tritón miro mal a todos por haberle gritado pero en especial al dios del sol que sonreía divertido.

-Me las pagaras – mascullo entre dientes antes de volver a leer.

Sabía lo que debía hacer. Tenía que abrir aquel ataúd.

-No, no debe hacerlo- murmuro Chris, aquel sueño no le agradaba para nada y no se quería imaginar que pasaría si se hiciera verdad. Menos mal no fue así.

Destapé a Contracorriente y los fantasmas se arremolinaron en torno a mi cuerpo como un tornado.«¡Cuidado!»

Hades miro a su hermano Poseidón que seguía con mirada inexpresiva, como el mar cuando no sabías que tan fuerte podía estar el oleaje. Tal vez cabía la posibilidad de que él le haya pedido que lo cuide, o tal vez era la otra opción. Aunque claro no podría comprobar nada mientras el muchacho no estuviera ahí.

El corazón me palpitaba. No conseguía que mis pies se movieran, pero tenía que detener a Cronos. Debía destruir lo que hubiese en aquella caja.Entonces oí la voz de una chica a mi lado.—¿Y bien, sesos de alga?

Thalía se tensó visiblemente y más de uno se la quedó mirando.

-¿Pasa algo cara de pino?- cuestiono Nico a su lado ella se sacudió totalmente.

-Yo soñé con eso – las miradas siguieron sobre ella –Soy yo la que está en el sueño – aseguro, le había costado un poco pero lo había recordado. Cuando estaba durmiendo como árbol, de alguna manera podía viajar de un sueño a otro. Y este había sido por mucho uno de los más vividos que había tenido.

Me di la vuelta, pensando que sería Annabeth. Pero no lo era. Llevaba ropa punk, con cadenas plateadas en las muñecas. Tenía el pelo negro erizado de púas, una gruesa raya en torno a sus ojos azules y turbulentos, y un puñado de pecas esparcidas por la nariz. Me resultaba conocida, pero no sabía de qué.

-¡Vamos! ¡Me reconoció la vez anterior!- se quejó la hija de Zeus y más de uno le vio incrédulo ¿se estaba quejando porque no la reconoció? Pero como iba a reconocerla fácil ¡Si hasta ahí nunca la había visto en persona! Y la vez anterior había sido hace casi un año. ¡Por favor! Aun así ella estaba indignada por no ser reconocida a la primera.

—¿Y bien? —preguntó—. ¿Vas a detenerlo, sí o no?Yo no podía responder. Ni moverme.La chica puso los ojos en blanco.

Justo como lo hacía en la sala. Aunque después entrecerró los ojos, tal vez él no se podía mover porque ese no era su sueño ¡Eso era! ¡Él se había colado en su sueño! No tenía poder sobre este porque el sueño no era suyo ¡Era de ella!, frunció el ceño ¿Cómo se había metido su primo en su sueño? ¿Por qué él podía meterse en los sueños ajenos? No era la primera vez que lo hacía, ya se había colado en el sueño de Luke en el libro anterior. Su primo era un misterio andando.

—Perfecto. Déjamelo a mí y a la Égida.

Luke alzo una ceja y vio a la teniente de artemisa, él no había estado prestando atención a lo que decían en la sala y por eso recién reaccionaba que de la chica que hablaban en el sueño, era Thalía.

Se dio un golpecito en la muñeca y sus cadenas plateadas se transformaron —aplanándose y expandiéndose— en un enorme escudo. Era de plata y bronce, con la monstruosa cabeza de la Medusa sobresaliendo en el centro. Parecía una máscara mortuoria, como si la verdadera cabeza de la Gorgona hubiera quedado impresa en el metal. No sabía si aquello era cierto, y tampoco si el escudo podía petrificarme, pero desvié la mirada; sólo su proximidad me dejaba helado de miedo.

-Al menos no corrió como alguien – no pudo evitar murmurar esto Thalía recordando el rostro y la forma en que corrió Luke cuando le vio por primera vez.

Atenea por otra parte por ínfimo instante vio a su media hermana preguntándose de donde había sacado el escudo. Ella sabía dónde se encontraba en ese instante pero ¿Cómo lo consiguió la chica? Solo la escogida o escogido podría encontrarlo pero el seguro que tenía no era algo que ella podría liberar sola. Eso era sospechoso.

Tuve la sensación de que, en un combate real, el portador de aquel escudo sería casi invencible. Cualquier enemigo en sus cabales le daría la espalda y echaría a correr.

-Está visto que algunos no tienen esos cabales –murmuro Phoebe recordando que en la batalla de Manhattan los monstruos le atacaban igual, hasta algunos semidioses que se habían unido a Cronos.

La chica sacó su espada y avanzó hacia el sarcófago. Las sombras fantasmales le abrieron paso y se dispersaron ante el aura terrible de su escudo.—No —dije, tratando de advertirla.

-Awww tan lindo ya protegía a la prima – no pudo evitar decir afrodita ganándose la atención de algunos. Y mientras ella hacia esto cierto hijo de Zeus se desaparecía de al lado de su hermano y emprendía una pequeña aventura. Solo esperaba que su hermano o su amigo dijeran algo sobre esto. Thalía sonrió arrogante por este hecho.

Pero ella no me escuchó. Se fue directa al sarcófago y apartó su tapa dorada.

-Thalía haciéndose la sorda desde tiempos inmemoriales – le molesto Nico y ella le pego en el brazo con algo de electricidad.

-Hablo el que sabe escuchar demasiado ¿no? –devolvió ella con la mirada electrizante.

-Aunque no entiendo como podrías escucharlo si eras un árbol de todos modos –siguió burlándose él y ella le dio un apretón en el brazo – Siempre con electricidad cara de pino –

-Y tú siempre tan ciego y hablando demás aliento de muerto – refuto ella y él le vio furioso y con un sonrojo tiñendo sus mejillas.

-Annabeth ¿no deberías hacer algo para detenerlos? – murmuro Piper a su amiga. Annabeth miro a la hija de Zeus y al hijo de Hades que parecían ponerse a pelear en cualquier momento.

-Al menos yo no estoy orgulloso de ser un árbol – le enfrento y ella retrocedió un poco.

-Claro tu estas orgulloso de haberte...- ella dejo la frase inconclusa pero el entendió perfectamente de lo que hablaba. ¡Ella no podía decir eso en media sala! Con horror vio como volvía a abrir la boca y la malicia bailaba en sus ojos azules.

-O se callan en este instante los dos. O los secretos de ambos serán revelados en este mismo instante – los dos se quedaron viendo a la rubia. La mirada de ella estaba tan tormentosa que ambos tuvieron miedo. Pero ¿ella no sabía sus secretos verdad? Estaba alardeando ¿no? Era mejor no averiguarlo porque ella les veía con advertencia. Ambos se callaron y se sentaron bien – Gracias – sonrió ella y Tritón pudo seguir.

Por un instante, permaneció con la vista fija en el contenido de la caja.

El ataúd adquirió un resplandor más intenso.—No. —La voz de la chica temblaba—. No puede ser.

Thalía cerró los ojos con fuerza, recordaba muy bien lo que vio en la caja. Pero ella tenía que ser fuerte, por mucho que aquel sueño si se hizo verdad. Luke se la quedó mirando, había pocas donde Thalía se mostraba con miedo y ahora lo hacía. Apretaba la mano que el hijo de Hades le tomaba y pronto también la de Annabeth que corrió hacia ella igual que las cazadoras.

-Lo viste a él ¿verdad? – susurro Annabeth a su amiga y esta asintió débilmente. Cuanto no le había dolido verlo ahí y luego sentir como quería arrancarle el alma.

Desde las profundidades del océano, Cronos se reía con tal estruendo que se estremeció el barco entero.—¡Noooo! —La chica chilló mientras el sarcófago se la tragaba en una explosión de luz dorada.

Ahora Luke entendía el terror de ella por el sueño y se la quedó mirando ya estaba más tranquila junto con su segunda al mando y Annabeth. Nico se había ido a sentar con Hazel para darles espacio.

Me senté en la hamaca gritando.

Will tenía muchas cosas en que pensar como en el beso de Rachel, ella muy pocas veces hacia eso. En el hecho de que apenas y había cruzado un par de palabras con Nico y que aún le debía el botarlo de la cama. A eso le sumaba que no le había respondido sobre las pesadillas que tenía. Y para acabar el recordatorio de las pesadillas horribles del hijo de Poseidón. Percy nunca se había ido a quejar de sueños malos a la enfermería. Todos sabían que eran sueños semidioses pero la mayoría de los chicos cuando tenían demasiados corrían a la enfermería en busca de algo que les dejara dormir ¿Por qué Percy no había hecho eso? Porque era más que seguro que tenía más pesadillas que las que contaba en los libros. Debía hablar con él. Cuando llegara a la sala. Sacudió la cabeza quería descartar una última idea. Eso era si es que llegaba a la sala. Si es que aún vivía.

Annabeth me zarandeaba por el hombro.—Percy, era una pesadilla. Vamos. Tienes que levantarte.

-Y vaya pesadilla – murmuro Tritón interrumpiéndose un momento, su vista hizo un paso rápido por la sala y logro notar que cierto antiguo héroe estaba llegando a donde estaban ls hijos de su padre. Sonrió ante esto y siguió leyendo.

—¿Qué... qué pasa? —dije frotándome los ojos—. ¿Cuál es el problema?—Tierra —dijo con un tono lúgubre—. Nos acercamos a la isla de las sirenas.

-Eso si es un problema –dijo Dioniso viendo a la chica y luego al sátiro. Sabía que la chica era lista y sabría qué hacer para pasar la isla pero. Miro a la madre de la chica. Si la chica se parecía lo suficiente a su madre y no solo en físico, sino también intelectual. La curiosidad le puso a ver ganado. La curiosidad y el hambre de conocimiento siempre les ganaba a los hijos de la sabiduría.

Apenas podía divisar la isla en el horizonte. Sólo veía un borrón entre la niebla.—Quiero que me hagas un favor —dijo Annabeth—. Las sirenas... pronto estaremos al alcance de sus cantos.

Atenea vio con horror a su hija y luego al libro. Sacudió la cabeza ante la mirada de Hera. Ella debía guardar la compostura como la diosa que era. Pero si la idea que tenía era real, entonces el libro tenía mucho sentido. Quiso soltar un gruñido por una vez iba a tener que agradecer que el chiquillo del viejo alga estuviera con ella. Aunque claro eso cambiaría cuando su plan de resultados, lo que le llevaba a lo que se suponía que debía hacer desde que entro de nuevo en la sala. Vio detenidamente a los hijos del barba de percebe. Por un momento le pareció contar más de ellos. Pero era imposible, aunque ahora solo veía al inmortal y al semigigante.

Recordé las historias sobre las sirenas: cantaban de un modo tan dulce que encantaban a los marineros con sus voces y los atraían a una muerte segura.

-Más bien les hechizaban con sus voces y les hacían ver lo que más anhelaban – dijo Hermes recordando que así habían muerto varios héroes, simplemente por el encanto de aquellos monstruos.

-¿De verdad son tan hermosas como dicen las leyendas? – pregunto un legado de Aquilón, los demás se quedaron viendo a los dioses en busca de una respuesta.

-No los son para nada – aseguraron Reyna, Annabeth, Hazel, Frank y Leo. Aunque claro tres de ellos tenían un concepto muy distinto de esos monstruos que las dos primeras. Los cinco se vieron entre si y los demás se los quedaron viendo a ellos. Los romanos se preguntaban si Reyna cuando estaba viajando al campamento las había visto. Era lo más probable si es que ella se fugó con su hermana cuando Percy la chica de Atenea salieron de ahí.

—No hay problema —le aseguré—. Podemos taparnos los oídos. En la bodega hay un barreño lleno de cera para velas...

Muchos asintieron, aquel era el mejor plan para pasar cerca de esos monstruos. Aunque a Frank, Hazel y Leo no les habían parecido tan malas, al menos las que conocieron pero seguro estas del libro no eran as mismas que las que conocieron.

—Es que yo quiero oírlas.

La sala se quedó en completamente en silencio y viendo incrédulos a la chica que solo se incomodó un poco por tantas miradas a su persona.

Parpadeé.—¿Cómo?

-Eso queremos saber todos – hablo Hylla.

-Eso es una imprudencia criatura –regaño suavemente Hestia.

-Déjala tía, no ves que son los genes de la madre de ella llamando – dijo Apolo viendo a la chica que solo respiro hondo. Hestia negó con la cabeza, esas ansias de conocimiento podían llevarla a muchos peligros si no empezaba a controlarlas.

Thalía se levantó de su asiento, se acercó a la rubia y la electrifico – Imprudente – le vio con reproche y ella solo atino a bajar la mirada. Luke no podía hacer nada, él no es que se estuviera portando mejor en los libros – Te pudo haber pasado Annabeth, les pudo haber pasado algo a los dos – siguió regañando – Se supone que tu eres a lista, ¿Cómo se te ocurrió hacer eso? –

-Lo lamento, pudo más mi sed de conocimiento. Lo lamento mucho Thalía – ella acepto el regaño, después de todo sabía que lo que hizo estuvo verdaderamente mal.

-No arriesgue mi vida para proteger la tuya y que vayas haciendo esas cosas – siguió la hija de Zeus para después bufar, el solo pensar que pudo haberla perdido solo por una idea tan estúpida como escuchar sirenas, le dolía y le hacía rabiar. Abrazo a la rubia. Porque aquello también le recordaba el sueño. Ella no podía perderlos. Percy, Annabeth y Nico eran su vida. Más incluso que las cazadoras, ellos fueron su familia primero. Si uno de ellos le faltaba no sabía que haría.

-Yo lo sé, todo pudo salir mal pero agradezco que no fuera así. Agradezco que Percy haya estado conmigo – susurro al oído de la teniente de Artemisa mientras le devolvía el abrazo. No sabía porque pero había algo más en ese abrazo que la preocupación de las sirenas, lo podía sentir. Era como cuando le abrazaba Piper o alguno más. Pero ¿Qué era? Thalía se sentó a su lado y Tritón pudo seguir.

—Dicen que las sirenas cantan la verdad sobre lo que deseas. Te revelan cosas sobre ti mismo de las que ni siquiera te has dado cuenta. Por eso te embelesan. Si sobrevives, te vuelves más sabio. Yo quiero oírlas. ¿Cuándo volveré a tener una ocasión como ésta?

-Nunca y no debió hacerlo – mascullo Luke pero no le miraba a ella, sabía que no tenía derecho a regañarla o algo. Había perdido aquel derecho de hermano mayor por así decirlo. Debía recuperarlo. Debía ganárselo de nuevo más bien.

Viniendo de cualquier otra persona, aquello no habría tenido ningún sentido. Pero tratándose de Annabeth... Bueno, si ella era capaz de leer libros sobre arquitectura de la antigua Grecia o de disfrutar de los documentales del canal Historia, era comprensible que las sirenas pudieran atraerle.

Nico rodó los ojos con fastidio ¿Cómo pudo creer estar enamorado del idiota de su primo? Solo él podía buscar razones para que la hija de Atenea tenga razón. Él nunca iba en contra de Annabeth, siempre se fiaba de su juicio. Esa era una de las cosas que no le agradaba de Percy, él era listo pero prefería fiarse del juicio de otros. Thalía solo abrazaba a Annabeth y negaba con la cabeza, tenía el mismo pensamiento que Nico.

Me contó su plan. A regañadientes, la ayudé a prepararse.

-Él te quiere demasiado como para dejarte ir. Pero igual te deja ser libre – Afrodita suspiro, en parte encantada porque desde aquí el chico ya mostraba del más puro amor. Pero también se veía que iba a ser un amor trágico. De esos amores que el encantaban. Un amor con trayectoria.

Annabeth sintió ganas de llora, no sabía explicar porque, no sabía si por las palabras de la diosa o por algo más. Le molestaba no saber pero el pecho le dolía. Entonces toda la sala lo volvió a sentir aroma a mar. Eso la hizo sonreír mientras susurraba un Sesos de Alga.

Atenea por otra parte comenzó a sentir de donde venía el poder y por supuesto venia de los hijos de Poseidón. De los dos semidioses, uno de ellos era el informante eso era seguro. Pero ¿Cuál?

En cuanto tuvimos a la vista la orilla rocosa de la isla, ordené a una de las sogas que atara a Annabeth por la cintura al palo mayor.—No me desates —dijo—. Pase lo que pase. Por mucho que suplique. Porque yo desearé saltar sin más, y si lo hago me ahogaré.—¿Quieres tentarme?

—Ja,ja.

Más de uno rodó los ojos por la pequeña platica pero sonreían, vamos hasta Tritón lo hacía, el aroma de su hogar, de su elemento le calmaba. Siempre lo había hecho y más desde aquello. Siguió leyendo, esta paz no duraría mucho.

Le prometí que la mantendría a salvo. Luego tomé dos bolas de cera, las amasé hasta convertirlas en tapones y me las metí en los oídos.Annabeth asentía, sarcástica, como diciéndome que aquellos tapones me quedaban muy chulos. Le hice una mueca y me volví hacia el timón.

Annabeth rióante eso, la verdad es que si quería decirle eso. Ahora podía recordar esta parte del viaje. Recordó rogar, llorar y suplicar para ir a la isla. Miro a Luke el pronto vería su deseo más oculto de ese entonces ¿El diría algo? Esperaba que no, bueno no tendría derecho a decirle nada.

El silencio era espeluznante. No oía nada, salvo el latido de la sangre en mis sienes. A medida que nos aproximábamos a la isla, iban asomando rocas dentadas entre la niebla. Ordené al Vengador de la Reina Ana que las sorteara; si nos acercábamos demasiado, aquellas rocas harían trizas nuestro casco como las cuchillas de una licua—dora.

Ares sonreía socarronamente, estaba expectante a lo que les pasaría a los dos. Estaba recuperándose de a poco de lo de ser hámster, aunque tal vez lo de la aversión a los vegetales no se le quitaría en un buen tiempo.

Miré a mi espalda. Al principio, Annabeth parecía completamente normal. Luego apareció en su rostro una expresión perpleja. Abrió unos ojos como platos y empezó a forcejear con las cuerdas. Me llamaba por mi nombre: lo veía en sus labios. Su expresión era muy clara; tenía que liberarla, era cuestión de vida o muerte. Debía soltarla ahora mismo.

Annabeth cerró los ojos y apretó las manos de sus dos amigas. De verdad había querido saltar con todo su ahínco, la verdad lo había conseguido pero es que ¿Cómo fueron tan tontos de olvidar su daga? O tal vez fue un olvido de su subconsciente, no lo sabía. Tal vez parte de ella quería ir con las sirenas y obtener más de lo que le llegaran a mostrar.

Parecía tan afligida que costaba mucho resistirse y no dejarla libre.Me obligué a desviar la vista. Apremié al Vengador de la Reina Ana para que aumentase la velocidad.

-Si lo mejor es que pongan distancia – dijo Polux tomando Kool-Aid junto con su hermano romano Dakota.

-Pero por el título es seguro que algo paso y que no pudieron alejarse tanto como querían – respondió Dakota que tenía los labios rojos. Ariadna desde su asiento les sonreía y ellos hacían lo mismo. Dioniso por otro lado pensaba que se juntaban demasiado y que su esposa se portaba muy infantil, le habían estado jugando bromas a cada rato. Claro él también se las había devuelto, pero él era el dios del vino. Tenía que hacerse respetar. Aunque la verdad le encantaba esta convivencia.

Aún no podía ver gran cosa de la isla: sólo niebla y rocas. Pero en el agua flotaban trozos de madera y fibra de vidrio, restos de naufragios, incluso chalecos salvavidas de líneas aéreas comerciales.

-Rastros de la última comida que tuvieron las sirenas tal vez – aventuro Belerofonte en un susurro y sus hermanos hicieron una mueca, esperaban que el barco de su hermanito no haya tenido tal destino.

Por otra parte Teseo evitaba ver al acompañante nuevo que tenía desde hace un rato, menos mal Orión había notado que la diosa de la sabiduría estaba mirando para todas partes y sutilmente se había hecho hacia adelante para cubrirlos.

-Tes ¿estas molesto conmigo? – murmuro el hijo de Zeus pegado al respaldar del asiento para estar oculto de la mirada de su medio hermana Atenea.

- No, para nada – respondió el hijo de Poseidón sin mirarle – Solo he intentado seguir lo del dichoso trato, si llegan a saber que no lo cumplimos del todo puede traer problemas. Por eso te evitaba – A Perseo eso le pareció razonable, se pegó más a su amigo porque sentía caerse. Esto hizo que Teseo pueda sentir su aroma a aire fresco. Delicioso aires fresco y que tragará saliva por esto.

-Pensé que había hecho algo malo – susurro cerca de su amigo y sonrió al ver que sus vellos se erizaron.

-No, no hiciste nada malo – susurro de vuelta el antiguo rey de Atenas.

-Me alegro – sonrió más el antiguo rey de Micenas. Le agradaba estar cerca de su amigo y sentir su olor a brisa marina, aunque podía detectar que había algo diferente en él, el aroma que se expandió antes por la sala se preguntaba porque. Teseo olía a mar pero no así. Bueno no le dio importancia, estaba cerca de su amigo, eso era lo importante.

¿Cómo era posible que la música hubiese hecho descarrilar tantas vidas? Sí, vale, había canciones en el Top Ten que me daban ganas de lanzarme en picado, pero aun así... ¿Qué podrían cantar las sirenas?

-La melodía cambia dependiendo de a quien atraen, su hechizo vocal hace que cada persona escuche lo que más le gusta. Porque en realidad el sonido que ellas producen es un sonido no apto para el oído humano o semidiós – dijo Apolo con seriedad y más de uno se quedó pensando en aquellos, ahora tenían un poco de curiosidad de como sonaría la canción para ellos. Pero era mejor no averiguarlo.

Durante un peligroso segundo comprendí la curiosidad de Annabeth. Sentí la tentación de quitarme los tapones, sólo para probar un sorbo de aquella música misteriosa. Notaba cómo las voces vibraban en la madera del barco, cómo añadían su latido al rugido de la sangre en mis oídos.

-Tienen un hechizo muy poderoso, por eso la mayoría de los hombres sucumbe ante su poder – dijo Deméter – Los mismos miembros de la tripulación de Odiseo se tentaron con sacarse la cera que este les puso en los odios, solo para deleitarse con el canto de ellas y por el que tanto rogaba Odiseo – Afrodita suspiro, la historia de Odiseo era otra que el encantaba, no solo a ella. Poseidón por otra parte no miraba más que la mano de su esposa.

Recordaba esa época muy bien, bueno su esposa e hijo inmortal también lo hacían. Rodaron los ojos, en especial Tritón pues su padre por momentos olvidaba que había prometido mantener a Odiseo lejos de su isla y le dejaba pensar que estaba cerca. No había sido por crueldad, simplemente eran descuidos.

Annabeth seguía suplicándome. Las lágrimas corrían por sus mejillas. Luchaba con las cuerdas, como si le impidieran reunirse con lo que más le importaba en este mundo.«¿Cómo puedes ser tan cruel? —parecía preguntarme—. Creía que eras mi amigo.»

-Estabas demasiado embebida de su canto igual que lo estuvo Odiseo – dijo con añoranza Afrodita, recordando el recorrido de este y el amor que sentía por su Penélope. Hera aunque no lo admitía también estaba encantada pues esa había sido de las pocas parejas que de verdad habían estado enamorados al casarse. Un matrimonio que sobrevivió a todo.

Miré con furia aquella isla envuelta en niebla. Deseaba sacar mi espada, pero no había nada con lo que luchar. ¿Cómo vas a combatir una canción?Procuré no mirar a Annabeth. Lo conseguí durante unos cinco minutos.Ése fue mi gran error.

-Déjame adivinar. Olvidaron tu daga – dijo Malcom mirando a su hermana, esta asintió así había sido.

-¿Cómo es que sigues viva? – pregunto con interés Lou Ellen que estaba sentada cerca del hijo de Atenea.

-Percy me salvo- respondió ella. Los demás asintieron, ahora entendían el título. El chico había saltado por ella cuando cayó seguramente. Los romanos estaban cada vez más asombrados con el hijo de Poseidón. Reyna cada vez se convencía más de que les convenía de Pretor.

Cuando ya no pude resistirlo más, me di media vuelta y vi... un montón de cuerdas cortadas. El mástil vacío. El cuchillo de bronce de Annabeth tirado sobre la cubierta. De algún modo se las había arreglado para colocarlo al alcance de su mano, y a mí se me había olvidado desarmarla.

-¿Sera que alguna vez algo que planeen salga bien? – se quejó Holly hija de Nike y los demás se quedaron viendo a la chica que solo hizo una mueca.

-Hay veces que si nos han salido como queremos – contesto Annabeth con tranquilidad.

-Y hay otras que les han salido peor de lo esperado –susurro Piper para sí misma mirando el suelo con detenimiento y Thalía abrazo a Annabeth más. Ella se preguntaba enserio que el ocultaban.

Corrí a la barandilla y la divisé chapoteando frenéticamente para llegar a la orilla, mientras las olas la empujaban hacia las rocas.La llamé a gritos, pero en caso de que me oyera, no sirvió de nada. Estaba en trance y nadaba hacia la muerte.

-Nunca lo oiría, una vez que caen en su hechizo no pueden oír nada mas – dijo Reyna mirando a Annabeth que estaba siendo abrazada por la teniente de Artemisa, ella quería saber qué es lo que le pasaba a los del Argo II y los griegos. ¿De qué se estaban perdiendo los romanos?

Me volví hacia el timón y grité:—¡Espera aquí!Me lancé sin más por la borda.

-Y ahí va tras ella –murmuro Orión y una vez más se comenzó a comparar con su hermano. Si Artemisa hubiera estado en el lugar de la chica ¿el habría saltado por ella? Por supuesto, eso ni lo dudaba, el haría e hizo lo que fuera por el bienestar de ella. Muy a pesar de que ella lo llegara a odiar por eso mismo. Ahora también estaba Teseo, él era otro que se lanzaba sin más a ayudar a quien lo necesitara. Eso le hacía preguntarse ¿Cuánto peligro estaba corriendo junto con Percy por liberarlos del plan de la diosa de la sabiduría? Esperaba que no demasiado.

En cuanto me zambullí, ordené a las corrientes que se retorcieran en torno a mi cuerpo y formasen un flujo en chorro que me propulsó hacia delante.Salí a la superficie y vi a Annabeth, pero en ese mismo momento la atrapó una ola y se la llevó entre dos afilados salientes.No tenía alternativa. Me lancé tras ella.

-Menos mal que fue a ese viaje con Percy, seguramente de ser otro. Annabeth no la estaría contando – murmuro Leo viendo al libro y Jason asintió. Ella había tenido suerte de que fuera Percy quien le acompañara, aunque también cualquier otro tal vez le habría puesto un freno hace mucho y no le habría dejado oírlas.

Ambos se preguntaban internamente porque el apego de Perseo hacia Teseo. Claro que Leo ya tenía una teoría sobre estos y Jason apenas estaba empezando a formarse una. El hijo de Júpiter a veces era muy apegado a las normas y le costaba salirse de los cánones, aunque no le molestaba que otros se salieran de estos y se comenzaba a preguntar si su hermano estaba saliéndose de este igual que Nico lo hacía.

Buceé bajo el casco destrozado de un yate y avancé serpenteando entre unas bolas metálicas flotantes, sujetas con cadenas, que sólo después comprendí que eran minas.

-Claro primero se mete en el peligro y solo después comprende que se metió en el –mascullo Tritón queriendo meterse en el libro y meterle un poco de sensatez al chico y más conocimiento sobre armas acuáticas y cosas del mar.

-¿Preocupado por tu hermano? – decía el dios del sol tratando de no demostrar que él también lo estas. Aunque Hermes y Artemisa podían notarlo. Tritón le vio con el ceño fruncido pero no dijo nada solo siguió leyendo como si él no hubiera dicho nada.

Me veía obligado a utilizar todo mi poder sobre el agua para no acabar aplastado contra las rocas o enredado en las redes de alambre de espino tendidas justo a ras de superficie.

Pasé a toda velocidad entre los dos salientes y de pronto me hallé en una bahía con forma de media luna. El agua también estaba sembrada de rocas, restos de barcos y minas flotantes. La playa era de arena volcánica negra.

-Ya está muy cerca de la isla de las sirenas –murmuro Anfitrite que podía sentir la tensión que tenía Poseidón con solo saber en qué problemas no más se estaba metiendo su chico por salvar a la hija de Atenea.

Miré alrededor, desesperado, buscando a Annabeth.

Allí estaba.Por suerte o por desgracia, era una buena nadadora. Había logrado atravesar el cerco de minas y rocas y poco le faltaba para llegar a la playa negra.

-No soy tan buena nadadora, era el hechizo de ellas que me llevaba por el camino menos peligroso. Solo para que su presa llegara completa – dijo la rubia y más de uno se quedaba a cada rato con más temor acerca de aquellos monstruos. Hazel, Frank y Leo se alegraban de que las que conocieron no se parecieran en nada a las de esa isla. Bueno tal vez en su aspecto sí.

Entonces la niebla se aclaró y vi a las sirenas.

Los que no las conocían estaban expectantes queriendo saber cómo se veían estos seres. Los que si las conocían ya sean por libros o por haberlas visto solo hicieron una mueca esperando la descripción.

Imaginaos una bandada de buitres del tamaño de una persona, con un sucio plumaje negro, garras grises y cuellos rosados llenos de arrugas. Y ahora imaginaos que en lo alto de esos cuellos hubiera cabezas humanas, pero unas cabezas en continua transformación.

-Eso no es para nada como lo describen los mortales – arrugo el rostro un legado de Ceres y más de uno asintió a esto.

-Recuerden que ellos solo se basan en lo que han dicho los sobrevivientes y que estos todo lo que vieron es lo que ella les mostraban. Y nos es que fueran muchos los que sobrevivían – hizo una mueca Sophia hija de Atenea que gozaba en la cara de la hija de Apolo y de Hécate pues estaba sentada a alado de Malcom y agarrada de su brazo.

-Y también que ellos distorsionan la realidad a lo que les parece más conveniente y bonito. Los pocos mortales que pueden ver a través de la niebla y cuentan las cosas como son, por lo general los tildan de locos – siguió diciendo Malcom. Tritón cansado de la explicación comenzó a leer más alto, haciendo que paren con eso.

No podía oírlas, pero veía que estaban cantando. Y a medida que movían la boca, sus rostros se convertían en los rostros de personas que conocía: mi madre, Poseidón, Grover, Tyson, Quirón. O sea, las personas a las que más deseaba ver.

Los nombrados que estaban presentes en la sala no pudieron evitar sonreír suavemente, Percy los quería demasiado como para estar en sus pensamientos en ese momento. Aunque Poseidón tuvo que esconder su sonrisa después y solo mirar la mano de su esposa. A él era a quien más le estaba costando este trato. Pero es que él no podía permitir que ellos vayan a tocar a su familia. Una que aun ni existía. Y peor a la que ya existía. El haría lo que fuera por proteger a todos. A todos los que él consideraba importantes y desgraciadamente esto incluía también a los tres que querían hacer daño. Él quería paz. Tal vez por eso acepto el trato.

Me sonreían de un modo tranquilizador, como invitándome a acercarme, pero, fuera cual fuese el aspecto que adoptaran, siempre tenían la boca grasienta y manchada con restos de comida. Como los buitres, debían comer metiendo toda la cara. Y no en la tienda de Dónuts Monstruo precisamente.

Más de uno compartió una mueca de asco y un estremecimiento. Esos eran definitivamente otro de los seres con los que no se querían topar jamás en su vida, si es que eso era posible. Leo, Frank y Hazel solo podían pensar en si las que conocieron podrían llegar a ser como aquellas del libro. Esperaban que no, porque habían sido muy amables.

Annabeth seguía nadando hacia ellas.

No podía permitir que saliera del agua. El mar era mi única ventaja. De un modo u otro, siempre me había protegido. Me propulsé hacia delante y la agarré por el tobillo.

-Ha tenido suerte la chiquilla – murmuro Tritón interrumpiéndose y no lo quiso demostrar pero por un momento le preocupo que Percy se dejara ganar por las sirenas y decidiera sacarse los tapones. Pero él era un dios y no iba a demostrar JAMÁS eso por alguno de los hijos semidioses de su padre. Pero Apolo sonreía como si supiera que se preocupó por él. Tritón no le presto atención.

En cuanto la toqué, sentí una descarga por todo el cuerpo y vi las sirenas tal como Annabeth debía estar viéndolas.

-Dioses, sesos de alga – murmuro Annabeth a la vez que ocultaba su rostro con sus manos y Piper se la quedó mirando igual que los que estaban cerca ¿Qué tan malo era lo que vio?

Había tres personas sentadas en una manta de picnic en Central Park, con un verdadero festín ante ellas. Reconocí al padre de Annabeth por las fotos que ella me había enseñado: un tipo atlético, de unos cuarenta años y pelo rubio rojizo. Estaba acariciando las manos a una mujer muy guapa que se parecía un montón a Annabeth e iba vestida en plan informal, con vaqueros, camisa tejana y botas de montaña, pero había algo en ella que irradiaba una sensación de poder. Comprendí que tenía ante mis ojos a la diosa Atenea. Junto a ellos había un joven sentado. Era Luke.

Atenea se quedó perpleja, ese era el deseo de su hija. Su hija deseaba que este con ella. Los dioses se quedaron mirando a la muchacha y luego a la diosa de la sabiduría. Hasta ahora ellos habían notado que la chica no quería para nada estar cerca de su madre ¿Por qué en la visión entonces era el deseo de tenerla cerca?

Luke por otra parte alzo la mirada al escuchar que estaba en la visión de Annabeth ¿no lo odiaba ya en ese entonces? Algunos le veían con disimulo. Ellos sabían sobre la adoración que tenía Annabeth con él por esas épocas y no les sorprendía que estuviera en la visión de la chica.

La escena resplandecía con una luz cálida. Los tres hablaban y reían y, al ver a Annabeth, sus rostros se iluminaron de alegría. Su madre y su padre abrieron los brazos en señal de bienvenida. Luke le sonreía y le hacía gestos para que fuera a sentarse a su lado: como si nunca la hubiera traicionado, como si todavía fuesen amigos.

Thalía sonrió suavemente mientras miraba atentamente al suelo. Ella estaba soñando y deseando la familia que nunca tuvo. El deseo de ella era la familia que Luke le prometió. Luke solo apretó los puños y tenso la mandíbula. Con las estúpidas acciones que estaba haciendo, sabía que estaba separándose de ella. No estaba cumpliendo su promesa.

Tras los árboles de Central Park se dibujaba el contorno de los rascacielos. Contuve el aliento, porque era Manhattan, sí, pero no la de siempre.

Más de uno arqueo una ceja ¿Cómo que era Manhattan pero no era? Annabeth por otra parte ya estaba bien sentada y solo apretaba los labios. Aquel había sido un tonto deseo infantil si se ponía a pensarlo ahora. Si se volviera a topar con las sirenas capaz todo eso cambiaría completamente.

La ciudad había sido reconstruida totalmente con un mármol blanco deslumbrante; se veía más grande, más esplendorosa que nunca con aquellas ventanas doradas y aquellos jardines en las azoteas. Era mejor que Nueva York, mejor que el monte Olimpo.

A los dioses les intereso eso de mejor que el monte Olimpo. Atenea estaba internamente orgullosa de los planes de su hija. Ella se encargaría de que ella consiga hacer eso y mucho más. Ella seria grande mientras se alejara de ese chiquillo, si eso era lo mejor y para eso tenía que saber quién era el informante. Volvió a su vigilancia y saber cuál de los hijos del cabeza de alga era a quien debía acabar.

Comprendí al instante que era Annabeth quien la había diseñado. Ella era la arquitecta de un nuevo mundo; había vuelto a reunir a sus padres, había salvado a Luke, había hecho lo que siempre había deseado.

-Es una gran sueño – dijo Hestia sonriéndole a la chica, ella sonrió triste.

-Pero es solo eso un sueño y los sueños también cambian – respondió ella con determinación. La diosa del hogar asintió.

-A mí me gustaría ver que planes tendrías no más para el Olimpo – susurro Apolo, a él le interesaba bastante las construcciones que sean bien hechas y si el chico decía que eran más hermosas que el mismo Olimpo. Quería comprobarlo. Hermes veía con una sonrisa a su amigo. El adoraba verlo sonreír y ser feliz.

Parpadeé con fuerza. Cuando abrí los ojos, lo único que vi fueron las sirenas: buitres andrajosos con rostro humano, listos para devorar a otra víctima.

-Yo creo que debería comenzar a llevarse de ahí pero a la de ya – dijo Clovis y más de uno asintió ante esto. Annabeth rodólos ojos, era evidente que lo hizo porque si no, no estaría ahí ella.

Tiré de Annabeth y la arrastré hacia el agua. No la oía, pero sabía que estaba gritando. Me dio una patada en la cara, pero no la solté.

-Le debo una disculpa por eso – murmuro la rubia con una mueca. Piper a su lado rió, era bueno que ella este distraída. Era bueno que todos lo estén.

Ordené a las corrientes que nos sacaran de allí. Annabeth me aporreaba y me daba patadas, y a mí me resultaba más difícil concentrarme. Se retorcía con tal violencia que poco faltó para que chocáramos con una mina flotante. Ya no sabía qué hacer: si ella continuaba forcejeando, no llegaríamos vivos al barco.

-¿Qué tan difícil puede ser controlar a alguien? – bufo con desprecio Octavian.

-Tal vez debamos lanzarte al lago con alguien con la fuerza de Annabeth y comprobarlo – dijo Piper con una mirada mortal. Jason sonrió, esa era su novia.

-No se puede Piper – dijo Rachel y la Cherokee se la quedó mirando – No ves que los ositos de peluche saltarían a ayudarlo – Octavian rechinaba los dientes con fuerza mientras los demás reían.

- Claro tendrían que ir ellos porque nadie más lo haría – dijo Reyna sin poder evitarlo y la gente rió más mientras Octavian le veía sin reconocerla.

-Aquí la pregunta sería – comenzó a decir Leo - ¿Quién sería tan idiota para lanzarse con Octavian para comprobar que el sí podría hacer lo que hizo Percy? – Las risas se hicieron oír mas mientras negaban con la cabeza.

-Quien sabe siempre hay un idiota para un desquiciado. Aunque ahora me surge otra duda ¿Octavian no sería expulsado por las mismas del agua? Digo es que tal vez ni el agua lo quiera aceptar – termino por decir Piper y se escucharon más risas. Annabeth solo la miro como reprimenda. Estaba bien para un rato pero pensaba que ya se estaban pasando.

-Bueno, paren de una vez – dijo Annabeth y se quedó mirando a todos – A Percy no le gustaría esto, por mucho que Octavian no sea de nuestro agrado. No tenemos por qué andar diciendo tantas cosas de él – Los chicos bajaron la cabeza. Octavian solo se hizo el desentendido. Reyna solo miro al suelo no sabía que le había pasado pero es que hace tanto que tenía que actuar como la madura de todos, tal vez quiso un poco de libertad. Quizá ella tenía razón y se excedieron un poco. Tritón al ver que se calmaron continuo.

Entonces nos sumergimos y Annabeth dejó casi enseguida de luchar. Su expresión parecía desorientada. Cuando salimos a la superficie, empezó a forcejear otra vez.

¡Era el agua!El sonido no se transmitía bien debajo del agua. Si la sumergía el tiempo suficiente, conseguiría romper el hechizo. Annabeth tampoco podría respirar, desde luego, pero aquello parecía de momento un problema menor.

Claro que mi hija se ahogue es el menor de los problemas pensaba Atenea a quien no le había agradado que su hija haya casi defendido al romano de las agresiones. Ella no debía defenderlos. Ella debía destruirlos ¿Es que acaso no sabía lo que ellos le habían hecho? Tal vez si lo supiera no habría saltado a defenderlo o a ponerse a decir que a esa cría marina no le gustaría algo. Pero bueno después ella se encargaría de demostrarle a su hija el lugar de los romanos.

-Por lo menos tiene un plan – dijo Deméter viendo a su querida sobrina Atenea que solo seguía con rostro inexpresivo. Pero la diosa del cereal sabía que seguramente estaba muy preocupada por su hija en el libro. Atenea no solía ser mala con sus hijos, tal vez aquella vez con Dédalo lo fue pero es que el hizo algo indebido. Ahora se preguntaba que le había pasado ¿Por qué tanto odio hacia la familia de su tío? ¿Era por el chico? Pero si él se veía buen muchacho. O quizá por la presencia de los romanos. Esa era también una opción aun así no justificaba ese trato. Esperaba que cambie antes de que pase la raya y las destino la castiguen como ya hicieron con el dios héroe.

La agarré por la cintura y ordené a las olas que nos empujasen hacia el fondo. Nos zambullimos en las profundidades: tres metros, seis metros... Sabía que debía andarme con cuidado, porque yo podía resistir mucha más presión que Annabeth. Cuando empezaron a ascender burbujas a nuestro alrededor, ella luchó y forcejeó buscando aire.¡Burbujas!

-Bien ya lo tiene – dijo Perseo aun sentado a alado de Teseo. Por momento se quedaba viendo el perfil de su amigo. Lucía un semblante preocupado de vez en cuando y otras totalmente relajado. Ahora estaba relajado pero hace un momento lo había visto fruncir el ceño ¿él también había querido defender al legado de Apolo? –Tes ¿estás bien? – susurro cerca de su oído. El asintió sin verlo. Perseo frunció el ceño.

Estaba desesperado; tenía que mantener con vida a Annabeth. Pensé en todas las burbujas del mar, siempre agitándose y ascendiendo; me las imaginé unidas, viniendo hacia mí.

El mar obedeció. Noté una avalancha blanca, una sensación de cosquilleo por todo el cuerpo y, cuando la visión se me aclaró, vi que estábamos rodeados por una enorme burbuja. Sólo teníamos las piernas sumergidas en el agua.

-Menos mal sabe pensar bajo presión – dijo Hermes más de uno se lo quedo mirando interrogantes ¿había sido eso un chiste? – No fue un chite – aclaro el dios – Puedo ser serio cuando conviene niños –

-Tú y la seriedad nunca han sido buena pareja Herms – dijo divertido Apolo y el nombrado rodo los ojos.

- Claro que lo somos, yo soy la perfecta pareja de todos – se pasó una mano por el cabello y les guiño el ojo a los semidioses.

-Eso nadie te lo niega. Pero te aseguro que si compitieras conmigo yo ganaría – sonrió ladino el dios del sol sacando sus gafas y poniéndoselas mientras posaba.

-El dios más hermoso soy yo. Obviamente yo ganaría – refuto Hermes y Apolo volteo a verlo, bajo un poco sus gafas con su dedo índice. Miro al dios mensajero se arriba abajo mientras este sonreía y luego se las puso bien nuevamente.

- Yo sigo brillando más que tu – meneo la cabeza cual diva.

-Eres el dios del sol claro que brillas – rodó los ojos el dios mensajero. E iban a seguir con su medio discusión medio bromo pero un par de flechas les hicieron callar, una se clavó cerca de la cabeza de Apolo y la otra en la entrepierna de Hermes. Ambos chillaron ante esto. Mas gritaron los hijos del dios de los ladrones y los varones colocaron sus manos en su entrepierna. El dios veía asustado a la diosa de la caza.

-Vuelvan a abrir la boca y saben que no fallare – ella sonrió siniestramente y los dos tragaron saliva. Ares contuvo un escalofrió, las cazadoras sabían imitar muy bien esa sonrisa.

Ella jadeó y tosió. Sentía escalofríos en todo el cuerpo. Pero en cuanto me miró supe que el hechizo se había roto.

-Menos mal – murmuro Kayla viendo a Annabeth, ella no sabía que habría hecho en una situación igual. Capaz le habría clavado una flecha a quien la quisiera alejar de su deseo.

Prorrumpió en unos sollozos terribles, que te partían el corazón. Apoyó la cabeza en mi hombro y la abracé. Los peces se agolpaban alrededor para mirarnos, un banco de barracudas, algunos peces aguja.

-Peces chismosos – murmuraron todos los hijos del dios de los mares sin excepción y Perseo tuvo que ahogar una risa. Que hasta el inmortal coincida con los otros era gracioso.

«¡Largo de aquí!», les dije.

-Bien hecho – volvieron a murmurar. Perseo quería reír más, después de todo el hijo inmortal de Poseidón solía decir que él no se portaba igual que sus hermanos. Ahora lo estaba haciendo por momentos.

Se alejaron a regañadientes. Habría jurado que conocía sus intenciones: se disponían a hacer correr por los mares el rumor de que el hijo de Poseidón y cierta chica habían sido vistos en el fondo de la bahía de las sirenas...

-Más que seguro que todo los peces y animales marinos se enteraron. Eso sin contar con las náyades y su propio padre – murmuro Anfitrite viendo a su esposo. Este se limitó a asentir de forma imperceptible pues Hera lo estaba mirando.

—Voy a hacer que volvamos al barco —le dije—. Todo saldrá bien. Tú aguanta.

Annabeth asintió, dándome a entender que ya se sentía mejor, y murmuró algo que no pude oír porque llevaba los tapones de cera en los oídos.

-Gracias por salvarme Percy – murmuro Annabeth viendo el libro recordando que eso era lo que había murmurado.

Ordené a la corriente que guiara nuestra peculiar burbuja submarina entre las rocas y el alambre de espino, hasta el Vengador de la Reina Ana, que había empezado a alejarse de la isla a un ritmo lento y regular, para que pudiéramos darle alcance.

Seguimos al barco por debajo del agua, hasta que me pareció que los cantos de las sirenas ya no podrían llegar a nuestros oídos. Entonces salimos a la superficie y la burbuja explotó.

-Ya están a salvo – sonrió Butch que por un momento se había metido demasiado en la historia igual que algunos más que suspiraron aliviados de que ya no estén cerca de las sirenas.

Ordené a la escala de cuerda que se desenrollara por el flanco del barco y subimos a bordo.Aún tenía puestos mis tapones, por si acaso.

Si mejor Prevenir que lamentar pensaba Jason, la verdad no quería llamar la atención y por eso se había limitado a no decir nada desde que su hermano Perseo se fue. No quería que su padre notara que no estaba ahí aunque este se veía que tenía cosas mejores en las que pensar (como siempre) que en sus hijos.

Continuamos navegando hasta que perdimos la isla de vista definitivamente. Annabeth se había acurrucado con una manta en cubierta. Finalmente, levantó la vista, triste y todavía aturdida, y dijo sólo con los labios: «Salvados.»

-Por los pelos – murmuraron la mayoría pensando que si la hija de Atenea hubiera ido con alguien más tal vez no la habría contado ni ella ni su acompañante.

Entonces me quité los tapones: ya no se oía ningún canto. La tarde estaba tranquila, salvo por el sonido de las olas contra el casco; la niebla se había disuelto y había dejado un cielo del todo azul, como si la isla de las sirenas no hubiese existido jamás.—¿Estás bien? —le pregunté. En cuanto lo dije, me di cuenta de lo torpe que sonaba. Por supuesto que no estaba bien.

-Si puede que sea una pregunta Torpe pero es valedera – dijo Will – después de todo él debía estar muy preocupado por ella y esa era la única manera que tenia de comenzar un conversación y saber en qué estado de ánimos estaba. Porque puede que uno sepa que no está bien pero no sabemos a qué grado. Así que es una pregunta valida – muchos tuvieron que asentir ante esto. El tenia razón.

—No sabía —murmuró.

—¿Qué?Sus ojos tenían el mismo color que la niebla que cubría la isla de las sirenas.—Lo poderosa que sería la tentación.

-Está visto que demasiado – dijo Hefestos – Pero también era parte del hechizo y era difícil que supieras aquellos después de todo no es que muchos puedan contar la historia de ver a las sirenas – señalo con una llave de tuercas a la chica y esta asintió.

No quería contarle que había visto lo que las sirenas le habían prometido, me sentía como un intruso en un territorio íntimo, pero también pensé que tenía que ser sincero. Se lo debía.

A Hestia le agradaba cada vez más Percy, solo esperaba que Atenea comience a ver que el era buen chico y que dejara los estúpidos planes de separarlos y peor que sus dos pequeños hermanos le estén ayudando.

Artemisa pensaba lo mismo que su tía Hestia pero había algo que por momentos ocupaba más su cabeza. Como una par de ojos verde mar. Era natural que el supiera del trato y que lo estuviera acatando igual que todos los demás. Pero sabía que de vez en cuando le veía y a ella le afectaba porque eso decía que a él ella le seguía importando. Y aunque Artemisa no quisiera en ella todavía había una partecita que extrañaba a Orión pero ella no podía estar cerca de él. Ella había renunciado a todo. Su juramento no volvería a flaquear. Así que aunque terminara el trato, ella seguiría ignorándolo.

—He visto cómo habías reconstruido Manhattan —le dije—. He visto a Luke y a tus padres.Ella se sonrojó.—¿Has visto todo eso?

Luke solo seguía mirando el suelo. Era más que seguro que ese sueño no se culpó o habría un Luke mayor ahí y ellas no le verían como le veían ahora.

—Aquello que te dijo Luke en el Princesa Andrómeda, lo de reconstruir el mundo partiendo de cero... te tocó la fibra íntima, ¿no?

Ella se arrebujó en la manta.—Mi defecto fatídico. Eso es lo que me mostraron las sirenas. Mi defecto fatídico es la hibris.

-¿Lo de los sándwich de Piper? – dijo Leo vendo a sus amigas. Piper rodo los ojos igual que los hermanos de Leo y algunos más.

-Eso es Humus Leo. Ella dijo hibris – regaño Nyssa y el solo respondió con un ahh mientras algunos reían por lo bajo.

Parpadeé.—¿Esa cosa marrón que ponen en los sándwiches vegetarianos?

-Es lo que dije yo – sonrió con suficiencia Leo y los demás solo negaron con la cabeza.

-Siento que cada vez está más lejos de que lo salvemos – murmuro Frank y Hazel rió de esto.

Ella puso los ojos en blanco.

—No, sesos de alga. Eso es hummus. La hibris es peor.—¿Qué puede ser peor que el hummus?

-El hummus no es malo – se quejó Piper frunciendo el ceño a ella le gustaba el hummus.

-Solo a la reina del basural podría agradarle algo tan horrendo – dijo Drew viendo a Piper con desdén y esta se la quedó mirando.

-Y solo alguien con tu actitud podría no apreciar algo tan bueno – dijo Katie y la asiática se la quedó mirando. Travis sonreía esa era su Katie – Pero es que claro cómo vas a saber si es bueno o no, si solo te preocupas por cosas tan superficiales como tú – se escuchó un uhhh por toda la sala. Afrodita quisiera enojarse con la chica pero esta tenía toda la razón y Drew necesitaba escarmientos muy a su pesar.

-Mira Desquiciada por el cereal – respondió la asiática – A ti nadie te llamo a la conversación. Y si yo podre ser superficial pero al menos a mi padre me acepta de vuelta cada año – Katie apretó los puños pero antes de que hiciera algo en la cara de Drew ya había impactado un globo de tinta color verde.

-El verde combina perfecto con tu cara Drew, deberías pensar en usarle más seguido – dijo Piper sonriendo mientras la chica trataba de sacarse eso de encima. Y aun par de hermanos asentían y ocultaban la resortera que le pasaran antes a la líder de la cabaña de Afrodita. La diosa del amor solo suspiro tenía que hablar mas con Drew, le hizo una seña a Tritón para que siga y este lo hizo.

—Hibris significa orgullo desmedido, un orgullo mortal, Percy. Creer que puedes hacer las cosas mejor que nadie... incluso mejor que los dioses.

Atenea ante todo eso del hummus y la confusión del chico había reprimido por todos los medios pensamientos burlones, estaba más preocupada por el defecto de su hija. Era muy peligroso si no lo sabía controlar. Podría meterse en demasiados problemas solo por ese orgullo. Incluso ir a una misión suicida en solitario solo por ese Orgullo.

—¿Tú te sientes así?Ella bajó la mirada.

—¿Nunca has sentido eso, que el mundo tal vez sea un verdadero desastre? ¿Y no te has preguntado qué pasaría si pudiésemos rehacerlo partiendo de cero? Sin guerras, sin pobres, sin libros obligatorios para leer en verano.

Todos los semidioses escuchaban atentamente y algunos miraban al suelo con detenimiento como si contaran azulejos. Azulejos inexistentes en el piso de mármol blanco. Más de uno había pensado en eso y como ellos tal vez harían mejor las cosas.

-A mí me interesa eso de no leer libros en verano – murmuro Leo con algunas piezas en las manos y Jason le estaba ayudando a apretar unas tuercas. Jason que lo oyó solo rodó los ojos pero sonreía.

—Continúa.

—Vale, se supone que Occidente representa en buena parte los mayores logros de la humanidad, por eso sigue ardiendo la llama, por eso el Olimpo continúa existiendo. Pero, a veces, lo único que ves es la parte más negativa, ¿sabes? Y empiezas a pensar igual que Luke: «Si pudiese anularlo, yo sería capaz de hacerlo mejor.» ¿Nunca has sentido eso? ¿Qué si tú gobernaras el mundo podrías hacerlo mejor?

Algunos negaron con la cabeza por más que pensaran que tal vez podrían hacerlo mejor, reconocían que no era así. Luke por otra parte hizo una mueca, el si creía poder hacerlo. Que podría mejorar la vida de todos. Pero que quizá no era tan sencillo como alguna vez creyó.

—Eh... pues no. Si yo gobernase el mundo sería una especie de pesadilla.

Muchos asintieron ante esto, ellos pensaban igual que Percy. Si el mundo estuviera en sus manos capaz explotaría en pocos días o tal vez horas. Y la vida como la conocían se extinguiría. Leo era uno de ellos y pensaba que tal vez incendiaria todo al no poder controlar tanto poder. Thalía y Jason por otra parte sacudieron la cabeza, era mejor para ellos en no pensar en poder.

—Tienes suerte. La hibris no es tu defecto fatídico.—¿Cuál es, entonces?—No lo sé, Percy, pero cada héroe tiene el suyo. Si no lo averiguas y no aprendes a controlarlo... Bueno, por algo lo llaman «fatídico».

Pero es demasiado obvio que Cronos ya lo sabe pensaba con pesar Poseidón mirando la mano de su esposa y luego a sus demás hijos.

El defecto del muchacho pensaba Zeus por momentos, pero su mente desvariaba más. Las imágenes se arremolinaban. Ya no dolía pero aun pasaban las imágenes por su cabeza como una película interminable y sólo podía sentir que aún no terminaba. Esto solo es el comienzo había dicho el muchacho.

Pensé en todo aquello y no me sirvió para levantarme el ánimo precisamente.

-A nadie se lo subiría. Más bien lo bajaba porque solo te pones a pensar en que si no lo descubres a tiempo puede acabar con tu vida sin que lo notes – dijo solemnemente Austin y la mayoría suspiro. Los que ya conocían su defecto solo se movieron incómodos.

También me di cuenta de que Annabeth no me había hablado de las cosas personales que habría cambiado, como reunir otra vez a sus padres o salvar a Luke. La comprendía perfectamente; aunque me costara admitirlo, también había soñado un montón de veces que volvía a reunir a mis padres.

-Todos de forma consciente o inconsciente queremos hacer eso ¿es que quien no querría hacerlo? Todos queremos una familia como nos la han enseñado. Con un par de padres que te cuiden – dijo Harley y los dioses miraron con pena a sus hijos que más quisieran ellos quedarse con ellos y sus padres pero eran dioses y no podían. Hera por otra parte solo rodo los ojos con fastidio. Para ella los semidioses en primer lugar no debían existir. En segundo lugar ellos no formaban parte de su familia perfecta ni remotamente. Solo quería que esto acabe y hacer que Poseidón cumpla lo prometido.

Me imaginé a mi madre, sola en nuestro pequeño apartamento de la parte alta del East Side. Intenté recordar el olor de sus gofres azules en la cocina. Pero ahora todo aquello parecía muy lejano.

-Pobrecillo la debe extrañar mucho – murmuro Victoria mientras dibujaba círculos con sus dedos. Ella ya extrañaba a su padre. Amaba las competencias que tenían y amaba verlo en las carreras de autos. Suspiro, esperaba que todo mejorara con la lectura.

Así pues, ¿ha valido la pena? —le pregunté a Annabeth—. ¿Te sientes... más sabia?

Ella miró el horizonte.—No lo sé. Pero tenemos que salvar el campamento. Si no detenemos a Luke...

-Si no me detienen cometeré una de las mayores estupideces de mi vida – murmuro Luke apretando los puños. Hermes lo veía y quería ir con él y abrazarlo pero suponía que aún no era el momento para eso.

No tenía que terminar la frase. Si el modo de pensar de Luke podía resultar tentador incluso para Annabeth, a saber la cantidad de mestizos que estarían dispuestos a unirse a él.

-Demasiados para contarlos – dijeron sombríamente los mestizos griegos, recordando esas batallas y como tuvieron que defenderse de sus propios hermanos tal vez. Luke trago saliva ¿Cuántos se le habrían unido? ¿Cuántos habrían pagado con sus vidas por el ideal de Cronos? ¿A cuántos les mintió diciéndoles que les daría un mejor lugar para vivir?

Pensé en mi sueño sobre la chica y el sarcófago dorado. No estaba seguro de su significado, pero tenía la sensación de que algo se me escapaba, algo terrible que Cronos estaba planeando. ¿Qué habría visto la chica cuando abrió la tapa del ataúd?

-Algo aterrador – susurro sobriamente Thalía con la mirada azul empañada en recuerdos no muy buenos. Annabeth apretó su mano y la chica sacudió la cabeza y la abrazo más por los hombros.

De repente, Annabeth abrió los ojos de par en par.—Percy.

Me di la vuelta.A lo lejos se divisaba otra mancha de tierra: un isla en forma de silla de montar, con colinas boscosas, playas de arena blanca y verdes prados: tal como la había visto en sueños.

Todos se pusieron alerta, recordaban vagamente esa descripción de hace unos capítulos.

Mis sentidos náuticos se encargaron de confirmarlo: 30 grados, 31 minutos norte; 75 grados, 12 minutos oeste.Habíamos llegado a la guarida del cíclope.

-Bien han llegado y se acabó el capítulo – dijo tritón mientras se levantaba y entregaba el libro al dios del sol rogando no volver a leer de nuevo y que esta se las pagaba. Además que el dios no iba a conseguir que él se encariñe con ese hijo de su padre.

-Bien creo que hay que dejar la lectura para mañana. Comamos algo y vayamos ya a acostarnos – dijo cálidamente Hestia y más de uno renegó que quería seguir leyendo.

- Vamos que ya es algo tarde, mañana seguiremos – siguió diciendo Deméter viendo que los más jóvenes ya se estaban durmiendo. A regañadientes asintieron y todos salieron. La familia marina una vez más desapareció de la sala. Esta vez Perseo no fue con ellos, algo le decía que más bien fuera a comer y tratar de entrenar antes de acostarse, que pronto iba a necesitar de mucha energía.