Buenas Madrugadas:
¿Cómo están todas mis cazadoras? ¿Cómo quedaron al terminar de leer el capítulo anterior?... ¿Alguna quedó un poquito sofocada?...EJALEEEEE…jajaja
Sé que dije que el este capítulo lo tendría sí o sí el domingo pasado, pero el mundo muggle se encargó de desbaratarme la intención. Así que varios días después les dejo una nueva entrega de la historia.
A mi me fascinó el capítulo anterior y este me gusta mucho. Es algo parecido al anterior, pero al mismo tiempo un poquito diferente. Lo hice para consentir a mi Ron ya que lo tenía demasiado vapuleado.
Como es costumbre les dejo la canción que acompaña el escrito. Se llama "Are you the one?" y pertenece al guitarrista y compositor Timo Tolkki y cantado por mi vocalista favorita, Sharon Den Adel, del grupo Within Temptation. Es un tema que dice más de lo que pensaba cuando lo escuché hace mucho tiempo para este fic.
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Dedico este capítulo a las lectoras que más me han atormentado para continuarla…jeje
GingerLuna_Grint, Kamila Alarcón. Victoria93. Daniela Weasley
Todas están tan locas como nuestro Ron…
Besos a todas y que tengan unos días muy, pero muy buenos.
Y nos leemos en el siguiente capítulo
Yaem (La Jefa de las cazadoras) Gy
Vino Embriagador de Emociones
Apenas su cuerpo se separó del de Ron pudo notar el frío más desgarrador que pudo sentir jamás. El temblor la recorrió desde la punta del cabello hasta la planta del pie y tuvo que obligarse a sí misma seguir su camino y no dar media vuelta y volver a él y refugiarse en sus brazos.
Al volante, Briana intentaba no perder la atención del camino, pero relámpagos de recuerdos hacían que se encogiera estremecida, que sus manos temblaran, que su piel se erizara. Trataba de no cerrar los ojos y sumergirse en la neblina aturdidora. Sacudía la cabeza y pestañeaba con fuerza para disipar el encantamiento… pues eso era lo que ella creía… que Ron le había lanzado un hechizo irresistible.
Desde la anterior separación, había pasado días en un nada interminable. Cada día las mismas caras, cada día el mismo frío, cada día fundiéndose con la nieve silenciosa de Bulgaria. Sola… marchitándose como una flor congelada.
Había luchado mucho con la terrible necesidad de saber de él. Había buscado su mirada en todo lugar. Y le había dolido el alma ver que no volvía.
Entonces había decidido olvidarlo.
Viktor se había mostrado impaciente por regresar a su habitación y Briana había meditado el volver a su antigua vida. ¿Qué más daba?, Ron se había largado.
Por dos noches había recorrido el cuarto, buscando las huellas de Viktor en él. Descubriendo sus ropas, sus artículos personales, su loción… Intentando impregnarse de la esencia de su marido y aceptar que Ron Weasley solo había sido un arrebato de su corazón. Había querido pegar el aroma de Viktor en la piel y así embriagarse de necesidad, deseo y amor.
Pero nada sintió.
Devastada, había llorado hasta muy de madrugada. Viktor no le producía ese ahogo terrible y maravilloso que ese endemoniado inglés le provocaba. No le hacía vibrar la médula ni le remecía el piso. Nada… y ella no sabía como iba a sobrevivir así.
Esa misma mañana, luego de arreglarse bonito para darse ánimos a sí misma, se había movido por su mundo como una autómata. Había arreglado unos documentos para solicitar la beca para estudiar en Londres, almorzado con Vasilka, quién más que hablar con ella la analizaba. Había Caminado por las callecitas más tranquilas de Plovdiv buscando un nuevo encanto por la ciudad. Apreciar su arquitectura, percibir los aromas, grabar las imágenes del lugar. Solo había durado una hora su paseo. No veía nada que la hechizara.
Al llegar a casa le había pedido a su elfo doméstico la ayudara a reorganizar la biblioteca. Así se relajó un rato escuchando la extraña conversación del pequeño sirviente y catalogando libros, desempolvando, cambiando el sitio de varios de ellos.
De pronto, en medio de su tarea, había recordado que había dejado varios de ellos en su habitación y fue a buscarlos. Hurgó en su repisa, en su armario, en los cajones de la cómoda. Se golpeó un dedo y lo sacudió molesta. Iba a cerrar el cajón con fuerza cuando algo la atrajo. Metió su mano y extrajo un libro que parecía antiguo. Al momento de reconocerlo su corazón había latido con una fuerza atronadora.
Lo tomó con ambas manos y acarició la cubierta como si de un ser muy delicado se tratara. Las letras del título parecían tristes, opacas. Lo abrió y sintió el golpe de la melancolía y del dolor romperle el pecho. Sus ojos abarcaron la nota y aunque se la sabía de memoria, la había leído una vez más:
Gracias por todo lo que hizo por mí. Su pollo en lo mejor que he comido en años y me trajo gratos recuerdos de un pasado más feliz. Perdóneme si la insulté, pero me sentí muy abrumado con atenciones a las cuales no estoy acostumbrado y reaccioné mal.
Le pido lea este libro, tal vez así pueda comprenderme un poco, pues parte de Hogwarts está incrustado en mi interior.
No se inquiete pensando que la molestaré otra vez. No lo haré. Solo espero no haberme ganado un sitio en sus malos recuerdos.
Un agradecido, a pesar de que fue usted quien me provocó la terrible jaqueca que aun me atormenta…
Ronald Weasley
Se había llevado la mano a la boca para ahogar el gemido que pugnaba por salir de ella. Levantó la vista y mirando a un punto inexistente su mente le jugó una broma demasiado cruel. Uno a uno los recuerdos de como ese hombre había aparecido en su vida fueron sucediéndose sin freno; como la había asaltado en la librería, como había insistido con una terquedad odiosa que ella tomara ese libro, como ella se había sentido abrumada con la energía descontrolada de ese desconocido que la acorralaba. Como en un arrebato por escapar de esa sorpresiva situación había actuado como una loca y le había dejado caer en la cabeza el libro más pesado y con la cubierta más filosa de toda la librería y lo había derribado. Cómo él la miraba con rabia, pero sin rabia en realidad. Era como una mirada antigua, sacada de un baúl muy empolvado y que ese hombre le entregaba como una atención muy especial. Recordó cómo su pecho se arremolinó cuando lo tocó y le rodeó el cuerpo ancho con sus brazos al intentar ayudarlo a no perder el equilibrio. Recordó su extrañeza pues ese molesto pelirrojo perecía confundirla con alguien más. Recordó su porfía, su agresividad, y su debilidad, todos mezclados cuando se percató de su error e intentó huir de ella. Pero ya no podía dejarlo ir, él estaba herido por su causa.
De la misma manera que ahora ella estaba herida por su total indiferencia y su lejanía total.
Y desde que había decidido cuidar de él hasta que curara, había bajado sus barreras y ese inglés loco había traspasado el umbral. Desde entonces solo la inquietaba, la confundía, la asustaba. Él había alterado el rumbo de su vida, había destrozado todas sus protecciones, quebrado su prudencia. Desde que Ron Weasley había invadido su vida, Briana nunca más fue la misma. Ya no se conformaba con entretenerse el día entero para no ver la soledad en la que se encontraba, ya no se aletargaba esperando que la muerte la encontrara un día, toda congelada. Ahora quería moverse, sentir el calor de una energía nueva y furiosa que le recorriera las venas y lograra hacer fluir la sangre en ellas. Quería ponerse nerviosa con la expectativa de descubrir que nueva locura podía hacer ese hombre tan impredecible, sentir el calor de su mirada en la piel, sentir el cautivador olor de su cabello, percibir la vibración de su voz en los huesos.
Porque Ron le había vuelto el mundo de cabeza.
Briana cerró la cubierta y apretó el libro en su pecho. Todo había empezado por culpa de ese libro. Y ahora ella se aferraba a él como la última prueba de que todo lo que había vivido no había sido un hermoso pero terrible sueño.
Se había quedado inmóvil y dejado que el tiempo pasara. Ya eran cerca de las seis y la tarde poco a poco empezaría a morir para dar paso a una noche más… una noche más en la nada.
De pronto, Briana había sentido una rabia acuciante. Estaba furiosa, molesta, irascible. Ella había vivido años completos en una tranquilidad absoluta y tenía que llegar ese pelirrojo a arruinarlo todo. A aturdirla, a ahogarla.
No es justo… no es justo que me hagas todo esto y te vayas así, sin más. Yo estaba bien antes de ti… y ahora no sé que hacer después de ti-
Dejándose llevar por el descontrol de un corazón herido, Briana había vuelto a guardar el libro y cerrado el cajón para luego tomar su abrigo y bajar las escaleras raudamente. Campri, su elfo, la vio salir sin dar explicación alguna y tomar el coche para salir disparada por la puerta.
Briana estaba demasiado enojada. Quería reclamarle s Ron todo el desbarajuste que había ocasionado en su vida, quería pegarle fuerte para que le doliera el cuerpo como a ella le estaba doliendo el alma. Quería castigarlo, herirlo.
Al llegar a la lejana pensión, sus manos se habían enrollado al volante como garras. Su pecho subía y bajaba dolorosamente. Su boca temblaba por retener el llanto que hacía estragos en su garganta. Por un momento había pensado devolverse y olvidar ese ímpetu alocado de tonta venganza. Pero se sentía tan decepcionada de sí misma, y tan desesperada por verlo que ya no pudo detenerse y había salido del auto para caminar la distancia con los puños apretados. Había golpeado la puerta y al verlo otra vez el vientre se le había sacudido violento.
Y después… Merlín... que intenso después.
El portón de la mansión estaba ante ella. Detuvo el motor y se quedó mirando las luces con un peso en el estómago. De seguro Viktor habría llegado hace mucho tiempo ya y estaría ahora inquieto por saber en donde se encontraba su esposa. El cerebro de Briana empezó a trabajar a revoluciones asombrosas. Tenía que encontrar una excusa, una excusa creíble, inteligente. No podía llegar y no dar algún tipo de explicación.
Se miró en el espejo y vio que su cabello era un desastre. Sus rizos estaban imposibles. Rápidamente se peinó con los dedos y se hizo una trenza para dominarlos. Se retocó el maquillaje y abrió la ventanilla para que el frío tratara de mitigar el rubor de sus mejillas. Ya no podía seguir demorando el encuentro. Apretó sus puños y se lanzó al desafío.
Al avanzar hasta la puerta no hacía otra cosa que construir historias alrededor de su extraña escapada de la tarde. Al entrar por la puerta le dolió el vientre.
Ama, al fin llega. El amo ha estado muy inquieto-
Campri se había aparecido para ponerla más nerviosa aún.
Le dio una respuesta vaga y caminó hasta el salón en donde Viktor se paseaba de aquí para allá tal cual fuera un león herido. Briana protegió sus pulgares en las palmas y levantó la frente para darse seguridad. Esbozó una sonrisa y pisó el mármol con aplomo. Tenía que lucir tranquila.
Brriana, Por las barrbas de Merlín, ¿Me puedes explicarr porqué estás llegando tan tarde a casa?-
Briana miró al amplio reloj de pie que descansaba en un lugar destacado del salón. Eran las diez y media de la noche. Había pasado casi cuatro horas en los brazos de Ron.
Tuve un contratiempo- contestó evitando debilitar la voz.
¿Qué te pasó? Te busqué en Plovdiv y en la casa de la señorra Pollak. Acabo de llegar-
Fui al otro lado de la ciudad- dijo de repente- me he encariñado con una pequeña a la cual apadrino y ella enfermó. Apenas me enteré salir disparada a verla-
No me habías contado que estabas apadrrinando a una niña- dijo Viktor con el ceño fruncido.
Es que es una situación reciente. Además con todas las actividades que he tenido últimamente no he tenido tiempo de platicar contigo… llee… llego tan cansada que lo único que deseo es meterme la cama y dormir-
Podríamos tener más tiempo juntos si me dejaras volver a mi habitación- gruño el moreno- ¿y cómo sigue tu ahijada?-
Mejor… la revisó un medimago y ahora duerme tranquila-
¿Cuál es su nombrre?-
¿Qué pasa, Viktor? ¿No me crees?- devolvió la pregunta, no sabía que nombre inventar.
Solo querría saber como se llamaba la pequeña. Es una prregunta muy norrmal-
Entonces a la mente de Briana llegó el recuerdo de una humilde familia a la cual había ayudado hace un tiempo y que tenía una hija.
Andrei… es una chiquita de seis años… muy linda-
Lindo nombrre- Viktor la miró un momento y luego miró hacia la ventana- Mañana tengo que ir a Sofía. No puedo posterrgarlo, pero pasado mañana puedo acompañarrte a verrla-
No es necesario- contradijo la mujer evitando mostrarse nerviosa- mejor yo organizo una visita de ella aquí. A su padre no le gusta que mucha gente se meta en su casa. Es un hombre humilde, pero orgulloso-
Debiste mandar algún mensaje. Pude ir por ti. No es bueno que estés sola por la noche-
Briana solo asintió con la cabeza, dio la vuelta y empezó a marcharse del lugar. Viktor trató de detenerla, pero ella no quería que se le acercara. Le dijo que estaba exhausta y que lo único que deseaba era dormirse lo más pronto. No le permitió ni siquiera que le tocara un cabello. Salió a paso rápido y fue por las escaleras sin detenerse ni volver la mirada a él un segundo. Viktor se quedó observándola pero una nube inmensa nublaba su mirada. Una oscuridad que le estaba invadiendo por completo.
Briana cerró la puerta de su habitación y se apoyó en ella. De inmediato se abrazó a sí misma. Se quitó el abrigo y se subió la manga de la blusa para aspirar profundamente con los ojos cerrados. Se embriagó nuevamente con el aroma que su cuerpo llevaba. Estaba impregnada del aroma de Ron. Podía percibir que el mismo aroma venía de su cuello. Toda su piel olía a él.
Merlín, que ganas de volver a ti- susurró
Caminó hasta la cama y se derramó en ella. Aun no podía creer que había vivido el momento más poderoso de su vida. Su mente seguía devolviéndola a ese cuarto allá tan lejos y sus bellos se erizaban al recordar sus besos, sus caricias, su peso sobre ella.
Estoy loca… ¿cómo pude hacer semejante cosa? Me entregué a él. Fui suya… y aun estoy deseando más caricias…-
Estaba emocionada. No recordaba hacerse sentido así con Viktor jamás. La sonrisa escapaba por sus labios y tenía que morderse el labio inferior para controlarla. Cada ráfaga de recuerdos solo la aturdía más. La estremecía más. Ya no podía resistirlo más.
Amaba a Ron con todas las fuerzas de su alma. Y ya no renunciaría a él. Ya no podía. Él era su dueño.
Su amor… él único. El hombre que ella había elegido.
La luz le molestaba. Abrió un ojo y se encandiló con el brillo que venía de la ventana. Su mente aun somnolienta no lograba procesar bien y se acomodó boca arriba refregándose los ojos para despertar bien. Sentía como si hubiera dormido mil años y que su cuerpo hubiera alcanzado al fin el anhelado descanso. Suspiró aun con los ojos cerrados.
Repentinamente se sentó en la cama y abrió bien los ojos. Miró la completa claridad de la habitación y buscó en su mesita de noche el antiguo reloj que lo acompañara por más de ocho años. Al ver la hora no lo podía creer.
Eran las diez y veinte de la mañana. Había dormido muchas horas. La verdad era la primera vez en ocho años que dormía más de cuatro horas.
No podía ni creerlo ni entenderlo.
¿Qué me pasó? Me siento tan relajado. Tan descansado. Tuve el sueño más hermoso de mi vida-
Sonrió. Había soñado con Hermione. Había soñado que ella regresaba y le decía que lo amaba. Que primero le pegaba para luego aturdirlo con un beso vibrante. Que se habían lanzado a la cama y habían hecho el amor como nunca. Tan bueno había sido ese sueño que aun creía sentir su aroma. Como si todo eso hubiera sido real.
Resopló resignado. A esa hora no podría ya saber en donde diablos estaba Yaxley. Era muy tarde para hacer muchas cosas. Se recostó boca arriba y se puso los brazos bajo la cabeza.
No sabía porque se sentía como un muchacho otra vez. Era como si el Ron adolescente asomara para hacerse espacio, dejando al Ron adulto atrás. Estaba a gusto en las sábanas, cosa que no le pasaba desde que estaba en Hogwarts. Estaba sereno y lo que más le divirtió fue que… tenía flojera. No quería hacer nada. Solo quería mitigar el hambre horrorosa que lo estaba atacando en ese instante y divertirse en cualquier cosa. Extrañaba ese grado de irresponsabilidad pues lo hacía sentir humano. Un imperfecto humano.
Frunció el ceño, se miró el pecho y bajó una mano para levantar las mantas y descubrir que estaba completamente desnudo.
Que raro- murmuró.
Ron rara vez dormía desnudo. Solo cuando estaba con alguna mujer y se sentía lo suficientemente seguro. La mayoría de las veces dormía con un atuendo que le sirviera para una huida repentina y siempre con su varita bajo la almohada. Buscó la varita. No estaba. Se confundió un poco más. De pronto, al mover una almohada, el aroma de azucenas regresó a su nariz. La tomó muy extrañado y olfateó profundamente. Ahora si que estaba perplejo.
Entonces los recuerdos le atropellaron sin darle tregua. Briana en su puerta furiosa. Sus reclamos llorosos, sus besos, su calor… Briana y él haciendo el amor.
Briana- susurró
Buscó otra vez el reloj. Era un cuarto para las once. Sus venas se llenaron de furia.
Saltó de la cama y se duchó con rapidez. Vistió su cuerpo a velocidad rabiosa y buscó su varita la cual había terminado bajo el armario.
Dijiste que estarías aquí a primera hora ¡Lo prometiste! Ahora haré las cosas a mi manera… ya no me importa que Vicky me vea, ¡Ya no me importa nada! ¡Eres mi mujer y te voy a traer aunque sea a la rastra!-
Cerró su chaqueta y abrió la puerta con violencia. Estaba furioso, quería torturar a Viktor por retener a su hembra. Nada ni nadie le iba a impedir ir por ella.
Alcanzó a correr un par de zancadas cuando ella apareció a poca distancia. Se miraron un segundo y de pronto Briana soltó el bolso que llevaba en la mano para correr hacía él. Ron Solo pudo extender los brazos y recibirla intentando no caer por la fuerza con la que ella se había lanzado contra él. La alzó y sus bocas se unieron vertiginosamente. Briana le desordenaba el cabello. Lo atrapaba con los brazos. Ron la estrechaba contra su cuerpo acariciando la esbelta espalda. El beso se hizo largo, asfixiante, apasionado. De pronto Ron levantó una mano y como una garra la cerró en la nuca de la mujer, separándola de él y mirándola con enojo.
¿Por qué demoraste? Iba a dar vuelta la mansión en tu busca-
Lo siento- jadeó ella- vine lo más rápido que pude, amor-
No vuelvas a hacerme esto… los celos me estaban volviendo loco- y le devoró la boca en un beso fuerte que lastimó los labios de Briana un poco.
Cariño… Ya no hallaba el momento de volver a tus brazos- Briana le besó angustiosa- Solo pensaba en ti… en tus besos… en tu fuerza…-
Pensé que no regresarías- le mordió el labio entre fuerte y delicado- Iba a destruir Bulgaria si no te encontraba…- la besó sediento.
Ya estoy aquí… contigo… bésame…- le susurró Briana para volver a beber de la boca de Ron.
La llevó en los brazos y cerró la puerta para bajarla y abrazarla sin dejar de besarla. Briana le acarició la mejilla con la nariz y luego ambas narices se rozaron en una tierna caricia. Sus manos entrelazaron los dedos, se fundieron sus miradas. Los corazones brincaban sin freno alguno. Las pieles se erizaban al sentir el calor, la vibración de la vida en el otro. Ron cerró los ojos y pegó su frente a la de ella. Aspiró el hipnotizador perfume y se perdió en el bosque de recuerdos y vivencias. Su cuerpo tenía a Briana. Su imaginación a Hermione. Las tenía a ambas. Ambas eran suyas… solo suyas.
¿Tienes hambre?- escuchó decir a esa voz que le conmovía el alma misma.
Estoy furioso de hambre- le contestó con una sonrisa, sin abrir sus ojos.
Sin aviso la mujer que tenía se soltó de sus manos. Asustado abrió los ojos y la aprisionó cerrando sus manos como un candado de acero sobre el vientre de Briana, abrazándola de espaldas.
¿A dónde vas?- le preguntó inquieto.
Tranquilo… solo voy por mi bolso-
No, tráelo con magia. Yo no pienso soltarte- Y enterró el rostro en los cabellos hasta llegar al cuello de ella
Briana sonrió y cerró los ojos para sentir mejor la pasión que Ron ya estaba vertiendo en ella. Luego, antes de perder la voluntad por completo, agitó su varita abriendo la puerta e invocando un Accio para atraer el bolso. Entonces a duras penas liberó su cuerpo del fiero agarre al que era sometida y pasando por alto las protestas de un Ron que ya estaba muriendo por tenerla otra vez, caminó por el cuarto aproximándose a la mesa. Miró a la cama, cuyas sábanas y mantas estaban revueltas y se giró para preguntar con la mirada a Ron por aquel desastre.
Inexplicablemente me quedé dormido. Al despertar y descubrir que no habías llegado aun, apenas me alcanzó el tiempo para ducharme, vestirme e ir a buscarte- dijo sonriente y algo avergonzado el pelirrojo.
Briana emitió una cantarina risita, se dio la vuelta y se afanó en sacar cosas de su bolso para preparar un desacostumbrado desayuno para Ron. Mientras él, con movimientos de varita, cambió las sábanas, armó la cama y ordenó la habitación. Briana le tomó la mano y lo llevó al costado de la cama para sentarlo y llevarle una bandeja con café, leche, jugo, pan horneado, queso, huevos y mermelada. Ron primero abrió los ojos sorprendido y luego la miró regalándole una de sus más puras sonrisas emocionadas. Feliz, se lanzó sobre la bandeja convirtiéndose otra vez en ese chiquillo que no perdonaba comida alguna y que disfrutaba entretenido cada bocado. Briana se sentó a su lado y bebiendo jugo lo observaba comer casi al borde de la carcajada. Ya antes lo había visto comer ansioso, pero ahora lo veía en toda su plenitud.
Los gemidos de aprobación no se hicieron esperar. Ron bebía un sorbo de jugo, después engullía un gran bocado de pan con huevos, tragaba más que masticar y luego pasaba a beber un sorbo de café. Aspiraba para darse aire y continuaba con la leche y el queso.
Tengo más queso, si gustas- le ofreció ella haciendo amago de levantarse, al ver que el queso se convertía en un mero recuerdo al cabo de un rato. Ron sin embargo le retuvo tomándole de la mano y la acercó un poquito más.
No, con lo que comí está bien. Pero tú solo has bebido jugo-
Ya comí algo- Dijo ella un poco incómoda.
¿Desayunaste con él?-
No tenía opción-
¿Le dijiste lo nuestro?-
Briana se mordió el labio inferior.
No tuve el valor aun-
Ron la observó con seriedad. Bebió el último sorbo de café y se levantó para dejar la bandeja en la mesa. Se detuvo dándole la espalda y eso puso muy nerviosa a la castaña.
¿Por qué no quieres contarle que amas a otro hombre? ¿Por qué seguir manteniendo la fachada? No es justo ni para él ni para mí-
Muy pronto se vio rodeado por unos brazos delgados, pero que lo abrazaron imperiosos. Briana pegó la frente a su espalda y empezó a acariciarle el pecho delicadamente.
Ron… por favor, dame tiempo, te lo pido-
Demoré tanto tiempo en encontrarte… ya no quiero seguir esperando-
Solo un tiempo más. Déjame preparar el terreno, hacer…-
¿Es tan difícil decirle: amo a otro?- interrumpió Ron, en un gruñido doloroso.
Merlín- Briana hundió el rostro en la espalda de Ron- No puedo desechar a Viktor como a un trapo sucio. Es un buen hombre… merece algo mejor que eso.
¿Y yo no? –
Tú tienes mi amor- Briana levantó el rostro para quedarse mirando el cabello de Ron con ansiedad- Yo te amo… eres mi único amor-
Ron alzó el rostro al cielo y cerró los ojos. Cada palabra de ella le llegaba en lo más profundo.
No quiero compartirte… no quiero morir de celos cada vez que te alejas de mí- susurró.
No me compartes con nadie… ayer me hiciste tuya y ahora me es imposible aceptar a otro… Eres mi dueño, Ron… -
Escucharla decir que le pertenecía lo descontroló. Giró su rostro a la derecha y lo bajó haciendo que Briana se alzara para alcanzar su boca y lo besara. Después se giró por completo y empezaron otro beso intenso que fue desatando el fuego que ardía en sus cuerpos y en sus corazones.
Luego la pasión hizo el resto.
Prenda a prenda, fueron olvidando todo lo que los rodeara. Desnudos desde la cintura hacía arriba, entrelazaron las lenguas en una lucha sin tregua. Los dedos de Ron tocaban la suave piel desde la nuca hasta el límite que la falda de Briana cubría. Se paseaban por la espalda, por los costados, viajaban ávidos por los pechos. Subían de nuevo a la garganta tierna y terminaban acariciando las facciones que tanto amaba. Las manos de ella abarcaban en palmas abiertas el cuello fuerte, los hombros, los brazos poderosos. Luego se perdían en la amplia espalda levantando una de ellas para aferrar la nuca de su hombre y atraerlo demandante para que la besara más profundo. Mas tarde, esas manos devoraban hambrientas el vientre y el torso vigoroso. Ya traspasada por el aguijón del deseo, sus labios abandonaron los de Ron para disfrutar el aturdidor sabor del pecho fiero. Pronto era su lengua la que acariciaba con apetito voraz ese torso. De la garganta de Ron salían ruiditos excitantes que probaban que lo estaba volviendo loco.
La mano de Ron empezó a acariciarle los cabellos mientras suspiraba con los ojos cerrados. Estaba demasiado consciente de las manos de ella tocándolo, acariciándole la espalda, el abdomen, el torso. Era aun más consciente de los besos y las caricias de su lengua deslizándose en los pectorales, quemándole la piel, produciéndole un choque eléctrico que te tensionaba cada músculo. Nunca antes había caído bajo el embrujo sensual de ninguna mujer, pero ahora no podía resistirse a nada. Ella lo seducía, lo excitaba, le daba alas inmensas y lo hacía volar más allá de toda realidad.
Quiero acostarme contigo– gimió atormentado por el estrago que la boca de Briana estaba causando en su pecho.
Briana sonrió pero no dejó de atacarlo. Se sentía tan poderosa al poder encender el fuego de ese hombre, excitarlo, apasionarlo. Quería doblegar todas sus resistencias. Quería dejar a ese macho violento y enigmático convertido en arcilla en sus manos.
Ron la separó de su torso para apropiarse de su boca. Quería llevar la voz sonante en el momento. Quería imponerse como su dueño. Como el cazador que era. Pero Briana ya había descubierto un punto débil en él.
Luego de dejarse besar apasionadamente, ella había bajado con sus labios por el cuello hasta quedarse prendada de la manzana de Adán. Ron suspiró. Ella siguió devorando su cuello, su garganta. Él ya no podía hacer nada más que sentir. De pronto, Ron abrió los ojos al sentir las manos de Briana tan cerca del borde de su pantalón. Los abrió mucho más cuando comprendió que ella estaba desatando el cinturón, para luego deshacerse del botón que ceñía la prenda a su cintura. Lo estaba desnudando.
Y se sintió dominado.
Una mujer estaba domando al Cazador.
Una vez desnudo, Ron solo se dejó llevar por ella. Se dejó tocar, se dejó besar. Se metió entre las sábanas desquiciado por los besos de Briana en su vientre. Luego ella subía y le atacaba la boca. Él enredaba los dedos en los cabellos, recorría con ellos la aterciopelada espalda. Las lenguas se acariciaban felices.
Una sonrisa, un brillo encandilador en la mirada. Un susurro entre besos. Los Labios de ella entretenidos en su oreja. Briana despeinando sus rojos cabellos. Él… él agitado al sentir que ella le tomaba de las muñecas y las ponía por sobre su cabeza.
Deja las manos así- escucho en un seductor susurro– Déjate hacer, Ron–
¿Qué quieres hacer conmigo?- preguntó sonriendo pero con los ojos cerrados
Tenerte… te quiero mío… solo mío–
Luego de esas palabras, Ron sintió sobre su cuerpo el deseo desbordado de su mujer. Sus manos recorriéndolo por completo, cada centímetro de piel. Sus labios suaves quemando todo lugar por el cual pasaban. Sus dientes dejando marca en el cuello, en el pecho. Ron gemía, pero seguía entregado a los placeres de ella. Briana muy pronto hizo que bajara el brazo izquierdo para dejarlo extendido hacia el borde de la cama y atacó su hombro, para bajar luego por él. Las marcas de dientes enterrados en la piel eran a veces profundas.
Ron se quejó. Sentía dolor a veces, pero se mezclaba con una ansiedad y una excitación deliciosa. Briana se incorporó y sin mayores preámbulos se quitó el resto de su ropa. Ron sentía que a cada prenda despojada, su deseo se incrementaba. Ella se estaba desnudando para él.
Después la lujuria los tomó de la nuca a ambos. Besos furiosos, caricias prohibidas, lenguas en batalla campal. Un huracán desatado que los empujaba en la cama, abarcándola. Estaban desatados.
Piel con piel, el estremecimiento por el placer mutuo les hacía recorrer esa senda que ambos nunca habían explorado. Ron nunca había sentido a la bestia en él tan desenfrenada, tan sexual y emocionada al mismo tiempo. Nunca una mujer lo había dejado tan satisfecho en la cama, y nunca antes había amado de verdad a una mujer de ese modo como lo estaba haciendo con ella. Briana, descubría con sorpresa que Viktor ni una sola vez la había hecho sentirse tan mujer, tan hembra. La fuente más íntima de su ser se había desbordado y ahora ella quería volar libre, sin miedos, sin pudores… solo ser una hembra que deseaba enloquecer a su macho. Amándolo como nunca había amado a nadie.
El tiempo fue pasando. La mañana en Plovdiv era fría, pero despejada. El sol se reflejaba en la nieve creando destellos que a veces enceguecían un poco. Por la vieja avenida no pasaba alma alguna. Febrero estaba a la vuelta de la esquina y parecía que sería menos crudo de lo que Enero había sido. El paisaje ese día era más hermoso, no gris, no triste. Era el reflejo de una esperanza.
Mas, ni Ron ni Briana eran testigos del bello día que les sonreía con picardía desde la ventana. Para ellos no existía nada más allá de los bordes de esa ardiente cama. Solo eran conscientes de los gemidos, de los jadeos, de las palabras de deseo y de amor mezcladas en susurros arrebatados. Briana gemía su nombre, Ron mordía sus labios cada vez que un "Hermione" se le atragantaba en la garganta, al darse cuenta de con quien estaba y un "Briana" ronco liberaba el dolor que esa garganta contenía. Afuera en la calle el frío rondaba en las sombras, adentro de la habitación el calor caldeaba con brutalidad.
Dos cuerpos humedecidos y palpitantes se dejaron caer uno junto al otro, agotados. Ron jadeaba con fuerza, muerto de cansancio y placer. Briana suspiraba y esbozaba una sonrisa amplia, loca, feliz. Estaba entretenida sintiendo el cosquilleo descontrolado en la planta de los pies, algo nuevo para ella. Solo la tarde anterior había sentido algo igual, siempre después de un potente orgasmo. Ron se quedó inmóvil perdiéndose del mundo, atacado por el sueño y por la desconexión de su cerebro, producto de la momentánea falta de irrigación sanguínea. Quería seguir embriagado en el vaivén de las sensaciones que aun no abandonan su cuerpo. El corazón lo tenía brincando muy contento. Quería descansar.
Pero no contaba con que la mujer a la cual había poseído hubiera quedado tan dichosa y satisfecha. Briana se giró a su izquierda y pesa de una felicidad incontrolable se echó sobre él y empezó a darle pequeños besitos en el cuello, el torso, los brazos, el rostro. Luego comenzó a jugar con el cabello rojo mientras seguía besando la piel entre sonrisa y sonrisa.
Quieta… quieta– se quejó Ron entre agobiado y entretenido– ¿No estás cansada?–
Ya no– le dijo ella para luego atacar otra vez el cuello– Lo que estoy es… ¡Feliz!– y derrochó en los labios de Ron una catarata de besitos.
Para… – rio el pelirrojo – Me vas a ahogar– pero nada hacía por detenerla. Solo sonreía con los ojos cerrados. Ella seguía con los besos – Vas a terminar matándome–
Es que estoy tan contenta…– le besó el mentón – me siento viva – Luego la mujer se llevó los dedos a los labios hinchados con gesto de molestia – Tu barba pica –y rio.
¿Crees que mi barba me defenderá de tu ataque?– preguntó él llevándose una mano a la quijada, tocándose los bellos rojizos que asomaban en ella.
Tal vez te salve por un rato, mientras me dedico a morder tu cuello – le dijo ella ya completamente acostada sobre él y colocando ambas manos en el pecho de Ron y apoyando su propio mentón en ellas – tu barba crece rápido –
¿La rasuro?– inquirió el hombre abriendo un ojo, espiándola.
No… hoy, no… te ves… sexy así –
Ron abrió el otro ojo y descubrió una sonrisa traviesa y hermosa en la mujer que yacía sobre él. La contempló admirando el color de sus ojos, el rosado de sus mejillas, el cabello adorablemente alborotado. Pasó uno de sus dedos por esa boca que estuviera a punto de sofocarlo solo hace un momento y la acarició delicadamente.
Tus labios están muy rojos e hinchados. Tus ojos brillan. Tu si que te ves sexy –
¿Lo crees?– Briana se humedeció los labios
¿Intenta seducirme, my Lady?– y sonrió de medio lado coqueto.
Siempre– susurró ella para moverse rápido y robarle un beso asfixiante.
Lo dejó de besar de pronto, dejándolo con la pasión asomándose en la boca. Ron entre abrió los ojos y la encontró sonriente observándolo expectante. La muy bandida estaba jugando. Jugando con su fuego.
La tomó de la nuca con ambas manos, tomando también todo su cabello en el mismo intento. La atrajo y le devoró la boca, tirando un poquito del pelo. Luego con una sola mano se apoderó de los rizos y del cuello suave y con la otra la abrazó con fuerza. Ese era un acto de plena dominación. Él era su hombre, ella le pertenecía. Y quería que eso le quedara completamente claro.
Pronto Briana empezó a moverse inquieta, intentando romper el beso. Ron en cambio lo profundizó y al soltarla ella aspiró aire, desesperada.
¿Sofocada?– le dijo divertido.
Tonto– se quejó ella – Casi me matas – e hizo un puchero tierno.
Entonces estamos a mano – sonrió él más ampliamente. Le acarició la mejilla y ella se refugió en su pecho ya más tranquila. Ron suspiró y dejó viajar sus dedos por los rizos con ternura.
Se quedaron así, envueltos en el silencio. Ron disfrutaba cada segundo de ese abrazo total. Sentía como las piernas de Briana entrelazaban las suyas. Como los senos de ella quedaban aprisionados en su torso. Olfateaba el exquisito perfume de los cabellos. Percibía la delicadeza de la piel.
Nunca me había sentido tan en paz como ahora – Le susurró – Teniéndote en mis brazos así-
Yo tampoco… Siento que nada me puede herir… Como si tu cuerpo fuera una coraza que me protegiera de todo– le devolvió ella en otro susurro.
Otra vez el silencio los invadió. Estaban muy a gusto viviendo ese momento de total entrega. La mañana ya había pasado y la tarde vivía.
Súbitamente un gruñido feroz los alteró a ambos. Briana levantó ágilmente la cabeza y lo miró con una sonrisa divertida y los ojos muy abiertos y Ron rio con las orejas rojas por la vergüenza.
La bestia está hambrienta– dijo – Está muy furiosa– y sonrió.
Entonces debo saciar su hambre – Le contestó Briana, pero entonces otro gruñido, algo menos terrible, reventó en el ambiente.
Vaya, vaya… la dama también tiene una bestia dentro – y rio de nuevo complacido.
Tu tienes la culpa – Dijo Briana ruborizada, pegándole un pequeño manotazo en el brazo.
La castaña se deslizó de entre los brazos de Ron y Miró al suelo. Extendió el brazo y tomó la camisa de franela del pelirrojo. Ron frunció el ceño curioso, pero luego la disfrutó ataviada con su prenda. Parecía vestida con un pequeño vestido que le tapaba hasta casi medio muslo. Briana tenía abrochados los botones de tal manera que dejaban a la vista un muy bonito escote, dejando el resto del torso y el cuello sensualmente desnudos. Los cabellos desordenados caían por la espalda en libertad absoluta. Se veía agresivamente seductora.
Las manos cuidadas se movieron vertiginosamente sacando cosas del bolso. Ron parpadeó un poco al ver salir de él un recipiente grande, junto a unos platos, servicios, vasos, Jugo… y otras cosas que parecían imposibles que un bolso mediano contuviera.
Nuevamente le recordó a Hermione… a ella y a su mágico bolsito de cuentas.
¿Trajiste toda la casa en el bolso?–
No – sonrió ella– Pero esta es la razón por la cual demoré en venir. Quería cocinar para ti–
Al cabo de un rato, Ron tuvo ante él una bandeja rebosante de comida. Estofado, papas con mayonesa, pudín, ensaladas, jugo, pan. Y en la mesa habían quedado el postre y unas piernitas de pollo. Briana se sentó a su lado en la cama llevando dos copas y un vino que Ron no pasó desapercibido. Tomó la botella de las manos de la castaña y sus ojos centellaron.
¿Dónde conseguiste esto?–
¿Lo habías probado ya?– Sonrió la mujer.
Hace tiempo. Lo descubrí en un viaje a Sudamérica. Es mi vino favorito desde entonces, pero es la primera vez que comparto una botella con tan hermosa mujer–
Yo lo descubrí en España. Hace casi cinco años. Me hice amiga de unos magos que me lo presentaron. Ellos son muy orgullosos de su vino –
Ron abrió la botella y vertió un poco del contenido en cada copa. Chocaron los cristales y él probó el líquido tinto. Suspiró complacido.
Carménere Chileno… Merlín… mi dicha es completa–
¿Tanto te gusta?– preguntó Briana sonriendo detrás de su copa.
Me fascina… pero me recuerda que una vez estuve demasiado solo– Acercó su rostro y Briana terminó con la distancia para regalarle un beso– pero este vino sabe mejor en un buen local del cerro Alegre, frente a la Bahía de Valparaíso, en Chile. De noche el lugar es precioso. –
No conozco el Chile. Jamás he viajado tan lejos–
Un día – le dijo Ron besando fugazmente sus labios– Un día te llevaré y disfrutaremos una botella mirando la bahía en una noche de verano. –
Briana sonrió emocionada
¿Me lo prometes? –
Ron se perdió en esos ojos ámbar oscuro que ahora lo miraban ilusionados.
Te lo juro– susurró
Y se besaron de nuevo.
El almuerzo estaba delicioso. Ron degustaba feliz los platos y los celebraba con un sorbo de vino cada tanto. Briana también se dedicó a su comida. Se reía de si misma ya que Ron comía con tanta efusividad que se sentía contagiada y cuando tomó conciencia, había comido más de lo que nunca había comido en su vida.
Merlín… tu cocina es fabulosa. Quizás solo mi madre podría rivalizar contigo– Dijo Ron antes de acribillar a mordidas una pierna de pollo.
¿De verdad te gusta? Entonces hice bien en aprender–
Ron la miró intrigado masticando su pollo. Briana rio bajito.
Yo no sabía cocinar. Era pésima. No recuerdo jamás haber tomado un solo libro de cocina. Hasta los huevos se me quemaban- rio– Al llegar a Bulgaria me sentía inútil. Entonces conocí a mi única amiga en este lugar, la señora Pollak. Una anciana muy dulce que prácticamente me adoptó como nieta. Ella siempre me decía: "Briana querida, los libros te adornan muy bien, pero un hombre te encontraría más hermosa si además de leerle le pones en frente un buen plato de comida. Ninguno podría resistirte"– rio de nuevo– Ella me puso bajo su tutela y pasé meses aprendiendo y aprendiendo. Yo sentía que debía aprender a cocinar, que eso era una necesidad que debía cubrir y al final… aprendí de la mejor–
Eso quiere decir que este festín se lo debo a la adorable ancianita. Pues– Tomó la botella y llenó nuevamente las copas– Hagamos un brindis por ella–
La castaña arregló un par de mechones detrás de su oreja y alzó la copa a la par de Ron
Por Vasilka – dijo risueña
Por Vasilka, la mejor maestra de cocina… pero dudo que sea mejor que mamá–
El postre fue relajado. Ron saboreaba un delicioso trozo de pastel de Lúcuma mientras Briana le tenía abrazado de la cintura y apoyaba la mejilla en su espalda. Paulatinamente ella fue aspirando su aroma para luego dejar pequeños besos que lo desconcentraban de su postre. Ron sonreía, suspiraba y luego tomaba otro bocado. Se sentía tranquilo. Todo temor, preocupación, presión y dilema se habían disipado de su mente y su corazón. Había olvidado todo, la misión, el peligro, el complot en Inglaterra, A Harry, a James, a Lestrange, a Yaxley, a Krum… y a su hijo en el vientre de Susan.
Porque su mundo era esa habitación y su único aliento era Briana.
¿Satisfecho? ¿O quieres más pastel?– le preguntó esa vocecita en su espalda.
Estoy bien de pastel… pero aun no estoy satisfecho– susurró y moviendo la bandeja con la varita la dejó en la mesa.
¿Y que quieres comer ahora? Ya no sé como saciar tu hambre– dijo la castaña preocupada.
Ron sonrió le tomó de la solapa de la camisa para atraerla y bajo ambas manos hasta el primer botón, desabrochándolo.
Quiero que sacies otra hambre… una más apremiante ahora– Y volvió a tirar de la camisa para atraparla.
Lentamente, botón a botón, el pelirrojo fue descubriendo el postre más deseado. Briana esperaba temblorosa cada avance. Su pecho subía y bajaba en angustiosa ansiedad, atravesada por la mirada ardiente del hombre que la desnudaba. Ron, saciado en su hambre humana, se deleitaba sacando cada botón sin dejar de mirar directamente a sus ojos. Desde que la viera así, solo ataviada con su camisa y sabiéndola desnuda debajo, había empezado a juntar otra hambre, una erótica, más acuciante y brutal. Quería estar dentro de ella de nuevo.
Una vez lanzada la camisa a su suerte, fue recostando a su mujer para subir sobre ella. Se apoderó de los senos, los acarició febrilmente. Quería provocarla, excitarla. Acercaba su boca a la de ella pero no llegaba a besarla. Solo rozaba una que otra vez la piel de sus labios, tentando el deseo de Briana. Luego, cuando ella sucumbía y le aferraba de la nuca para cazarlo, él movía el rostro haciendo que Briana terminara besando su mentón y su cuello. Jugó así con ella un rato hasta que ella, presa de la frustración por el beso ofrecido pero no dado, Le mordió el hombro, rabiosa.
Ron gimió de dolor y deseo.
Encendido ya por la necesidad mutua de un contacto más íntimo, Ron empujó las piernas de Briana para abrirlas y levantarlas con demanda. Ese tirón dominante de su hombre fue respondido por Briana con un jadeo estremecido que solo lanzó más combustible en el incendió en el cual Ron se consumía.
Cayó sobre ella como cae el león hambriento sobre la tierna gacela. La estrechó con fuerza, con dominio, la atiborró de besos candentes, de caricias desenfrenadas. Se fundió en ella impaciente. Briana sentía su fuego, su potencia, su hambre exigente. Lo rodeó con sus brazos y recibió el brío de sus acometidas destilando pasión en su grado más puro. Las manos de él le presionaban los muslos. La boca de él le quitaba el aliento. El peso de él… la aplastaba de lujuria.
Ron… Cariño…Te amo…– loca. Estaba loca ya. Le desordenaba los cabellos rojos con energía y él se frotaba más en ella.
Los amantes se dejaron guiar por el fuego, el deseo, la pasión, el amor más fiero. Ella lo amaba hasta la médula, él la necesitaba más allá del desequilibrio. No podían controlar la marea intensa que los arrastraba lejos. No podían decirle al amor que los soltara. Estaban cautivos de su arrebato.
Las manecillas del reloj que Ron había tirado al suelo en la mañana para poder librarse de ataduras y entregarse a Briana, se movieron serenas ignorando por completo a los dos seres que saciaban su hambre en la cama. El sonido monótono no se detuvo a la par de los cuerpos cuando el placer los frenaba, ni se accionaba otra vez para alcanzarlos en la velocidad de su pasión al recomenzar. Sin interrupción alguna estas manecillas de repente marcaron las siete y la noche ocultó la evidencia en su capa más tersa.
Mientras, la botella de Carménere mantenía resguardado un cuarto de su contenido, a la espera de que lo reclamaran por fin.
Ron casi dormitaba intentando recuperar fuerzas, Briana se entretenía jugando con la piel del abdomen de su hombre usándola como lienzo para dibujar figuras inexistentes. Su mente estaba reviviendo cada momento vivido ese día, cada beso, cada caricia, cada palabra. Estaba abrumada y tenía miedo. Ya no sabía vivir sin él.
¿Cómo era posible que se entregara tanto a ese hombre? ¿Cómo había permitido que él la dominara de esa manera? ¿Y si todo esto era solo una quimera terrible y él la dejaba luego de tantos besos y tanta pasión? ¿Si él nunca llegaba a cumplir su juramento?
Él parecía muy decidido, parecía amarla como si ella fuera el aire mismo. Le exigía dejar a Viktor, pero aun no le pedía ir con él. Solo el día anterior le dijo que la amaba, en medio del fuego y el placer. Pero hoy esas palabras habían sido inexistentes.
"Pero me dice que esta en paz cuando me tiene con él. Que iba a destrozar Bulgaria si no regresaba a sus brazos" pensaba.
¿Por qué estás tan callada? – Preguntó Ron con los ojos cerrados.
¿Qué somos, Ron? ¿Qué nombre debemos darle a esto que nos envuelve?–
Ron se giró para verla.
¿Un par de locos que se necesitan irremediablemente?–
¿Me amas?–
Esa pregunta lo inquietó. Sabía ya que la quería, porqué la potencia con que la hacía suya nunca antes la había sentido. Además, temblaba en los brazos de Briana, sucumbía a su voz, a sus besos. Pero ¿La amaba? ¿Acaso toda esa emoción no era producto del maravilloso parecido de ella con su adorada Hermione? Entonces… ¿No era a Hermione a la que amaba a través del cuerpo de Briana?
El dolor en el pecho le decía que esa era la respuesta correcta.
Contigo siento que puedo salvar mi alma del infierno. Me diste un día maravilloso–
¿Pero sientes este ahogo que no te deja respirar?– De pronto Briana se angustió.
¿Tú lo sientes?–
Me está matando– Gimió ella con los ojos húmedos.
Ron la tomó de las mejillas y la besó con ternura. La acunó en su pecho y le daba pequeños besos en la frente tratando relajarla. Ella lo abrazaba con fuerza, prácticamente quería convertirlo en parte de ella.
Por ti he empezado a hacer cosas que jamás pensé– comenzó Briana– Hoy debería haber ido a Sofía, Tengo tanto trabajo en una galería de arte y además… estoy forjando un jardín de niños… tantas responsabilidades y sin embargo– hundió su rostro en el pecho de Ron– Lo abandoné todo por tus besos, por tus caricias… me haces perder la cabeza–
Yo tampoco hice nada de nada hoy – le respondió él– también tengo muchas cosas que me requieren. Situaciones muy… serias… pero lo dejé todo por tenerte en mis brazos otra vez… eres adictiva, embriagante… Me siento vivo contigo–
Poco a poco un sonidito lastimoso se escuchó en medio de los brazos del pelirrojo. Ron cerró los ojos y se lamentó profundamente. Movió a Briana y la miró para confirmar su sospecha. Allí estaban, delicados diamantes blancos brotando de esos ojos bonitos.
¿Por qué lloras?- preguntó el pelirrojo acariciándole tiernamente la mejilla.
Porque ya no puedo contener la emoción que tengo dentro- Dijo Briana entre gemiditos llorosos- he estado perdida tanto tiempo... pero en tus brazos ahora me siento en mi hogar –
¿Perdida?–
Briana movió la cabeza afirmativamente.
A veces, sentía que no pertenecía a ningún lugar – hizo un puchero– Que todo en mi vida estaba mal… Algo me faltaba… Y con los años me fui acostumbrando a que solo estaba pero nunca era… y un día, un pelirrojo me acorraló en una librería, empeñado en que mirara el libro que llevaba en la mano. Y sentí angustia, curiosidad, miedo… miedo a lo que no conocía y que siempre esperé… Estaba sintiendo, viviendo y me asusté… y aturdí a ese pelirrojo rompiéndole la cabeza con otro libro- Sonrió en medio de las lágrimas– Pero ya no pude escapar de él… y él… él me atrapó–
Ron también sonrió pero nada dijo. Solo se limitó a secar las lagrimitas una a una.
Y lo peor – continuó la castaña– es que lo amo… y no sé quien es él en realidad. Ahora me muevo en la incertidumbre más aterradora. Sin pistas, sin saber a donde voy a llegar a dar–
Linda…– susurró él. No sabía que decir.
Es raro vivir entre la certeza y la incertidumbre. Siento que contigo me encontré a mi misma, pero no logro encontrarte a ti–
Estoy aquí. Este que ves aquí… soy yo… Bruto, irascible, celoso. Un hombre al que haces feliz con un plato de comida y un beso en los labios. No soy un erudito. No tengo dinero, ni cultura, ni fineza. Golpeo primero y pregunto después. Amo y odio con una pasión que puede llegar a matar. Si quiero puedo ser dulce con facilidad y con esa misma facilidad me llego a enojar mucho… Soy flojo– sonrió– soy egoísta… solo soy Ron–
Pero guardas un secreto–
Todos guardamos secretos, bonita. Y hay secretos que no son fáciles de revelar–
¿Nunca me lo dirás?– Briana sintió que el nudo en la garganta estaba más grueso
Dame tiempo… hoy no me lo pidas… hoy ámame… hoy se mía– susurró.
¿Y tú eres mío?–
Estoy en tus brazos, muero por tu beso… ven…–
La acercó y le besó tiernamente. Ella lo tomó de la nuca y lo estrechó fuerte.
Se sentía dichosa y herida al mismo tiempo. Dichosa porque él la besaba, la acariciaba, le exigía amor. Herida porque él seguía siendo un bosque infranqueable, misterioso, impredecible. Ella lo amaba, lo necesitaba. Él era él aire, el agua, la luz. Ella quería ser su dueña. No quería compartirlo con nadie, ¡No iba a compartirlo con nadie!
¿ Vas a quedarte?– escuchó el susurro en el oído
No puedo–
Briana…–
Sabes que no puedo–
Repentinamente todo ese calor tan sublime y delicioso se esfumó. Ron se alejó de ella y se sentó en la cama abrazando las piernas con los brazos por sobre las mantas.
No te enojes– le suplicó sentándose ella también– Sabes que no puedo quedarme… mañana ni siquiera podré venir–
¡¿Cómo que no podrás venir?! ¡Tienes que estar aquí, con tu hombre!– Le encaró Ron cambiando la suave marea de sus ojos por una tormenta furiosa.
¡Tengo cosa que hacer!… ya te dije, Hay gente que confía en mí, en mi trabajo. Me gusta lo que hago. ¡No voy a tirarlo todo por la borda solo porque tú lo ordenes! –
¡Eres mi mujer!–
¡Tu mujer, no tu esclava!–
Briana se levantó de la cama y tomando la varita encendió las lámparas. Tomó su ropa y se fue vistiendo sin mirar una sola vez al tonto idiota que la miraba enojado. Ron también se levantó, lanzando lejos las mantas. Fue cubriéndose el cuerpo prenda a prenda mascullando bajo en forma que Briana no podía entender nada de lo que decía. Pronto la mujer fue guardando las cosas en el bolso y dolida se puso el abrigo para marcharse. Quería irse luego para poder llorar de camino a casa.
Pero la mano de Ron la detuvo.
No te vas sola–
Sé cuidarme–
Te acompaño–
No–
No fue una pregunta–
Déjame ir–
¡Por todos los demonios! ¡ya cálmate! Hemos vivido un día precioso, no quiero que termine así. Quiero sentirme feliz, no enojado. Entiende que no fácil para alguien como yo tener que aceptar que la mujer que lo enloquece lo deje cada noche porque debe ir a dormir a la casa de otro–
Pues es la misma frustración que siento yo al no tener tu confianza. Ni sentirme segura de tu amor. Yo me entrego completa a ti, pero tú no– Briana luchaba para no derramarse en llanto frente a él.
No quiero pelear– rogó Ron– Lo que quiero es besarte, aprovechar cada minuto que me das… La noche será muy larga y mañana no vendrás… No me quites el poco tiempo que aun me queda–
Briana gimió, Ron la miró con ansiedad. Ella se lanzó a sus brazos y lo besó con el llanto atorándose en su pecho. Él la estrechó y correspondió el beso tan lastimado como ella. La alejó un poquito y le retuvo el rostro con las manos.
Ya no llores más. Tonta, tonta… No sabes el sacrificio que hago solo con la esperanza de tenerte en mis brazos otra vez. No puedes decir que no me entrego a ti. Que no siento nada por ti–
No me hagas llorar entonces. Ámame, Ron… – Y cerró los ojos esperando un nuevo beso.
El camino a la mansión era lento. Ron en verdad consumió cada minuto como si fuese su última gota de agua. La apretaba contra su pecho. La acorralaba robando infinidad de besos. Conversaron pausado, acordando la nueva cita. Ella iría a Sofía al día siguiente y él se encargaría de la postergada compra de la cabañita que había decidido antes de que ella volviera a sus brazos. Ella le había dicho que tenía que continuar con sus actividades y él tuvo que resignarse a tenerla día por medio por unas horas.
Al llegar a escasos metros del portón Ron convirtió sus brazos en inquebrantables cadenas. Hundió el rostro en el cuello de Briana y aspiró bocanadas de perfume. No quería soltarla, no quería dejarla ir.
Ya es tarde, cariño– Le susurraba ella apoyando su mejilla en la cabeza de él.
Solo un minuto más–
Pronto me tendrás muchas horas–
Pero aun falta tanto para eso–
Te amo… no lo olvides… Solo a ti te amo–
Ron le levantó la barbilla y la giró suave para poder besarla por última vez. Ella se giró por completo y lo besó con la mayor de las ternuras.
Prométeme que él no volverá a tocarte–
Te lo juro–
Ella se soltó y se fue alejando, dejando a Ron huérfano en el crudo frío de Bulgaria. Él la vio extender la distancia y apretó los puños para controlar el deseo rabioso de tomarla de una muñeca y llevársela lejos, muy lejos.
Pero entonces Briana hizo un movimiento impredecible.
Giró en sus talones y corrió hasta él para darle un beso terrible y hermoso. Después lo soltó rápido y se metió en la propiedad silenciosa corriendo sin parar.
Dejó a Ron emocionadamente sobresaltado.
Mujer… No sabes lo que estás haciendo conmigo. Me recuerdas tanto a ella–
La luz de una luna pálida lo acompañó en su regreso. Cerró la puerta del cuarto y encendió las luces. Contempló la botella de vino que seguía quieta junto a dos copas. Caminó hasta ella y la acarició con ternura. Tomó una copa y no le importó que tuviera residuos del último trago, Vertió una cantidad generosa en ella y la bebió sin pausa pero lentamente.
Tomó una determinación. Como fuera se la iba a arrebatar a Krum.
No pude tener a Hermione, pero a ti no te pienso perder… Te llevaré conmigo, – Miró la botella– Y pasearé de tu mano por Valparaíso. Te lo juro, Briana– Bebió la última gota de la copa.
Nadie iba a interponerse en su camino. El Cazador había elegido a su presa, Iba acecharla a ella, iba a seguirla a ella, y la cazaría… solo a ella, nada más que a ella.
