Disclaimers:

Los personajes le pertenecen a la mejor escritora S. Meyer. La historia es una adaptación y le pertenece a la escritora Tracey Garvis G.


Capítulo 28

Bella

Bo y yo caminamos por las calles durante horas, su correa llego a desengancharse un día cálido de septiembre y pase unos frenéticos diez minutos tratando de alcanzarlo mientras galopaba por la acera, zigzagueando a través de la multitud.

Finalmente, me acerque lo suficiente para agarrar su collar y ajuste la correa de nuevo, aliviada. Un niño pequeño estaba a unos pasos de distancia, mirando desde una puerta abierta que daba a la calle. El letrero sobre su cabeza decía refugio familia.

-¿Ese s tu perro? –pregunto llevaba una camiseta a rayas y necesitaba un corte de cabello. Pecas salpicaban su nariz y mejillas.

Me puse de pie y lleve a Bi hacia él.

-Si, su nombre es Bo. ¿Te gustan los perros?

-Si, especialmente los amarillos.

-Es un Golden Retriever, tiene cinco años.

-¡Yo tengo cinco años! –dijo, su rostro iluminándose.

-¿Cuál es tu nombre?

-Leo.

-Bueno, Leo, puedes acariciar a Bo si quieres. Sin embargo, tienes que ser amable con los animales, ¿de acuerdo?

-Está bien. –acaricio el pelaje de Bo cuidadosamente, mirándome por el rabillo del ojo para ver si me daba cuenta de que estaba siendo amable-. Mejor me voy, Henry dijo que no me alejara de la puerta. Gracias por dejarme acariciar a tu perro. –abrazo a Bo y antes de que pudiera decir adiós, corrió hacia el interior. Bo se estiro en su correa, queriendo seguirlo.

-Vamos, Bo –le dije, jalándolo con firmeza. Llevándolo desde la puerta, caminamos de regreso a casa.

Volví al día siguiente, sola camine hacia la puerta, una vez dentro, recorrí la habitación por Leo. Era lunes y no había niños alrededor.

Bajo la ley federal, a todos los niños se les garantizaba una educación si tenían residencia permanente o no. Afortunadamente, los padres del refugio parecían estar tomando ventaja de ese derecho.

Un hombre se acercó, secándose las manos con un trapo de cocina. Cerca de los cincuenta, supuse. Vestía jeans, una descolorida e indescriptible camisa polo y tenis.

-¿Puedo ayudarle? –pregunto.

-Mi nombre es Bella Swan.

-Henry Elings –dijo, estrechando mi mano extendida.

-Había un niño pequeño ayer. Lo conocí cuando estaba de pie en la puerta. Le gusto mi perro. –Henry sonrió y espero pacientemente a que llegara al punto-. Me estaba preguntando si necesitaba algún voluntario.

-Necesitamos un montón de cosas aquí. Los voluntarios son definitivamente una de ellas. –sus ojos eran amables y su tono de voz era suave, pero probablemente había oído este tipo de cosas antes.

-Las necesidades de nuestros residentes son muy básicas –continúo-. Comida y refugio, no siempre huelen bien. Un baño puede ser una baja prioridad en comparación a comida caliente y una cama.

Me pregunte si reconoció mi nombre o mi cara de las fotos en el periódico. Si lo hizo, no lo menciono.

-He estado sucia y realmente no me importa como huele alguien. Se lo que es estar hambriento, sediento y sin refugio. Tengo un montón de tiempo y me gustaría pasar algo de eso aquí.

Henry sonrió.

-Gracias, nos gustaría eso.

Comencé a llegar al refugio alrededor de las diez de la mañana todos los días, uniéndome a los otros voluntarios para preparar y servir la comida. Henry me animo a llevar a Bo.

-A la mayoría de los niños de aquí les encantan los animales, no muchos han tenido una mascota alguna vez.

Los niños más pequeños que no estaban en la escuela se pasaban horas jugando con Bo. Nunca gruño cuando le acariciaban el pelo un poco demasiado fuerte o trataban de montarlo como a un caballo. Después del almuerzo les leía, sus exhaustas y estresadas madres se encariñaron conmigo ya que sostenía a sus bebes y niños pequeños en mi regazo.

Por la tarde, los niños de esa escolar regresaban y los ayudaban con sus tareas, insistiendo en que la completaran antes de que jugaran con algunos de los juegos de mesa que compre en Target.

Usualmente, se podía encontrar Leo a mi lado, dispuesto a compartir todo lo que paso en la escuela. Su entusiasmo por el jardín de niños no me sorprendió; la mayoría de los niños amaban el ambiente de un salón de clase seguro las personas sin hogar aún más.

Muchos no tenían sus propios libros o materiales de arte y les encantaba aprender canciones en la clase de música y estar corriendo en el patio durante el recreo.

-¡Estoy aprendiendo a leer, señorita Bella!

-Estoy tan feliz de que estés tan entusiasmado por leer, Leo. –lo abrace-. Eso es maravilloso.

Sonrió con tanta intensidad que pensé que iba a reventar, pero luego su expresión se volvió seria.

-Voy a aprender realmente bien, Señorita Bella. Entonces, le voy a enseñar a mi papa.

Deán Lewis, el padre de Leo, tenía veintiocho años, había estado sin trabajo desde hacía casi un año y era uno de los dos padres solteros que Vivian en el refugio. Me senté a su lado después de cenar. Me miro con recelo.

-Hola, Deán.

Asintió.

-Señorita Bella.

-¿Cómo va la búsqueda de trabajo?

-No he encontrado hasta ahora.

-¿Qué tipo de trabajo hacías antes?

-En la línea de la cocina, estuve en el mismo restaurante durante siete años, empecé lavando platos y me abrí camino hacia arriba.

-¿Qué paso?

-El dueño cayo en tiempo difícil, tuvo que vender el nuevo jefe nos despidió a todos.

Observamos a Leo jugar un juego animado de etiquetas con otros dos niños.

-¿Deán?

-Sí.

-Creo que podría ser capaz de ayudarte.

Resulto que Deán podía leer un poco, había memorizado palaras comunes y todo el menú del restaurante en donde trabajaba, pero lucho para llenar solicitudes de empleo y nunca se había declarado con desempleo después de perder su trabajo porque no podía descifrar las formas. Un amigo le había ayudado a llenar una solicitud en un restaurante italiano, pero lo despidieron después de tres días porque no podía leer las órdenes.

-¿Eres disléxico? –le pregunte.

-¿Qué significa eso?

-Las letras no parecen como si estuvieras en el orden correcto.

-No, está bien es solo que no puedo leerlas.

-¿Te graduaste de la secundaria? –negó.

-Noveno grado.

-¿Dónde está la mama de Leo?

-Ni idea, tenía veinte años cuando nació y cuando cumplí un año, dijo que no podía soportar más ser una madre, no es que hubiera actuado como una, no podíamos permitirnos cable, pero teníamos una vieja televisión y una videocasetera y veía películas todo el día. Volvía a casa del restaurante y Leo estaba gritando y llorando, su pañal empapado de humedad o peor. Se largó un día y nunca regreso. Tenía que encontrar una guardería y ya vivíamos de cheque a cheque de pago. Una vez que pedir mi trabajo, no tomo mucho tiempo en retrasarme en el alquiler. –Deán miro hacia sus pies-. Leo merece algo mejor.

-Creo que Leo tiene bastante suerte –dije.

-¿Cómo puedes decir eso?

-Porque por lo menor a uno de sus padres le importa. Eso es más de lo que algunos niños tienen.

Durante los siguiente dos meses, trabaje con Deán todos los días, a partir de que la hora del almuerzo terminaba y hasta el momento en que Leo y los otros niños venían a casa de la escuela.

Utilizando libros de fonética, le enseñe las distintas combinaciones de letras y pronto estuvo leyendo Buenas noches luna y oso marrón, osos marrón ¿Qué vez? A los niños pequeños, se frustraban, pero lo empuje mucho, construyendo su confianza elogiándolo cuando llegaba a dominar una lección difícil.

Cuando volvía a casa del refugio después de servir la cena, iba a dar una larga caminata. Septiembre se convirtió en octubre y añadía mas capas y seguía mi camino. Un día de noviembre, Bo y yo nos detuvimos a recoger el correo. Saque algunas facturas, una revista y ahí estaba. Un sobre de tamaño regular con el nombre la dirección de Edward escrita a mano en la esquina superior izquierda.

Corrí escaleras arriba y abrí la puerta de mi departamento, desenganchando a Bo de su correa. Cuando la abrí y leí lo que había adentro, comencé a llorar.

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-Abre la maldita puerta, Bella. Sé que estas a ahí –grito Nessie.

Estaba tumbada en el sofá mirando el techo. Las últimas veinticuatro horas llenas de mensajes de voz y texto de Nessie había quedado sin respuesta y era solo una cuestión de tiempo antes de que se presentara en mi apartamento.

Abrí la puerta, Nessie entro al apartamento, pero la esquivo y volví al sofá.

-Bueno, al menos sé que esta viva –dijo de pie junto a mí.

Se fijó en mi apariencia, sus ojos se movieron desde mi pelo desordenado hacia mi pijama arrugado.

-Luces como el infierno. ¿Siquiera has tomado una ducha hoy? ¿O ayer?

-Oh, Nessie, puedo estar mucho más tiempo que eso sin una ducha. –puse una manta gruesa sobre mis piernas y Bo apoyo su cabeza sobre mi regazo.

-¿Cuándo fue la última vez que fuiste al albergue?

-Hace unos pocos días –murmure-. Le dije a Henry que estaba enferma.

Nessie se sentó en el sofá. –Bella, habla conmigo. ¿Qué paso?

Fui a la cocina y volví con un sobre. Entregándoselo a Nessie dije. –Tenia esto en el correo el otro día, es de Edward.

Lo abrió y saco una tarjeta de visita del banco de esperma. Bajo el número de teléfono decía: hice arreglos.

-No lo entiendo –dijo Nessie.

-Mire el reverso.

Lo giro, en el reverso había garabateando: en caso de que nunca lo encuentres.

-Oh, Bells –dijo, me tiro a sus brazos y me sostuvo mientras yo lloraba.

Nessie me convenció de tomar una ducha mientras se encargaba de la cena. Entre de nuevo a la sala de estar con mi cabello húmedo peinado hacia atrás, usando un par de pantalones de franela limpios y una sudadera.

-¿Te sientes mejor ahora? –pregunto.

-Sí. –me senté en el sofá y me puse calcetines gruesos. Nessie me dio un vaso de vino tinto.

-Ordene comida chica –dijo-. Debería estar aquí en cualquier momento.

-Está bien, gracias. –tome un sorbo de vino y puse mi vaso en la mesa.

Se sentó a mi lado.

-Esa fue una gran oferta de Edward.

-si –lagrimas brotaron en mis ojos de nuevo y se derramaron sobre mis mejillas. Las limpie con el dorso de mi mano-. Pero no hay manera que pueda tener en mis brazos que tengas sus ojos, o su sonrisa, si no puedo tenerlo a él también. –Tome mi vaso y tome otro trago de mi vino-. Jacob nunca hubiera hecho algo tan desinteresado.

Nessie seco una lagrima que había perdido.

-Eso es porque Jacob era un especie de idiota.

-Voy a regresar al albergue en la mañana, solo tuve un mal momento.

-Está bien, sucede.

-Nunca ame a Jacob de la forma en que ame a Edward.

-Lo sé.

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Arrastre un árbol de navidad escaleras arriba y lo metí por la puerta de mi apartamento. Cuando termine de decorarlo, mi primer árbol en cuatro años brillaba bajo luces parpadeantes y adornos brillantes. Bo y yo pasamos horas tumbados frente a él, escuchando música navideña.

Ayude a Henry a decorar el árbol en el albergue también. Los niños acamparon, colgando los adornos de copos de nieve que hicimos de papel de construcción y brillo.

Deán recibió un regaño de navidad adelantado. Había llenado una solicitud en un restaurante cercano y lo habían contratado hace dos semanas. Leer las órdenes que las camareras le daban ya no era ningún problema y giro en torno de la comida rápida, rápidamente ganando por sí mismo una reputación como un gran trabajador. Uso su primer cheque para hacer un depósito en un apartamento amoblado. Co-firme el contrato, pagando el primer año de renta por adelantado. No quiso aceptarlo, pero lo convencí, por amor a Leo.

-Lo pagaras algún días más adelante, Deán.

-Lo hare –prometió, abrazándome-. Gracias, Bella.

Pase la víspera de navidad con David, Nessie y los niños. Vimos como Joe y Chloe abrir sus regalos, papel de envolver volando, y pase la siguiente hora montando juguetes e instalando baterías. David jugo tantos video-juegos en la PlayStation que compre para Joe que Nessie amenazo con desconectarlo.

-¿Qué pasa con los video-juegos que convierten a los hombres de nuevo en niños? –pregunto.

-No lo sé, pero los aman, ¿no?

Chloe rasgueaba su guitarra Barbie, en voz alta y después de una hora de escucharla, hice una nota mental de no comprarle ningún instrumento más. Entre en la cocina donde estaba tranquilo y descorche una botella de cabernet.

Nessie se uno a mí un minuto más tarde. Abrió el horno y comprobó el pavo, le serví un poco de vino, y chocamos nuestras copas juntas.

-Por tenerte en casa para celebrar –dijo Nessie,

-Recuerdo la navidades pasada lo difícil que fue sin ti, mama y papa. Incluso con David y los niños todavía me sentía un poco sola. Entonces dos días más tardes llamaste. A veces todavía no puedo creerlo, Bella –puso su vino abajo y me abrazo.

La abrace de vuelta.

-Feliz navidad, Nessie.

-Feliz navidad.

Fui al albergue al medio día de navidad, llevando regalos para los niños: video juegos de mano para los chicos, brillo labios y joyería de fantasía para las niñas y animales de peluches y libros para los más pequeños. Los bebes recibieron suaves mantas de lana, y formula. Henry se vistió como santa Claus para entregar todo.

Ate cuernos de reno en la cabeza de Bo y cascabeles alrededor de su collar. Apenas lo toleraba.

Estaba leyendo Frosty el hombre de nieves a un grupo de niños cuando Henry se acercó sosteniendo un sobre. Cuando termine el libro, envié a los niños a jugar.

-Alguien hizo una donación anónima hace un par de días –dijo Henry. Abrió el sobre y me mostro un cheque de caja hecho por una cantidad sustancia-. Me pregunto porque alguien haría eso y no me dan la oportunidad de agradecerles –dijo.

Me encogí de hombros y le entregue el cheque.

-No lo sé, tal vez no querían que nadie hiciera una gran cosa de eso.

Bo y yo caminamos a casa después de que ayude a servir la cena de navidad. Un poco de nieve estaba cayendo en las calles vacías. Sin previo aviso salió disparado, tirando de la correa en mi mano. Corrí tras él, deteniéndome unos pasos segundos después.

Edward estaba de pie en la acera de enfrente de mi apartamento. Cuando Bo lo alcanzo, se inclinó y le rasco detrás de las orejas, enlazando su mano a través del extremo de la correa. Me acerque, conteniendo mi respiración, propulsada hacia adelante por puro deseo.

Se puso de pie y me encontró a la mitad de camino.

-He pensado en ti todo el día –dijo-. En la isla, prometí que si celebrabas pasaríamos esta navidad juntos, en chicago. Siempre cumplo mis promesas, Bella.

Lo mire a los ojos y rompí en llanto. Abrió sus brazos y caí en ellos, llorando tan fuerte que no podía hablar.

-Shhh, está bien –dijo, enterré mi rostro en su pecho, respirando el olor de la nieve, de lana, de él, mientras me abrazaba fuertemente. Unos pocos minutos después, puso su mano bajo mi barbilla y la levanto. Seco mis lágrimas, como lo había hecho tantas veces antes.

-Tenías razón, tenía que estar por mi cuenta, pero algunas de las cosas que querías que experimentara ya habían pasado, y no puedo volver atrás. Se lo que quiero y es a ti, Bella. Te amo y te extraño mucho.

-No encajo en tu mundo.

-Yo tampoco –dijo, su expresión tierna pero firme-. Así que vamos a hacer el nuestro. Ya lo hemos hecho antes.

Oí la voz de mi mama en mi cabeza, caso como si estuviera de pie a mi lado susurrando en mi oído. La misma pregunta que me dijo que me hiciera sobre Jacob.

¿Es tu vida mejor con él, Bella, o sin él?

Lo decidí, en ese momento, de pie en esa acera, dejando de preocuparme por las cosas que nunca podrían salir mal.

-Te amo, Edward quiero que vuelas.

Me abrazo fuerte y mis lágrimas fluyeron hasta que su suéter estuvo mojado. Levante mi cabeza de su pecho.

-Debo llorar más que nadie que conozcas –dije.

Aparto el pelo hacia atrás de mi rostro y sonrió.

-Vomitas mucho, también.

Me reí a través de mis lágrimas sus labios rozaron los míos y nos besamos de pies en la acerca, cubierto de copos de nieve, mientras Bo esperaba pacientemente a nuestros pies.

Fuimos adentro y hablamos por horas, tendidos sobre una manta frente al árbol de navidad.

-Nunca quise a nadie más, Edward solo quería lo mejor para ti.

-Tu eres lo que es mejor para mí –dijo, sosteniendo mi cabeza en sus brazos, sus piernas entrelazadas con las mías-. No voy a ir a ninguna parte, Bella. Aquí es junto donde quiero estar.


*-* por fin ya están juntos de nuevo, ya solo falta un capitulo y el epilogo y se acaba esta historia :D

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BESOS.

Mary.