Capítulo 29: Involuntario
Título del capítulo: Unintended de Muse
Greg estaba teniendo el mejor momento de su joven vida. Había pasado unos dos meses desde que conocí al verdadero Mycroft Holmes, y desde entonces sus actos sexuales se volvieron bastante habituales. Se habían besado, lamido, tocado, y frotado uno contra el otro cada vez que podían. Aunque aún no había habido una verdadera penetración, y aunque Greg realmente quería la polla de Mycroft en su culo, lo que tenían hasta el momento era bastante bueno.
Habían regresado al club de Mycroft un par de veces, Greg siempre yendo a la escuela a tropezones por la resaca del día siguiente, y Mycroft faltando a clases, pero en la noche trepándose a la habitación de Greg por la ventana.
Dimmock estaba siendo un poco cabrón, y las constantes preguntas de Molly sobre "Dime, Greg, ¿cómo está Mycroft?" estaban volviéndolo loco. Pero Dylan y Joe no sabían, y aunque Maggie casi los había atrapado varias veces, aún no lo sabía tampoco.
Sólo BJ, Sally Donovan, Matt Sanders, Sherlock Holmes, John Watson y Andy Freen lo sabían; BJ y Sally, porque usualmente estaban en el Lago Greyson cuando Mycroft y Greg iban allí; Sherlock y John, porque Sherlock lo sabía todo (y le contaba todo a su mejor-amigo-no-es-mi-novio-maldito-idiota John Watson); y Andy porque había contado uno más uno y sacado la conclusión.
Un par de personas habían visto a Greg y Mycroft en la biblioteca, y también caminando por la escuela, hablando en clase (Mycroft ahora se sentaba al lado de Greg en Literatura Inglesa, pero sólo porque le gustaba tocar a Greg por debajo de la mesa), y pasando el rato en el estacionamiento.
Parecía que la mayoría de personas pensaba que la mamá de Greg había explotado y decido que le fuera mejor en la escuela, así que había conseguido que Mycroft le diera clases a su hijo. Un par de personas pensaba que Mycroft estaba tratando de subir la escalera social al juntarse con el chico malo de la ciudad. Todo esto venía de Dimmock, porque nadie hablaba con Mycroft Holmes, y nadie quería que Greg los golpeara por hablar de él.
Andy conocía a Greg; conocía la mirada de Greg cuando quería follarse a alguien, habiendo conocido esa misma mirada en carne propia el año pasado. También, finalmente, se dio cuenta de que Mycroft había sido quien lo había vuelto loco hace un par de semanas.
Así que había arrinconado a Greg después de jugar cricket en la clase de Educación Física, y le había preguntado si Mycroft era realmente Mikey. Greg había tartamudeado al armar una mentira antes de que Andy le sacara la verdad. Después de eso no fue difícil para el adolescente mayor darse cuenta de que Greg y Mycroft andaban juntos. Por supuesto, no se lo iba a decir a nadie; no le importaba Mycroft, y Greg era un buen chico. Así que su secreto estaba a salvo con él.
Greg le contó a Mycroft aquella noche, después de que Mycroft se hubiera trepado por la ventana. Estaban acostados sobre la cama de Greg después de una larga sesión de besuqueos, ya que Maggie se había ido más temprano a su turno en el hospital, así que no tenían que preocuparse por ser atrapados.
—¿En serio? ¿Andrew finalmente se dio cuenta? —preguntó Mycroft.
Greg asintió, moviéndose para quedar acostado sobre el brazo de Mycroft, sus ojos marrones mirando al adolescente pelirrojo.
—Mmm, supongo que era inevitable.
—¿No te importa? —preguntó Greg. Cuando Mycroft alzó una ceja, Greg continuó—. ¿No te importa que Andy sepa?
—¿Por qué me importaría?
—Bueno, podría contarle a otras personas —dijo Greg—. Quiero decir, me prometió que no lo haría, pero…
—Gregory —interrumpió Mycroft, presionando un dedo sobre los labios de Greg—. Honestamente, no me importa—
—Mm… —musitó Greg contra el dedo de Mycroft.
Mycroft rió y retiró su dedo, rápidamente reemplazándolo con sus labios. Greg sonrió y lo tiró hacia abajo, Mycroft, en breve, se colocó sobre su cuerpo.
{oOo}
Otra vez, otra fiesta, y Greg estaba, de nuevo, esperando a Mycroft. Tenían ya una especie de arreglo. Greg llegaría, o con Dimmock y Molly o caminando, y se sentaría y hablaría con sus amigos mientras esperaba a Mycroft. Mycroft llegaría en una hora o dos, vería a Greg y desaparecerían a hablar un poco antes de besuquearse y toquetearse.
Era un buen arreglo; Greg sabía sin duda que obtendría algo. No se tomaba la molestia de ver a otros chicos, no le importaba que otro tío se sentara encima suyo y le prometiera un buen rato. Greg sólo tenía ojos para Mycroft. Y, afortunadamente, Mycroft sólo tenía ojos para Greg.
—¿Y dónde mierda has estado? —preguntó Joe.
—¿A qué te refieres? —preguntó Greg, frunciendo el ceño mientras se sentaba—. Sólo fui a buscar una cerveza.
—Nooo —dijo Dylan—, se refiere dónde mierda has estado estas últimas semana. Ya nunca te apareces en el almuerzo, siempre estás ocupado cuando queremos salir, y desapareces en cada puta fiesta.
—Bueno, preguntaré de nuevo —dijo Joe—. ¿Dónde mierda has estado?
Greg se avergonzó cuando Joe y Dylan se quedaron mirándolo, esperando una respuesta. Dimmock y Molly estaban sonriendo a sabiendas y Greg fulminó con la mirada a Dimmock, quien escondió su rostro en el cuello de su novia para esconder sus risas.
Había una simple respuesta para la pregunta que le hicieron, por supuesto; Greg había estado con Mycroft Holmes. Cada hora de almuerzo iba a la biblioteca a hablar, coquetear, besar, y algunas veces tocar o ser tocado por Mycroft Holmes. A veces se escapaban para fumarse un cigarrillo, o se besuqueaban en un salón de clases vacío.
Después de la escuela, Greg o iba a su casa o texteaba y lamaba a Mycroft mientras hacía su tarea o usaba el internet, o se iba a pasar el rato con Mycroft al Lago Greyson. A veces incluso se iban al McDonalds que estaba fuera de la ciudad, o se iban a dar una vuelta en la motocicleta de Greg.
En cada fiesta, Greg desaparecía para esperar a Mycroft, y cuando el otro adolescente llegaba hablaban o se besuqueaban en esquinas oscuras, afuera, o en el baño.
Greg se mordió el labio inferior cuando se dio cuenta de que, prácticamente, había abandonado a sus amigos por Mycroft. Pero… no había nada de malo con eso, ¿no? Greg aún salía con Joe y Dylan después de la escuela… a veces. Y aún hablaban en las fiestas antes de que Greg se fuera con Mycroft.
Dimmock sabía dónde estaba y no tenía problema con eso, estaba más que feliz hablando y molestando a Greg en clases o después de la escuela. Además, él pasaba el rato con Molly.
Greg le dio un vistazo a Joe y Dylan y se sorprendió cuando se dio cuenta de que preferiría pasar todo su tiempo junto a Mycroft, incluso si no se besuquearan. Preferiría sentarse afuera del McDonalds fumando y hablando con el pelirrojo que joder con Joe y Dylan en el estacionamiento de Tesco.
Aún le gustaba ver a Dimmock, por supuesto. A pesar de que constantemente decía que Greg quería ser la novia de Mycroft (o esposa, muñeco sexual, juguete sexual, lo que sea que Dimmo decidiera llamarlo en el día), Dimmock aún era muy divertido, y sabía lo de Mycroft. Claro, siempre molestaba a Greg sobre eso, pero realmente no le importa que Greg hiciera… lo que sea que hiciera con Mycroft.
Joe y Dylan, por el otro lado… Greg podía simplemente imaginar la mierda distorsionada que dirían si descubrieran que Greg básicamente estaba jodiendo con Mycroft Holmes.
Greg frunció el ceño, sin darse cuenta del gesto y ceño fruncido que Joe y Dylan le estaban dirigiendo, y las risitas y estúpidas sonrisas que Molly y Dimmock le estaban lanzado. Greg estaba a punto de abrir su boca y decir… algo, cuando un cabello castaño rojizo llegó a sus ojos. Volvió la mirada y vio a Mycroft, vestido en sus malditos pantalones de cuero, pasar por atrás del sofá en el que Dimmock y Molly estaban sentados.
Greg sonrió cuando Mycroft le dio una sonrisa y le hizo un gesto con la cabeza hacia la puerta trasera antes de dirigirse a la cocina a agarrar un trago.
—¿Greg? —dijo Dylan cuando el otro adolescente se puso de pie.
—Um… ya regreso —murmuró Greg.
Joe lo agarró del brazo y Greg lo miró mal.
—Eso dices siempre, amigo. En serio, ¿qué mierda te pasa?
—Déjalo —dijo Dimmock, inclinándose hacia adelante para empujar a Joe—. No tiene por qué contarte todo.
—Somos amigos —dijo Joe frunciendo el ceño.
—Queremos saber qué mierda está pasando —dijo Dylan.
Greg no estaba a punto de revelar lo que sea que tenía con Mycroft sólo porque Joe y Dylan querían saber todo sobre su vida. Dimmock pudo ver eso.
—Vete a la mierda, ¿quieres? Déjalo en paz.
Greg sonrió en agradecimiento y le dio un trago a su cerveza mientras pasaba por en medio de la multitud hacia afuera. Se paró en el césped, sus ojos observando los árboles, plantas, y un camino de piedras. Cuando la puerta trasera se abrió de golpe, Greg se volvió y sonrió.
Mycroft le devolvió la sonrisa, con un trago en la mano, y cerró la distancia entre ellos, tirando de Greg para darle un beso cálido, gentil y jodidamente maravilloso. Cuando se separaron Mycroft le dio un corto beso a Greg en los labios.
—¿Qué pasa? —preguntó.
—¿Uh?
—Algo pasa, Gregory —dijo Mycroft—. Te vi mirando mal a tus amigos.
Greg suspiró y Mycroft le dio un trago a su cerveza, esperando.
—Joe y Dyl me exigieron saber qué es lo que estuve haciendo estas últimas semanas.
—¿Oh?
—Mm —dijo Greg asintiendo—. No les dije nada.
—Puedes hacerlo si es lo que quieres —dijo Mycroft.
—¿Qué?
—Puedes contarles a tus amigos sobre nosotros, Dimmock ya lo sabe —dijo Mycroft mientras encendía un cigarrillo.
—Sí, pero… Dylan y Joe no son como Dimmo —dijo Greg—. Nunca fuimos tan cercanos, somos… colegas, no amigos, ¿sabes?
—No los clasificas tan importantes como Dimmock —dijo Mycroft.
Greg asintió.
—No me malinterpretes, son buenos tipos, pero… no sé —dijo, encogiéndose de hombros—. Sólo sé que se lo tomarán mal.
Mycroft sonrió y pasó un brazo alrededor de la cintura de Greg, presionando un beso en su mejilla.
—No importa, Greg. Si se enteran, se enteran y listo.
Greg se volvió a verlo.
—¿Eso es todo lo que me darás? —provocó.
—¿Qué es lo que quieres? —preguntó Mycroft, levantando una ceja.
—Un beso decente —dijo Greg haciendo un puchero—. Vamos, sé que te encanta.
Mycroft rió y presionó sus labios con firmeza, la fiesta, Joe y Dylan, olvidados por completo.
{oOo}
Té con las madres; qué aburrido — M
TÚ fuiste quien lo sugirió, ¿recuerdas?
Bueno, sí. Fue sólo porque no pude ir a la fiesta del Domingo. Honestamente, no puedes asumir que esperaré hasta el LUNES para besarte hasta quedarme sin aliento, ¿no? — M
Aaah, Mycroft Holmes extraña a su ramera :)
Eres un maldito cabrón fastidiosito a veces, ¿sabías eso? — M
¡MYCROFT EXTRAÑA A SU RAMERA!
¿Para qué te escribo? — M
¡MYCROFT, MYCROFT, MYCROFT EXTRAÑA A SU RAMEEEEEEEERAAAAAAA!
Apagaré mi celular ahora — M
Nos vemos en la tarde, Mycroft cariño :)
Hasta entonces, Gregory querido — M
Greg rió y dejó su celular, Maggie le echó un vistazo. Estaban en la sala de estar, comiendo un almuerzo tarde. Maggie acababa de llegar de su turno diurno en el hospital, y Greg había dormido casi todo el día después de la fiesta del Domingo en la noche. Dado a que Mycroft no había estado allí, Greg se había emborrachado, pero felizmente Matt vivía sólo a unas cuadras
No había habido escuela (algo de una reunión de directivos, Greg no había prestado atención), así que Greg había holgazaneado en la casa, perdiendo el tiempo.
—¿Por qué la risa? —preguntó Maggie, dándole otro bocado a su sándwich.
Greg saltó y bajó la mirada hacia su plato.
—Oh, um… —murmuró, jugando con una migaja—, por… cosas.
—¿Cosas? —repitió Maggie.
—Sí —dijo Greg asintiendo.
—Eres un mentiroso —dijo Maggie riendo—. Pero lo dejaré estar; no serías un adolescente si no mintieras.
—Que forma de fomentar el estereotipo, mamá —dijo Greg soltando una risita—. Vísteme de rosa y oblígame a ver musicales.
—Oh, no, ya aprendí mi lección al hacerte ver Sweeny Todd conmigo —dijo Maggie, para luego negar con la cabeza—. Debí saber en ese entonces que eras gay; tus ojos estaban prácticamente pegados a Johnny Depp.
Greg se sonrojó.
—Sí, bueno, también los tuyos —dijo.
—Bueno, es un hombre guapo —dijo Maggie, guiñándole el ojo.
—Oh, qué asqueroso, ¿todas las mamás son así de asquerosas? —preguntó Greg, metiéndose unas papitas fritas a la boca.
—Puede que sí, ¿qué te parece si le preguntamos a la Sra. Holmes cuando venga? —preguntó Maggie.
Greg trató de ignorar el tirón que sintió en su estómago con el simple pensamiento de ver a Mycroft.
—Um… nah, no quiero espantarla —dijo Greg.
Maggie rió.
—Son las tranquilas, Gregory; siempre son las tranquilas.
Greg pensó en Mycroft; apariencia dulce, educado, adorado Mycroft… quien bebía, fumaba, maldecía y jugueteaba con adolescentes hasta que gritaban para venirse.
—Sí —dijo Greg, volviendo su atención a su comida—. Siempre los tranquilos.
{oOo}
El té fue como cualquier otra hora del té; Meghan Holmes charloteó al igual que Maggie, y Mycroft tocó a Greg por debajo de la mesa, mientras Greg trataba de ahogar sus gruñidos con galletitas y té ardiente.
Greg había estado esperando alejarse y besuquearse, incluso por un par de minutos, pero Mycroft simplemente se quedó allí hablando sobre sus trabajos en la escuela, Sherlock, y sobre cómo estaba ayudando a Greg. Greg empezó a dejarlo de escuchar hasta que escuchó su nombre.
Parpadeando, Greg alzó la mirada para ver a Mycroft, Meghan y Maggie esperando.
—¿Uh?
—Estaba pensando si podía ir a revisar ese trabajo que mencionaste la semana pasada —repitió Mycroft—. Mami estaba a punto de retirarse, pero puedo quedarme por un par de minutos.
—Um… sí —dijo Greg asintiendo, sintiendo un calor en sus entrañas—. Eso sería genial.
—Te veré en casa en una hora, mami —dijo Mycroft, sonriendo falsamente a su madre.
—Ten cuidado, querido —dijo Meghan, besando su mejilla y poniéndose de pie. Maggie acompañó a Meghan a la puerta, mientras charlaban y Mycroft y Greg se dirigieron a su habitación.
Ni bien Greg cerró la puerta, Mycroft estaba encima suyo, sellando sus labios con un beso, caliente y apasionado beso.
—Oh, joder —gimoteó Greg contra los besos de Mycroft.
—Te extrañé —admitió Mycroft.
—Yo también me extrañaría —dijo Greg sonriendo.
Mycroft rió.
—Eres tan vanidoso.
—¿Y...?
—¿Y por qué estamos hablando cuando podríamos estar besándonos? —preguntó Mycroft.
Greg bufó, pero presionó de nuevo sus labios contra los de Mycroft. Los dedos de Mycroft se entrelazaron en el cabello de Greg, tirando de los mechones marrones mientras besaba la boca de Greg.
Cuando Greg empezó a moverse hacia la cama, Mycroft fue con él, los dos, pronto, se encontraron encima del colchón. Mycroft se sentó sobre los muslos de Greg y no pudo evitar embestirse hacia adelante, presionando su rápido endurecido miembro contra el de Greg.
—Joder —gimió Greg, envolviendo sus brazos alrededor del cuello de Mycroft para mantenerlo en esa posición. Los dedos de Mycroft se alternaban entre tocar el cabello de Greg y tocar su cuello, su rostro, acariciando la suave piel que encontraban, haciendo a un lado la camiseta negra que Greg tenía puesta.
La puerta se abrió y Greg y Mycroft prácticamente saltaron alejándose cuando Maggie se quedó congelada en la puerta, abriendo la boca de golpe. Mycroft fue el primero en bajar de la cama, tropezando con el escritorio de Greg y apoyándose en él con fuerza. Greg se incorporó y se limpió los labios cuando su madre los observó a los dos.
—Vaya, vaya, vaya —musitó Maggie, poniendo sus manos en sus caderas cuando Greg se puso de pie—. ¿Entonces esto es lo que haces cuando le das clases a las personas, Mycroft? —preguntó— ¿O sólo es mi hijo quien recibe este trato especial?
