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Capítulo 29:
Elena contuvo la respiración cuando escuchó el sonido.
El latido.
El latido del corazón de su bebé agitó cada partícula de aire de la habitación. No importaba cuantas veces lo escuchara, siempre había una pequeña parte paranoica en ella que ocultaba el miedo de no oír nunca más ese sonido. Cada vez que lo escuchaba se sentía como lo mejor que podía pasarle en la vida.
-Está bien -susurró Elena para sí misma con el alivio corriendo libremente por sus venas.
-Un hermoso y saludable latido. Felicitaciones, papis, tienen un bebé perfectamente saludable -sonrió Camille mientras hacía algunos cálculos con la computadora, midiendo los huesos del bebé y calculando su peso para luego comenzar un detallado análisis órgano por órgano.
-¿Puedes hacerte una idea de lo mucho que te amo? -susurró Damon acercándose a su oído.
La chica no se había dado cuenta de que estaba llorando ahora de forma mucho más exagerada hasta que sintió como él le limpiaba las lágrimas con el dorso de su mano. Sus ojos azules estaban brillantes por la emoción y Elena creyó que jamás sería capaz de ver una mirada que sostuviera tanto amor como la que él le estaba regalando en ese momento.
-Te amo -dijo ella simplemente, incapaz de deshacer el nudo de emoción que tenía en la garganta como para producir más palabras.
-Todo está perfecto aquí -volvió a comentar Camille mientras imprimía las medidas que acababa de tomar- Por lo que se ve, todo se está desarrollando normalmente y no hay ningún tipo de complicación con el crecimiento del bebé. Las pruebas sobre la placenta arrojaron grandes resultados también. Lo estás haciendo maravillosamente, Elena.
La chica sonrió aún más emocionada todavía al escuchar esas palabras. A veces tenía tanto miedo de no ser suficientemente buena madre para su bebé que escuchar que todo iba bien le llenaba el corazón de alegría. Damon la miró lleno de orgullo y le dio un suave beso sobre las mejillas húmedas, deteniéndose un momento a susurrar en su oído.
-Te dije que ibas a ser la mejor mamá del mundo… -sonrió sobre su piel haciendo que la chica soltara una risita que sonó extraña por culpa de las lágrimas.
-Realmente lo está haciendo muy bien -agregó Camille- Aunque a partir de ahora es normal que las embarazadas corran riesgo de anemia. Voy a recetarte hierro y unas vitaminas y, obviamente, debes cuidarte mucho con la comida. Una dieta sana y rica en hierro, proteínas y minerales.
-¿No papas fritas y dulces? -preguntó Elena un poco desilusionada.
-Debes comer sano, mientras tu cuerpo tenga cubiertas sus necesidades de alimentación no hará daño agregar un antojo de vez en cuando.
-Está bien -murmuró no muy contenta pero sabiendo que era imposible quejarse al saber que todo estaba bien en el embarazo tanto Damon como Camille rieron.
-Muy bien, ahora les voy a mostrar a su bebé en la pantalla ¿Quieren saber el sexo?
-¿Bromeas? Prácticamente estuvimos contando los días para saberlo -rió la chica mucho más relajada ahora que sabía que todo iba bien.
-Entonces aquí vamos -con cuidado, Camille deslizó el aparato por el vientre de Elena hasta localizar el rostro del bebé y comenzó a señalar las partes.
Al parecer, estaba durmiendo, porque no parecía moverse ni hacer ningún gesto con el rostro. La imagen no era muy nítida, pero para ellos dos fue una de las visiones más hermosas que habían presenciado.
Los rasgos de su rostro eran perfectamente visibles, una pequeña nariz, el suave contorno redondeado de su cabecita, sus pequeños labios entreabiertos. Era perfecta. Lentamente, Camille recorrió el vientre de Elena con el aparato enseñándoles las manos y pies de su bebé, que también podían verse con perfecta claridad y finalmente se enfocó en analizar de cerca para determinar el sexo del bebé.
Por más que Damon y Elena lo intentaron, no pudieron descifrar nada en la imagen, por lo que voltearon hacia la doctora con miradas expectantes y llenos de ansiedad.
-Felicidades, papis, es una niña.
En el segundo en que las palabras se deslizaron de los labios de la doctora, Damon se vio golpeado por la realidad de sus palabras. Elena tenía razón, siempre la había tenido. De repente las vio: Elena durmiendo en su cama, sosteniendo un bebé envuelto en mantas rosas sobre su pecho, Elena poniéndole un vestido a la pequeña más hermosa que sus ojos habían visto, él mismo corriendo detrás de una niña de cabellos color chocolate y sus mismos ojos azules… Podía imaginarse a sí mismo enterrando el rostro en el cabello de su pequeña desde el segundo en que naciera hasta el último día de su vida. Las imágenes estaban conjugadas en su cabeza a la perfección, Elena y su bebé, sus chicas de cabellos castaños.
-¿Estás llorando? -la voz de Elena se quebró por su propia emoción ante el descubrimiento de que efectivamente se iba a convertir en madre de una niña. Las lágrimas se deslizaban silenciosas por las mejillas de Damon y ella no pudo contener la risa de felicidad ante un momento tan lleno de emociones- ¡Estás llorando! -repitió con una sonrisa.
-Ni se te ocurra empezar, Gilbert. Has estado llorando desde que comenzamos -rió él inclinándose para besarla. Fue el beso más dulce que compartieron en mucho tiempo, la felicidad parecía derretirse entre sus labios. Era como si de repente cada uno de los malos momentos que habían tenido que pasar juntos al fin tuviera sentido en ese momento- Felicidades, mamá -sonrió sobre sus labios y la chica soltó una extraño sonido que era una mezcla de llanto, risa y sollozo lleno de alegría.
De algún modo, saber algo tan simple como cuál era el sexo de su bebé llenó a Elena de una emoción difícil de comprender. Había sentido que lo sabía desde siempre, pero tener una confirmación de que realmente había tenido razón la hacía sentirse completamente llena de felicidad.
A través del teléfono de Elena, a los dos les llegó el agudo grito lleno de alegría de Caroline, que no paraba de dar saltitos en la sala de espera, haciendo reír a una Elena que a esta altura ya estaba más que emocionada. Durante algunos minutos más, Camille estuvo mostrándoles imágenes en la pantalla, eligiendo las mejores para imprimirlas. Elena le pidió tres copias de cada una de las cuatro imágenes que habían tomado. Un juego sería para Damon, otro para ella y las otras cuatro las repartiría entre Caroline, Jeremy, Jenna y Mer.
Al igual que la vez anterior, Damon fue el encargado de limpiarle el gel a Elena cuando terminaron mientras Camille iba a preparar las fotos y la filmación de la ecografía que ellos se llevarían. Aunque las lágrimas habían desaparecido ya, a Elena le llevó un largo rato calmarse un poco y justo en ese único momento que tenían para ellos dos, los teléfonos comenzaron a sonar. El grupo de whatsapp de los amigos de Elena hervía con preguntas ya que todos sabían el horario del gran acontecimiento, los amigos de Damon fueron un poco más directos y a la hora de preguntar y Meredith eligió directamente llamar a su mejor amigo.
-Contéstale -sonrió Elena acomodándose la ropa al ver que Damon dudaba entre contestar o apagar el teléfono con un dedo que flotaba sobre el botón de apagado.
-¿Segura?
-Sí, Damon. Es tu amiga -rió la chica- contéstale.
-Bien… -suspiró ligeramente molesto porque los interrumpieran en un momento tan importante y contestó poniendo instantáneamente el altavoz- Hola Mer...
-¡Mer, es una niña! -prácticamente incapaz de contener la emoción al saber que ella podía escucharla.
-¡Elena! ¡ Wow, cariño estoy tan feliz por ustedes! ¿Cómo salió todo?
-Cierta señorita por aquí debe comer más sano, pero estamos bien -sonrió Damon alegre de compartir buenas noticias.
-¡Es tan hermosa, Mer!-volvió a emocionarse la chica- No creo que alguna vez haya visto algo más hermoso que sus deditos, y esos pequeños labios. Creo que estaba sonriendo, creo que le agradamos, Mer… -susurró como si se tratara del mejor secreto que jamás contaría.
-Por supuesto que le agradan. Esa pequeña os va a amar tanto como ustedes a ella -comentó tan emocionada como la misma pareja- ¡Necesito verla! ¿Van a daros la filmación?
- ¡Obvio! -gritó eufórica, Damon la abrazó con fuerza y se apoyó en ella- Estamos esperando a que nos traigan unas copias, ¡después nos pasamos!
Al escuchar sus últimas palabras le tapó la boca con rapidez sabiendo perfectamente que sus amigos habían escuchado la última parte.
- No prometas nada -gruñó Damon detrás de ella recordando que había dejado a sus amigos plantados horas antes sin avisarles.
Suspiró resignado, era natural que tuvieran que pasarse, por lo menos un rato porque sino sus amigos vendrían a por ellos, pero es que tampoco tenía muchas ganas de malgastar su mañana con Elena en eso, era egoísta, si, pero la quería, a ambas solo para él.
- ¡Te hemos oído, Damon! -canturreó Ric desde el otro lado ganándose un bufido de parte del mismo Damon y una risita de Elena.- Tío me la vas a pagar.
- ¡Pero si deberías agradecermelo!
- No te hagas el gracioso, ¡has huido como un cobarde!
- No sabía que tuviera que pedir permiso para ir a buscar a mi novia -rió- No tengo culpa de que seáis unos dormilones.
- Que no busques excusa Salvatore, que te hemos pillado -cortó Mer de forma radical- Como sea, ¡tenemos una cosa para vosotros! Era obvio que iba a ser niña, así que…
- ¿En serio? -saltó Elena que se había mantenido un poco al margen- No teníais que haber comprado nada.
- Y no lo hemos hecho -rió bajito- Pero es una sorpresa, luego venís y os lo enseño.
- Miedo me das -susurró Damon contra el oído de Elena, justo en ese momento Camille entró portando unas carpetas y hablando por teléfono con alguien- ¡Os cortamos!
Tanto Elena como Damon se sentaron en el escritorio, Camille les entregó los informes, las copias de la ecografía y la filmación, Elena tomó esta última con delicadeza, sentía que el corazón se le iba a salir del pecho en cualquier momento, una lágrima de felicidad rodó por su mejilla, no tuvo fuerzas para limpiarla, aunque se sentía capaz de gritar al mundo entero lo feliz que era, se veía incapaz de hacer algo tan simple como eso.
- Con esto terminamos por hoy, hasta la próxima vez, pero antes me gustaría haceros unas pequeñas advertencias. Nada nuevo, lo prometo -le quitó importancia cuando vio el pánico en los ojos café de la chica.- A partir de ahora la situación puede empeorar o mejorar, según la forma en que se mire, las migrañas, los dolores de espalda, todo se amplificará, tu misma debes estar comprobándolo.
- Si. -acarició su vientre con ternura teniendo muy claro que nada de eso le importaba realmente.
- No solo eso, podrás padecer de insomnio, ¿has dormido bien últimamente?
- Si… -dudó- Bueno todo lo que puede dormir alguien que acaba de terminar sus últimos exámenes. -bromeó.
- Elena, me refiero, a si has tenido pesadillas o te ha costado conciliar el sueño, independientemente de los problemas de una estudiante.
- No, por ahora no, cuando me molestaba la espalda… me costaba más pero no es un problema, no en este momento.
Damon asintió conforme, él era el primero que tenía a Elena muy controlada, ya fuese por Jenna o por el mismo, por lo que no dudó ni un segundo en saber que era así, Elena aún podía dormir sin que nada se le complicase.
Camille apuntó algo en el historial de la chica para después entregarle una hoja con algunas recomendaciones.
- De todos modos es bueno que controles tu sueño, duerme siempre en el mismo horario, evita las siestas y, como te he dicho antes, evita el café. También es bueno que hagas ejercicios de relajación pero no te excedas. -le recordó- Aunque parezca contradictorio, es así.
Ambos asintieron conformes, Elena miró de reojo a Damon, ignorando a Camille durante unos segundos, le encantaba ver lo concentrado que estaba Damon, como daba todo por ella y por su pequeña princesa, sonrió bobalicona.
- También, no te asustes Elena -captó su atención y se sintió morir al haber perdido el hilo de la conversación.- Si te sangra mucho la nariz o las encías y no sabes por qué, es debido a que tu cuerpo está generando mucha sangre, es algo natural. Pero, si ves que es demasiado no dudéis en llamarme -recogió otro papel y escribió de forma rápida y atropellada su número- Nunca lo doy debido a que la gente exagera pero por si acaso, contad conmigo.
- Muchas gracias.
- Prometedme que seguiréis de forma rigurosa todas estas recomendaciones, vuestra niña está muy bien sujeta en el útero, pero eso no quiere decir que cometas ninguna locura Elena, descansa, haz tu vida como siempre pero sabiendo que estás embarazada no enferma, recuérdalo.
- Haremos todo, lo prometo.
- ¿Prometo? Que yo recuerde soy yo la que está embarazada -rió Elena dándole un ligero codazo a Damon, el chico se sonrojó muerto de la vergüenza- Es broma, tonto.
- Creo que con todo esto estaremos en paz-bromeó Camille antes de entregarle todos los documentos y las recetas- Si sigues así más estas recomendaciones todo irá perfecto.
- ¿Pedimos cita entonces?
- Si, os acompaño. -se levantó junto a la pareja para poder acompañarlos a la puerta, durante esos minutos, Camille les dio una serie de consejos y precauciones mientras alcanzaban recepción, coincidieron con Caroline, que estaba en la sala de espera muerta de los nervios y con unas inmensas ganas de poder informar a los demás de la gran noticia, se incorporó en cuanto vio a Elena y a Damon salir pero se mantuvo a distancia hasta que Camille les entregó el parte y se despidió de ellos.
Elena con una sonrisa radiante corrió hasta su amiga para abrazarla, desde que sabía que era una niña había querido hacer esto, abrazar a su amiga y dar saltos de alegría como dos niñas chicas, pero esto último se lo ahorró al ver la sala repleta de gente.
- ¡Es una niña, Care!
- ¡Obvio! -canturreo Car mostrándole el teléfono móvil, en la pantalla brillaba el número de mensajes.- En menos de diez minutos, Elena, se mueren por saber si es niña o no.
- No quiero mirar mi teléfono -bufó mientras salían al exterior, Damon iba detrás de ellas en silencio, porque no tenía ganas de escuchar a la rubia más de lo necesario y esperando el momento adecuado para secuestrar a su chica.
- Elena.
- Caroline.
- No me mires así, no puedes tenerlos de esta forma -le entregó el teléfono- Dales la noticia, si quieres lo hacemos juntas.
- No es una calificación de última hora, Forbes, no tenéis que gritarlo como si dependiera de ello vuestra vida.
- Si quieres puedes hacerlo tú -le entregó el teléfono- Vamos Salvatore, te permito que uses mi teléfono para mandar una nota de audio. -dijo irónica, Damon miró con atención el teléfono en sus manos, para después lanzarle una mirada reprobatoria y cargada de odio a la rubia.- ¿A qué esperas?
Damon sonrió y dejó caer el teléfono al suelo, o por lo menos eso es lo que parecía a simple vista, el rostro de Caroline se descompuso por completo y ahogó un grito antes de lanzarse a por su móvil.
- ¡Idiota! -le arrebató el teléfono.
- Vale ya chicos, estamos haciendo el ridículo.
Se encontraban en la puerta de la clínica, no es como si estuvieran montando un espectáculo en el interior pero más de una persona les había lanzado una mirada en más de una ocasión, y aunque Damon y Caroline no estuvieran pendientes, Elena sí, y se moría de la vergüenza si alguien los echaba de allí por ruido.
- Dame el teléfono, anda -Caroline se lo entregó, Elena se conectó a whatsapp, y sin leer ni un solo mensaje, eran demasiados, se preparó para una nota de audio, dejando claro desde un principio que Damon y Car se mantuvieran en silencio.- ¡Chicos! ¿A qué no sabéis quién tenía razón…?
Llovieron los mensajes tras ese audio, Elena esperó pacientemente unos segundos para volver a prepararse, pero esta vez, Caroline como siempre, se adelantó, arrebatándole el teléfono.
- ¡Yo! ¡Nos debéis una cena, perdedores! -gritó feliz, solo le faltó, según Damon, ponerse a bailar de la felicidad.
Mientras Caroline se ponía a discutir por teléfono, Elena se giró hacia Damon, el cual estaba recostado sobre su camaro.
- ¿Aburrido?
- Contigo, nunca, y con tu amiga… imposible -dijo agotado.- Más bien acabo reventado, sin aliento, sin ganas de vivir… -comentó en broma, ganándose un golpe amistoso de Elena- Auch, y encima me pegas, vaya día.
- El mejor día de mi vida -dijo radiante abrazando a Damon, y apoyando su cabeza en su pecho, cerró los ojos feliz cuando notó que el chico le devolvía el abrazo con fuerza- Te amo.
- Tu amiga nos está fulminando con la mirada -dijo bajito evitando el contacto visual, la castaña soltó una carcajada, y a regañadientes se separó de Damon.- ¿Qué sucede?
- Me he enfadado, ¡no dicen que no piensan pagar nada sin ver si es verdad! -bufó- Panda de niños chicos.
Damon abrió la boca para decirle que si aquí había alguien que se comportaba como una cría era ella, pero se lo pensó mejor, iba a disfrutar como nadie de las siguientes palabras, con una sonrisa atrapó la mano de Elena con la suya, y tiró de ella, hasta tenerla pegado a su cuerpo.
- Seguro que tu puedes convencerlos, Caroline, ¡eres fantástica! -ironizó, ganándose una mirada de reproche de la rubia- Mientras que nosotros nos vamos a comer a lo grande.
- ¿Cómo…?
Elena cerró los ojos, esperando que Caroline no montase un espectáculo en mitad de la calle, no uno más.
- Lo que has oído, ¿o necesitas que te haga un croquis?
- ¿Disfrutas con esto, verdad Salvatore?
- Como un niño en la mañana de navidad -sonrió feliz- ¡Bye, bye, rubia!
- ¡Damon! -le advirtió Elena- Car…
- ¡No! ¡Ni se te ocurra Elena! -le cortó Damon- Que nos conocemos. Ya no pienso compartirte más, esto ha sido suficiente sufrimiento por hoy para mi, ¡nos vamos!
Tomó a Elena del brazo y se dirigió directamente a su coche, vale que parecía un animal marcando territorio pero sabía mejor que nadie que si la rubia se proponía convencer a Elena lo haría, ya lo había visto hacía unas horas, no pensaba repetir el proceso de nuevo. Caroline, alucinando miró como su amiga era arrastrada.
No pensaba dejar que Damon se fuese de rositas.
- ¡Eh! -gritó poniéndose en medio- ¿¡Se te va la cabeza, o qué!?
- ¡Habla la loca! -se señaló la sien con un dedo- ¿Te han hecho el test de…?
El sonido del claxon los calló a ambos, Elena, que ya estaba sentada en el sitio del copiloto del camaro de Damon los miró con muy mala cara.
- Car, necesito un rato a solas con Damon, ¿por qué no aprovechas y te vas con Klaus? Anda… por favor… -le suplicó.
- Klaus estará con los demás, no estaremos solos -se cruzó de brazos.
- Pues ya sabes cómo nos sentimos nosotros -le contraatacó Damon.- En serio, rubia, ¿no prefieres ir con los demás a preparar, no sé, algo sorpresa?
- Ya no sería sorpresa.
- Uff, respira hondo Damon -se dijo así mismo. - No vas a matarla… Caroline, seguro que tu cabecita ya tiene "algo sorprendente" montando, ¿por qué no vas?
Caroline asintió no muy conforme, cuando Damon vio que había ganado y con creces esta batalla dio un salto de alegría y se montó en el auto antes de que la chica se arrepintiese, la rubia se despidió con un gesto, mientras que Damon se concentró en salir lo más de prisa de allí.
- Nos vamos a matar, Damon -rió Elena al ver lo rápido que iban- Caroline no tiene supervelocidad, no nos va a alcanzar.
- Tiene coche y muy poca paciencia. -redujo la velocidad cuando perdieron de vista la clínica- Bien, ¿a dónde vamos, mis princesas?
Elena se mordió el labio, haciéndose la loca miró en todas direcciones como si de verdad estuviese pensando un lugar, Damon la observó con devoción, quería olvidar cualquier plan romántico para abrazarla con fuerza y no soltarla nunca, tal vez incluso encerrarla en su casa fuese una opción más que tentadora, pero en cuanto sus ojos café se pusieron sobre los suyos y vio ese brillo que tanto amaba supo que aunque le pidiese ir a la luna él le diría que sí.
- Mmm, ¿a alguna cafetería para tomarme mi primer capricho matutino? -preguntó con una sonrisa resplandeciente- Me conformo con un lugar que tenga baño.
- Si pudieras atracarías una cafetería solo por el café. -comentó riéndose.
-¡Dios! Cómo extraño esa cosa… -se lamentó con un puchero- Tienes que prometerme que apenas nazca la bebé vas a salir corriendo a traerme un cappuccino. No flores ni regalos ni nada, café.
Damon rió negando con la cabeza mientras comenzaba a conducir hacia una cafetería que sabía que le gustaba.
-Lo prometo -rió apoyando suavemente su mano derecha en el vientre de su chica- Algo me dice que vamos a necesitar café si tendremos que pasar la noche despiertos al menos los primeros días.
-Aún no puedo creer que sea una niña. Ya quiero tenerla en brazos -sonrió Elena uniendo su manos a la de su novio.
-Va a ser la pequeña más hermosa del mundo -coincidió Damon acariciando su piel en pequeños círculos.
Elena sonrió enternecida, no le costaba imaginarse a Damon alrededor de su hija, cuidándola con amor y tratándola como una princesa. Iba a ser muy tierno ver como el chico llenaba a su hija de amor y regalos. Esa niña aún no había ni siquiera nacido y ya los tenía a ambos a sus pies.
Embobada ante diversos escenarios posibles donde su niña y Damon serían los protagonistas casi perdió el hilo de la conversación, por lo que no tardó mucho en darse cuenta que habían tomado un camino diferente.
-¿A dónde vamos? -preguntó Elena extrañada al ver que tomaba la ruta para salir del pueblo. Se giró para mirar a Damon, el cual se encogió de hombros como si el asunto no tuviese importancia.
-Prefiero salir de Mystic Falls. -comentó con parsimonia pero ante la insistente mirada de Elena le aclaró.- No quiero que nadie nos mire mal por caminar juntos en la calle, hoy no. Estamos celebrando.
En cualquier otro momento ese comentario le hubiese sentado mal, pero como bien había dicho Damon estaban celebrando, no pensaba permitir que nada nublase ese maravilloso día por lo quesonrió y se acomodó en el asiento para un viaje que sería quizás más largo de lo que había pensado. Antes de salir del pueblo, Damon bajó a comprar el desayuno para que lo comieran en el auto mientras conducían. Volvió poco tiempo después de haberse bajado trayendo con él dos malteadas de chocolate que sabía que Elena adoraba y exquisitos bollos rellenos con chocolate y crema. Cuando Damon le enseñó el contenido de la bolsa, le brillaron los ojos al ver tantos dulces juntos, sin saber muy bien que probar primero le arrebató la bolsa para así tener acceso a todo, Damon puso los ojos en blanco ante sus evidentes antojos de ese tipo de cosas.
-No puedo creer que me estés dando chocolate por tu propia voluntad -comentó ella sonriente con el sorbete entre sus labios mientras tomaba pequeños sorbos de malteada.
-Te dije que estábamos celebrando. Tendrás que comer verduras hervidas por tres días para compensar esto.
-Sí claro… -rió ella- Ni lo sueñes Salvatore.
-Por lo menos no comas mucha azucar mañana…-intentó de otra forma, antes bromeaba con lo de las verduras pero era cierto que tenían que mantener un control exhaustivo sobre la chica, y esto rompía todos esos esquemas.
-Mañana será otro día -sonrió Elena sin darle mucha importancia a lo que él le estaba diciendo.
-Sabías que me vas a volver loco un día de estos ¿Verdad?
Esta vez, ella prefirió no decir nada y simplemente sonrió tomando otro sorbo de su malteada. Damon conducía despreocupadamente con una sola mano, tomando su propia malteada con la mano libre, Elena llevaba sus gafas de sol así que por culpa de la luz, el contraía los ojos de una forma que a la chica le parecía adorable. Por varios minutos, no dijeron nada, simplemente disfrutaron del desayuno inmersos en ese placer sencillo que les daba la compañía mutua. Damon nunca se había sentido tan afortunado en su vida. Allí estaba, junto a sus chicas alejándose juntos por la había pensado demasiado en el futuro sobre su vida, pero de repente no le costaba imaginarse mil imágenes de su futuro con ellas dos. No importaba cuándo ni dónde, simplemente sabía que Elena y su pequeña estarían allí. Caminando descalzas en el pasto mojado después de una tormenta de verano, jugando juntas en la nieve la tarde de navidad, durmiendo en su cama. Podía verlas en cada imagen de su futuro. Y le encantaba.
-Vamos a tener que pensar un nombre de niña -dijo Elena de repente, dejando salir lo que acababa de pensar.
-¿No tienes nada en mente? -sonrió Damon mirándola de reojo, con todo el tiempo que se había pasado pensando su bebé le extrañaba que no hubiera investigado los nombres. Él mismo sí lo había hecho, pero ningún nombre parecía encajar con la maravilla que sería su hija.
-No en realidad. Ninguno es lo suficientemente bueno -se quejó mordiendo uno de los bollos.
-Va a ser la niña más malcriada de la tierra -rió Damon.
Ambos soltaron una carcajada. Era cierto, pensó Damon, lo único que no conseguía ver en su imaginación era el nombre de su hija, lo había pensado cientos de veces pero ningún nombre le parecía el correcto, ¿uno americano? ¿italiano? no había nada que fuese acorde a lo que sentía por su hija y por Elena en ese momento, ¿se podían permitir el lujo de esperar un poco más? A fin de cuentas faltaba mucho para cuando naciera su pequeña, tenían tiempo para pensar y muchos amigos que después también darían la lata con el tema, no era como si no tuvieran opciones.
Le dio un mordisco al bollo mientras comprobaba la emisora de la radio.
- Damon…
- ¿Mmm? -preguntó con la boca llena de chocolate, la chica le dio un ligero golpe mientras soltaba una carcajada- ¿Es que no puedo comer mientras conduzco y hablar contigo?
- Es de mala educación hablar con la boca llena. -le cortó con una sonrisa.- ¿Damon?
El chico se limpió los restos de chocolate con el dorso de su mano. Concentrado en la carretera dejó que Elena pensara detenidamente lo que tuviera que decirle, sabía que la chica tenía ataques de dudas por lo que fue paciente.
- ¿Qué pasará cuando… el embarazo pueda conmigo? Digo, la escuela… -jugó con el cinturón de seguridad por no mirar a Damon a la cara- Por lo menos quiero terminar este año, y no quiero dejar el curso a medias. ¿O crees que lo mejor es que lo deje ya…? ¿O…?
- Hey, nena. -la tomó de la mano al ver como comenzaba a balbucear a causa de los nervios, la chica centró como pudo toda su atención en Damon.- Ya te lo he dicho miles de veces, vas a terminar la escuela y te sacarás tu carrera.
- Pero…
- No se hable más. -le sonrió.- Hoy es nuestro día, ¿recuerdas? No he desconectado el teléfono para esto.
- Te quiero. -asintió, acurrucándose en su hombro, Damon continuó conduciendo como pudo ya que la postura era bastante incómoda, pero en ningún momento se quejó, Elena necesitaba este silencio más que nada en el mundo y el se lo iba a conceder pero ni loco iba a permitir que su chica se comiese la cabeza con un tema que para él estaba más que resuelto.
Media hora después, Damon divisó el cartel de un motel, sonrió agradecido porque realmente temió no dar con el lugar correcto. Aparcó como pudo en el estacionamiento que había justo al lado de ese mugriento lugar, mordiéndose el labio para no reír al ver la cara que ponía su chica al ver el lugar, salió del coche.
- Damon… -quiso preguntar pero el chico la calló con un beso justo cuando intentaba salir del auto, una sonrisa se dibujó en sus labios al sentir el sabor del chocolate aún en la boca de su chico.- Mm, me gusta.
- ¿El beso?
- Está claro que el lugar no. -se encogió de hombros cuando el chico negó con la cabeza.- ¿No esperarías que te dijera que me gusta estar en un motel mugriento de tres al cuarto cuando podríamos estar en tu casa? ¿o en cualquier u otro sitio? -se mordió el labio al echarle un vistazo a la fachada del edificio, definitivamente estaba equivocada, mugriento era un halago comparado con lo que realmente era el lugar.
Mientras Elena "admiraba" las vistas, Damon tomó su teléfono para mandar un mensaje a su amigo. En cuanto recibió el visto bueno decidió que ya había sido bastante tortura por hoy para su chica, le dio un ligero golpecito en el hombro para captar su atención.
- Dime que has cambiado de opinión. -suplicó.- En serio, no creo que este lugar… sea… -gesticuló buscando una forma de definirlo sin insultar a nadie.- Adecuado… para nuestra niña.
- Elena, Elena, ¡calma! -rió, sostuvo su rostro con ambas manos.- Cariño pensé que cualquier lugar sería perfecto para nosotros.
Se mordió el labio, giró su rostro hacia otra dirección buscando en mitad de la carretera una excusa.
Pero Damon se le adelantó, soltando una carcajada, Elena no tardó en darse cuenta que Damon se había estado riendo de ella todo el rato, el chico se sujetaba como podía el estómago debido a la fuerza de las carcajadas. Abrió la boca para protestar cuando la puerta, del motel, se abrió desvelando la figura de un muchacho de unos veinte años vestido elegantemente, detrás de él venía un grupo de chicos, casi de la misma edad, Elena los miró sin comprender, y más perdida aún estaba cuando Damon la tomó de la mano y le señaló con la cabeza el camino.
Sin entender muy bien que estaba planeando le siguió como pudo, no se alejaron mucho del motel donde habían aparcado el camaro, pero si lo suficiente para perder de vista, todo, "eso".
- ¿A dónde vamos, Damon? -susurró cohibida, literalmente estaban rodeados por ese grupo de chicos.
- Paciencia, pequeña.
"¿De verdad?", le hubiese gustado añadir, pero el muchacho que guiaba a los demás se puso a la altura de ellos, y si antes estaba cohibida, ahora ni un sonido se escapaba de sus labios, pero eso no parecía afectar a Damon, el cual habló alegremente con el chico como si lo conociera desde hacía mucho tiempo.
- Sean bienvenidos.
Extrañada, al encontrarse detrás del motel, miró por todos lados divisando una pequeña cafetería al otro lado de la carretera, no era nada del otro mundo pero a simple vista atraía como las abejas a la miel, desde ese primer momento, Elena se sintió atada a ese lugar.
- ¿Preparada, mi amor? -la voz aterciopelada de Damon fue como una melodía angelical, la castaña le miró, perdiéndose en la profundidad de sus ojos azules.- Un día paseando… me encontré este lugar, un paraíso en el mismo infierno, lo amarás, te lo prometo.
La cafetería no era tan pequeña como parecía en el otro lado, era un lugar bastante espacioso, no había mucha gente allí pero si la suficiente para que el lugar sobreviviese, en realidad, se encontraba en una buena zona de tránsito, su problema era el motel, que tapaba la belleza de ese lugar, por unos segundos, Elena se preguntó cómo Damon había conocido el lugar, que había estado haciendo para cruzarse con esto, porque hermoso no era una buena forma de definirlo.
El lugar era como sacado de un cuento, pensó Elena, la decoración era realmente maravillosa, el lugar estaba compuesto por un salón y una terraza repleta de mesas de colores cálidos, como el de las paredes, la decoración era más rústica de lo que le hubiese gustado en un principio pero tenía un aire agradable que invitaba a entrar, a perderte en su bebida o en su comida, cerró los ojos cuando pusieron un pie en su interior, olía no solo a antiguo sino también a café, era un aroma hipnotizador.
Damon se acercó sigilosamente a su oído.
- Abre los ojos… -cada palabra fue como una chispa que recorrió todo el cuerpo de Elena desde la punta de los pies hasta su cabello, abrió los ojos, y lo que vio fue aún más hermoso.
No había techo, bueno si había techo pero era de cristal, o algo similar al vidrio, fascinada comprobó el lugar con detalle, no solo había sillas de colores sino también sofás y mesas de té. Era como un pequeño tesoro perdido de la mano de dios. El chico que antes iba acompañando a la pareja se puso delante de Elena.
- Mi nombre es Liam, señorita Salvatore, y hoy seré vuestro mesero. -Elena se quedó boquiabierta, y no supo si había sido por oír de los labios de ese desconocido su nombre como "señorita Salvatore" o si había sido simplemente por el hecho de tener incluso un mesero propia, fuese lo que fuese, se lanzó a los brazos de Damon y se maldijo a sí misma por ir vestida con algo tan poco… apropiado.
- ¡Hey!
- Te quiero.
- ¿Solo por un mesero? Liam tengo que contratarte a tiempo completo. -bromeó ganándose un golpe.- Ya van dos, ¿eh?
- Te lo mereces. -bufó pero era imposible estar enfadada encontrándose en un lugar tan mágico como ese.- Es perfecto.
- Debería guardarse ese halago para después, señorita Salvatore. -le comentó muy orgulloso Liam.- Aún no ha probado mis maravillas.
- Y dudo que pueda probarlas. -comentó apenada, no había que ser muy inteligente para saber que la obra maestra de ese chico era la repostería, nada más entrar en el local lo primero que veías eran filas de dulces y olor a café. Damon era cruel.
- No se preocupe, mi especialización no es la repostería, eso se dedica mi hermana Jo. -señaló una de las mesas donde una chica muy parecida a él atendía a los pocos clientes que había.- El señor Salvatore no me contrató por eso… seguidme.
Elena y Damon siguieron al chico a una mesa más apartada de las demás, la iluminación acompañada con esa leve melodía y el olor a café fue como estar en el mismo paraíso, Damon había acertado llevando a Elena a ese lugar, la chica necesitaba relajarse y ese sitio era el adecuado, mientras Liam comentaba lo que iban a almorzar y lo que tenía preparado para ellos, Elena se dejó llevar por el momento, ahí, tomada de la mano de Damon y perdiéndose en sus ojos azules, si eso era el paraíso ahora mismo sentía que se encontraba flotando en una nube de la cual no quería bajar nunca.
Todo era mágico, ahí, sentada en mitad de la nada con las dos personas más importantes de su vida, su pequeña niña y Damon. ¿Qué más podía pedir? ¿Que durase para siempre? En cuanto el mesero se despidió prometiendo una velada inigualable, Elena se armó de valor, no porque temiera expresar sus sentimientos en voz alta sino porque esto resultase ser un sueño y en cualquier momento despertase en su cuarto junto a Caroline; apretó la mano del chico para tomar fuerzas.
- Damon, gracias. -le susurró dulcemente temiendo que si hablaba un poco más alto la magia desapareciera.
El chico soltó una carcajada, moviendo un poco el asiento quedó sentado más cerca de lo políticamente correcto.
- No me des las gracias. -susurró contra su oído, la chica saboreó cada sílaba como si se tratase de un manjar exquisito.- No he hecho nada, cariño.
La velada fue más hermosa de lo que Damon se imaginó en un principio, se pasaron gran parte de la estancia saboreando los exquisitos platos de Liam y comentando de pasada lo adecuado y perfecto que era el lugar para celebrar la tan deseada noticia pero en ningún momento ninguno de los dos se atrevió a preguntar cuánto más duraría este sueño.
- ¿Quieres un postre? -comentó con una sonrisita mientras se limpiaba la comisura de los labios con la servilleta.- He visto unos tiramisú deliciosos.
- Y yo he visto tu cabeza en un plato y no he comentado nada. -bromeó malhumorada, odiaba no poder probar ningún dulce, ¿por qué Damon había tenido que invitarla a bollos hacía unas horas? Le odiaba por eso.
Vale, le era imposible odiarle, pero es que realmente le sacaba de quicio saber que no podría probar ninguno de esos manjares por culpa de esa dieta que tenía que llevar.
- Te prometo.
- No hagas promesas que no puedes cumplir, Salvatore. -le amenazó con la servilleta.- O te arrepentirás.
- Iba a decirte, que te prometo una caja repleta de los dulces más llamativos de este lugar, solo tienes que elegir, y te prometo que todos los días comerás uno.
- ¿En serio? ¿Y la dieta?
- Elena un dulce no va a matarte. -rió.
Elena emocionada se levantó de golpe, hacía un buen rato que el lugar estaba completamente vacío al principio no se percató de ello, pero ahora que se dirigía a los estantes para poder elegir sus dulces se dio cuenta de ese pequeño detalle, extrañada miró el reloj de su teléfono, era demasiado temprano para que el lugar estuviese casi desierto.
Se giró para interrogar a Damon con la mirada pero el ojiazul también había desaparecido, tragó saliva porque por un segundo su cabeza conjugó la imagen de un sueño transformándose en pesadilla y no quiso ser testigo de ello, no quería despertarse nunca.
Las luces se apagaron por completo, Elena se revolvió nerviosa sin saber muy bien como actuar y qué hacer, porque su cabeza le decía que saliera corriendo o que gritase mientras que su corazón sólo podía latir con fuerza esperando lo que tanto deseaba.
Damon se acercó sigilosamente mientras las luces se volvían a conectar, no con la misma intensidad pero sí con la suficiente como para iluminar la estancia, la castaña, al sentir unos brazos rodeándola se sobresaltó.
- Shh, te prometí un día perfecto y aún no ha terminado. -la chica se giró para poder estar cara a cara con Damon.-¿Confías en mi?
Una sonrisa se dibujó en sus labios, miró la mano que le ofrecía Damon y sin dudarlo la tomó, demostrando sin palabras lo mucho que confiaba en él, tal vez no supiera su historia completa, incluso puede que si la supiera las cosas serían distintas pero es que para Elena era imposible pensar en el pasado o incluso en el presente teniendo a Damon Salvatore prometiéndole un futuro junto a él.
¿Qué más podía pedir?
- Por supuesto.
Damon se tomó eso como un reto. Tiró de la mano de Elena y la condujo al centro del local, la chica no recordaba que hubiese tan pocas mesas y mucho menos tenía claro si la música que se escuchaba de fondo había estado ahí en todo momento, pero, ¿qué importaba, cuando la mano de Damon descendía por su espalda y la apretaba contra su cuerpo? ¿qué importancia tenía el lugar o el momento si estaba perdida en los brazos del hombre que amaba?
Nada era relevante si se dejaba llevar por las locuras del ojiazul.
- Desde el primer día supe que volver a Mystic Falls no sería tarea fácil, aunque nadie se acordara de mi, pero en cuanto mis ojos se posaron en ti, nena, supe que no podía permitir que me olvidases, pasase lo que pasase.. -susurró mientras sostenía a Elena con sus brazos danzando sin seguir el ritmo de la música que sonaba a sus espaldas.-Necesitaba sentirte…
- Damon…
- No digas nada. -le suplicó con los ojos cerrados, no quería preguntas sobre su pasado ni mucho menos algo que pudiese romper esa magia de paz.- Solo escucha.
Damon la tomó de la cadera, dejaron de bailar, por unos segundos se dejaron llevar por el calor de sus cuerpos y por el latido de sus corazones. La castaña cerró los ojos y se recostó sobre su pecho esperando que Damon continuase o dijese algo.
- Me costó muchísimo asimilar lo que me estaba pasando. -una sonrisa se dibujó en su rostro.- No podía entender cómo alguien como tú podía perder su tiempo conmigo. En alguien tan roto…
- Damon tú no estás roto. -alzó la cabeza rompiendo su promesa de silencio, no podía consentir que el chico se degradase de esa forma y menos delante de ella, pero en cuanto sus ojos se cruzaron con los de Damon se dio cuenta que estaba equivocada, en sus ojos azules una tormenta reinaba, y lágrimas caían por sus mejillas buscando perderse.- Hey, te amo, Damon.
- Lo sé, ahora lo sé. -sonrió limpiándose el rastro de lágrimas.- Eso quería decirte, me costó mucho darme cuenta, de asimilar que alguien me amaba con la misma fuerza que yo. Elena, eres la primera persona en el mundo que está tan loca como para darlo todo por amor.
Tomó su rostro y unió sus labios en un profundo beso, donde ambos dieron todo como si se tratase del último beso del universo. Damon dejó que sus angustias y sus miedos desaparecieran con esas lágrimas porque iba a ser la última vez que desconfiase del amor, había encontrado a la única persona en el mundo que podía salvarle y no pensaba permitir que nada ni nadie le separase de ella.
Eran una familia.
Ambos se separaron para poder tomar una respiración, pero manteniéndose lo más unidos posibles continuaron bailando aunque ni la música ni las luces les acompañaran.
- Estás mal de la cabeza, Salvatore. -le comentó cuando hizo que girara para después quedar aún más pegada a su cuerpo.- Muero de la vergüenza.
- Solo estamos tu, yo… -volvió a hacerla girar.- Liam, Jo…
- ¡Tonto! -le golpeó, ganándose una carcajada del chico.- No en serio, dime que estamos solos…
- Elena. -le dio la vuelta.- Permíteme decirte que Liam ha hecho un trabajo espectacular pero es imposible que nos deje el local completamente solo.
Era cierto. Un tono rosado tiñó las mejillas de la castaña sintiéndose desnuda y desentonada por primera vez en todo lo que llevaban de día se ocultó en los brazos de Damon al pensar por un momento que Liam podría haber sido testigo de esa conversación anterior.
- Nos… ¿nos está vigilando?
- No claro que no. -se indignó en broma.- Ni loco permitiría que nadie nos viese, ¿y si quiero besarla de forma pasional como hace cinco minutos, señorita Gilbert?
- No vuelvas a besarme de esa forma aquí. -le cortó apartándose de sus brazos y alejándose lo máximo posible, pero Damon no estaba dispuesto a perderla por lo que la alcanzó y tomó su brazo.
- ¿No te había prometido una bandeja de dulces? -una sonrisa torcida apareció en su rostro mientras devoraba descaradamente a una Elena muerta de la vergüenza, pero en cuanto los oídos de la chica captaron la palabra dulce todo lo demás desapareció.
Elena no había olvidado ni por asomo las palabras de Damon mientras intentaban bailar pero tampoco era tonta como para sacar el tema de conversación ahí, tendría que pillarlo desprevenido, porque ahora mismo tendría mil excusas para evadir el problema y ella prefería divertirse que preocuparse. Normalmente era el chico quien la ayudaba y la protegía pero estaba claro que Damon no era la persona más fuerte del universo como ella quería creer, y que también necesitaba de apoyo.
Mientras tiraba del chico para elegir los dulces, la situación en el local recuperó la normalidad, las luces se encendieron y los meseros empezaron a aparecer, la castaña no quería darle muchas vueltas al dinero que se habría gastado el chico para tener el lugar vacío unas cuantas horas, pero era inevitable que la curiosidad le invadiese, era mejor preguntar eso que sobre su pasado.
- ¿Damon?
- ¿No quieres unos lacitos de hojaldre? -le señaló una bandeja repleta de lazos de chocolate.- Yo quiero uno.
- Pues compratelo. -rió.- Pero quería preguntarte una cosa… ¿cuántos te has gastado?
- Elena he pagado la cuenta delante tuya, ¿o es qué se te ha olvidado?
- No hablo del almuerzo, ¡perfecto tengo que decirte! -le felicitó.- Aunque tu solo… me has traído aquí.
- Ah, gracias, corre y abraza a Liam y dale las gracias a él.
- Que no bobo. Sobre Liam, quiero decirte que el chaval me ha caído muy bien, ¿cuánto te ha costado alquilar el lugar?
- No he alquilado nada.
- ¿Cómo que…?
Antes de que pudiese preguntarle, Jo, la hermana de Liam trajo las bolsas con las bandejas de dulces que Elena había elegido minuciosamente minutos atrás.
- Comprobad que está todo a vuestro gusto.
- Muchas gracias, Jo.
La pareja abandonó el local unos minutos después, tras despedirse de Liam y prometer que volverían pronto, tanto Damon como Elena salieron con una sonrisa en los labios y bromeando como una pareja cualquiera que acaba de disfrutar de una velada encantadora, de camino al camaro, Elena frenó a Damon.
- Hey, ¿vas a responderme? ¿Cómo has conseguido que Liam te diese unas horas?
- Un buen maestro no desvela sus secretos.
- ¡Damon! -se quejó como una niña chica.- Dime, ¿cómo? Si no has pagado que has hecho. -se interesó, Damon, haciéndose el misterioso miró por todos lados y se acercó sigilosamente a su chica, como si se tratase de un depredador.
- ¿De verdad quieres saberlo? -sus cuerpos estaban demasiado cerca, la respiración de Elena se aceleró con la cercanía, ahora que se encontraban en el exterior, con el aire rozando todo su cuerpo las sensaciones se multiplicaron con fuerza.- Le prometí… que…
- ¿Si?
- ¿Sabes qué le prometí? -con la intensidad del momento, Damon se aprovechó para darle un pequeño mordisco en el lóbulo de la oreja y salir corriendo en dirección al auto, en cuanto la chica se recuperó salió también disparada para golpear al chico.- No te enfades… -le dijo cuando la chica se sentó en el asiento y le lanzó una mirada asesina.
- Estoy muy enfadada, Damon. -se cruzó de brazos y esquivó su mirada, no porque realmente estuviese enfadada con él sino porque no podía consentir que el chico la vacilase de esa forma en la cara.
- Es una pena… -arrancó el motor.- Porque pensaba llevarte… a dar una vuelta por el pueblo, ¿lo conocías?
Cualquier atisbo de enfado desapareció cuando la chica oyó sus últimas palabras, una sonrisa apareció en su rostro y haciéndose la loca, como si nada malo hubiera sucedido le sugirió que condujese rápido si querían disfrutar del pueblo.
Al principio no había estado tan convencida con la idea, definitivamente salir de Mystic Falls había sido una de las mejores cosas que habían hecho en meses. La plaza del pueblo vecino parecía llena de vida aún cuando era invierno y estaban en medio de la semana, pero eso no le importaba a ninguno de los dos. A pesar de estar cercanos a navidad, un sol agradable bañaba las calles y Damon podría jurar que haría lo que fuera por seguir viendo a su chica tan feliz como ese día.
Debido a la montaña rusa de emociones de hacía unas horas y a pesar de los excesos de azúcar de todo el día, se habían permitido un par de helados, cortesía de un nuevo antojo de Elena que sin importar la temperatura había sentido una impresionante necesidad de comer helado de repente, ¿Y cómo podría él haberse negado?
-Se te están congelando los labios -rió Damon al verla con los labios ligeramente morados por comer helado con esa temperatura.
-Se me ocurren un par de maneras interesantes para que no se congelen -insinuó la chica risueña justo en el momento en que Damon la atrapaba por la espalda en un abrazo.
-¿Ah sí? ¿Puedo saber cuáles?
-Mmm… no sé si debería decirte.
-Te quiero, nena -susurró él en su oído dándole un suave beso en la mejilla que la hizo temblar por la temperatura de sus labios.
-Yo también -sonrió Elena volteando como pudo para mirarlo a los ojos.
Los ojos de la chica brillaban con la alegría más sincera del mundo, tenía absolutamente todo lo que podría llegar a haber pedir en ese momento y fue ese brillo lo que finalmente atrajo los labios de su novio a los de ella. De algún modo era un beso igual que muchos otros que habían compartido, pero también sabía que por alguna extraña razón sabía que también formaría parte de esa colección de momentos que cada uno guardaba como los objetos más preciados de su memoria. Como él había terminado su helado hacía solo unos minutos, no tuvo problemas para abrazar a la chica como quiso, rodeándola por la cintura para mantenerla más cerca. Ella, en cambio, tuvo que conformarse con acariciar su pecho con la única mano libre que tenía.
-Te amo -balbuceó la chica entre besos y risas.
-Yo te amo más -rió Damon y no pudo resistir el impulso de abrazarla más fuerte hasta levantar sus pies del piso. Las carcajadas de Elena los inundaron completamente en ese momento y, cuando finalmente pudo volver a poner sus pies en el piso se pegó tanto como pudo al pecho de Damon, disfrutando de la calidez sublime de su abrazo.
-Pronto no vamos a poder hacer más esto -comentó Elena sin separarse, recordando lo complicado que había sido en el local, sintiendo perfectamente como su abultado vientre les impedía abrazarse tan estrechamente como deseaban.
-Tendremos que empezar a ponernos creativos, entonces.
La chica rió suavemente contra su pecho y se alzó en puntas de pie para besarlo en los labios antes de separarse y regresar la atención a su helado.
-¿Qué opinas de unas compras? -preguntó Damon entrelazando su mano con la de ella para caminar juntos y señaló el pequeño centro comercial del pueblo.
-¿Compras? Que yo sepa en casa no hace falta nada, la semana pasada fuimos a comprar comida juntos, y no creo que nosotros necesitemos algo en particular… -dijo ella confundida y para Damon no pasó desapercibida la manera en la que se refería a su casa simplemente como casa. La comodidad con la que Elena se movía a su alrededor seguía haciéndolo sentir el hombre más feliz del mundo.
-He oído que hay una enorme librería, hace mucho que no te veo con algo para leer. Supongo que ya terminaste los últimos libros que compramos.
-¡Sí! Vamos -sonrió entusiasmada y Damon rió al verla contenta como una niña pequeña.
-Además, no estaba pensando en compras específicamente para nosotros… quizás podríamos hacerle un regalo a nuestro bichito para celebrar -sonrió y Elena se sintió derretirse de la ternura.
-Esa es una de las mejores ideas que has tenido en el día, y hoy has tenido un montón de buenas ideas.
-Entonces termina ese helado y vamos, no sé por qué razón se te ocurrió decirle a Mer que vamos a pasar por su casa así que pronto tendremos que vol…
-¡Shhh! Ni te atrevas a decir la palabra -lo amenazó ella juguetona, poniendo un dedos sobre sus labios y él puso los ojos en blanco.
-La negación no es nada sana, nena -bromeó mientras Elena le daba los últimos bocados al helado.
-Toda esa azúcar y comida están volviendo loca a tu hija -rió ella poniéndose una mano en el vientre al sentirla patear sin parar.
-Quizás esté feliz -murmuró Damon.
-Por supuesto que está feliz. ¿Por qué no iba a estarlo?
Ya que últimamente Elena tenía que ir al baño todo el tiempo, la primera parada en el centro comercial fue el baño de mujeres. Luego, fue Damon quién decidió pasar primero por la enorme librería. El aroma a libros nuevos los hizo suspirar a ambos y, por un momento, se perdieron en recuerdos de sus primeros meses juntos, cuando la pasión por la literatura había sido lo que los había reunido en primer lugar.
-Ha pasado bastante desde la última vez que vinimos juntos a una librería -comentó la chica acariciando con cuidado las tapas de los libros exhibidos frente a ella.
-Quizás porque cada vez que salimos a comprar libros juntos mi tarjeta de crédito termina en rojo.
Elena rió bajito para no molestar a las personas a su alrededor y levantó un libro para que él lo viera.
-Te escuché hablando con Ric sobre esto la semana pasada -dijo mostrándole la portada de Inferno, uno de los últimos libros de Dan Brown- Todavía no creo que haya algo que pueda superar Ángeles y Demonios…
-Eres demasiado pretenciosa -rió Damon tomando el libro de sus manos- ¿Leíste La Divina Comedia?
-¿Qué? La pregunta en un insulto, profesor Salvatore… -bromeó ella y Damon puso los ojos en blanco- Claro que la leí.
-Entonces los llevamos, no he escuchado nada más que buenos comentarios. Pero me toca leerlo a mí primero.
-¡No! -se quejó la chica y él le sacó la lengua- No es justo, yo lo encontré.
-Ya veremos…
-Sí claro. Yo voy a leerlo primero.
Mientras caminaba detrás de ella por los pasillos de la librería, Damon no pudo evitar pensar que podría pasar el resto de su vida caminando detrás de ella. De repente, Elena paró un momento y volteó para mostrarle un enorme volumen de color blanco con el título de "Quinientos años de poesía alrededor del mundo". Definitivamente no podía con su adicción a los poemas.
-Por favor… -suplicó haciendo un puchero.
-¿Quieres leer eso, que es probablemente más pesado que casi cualquier libro en este lugar y no te animas a leer Los Miserables? -rió, recordándole a la chica su absurdo "miedo" a no poder terminar la obra máxima de Victor Hugo.
-Son dos cosas diferentes.
-Vamos, dámelo -rió él negando con la cabeza y sumó aquel volumen al que ya llevaba.
-¡Sí!
-Nunca pensé que encontraría a una mujer a la que pudiera hacer feliz comprándole un libro que pesa casi una tonelada y media.
-Y yo nunca pensé que encontraría un hombre que me comprara libros de casi una tonelada y media -sonrió ella acercándose a darle otro beso en los labios.
Después de caminar un poco más, Elena frenó un segundo frente a los más vendidos y mirando un poco los títulos se decidió a sacar uno mostrándoselo a Damon con una sonrisa que se agrandó aún más con la victoria cuando vio como los ojos de él brillaban de gusto.
-He estado planeando leerlo desde que salió -dijo Damon mirando la tapa del libro- ¿Cómo lo sabías?
-Lo supuse -se encongió de hombros ella- El otro día ví una copia de El Resplandor en tu escritorio. No leí nada de él, pero sé que te gusta Stephen King.
A ella no le gustaban las películas de terror, menos aún le gustaban los libros de terror. Pero Damon disfrutaba bastante de los escritores contemporáneos y, teniendo en cuenta que casi no le quedaban clásicos por leer y que hacía poco había releído el libro que acababa de mencionar Elena le pareció que una copia de Doctor Sueño sería una genial adición a su querida colección de libros.
-Sé que te quieres llevar algo -dijo Damon al verla pasear la vista por los estantes con ojos soñadores.
-Te vas a reír -murmuró ella con las mejillas algo rosadas.
-No seas tonta, te traje para hacerte un regalo, puedes elegir lo que quieras.
Después de haberlo pensado un poco, Elena decidió que aprovecharía la oportunidad y se estiró un poco hasta tomar una caja que contenía los cinco libros publicados por John Green. Sabía que a Damon no le gustaban mucho los escritores que se dedicaban al género de jóvenes actualmente ya que decía que prácticamente no era literatura y, con respecto a la mayoría de las sagas más vendidas del momento, Elena compartía su opinión. Pero Caroline se había vuelto loca con uno de esos libros y había repetido las citas tantas veces que a Elena, completamente cautivada por las bellas palabras, prácticamente la había poseído un irracional deseo por saber de dónde venían esas citas.
-Elena, no tienes que leer enormes libros viejos solo porque creas que voy a juzgarte si lees otra cosa -le aclaró él al verla mirando los libros con un poco de inseguridad- Ya es maravilloso que leas tanto y tengas opiniones tan increíbles de cada lectura que , estoy enamorado de tí por quién eres, no solo porque eres una de las únicas personas lo suficientemente locas como para escucharme hablar de poesía europea antigua por horas. No voy a quererte menos porque leas un libro que no me guste. Llévalos, te los regalo. Quizás incluso considere darle una oportunidad si te gusta -sonrió bromista y todo el rostro de Elena se iluminó con una sonrisa.
-Yo también te amo -contestó la chica dándole un rápido beso antes de sumar su set de libros a los que Damon ya llevaba en las manos.
Él no tardó en dejarlos por un segundo en una de las mesas junto a ellos para atraer a la chica hasta sus brazos.
-¿Qué? -rió Elena al ver que no dejaba de verla profundamente a los ojos.
Pero él no contestó, simplemente la empujó hacia él con cuidado hasta unirlos en un apasionado beso. La chica llevó las manos a las mejillas de su novio recreándose en la piel cubierta por una corta barba de tres días y él llevó una mano al suave cabello castaño de ella mientras la otra la sostenía firmemente de la cintura. Sin importar el lugar o que los vieran personas, se dedicó a besarla hasta que un pequeño gemidito escapó de ella entre beso y beso. Cuando se separaron, las mejillas de Elena estaban teñidas de color rojo y sus ojos brillaban como luces de navidad.
-Deliciosa -susurró él en su oído y volvió a mirarla a los ojos con una sonrisa traviesa.
-¿Quieres quedarte a dormir en casa esta noche? -murmuró ella mordiéndose el labio inferior al final, atrapada de repente en el hermoso mar infinito que eran los ojos de su novio.
-¿Debería tomarlo como una propuesta indecente, señorita Gilbert?
-Puedes tomarlo como quieras -sonrió sugerentemente y ambos se quedaron mirándose profundamente a los ojos llenos de deseo por un momento que pareció interminable, hasta que de repente, el rostro de Elena se contrajo en una mueca y se llevó una mano rápidamente al abdomen- Auch.
-¿Estás bien?
-Sí -sonrió acariciando la zona despacio- Perfectamente, creo que alguien se puso celosa porque estoy acaparando toda la atención de nuestro hombre favorito.
-¿Es cierto, princesa? -sonrió él tiernamente, acariciando el vientre de su novia con ambas manos- Alguien por aquí va a tener que aprender a compartir -rió al sentir una patada de la niña.
-¡Hey! -dijo Elena llamando a una joven que pasaba cerca, acomodando algunas cosas de los pasillos y Damon la miró sin entender nada- ¿Puedes tomarnos una foto? -pidió extendiéndole su móvil.
-Claro -asintió la joven.
-Nunca vas a superar tu obsesión con las fotos… ¿Eh?
-Me lo agradecerás cuando tengamos un hermoso álbum de fotos que ver en muchos años.
Y aunque su hábito de sacar fotos todo el tiempo podía ser un poquito irritante algunas veces, en especial cuando estaban compartiendo momentos como ése, sabía que tenía razón. Así que le hizo caso, la abrazó por detrás acariciando su vientre con ambas manos y apoyó la barbilla en su hombro. Ella tomó los libros que estaban a punto de comprar y los levantó con ambas manos mirando a la cámara.
-Te quiero -le susurró él en el momento justo para que la cámara capturara su sonrisa.
-Genial, chicos -sonrió la joven con el móvil- ¿Quieren otra?
-Una más.
-Bien, sonrían…
Esta vez, Damon llevó una de sus manos hasta la cintura de la chica, ahí justo donde sabía que tenía cosquillas y, espiando por la esquina del ojo, le dio un beso en la mejilla justo cuando las carcajadas de las cosquillas flotaban en su garganta. El flash los capturó en ese momento y la chica volvió a tomar una foto cuando la pareja se dio un romántico beso entre risas.
-Muchas gracias -sonrió Elena al recuperar su móvil.
-No hay de qué. Suerte.
-Adiós.
Sin dejar de bromear, la pareja se dirigió hacia la caja donde pagaron por la excursión a la librería y luego siguieron su camino. Iban a entrar a una juguetería, pero finalmente encontraron una tienda para bebés que les llamó la atención y entraron de la mano.
Esa era la magia de estar en un pueblo diferente. Era cierto que al ser ella evidentemente mucho menor que Damon solían obtener algunas miradas indiscretas, pero nunca tantas como les sucedía en casa. Donde la gente además de lo que estaba a la vista conocía más de sus historias, quiénes eran y cómo se habían conocido.
La tienda estaba llena de ese suave aroma a perfumes y objetos para bebés. Esta vez, comenzaron a caminar por la tienda de la mano aunque sin necesidad de hablar. Vieron juntos la sección de cunas, carritos para bebé y asientos para el auto y, aunque se pararon un buen rato hablando de algunos decidieron que aún no harían ninguna gran compra. Aún tenían tiempo de sobra para eso. Finalmente terminaron juntos en la sección de ropa y juguetes y Elena se dirigió directamente a la zona de ropa rosa.
-Ni lo sueñes, nena. La rubia va a comprarle suficientes cosas rosas, brillantes y peludas. No necesitamos más -sentenció Damon intentando alejarla.
-Está bien… -resopló planeando silenciosamente viajes de compras con Caroline para comprar tantas cosas rosas como quisiera y siguió viendo algunas cosas hasta que algo le llamó la atención- Mira -sonrió mostrándole un body negro con lunares y letras fuxia formando la frase "Daddy's Princess" y una pequeña corona dorada.
-Ahora estamos en la misma página -sonrió Damon- ¿No es muy pequeño? -preguntó algo inseguro.
-Talle mediano -leyó la chica mirando la etiqueta y lo regresó con el resto cambiándolo por uno igual pero de un talle más pequeño- Este es el tamaño.
-¿Estás segura de que será así de pequeña?
-Claro que sí -rió ella- Todos los bebés son muy pequeños, Damon…
-¿Qué tal este? -preguntó él enseñándole otro body blanco estampado al estilo de las camisetas de recuerdo típicas de Nueva York que decía "I love Mommy", en lugar de I love NY.
-¡Es precioso! Me llevaría todo…
Al final, Damon no pudo evitar que Elena comprara las zapatillas rosas brillantes más pequeñas de la historia, aunque ambos estuvieron de acuerdo en comprar dos conjuntos adorables de pequeños sombreritos y escarpines de mariquitas y mariposas ¿Quién hubiera dicho un año antes que Damon Salvatore estaría comprando escarpines de mariposa para su hija? Aún así, se sentía el hombre más feliz del mundo. A pesar de las protestas de Elena, Damon compró una chaqueta para bebés de un material suave que imitaba perfectamente el cuero, aunque secretamente a la chica le encantaba, porque le recordaba a él. Eligieron juntos un vestido azul para su niña y, después de recorrer los pasillos por un rato Damon volvió a acercarse a Elena llevando algo para mostrarle.
-Mira esto -dijo Damon contento acercándose a mostrarle una manta verde claro con un enorme bicho sonriente volando dibujado con rosa y blanco.
-Un bichito… -sonrió Elena sintiendo la suavidad de la tela al tocar el dibujo- Es perfecta, Damon.
-¿Qué tienes tú ahí? -le preguntó al ver un libro de tapas rosas.
-"Mil nombres para tu bebé. Orígenes y Significados" -leyó mostrándole luego la tapa.
-¿No crees que estamos lo suficientemente confundidos con el tema de los nombres como para agregarle mil nombres más?
-¡Justamente porque estamos confundidos! Esto será perfecto.
-Está bien, pero mantenlo fuera de la vista de Mer… -advirtió recordando los horribles nombres que a Meredith le encantaba ponerle a sus mascotas.
-Lo que digas, amor.
Damon estaba por contestar, cuando su móvil sonó en el bolsillo y, aunque había estado ignorando los mensajes que había sentido al vibrar el teléfono, supo que estaría en problemas si no atendía la llamada. Se imaginaba perfectamente quién era, y obviamente no se equivocó.
-Hola Mer -saludó con un fingido tono cansado.
-Estoy leyendo tu mente, no creas que podrás jugar la carta de estar agotado solo para ir a tu casa y encerrarte en una habitación con Elena -advirtió.
-Eso es exactamente lo que he querido hacer desde la mañana. Pero a cierta señorita se le ocurrió prometerte que iríamos a haceros una visita.
-No seas egoísta, Salvatore. Deja que la chica respire. Estuve haciendo galletas de chocolate para tus chicas -comentó ilusionada- ¿No te agrada como suena?
-Desde hoy son mis palabras favoritas -sonrió él viendo como Elena revolvía la sección de pantalones de jean extra pequeños- Aunque creo que Elena ha tenido suficiente azúcar hoy…
-No seas pesado. Déjala ser feliz un poco, un par de galletas no harán que tengas un bebé de piel verde. A menos que las hagan tú y Ric -se burló recordando- ¿A qué hora planeas traer a ese par hacia aquí? No quiero extorsionarte… pero tenemos regalos -canturreó ansiosa.
-Mer… Te dije que no compraran nada.
-Vamos a dejar claro algo desde ahora, no puedes prohibirme malcriar a mi sobrina.
-Como quieras -suspiró.
-¿Y bien? ¿A qué hora vienen?
-Creo que ya estamos listos aquí -dijo al ver a Elena acercarse a la caja para pagar- Estamos a unos pocos kilómetros así que nos vemos en un rato.
-Genial. Nos vemos pronto, Damon.
-Adiós, Mer.
Mientras Damon entregaba su tarjeta de crédito a la chica de la caja y se ocupaba de firmar el correspondiente recibo, Elena se encargó de recoger las bolsas. El chico comprobó el ticket antes de guardarlo en su cartera, antes había bromeado con lo de los números rojos pero era cierto que había gastado una buena suma de dinero en lo que llevaban de día, no era como si gastase todo ese dinero todos los días, pero valía la pena hacerlo de vez en cuando para ver esa sonrisa que tenía Elena en su vez se dijo que sería capaz de gastarse una fortuna solo para verla feliz. Alguna vez se había prometido no usar el dinero de la herencia nunca más, pero ahora que se encontraba en aquella situación, no tenía muchas más opciones. Después de todo, le convenía tomarse un año o dos para cuidar de sus chicas.
Salieron del centro comercial charlando sobre lo que acababan de comprar y lo que deberían comprar en unas semanas para su bebé. Antes de llegar al estacionamiento, Elena se frenó mientras Damon abría el auto y guardaba las cosas junto a las demás. El chico había visto que Elena se había callado unos segundos atrás pero no dijo nada hasta tener todo listo, a él tampoco le gustaba volver a casa pero no podían pasarse toda la noche vagando por un pueblo.
- ¿Y bien? -se interesó él.- ¿Qué está pasando por tu cabecita en estos momentos?
- Te quiero...
- Ya, y yo también. -rió bajito al ver lo cursi que había sonado eso.
- ¡Que me dejes terminar! -bufó.- Te quiero para mi, ¿nos vamos a casa, por favor? -suplicó como una niña pequeña, Damon estuvo a punto de decirle que sí sin dudarlo pero entonces recordó la conversación con su amiga.
- Me encantaría pero es que acabo de decirle a Mer que nos pasaremos por allí, y no sé tú, pero valoro mi vida. -bromeó rodeando con sus brazos el cuerpo abultado de su chica.- Lena, tenemos toda la noche para nosotros, te lo prometo.
- Si no es eso… -apartó la mirada.- Quiero ver a Mer pero… creo que lo mejor sería que fuésemos a casa…
- ¿Y qué hacemos con Jenna y Jer? Ellos tienen derecho a verte y darte sus regalos, porque seguro que han comprado algo o han hecho algo.
- Si…
- Y encima le he prometido a Mer que probarías sus galletas. -los ojos de la chica se iluminaron con la promesa de comer un poco más de dulce.- No te hagas ilusiones porque mañana no vas a probar nada azúcar.
- Ya veremos…
De camino a casa de sus amigos, Elena estuvo leyendo en voz alta unos pasajes de uno de los libros de John Green, concretamente el libro que había provocado en la chica el deseo de conseguir algo de este autor.
- Di que no es tierno… -le provocó captando toda su atención, Damon sonrió y negó con la cabeza, nunca diría en voz alta que se estaba enamorando de ese libro, no por el libro en si, sino por la forma en que su chica lo contaba, dudaba que un libro fuese terrible en manos de Elena.
- Tu eres tierna.
- Mmm, me conformo. -bromeó y continuó con la lectura, llegando un momento en que se sumergió en ella olvidándose por completo de la presencia de Damon; Caroline tenía razón, el autor era todo sorpresas, aunque su amiga le había repetido hasta la saciedad que no leyese primero Bajo La Misma Estrella y que empezara con Teorema de Katherine, Ciudades de Papel o Buscando a Alaska, le era imposible hacerle caso, cuando TFIOS se estrenó en el cine no pudo ir con sus amigas porque estas se negaron completamente al no haber leído el libro ni siquiera conocerlo, por eso había empezado con ese, porque necesitaba saber cual era la esencia que había enamorado a millones de personas de todo el mundo.
Damon la observó por el rabillo del ojo, estaba tan concentrada en la lectura que había olvidado completamente que se estaban dirigiendo a Mystic Falls, sonrió al ver como se mordía el labio inferior y como una atisbo de sonrisa apareció en sus labios. Amaba a Elena, hiciese lo que hiciera o leyera lo que leyese.
Aparcaron delante de la casa, Ric estaba fuera esperándolos, cosa que extrañó bastante a Damon pero no le dio mucha importancia, cuando la pareja salió del coche, Alaric se acercó a ellos con una sonrisa.
- Ric, ¿qué haces…?
- ¡Felicidades pareja!. -se lanzó a abrazarlos con fuerza, sorprendiendo tanto a Damon como a Elena pues no esperaban para nada esa reacción, Ric siempre había mantenido las distancias con la chica por lo que esto les pilló de nuevas a todos.
- ¡Ric me aplastas! -se quejó Damon apartándole de un empujón.- ¿Qué haces fuera?
- Mer. -dijo simplemente.- Casi me obliga a meterme en el coche para ir a buscarte.
- Que desconfiada. -rodó los ojos Damon mientras tomaba de la mano a Elena ya que la chica estaba temblando, las temperaturas habían descendido y mucho desde que se montaron en el coche, Alaric, que vio los gestos les hizo pasar al interior advirtiendo de antemano que Mer estaba como una loca en esos momentos.
No faltaron los abrazos, las felicitaciones y hasta una pequeña cantidad de lágrimas llenas de emoción cuando Damon y Elena le mostraron el video de la ecografía a sus amigos. Era todo lo que podían pedir, ambos estaban más que felices, compartiendo ese momento con las personas que querían y comenzando una de las etapas más importantes de sus vidas. Estuvieron un par de horas allí, disfrutando de las galletas y el chocolate caliente que Meredith había preparado expresamente para Elena. Damon no tomó mucho porque después del almuerzo, el helado, los bollos y el malteado no estaba para meterse nada más en el cuerpo, pero lo que sí le sorprendió es que su chica aún tuviera hambre y que no solo se hubiese todo eso más una taza de chocolate es que encima quería repetir.
- Colega. -susurró Ric cuando Elena acompañó a Meredith a la cocina.- Te lo digo por experiencia, las mujeres no son económicas…
- ¡Alaric!
El aludido dio un respingo en el sofá y con el corazón en un puño miró a su chica que entraba al salón con la jarra de chocolate.
- ¿S-Si…?
- ¿Dónde está la canela?
- Ah, eso… -respiró aliviado, a Damon le dio un ataque de risa mientras que Meredith negaba con la cabeza y regresaba a la cocina.- No tiene gracia…
- Oh, si, si que la tiene.
Meredith y Elena regresaron unos minutos después con dos tazas enormes de chocolate, Alaric miró a su novia con cara de pena pero la aludida se hizo la tonta porque sabía perfectamente que su novio había estado diciendo algo malo de ella pero no pensaba darle la satisfacción de ser la mala de la película. Damon intentó aguantar la risa todo lo que quedaba de velada pero le resultaba imposible, conocía a esos dos demasiado bien para saber lo orgullosos y cabezotas que eran. Ese era el lugar exacto en el que quería estar, con Elena acurrucada en su pecho usando el frío como excusa, ambos acariciando a su bebé y riendo tranquilamente una noche con sus amigos.
- Damon… -la llamó Elena suavemente, sin querer romper el momento- ¿Crees que estaremos así en unos años?
- ¿Peleando como crios? Espero que no. -rió ganándose una mirada reprobatoria de Mer.- ¿Qué he dicho?
- No somos crios. -dijeron al unísono Mer y Ric.
- No claro que no. Por supuesto. -cogió otra galleta.- Solo estáis haciendo el tonto.
- Me refería, que si estaremos así de juntos.
- ¿Y por qué no íbamos a estarlo?
- A veces me asusto, eso es todo. -suspiró acomodándose en el sofá para abrazarlo con más fuerza.
- El aire de Mystic Falls no te sienta bien. -bromeó dándole un pequeño beso en los labios, en ese momento sus ojos se cruzaron con el reloj que había en la repisa.- Es tarde, pequeña.
- Oh, deberíamos volver…
- ¿Tan pronto? -se quejó Mer que no se fiaba ni un pelo de su amigo.- Son sólo las nueve.
- ¿Y te parece poco? Llevamos todo el día en la calle, Elena tiene que descansar. -se levantó seguido de los demás.
- Uff, vale pero por lo menos dejad que os demos un regalo, ¡ah! se me olvidaba, Ric, cariño, prepara una bandeja con las galletas que han sobrado…
- Ah, ¿han sobrado? -la chica le golpeó con fuerza.- Hey, no he dicho nada malo, que si, que ya voy.
Mujeres.
- ¡Te he oído!
Damon y Elena aguantaron la risa mientras Meredith desaparecía por el pasillo. Damon comprobó que sus amigos no estuvieron cerca para poder robarle un beso a Elena, el beso se alargó más de lo debido pero aún así no fue suficiente para calmar el deseo y el amor que reinaba en sus corazones en ese momento.
- Amo tus besos de chocolate… -susurró manteniéndola pegada a su cuerpo por la cintura.
- Y yo te amo a ti. -le rodeó el cuello con los brazos.- ¿De verdad tenemos que ir a ver a Jenna y a Jer?
- Si, o me acusarán de secuestro. -sonrió.- Lena, solo un rato después si quieres podemos irnos a casa.
Meredith volvió al mismo tiempo que Ric salía con la bolsa de las galletas, le entregó a la pareja una cajita pequeña envuelta en papel de regalo de ositos de colores.
- ¿Qué es… ? -movió la caja despacio, algo sonaba en su interior, no parecía muy grande ni tampoco muy frágil pues sus amigos no habían dicho nada cuando Elena removió su contenido.
- Era mío. Me lo regaló alguien… hace un tiempo. -sonrió misteriosa lanzando una rápida mirada a un Damon bastante desconcertado.- ¿Por qué no lo abrís?
Tras quitarle el papel de regalo, sacó de su interior un pequeño sonajero de ganchillo, estaba un poco destrozado por algunos lados pero aún mantenía su esencia, Elena, con los ojos vidriosos le dio las gracias a Meredith.
- No me las des a mi. -sonrió Mer.- En realidad lo hizo Damon.
- ¿Damon?
- Si, en uno de esos ataques suyos me lo regaló para disculparse cuando fue un capullo con Ric, no preguntes.
- Es todo un detalle, Mer, que aún lo tengas es… -se acercó a su amiga y la abrazó con fuerza.- Te quiero muchísimo, preciosa.
- ¡Y yo a vosotros! Si sigues poniéndote sentimental me vas a terminar haciendo llorar, Salvatore -le acusó Meredith soltándose de sus brazos.
-Gracias, de verdad chicos. Gracias por todo -dijo Damon seriamente, trayéndoles a ambos recuerdos de épocas más difíciles.
-Felicidades, papá -sonrió Mer sin poder contener el orgullo que sentía al ver a su amigo tan bien y feliz después de tanto tiempo y parpadeo varias veces intentando disipar las lágrimas- ¿No teníais prisas?
- Hasta luego, pareja. -se despidió Ric mientras Damon y Elena corrían hasta el auto, había sido un día intenso repleto de emociones y estaba llegando a su fin, aunque Elena quisiera que este momento nunca acabase realmente estaba cansada, volver a casa y estar un rato con su familia era lo mejor, ahora, Damon iba a quedarse con ella toda la noche aunque tuviese que pelear con uñas y dientes.
- ¿Preparada para volver a casa?
- ¿Contigo? Siempre -sonrió abrochándose el cinturón.
Durante el corto viaje de vuelta a casa, Elena se entretuvo mirando su teléfono. Las felicitaciones y bromas de sus amigos inundaban el grupo de whatsapp pero a Elena le sorprendió no encontrar mensajes nuevos, hacía algunas horas, sus amigos habían dejado de hablar por el grupo y eso le extrañaba bastante teniendo en cuenta que solían hablar por ahí todo el día.
-¿Va todo bien, nena? -preguntó Damon al verla fruncir el ceño.
-Sí -sonrió dejando el aparato de vuelta en su bolsillo después de agradecer las felicitaciones de sus amigos y le dedicó una sonrisa a su novio- Todo bien, solo veía los mensajes.
Viajaron las pocas calles que quedaban en silencio y cuando finalmente llegaron a la casa de la chica bajaron juntos a sacar las bolsas con las compras que habían hecho del baúl.
-Ah, ah, ah -negó Damon divertido- Deja eso ahí -le señaló el libro de Dan Brown que habían comprado y la chica estaba intentando guardar sigilosamente entre sus cosas.
-Pero…
-Pero nada, dije que lo leía yo primero -le recordó Damon y la chica puso los ojos en blanco.
-Más te vale hacerlo rápido -advirtió la chica haciéndolo reír.
-Ven aquí -sonrió Damon tirando de ella para unir sus labios en un beso y la chica llevó casi instintivamente las manos a su cabello, podría besarlo así todos los días y no se cansaría.
-Tengo miedo de que este día perfecto se acabe -confesó Elena algo asustada mirándolo a los ojos cuando se separaron.
-Entonces no dejemos que se acabe -dijo él sobre sus labios antes de volver a besarla- No necesitamos estar lejos para ser felices juntos.
-Sí -asintió la chica respirando profundo, creía en sus palabras, creía en que la felicidad con Damon podía ser completa.
-Vamos, te estás congelando -rió él al ver como su nariz comenzaba a ponerse roja por el frío.
-Seguro que Jer y Jenna están esperándonos con la cena.
Entre bromas, los dos cerraron el auto y se encaminaron a la casa de Elena. La chica llevaba las bolsas en ambas manos así que Damon metió las manos en su bolsillo hasta localizar las llaves y, aprovechando la posición la abrazó y le dio un travieso beso detrás de la oreja mientras abría la puerta.
-¡Damon, me haces cosquillas! -rió ella mientras buscaba a tientas la llave para prender la luz.
Estaba a punto de voltear para robarle un último beso a su novio antes de encontrarse con su familia cuando todas las luces se prendieron de repente.
-¡Sorpresa! -gritaron un montón de voces conocidas para la chica.
Elena sintió su mundo temblar ante el sonido cuando los escuchó y todo se quedó en silencio por un terrible segundo. En la cocina, su tía, su hermano y todos sus amigos la esperaban con globos rosas y blancos. Por un segundo, sus ojos se cruzaron con Kol que miraba más allá de ella como si hubiera visto un fantasma. Ella quería hablar, pero no podía decir una sola palabra así que cerró los ojos, deseando inútilmente que la tragara la tierra en ese mismo instante.
Se había acabado, ya no había más secreto.
Uno de los episodios que más nos ha gustado escribir, editar o idear. Sabemos lo que muchos estaréis pensando, lo comprendemos, odiáis el final, pero ¿cuántas veces habré dicho que nunca os fiéis de las apariencias? Vale, este final es demasiado claro, ¡imposible creer otra cosa! ¬¬' sorry, pero tocaba que todo saltara por los aires en algún momento, ¿esto se puede considerar spoiler?
Lo dudo.
Antes de que nos matéis, ¡muchas gracias por vuestros comentarios, favoritos, follows, lecturas, preguntas, amenazas (?) etc! ¡Sois los mejores lectores del mundo! Sin vosotros todo esto sería imposible *muchos besos y abrazos*
¿Hemos dicho ya que "sentimos la tardanza"? ¿He dicho ya que "lo siento muchísimo"? Pues si no es así, lo sentimos muchísimo, hemos estado ocupadas, clases y demás, no hemos tenido tiempo ni para respirar, ¡escribir os prometo que algo hemos escrito! pero lo que es acordarnos de publicar y todo eso, pues si, ha sido complicado.
No voy a prometer que subiremos lo más pronto posible, porque antes tenemos que terminar el episodio, cosa que prometo, que está en proceso. A cambio os digo que tendréis actualización de Calle Bourbon esta misma semana, ¡si, esta vez hablo en serio! DOS EPISODIOS tengo hechos, PERO, solo tendréis actualización de uno, tengo que almacenar por si acaso.
Ahora si, ¡preguntas!
1: ¿Qué creéis que pasará con este espectacular descubrimiento? ¿Podrá Elena zafarse?
2: ¿Os ha gustado esta explosión de momentos Delena?
3: ¿Sorprendidos por el sexo del bebé? Era obvio, ¿no?
4:¿Qué queréis ver en los próximos episodios?
Muchas gracias por todo. Feliz jueves de TVD.
