Capítulo 28: Dharlyena la Embaucadora

Tras descubrir la procedencia de estos sectarios fuimos directos a Ventalia pues llegaron por un barco que solía atracar en el puerto de la ciudad. Sinceramente, ya estaba harta de todo el gélido panorama de Skyrim. Por muy bonito que fuera era muy tedioso recorrerlo constantemente. En el fondo echaba de menos Alinor, no era el sitio más bonito de Tamriel pero me gustaba más por ser el sitio donde me crie.

Todo estaba igual que siempre: bandidos intentando asaltarnos, un montón de osos y varios dientes de sable. ¿Cómo podía haber tantos osos por esas tierras? A cada paso había uno y me tocaban bastante las narices pues se lanzaban directos hacia nosotros. Decían que son criaturas pacíficas, ¡ja! Me gustaría verlo. Lo bueno es que cuando notaban a Scott se solían largar corriendo con el rabo entre las piernas. Me intriga que incluso los animales le tuvieran pánico, aunque no tanto cuando descubrían que tenían un sexto sentido respecto a los peligros, y si nosotros ya lo notabamos a saber que sentían ellos. Ni podía acercarse a uno sin que este empezara a temblar o huyese. Era en verdad anormal. Si tuviese tornillos gigantes en las manos y fuese un psicópata inmortal en su totalidad sería en verdad gracioso, aunque presiento que hubiera sido un perdedor. Chistes aparte, incluso nosotros notabamos su abrumadora presencia. Aquella vez en Helgen, cuando me amenazó, pensé que en verdad moriría. Nunca había tenido tanto miedo en mi vida. La piel se me erizó, la sangre se me congeló y en un acto reflejo que nunca antes había ocurrido mi cuerpo se alejó de él. Pero no es el único con el que me ha pasado. Aquel guerrero, Zehagann de Ysgramor como se hacía llamar, me provocó la misma sensación. "¿Qué pasará cuando él y Scott se enfrenten? Y según dijo, no es el más fuerte. ¿Qué clase de enemigos nos esperan?" No estábamos preparados ni para ese hombre, era obvio que no íbamos a sobrevivir ante el que era más fuerte que él. En aquel momento esperaba que nuestro líder tuviera un buen plan para combatirlo o serían nuestras cabezas las que Sithis se llevaría de regalo.

Al fin habíamos llegamos a Ventalia, nueva capital de Skyrim. Notaba las calles un poco más vivas y alegres. Nos encaminamos por la derecha de la entrada directos al puerto. Según tengo entendido era más grande que el de Soledad, pero el de la ex capital tenía mejor salida al mar y por ende era mejor en ese sentido para el comercio. Por aquel entonces me preguntaba si tal vez Ventalia fuera a revivir sus mejores días hasta que llegue el Dominio y la gente fuese llamada una vez más a las armas.

Mientras andábamos noté algo extraño. Era una mirada, pero no de las típicas racistas, nos estaban espiando. Medenin me hizo señas de que se había dado cuenta también y dudaba que nuestro jefe no lo hubiera notado. ¿No prestaba atención por qué no le suponía un problema? Me preocupé por un momento. Puede que el rubio diese las cosas por sentado pero capaz hubiera podido ser un asesino. Bajé el dedo índice y corazón de la mano derecha en signo de ataque y el bosmer lanzó un cuchillo de aviso a los pies del observador el cual saltó. Inmediatamente lancé un hechizo pero fue bloqueado por uno ígneo. Al fin lo vi entre las sombras por un instante gracias a la iluminación de las llamas. Unos ojos rojos curiosos y violentos. Más abajo una magia de fuego preparada en su mano izquierda la cual iluminaba a su portador dando a ver su apariencia: una mujer dunmer. Salió de entre la oscuridad con paso seguro y seductor dando a ver su apariencia: pelo negro lacio y largo hasta la cintura, piel oscura como en los de su especie con las orejas puntiagudas y ojos rasgados de completo color rojo, nariz fina con labios algo carnosos, un cuerpo explosivo con caderas de botijo, pechos grandes y culo respingón. Llevaba unas ropas sugerentes: parecía una túnica de color carmesí holgada la cual cubría mitad de sus brazos y estaba abierta por delante, su cuerpo estaba cubierto por un traje de cuero negro que dejaba a la vista su canalillo y por último unas botas de batalla del mismo color que su traje. Me quedé estupefacta y pensé: "¿esto es una broma?"

─ Me habéis descubierto. ─ Reía de una forma un tanto extraña. Por su andar y pose parecía una mujer de clase alta.

─ ¿Quién eres y por qué nos espiabas? ─ El elfo del bosque la amenazó con un cuchillo por la espalda.

─ ¿No te han enseñado que amenazar a un mago ígneo tan de cerca es peligroso? ─ Colocó su mano derecha tras de sí y provocó una explosión que envió al hombre a volar bruscamente contra la pared. ─ Te servirá de lección. Los hechizos de fuego son poco precisos pero muy potentes en compensación, si te pones tan cerca me has hecho la mayor parte del trabajo. ─ Echó el pelo de su hombro hacia atrás con un movimiento de mano. ─ Una altmer, se supone que sois los mejores en las artes arcanas, ¿quieres comprobar el por qué estáis equivocados? ─ Desafió.

─ Basta. ─ Mandó el líder. ─ Es obvio que estas aquí por algo. Habla.

─ Ya veo, un hombre directo. Me gusta. ─ Avanzó con su contoneo de caderas mientras su pelo y ropas se balanceaban a su ritmo. ─ ¿No me dejaríais unirme a vuestro grupo, señor Demonio? ─ Su tono me resultaba hasta insultante. ¡Trataba de seducirlo y ni se molestaba en ocultarlo!

─ Solo los que él mismo escoja pueden entrar. No puedes llegar y solicitar unirte sin más. ─ La agarré del hombro. Cuando miró hacia atrás vi la mayor cara de asco de mi vida. Ni un nórdico racista hasta la médula podría haberla igualado. ─ Además, odio a las que usan hechizos de ilusión para aumentarse los pechos.

─ ¿Aumentármelos? ─ Reía de forma burlesca. ─ Lo siento querida, pero son reales. ─ Se cruzó de brazos realzándoselos.

─ Es raro que una elfa los tenga tan grandes. Soléis ser casi plana, cómo Lena. ─ El pelirrojo recibió un guantazo de mi parte como ya era costumbre.

─ Puede que Lokir sea idiota, pero tiene razón. Las elfas no están hechas para tener senos tan grandes como esos, es obvio que es una ilusión. ─ Ahora fue Sven el que habló. Antes de que la pelinegra pudiera hablar se llevó una gran sorpresa; Ellah estaba manoseando sus pechos.

─ ¡¿Pero qué haces, asqueroso ser inferior?! ─ La empujó pero esta no perdió el equilibrio.

─ Son completamente reales. ─ Señalo con el dedo índice apuntando al cielo. ─ Si fueran magia ilusoria ya hubieran desaparecido cuando trate de absorberla. Son unas tetas gigantes, redondas, bien puestas y naturales. ¡El sueño de todo hombre!

─ ¿Puedo lamerlas? ─ El tonto no tardó en hablar para volver a ser tumbado por otro puñetazo.

─ Ahora que hemos solucionado el tema de mi delantera, ¿podemos ir a lo que he venido? ─ Estaba claramente molesta por el rumbo de la conversación.

─ No. ─ Se sorprendió. ─ No te vas a unir a nosotros. No pienso aguantar a una niña con delirios de grandeza.

─ ¡¿Qué?! ─ Posó sus manos en la máscara del nórdico. ─ ¿Seguro qué no deseas que me una? ─ Arrejuntó sus brazos remarcando… bueno, ¡estoy harta de hablar de pechos! ¡Esto no es una historia erótica! ¡Joder, incluso muerta no para de molestar!

La apartó bruscamente y siguió andando hacia el puerto. La dunmer iba por detrás sin parar de hablar y dando motivos por los que debía unirse. Intentó seducir a los hombres y es obvio cual es el único en el que funciono, ¿no? Tuve que volver a golpearlo para que se estuviera quieto y no cayera en sus garras de arpía. Tras por fin cruzar el portón que conducía al puerto, una argoniana que andaba tranquilamente chocó contra ella. La reptil, en un acto humilde, trato de pedir disculpas.

─ ¡¿Cómo osa tocarme una asquerosa lagartija inferior cómo tú?! ─ Cargó hechizos ígneos en sus manos. ─ ¡¿Cómo osas si quiera mirarme a mí, Dharlyena Telvanni, miembro de la mayor casa de Morrowind?! ─ Acto seguido incineró en cuestión de segundos a la mujer sin dejar ni tan siquiera las cenizas.

─ ¿Una Telvanni? ─ Dijo sorprendida la cazabrujas. ─ Esto puede ser interesante.

─ Sí, y por fin demuestra su verdadero ser. ─ Sven habló con tono muy serio. ─ Me da asco.

─ ¡No es lo que parece! ─ Se intentó excusar. ─ ¡Intentó robarme!

─ No hace falta que digas nada. ─ La paró Scott. ─ Eres una Telvanni, fue una de las mayores casas de Morrowind. Personalmente creo que, junto a la Redoran, era la más grande. ─ Se acercó a ella. ─ Dime, Dharlyena, ¿dónde te has escondido los últimos doscientos años? Casi toda tu familia murió, según tengo entendido.

─ No hace falta que me lo recuerdes. ─ Giró el rostro. ─ La Crisis de Oblivion comenzó cuando era muy joven, apenas tenía quince años. ─ Resopló. ─ Cuando se cerraron los portales habíamos perdido mucho. Todo Páramo de Vvarden cayó a manos de los daedra y empezamos la reconstrucción, pero cuando los argonianos atacaron nos pillaron por sorpresa. ¡Aniquilaron todo! ─ Apretó los puños con rabia. ─ Esos malditos lagartos de mierda no dejaron casi nada. ─ El tono de su voz era colérico.

─ ¿Y por qué deseas unirte a nosotros? ─ Pregunté bastante curiosa.

─ Son motivos que no te incumben, altmer. ─ Me echó otra mirada llena de odio y asco. ─ Te basta con saber que me encanta su poder. ─ Volvió a mirar al líder embelesada.

─ Interesante. ─ Scott la observaba de arriba abajo. ─ ¿No lo has notado, Lena? ─ Me paré a mirarla yo también, pero no lograba entenderlo. Era una alfa de grandes pechos y buen nombre, ¿qué más? Pensé por unos segundos y llegué a la conclusión de que no era algo físico. Se refería a algo mágico. Entonces me concentré en su maná y potencial y me di cuenta. ─ Por tu cara veo que lo has notado. Has tardado más de lo que pensaba, no me vuelvas a decepcionar. ─ Volvió su mirada una vez más a la dunmer. ─ Te vienes con nosotros, tal vez a donde vamos resultes útil. ─ Con las mismas se dio la vuelta para bajar por las escaleras mientras un par de guardias revisaban la escena tras ver una gran llamarada en los cielos.

Por fin lo comprendí: ¡sus reservas mágicas era asombrosas! En ese tiempo me dediqué a entrenar con Scott la magia rastreadora y con ella me di cuenta. Por entonces podía ver el poder y reservas de maná de un mago, pero aún me quedaba por avanzar, pero mi habilidad fue suficiente para darme cuenta de cuán grande podía ser esa mujer, aunque actualmente puedo averiguar todo de un mago con solo revisarlo un poco, es lo que tiene tantos milenios de entrenamiento y experiencia. Mientras que su poder superaba la media con diferencia, como se esperaba por parte de un dunmer de alta categoría, esos grandes tanques -¡y no, no me refiero a sus jodidas tetas!- le permitían estar horas enteras lanzando conjuros de alto nivel sin parar, era realmente impresionante.

─ Ahora que estamos todos, hagámosle una visita a un amigo.


¡Nuevo personaje! La Compañía del Demonio del Norte sigue creciendo a estas alturas, ¿no os pica la curiosidad que más personajes quedan por traer? Obviamente es la más vulgar del grupo, ¿mujer de cuerpazo que siente atracción por Scott? ¡Waoh, nunca había visto algo así! Hágase notar la ironía. Pero como ya he dicho, todo tiene un motivo y esto no iba a ser menos. También ha quedado claro el porque de su apodo de embaucadora, ¿verdad? Bien, a los que no le guste la podéis llamar la tanque, y os juro que no me salió a propósito xD


Editado: 28/08/2017