Algunos personajes pertenecen a M.S. La historia es mía... y todo lo demás que tengo que decir, No plagios, SaveCreative... etc etc etc.

Capítulo beteado por Melina Aragón, Beta de Élite Fanfiction (www. facebook groups / elite. fanfiction)


HORA DE LA VERDAD

Isabella no supo si llegó a la cama por su propio pie o si había sido ÉL quien la depositó allí. ¿Se habría quedado inconsciente en el baño, se habría desmayado?

Lentamente abrió los ojos pero, la punzada de dolor le obligó a cerrarlos. ¿Habría llorado hasta quedarse dormida? Isabella creía que no, las lágrimas ya ni siquiera parecían algo real, era cómo si brotaran sin control, casi una extensión de la homeostasia de su cuerpo. Parecían tan necesarias cómo respirar. ¿Cómo era que un ser frío y desprovisto de humanidad podía llorar? De algún modo había pasado.

Posiblemente se hubiese quedado sobre la fría baldosa del baño de su habitación o, quizá, ese extraño sentido de supervivencia se había quedado en automático y le había llevado a buscar refugio.

Lo único cierto era ese último recuerdo. Ella misma cerrando la puerta de la habitación poco antes de caer contra la pared.

Bella se abrazó a sí misma bajo el edredón frío. Tenía los pies y la nariz helados, las manos entumidas y el molesto zumbido en sus oídos era insoportable.

Tenía un largo camino por delante, sin embargo no deseaba mover ni uno sólo de sus músculos, cada centímetro de su cuerpo dolía. Una irónica sonrisa se escapó de sus labios al estirar primero las piernas y luego los dedos de las manos. ¿No era el lema de su juventud? ¿No era ese mismo dolor el que la impulsaba a luchar cada día? ¿Qué era diferente ahora? Isabella se dijo a sí misma que nada, nada en absoluto. Todo seguía igual que años atrás, igual que siempre, la vida misma se regía sobre esa regla. La incomodidad nos permitía avanzar.

.

Temía regresar a la Torre Swan, por sobre todo en el mundo, necesitaba escapar de ÉL y de su absoluto imperio. Paradójicamente la fuente de respuestas estaba en el mismo lugar del que provenían sus interrogantes.

Resignada tomó un suspiro profundo, el primero de muchos y tocó la puerta del jefe de seguridad. Cinco minutos después se encontró a sí misma en una silla dura e incómoda, tirando de la hebilla de su bolso favorito y zapateando el piso de manera inquieta, esperando a Aaron y bajo la atenta mirada de su reflejo en la ventana.

—Así qué… ¿algo nuevo que tengas para mí, Bells? —El sobresalto no se hizo esperar. Aaron observó la palidez de su rostro y la marcada confusión de ella—. ¿Te puedo ofrecer algo, tal vez un té de vainilla o algo de café?

Ella negó.

—Bien —zanjó él. —Entonces, ¿es esto una visita social?

—Quiero que me cuentes todo cuanto sepas.

La voz ronca de Isabella le provocó sonreír triunfante. Si su sexto sentido no le engañaba y, nunca lo había hecho, esa era la discusión que había estado esperando por meses de su parte.

—¿Así qué lo sabes?

—Ya no tengo idea de qué es lo que sé. —Aaron notó el temblor de su voz—. Dime, ¿me ayudarás a entender?

—No importa cuánto hagas por alejarte, te harán daño, hagamos lo que hagamos por protegerlos. —Aaron la miró frustrado y francamente temeroso—. Todo esto es impredecible… es incluso hilarante. He trabajado en muchas hipótesis por meses, Bella… No se puede esperar nada concreto. Todas mis teorías las han tirado por la borda, incluso tú misma te has encargado de ello. Todo cuanto hago por proteger a tu familia me es echado en cara… lo único que tengo es a Victoria.

—Sólo quiero que me digas adónde va todo, Aaron —replicó Bella confundida.

—Victoria… Victoria. —El agente chasqueó la lengua con desprecio—. Una rata astuta.

Victoria Van Iveren era algo más que eso. La muy víbora, igual que un carroñero vigilaba, asechaba y cuando la presa estuviera distraída, aunque fuese un mili segundo, era cuando daría su fatal mordida.

—Aaron, escucha, no he tenido el mejor de mis días, ni siquiera la mejor de las semanas —intentó ella—. ¿Podríamos no irnos por las ramas?

Huir era lo suyo, tal vez era la forma de aceptar su culpa, sus intentos siempre eran diferentes pero todos terminaban por ser un desastre. La agonía de la inseguridad amenazaba con consumirla toda y, al final, había sido él quien se mantenía a su lado, hasta ahora.

Aaron caminó hasta sentarse frente a ella, en la otra silla frente al escritorio. Isabella cerró su suéter con lentitud, tenía tanto frío que empezaría a temblar de un momento a otro, Aaron que parecía notar cada detalle, tomó sus manos entre las suyas, calentándolas, abrigándola, un gesto que ella agradeció muda.

—No me importa la mentira, esto… todo cuanto hago. Me molesta que seas tú mi objetivo. La farsa entera insulta tu propia inteligencia, Bella. He querido decirte absolutamente todo lo que sé desde el mismo inicio… y no puedo. —Aaron parecía enojado también.

Bella se había prometido no hablar de sus problemas, no con quién se encontraba detrás de los pasos de la compañía, aun cuando ese alguien fuera importante; sin embargo Aaron parecía incitarla a adivinar, se había jactado de tener la razón tantas veces que quizá esa era la causa de porqué Aaron parecía la única salida correcta en ese momento. ¿Quién más sino?

Al final de todo, la confusión de Isabella se resumía a la poca confianza que podría depositar en las personas. Pedirle explicaciones a Edward… ni en sueños. ¿Al abuelo? ¡El muy cobarde se ausentaba de su vida!

—Podrías ser más claro. Siempre lo mismo, hablan como si… como si hubiese una verdad universal y todos a su lado somos apartados. Necesito tu ayuda. No —se corrigió a sí misma—. Exijo que me digas todo lo que sabes, me lo debes.

El ultimátum de ella, harta de conocer todo a medias, le hizo detenerse a mirarla fijamente. No importaba cuánto pasara, él siempre parecía adivinar sus más oscuros secretos y emociones, todo mezclado en una fatal solución.

—¡Victoria!

Dentro del despacho de Aaron en la torre Swan, el lugar dónde su voz se elevaba sin freno. El hombre, pensativo y maniatado, se levantó de un brinco dejando a Isabella mucho más impaciente. Ella que le miraba caminar a zancadas y, maldiciendo entre dientes, se concentraba en cada detalle de sus gestos. ¿Qué le pasaba, por qué enfrentarlo de lleno le parecía una tarea imposible?

Dándole la espalda una vez más y despojándose del pulcro saco de su traje, Aaron se dirigió directo a una pequeña mesa donde solía dejar su maletín y el periódico de la mañana, una costumbre arraigada por la propia Isabella, abrió de la base un cajón oculto e Isabella lo miró meditar, casi podía escuchar las tuercas girando dentro de él.

Firme, Aaron tomó un sobre y bloqueó el despacho con el pestillo, dio la vuelta de regreso a ella y le extendió un enorme folder azul. Bella tomó con cautela el objeto, desesperada y temerosa preguntó.

—¿Qué hay aquí?

—Las respuestas que tengo para ti… es todo cuanto sé.

—¿Me darás tu investigación?

—Escucha… yo… yo necesito que estés a salvo. —Aaron se arremangó la camisa hasta los codos, parecía a punto de enfrentar una bestia hambrienta y sin embargo, sólo era la inestable Isabella quién se levantaba frente a él—. No puedo trabajar contigo en el medio… simplemente no puedo. Cometo errores, me pregunto cómo protegerte… cómo sacarte de la zona de riesgo, pero todo cuanto hago por ti me hace menos competente, más descuidado. Si queremos ayudarlos, si quieres que tu familia esté a salvo… sólo vete. Ayúdame a ayudarlos… déjame hacerlo. He desperdiciado tanto tiempo en esto, por favor, Bella, sólo por favor… ¡quítate del medio!

Su golpeada voz completaba el pequeño cuadro trágico de la información perdida. Desolada frente a su ex—amante, esperaba no encontrar algo que terminara de quebrar esa pequeña burbuja de felicidad que aún le quedaba: sus recuerdos, la memoria de su vida. Posó sus dedos sobre el borde del sobre que yacía tentador y aterrador sobre sus rodillas, comenzó a rasgarlo y de él brotaron fotografías, decenas de ellas y todas con su persona.

La sorpresa en su rostro fue inmediata, ni siquiera ella misma mantenía tal cantidad de imágenes.

—Yo… ¿quién te ha dado estas? —exigió intentando ser firme, resuelta a no irse de ese lugar sin obtener lo que le era negado.

—Adelante. —El propio agente parecía cansado mientras le alentaba. Tomó asiento a su lado y le quitó las imágenes para mostrárselas una a una. Había pasado tanto tiempo estudiándolas que sabía cada detalle de memoria.

La primera era ella saliendo del hospital, hacía unos años quizá unos meses no podía precisarlo aunque a juzgar por la mirada de Isabella que era más parecida a la rabia, Aaron apostaba por que era una foto de años atrás. La juzgaba vacía, tomada con un lente de baja definición y a varios metros de distancia, no tenía nada distintivo que le pudiese hacer reconocer su importancia. Isabella pasó a la siguiente, Ethan y ella en el parque, el día que Edward lo invitó a vivir con ellos poco antes de comprometerse, Ethan parecía recién salido de su entrenamiento y, Edward y ella se mostraban relajados con sus manos entrelazadas, parecía tan lejano, casi un universo paralelo. Ese día el parque estaba húmedo, el viento raudaloso de la tarde londinense despeinaba sus cabellos, tenían los zapatos un poco húmedos pues el pequeño Ethan amaba por sobretodo brincar en los charcos camino a casa.

—¿Las has tomado tú, Aaron?

Bella esperaba que le dijera "Sí, yo los he seguido", pero tenía el presentimiento de que había sido una mente psicópata y no la del propio agente.

—Las sustraje… —dijo él tomando la imagen entre sus dedos largos—. Las hemos obtenido del antiguo apartamento de Victoria.

—¿Por qué? —La ira de Isabella intentó superar el primer impacto de saberse acechada. Acalló las alarmas de su cabeza y ajustó su siempre confiable máscara de serenidad, la misma que utilizaba cuando había que dar malas noticias—. ¿Qué significan?

—Sigue, hay muchas más. —Él dejó un montón de fotos en sus rodillas antes de retomar su marcha con pesadez hasta la ventana.

Había fotos de todo su mundo. Ella, su familia, toda su vida en imágenes; era, en cierto punto, ilógico y estremecedor, tenían una actitud obsesiva, los mismo ángulos, las mismas poses, el mismo papel.

Bella en la universidad, Alice caminando a su lado tomada de su brazo y parloteando como siempre, corriendo por la calle con Aaron, saliendo a cenar en el viejo pub frente al departamento de Jasper, sus paseos nocturnos rodeada de la vieja cazadora de Charlie. Ethan, el abuelo, fotos de Tanya en las fiestas de la empresa, Tanya y Garrett. El abuelo en su oficina, junto a la abuela, paseando junto a nana, su mascota, desayunando en el jardín, leyendo las noticias.

La boda, su boda con Edward, el viaje a Swansea. Fotografías de su apartamento, en su habitación, en la enorme ventana del piso inferior, riendo para él, regando la terraza del despacho, podando el jardín de Esme. Todo estaba allí.

Había imágenes que eran imposibles de obtener a menos que tuviera algún dispositivo instalado. ¿Cómo pudo hacerlo, cómo pasó desapercibido para ellos?

—¿Desde cuándo?

—Cariño, no te detengas. —Él continuó dándole ánimos desde su lugar. Le observó asustada cual niña, la tambaleante figura de Bella, que conocía a la perfección, empezaría a lanzar preguntas en cuanto terminara su trabajo, Aaron no estaría complacido de responderlas.

Fue realmente impresionante encontrar las imágenes en la residencia de esa mujer. Poseía una habitación dedicada sólo a su más grande obsesión: la familia Swan. Richard Scott, el psiquiatra forense que trabajaba como consultor en el caso, seguía sin entender tan absurda y aguda fascinación. Tenía de todo, informes de cada uno de los miembros, copias de los historiales tanto médicos como financieros. Las fotos engalanaban las paredes, ordenadas en línea de tiempo, los integrantes y adeptos de la familia Swan abarrotaban el techo, en blanco y negro y a color, pequeñas y grandes. Recortadas y exaltadas, algunas incluso caricaturizadas.

Los elementos de la agencia de investigación limpiaron la "zona 0" como la llamó Hase. Mientras tanto, él guardó algunas de las imágenes, para observarlas con mayor detalle, imágenes que se encontraban en las manos de Isabella.

Ella revisó todo el grupo de fotos, soltando pequeños sonidos de nostalgia de vez en cuando. Todos en esas horribles fotografías. Bella parecía ver su vida en retroceso. Y allí, en el fondo de todas había dos imágenes que hicieron que hasta la última célula de su cuerpo se estremeciera de terror.

Sonriendo a la cámara, sus padres en un bonito día de verano, un fresco Julio quince hacía tanto tiempo atrás. Sus padres sonreían frente al auto en el que tuvieron el accidente donde habían muerto. El otro un recorte de periódico, la noticia del mismo.

—Estaban…

No podía hilar sus pensamientos con coherencia, nada tenía sentido. ¿Esa inédita foto había sido tomada por ella?

Bella se levantó tirando todo en el piso, era enloquecedor observar aquello. Saber que una maniaca los perseguía, y observaba desde hacía varios años atrás. Y lo más preocupante para ella era ver a sus personas más queridas envueltas en ese embrollo. Sostuvo la foto de sus padres entre los dedos mientras el exorcizado recuerdo de la morgue se colaba en su cerebro. El mosaico frío, el ambiente estéril, las lámparas blancas contra las oscuras esquinas de una habitación en el sótano de un hospital, los cuerpos y las sábanas cubriéndolos, las manos enguantadas que descubrían la desnudez de sus padres mientras ella, con tan sólo veinte años reconocía la muerte frente a ella.

Bella soltó un grito pequeño pero desgarrador. Intentó serenar su respiración.

Inhala… exhala… uno… inhala… exhala… dos… inhala… exhala. No dejes de respirar.

—¿Quién es esa mujer? —Su desesperado timbre se estremecía más—. No ha hecho nada nuevo, ¿verdad? ¿De dónde salió esta imagen, Aaron? ¿Cómo puede tener algo así? ¿Hay más… más cómo está? Esta imagen es nueva, no… no es real, ¿me entiendes? ¡Es imposible!

—Tus padres viajaban solos.

—No —le interrumpió Bella—. La tía Lizzy les acompañó… ellos debían dejarla en la galería dónde trabajaba, nunca supimos por qué no se quedó en Londres y siguió con ellos. Si esta foto es… si es cierta, ¿Por qué tiene esta fotografía, qué significa?

—No lo sé.

—¿Cómo es, siquiera remoto, que haya estado siguiéndonos? Edward dijo que su interés era meramente monetario.

—¡Te han usado todo este tiempo! —exclamó enojado Aaron haciendo que Bella pegara un brinco. Tomó un suspiro y guardó sus manos en el pantalón, lentamente se acercó a ella y susurró—. ¿Acaso no lo ves? ¿Qué has visto en su oficina?

—No hablamos sobre eso Aaron, dime qué otras cosas hallaron sobre ella.

—Isabella… —masculló él mismo. En respuesta bajó la cabeza y jugó con los dedos, era obvio que Aaron mantendría vigilancia perpetua sobre el consorcio, parecía natural que supiera hasta el último secreto de la torre, ¿acaso la conocía… a la mujer del despacho?

¿Era posible?

—¿Qué no ves? Nada ha cambiado y no lo hará. —Se colocó frente a ella. Bajó aún más la voz en un intento de persuadirla —. Vete Bella, deja todo esto atrás. Jasper irá a su país ¿no? Ve con él, te alcanzaré después. Te ayudaré a resolverlo todo… sólo necesito que me ayudes. Ayúdame a sacarte de todo esto. ¿No quieres proteger a Ethan, no crees que tu prima, Tanya, ha tenido suficiente? ¿Además de Garrett y su vida entera, qué más tiene para sacrificar por ti… por tu familia?

—¿Qué gano yo? —Su voz era fuerte, aun cuando su ánimo fuera cayendo pedazo a pedazo—. Crees que Victoria dejará a mi familia en paz, ¡vamos Aaron el experto en descifrar gente no soy yo! ¿Qué pasa con esto, con la empresa, con mi trabajo… qué pasa con…?

—¿Con Edward? —Le sonrió de lado. Aaron siguió sin explicar—. Así que… ¿su alianza aún es fructífera?

Bella desvió la mirada y esperó a que él continuara.

—Si tú estás fuera del mapa, ella te va a seguir, dejara todo por ir a donde estés, creemos… bueno, creo que tú eres la siguiente en su lista. Si la foto liga a tus padres, a tu tía… es posible que pueda existir alguna conexión con la muerte repentina de tu abuela. Y entonces…

—Mi abuela tenía cáncer —le interrumpió ella. —Esta vez nada tiene que ver Victoria o mi abuelo.

—¿No te parece muy repentino que una anciana muera en cuanto se hubo instalado en su casa de retiro, y unos meses después una hija nueva surja de la ceniza? ¿Cuánto pasó desde eso, un año… año y medio? ¿No te parece extraño que en cuanto Charles Swan murió tu abuelo tomó posesión de tus acciones y sólo te dejó acceder al fideicomiso? ¿Quién tendría la mayoría del consorcio si te hubiese dejado tomar parte de la herencia, tú o él?

—No… no es posible. Mi abuelo jamás lastimaría a la abuela… es… él la amaba, la adoraba… era su vida.

—Bella, tú y yo sabemos cuán malvado puede ser ese hombre. El testamento original de tus padres te otorgaba el control total de sus negocios, cuentas y propiedades. ¿Has visto algo de ello desde entonces? ¡Ni un penique! ¿Quién crees que tiene todo ello? —Isabella le miró molesta y traicionada—. Tu abuelo maneja el cuarenta por ciento del total del consorcio y tu marido y tú el cincuenta y pico. Edward al ser el socio mayoritario puede controlar el flujo y el futuro de toda C&S, de lo contrario te podría apostar que entre Victoria y los negocios turbios que no he podido comprobar pero bien sabemos que se realizan, toda la corporación se hubiese ido al retrete. Ahora, dilo tú, ¿qué ganas?

Ella soltó un suspiro y llevó sus frías manos a su frente en signo de frustración, aun cuando era algo que esperaba, no sabía que la noticia la iba a tomar tan mal, ni todos sus malos intentos de imaginar la peor opción se comparaban con esto.

—Edward y yo…

—Sé perfectamente cómo aliaron sus recursos, Isabella. Si vamos a hacer esto te voy a pedir que por favor dejes de mentirme. Sé que usaste lo poco que tu abuelo les dejó tener para permanecer en la junta. Las acciones de Ethan, Emmett y las tuyas no suman más de un tres o cuatro por ciento. No te engañes, no fuiste de gran ayuda para Cullen.

—Todo este tiempo me has usado —le dijo ella sin humor—. Me han usado como tu entrada a mí familia, no intentes negarlo. No necesito que me protejas a mí, son ellos…

—Será más sencillo cuidarte exclusivamente a ti que a todos juntos.

Bella tenía blancos los nudillos, la desesperación, la rabia y la angustia le habían hecho arrugar el recorte de periódico que mantenía en una de sus manos. Observó el destrozado coche con nostalgia, el presentimiento eterno de desastre volvió para hacerse nítido.

—No fue un accidente, ¿verdad?

—Me gustaría decir que sí, pero no, no lo fue.

Bella soltó un largo suspiro, si bien venia considerando la posibilidad varios años atrás, una imagen no podría prepararla para confirmar sus dudas. Nadie esperaba nada nuevo de la vida, las cosas sólo llegaban cuando era el momento sin importar si se estaba preparado o se tenía la fuerza necesaria para afrontarlos. Estando en la facultad de medicina se dedicó por mucho tiempo a descifrar datos sobre defunciones, traumas, secuelas en el cadáver, encontró muchas pistas, pero todas la llevaban al mismo lugar, la nada y la incertidumbre.

Aaron no quitaba sus ojos de Isabella, la veía tan frágil como nunca la había conocido, quería decirle que todo mejoraría pero sabría que no surtiría efecto, podía oír sus propios pensamientos, buscando y recordando, hallando una solución al acertijo.

El agente caminó de nuevo hacia el mueble de dónde sacó el folder, dudó un momento antes de extraer otro más pequeño que el anterior.

—Estas las hemos tomado nosotros —le dijo tendiendo hacia ella otro paquete—. Empezamos desde hace unos pocos meses.

Lo miró fijamente a los ojos y después al folder; Bella, sin saber qué más esperar de todo ello, lo tomó. Era ese momento o nunca. Pronto más fotos pasaron a su memoria. Esa vez ella predominaba en las imágenes.

—Los ha seguido, pero eres tú a la que más se enfoca. Mira al fondo de esa.

En la fotografía estaba ella, Ethan y Edward, en el parque de diversiones, los tres esperaban en la fila de las sillas voladoras; detrás de todos, junto al último arbusto se asomaba una cabellera roja como el fuego, piel marmolea y lentes oscuros, Victoria con una mueca de desprecio no los perdía de vista.

—Ese día… fue justo después de…

— Ya lo sé —le interrumpió él—. Después de encontrar las pruebas que la inculpaban.

—Se marchó, Edward dijo que se había cansado y creía haber terminado su estafa. —Bella lo miraba con el ceño fruncido como si esperara que Aaron defendiera la palabra de Edward—. Me dijo que había comenzado a retroceder con las cuentas de la empresa, que dejaba el trabajo sin hacer… que era sólo una pantalla. Edward detuvo todo eso…

—Frustraron todo, tú y Cullen, es cierto. Tenía todo listo y tú encontraste el traspaso de fondos, Ella tenía todo preparado y tú le quitaste su oportunidad. —Aaron empezó a reír a la mitad de la oración, haciendo que un ligero escalofrío corriera otra vez por su columna—. Por cierto, tu amigo James Wade ha vuelto a escapar. Parece que tu adorado Edward no le explicó la parte del trato en que aceptaba una condena reducida.

—¿Por qué tienes todo esto?

—Bella, cariño, yo…

—No me des rodeos, Hase —lo acusó ella—. ¿Por qué no has ido tras ella? Aaron, ¿por qué me dices todo esto? ¿Por qué ahora? ¿Y ahora, James? ¿Por qué nos cazas como un ratón?

—Bella…

—Aaron Hase… —le advirtió con su voz desesperada—. Necesito saberlo, ya no más medias tintas… sólo dilo.

—¿Qué clase de agente crees que soy? —Aaron esperó ver algún tipo de respuesta en ella, pero esta nunca vino—. Hemos estado tras este caso durante mucho tiempo. Incluso antes de salir.

—Sigues dentro. —Era más una afirmación que una pregunta—. Sigues involucrado en tus malditas teorías conspirativas.

—Yo soy el agente a cargo, Bella. ¡Yo soy el que llegó al fondo, yo, y sólo yo!

Ella soltó el aire contenido en sus pulmones, no se detuvo a notar que había dejado de respirar, para seguir el ritmo de sus gritos hasta ahora. Bella dejó el segundo folder a un lado y empezó a caminar por la sala, fue entonces que el timbre del teléfono sonó sacándola de su estupor. Hase tomó el móvil de la chica y bajo su atenta mirada dejó que sonara antes de apagarlo y entregárselo.

—Lo siento, tendrán que arreglárselas sin ti, un poco.

Isabella lo vio como si le hubiera salido una cabeza o un tercer brazo, le dio una media sonrisa melancólica, ya fuera Aaron o Edward, los dos trataban de manejar y tirar los hilos de su vida como si fueran el titiritero, sin embargo, agradecía el gesto pues su principal objetivo era esconderse hasta que lograra reorganizar sus pensamientos.

—Bella, cuando yo te conocí puedo jurar que no sabía quién eras, quién era tu familia… de dónde venías. Nunca me dejaste conocerte. —La voz calmada de su explicación llegaba varios meses tarde—. Para mí eras una persona más, eras la chica más rara que había conocido, sabía que eras una nueva oportunidad. Después yo… después de conocerte, no quise irme.

—Aun antes de que nos separáramos, ¿sabías todo esto? —Para ese punto Bella había utilizado ese tono inquisidor que copiaba de su abuelo haciendo que Aaron bajara la cabeza culpable.

—Claro que lo sabía y no iba a dejarte ir por eso; pero luego el caso avanzó, supimos el objetivo, y… me ordenaron distanciarme, tenía que hacerlo, yo debía hacerlo. Por el bien de los involucrados, era mi deber.

Aaron se acercó más a ella, tomó un mechón rebelde de su moño y lo colocó detrás de su oreja, podía ver la clara mueca de incredulidad surcar su rostro y sabía que se iba a poner peor si le contaba todo lo demás… pero ya no podía dejarla en las sombras. Hasta ese punto habían jugado bajo las reglas de Edward Cullen, era hora de empezar a jugar con sus propias reglas.

—Tenía que proteger a tu familia y acercarme a ella… Debía conocer el negocio, buscar la red… y obtener las pruebas. He… hemos preparado un juicio y el veredicto debe ser irrefutable.

—¡Dios, Aaron! Ya basta, ¿no crees que ya fue suficiente? Dime la verdad, ¿qué quieres de mí, mi testimonio… que te diga todo lo que sé, que te ayude? No te debo nada… y ¿qué clase de tontería es esto? No puedo traicionar a mi familia… nosotros no hemos hecho nada.

—¿Entonces, tú también lo sabes? —La furia poco oculta de él le abofeteó—. Dime algo, Bella, ¿te alegraste de volver aquí, es que conoces todo cuanto te he dicho y sólo me tomas como un estúpido? Yo no quería que termináramos de esa forma…

—No terminamos, tú me terminaste. —Bella escupió la frase que había guardado celosamente bajo siete llaves.

—Victoria y tu abuelo siguieron sus planes, y yo estaba en misión. Pero jamás creí encontrarte mezclada de toda esta mierda… jamás creí que tú…

—Yo soy una mierda —le interrumpió ella—. ¿Por qué les cuesta tanto aceptarlo?

Bella apartó su vista, pesaba mirarlo a los ojos y ser consiente de todo el daño que se hicieron. Estaba cansada de lidiar con secretos y mentiras, lo único que salía de todo ese embrollo que habían armado, eran más intrigas.

—¿Él sabe todo esto? —Para ese punto las lágrimas surcaban sus ojos, y algunas rebeldes mojaban su vestido. Las dudas de ella salieron también—. ¿Edward… él, él qué sabe de esto?

—¿Por qué crees que regresó? —Aaron buscó una fotografía entre el montón y se la extendió.

—Él y ella… Katherina Blanc, estaban juntos. Cuando supo que íbamos detrás de la empresa dejó todo y regresó, la condición que propuso fue que únicamente se haría cargo de los negocios de su familia por el tiempo necesario. —Aaron paró un segundo esperando que Bella empezara a sollozar, pero no lo hizo así que siguió—. Ellos tenían, bueno… parece que había una niña.

Creeme… la hay.

¡Plap! ¡Plap! ¡Plap! Resonó la puerta del departamento.

—Hase abre, sé que estás ahí. —El tono del Director General de C&S no dejaba lugar a la desobediencia, más la tranquilidad cultivada por la furia le otorgaban lozanía a su jefe de seguridad.

Bella lo miró deprisa, quería terminar de hablar con él y si Edward irrumpía en la habitación era capaz de arrastrarla cual cavernícola.

—Entra al baño privado, yo ordenaré todo esto —susurró Aaron señalando las fotografías, Bella asintió en silencio y caminó a la habitación del fondo.

—Hase se acaba mi paciencia. —La furiosa voz aterciopelada detrás de la puerta no lo asustaba ni por asomo. En cuanto terminó de alzar la última foto en el sobre le enfrentó tranquilamente.

—¿Te puedo ayudar en algo? —dijo escuetamente.

—¿Dónde está?

—¿Dónde está quién? —Edward lo retó con la mirada, aun con un par de centímetros menos Aaron bien podía hacerle frente al osco hombre que sonreía de manera espeluznante adentrándose a la oficina.

—Mira, Hase, no te conviene hacerte el desentendido, eres el jefe de seguridad, seguro sabrás hasta cuántos halcones viven en este edificio, no me vengas con que no puedes realizar la única tarea importante de tu vida.

—Muy conveniente para ti. —Aaron le sonrió sardónico y esperó que Edward dejara de registrar la oficina. Disimuladamente caminó al baño y tomó el picaporte—. ¿También registrarás el sanitario?

—Ahora te lo voy a volver a repetir y no juegues con tu suerte. ¿Dónde está Isabella?

—¿Por qué voy a saberlo yo? Eres tú el que le puso ese estúpido localizador en su anillo de compromiso, ¿te ha fallado el satélite?

—Mala respuesta. —Antes de que pudiera reaccionar Edward soltó un golpe directo a su cara, para luego sostenerlo de las solapas contra la pared—. Está aquí, ella está aquí.

Dios… La mujer al otro lado de la pared contuvo el aliento tras escuchar los golpes.

—Suéltame, Cullen, te recuerdo que atacar a un oficial es un delito constitucional. —Aaron empujó a su rival.

—Habla, Aaron, ¡juro por Dios que no me iré hasta llevarla conmigo! He tardado días enteros para poder hablar con esa mujer.

—Se ha ido, ¿contento? Salió por la puerta de esta torre hace más de diez minutos.

—¿Por qué todo su olor inunda esta pocilga? ¿Por qué no estás con ella? —gritó de vuelta haciendo una rabieta que Bella podía oír desde su escondite, inconvenientemente para él, ella no saldría de allí, no hasta que ese hombre se fuera—. ¿No tienes suficiente con cuidar de mi esposa o es que debo recordarte que las últimas veces se ha escapado en tus narices o la dejas ir por allí deliberadamente?

El agente retrocedió un paso ante el nuevo ataque, esta vez alcanzó a detenerlo pero eso no mermó la ira del director. Aaron rompió a reír, retiró con el dorso de la mano el hilo de sangre que se empezaba a formar. Convencido de la ausencia de Isabella, Ed observó las fotos que se asomaban del sobre encima de la mesa.

—Le contaste —se dijo sorprendido y un poco preocupado. Bella estaba fuera de toda esa mierda. Aaron había prometido ocultar esa información, Isabella no sabría apreciarla con la imagen amplia, se sentiría acorralada e impulsiva.

—Creo que sabe lo suficiente por sí misma…

—No eres más que un reverendo imbécil, ¡no sabes lo que acabas de hacer! Eres sólo un estúpido entrometido que no tiene ni una puñetera idea de lo que puede ocasionarle a mi infantil y muy desquiciada esposa.

—Y dejarla sin si quiera la mitad de todo el juego, vamos Cullen, yo solía creer que te gustaban los juegos.

La mirada penetrante y asustada de Edward se hizo casi palpable para Aaron que disfrutaba en demasía de sacar hasta la última gota de violencia de un hombre que parecía bajado del olimpo, con un temple clásico que prometía tener todas las jugadas en la mano.

—Ella es la que corre peligro, a ella es a la que quiere y no le previenes. Te casaste con ella para que no pudiésemos interrogarla, le hiciste firmar un contrato prenupcial que amablemente has hecho llegar con Jenkins, usas su cuerpo para cubrirte, ¿se me olvida algo?

—Arruinaste todo, no sabes lo que has hecho. Ella no se va a quedar quieta cuando sepa la verdad, ella no está hecha para esperar. Sólo desataste el caos que se esfuerza en ocultar.

Para cuando hubo terminado la oración las palabras sonaban tan agudas que reflejaban claramente impaciencia. Edward le miró con odio profuso, no era un hombre que se dejara llevar por reacciones viscerales frente a otros pero entre Isabella y Aaron lo llevarían a la tumba.

—Deja de decidir por ella, Cullen. Es una mujer no una niña. — Aaron abrió la puerta y lo invitó a salir con la mayor educación que logró reunir—. Quédate tranquilo únicamente repaso mi caso.

—Tenemos un trato, Hase, en cuanto toda esta mierda acabe le contarás, no antes. —Edward lo observaba con recelo y escepticismo.

—Y cuando ese día llegue, te alejarás Edward Cullen. Volverás a dónde te de la gana, junto a tu hija y su madre. Dejarás que siga con su vida, con su antigua vida —le recordó él suspicaz.

Edward soltó una sonrisa ladina, estaba muy equivocado si creía que podía jugar el mismo juego que él.

—Eso lo decidiremos mi esposa y yo. —Sus palabras heladas y sus ojos furiosos eran claramente una amenaza, pero dentro de él la tambaleante angustia destruía toda la seguridad que tenía—. Yo prometí cuidarla, si ella decide seguir, no seré quién se lo impida.

No se molestó en asegurar que Edward llegara a la puerta, una mirada al sanitario privado hizo que Hase respirara profundo y victorioso, tirándose en su silla reclinable.

—Se ha ido —afirmó Bella con cautela, como si esperara una emboscada de su parte, ¿en qué punto habían llegado allí, ella esperando ser traicionada?

—Ven, siéntate. Te traeré un trago… creo que lo necesitas.

Ella no replicó, tomó asiento en el lugar detrás del escritorio y aceptó el vaso de licor que le ofreció, miró detenidamente la boca de Aaron y negó con la cabeza exasperada. La alarma en su cabeza se encendió en el mismo instante. Cuando le tuvo cerca alejó el vaso de ella y le tocó el rostro.

—Eso te va a doler. ¿Por qué lo hiciste? —Él no respondió, se acomodó frente a ella y dejó que los dedos de Bella recorrieran la comisura de sus labios, su toque suave evocaba tiempos pasados.

—¿Ivý? —preguntó de nuevo.

Él le mostró otra fotografía. Era la misma chica de la oficina y el elevador, la de la niña y la mirada perdida. La misma que le sonreía a él y él a ella. Observó con cuidado la imagen, una pareja, manos entrelazadas, esperanza y proyectos en sus labios. Sentados en una mesa con mantel blanco y acompañados de muchos planes por delante. También había una niña, con el mismo cabello rubio y cenizo que la madre de Edward, tenía una naricilla chata y pequeña, los labios finos cómo Ed y los ojos iguales a los de la madre. Edward parecía sostenerla cómo si tuviera el mundo entero entre las manos, cómo Isabella le había soñado en días pasados con el bebé que cargaba en su vientre.

—Es muy hermosa. —Respiró hondo—. Así que… ¿estaban juntos?

—Bella, esto no es algo importante.

—No me digas qué es lo importante y qué no, para mí es necesario saber. Le hicimos lo mismo que me hicieron. Su vida, la sacaron y la pusieron dónde debía estar, no permitieron excusa ni reclamo. Responde Aaron, por favor.

—Sí, lo estaban.

Bella se acomodó un poco esperando que el mullido tapizado de cuero le brindara un poco de abrigo del que ahora necesitaba. Guardó sus lágrimas y sorbió su nariz.

—Es hora de irme —enunció solemne, entregó la fotografía y el vaso con un todo el líquido ambarino. Se levantó con tranquilidad, sintió la mano de Aaron tomar la suya y entrelazar sus dedos.

—Si quieres… puedes quedarte en mi apartamento. No has dormido nada y seguramente no querrás regresar a ese lugar, ¿cierto?

—Quiero mantener mi mente ocupada. Gracias, creo que regresaré al hospital.

—¿Con Jasper? —Sus manos apretaron más fuerte las suyas.

—Sí, le ayudaré con sus expedientes, además no es como si me faltaran muchas horas. Hacía esto durante toda la residencia, será como antes.

—¿Pensarás en lo que te dije? ¿Irías a Alemania?

—Veré que es lo que puedo hacer. Adiós Aaron.

Antes de que lograra dar un paso los labios de Aaron se plantaron sobre los suyos. Un pequeño beso. Él arrastró sus labios por toda su nariz hasta su frente, quedándose allí. Sin embargo su acción no la reconfortaba del todo.

El salir de la oficina de Aaron no borró la tensión que se formó sobre sus hombros.

Cuando planeabas decírmelo Ed, se preguntó recordando su pasado. Todo fue armado. Mi separación con Aaron, la súbita relación con la empresa y Victoria, incluso nuestro matrimonio.

—¡Qué estúpida! —se dijo furiosa en voz alta.

Bajó los tres pisos por las viejas escaleras, salió a la calle sin despedirse del portero que tan amablemente le abría la puerta como siempre. La calle estaba vacía como un pueblo fantasma. El cielo gris ocultaba el sol, así como sus emociones se ocultaban tras las nubes de su cabeza y el frío de su cuerpo.

Metió las manos en el caro bolsillo de su vestido. Tanteó el móvil y le encendió. No había visto las llamadas perdidas ni los mensajes. Decidió apagarlo de vuelta, las llamadas de Edward y Alice eran las más insistentes; era hora de hablar con él, pero no estaba lista mentalmente; un plan de ataque, era eso lo que tenía que armar, antes de enfrentar al señor mentiroso, él qué con un sólo beso la haría callar y echaría por tierra toda la convicción que lograra juntar. A Alice le llamaría desde el hospital avisarle que estaba bien era fundamental si no quería sufrir más de una maldición de su parte.


… …

"Lo que pasa es que en este país no hay una sola fortuna que no tenga a la espalda un burro muerto".

Gabriel García Márquez

Lo que mucha gente llama amar consiste en elegir una mujer y casarse con ella. La eligen, los he visto. Como si se pudiese elegir en el amor, como si no fuera un rayo que te parte los huesos y te deja estaqueado en la mitad del patio.

Julio Cortázar.


HOLA!

Ha pasado un considerable tiempo y lo lamento profundamente. Mi vida se volvió de locos, mudarme de país, escuela nueva, hospital nuevo, amigos nuevos, dejar a personas importantes detrás y un sin fin de cosas más han pasado. Pero, aquí seguirá hasta el final, puede que tarde... pero llegará.

Lindo ¿martes? sí creo que es martes... bueno no importa.

Desde la primer publicación en la ciudad de los parques, Bucaramanga.

Vi

PD: Meli está a dos minutos de matarme porque me dio el capítulo hace días y yo no lo había posteado. Perdón, los amo. Si por alguna circunstancia nos castigan, debo asumir la culpa.

oh... btw, empecé a publicar una historia nueva... pero esta vez en wattpad porque no es un fic. Por si quieren buscarla he colgado el enlace en mi perfil de facebook, y trataré de hacerlo en la pagina principal de esta cosa.

www .wattpad 226371582 -serendipia- conexi%C3%B3n- desesperada- cap%C3%ADtulo -primero