Un pequeño resumen: 'Stat se dio a la fuga dejando a Draco y Harry pensando en la inmortalidad del cangrejo... XD; Khay anda un tantito reprimido y Remus anda mucho más ¬¬Uu; Bellatrix está por encontrar a su 'presa'... y alguien se muere en éste cap... muajajajaa... XD SuperAdvertencia: NO está Beteado!!! Lean bajo su propio riesgo!!!! Os he advertido gente ô.o...

P.D: Lamentablemente no hay Lemmon Armand/Daniel aún ¬¬ll

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Una Apuesta y Mil Consecuencias

Pareja principal: DM/HP
Secundarias: RW/BZ PP/HG SS/SB TN/NL y otras más

Advertencias: OoC(Personajes fuera de Carácter original); AU (Debido al Crossover y a que casi ni uso los libros de HP)... Demás advertencias en el 1er cap.

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Capítulo XXVII

Muévete ó muere... ¡Y deja de hablar!

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El eco de sus pasos resonaba en sus oídos cada vez que se decidía a iniciar su pequeño vaivén, mismo que el conciente había desarrollado en lo largo de su cautiverio. El silencio ensordecedor solo le alentaba a seguir, en busca de mantener la poca entereza que le quedaba.

Yacía prisionero en los mismos Cuarteles, muchos niveles abajo, donde meses atrás (o eso calculaba) caminaba soberbiamente.

'Orgulloso' ante la posición que todo 'colega' envidiaba. Supuestamente, él, Lord Lucius Malfoy, era... fue Segundo al Mando en las filas Mortífagas (alias: La Mano Derecha) del todopoderoso Lord Voldemort, Señor de la Oscuridad.

"Maldita sea los Dioses de la Suerte, Destinos y magos maniacos sedientos de poder"

Pese a su precaria situación, materialmente se encontraba bien.

Demasiado bien, según su criterio.

Sus alrededores eran espaciosos, con ventanas convenientemente cejadas por medios materiales y, no olvidemos, mágicos; las cortinas cubrían la escasa luz que difícilmente traspasaba la densidad de los cristales empañados; no había muchos muebles, solo una cama, un armario, dos sillones, reclinable y uno amplio; del otro lado, una puerta alterna indicaba con obviedad su uso, un baño. Una candelabro lo suficientemente alumbrador colgaba en lo alto del centro de la habitación; una chimenea (desconectada) calentaba cerca de los sillones, un buen lugar para descansar o meditar. Grandes espacios vacíos indicaban que sus ocupantes habían sido removidos; estantes, escritorio, mesas, etc.

Dejando de lado la falta de artículos, todo lucia cómodo, de hecho, era igual de confortable comparándolo con su habitación en la Mansión Malfoy. Eso le conducía a una sola conclusión definitiva: Su situación era intrigante.

No se puede esperar desquicio en un Malfoy... Aunque...

Bien, por otro lado, nadie le había visitado desde entonces, la comida aparecía a las horas exactas en que él solía tomarlas; las ropas en que se cambiaba diariamente, desaparecían y volvían a aparecer después, limpias y listas. Por muy prisionero del Lord que fuera no iba a convertirse en un andrajo de persona, si tenía la oportunidad de 'disfrutar' de esos lujos, lo haría. Todo esto se había convertido en su rutina. Levantarse de su mullida cama King Size, desembarazándose de sus pijamas de seda, cambiándolas por sus elegantes ropas, desayunaba y... daba vueltas y vueltas... Comía, vueltas, una copa de Vino, otra ronda de vueltas, cenaba, y más vueltas. Hasta que el cansancio le arrastraba a su cama de nuevo.

Algunas veces se le ocurría la absurda idea de andar en ropas interiores como nunca tuvo la oportunidad de hacer en sus días como adolescente... Rápidamente después, resoplaba a la pura perspectiva y se reía de si mismo.

Ya estaba empezando a alucinar.

Aunque, no podían culparlo, tampoco tuvo la oportunidad de experimentar la soltería. A la falta de padre, casado en el instante en que se graduó para continuar el régimen de sus empresas y procrear un Heredero.

No es que odiara su vida marital, después de todo, amaba a su familia.

Si el tiempo transcurría relativamente más lento en ese lugar, Lucius luchaba por no notarlo. También ignoraba cuanto tiempo estuvo inconciente antes de despertar en esa misma cama. Poco después de permanecer a la espera de lo inevitable, confundido y (¿Por qué no?), temeroso, se dio cuenta de que se estaban tardando mucho en llegar.

Ante todo, se tranquilizó lo apto como para analizar su situación, concluyendo siempre en el mismo resultado: nada. No entendía nada de la situación. Él no servia más sano que torturado, o en el 'mejor' de los casos, muerto. Su fachada había sido descubierta. En todos los sentidos posibles..., vamos, incluso entre los más ocultos de ellos. Su herencia, por ejemplo, era una de las nociones más vedadas entre familias de linaje antiguo; Lord Voldemort no pudo haberse hecho de la información tan fácilmente. Y esa era otra de las razones por las cuales debía de estar desgarrado, trastornado y/o, con un poco de suerte, muerto.

Hizo una mueca ante eso. Pensaba demasiado en la preferencia de la muerte que otra cosa. Conociendo al Lord, como él mismo tuvo la desgracia de hacerlo, se permitía tener la ligera esperanza de una muerte indolora y rápida.

Siendo realistas, el cielo arderá, el infierno se congelará y la tierra obtendrá la tan hablada paz mundial antes de que el Lord de la Oscuridad perdone la traición de su más 'fiel' sirviente.

Mismo mantra, o mismo pensamiento: Sabía muy bien que al final terminaría desfigurado, desquiciado y muerto... Tal vez ni muerto, mucho menos vivo...

No había necesidad de una presencia física para hacer lo segundo, la soledad abrumadora le estaba volviendo loco. Había esperado una inmisericordiosa tortura en una de las celdas más oscuras y sucias del lugar, aguardando el momento en que el Lord se encargara de 'refrescarle' que la traición se paga más allá de todo dolor fisiológico o psicológico posiblemente creado por su mente retorcida.

Todo lo anterior contradicho porque el hombre..., Bestia de ojos escarlatas le había aprisionado en una habitación relativamente idónea.

Sí, rareza del momento; pensaba que su 'celda' era cómoda. En lugar de calmarle, la situación era como para arrancarse los cabellos de pura endemoniada frustración.

"Maldita psicología inversa" juró con acidez. Dudaba que el Lord llegase a utilizar ese tipo de actos tan vanos. Él mago..., Monstruo gustaba más de una dolorosa tortura que mermarle los nervios...

Er... bien... Tal vez ambos, pero no por separado. En ese caso, volverle loco sin la necesidad de lastimarle era algo que Narcissa haría...

Dejó ir un suspiro miserable. "Necesito entretenimiento... Maldición, ruego para que un novato venga y quiera lucirse..."

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El mismo movimiento era efectuado por otra persona, a excepción de que ésta persona no buscaba sosiego, solo se mantenía en un silencio analizador. Lo que más llamaba la atención (dejando de lado la visualización de un rostro reptil y ojos rojos) era la mirada medio-perdida y el continuo escrutar de una de sus manos. Segundos interminables después, se detuvo abruptamente para hablar por primera vez en horas.

— Esto perteneció a uno de nuestros más grandiosos ancestros, Salazar Slytherin, heredado a través de su linaje, generación tras generación —explicó Lord Voldemort, rozando el uso de la lengua de las serpientes, pero sin llegar a hacerlo—. Ahora, pertenecerá a otra persona... No completamente apta, para ser exactos... Sin embargo, no encontrando mejor opción... Ni siquiera a mi más leal sirviente —refiriéndose a Naginia—. ¿Entiendes?

Un silenció recorrió la estancia, un sumisa respuesta de la figura inclinada en el suelo. A pesar de la monotonía en la voz del Lord, era obvio la gravedad que traslucían pequeños gestos suyos; como la dureza de sus ojos escarlatas, la advertencia detrás de líneas y los lapsos largos que dejaba entre cada frase dicha. Por otro lado, el Mortífago (claramente un hombre) permanecía al tanto, cualquier cosa que indicara desconfianza y su cabeza sería desprendida de un solo tajo.

Voldemort estudió con intensidad a su sirviente, seguidamente apretó por última vez el objeto en su mano y lo dejó caer, aún receloso, solo sosteniéndolo por medio de una fina cadena con uno de sus pálidos dedos. La cadena se balanceó solo un poco, pues el peso de su dije lo estabilizó casi de inmediato.

Era un pendiente de plata, simple, pero al mismo tiempo fascinante; la figura de una serpiente entre-salía, como si ésta estuviese fundida al metal en lugar de estar forjada en ella. Sus ojos eran de un brillante color jade, luciendo hipnotizantes a la luz reflejada de la chimenea.

— Aún me cuestiono si eres el indicado para portarlo —desdeñó, dejándolo caer en la palma abierta del Mortífago.

Guardándolo de inmediato entre su túnica, el Mortífago se levantó con una última inclinación de cabeza y se retiró de la habitación. Sin pronunciar palabra alguna. Incluso cuando se encontraba a las afueras de la Mansión, en la zona de Aparición. Dando una última mirada por sobre su hombro, desapareció con un simple 'Pop'.

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Hogwarts, Torre de Gryffindor, Sala Común.

Neville estaba sentado en uno de los sillones más alejados del tumulto, buscando con poca efectividad la ansiada quietud. Y entonces lo escuchó, las divertidas risas de una pareja de enamorados. ¿Cómo lo supo? Esas risas portaban tanto cariño meloso que era imposible no saberlo.

— ¿Crees que tenemos tiempo de... Humm... tú sabes? —una voz, Oh, tan familiar porque pertenecía a Seamus Finnigan, preguntó a su novio.

Escuchó seguidamente la risa de Dean, mucho más grave que la de Seamus, después unos 'muaks' continuos que indicaban con rotunda obviedad besos, y luego más risitas de Seamus.

— Si encontramos un buen lugar —replicó Dean, con un tono sugerente que hizo que Neville pensara inmediatamente en cierto Slytherin.

Sacudió su cabeza, deseando contener el calor que se agolpó en sus mejillas. Pensándolo más a fondo, esos dos nunca se separaban, caso como el de los gemelos Weasley, sin la sangre de por medio.

Seamus Finnigan y Dean Thomas. Dónde quiera que veas a uno, el otro no está tan lejos. Esos dos eran una pareja de cachorros enamorados, siempre besándose, siembre cachondeando en una esquina —muy a la vista para la salud mental de algunos—, y siempre declarando su amor mutuo al mismo tiempo que actuaban como cupidos.

Le provocaría nauseas sino fuera porque él mismo era un romántico incorregible. Lo cual le regresaba a la misma cuestión que se hacía casi todo el tiempo, todos los días, y a todas horas, desquiciándole como nunca antes el profesor Snape había logrado...

Theodore Nott nunca le había susurrado palabras de amor en el oído, nunca le ha dicho que es la criatura más bella de la tierra, nunca le proclamaba qué tanto lo necesitaba, nunca le confesaba su interminable amor.

El Slytherin hacía la perfecta representación de su insufrible Casa; una criatura oscura, misteriosa, potencialmente peligrosa, atrayente y, claro, de sangre fría.

Por otro lado, el chico sí le sostenía, le besaba con dulzura y se conformaba con tocarle, acariciarle, sin necesidad en exigir más. Hablaban de algunos temas mundanos; las clases, de sus tareas, a veces salía el tema de la familia y se dejaba ir casi al mismo tiempo. En parte porque unos se encontraban en un Hospital, y por otra porque los otros muy enredados en lados oscuros.

Neville no tenía inconveniente alguno en saber que los padres del chico eran sospechosos Mortífagos. Claro, su abuela enloquecería si solo supiera que salía con un Slytherin. No le hacía sentir mal la falta de palabras en su novio, de hecho, le hacía sentir especial saber que Theodore, un chico intraspasable, halla permitido que un Gryffindor entrara a su corazón.

Dio pequeño salto en su asiento ante el sonido repentino de algo al caer, los anteriores Gryffindor derrumbaron una pila de libros que antes estaba en la mesa justo a su lado. Eso logró que se dieran cuenta de su presencia, y se disculparon por su exhibicionismo ante el 'pudoroso' Gryffindor.

Neville solo sacudió la cabeza y se sonrió, prometedor.

"Cuando todo esto acabe, yo seré el que actúe y Theodore el que hable"

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Casa de los Gritos.

Observó las formas de las sombras de los árboles bajo la luz pálida de la luna, desde la ventada. Estaba cansado como nunca antes en toda su vida. Ni siquiera en su vida mortal había pasado por ese estrés. Ya había pasado una semana desde que Khayman y Armand habían aparecido; mismo tiempo en que las gemelas le habían indicado que el pelirrojo necesitaba ser alimentado, sino por voluntad, a la fuerza.

No fue necesario forzarlo, Armand no volvió a la conciencia para protestar; entonces, fue decidido que Daniel mismo le alimentaría. Él lo hizo sin dudarlo ni un segundo.

Dos días desde entonces, siete exactos desde que colapsó en el recibidor, al borde de la muerte definitiva.

Una semana de preocupación y espera.

Daniel giró para contemplar la figura recostada en la cama. Lucía pacifico, los gestos de dolor habían dejado ese pálido rostro desde hace dos días apenas, ya solo quedaba el despertar.

Eso significaba que Armand había vencido... Si fue por acto milagroso, Daniel se atrevería a prometer que empezaría a rezar todas las madrugadas antes de irse a dormir.

Con fatiga se llevó una mano a sus desarreglados cabellos. En tiempos pasados no dudaría de aprovechar una siesta reparadora de inmediato; ahora solo deseaba ver esos ojos pardos abrirse en reconocimiento de que todo estaba bien.

Sus violetas ojos se deslizaron hasta el sillón colocado justo al lado de la cama, donde el otro Vampiro descansaba. Dudó un momento, permitiéndose al final acercarse y reclinarse en el sillón. Con una última mirada a Armand, cerró los ojos por unos instantes... "Solo unos minutos" se aseguró "Solo..."

Sin ser su intención, Daniel se quedó dormido. Tan profundamente que no escuchó el suspiró del ocupante de la cama, tampoco percibió el movimiento y mucho menos la figura que se levantaba de ella. No vio la tierna sonrisa que se le fue dirigida..., pero sí sintió, inconcientemente, unos brazos rodearle y levantarle. Siendo acomodado en una suave superficie y la calidez de un cuerpo a su lado.

Sonrió aún entre sueños.

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La sala estaba silenciosa, solo el sonido de cambio de paginas y el balanceo de una silla irrumpía el apacible cuadro. Hasta que uno de los ocupantes suspiró quedamente.

— Mael¿dónde está Santino? —inquirió Louis, dirigiéndole una mirada por encima de su lectura.

El ojiazul le miró unos instantes, y negó con exasperación. En momentos como esos al Vampiro Hermoso se le ocurría leer un libro... 'Buen libro' alegaba siempre.

— En una misión personal, según me dijo —respondió al fin.

— Se supone que debe estar aquí por futuras necesidad —dijo Louis, dándole otra mirada, está vez la mantuvo.

— ¿Necesidades de quién? —devolvió Mael, enarcando una ceja.

Louis arrugó ligeramente el entrecejo, regresando a leer ausentemente.

— Lestat.

Los ojos de Mael relampaguearon en aceptación, sin embargo, no dijo nada y regresó a su jugueteo con la silla.

— Disculpen...

Ambos Vampiros miraron hacía la puerta, un hombre estaba bajo el marco, regresándoles la vista con cierto recelo. Sus ojos eran de una dorado metalizado, y eso, junto con la incomoda sensación en sus sentidos, les dijo lo necesario. No se habían acercado a él antes, dejando que el propio Khayman se encargara. El Inmortal de ojos verdes dejó a un lado el libro y se encaminó hacía él.

— ¿Necesita algo? —ofreció Louis. Mael lanzó una última mirada al hombre, para luego continuar con su jugueteo.

Louis le hizo una seña hacía el sillón, el hombre le miró largamente, considerando si debía o no confiar. Al final se dejó caer en un movimiento suave. Por un momento breve, ambos se observaron en silencio, sin embargo, el hombre desistió de su tensa pose, relajándose en un hondo suspiro. La cabeza la sentía muy pesada como para poner atención a su Alarma Natural que en esos momentos rugía¡Peligro¡Vampiro¡Destroza!

— Mi nombre en Remus Lupin —extendió su mano, gentil. Eso fue impactante para su Lobo interior. Y si hubiese una representación grafica, Moony-HombreLobo, hubiese lloriqueado en plan cachorro pateado.

Louis, por su parte, la estrechó, ignorando de buena gana la presión ejercida por su sangre.

— Un placer en conocerle, Sr. Lupin, Lestat me ha contado sobre usted. Mi nombre es Louis de Pointe du Lac, él es Mael —señalando educadamente hacia el nombrado.

Remus apenas asintió; no se había encontrado con el Profesor de Defensa aún. Y recordaba vagamente conversaciones del Vampiro con el director. Si ésta persona era peligrosa, simplemente dejaría que Moony se encargara a su debido tiempo. En acuerdo, la bestia en su interior se apaciguó, como si se le hubiese prometido su postre favorito si comía todas sus verduras.

— Oh, llámeme Remus, por favor... Entonces, usted debe ser uno de sus, hum, compañeros... Y a decir verdad, esperaba algo más... —dijo, sin deseos de incordiar. Aunque ya era notorio el reconocimiento en esos ojos verdes—.

— ¿Intimidante? —ofreció Louis. Remus asintió, inseguro—. Él siempre exagera. Usted no era lo que esperaba tampoco, Lestat dijo que era tranquilo, pero no me imagine qué tanto.

— Me alegra saber que no le molesta —comentó, sincero—. La licantropía no me impide ser una persona... relativamente normal —dijo esto último débilmente, en el fondo, deseando que el otro hombre no le juzgase.

Pero también estaba ese algo que le decía que no se preocupara. Ambos fueron hombres antes de ser malditos, por decirlo de algún modo.

Louis sonrió, con el ánimo de seguir la charla amistosa, contra sus expectativas, una voz femenina traspasó su atención concentrada hacia Remus, logrando silenciarlo por varios segundos.

«Es hora...»

Remus no supo exactamente por qué, pero al instante de recibir su respuesta y un parpadeo después, yacía solo en el cuarto. Mirando con cierto aturdimiento la puerta semi-abierta.

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Khayman bajaba apresurado las escaleras, no importándole que estas rechinaran advirtiendo su delicado estado, la túnica que se le fue dada volaba de manera un tanto dramática, y sus fracciones lucían serias. Aunque sus ojos oscuros traicionaban la ansiedad que experimentaba. Casi al final del tramo, cuatro escalones, dio un inceremonioso salto para luego continuar con su carrera.

En otro momento hubiese bajado como el Antiguo que se supone debía representar a los Jóvenes; elegante, refinado, de acuerdo a su edad... O sabiduría, en todo caso. En ese momento le valía una reverenda mierda. Así de esencial era su deseo de ver a cierto hombre de cabellos castaños y ojos dorados.

Pasó a Mekare, quien salía de su habitación; casi choca con Gabrielle, esquivándola sin problema e ignorando el gritito de indignación; notó a Louis y Mael saliendo de la Sala, yéndose de paso en el proceso. Fue entonces cuando una aroma familiar alcanzó su fina nariz. Se quedó helado a solo un medio metro del ojiverde, Mael ya estaba fuera de su alcance, y giró en seco.

— ¿Dónde ésta? —gruñó.

Louis casi se va de largo, muy concentrado en los propósitos del llamado de Jesse (mensaje de Lestat) como para sentir la brisa que pasó de rayo por su lado o la sombra oscura que ondeo de manera lúgubre, pero ante las palabras demandantes casi pega un salto del susto... Casi.

Le miró largamente, y una imagen recién conocida le llegó a la mente. Solo apuntó por encima de su hombro y se apartó de golpe cuando Khayman se precipitó hacia la puerta.

Negó con la cabeza, sonriendo secretamente ante la reacción de uno de los más sabios de su raza.

Volvió deprisa a su camino, tenía que responder directamente el llamado de Lestat. Era precisamente este tipo de momentos que le desagradaba no tener una conexión mental con su pareja.

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Después de una caminata por las orillas del Bosque Prohibido, se habían detenido de pronto, en la línea que dividían los terrenos del colegio con el pueblo. Solo esperaban a que su profesor les indicara que hacer.

— ¿Crees que es buena idea confiar en él? —susurró Draco, por sabrá cuántas veces, mirando sus alrededores pero de reojo al señalado.

Harry cabeceó su respuesta, dando un ligero apretón a su mano enlazada a la del rubio.

— Creo que tendrán que seguir sin mi —anunció Lestat, sin mirarlos, y atrayendo la atención de los chicos de golpe.

— ¿Por qué? —articuló Harry, en voz baja, como si temiese que algo fuera a salir de las sombras para atacarlos.

Draco resolvió mirar con escepticismo al adulto. Buscando la coherencia debajo de la incoherencia que acababa de decir su profesor. Ningún (y hablaba con la verdad) adulto responsable haría tal cosa.

— Alguien se ha dado cuenta de nuestra caminata nocturna —murmuró—. Sigan; he de suponer que conocen el camino. Y no se preocupen, está despejado, según confirmé, así que no habrá baches que les detengan —sonrió, como si de verdad fuera un paseo bajo la luz de las estrellas—. Y si los hay, algunos amigos estarán ahí para ustedes. Solo llámenlos.

Les empujó a hasta encaminarlos de nuevo y se devolvió por donde habían venido con la sonrisa más amplia y limpia que habían visto. Antes de que reprocharan lo absurdo de la situación, el Vampiro había desaparecido.

Ambos chicos compartieron una mirada incrédula. Draco fue el primero en salir de su estupor, y bufó con molestia. Harry solo negó, viajando en el mundo de 'No me lo puedo creer', al mismo tiempo que trataba de no hacerle caso; tenía otras cosas más importantes en que pensar. Como por ejemplo: Llegar a un lugar seguro y también ignorar su complejo de héroe. Por más que lo deseara, le era muy difícil dejar ir en contra-corriente con su complejo de héroe.

— Vamos —murmuró finalmente, jalando al otro chico cerca de si—. Está demasiado oscuro como para seguir a la intemperie.

— No puedes dejar esto así —espectó Draco, su voz neutra, sus ojos escépticos—. Nos dejó solos, fuera de las barreras del castillo y con un posible ataque a la vuelta de la esquina.

— Creo que para averiguar a nuestro persecutor, Drake, tal vez no fue su intensión dejarnos solo... Lo conozco lo suficiente como para saberlo.

Imperceptible gruñido involuntario del rubio, ya sea por el mote ó por 'la confianza absoluta a la rata con alas'.

— ¿Le pareció más importante que ponernos a salvo? —saltó. No que se consideraba débil o algo por el estilo. Odiaba cuando alguien dejaba las cosas tan... inconclusas.

— Probablemente es algo personal... Algo importante —defendió débilmente.

El Slytherin entrecerró sus ojos, fulminando el lugar donde antes había estado el Vampiro. No dijo nada más, pues sabía que no serviría de nada.

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La única razón que le a impedía a Cedric salir de la Sala Común de Hufflepuff, buscando con frenética preocupación a su prometido, era porque todos los Cursos se lo impedían con cada y una de sus temores angustiosos de ser arribados por hombres en negro y mascaras blancas, o ser atacados por Criaturas que el Innombrable se encargó de enlistar. Él tenía que asegurarles que nada de eso pasaría.

Y, por supuesto, el hechizo que el Director colocó en la puerta. Nadie entra, y nadie sale. Lo mismo era en las otras Casas.

— ¿Sr. Diggory...?

Cedric miró hacía abajo, una chiquilla le miraba con unos enormes ojos azules y acuosos, retorciendo sus pequeñas manitas en un gesto agitado.

— ¿Sí?

La niña le dio una mirada rápida y luego la bajo de nuevo, enrojeciendo. El chico tuvo que sonreír ante el gesto.

— M-Me preguntaba... —dio una exhalación larga—. ¿Es verdad que la Guerra ha comenzado?

— ¿Quién te dijo eso?

— Todos... —murmuró la niña—. Todos lo dicen...

Cedric levantó la vista y contempló a los demás estudiantes. La mayoría estaba reunida en grupos pequeños, hablando entre susurros o consolándose los unos a otros. Ante todo, el miedo se leía a la perfección en sus rostros.

Se frotó los ojos cansinamente, mirando con gentileza a la niña.

— En realidad... no lo sé.

Aún así, muy en el fondo lo sabía.

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— Mataré a ese libertino —siseó Louis, apareciendo detrás de un hombre de negro y atravesando su espalda con una sola mano, retirándola con la misma velocidad.

El hombre dejó ir un jadeó estrangulado y cayó pesadamente. Louis sacudió su mano ensangrentada con una mueca de disgusto justo cuando un rayo de luz silbó por uno de sus lados, haciéndole girar rápidamente. Otro hombre de negro yacía tirado a unos cuantos pasos, más allá vio como Harry asentía hacía su dirección, a sus espaldas un chico rubio mantenía su varita elevada, conjurando una barrera. Más allá, un segundo hombre se escondía en unos arbustos. Louis asintió de regreso; en un parpadeó ya estaba al lado del hombre.

Tomándolo de uno de los brazos, lo hizo girar hasta rodear el cuello del mago, prensó su mano en un solo movimiento hasta escuchar un 'crack', y lo lanzó varios metros hacia la arbolada. Este golpeó rama tras rama hasta caer al suelo, no hubo queja o lamento alguno cuando lo hizo. Ya no se levantó.

— Adultos atacando a unos chicos, que vergüenza —murmuró, llegando hasta los chicos—. ¿Están bien?

— Sí, solo nos tomó por sorpresa —replicó Harry, ligeramente agitado.

Draco no dijo nada, y solo asintió. Tomando en cuenta que su pareja conocía al hombre y más que aclaradora era su apariencia. Piel mortalmente pálida, ojos de un verde congelado, su cabello caía en suaves ondas hasta los hombros, de un negro brillante y sedoso, las fracciones eran por demás bellas. Y por si fuera poco, la fuerza inhumana en la que atravesó el corazón de aquel Mortífago y con la que levantó al otro.

Un Vampiro... Otro Vampiro.

— Bien —suspiró Louis, dirigiéndoles una mirada de curiosidad—. Por casualidad¿saben dónde esta Les... el Profesor Liouncour?

— En el Castillo —dijo Draco, mirando hacía esa dirección.

Hubo una pausa rara, y el adulto habló de nuevo.

— ¿Planeaban llegar los tres juntos?

— Ehmm... Sí —respondió estaba vez Harry.

— ¿Y él solo los dejó aquí?

Draco luchó con las ansias de aportar lo suyo, y Harry miró nerviosamente al hombre.

— Sí...

Otra pausa, más una mirada que apenas y se podía interpretar de agravio; haciendo más incomodo el momento con la siguiente pregunta que dejó salir el Vampiro.

— ¿Sonreía cuando los dejó?

— Eh... Creo que sí —respondió Harry—. Dijo que alguien nos seguía y decidió quedarse...

— A enfrentar peligros de forma retorcidamente divertida y plantear objetivos malignamente traviesos para su... propio bien común.

Harry cerró la boca de golpe, totalmente sorprendido. Eso estaba remotamente alejado de lo que iba a decir. Draco, por su lado, sonrió ampliamente. Ya le caía bien el hombre.

— Mencionó que no tendríamos problemas desde el momento que nos dejara —comentó el chico Slytherin, 'distraídamente'.

— No creo que haya sido su intención esto —Louis señaló con un gesto vago a los dos cuerpos inertes—. Aunque, no justifico su descuido.

— ¿Cree que fue algo irresponsable? —tentó de nuevo. Disfrutando de la mirada peligrosa que cruzó los ojos verdes.

Ambos pares de ojos verdes.

Sabía que no era dirigida para él. Oh, sí... El profesor estaba en serios problemas.

— Por supuesto; ese es su principio —replicó Louis, algo 'solemne'—. Pero, como ya dije, no creo que haya sido su intención —mirando detenidamente al Gryffindor.

Harry murmuró algunas maldiciones por la bajo, aparentemente no afectado por la mirada.

— Lucía muy contento para no ser su intención...

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Minerva McGonagall caminaba apresurada por los pasillos del colegio y, sin previo aviso, un hechizo le dio de lleno, solo alcanzó a ver las botas negras de su atacante cuando se desvaneció.

El atacante movió ligeramente a la mujer con la punta de su bota, verificando afirmativamente que estaba fuera de juego.

— Esto es ridículo —dijo Goyle, escéptico—. Irrumpimos sin ningún obstáculo y cuando nos encontramos con sus 'protectores', estos se derrumban fácilmente. Dime, Snape¿así de débiles son todos los profesores¿Acaso tú también?

— No te esfuerces —siseó éste, molesto—. Se supone que no saben nada¿Por qué crees que se le llama misión de última hora?

— Como sea, aunque aún me pregunto qué haces tú aquí. ¿No se supone que el viejo puede descubrirte? Puede que seas un 'espía doble', pero te tomas muy enserio el trabajo... —no obtuvo respuesta, y eso pareció molestarle—. ¿Y bien?

— Pregúntale al Lord —replicó Severus, fríamente. Evitando pisar a la profesora de Transformaciones cuando pasó a su lado.

— Tal vez lo hagamos —se burló Crabbe, dando un codazo a Goyle.

Severus solo siguió su camino.

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— Creo que debimos ir —dijo Gabrielle, mirando con inquietud a Mekare.

— No serviría de mucho, no somos sus aliados... Al menos, no del todo.

— Tampoco serviría de mucho que sigan dando vueltas al mismo tema —reprendió Maharet—. Debería buscar al joven Lobo y hacerle compañía; es un joven interesante...

— No te veo platicando con él —devolvió Mekare, apoyándose con las dos manos en la superficie del escritorio donde Maharet estaba sentada, viéndola a los ojos acusadoramente.

— Ya lo hice; desde el momento que despertó —dijo, tranquila.

— ¿Y por qué ya no estas con él? —decidió intervenir Gabrielle, curiosa.

— Lo dejé unos momentos, y cuando volví, estaba ocupado con Khayman.

Las tres se vieron y sonrieron.

— Humjum... —exclamaron, sabedoras.

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— Lo siento, de verdad, disculpa... Yo... Este... Nunca fue mi intención... Bien, si fue mi intención... ¡Pero no de la forma en que tu piensas! Oh, espera, eso depende de lo que tú... Dioses, lo siento tanto...

Para quién los conociera, la situación era risible. Remus sentado en uno de los sillones, con las manos en la cara y temblando ligeramente; Khayman, por su lado, inclinado frente él y tratando de confortarlo con sus palabras y con las inmensas ganas de abrasarlo. Su sentido común le decía que no hiciera nada más.

La forma en que terminaron en esa situación se debía a la llegada abrupta del Vampiro y la detallada rememoración de los hechos pasados en cierta Mansión Guarida del Lord.

º ¸,ø¤º°°º¤ø,¸ º FlashBack º ¸,ø¤º°°º¤ø,¸ º

— Entonces... Dices que escapamos porque usaste mi sangre y, por suerte, Greyback estaba muy entretenido como para detenerlos... Me —carraspeó— cargaste hasta llegar aquí; los... ¿cuarteles? de la Asamblea de los Vampiros, y aquí estamos... hablando —recitó Remus, un poco incrédulo.

— En resumidas, perfectamente explicado —reiteró, recargándose en el marco de la puerta. Deseoso por eliminar el espacio que les separaba, y refrenándose al mismo tiempo.

— No puedo evitarlo; solo me parece asombroso. Nunca pensé que hubiese alguien que burlara a un Alfa como él.

— Suena como si lo admiraras.

Remus levantó la vista, donde antes yacía en su regazo, un poco exaltado. Sintiéndose mortificado de que alguien como el hombre frente a él pensara tal cosa.

— No lo hago, para ser honestos, lo desprecio —mordiéndose el labio nerviosamente.

Khayman exhaló quedamente.

— Me alegró.

— Eres un poco más honesto de lo que esperaría —comentó Remus, mostrando cierta fascinación.

— No sé si tomarlo como un cumplido —sonrió, asiéndolo sonrojar—. En realidad, no me agrada mentir o ser evasivo con alguien como tú.

Nadie en el mundo sería lo suficiente despistado como para no captar las insinuaciones, porque nada de indirectas tenían.

— No sabes lo que dices —musito, sin darle importancia al tuteo reciproco—. Soy un...

— Si me vas a decir que eres una Criatura Oscura, no va a servir de nada —se acercó al fin, hasta inclinarse frente a él—. Yo también lo soy, y no le veo impedimento a ello. Y antes de que digas algo más... No, tampoco eres un monstruo, y si alguien aquí lo es, ese soy yo. Tú no te alimentas de la vida de otros para sobrevivir —sonrió, taciturno—. De hecho, nada más importa más que yo deseó protegerte.

— Puedo cuidarme a mi mismo, soy una persona independiente —insistió Remus. En realidad no sabía por qué lo hacía, siempre se había considerado una persona flexible.

— Lo sé; pero por más que lo seas, no podrás contra un Licántropo Alfa.

— Siempre me las arregló —levantándose de pronto, irritado de ser tratado como un débil.

— Y siempre terminas más lastimado de lo crees —mumuró Khayman, logrando tomar una de su manos—. Si no físicamente, en tu interior, tu corazón llora por no tener a la persona correcta que te soporte, que te proteja...

— ¡No me leas! —espectó, retirando su mano, resintiendo la perdida, pero mucho más sus palabras.

— Es inevitable —murmuró, viéndolo a los ojos con cierta desesperación—. Tus emociones son muy intensas como para evitar sentirlo yo mismo. ¿Sonaría perturbador decir que me lastima también? Para mí no, realmente duele...

— ¡Entonces lo siento por causarte tantas molestias! —saltó, mucho más dolido de lo esperado.

No fue diferente en su pasado; fue ingenuo pensar que lo sería en el presente.

— ¡No te disculpes por hacerme sentir! —exclamó fieramente, logrando que Remus le mirara sorprendido—. No lo hagas; eres el primer ser que logra que sienta algo más que frialdad y disgusto, algo más que odio a lo que soy. Mi personalidad fue trastocada desde que fui convertido sin consentimiento, ni misericordia alguna. Envidie a todo aquel ser, maldito o no, que sintiera a pesar de los horrores de vivir. Ellos, los mortales, pasan por dolor todo el tiempo, sin embargo, se conforman con la poca alegría que experimentan en sus cortas existencias. Tú eres la razón de que me preocupe sinceramente por una vida ajena, por propia incentiva y no por el deber de hacerlo.

Remus bajo la mirada, evadiendo los intensos ojos oscuros, totalmente tocado ante sus palabras. No era correcto, no era adecuado, incluso con Greyback se veía más exacto y normal. Pero no con... un Némesis natural. Además de que era muy pronto. Bastante pronto.

— Un Vampiro y un HombreLobo están destinados a odiarse... —sostuvo, pese a que ya no lo pensaba así. Era su última defensa, lo sabía.

— ¿Me odias...? —cortó, neutro, aunque juraría que un poco de angustia había escapado de su voz. Realmente no le importaba si fue así.

Fue inesperado, aún así, Remus está vez sí le miró a los ojos, intensamente.

— No...

— ¿Te incomoda mi presencia? —sin darse cuenta de que eso había liberado parte de la presión en su pecho.

Remus iba a decir que sí, pero no de la manera desagradable, sino una incomodidad que le agradaba. Muy polémico, pero eso no le quitaba la necesidad de estar cerca de ese hombre.

— No —mirando con renovado nerviosismo sus manos.

Esa constante evasión estaba acabando con la razón en Khayman. Ideas como el de mandar al infierno toda prudencia le cruzaban a cada segundo que pasaba. Aún así, tenía siglos de insensibilidad que lograban detenerle.

— ¿Entonces por qué rehúsas verme a la cara¿Temes que te dañe? Nunca haría tal cosa.

Estaba un poco desesperado, y debió escucharse en su voz porque el Licano levantó la vista para verle.

— Porque me agradas más de lo que es permitido —musitó, sonrojándose a más no poder—; me protegiste de Greyback, peleaste por mí, eso me hace pensar que no solo fue un impulso de bondad, pues aún sigues aquí, a pesar de que ya lo he agradecido.

— ¿Entonces por qué te rehúsas a aceptarme?

— ¡Porque...! —dijo de pronto, dando varios pasos inseguros hasta casi tocarlo, queriendo mirarlo a los ojos así de cerca—. Porque nadie puede enamorarse así de rápido... Yo... No creo en el amor a primera vista... Sin embargo, no puedo evitar tener esperanza —sus dorados ojos se empañaron por lagrimas no derramadas, y el corazón de Khayman comenzó a latir furiosamente—. No puedes amarme, porque a los que he amado no pueden amarme de regreso. No de ésta forma. Tú tampoco lo harás, nadie lo hará.

Y esas simples palabras quebrantaron la barrera en Khayman. Separó la distancia entre ellos y tomó sus labios en un dulce beso, pero no por ello menos expresivo. Remus no hizo nada para evitarlo y se abrazó a él con fuerza, temiendo ser abandonado una vez más. Khayman hubiese ahondado el contacto, pero el momento no era el adecuado... No debía tentar a su suerte.

Aunque eso no evitaba expresar por otros medios su sentir.

— No puedes basar mi sentimiento con el de aquellos que osaron lastimarte —murmuró en su oído, afectivo y gentil—. No condenes mi amor hacía ti.

Con eso basto para hacerle estallar en un mar de lágrimas, el Licántropo se separó de pronto para cubrir su rostro y sentarse en el borde de la cama, rehuyendo al toque del Vampiro como si le quemara.

Ahora, Khayman estaba completamente confundido, no sabiendo si había le había lastimado.

Por su parte, Remus experimentaba frecuentemente nuevas sensaciones que el Vampiro le provocaba desde la primera vez que cruzaron mirada. No había repulsión u odio, cosa que normalmente habría con cualquier enemigo natural. Tampoco con los residentes de la casa, como la Srta. Maharet, la primera con la que entabló una conversación decente, incluso más agradable que los de su propia gente, los Magos. Con Lioncourt solo fue curiosidad y precaución, con el joven Louis fue la misma curiosidad gentil, los restantes no le evadían pero tampoco han intentado conocerle; no le importaba mucho, no deseaba más de lo que ya había obtenido.

Por encima de todo, Khayman... Un Vampiro que inducía más que belleza mortal, más que una amenaza a sus enemigos, algo más que confianza; una confianza que Remus nunca antes había experimentado... Por supuesto, sus amigos eran la excepción, pero nada comparado con esto.

Una simple mirada de su parte y le hacía retirarla la suya, no resistiendo tal gentileza en esos posos oscuros; un simple toque suyo y las rodillas le temblaban, amenazando con hacerle desfallecer, y no de mala manera; unas cuantas palabras, elogios, dulces y calidos, que le hacían sonrojar como una colegiala enamorada.

Sensaciones que ni siquiera Sirius, a quien creía amar desde su juventud y aún hoy en día, le hicieron percibir. Y era lo suficientemente observador como para hacerse percatar de que estaba cayendo en su encanto de forma... natural, normal...

En su faceta romántica: destinado a ser.

No podía creer que estaba enamorándose de un Vampiro. Su mente coherente pensaba que tal vez era la desesperación de tener a alguien a su lado, que tomaba al primero que le hablara dulces palabras; no obstante, su mente racional, fría, le decía que Greyback, a pesar de su brutalidad, había hecho lo mismo. Y él no había pensado en ningún instante en aceptar la propuesta del Alfa; y aquí yacía Khayman, haciendo lo mismo... La respuesta era inmediatamente positiva. Su corazón estaba desafiando las leyes de la naturaleza mágica.

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— Remus, por favor...

La angustiosa voz le saco de sus meditaciones, permitiéndole verlo a la cara de nuevo, silenciosas lagrimas caían por su rostro. Podría decirse que lloraba por arrepentimiento, pero en realidad lloraba de alivio. Moony no había hecho acto de presencia desde que el Vampiro había aparecido, sumiso y callado en su interior... Como esperando algo... Remus lo sabía, con nadie, ni siquiera Sirius se había mostrado así. Confortable y tranquilo sí, pero nunca sumiso y anhelante. Le sonrió quedamente, extendiendo una mano, Khayman la tomó sin titubear y lo atrajo en un estrecho abrazo.

— No me lastimes, o me obligaré a entregarme al Alfa por mi propia cuenta —murmuró Remus. No soportaría un abandono más. Y sabía con obviedad que él era la pareja definitiva del Licántropo. Afortunadamente el Alfa no era la suya.

— Nunca; lo mataré si se atreverse a acercarse a ti.

Remus supo con claridad que no era el hombre quién hablaba. Ambas especies poseían su lado peligroso. Y alguien que lo escondía entre un encanto celestial era altamente peligroso.

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— ¡Tenias que hacer lo que no debías¿¡no!? —exclamó Walden, bajando apresurado los escalones por donde desapareció su misión. A sus espaldas, Greyback reía con manía, sus labios y colmillos cubiertos de sangre y sus garras también, aunque pedazos de piel desgarrada se escondían entre sus filosas uñas.

— Vamos, solo rasguñé un poco su piel...

— ¡Por mi la hubieras desgarrado completamente! El problema es que sus gritos alertaron a todo el maldito colegio —entre dientes, se detuvo debajo de uno de los marcos del pasillo. Su paranoia le decía que algo estaba fuera de lugar.

— ¿Qué los trae por aquí, caballeros?

Greyback comenzó a gruñir y Walden retrocedió algunos pasos. Revelándose de las sombras, Lestat les miraba con una sonrisa de hielo y ojos vacíos de sentimiento. El Alfa se percató de ciertos aromas conocidos y su gruñir se detuvo, aún así, no disminuyó su amenazante pose.

— ¿Dónde están? —demandó, crispando sus garras empapadas.

Los ojos de Lestat se oscurecieron y ensancharon ligeramente.

— Donde no los encontraras.

— El aroma de esos niños sigue más allá de donde está él, va en camino al pueblo —apuntó Fenrir, mirando todo el tiempo al Vampiro.

Walden asintió, comenzando a caminar en ese dirección, sin embargo, algo le tomó del brazo y lo lanzó hacía una de las columnas con demasiada fuerza.

— Tú no vas a ningún lado —dijo Lestat, tranquilamente.

— Y tú no te distraigas —gruñó una voz demasiado cerca; sorprendido, Lestat solo alcanzó a sentir un ardor en su espalda antes de ser estrellado contra una pared. Un peso extra lo mantenía presionado ante la áspera superficie.

— ¡Vete! —rugió Fenrir en dirección a Walden.

El Mortífago se levantó con dificultad, y comenzó a correr en la dirección antes señalada. Lestat trató de liberarse, mirando dificultosamente el mismo punto, no le dio tiempo de hacer más, pues la micro-fracción de segundo que le antecedió, le salvó de una herida fea en un de sus costados. Las garras del HombreLobo solo alcanzaron a desgarrar parte de la túnica del profesor.

— ¿Activo¿Tan pronto? —articuló Lestat, divertido. Parado unos buenos metros alejado.

Un gruñido gutural fue la irritada respuesta a al casi-herido-e-infectado Vampiro. Éste sonrió abiertamente y Fenrir lo tomó como una muy, muy grande ofensa.

Impulsando por la rabia salvaje de la bestia, su fuerza aumentó, moviéndolo mucho más rápido de lo esperado, logrando atrapar a su presa, golpearla en el abdomen y lanzarla por encima de su cabeza.

La 'presa' soltó un ligero 'Hump' a medio aire, recuperando apenas el balance para caer de pie y mirar con ligero aturdimiento la figura tensa del Lobo.

Eso definitivamente no lo había visto venir.

Su contemplación no duró mucho, pues su cuello ardía y esto le obligó a llevarse una mano a la zona afectada para comprobar que sangraba profusamente...

"¡Espera!... ¿¡En qué momento...!?"

Eso sí estaba fuera de línea. Sin contar que la sangre no coagulaba y se miraba que estaba lejos de cerrar.

— ¿He de suponer que ya sabes de la nueva bacteria creada por el Lord? Yo fui el que dio la otra sangre —sonrió Fenrir, oscuramente—. Mi sangre no es la de un Licántropo común; llegar a ser un Alfa toma mucho tiempo¿sabes? Y yo no tengo paciencia para ello...

— Por sup...

— También has de saber que eso los reduce a simples humanos...

— No necesariam...

— ¿Eso no es lo que siempre han querido?

Lestat inclinó ligeramente la cabeza, mirando con una abrumadora calma a los ojos dorados.

— Dicen que mi curiosidad es casi insaciable —comentó, lentamente. Notando como su sangre comenzaba a humedecer el cuello de su camisa—. Aunque, en ningún momento...

— ¡Ah! Pero lo pensaste...

— No finjas que puedes leer mis pensamientos... —suprimiendo las ganas de gritar un '¡Deja de interrumpirme!', pero figuraba que sonaría muy infantil—. Decía¡y escucha bien! —lanzando una mirada asesina (cosa que nunca había hecho)—, si buscas venganza, no servirá de nada, nunca...

Antes de que pudiese terminar un nuevo golpe venía volando directo a su rostro... Vamos, a juzgar por la cara del Licano, no fue planeado.

— ¡DEJA DE PARLOTEAR!

— ¡No lo hago! —retrucó, inclinándose hacia atrás a la misma velocidad, colocó un brazo de apoyo y salió totalmente del camino. Con cierta diversión, vio irse de paso al otro y tambalearse para recuperar el equilibrio. Era notable que el golpe había estado cargado con todas sus fuerzas.

— ¡Maldito seas! —ladró... Sí, ante toda la hilaridad del Vampiro, el HombreLobo, ladró.

Lestat dejó escapar una queda risa. Guardándose con esfuerzo la indecente carcajada.

— Iba a decir que no es una de sus cualidades. Me es perfectamente claro que tienes un trastorno provocado por nuestra raza... Podrías hablarme de ello, te aseguro que encontraría la forma en mostrarte que no todos somos como los visualizas.

Fenrir dio un paso al frente, gruñendo en ofensa, pese a la ligereza de la implicación. A decir verdad, era más un comentario educado que otra cosa. El más educado que había obtenido hasta ahora. Eso no minimizó el daño.

— Siempre se les facilitó mentir... Engañar —escupió, enfureciéndose más, golpe exitoso en el costado derecho—. ¿Por qué molestarse en dialogar?

— Sigues siendo un ser razonante... —replicó Lestat, haciendo una mueca ante el dolor y saltando para evitar una barrida, lanzando su propio golpe directo al pecho.

— ¡Si tratas de decir que soy una animal...! —garras centímetros a la cara del Vampiro. Éste dio un manotazo justo antes de ser desfigurado.

— ¡Deja de terminar frases que no son! —soltó Lestat, por primera vez elevando la voz, pero rápidamente se tranquilizó. Bajarse al nivel del otro no ayudará en nada—. Solo trato de ser civilizando, maldita sea, considerando que nuestras bestias interiores —sarcasmo—, no tolera ni un cruce de miradas...

— Exacto... Y te aconsejaría evitar mis garras —soltando otro golpe con el propósito de sacarle las entrañas, Lestat pudo saltar y enterrar las propias en el hombro derecho. Fenrir se alejó en una salto a considerable distancia, mandándole una mirada de profundo odio, sosteniéndose la herida todo el tiempo—; puede que para ustedes la bacteria sea mortal..., pero, para mi es una perfecta arma... Solo hace falta un simple rasguño.

Lestat desearía haber utilizado su grandioso dote para quemarlo vivo, pero desafortunadamente ese truco no funcionaba con otras criaturas además de su raza. Asombrado por la capacidad del Alfa, Lestat no pudo evitar que la emoción le embargara. Se creía intocable desde la muerte de al Reina; su fuerza era la de un verdadero Inmortal, nada, ni el sol, ni magia, ni arma alguna, le dañaba. De alguna subnormal forma... eso le enfermaba.

— Me gustaría una pequeña charla¿es mucho pedir? —exclamó Lestat, elevando sus brazos en un gesto burlón hacía el 'Ser Superior'. Y no era el Licano—. ¿¡Por qué siempre tiene que ser así!?

— ¡SE LE LLAMA ANTAGONISMO ENTRE NÉMESIS, BESTIA! —filosas garras desgarrando el restante de la túnica y, nuevamente, el pensamiento frustrante del fallo.

"Oh, la disparatada ironía"

Lestat se tomó la molestia de inclinarse aburridamente a la derecha, golpeando con ambos puños en cierta parte de la espalda, mandándolo triunfantemente al suelo. El Alfa curiosamente no se movió más.

— Eso fue una pregunta retórica —bufó, mirándolo desde arriba. Después de una debate interno, suspiró resignado, para luego agacharse de nuevo prodigando un último golpe en la misma zona, y con la misma fuerza anteriormente aplicada—. Muerto no sirves de nada...

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Algunos metros de la Mitológica lucha, cierto Mortífago de Doble Asignación miraba con cierta incredulidad el cuerpo ensangrentando de uno de sus compañeros. Difícil saber la identidad de la persona; el cabello estaba completamente empapado en sangre, haciendo difícil reconocer a quién, de los únicos dueños de cabellera larga presentes en la misión, pertenecía, el cuerpo no mostraba forma precisa, debido a su retorcida posición; brazo de forma anormal hacía la cabeza, pierna prácticamente desprendida, y... definitivamente materia gris regada en una pared donde probamente fue estrellada; el cuello lacerado, al igual que múltiples cortadas por la poca piel que se podía ver... ¿Un vampiro fue el autor?

"No, estaría completamente seca, si cabe la posibilidad que al Vampiro no le repudiara la sola idea de beber de quién quiera que sea la desafortunada victima"

Y analizando bien lo poco que quedaba, Severus Snape adivinaba con cierta dificultad que ni eran las Moles, ni tampoco Lucius...

Severus suprimió el entornar los ojos. Técnicamente no debía saber sobre la presencia de Malfoy... Pero... Bueno, no por nada él era el espía. Regresando su atención al no-más-vivo de sus compañeros de Misión, se preguntaba si cabía la posibilidad de la muerte del rubio a manos del Nuevo Profesor de Defensa...

"Aunque podría ser..." La sonrisa que comenzaba a formarse en sus labios indicaba que el posible candidato a tan escalofriante 'momentum' solo pertenecía a una sola despreciable persona.

— Hummm... No debo esperanzarme —musitó, sin embargo, la sonrisa no abandonaba su siniestra expresión.

— ¡Snape, dón...¿¡Qué demonios es eso!? —gritó la horrorizada voz de Goyle, llegando a su lado.

Su horrorizada expresión solo era comparable a la de Crabbe, quien palideció mortalmente en reconocimiento.

— ¿¡BELLATRIX!?

El chillido pudo haber sacado el más obsceno de los gestos, o mueca de dolor ante oídos reventados, pero no opacó en lo más mínimo la sonrisa de total regocijo en Severus. Claro, no que pudieran verlo tras la mascara...

"Sirius estará muy feliz de saber las nuevas"

Continuará...

Hellu... Hum... Sí, gente, no he muerto... risas nerviosas Mis ganas de escribir estuvieron en coma por dos meses ¬¬u, y lo demás... puesss... la prepa me dejó idiotizada con su nuevo sistema de estudio, he entrado a una especialidad de último Semestre, temas que ni al caso y que me están volviendo loca, además, repito, Doña Musa se había ido de vacaciones... Laaaaaargas vacaciones ¬¬# para ser sustituida por Doña Universidad... Veo volantes, presentaciones, etc., etc., por todos lados o

Mi inspiración creo que ya volvió, (palabra clave: Creo).

Y, para mi propio desconcierto, ya había tenido el cap desde hace dos semanas... ¡No me maten! Es que solo esperaba que me betearan el cap... Pero... Humm... hubo problemas técnicos y demás que no pudieron cumplir con éste último requisito en el fic... Si hubo errores (ya sean gramaticales u ortográficos)¡discúlpenme! Ya luego los arreglo...

Kisses!!!!

Yth-chan

P.D: Lo sé, soy una romántica incorregible, éste cap estaba bañado en azúcar ¬¬U.